Maestros Tormenta
Fandomme
Resumen: T3 UA desde Maestros de Fuego Control. En lo profundo de la selva de la Nación del Fuego, la pandilla descubre una pícara tribu de exiliados ninja de la tribu agua que envían a Zuko y a Katara en una misión para obtener los planes de batalla secretos de la Nación del Fuego.
Disclaimer: ALLDA es propiedad de VIACOM, Nickelodeon y Paramount. No sacó ningún beneficio haciendo esta historia.
Nota: ¡Me disculpo por no contestar mis reviews! Créanme -- leo sus reviews, y significan un mundo para mí. ¡Por favor sigan enviando! También, no sé si lo dije antes, pero ¡Gracias AKAVertigo por las citas de tormenta!
Traducción: MTBlack (siempre quise ponerlo)
Disclaimer II: Me apego a lo que dijo Fandomme y agrego que la historia, como podrán adivinar, no es mía, yo solo me limito a traducir lo que escribió en inglés con su autorización, que conseguí, con vergüenza digo, después de molestarla bastante. )
¿Por qué, cuál es el problema
De que tengas esa cara de febrero
Tan llena de escarcha tormenta y sombra? -- William Shakespeare
-Katara.
Apartó la mano de un golpe.
-Katara –unos dedos suaves se cerraron sobre su hombro y lo sacudieron. Se alejó. Hizo un ruido molesta-. Katara, vamos, por favor... –desesperado, recurrió a las palabras mágicas-: ¿Tengo té?
A regañadientes, Katara abrió los ojos y se sentó.
-Todavía está oscuro, Aang.
-En realidad, hay un poquito de luz ya –replicó. Levantó una palma. Una bola de fuego apareció en ella-. Es que no quiero tropezar con algo.
-¿Qué sucede? –preguntó, fregándose la somnolencia de los ojos.
-Eh, bueno, el General Iroh y los demás hablaron y decidieron que debías ser parte de una práctica matutina –explicó, haciendo una mueca. Se abrazó a sí mismo, posiblemente esperando un ataque violento de almohadas-. Supongo que quieren enseñarme tormenta control enseguida, y dijeron que tú también debías aprender.
-Genial. Tormenta control. Déjame adivinar: la Jefa Cara de Hacha y Akna la Pícara Curadora te mandaron.
-Zuko estará ahí también –contestó Aang. Ella le dirigió una mirada con la que le decía que había crecido otra cabeza, y Aang hizo un mohín-. Supongo que eso no es de mucha ayuda.
Ella suspiró.
-Mientras tú estés feliz, yo soy feliz. ¿Puedo tomar una taza de ese té ahora?
-Seguro –dijo Aang y se lo entregó-. Te, eh, veré afuera.
Katara tomó el té, logró formar una sonrisa y lo observó partir. Luego, haciendo una mueca por el dolor del combate con Zuko, muy calmadamente levantó su almohada y gritó en ella.
El aire matutino cargaba con dejó de humedad fresca y cubierta de rocío, pero Katara percibía el calor subyacente. Solo tenían un ratito antes de que el sol realmente empezara a subir. Entonces estar afuera se volvería insoportable a menos que se revistiera de agua o hielo. Lo que Katara suponía una buena idea, si Xiao Zhi satisfacía su misteriosa necesidad de hacerlos pelear.
-¿Arroz congee? –ofreció Iroh, alcanzándole un tazón humeante de avena. La mezcla olía dulce y estaba tachonada con nueces y extrañas porciones que supuso eran fruta.
-¿Disculpa? –preguntó.
-Aprendí esta receta en Ba Sing Se. Por supuesto que aquí no tenemos esas deliciosas uvas verdes. Hacen las más deliciosas pasas…
-Sólo come –le aconsejó Zuko, antes de inclinar todo el tazón en su boca y engullirlo.
-Me gustaría una cuchara, por favor –replicó katara.
-No hay tiempo –repuso Xiao Zhi-. Come ahora o no comas. No tenemos tiempo para holgazanes.
-No estoy holgazaneando, ¡Sólo quiero un desayuno civilizado! –señaló hacia la cocina. Estaba llena de Maestros Tormenta de negro, los que comían de pie, o tomaban pequeños bocados entre calada y calada a sus pipas. Solo unos pocos hablaban-. Sabes, antes de que llegaran, todos comíamos juntos como una familia.
-Son soldados ahora –rebatió Xiao Zhi fríamente-. Pueden tener tantas comidas familiares como quieran cuando el Avatar haya derrotado al Señor del Fuego.
-Sí, Katara, será grandioso –intervino Aang, posicionándose entre las dos mujeres. Se metió en su línea de vista como para distraerla-. ¡Tendremos grandes cenas familiares! ¡Te enseñaré como hacer una tarta de fruta!
Katara brevemente imaginó la cara de Xiao Zhi cubierta en fruta chiclosa y masa. Sonrió de oreja a oreja.
-Suena genial, Aang –sonriendo, imaginando su venganza, se tomó su jook y descubrió que en verdad estaba bueno -- Iroh sí que sabía. Su avena era dulce, picante e interesante, llena de jugosos bocadillos y nueces crujientes y tostadas. (Sospechaba que el anciano las había endulzado de alguna forma; tenía que averiguarlo.) Cuando bajó el tazón, Aang rompió en carcajadas. La señaló. Katara frunció el ceño-. ¿Qué sucede?
-¡Te ves como Haru!
-¿Eh?
