Hola mis lectoras, como prometí aquí está la continuación n.n

Por cierto alguien ya leyó el nuevo capitulo del manga *-* no quiero hacer spoiler pero nunca crei que Sebastian llegaría tan lejos, aunque ya había aguantado mucho e.e ; si no lo siguen se los recomiendo mucho y màs por que se acerca la tercera temporada! Estoy sumamente ansiosa!

Sin mas aquí les dejos el nuevo cap ;)

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Capitulo 2:
Eternal Bloody

Cuando llegue, me dirigí a mi habitación lo más rápido que pude, mis ropas estaban manchadas de su sangre, impregnando su dulce aroma en mí, provocándome una sed incontrolable.

Lo deposite en la cama con sumo cuidado y fui en busca de medicina y agua para curar sus heridas. La sangre había ensuciado las sabanas, su cara comenzó a lucir pálida, casi translucida, si no me apresuraba lo perdería y no me lo perdonaría otra vez.

¿Otra vez?

No le di importancia a lo que pensé, me apresure a desvestirlo, observe la herida en su hombro, de la cual emanaba mucha sangre; tome hilo y aguja y cosí la herida, manchándome las manos, después vendé la vende.

Mis guantes quedaron impregnados de su dulce sangre, pero me los quite, conteniéndome de beber, ya que si comenzaba no vería fin hasta que tomara la última gota; sin darle importancia a mi sed le quite la ropa, viendo que un hematoma en su tobillo izquierdo, le puse un ungüento y lo vende. Por primera vez me fije en su rostro: su piel blanca contrastaba con sus cabellos azulados, que enmarcaban celosamente su rostro, sus rasgos eran finos y delicados, dándole un atisbo de inocencia. Ciertamente era bastante hermoso, pero lo único que buscaba era su apetecible sangre.

Tome una de mis camisas y se la puse, cubriendo su desnudes, ya que le quedaba muy grande, viéndose, hasta cierto punto, gracioso; lo arrope en la cama después de verificar que no estuvieran manchadas las sabanas.

Me dirigí al sillón mas cercano a la ventana, ya que el olor de su sangre comenzaba a seducirme; desidia mirar la gran fumarola que se veía a lo lejos.

¿Qué estoy haciendo? Me cuestionaba.

Desde que había sido convertido en vampiro, junto con mi nacimiento el odio hacia y por los humanos fue haciéndome olvidar por completo mi humanidad. Pero ahora, quinientos años más tarde me encontraba de niñero con un niño que ni siquiera conocía; mire de reojo al muchacho que respiraba con dificultad en mi cama.

¿Por que no solamente bebo su sangre? Me cuestione, pero ciertamente algo en mi interior me lo prohibía.

Decidí no darle mas vueltas al asunto y fije mi mirada en el bosque que crecía alrededor de mi mansión, cubierto por una leve capa de nieve, después de unos minutos escuche como el muchacho se removía, inquieto, en las sabanas mientras jadeaba.

-¿Dónde estoy?- su voz se oía aun adormilada, pero era una voz, sin exagerar, comparada con la de un ángel.

-En mi mansión- respondí sin dejar de mirar por la ventana.

-¿Quién es usted?

Suspire
-Soy el barón Michaelis, Sebastian Michaelis.- Dije mientras me levantaba de mi asiento, encontrándome con unos azules como los rubíes más puros que pudieran existir-¿cual es tu nombre?

-Ciel Phantomhive.

-¿Qué paso en tu mansión, Ciel?

En ese momento abrió los ojos como platos, mirándome con desesperación; rápidamente se levanto de la cama y se dirigió a la puerta, pero me interpuse en su camino.

-No te levantes

-Déjeme pasar- Exclamo tratando de esquivarme pero en ese momento se tropezó, cayendo en mis brazos.- Mis padres-grito mientras golpeaba mi pecho- se están quemando, tengo que volver...- su voz comenzaba a oírse entrecortada- Mis padres… ¿Por qué?-ahora sus lagrimas caían sin reparo alguno sobre mi pecho.

