Capitulo 3:

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Como era de esperar Ciel se comportaba distante, casi indiferente con cualquier cosa, pero con paciencia pude acercarme a él; por ejemplo en las noches aun se levantaba gritando, ya que las pesadillas aun lo atormentaban, tome esa oportunidad consolándolo, ganándome poco a poco su confianza.

Los días se volvieron semanas, las semanas meses; casi pasaba un año de que lo salve, ahora sus heridas estaban completamente curadas, estaba en vísperas de poder probar su anhelada sangre…

Pero inesperadamente mi plan dio un giro 180 grados.

Aquella noche, después de despertar, me di cuenta que la mansión estaba en completo silencio (cosa rara ya que Ciel era bastante ruidoso) solo se escuchaba el agitado palpitar de… ¿dos corazones? Me levante rápidamente y me dirigí a la habitación de Ciel. Cuando vi al muchacho amordazado y un hombre a su lado, apuntándole con un arma.

-Dame todo lo que tengas o se muere- note que hablaba atropelladamente y vi que le temblaba la mano donde tenía el arma.

Seria rápido matarlo pero dejaría al descubierto mis poderes, además aun no me había alimentado, dejándome débil.

Observe la habitación en busca de algo que me ayudara notando la navaja que usábamos para abrir el correo a unos metros de mi, sin pensarlo di un paso adelante…

Pero en ese instante el hombre me disparo en el estomago; escuche el grito ahogado de Ciel seguido de los pasos de aquel hombre, pero lo detuve antes de que escapara, tomando la navaja y arrojándosela al cuello, haciendo que saliera inconsciente por la ventana, cayendo en el jardín.

Me deje caer de rodillas, sintiendo como la perdida de mi sangre denotaba mi sed.

"Esto no es bueno"

-¡Sebastian!- Ciel se había quitado la soga, y se acerco a mí.

-Estoy bien

-Pero estas sangrando demasiado- las lágrimas comenzaban a asomarse por sus ojos.

Me levante y me senté en la cama, jadeando, intentando contenerme.

-Aguanta, iré por un médico- Lo mire y observe el pulso en su cuello, escuche el agitado palpitar de su corazón y pude notar el olor a sangre, descubriendo un rasguño en su mano.

Cuando se iba lo detuve, tomando su mano y, sin poder resistirme, lamí la sangre que había en su palma. Sin darle tiempo de escapar lo atraje a mí, sentándolo entre mis muslos, con su espalda en mi pecho, tomando sus muñecas con una mano y con la otra tome su rostro.

-¿Sebastian?- Gire su rostro, dejando al descubierto su cuello, me acerque y comencé a lamer su piel- Suéltame…

Comenzaba a retorcerse, tratando de que lo soltara pero era inútil, lo tenía completamente inmóvil, pero comenzaba a alzar su voz así que solté su rostro e introduje mis dedos en su boca.

-Tranquilízate- susurre en su oído.

Sin más preámbulos mordí su tierno cuello, provocando que mordiera mis dedos. Cabe destacar que la mordida de un vampiro causa un placer aun más maravilloso que el orgasmo humano; después de unos segundos Ciel comenzó a gemir, mientras su lengua acariciaba mis dedos, impregnándolos de saliva, provocándome. Solté sus manos, deslizando mi mano hasta su pierna, acariciando su entrepierna; saque mis dedos de su boca, haciendo que un hilo de saliva saliera de sus labios.

-Más…-gemía-Más… Más

Pero me detuve, si seguía bebiendo lo mataría, Ciel gimió en protesta, recargándose en mi pecho, mientras trataba de normalizar su respiración. Deslice mi mano por su vientre, hasta su entrepierna, donde comprobé que estaba excitado.

Tome su rostro, girándolo suavemente, haciendo que mis labios se encontraran con los suyos, en un suave beso; Ciel dudo por unos momentos, pero después correspondió, siguiendo los movimientos que mi lengua le imponía a la suya. Mis manos comenzaron a moverse por su cuerpo, deteniéndose en su pecho, comenzando a desabotonar su camisa, introduciendo mis manos, acariciando su piel, deslizando la prenda por sus hombros.

-Sebastian- Gimió mientras colocaba su mano en la mía- Detente.

-¿En verdad deseas que me detenga?- susurre en su oído mientras introducía mi mano en su pantalón, tomando su miembro.

En respuesta, gimió, mis labios buscaron de nuevo los suyos, mientras mi mano comenzaba a moverse por su miembro.

-Se...Sebas…tian- dijo entre jadeos.

Lleve mis manos a su cintura y le quite el pantalón junto con la ropa interior, quedando desnudo entre mis brazos, él intento cubrir su ya excitado miembro pero tome sus manos, entrelazando nuestros dedos mientras besaba las marcas en su cuello. Lentamente quito una de sus manos de la mía y acaricio mi rostro mientras comenzaba a besar sus hombros. Suavemente lo gire, sentándolo en mis piernas, quedando frente a frente, lentamente Ciel me rodeo el cuello con los brazos, besando suavemente mi cuello; lleve tres de mis dedos a mi boca y los lamí, impregnándolos por completo de saliva mientras Ciel lamia el lóbulo de mi oreja, atrapándolo entre sus dientes, excitándome. El deseo de poseer aquel tierno cuerpo comenzó a invadirme, sin más preámbulos introduje dos de mis dedos en su entrada, recibiendo como respuesta provocadores gemidos; comencé a mover mis dedos, dándome cuenta de que ya no tenía puesta mi camisa, dejando mi pecho desnudo. Introduje un tercer dedo, moviendo circularmente mis dedos en su entrada, recibiendo sus dulces gemidos en mi oído pero mientras más movía mis dedos más evidente era el nivel de excitación que tenia, su espalda se curveaba ante las sensaciones mientras se aferraba a mis hombros para no caer; cuando sentí su cuerpo tensarse saque mis dedos.