-Tienes... –Zuko hizo una seña a su propia cara.
-Muévanse, niños –ordenó Xiao Zhi-. El sol ya está caldeando.
-Oh, por… -Zuko puso los ojos en blanco, pasó el pulgar encima del labio superior de Katara, y se lo chupó-. Bigote de arroz congee –explicó y se apuró tras su Tío.
Katara sintió el familiar tic en su ceja. Se restregó el labio con el dorso de la mano.
-¿Acaba de poner eso en su boca?
-Toph realmente debe estar contagiándolo –sugirió Aang, arqueando las cejas-. Vamos.
La lección de tormenta control comenzó sin nada de tormenta o control. Empezó con meditación. Un tipo especial de meditación, de acuerdo a Iroh, que se paró ante ellos con su cabello prolijamente recogido. Se habían trasladado a otro piso del templo. Detrás de Iroh, Katara descubrió un arco iris formándose en la niebla.
-Señorita Katara, reconocerás estas figuras como tuyas –le advirtió-. Están basadas en el Estilo de la Tribu Agua del Norte, pero ellos se mueven mucho más despacio. Los tres quizás encuentren difícil primero desacelerarse y concentrarse. Pero una vez que lo hagan, su mente estará abierta a aprender un método nuevo de control.
-Está bien si no lo sacan a la primera –dijo Xiao Zhi, en una rara muestra de humanidad-. El General Iroh no estaba tan diestro cuando empezó.
-¿Debes develar todos mis secretos?
-Aquí es donde aprendiste a re-dirigir el relámpago –destacó Zuko, inclinándose hacia delante-. Dijiste que lo aprendiste de mirar maestros agua.
-Eso es correcto, sobrino mío –afirmó Iroh-. Cuando era un hombre joven, no tenía el beneficio de un bisonte volador que me llevara sobre la jungla circuncidante a las tierras de los Guerreros Sol. Los Maestros Tormenta estaba encargados de patrullar la selva para proteger a los Guerreros de los intrusos. Los conocí por el camino.
-Te atrapamos como un mono-cerdo en una jaula –corrigió Xiao Zhi.
-Y me las ingenié para salir admirablemente –protestó Iroh. Una sonrisa curvando sus labios-. También recuerdo haber encantado a cierta escuadra al mando para que me dejaran pasar por la selva.
-Que gracioso, General, por que creo que yo lo recuerdo rogando.
-Puede que haya incluido arrodillarse –concedió el General.
La palma de Zuko dio con su rostro.
-¿Podemos solo empezar a meditar, por favor?
-Creo que es una bonita historia –defendió Aang.
-Seguro que sí –replicó Aang.
-Que esta sea otra lección para ti, Avatar Aang –exclamó Iroh, levantando un dedo-. Ninguna mujer puede resistirse a un hombre que puede tocar el cuerno sungi.
-¿A las chicas le gustan los cuernos sungi? –Aang miró de reojo a Katara-. Porque en la escuela…
-Honestamente, General Iroh –se metió Akna, yendo a grandes zancadas hasta el centro de la habitación-. ¡Voy a tener que mantenerlos separados a ustedes dos!
Katara se cruzó de brazos.
-¿Qué está haciendo ella aquí?
-Akna es una maestra agua como tú –recalcó Xiao Zhi-. También es una curadora maestra sangre. Si algo malo sucede, la necesitamos.
-Y yo no puedo dar lo mejor de mí si no estoy apropiadamente relajada, así que comencemos esta meditación –Akna estiró una pierna y se inclinó profundamente, moviendo su centro de equilibrio y luego estirando la otra pierna. Al moverse, sus manos se cruzaban una sobre otra antes de curvarse para arriba, palmas al cielo. Katara reconoció la figura. Miró como Akna siguió con el movimiento, conectando figuras como el látigo de agua y el empuje de la marea en un lento e intrincado baile.
-Es como el Baile del Dragón –señaló Aang-. Sólo que más lento.
-Y con pasos diferentes –acotó Zuko.
-Este movimiento los ayudará a familiarizarse con la sangre en su propio cuerpo –indicó Akna, respirando profundamente y empezando los pasos de nuevo-. Pronto, se comenzarán a sentirse más conectados con el agua dentro y fuera de nosotros. El fuego es energía, pero el agua es vida. Sin el sol y la lluvia, no tendríamos árboles, flores, ni frutas.
-Y esa es la esencia de la tormenta control –concluyó Iroh-. Equilibrio.
-Ahora ustedes intenten –instó Akna, asumiendo su posición de comienzo.
Reticentemente, Katara se puso de pie y enfrentó a Akna mientras los dos chicos se paraban detrás de ella. La otra mujer le sonrió serenamente. Katara no devolvió la sonrisa. No tenía ningún deseo de aprender nada más sobre la sangre dentro de su cuerpo o el agua en el aire. Cuando vio los dedos de Akna trazar el aire los imaginó cubiertos de garras de hielo, y cuando vio a Akna balancear sus brazos de bronce alrededor de su cuerpo, recordó la sorprendente fuerza en los miembros de Hama, una fuerza nacida de la locura y el odio. ¿Qué hacían esos maestros agua en la Nación del Fuego? Habían estado ahí desde la época de Iroh -- ¿Qué asuntos los llevaban a vivir en la tierra de alguien más? ¡Tenían dos Polos enteros para elegir! ¿Por qué?--
-Katara, ¿tu estómago esta bien? –preguntó Aang.