Aun sin saber que hacer concretamente lo tome de los hombros. Era la primera vez que oía a alguien llorar de esa forma, estaba sorprendido. Cuando se tranquilizo lo tome en brazos y lo deposite de nuevo en la cama.

-Discúlpeme- Susurro con la mirada baja

-Tienes motivos para ponerte así –dije mientras me sentaba en la cama- Acabas de sufrir una gran perdida en muy poco tiempo.

Me pregunte si no seria mejor matarlo, un niño traumado no me servia de nada. Pero cuando recorrí con mimbrada su cuerpo se me ocurrió un mejor idea: No podía desperdiciar una sangre así de exquisita, así que, a modo de diversión, iba a dejar que su cuerpo se curara por completo y después beber toda su sangre, nadie extrañaría a un huérfano más en este mundo.

-¿Tienes a donde ir?- Inquirí mientras me sentaba de nuevo en el sillón.

-No

-¿A nadie?

-Mis únicos familiares eran mi madre y mi padre.

"Perfecto"

-Entonces ¿Qué te parecería quedarte a vivir aquí?

-¿Eh?

- Necesitas que te revisen las heridas, y en un orfanato no tienen mucho cuidado que digamos.

-¿Eres un doctor o algo parecido?

-No, pero ahora soy el único que puede ayudarte- Me miraba sorprendido, pero no lo iba a forzar a responder- pero ahora descansa, luego me darás tu respuesta- Estaba por irme pero me detuvo su mano, que había tomado la mía.

-Por favor- Susurro bajando la mirada- no se vaya…

-Esta bien…

Me senté en la cama, le me miro unos instantes y después se recostó.

Mientras veía dormir su tierno cuerpo me dejaba hipnotizar por el suave palpitar de su corazón, mire que el amanecer se acercaba, así que me quede dormido.

Por primera vez en mi no vida, soñé:

Era esa vez en laque unas extrañas criaturas atacaron la aldea donde vivía, pero estas criaturas no tenían armas normales, mordían a la gente, como si fueran bestias y bebían la sangre de las personas; yo solo podía correr intentando que no me vieran pero fue inútil, me tope de frente con una de esas criaturas, quien me inmovilazo y me mordió, dejándome moribundo, después escuche los cascos un caballo acercándose a mi, al fin pude sentir unas manos rodeándome, aunque mi vista estaba nublada pude saber quien era.

"No llores, estoy bien, por favor no llores"

Pero en ese instante un grito me despertó, atrayéndome a la realidad. Ciel estaba en una orilla de la cama, cubriéndose totalmente con la sabana. Lentamente me acerque.

-Ciel…

-Se queman…- decía entre sollozos- Se están muriendo… Tengo miedo…

-Tranquilo- susurre mientras acariciaba su cabello- Solo era una pesadilla

Aunque mi tacto era frío a comparación de su tibia piel, pareció relajarse un poco. Una lágrima rodó por su mejilla, la limpie con mi pulgar y, sin que se diera cuenta, me la lleve a los labios, saboreándola.

-¿Tienes hambre?

-No…- Susurro

-No has comido nada- lo ultimo que quería era que muriera de hambre

Al no recibir respuesta fui a la cocina y serví un vaso de leche con miel, y regrese a la habitación.

-Ten- dije dándole el vaso, pero miro la leche, con desconfianza- no tiene veneno ni nada por el estilo.

Con cautela se llevo el vaso a los labios y dio un pequeño trago.

- ¿Que decidiste, Ciel? ¿Te quedaras?

-¿Cuáles son sus verdaderas intenciones?

-Me atrapaste- Sonreí inocentemente- La verdad es que la mansión esta muy solitaria, ya que trabajo de noche nunca disfruto de la compañía de alguien. Además te salve, así que eres mi responsabilidad- eso había sonado muy real.

Ciel guardo silencio unos momentos.

-Esta bien… viviré con usted.

. Perfecto- exclame aparentando felicidad…

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El siguiente capitulo será dentro de dos semanas; gracias por leer y no olviden comentar (perdonen las faltas de ortografía pero lo hice rápido debido a que la maquina se me averió)