-Ciel…-susurre rozando con mis labios su oreja.

Lentamente lo recosté en la cama, colocándome entre sus piernas; él me miraba completamente sonrojado, viéndose endemoniadamente tierno. Sin poder resistir más desabotone mi pantalón y saque mi miembro.

-Sebastian- susurro mientras me abrazaba, pude notar en sus ojos un atisbo de preocupación.

-Tranquilo- susurre mientras acariciaba su mejilla.

Me incline y lo bese, permitiendo que nuestras lenguas se encontraran de nuevo; lentamente entre en Ciel quien gimió sobre mis labios mientras cerraba los ojos. Me detuve para que se acostumbrara, sintiendo el calor que irradiaba su cuerpo. Después de unos momentos comencé a moverme, al principio lentamente pero conforme pasaba el tiempo me movía más rápido, haciendo que Ciel se aferrara a mí, clavándome las uñas en mi espalda; tome su miembro y comencé a mover mi mano al ritmo de mis estocadas haciendo que los gemidos se convirtieran en gritos de placer.

Solo un pensamiento reinaba mi mente, ver ese pequeño ángel rompiéndose, ver ese tierno cuerpo caer a los pozos del placer, pidiendo más.

Por unos momentos olvide el hecho de que era humano, arremetiendo con demasiada fuerza. Después de unos instantes Ciel se corrió en mi mano, apretando mi miembro, corriéndome en su interior. Cuando salí de su interior me di cuenta del daño que le había hecho: su cuerpo tenía moretones, de su entrada salía semen y sangre. Pude notar que en sus mejillas había rastros de lágrimas.

Sin poder resistir mí culpa me levante de la cama y me arregle la ropa.

-Sebastian- Me llamo en un suave susurro.

Cuando gire el rostro me sentí de lo peor al ver como una lágrima rodaba por su mejilla. Trato de incorporarse, pero no pudo sostenerse por mucho tiempo, lo tome de los hombros, dejando que se recargara en mi pecho.

-Sebastian… Yo…

- No tienes que decir nada, Ciel.

-Pero…

-He sido yo el que te ha forzado…

-Pero no me forzaste a nada.

-¿Eh?

- Hace algunos años tu visitaste mi mansión, cuando te vi sentí como si te conociera desde mucho tiempo atrás; después de ese día me dedique a saber todo sobre ti, pero después paso el accidente en mi mansión. Cuando desperté me encontraba con la sorpresa de que tú me habías salvado…

Recordaba que por el trabajo tuve que ir a la mansión Phantomhive, pero no recordaba haber visto a Ciel.

-Pero- su voz interrumpió mis pensamientos- recuerdo que esa vez tenía solo seis años y he cambiado pero tú sigues igual- susurro mientras se llevaba la mano al cuello, acariciando las marcas de mis colmillos- en el tiempo que viví contigo jamás te vi comer, nunca estuviste en el sol…

Lo mire, esperando que hiciera la pregunta decisiva.

-¿Qué eres?

-Un vampiro-susurre mostrándole mis colmillos.

Como era de esperarse Ciel se alejo de mí, mirándome asustado.

-No puede ser-balbuceo- no existen tales criaturas.

-Pues existo- Exclame mientras tomaba su mano y la colocaba en mi pecho- ¿Sientes algo?

-No siento tu corazón…- De imprevisto se desmayo, dejándose caer en mis brazos.

"Creo que me excedí" pensé mientras lo tomaba en mis brazos y lo llevaba a mi habitación, donde lo coloque en mi cama. Mire su tierno cuerpo dormir apaciblemente, pero sabía muy bien que cuando despertara las cosas cambiarían, tendría que darle muchas explicaciones, pero si decidiera irse iba a tener que encerrarlo, no lo dejaría ir con todo lo que sabía.

Me dirigí de nuevo a la habitación de Ciel y mire por la ventana rota, me incline y mire el cadáver que se encontraba en el jardín. Suspire y salte por la ventana, lo primero era desaparecer el cadáver y después mandar a arreglar la ventana.

Suspire mientras tomaba el cadáver.

-A que has llegado, Sebastian- una voz proveniente del bosque me hizo detenerme- y en qué estado estas.

-¿Quién esta ahí?- Grite mirando a todos lados, pero no recibí repuesta alguna.

Revise los alrededores de la mansión pero no encontré a nadie, de seguro iba a regresar, sea quien sea. Sin darle más importancia me encargue del cadáver incinerándolo. Entre de nuevo a la mansión y me dirigí a mi habitación, donde Ciel descansaba. Me recosté en el diván y mire el reloj, eran más de las cuatro de la mañana; decidí esperar hasta que Ciel despertara, pero la pérdida de sangre y mi aun sed me tenían débil, sin querer me quede dormido.