-Mi estómago está bien, Aang.
-Porque te ves…
-Deja la charla, Avatar –interrumpió Xiao Zhi-. Concéntrate en los pasos.
-Sí, señora –consintió Aang dócilmente.
-Estos viejos huesos también podrían serles útil algo de ejercicio –supuso Iroh. Se adelantó junto a Akna. Si era posible, se movía incluso más lento que ella. Katara se sintió caliente solo estando cerca de él; cuando exhalaba se sorprendía de no ver chispas volando de su nariz. La idea la hizo reír y desconcentrar; se perdió un paso.
-Concéntrate –ordenó Xiao Zhi con voz severa.
Katara llamó la atención de Aang al hacer una cara de pocos amigos al intentar ponerse a tiempo. Aang no pudo contener la risa. Se sacudió riendo, en silencio, antes de caer al suelo como una bola de masa guisada.
-Lo siento –se disculpó-. Katara estaba haciendo esta cara realmente graciosa…
Silencio. Xiao Zhi inhaló mostrando los dientes.
-Ya que el Avatar es tan bueno mirando a su maestra de agua control, tal vez pueda aprender mejor sentándose y dejando a los niños grandes jugar –aseveró-. Katara. Zuko. Aquí.
-Eso no es necesario –porfió Katara. Aang puede concentrarse. ¿Cierto, Aang?
-Cierto –contestó Aang.
Xiao Zhi parpadeó.
-No estaba preguntando tu opinión –sentenció-. Nuestro trabajo es enseñar al Avatar. Puedes ayudarme o irte.
-No tienes que ser tan dura, Xiao Zhi –se entremetió Akna, poniendo las manos en las caderas.
-La guerra es dura, Akna. El Señor del Fuego es duro –Xiao Zhi se volvió a Zuko. Arqueando una ceja rala-. ¿No es así, Príncipe Zuko?
Katara tenía la sensación que se había perdido algo por la forma que Zuko se tensó. Arrugó su ojo sano y apretó la boca. Katara reconoció esa expresión. Había sido el receptor de la misma, una vez, antes de que la enviara contra un glaciar. Hazlo, una parte malvada de sí animaba a Zuko. ¡Quémala hasta dejarla crujiente! Pero él no lo hizo. Exhaló ruidosamente, las fosas nasales le llamearon y se volvió a Aang.
-Tienes que aprender a re-dirigir el relámpago.
Aang suspiró.
-Lo sé, pero acabo de empezar con fuego control. ¿No debería primero dominar eso, y luego moverme con lo más complicado?
-Eres el mejor en fuego control cuando te acuerdas de concentrarte –replicó Zuko-. Y tienes que concentrarte para poder aprender esto –sonrió-. Pero ya eres un mejor maestro que yo. Sólo necesitas práctica –buscó los ojos de Katara sobre la cabeza de Aang-. ¿Cierto?
Ella parpadeó. Zuko sólo aumentó la intensidad de su mirada.
-¡Oh, claro, absolutamente! –Clamó katara-. Lo sacarás en nada. ¿Recuerdas como apenas podía hacer el látigo de agua y tú lo sacaste en una? -Iroh sofocó una risita debajo de su mano. Katara lo miró fulminadoramente y se enderezó. Se volvió hacia Aang-.-No lo sabrás hasta que no lo intentes –puntualizó.
-Y tú tampoco –retrucó Xiao Zhi. Ella levantó la cabeza hacia el balcón-. Vayan afuera.
-¿La lastimaría decir "por favor"? –ironizó Katara bajito.
Zuko giró su cuello. Katara oyó un claro pop y él hizo una mueca.
-Solamente podemos esperar que sí.
-¡Ey, hiciste una broma! –los ojos de Aang se volvieron furtivos-. No le digas a Sokka.
-En algún momento el día de hoy estaría bien –gritó Xiao Zhi desde su posición en el balcón. Haciendo un mohín, Katara caminó penosamente hacia ella-. Saca tu agua.
Apretando los dientes, Katara descorchó su cantimplora y soltó el agua. Se erizó cuando Akna se acomodó a su lado.
-¿Qué estás haciendo?
-Sólo sígueme –respondió Akna-. Trata de crear un remolino. No, no, no tan grande. Prueba movimientos más pequeños. De otra forma, la energía escapará de ti.
-¿Debería probar? –preguntó Aang, revoloteando y preparando sus manos.
-No –contestó Akna-. Es importante que el relámpago solo tenga un lugar donde ir. Si hay demasiada agua, el relámpago se escapará de Zuko.
-Si acaso puedo hacer uno –replicó Zuko.
-Solo práctica el movimiento, Aang –le pidió Katara. Se concentró en achicar su remolino. Justo en ese momento se veía como una gran pelota de agua desordenada, pero cuando hundió sus manos en ella, se achicó. Como la arcilla en la rueda de cerámica que había visto en Ba Sing Se. Cuando su mano fue hacia arriba, también fue el agua, y por un momento tuvo la forma de un jarrón.
-Eso es bueno –indicó Akna-. Pero no serás capaz de tocar el agua así. Tienes que endurecerla con control, así.
Akna extendió su mano hacia la verja. Katara vio como la niebla de la grieta se enroscaba alrededor de su brazo como una serpiente translúcida y fría antes de reunirse en un único bulto que Akna separó en dos delgadas cintas de agua. Se enroscaron una alrededor de la otra como dos peces -- como Tui y La, los peces del Oasis de los Espíritus. Nunca se tocaron, pero giraron más y más rápido, más cerca y más cerca, hasta que Katara tuvo que entrecerrar los ojos para ver el hilo de aire que los separaba. Abruptamente, Akna las separó en una serie de hilos de agua congelados a sus dedos. Destellaron hacia arriba para atrapara una hoja que caía; la hoja se rompió en pequeños trocitos que cayeron lentamente en las piedras a sus pies.
-Fanfarrona –dictaminó Xiao Zhi.
-Celosa –retrucó Akna. Cegó a Katara con una sonrisa deslumbrante-. Un día tú aprenderás como hacer eso, si puedes concentrarte lo suficiente en tu control.
Katara miró el hielo que cubría los dedos de Akna.
-Creo que estoy bien sin ello –respondió-. ¿Podemos simplemente trabajar en lo de tormenta-control?
La sonrisa de Akna titubeó.
-Por supuesto. Intenta hacer un remolino un poquito más pequeño esta vez. Zuko, sigue a Katara en inversa. No trates de crear el relámpago de una, sólo concéntrate en aprender la figura.
Katara intentó formar el remolino bajo la mirada vigilante de Zuko. Con ese ceño y la forma en que sus ojos se enfocaban, se parecía un poco al asesino que había enviado a por ellos. El Hombre Combustión de Chispitas, o como sea que Sokka lo había llamado. Pero luego adoptó una posición de combate y fue él mismo otra vez, con los dedos abiertos y moviendo las manos en círculos opuestos. Satisfecha, Katara se concentró en su remolino; ajustó su agarre en el agua y lo hizo más apretado, recordando la bola de hilo que había usado en el Oasis de los Espíritus, recordando la manera en que el agua le había contado de la lucha de Zuko debajo de esas frías madejas de fluidos y tensión, rehusándose a ser atadas.
-Katara, ¿alguna vez has visto una tormenta en el mar? –averiguó Iroh.
Katara exhaló entre dientes.
-Por supuesto que sí –ajustó aún más el agua, girándola hasta que tambaleó y se volvió un óvalo-. Vivía junto al océano hasta que ustedes dos aparecieron.
Iroh no mordió el anzuelo.
-Entonces sabes que el relámpago es naturalmente atraído al agua –resumió-. Para crear el relámpago, los maestros fuegos separan los aspectos positivos y negativos de la energía que los rodean. Pero esos dos aspectos no están hechos para estar separados. Se necesitan el uno al otro. Cuando regresan, son como dos amantes abrazándose finalmente tras una larga separación –guiñó el ojo-. Hay algo de calor -Xiao Zhi bufó. Zuko puso los ojos en blanco, pero siguió revolviendo el aire. Se movía con gran seguridad ahora -- ¿cómo podía ser que fuera tan bueno robándole sus movimientos? – y los índices de cada una de sus manos acariciaban el aire como si quitaran la natilla de la parte superior de un postre abandonado-. El calor necesita algún lugar a dónde ir –continuó Iroh, mientras ellos se movían. Zuko la seguía mejor, ahora, se inclinaba cuando ella se inclinaba y serpenteaba cuando ella serpenteaba-. Los maestros fuego que han alcanzado una verdadera paz mental puedo ayudar a dirigirlo. Pero por la atracción natural del agua y el relámpago, los maestros agua pueden encauzarlo incluso mejor.
-Guau –clamó Aang quedamente.
-Es solo la ley de… -Iroh se detuvo y se quedó mirando a su sobrino-. Oh –sonrió-. Eso está muy bien, sobrino mío.
Katara observó las manos de Zuko. Titilaciones tenues de luz azules aparecían a la zaga.
-No lo hice adrede –advirtió Zuko. Había aparecido sudor en la línea de nacimiento de su cabello. Seguía moviéndose pero atendía receloso el relámpago con su ojo sano-. ¿Qué hago?
-Añádelo al agua y dispáralo –ordenó Xiao Zhi.
-¿Cómo se supone que lo añada? Simplemente no puedo…
-El agua hará el trabajo –le interrumpió Akna-. Sólo acércalo y deja que la naturaleza siga su curso.
Las espesas cejas de Iroh se arquearon.
-No pude haberlo dicho mejor, mi querida.
Los ojos de Zuko se agrandaron. El mundo pareció achicarse de repente, y la manera en que mordía su labio hacía a Katara recordar que lo que estaban a punto de hacer era peligroso, que ese mismo relámpago casi había destruido a Aang, que Aang todavía cargaba esa cicatriz y que ella tendría una como esa si no eran cuidadosos.
-No quiero lastimarte.
Está bajo mi control esta vez. Puedo dirigirlo. No será como con Azula. No dejaré que sea.
-No lo harás.
-¿Estás lista?
-... Eso creo.
-¿Segura?
-Zuko, ya solo hazlo...
Pero cuando lo hizo, se acercó y el relámpago salió serpenteando como si tuviera mente propia, y por un momento sostuvieron una bola brillante de luz líquida entre ellos que se asemejaba a una enorme perla luminiscente. Y entonces Zuko se estaba moviendo así que ella también tenía que moverse, y sus manos se volvieron puños y lo mismo las de ellas y pensó en peleas con bolas de fuego y de nieve al ver bolas de hielo chispeante y destellante salir disparadas desde ellos. Las bombas heladas y abrasadoras se arquearon en el aire lentamente y cayeron, intactas, en la grieta. Ella y Zuko se inclinaron sobre la baranda para verlas caer. La niebla oscurecía su descenso. Ningún sonido resonó hasta ellos. Los pájaros se llamaron unos a otros de árbol a árbol. Ella escuchó el traqueteo de la silla de Teo en las piedras de abajo.
-¿Eso es todo? –preguntó.
La cabeza de Zuko se ladeó en dirección a ella.
-¿Qué, no estás impresionada?
Ella se encogió de hombros.
-Es sólo que pensé que sería… más grande –frunció el ceño-. Ya sabes, más fuerte.
El ojo sano de Zuko parecía salir de su orbita.
-¿No fue lo suficientemente fuerte para ti? ¿Tienes algún concepto de lo difícil que es para mí mantener el control por tanto tiempo? Podía haber…
-Bueno, lamento ser tan lenta para ti, Chispitas, eres tú el que estaba bobeando por ahí…
-¡Lo estaba reteniendo! ¡Porque él no paraba con sus estúpidas metáforas! –señaló a su Tío.
-¡Muéstrale un poco de respeto a tu Tío! Sus metáforas son muy dulces y…
-Bueno, puedes practicar con él la próxima vez…
Iroh se aclaró la garganta. Se detuvieron y lentamente se volvieron para mirarlo. El General los miró fijamente desde arriba. Instantáneamente, ambos se enderezaron.
-Lo siento –empezó Zuko-. Son, eh, metáforas grandiosas.
-Gracias, sobrino.
-Quiero intentar –intervino Aang, levantando un mano indeciso-. Ahora que lo he visto, creo que puedo hacerlo.
Katara sonrió.
-Eso es genial, Aang. Probemos.
Aang se paró frente a Katara. Sonrió ampliamente, levantó sus manos y empezó el movimiento exacto de revolver el aire. Katara tomó algo de agua de Akna, y comenzó el remolino una vez más. Aang hacía un buen trabajo siguiéndola. Ella no estaba sorprendida de ver vetas de fuego tras sus dedos. Sus cejas arrugadas pronto se profundizaron en un verdadero ceño. Él paró y el fuego se disolvió.
-¿Por qué no está funcionando?
-Sólo sigue intentando –contestó Zuko-. Si yo puedo hacerlo, tú puedes hacerlo.
Aang asintió, luego retomó su postura. Esta vez el fuego destelló en sus manos casi de inmediato; Katara lo vio cambiar de rojo a azul casi violeta antes de que una pequeña explosión los volteara. Katara rápidamente levantó un escudo de agua antes de resbalar hacia tras, a los brazos abiertos de Akna. Aang voló por el aire y se cayó sobre su espalda. Zuko se inclinó sobre él y lo ayudó a sentarse. Le quitó el polvo mientras Aang buscaba la cara de Katara. Sus ojos grises se habían abierto terriblemente detrás de una fina capa de hollín.
-¿Te lastimé?
Ella negó con la cabeza.
-Estoy bien. Tenía mi agua conmigo.
-¿Estás segura?
Ella estiró las manos.
-¿Ves? No hay daño hecho.
-No puedo hacer esto –sentenció Aang, volviéndose hacia Zuko-. No debí ni siquiera haberlo intentado.
-Eso no es verdad, Aang –se entremetió Katara-. Es sólo que no has practicado lo suficiente aún.
-¡Puedo sentir las energías, justo ahí! –Exclamó Aang, señalando el aire-. ¡Están justo frente a mí, y no puedo alcanzarlas!
Xiao Zhi hizo un ademán con su pipa.
-Quizás si atendieras a Zuko y Katara.
-¡No! ¡Eso no servirá!
Silencio. Katara conocía ese tono – Aang estaba decidido. No cedería. Cualquier intento de persuadirlo, de recordarle que era necesario y útil, sería respondido con una creciente resistencia cual Toph. Iroh y Akna miraron fijamente a Aang. Nunca habían visto este lado del Avatar antes; probablemente tenían la estúpida idea de que todo lo que Aang hacía era meditar lo que era mejor para el mundo y como mejorar su control. Es un chico normal cuando no está brillando. Recordarle todo lo que tenía que hacer sólo empeoraría las cosas, ¿Por qué no podían ver eso?
-Ey –Zuko se puso de cuclillas-. Esto me pasó a mí también, al principio. Me pasó una y otra vez.
-¿Qué hiciste? –preguntó Aang.
-Decidí unirme a ti –contestó Zuko-. Después de eso, mi corazón estuvo claro.
-¿Mi corazón tiene que estar claro? –Aang frunció el ceño-. ¿Ya no está lo suficientemente claro?
-Nadie puede contestar eso, excepto tú mismo –repuso Iroh-. Para poder crear el relámpago debes ser como el ojo de la tormenta --tranquilo y apacible –sonrió-. Pero no te preocupes. ¡Tal vez el desayuno que hice simplemente no te cayó bien!
-Bueno, había un montón…
Todos rieron. Incluso Xiao Zhi meneó la cabeza y sonrió. Zuko esbozó algo así como una sonrisa satisfecha y ayudó a Aang a ponerse de pie. Katara sintió un roce en su hombro.
-Buen trabajo –reconoció Akna con un tono cómplice-. ¡Lograron controlar una tormenta en su primer intento!
Katara se encogió de hombros.
-No fue tan...
Alguien gritó encima de ellos. Sokka.
-¡Ayuda! ¡Alguien! ¡Katara! –ella corrió hacia la baranda y echó un vistazo. Sokka estaba parado solo dos niveles más arriba pero en una torre lejana a la izquierda. A su lado, Suki saltaba y sacudía los brazos. Él llevaba un pequeño paquete verde en sus brazos... Toph.
Zuko gruñó. Una señal de respuesta destelló desde sus labios.
-Aang…
-Voy en camino –le interrumpió Aang, pateando el suelo. Las piedras a sus pies saltaron y envió su equipo haciendo un molinete en el aire. Pasó corriendo junto a Katara, girando sus brazos y sacando su scooter. Saltando en él, subió con holgura sobre una columna y pegó una patada desde allí antes de abrir su planeador de un golpe. La miró-. ¡Agárrate de mis tobillos!
Katara no necesito que lo dijera dos veces; hizo que el agua de Akna se hiciera un tobogán de hielo y corrió derecho hacia arriba y sobre la cornisa. Solo entonces, cuando el abismo abría su boca bajo sus pies y el hielo bajo sus dedos empezaba a crujir; creyó empezar a sentir temor. Por un terrible y único momento pensó en caída libre. Se le dio vuelta el estómago y sus manos agarraron el aire. Pero entonces Aang estaba ahí y se aferró con un pie y luego el otro mientras él acomodaba su peso. Atravesaron la niebla y alcanzó a ver a Teo y su planeador y a El Duque señalando hacia la figura de Sokka.
-¡Resiste!
Se levantaron y ella cerró los ojos con fuerza, aferrándose con más ímpetu a los delgados tobillos de Aang. Un instante después había piedras en su espinilla y se tambaleó en las manos firmes de Suki. Sokka presionó a Toph contra ella. Unas delgadas agujas negras tachonaban las piernas y el brazo derecho de Toph, como si se hubiera cubierto su rostro con él en el último segundo. El corazón de Katara se detuvo.
-¿Son…?
-No lo sabemos –contestó Sokka-. No puede hablar. Creo que están envenenadas.
Aang flotó hasta el suelo a su lado. El aliento quedó atrapado en su garganta.
-Oh, no.
La puerta más cercana se abrió con una explosión; salió de sus goznes y cayó al suelo. Zuko atravesó la entrada, con los puños encendidos todavía, una delgada capa de sudor en su capa y su respiración más agitada de lo que alguna vez la había visto. Echó un vistazo a Toph y toda su expresión cambió; el sonrojo del esfuerzo se volvió a una palidez de miedo. Sus labios se endurecieron y enderezó su postura.
-¿Quién hizo esto?
-No sabemos. Estábamos…
-Se suponía que estaban juntando comida con ella.
-Lo sé, pero Suki y yo… -Sokka se ruborizó y vaciló. La mirada de Zuko tenía toda su vieja fuerza; se veía listo como para noquear a Sokka y no dejarlo levantarse. Pero no lo hizo. Se volvió hacia Katara-. Reúne a los demás en el establo. Si no vuelvo pronto, váyanse.
-¿Puedo ir contigo? –Preguntó Aang-. Si son Azula y sus amigas…
-Si son Azula y sus amigas, entonces no hay modo que vaya solo –intervino Katara. Los ojos entornados-. Lo último que necesitamos es que él les diga todo.
Zuko quedó boquiabierto.
-¿Todavía no confías en mí? Después de todo lo que pasó, aún crees…
-Creo que podrás seguir probándote a ti mismo si dejas de discutir y me ayudas –replicó Katara. Se giró. La reprimenda en el rostro de Aang era imposible de obviar; uso todas sus fuerzas para hacer un lado la vergüenza
-Aang lleva a Toph con Akna. Si es la mitad de buena de lo que crees que es, entonces sabrá que hacer.
Sokka tomó su espada.
-Yo también debería ir.
Zuko estaba ya saliendo. Su figura se evaporó en las sombras que se oscurecían por la brillante luz del sol matinal.
-Ya has hecho suficiente –escuchó que detenía su andar-. Vamos. A Azula no le gusta esperar.
Una hora después, Katara había empezado a sospechar que todo ese "asegurarse que Zuko no era un espía de Azula" no era tan buena idea. Justo después de las picaduras de las moscas-rino, la aparentemente interminable caminata a través del bosque húmedo y espeso de cipreses con Zuko balanceándose sin esfuerzo y en silencio sobre su cabeza, darse cuenta de que estaba completamente sedienta y que no había traído agua --era una maestra agua, ¿Qué estaba pensando? – y el profundo temor de si Azula, el fenómeno de circo, la chica agujas los había atacado, no serviría de mucho.
Miró la silueta de Zuko en los árboles.
-¿No nos habrían atacado ya? –inquirió.
-No si están tratando de emboscarte –agarró una rama y se bajo desde ella; por un doloroso momento, recordó a Jet-. Si est4e era solo un paso en el plan maestro de Azula; te atraería hasta aquí y te destruiría.
Katara tragó saliva.
-Aprendí algunos trucos nuevos desde la última vez que la enfrenté. Así que ella debería de estar preparada.
Zuko alzó las manos en el aire.
-¡Ella no está aquí! ¡No está escuchando! Ella… -se detuvo. Sus ojos escudriñaron el bosque circuncidante.
-¿Ella qué, Zuko? Está loca y es vengativa y…
-¡Estate callada!
Su corazón cayó en picada.
-¿Es ella? –paseó su mirada por el alrededor. Moviendo sus brazos como una guadaña; convocó el agua de un árbol y formó un círculo con ella a su alrededor-. ¡Ven aquí, Azula!
Algo encima de ellos crujió. Al unísono, levantaron la mirada. Luego eso se movió y ella finalmente lo movió. Tuvo que clavar sus dedos en el musgo bajo sus pies para no retroceder. ¿Por qué todo tenía que ser tan grande en la Nación del Fuego? Tenía un largo hocico con una verruga y su piel se erizaba con las agujas negras que había visto enterradas en la piel de Toph. Las largas garras se curvaban alrededor de las ramas en el dosel del bosque mientras se movía lentamente de árbol en árbol.
-¿Qué es esa cosa? –su voz se había reducido a un susurro.
-Es un perezoso senbon -ambos observaron como sacaba su delgada lengua rosa y probaba el aire. Las agujas en su espalda temblaron-. Nos ve…
Katara convirtió su látigo de agua en un escudo; fracturas del tamaño de capilares aparecieron en él cuando las agujas del perezoso lo golpearon con un ruido sordo. Zuko se puso delante de ella y atravesó limpiamente el escudo de hielo con un puño en llamas. Una bola de fuego fue derecho al árbol del perezoso. Zuko levantó sus manos como convocando una enorme corriente, y el fuego subió por el tronco del árbol. El perezoso chilló y trató de subir a otro árbol. Sus garras se deslizaron y cayó sobre patas para arriba en el suelo. Gritó y se retorció. Como uno solo, los dos hicieron un paso hacia atrás.
-Esta sufriendo –señaló Katara. Se le cerró la garganta.
Zuko suspiró.
-También Toph –desenvainó sus espadas.
-No, no lo hagas –Cerró los ojos y se esforzó en pensar a través de la figura visible del perezoso y vio la sangre y el agua en su interior. Sus manos se sacudieron en el aire y el perezoso quedó quieto; sintió la zona adolorida en su interior como un puente roto.
Arréglense, les dijo a los huesos y tendones. Saben donde van; solo vuelvan a su lugar. Sus dedos puntearon el aire y pudo sentir los huesos acomodándose como si estuviera moviendo fichas en una tabla de Pai Sho, como si estuviera tirando de las cuerdas correctas. Cuando soltó al perezoso, éste rodó lenta y ruidosamente, un poco tembloroso sobre sus pies pero ya no estaba herido. Lo vio alejarse por un campo de estrellas; el piso se acercó de repente y las raíces se clavaron en su rodilla.
-¡Ey! –Zuko. Se detuvo a un segundo de tocarla realmente, pero se arrodilló-. ¿Qué sucede?
-Lo hice… -suspiró-. Manipulé su sangre sin luna llena –el dolor tronaba dentro de su cráneo. Se frotó las sienes-. Eh, quizás no fue una idea muy buena.
-Fue increíble -Lo miró con los ojos arrugados. La oreja sana de Zuko estaba un poquita rosa. Se rascó la nuca-.Digo, quizás podrías ser una veterinaria.
Katara casi considera golpearse con la cabeza con la mano; luego realmente pasó e hizo una mueca.
-Vamos a casa, por favor.
-Eh, seguro –se puso de pie. Ella lo siguió lentamente. Su campo de visión se había achicado; veía el suelo del bosque como a través de un catalejo. Su estomago protestó mientras atravesaba el terreno desigual. Zuko pareció alejarse más y más. Completamente humillante. Ya era suficientemente malo que estuviera completamente equivocada en cuando Azula --tampoco era que Azula apareciera, nada de eso, sólo le hubiera gustado tener la razón, y también todos los demás incluso si nunca lo hubieran admitido – y no había pensado en nada más inteligente para derrotar al perezoso, salvo tratar de arreglar las cosas con una tentativa y extravagante combinación de sangre control sin luna llena…
-Ey –Zuko se detuvo y se giró. Su silueta era difusa en los bordes-. ¿Estás realmente enferma?
-Estoy bien –parpadeó con fuerza y se esforzó en moverse otros tres pasos-. Solo tengo que regresar -¿Por qué era tan difícil poner las palabras juntas? Es sólo un dolor de cabeza. Sólo un dolor de cabeza-. Es sólo un dolor de cabeza.
-De acuerdo –Volvió a girarse y empezó a caminar. Dos pasos después se había detenido-. Eh, quiero conseguir algo lindo para Toph. Un regalo para que se mejore.
-Ah –replicó Katara, cabeceando-. Claro. Seguro. Buena idea.
-Gracias.
-Eh, ¿Zuko?
-¿Sí?
-Estamos en un bosque. No hay tiendas por aquí.
-Ya sé –se quedó callado, luego señaló con el pulgar vagamente hacia el este-. Hay una colmena de avispas dulce…
-Miel –concluyó.
-¿Sí? Digo sí. Cierto –apuntó las raíces de un árbol especialmente ancho-. Tú puedes, ah, sentarte. Ya regreso.
Con dificultad, Katara se sentó en las raíces del árbol. Cerró los ojos. Y luego el tiempo pareció acortarse a la única pulsación que era su jaqueca, y cuando Zuko volvió el calor que sofocaba hacía creer que ya era mediodía. Escuchó sus pisadas a su lado y abrió los ojos para descubrirlo sosteniendo un jícaro-. Toma, bebe esto.
Lo agarró con cuidado desde sus manos y quitó la tapa del jícaro. Lo había ahuecado toscamente. Dentro había un fino líquido blanco. Cuando lo olió, lo encontró dulce y un poquito picante. Pero su garganta y su cabeza y sus habilidades clamaban a gritos por hidratación y cuando lo bebió estaba demasiado caliente pero no le importó, era delicioso y necesario. Lo vertió sobre su cabello y en su cuello. Apartó el jícaro y sonrió.
-Muchas gracias.
-De nada –se tocó su propio cuello-. Tienes…
-Ah, cierto –trató de frotarse el cuello con el dorso de su mano pero solo lo corrió. Suspiró y un mechón húmedo de cabello se levantó débilmente de su frente-. Tomaré un baño cuando volvamos –se puso de pie. Nada dolía, ahora, ni tenía nauseas, solo una placentera calidez atravesándola y una curiosa ligereza, como si hubiera tenido un agradable reposo. Quizás así es como Pies Ligeros se siente. ¿Acabo de llamarlo así? Se rió como tonta-. Vamos a casa.
-Casa –repitió él.
Llegar a casa fue fácil. Al menos, el camino de regreso se sintió mucho más corto que el de ida. Quizás era un simple ajuste de actitud. Su temor y sospecha se habían evaporado. No saltaba al menor ruidito, ahora, esperando que Azula saliera volando de entre los árboles. Y había trabajado bien. Tormenta control. Sangre control. Sanación. Desearía poder todavía ser la Dama Pintada.
-Desearía poder todavía ser la Dama Pintada.
Él resopló.
-¿Eres la Dama Pintada?
-¡No te rías de mí, Maestro Idiota! ¡Soy la mejor Dama Pintada que verás jamás!
-La Dama Pintada no es real. Es un mito.
-¡No es cierto! ¡Yo la vi!
-¿Habías estado bebiendo jugo de cactus?
-¡No! –Le dio un codazo en la espalda-. Y deja de hacerte el gracioso. Si Sokka se entera, realmente se enfadará.
-¿Estás segura que te sientes bien?
-¡Estoy bien! ¡Deja de preocuparte! Yo soy la que se preocupa, no tú –lo codeó de nuevo. Cuando le dio entre las costillas así, él parecía todo suave y carnoso y para nada amenazador-. ¿Cómo es que Toph nunca te grita por ser tan maternal?
-… ¿Maternal?
-Paternal. Lo que sea –una imagen de una horda de minis Zuko llenó su mente; lo imaginó persiguiéndolos y agarrándolos por sus chiquitinas colas de caballo. En su cabeza, él fumaba en pipa y tenía unas espesas patillas como su tío. ¡Júnior! ¡Incendiaste a tu hermana por última vez! Las carcajadas brotaron de ella.
-Ya llegamos.
Acalló sus risas. El esfuerzo la distrajo y chocó con él.
-Ey, ¿Quién puso esta pared aquí?
-Muy gracioso –él se arrodilló y verificó la enredadera.
Katara se le quedó mirando. Parecía como un ratero preparándose para un trabajo, no un soldado.
-No es tanto como una pared. Estás más pequeño que antes.
-No estoy más pequeño. Es sólo que tú te agrandaste.
-¿Me estás diciendo gorda?
Zuko arrugó la nariz.
-No –se incorporó-. Son las hombreras. Simplemente estas acordándote de como se veían.
-No, yo te recuerdo también sin las hombreras. Me acuerdo que en el Oasis de los Espíritus tenías esa ropa rara y eras más grande, tus hombros eran grandísimos y me arrojaste contra un glaciar –blandió un dedo hacia él-. Eso no fue muy agradable, sabes. Me quedaron moretones.
-Moretones.
-Ajá. Y cuando me ataste al árbol me quedó esto todo rojo –se frotó las muñecas-. Y después de Ba Sing Se… -frunció el ceño-. Azula me lastimó. No tú. Bueno, físicamente.
-¿Fisicamente?
-Claro. Solo, la parte cuando nos traicionaste. Eso fue suficientemente malo. Pero cuando Azula me azotó contra esos cristales, me quedó un chichón enorme –se señaló la cabeza-. No podía dormir de ese lado para nada.
-Has sufrido terriblemente –finalizó Zuko-. ¿Puedes bajar trepando?
Katara echó un vistazo a la pared rocosa. Hizo un puchero.
-Desearía ser Toph. Así podría hacer una cosita que levante.
-¿Un elevador?
-Uno de esos.
Zuko se pasó una mano por la cara.
-Iremos juntos –levantó la rama y se la dio-. Quédate justo ahí.
-No acato órdenes de ti, Señor Ex Príncipe del Fuego –retrucó, tomando la enredadera. Él se colocó tras ella y estaba caliente y apoyó sus manos sobre las de ella-. Ey, tus manos también son diferentes.
Él la soltó y ella se sintió caer un poquito y el descenso fue incómodo y para nada elegante. No aterrizo, sino más bien que cayó. Él se balanceó tras ella con el rostro colorado. Se lamió los labios y se sacudió las manos contra sus piernas, como para limpiar sus palmas.
-Vamos a ver a Toph.
Por alguna razón, no podía recordar dónde estaba el cuarto de Toph. Sus pies se desentendieron de ella por un ratito. Zuko se lo tuvo que recordar:
-Está justo ahí –Toph estaba acostada boca abajo. Akna estaba sentada a su lado, usando agua control para sacar las agujas del perezoso. El agua que rodeaba a cada aguja brillaba antes de que la susodicha saltara de pronto.
-Chispitas, Dulzura –llamó Toph, cansinamente.
-Hola, campeona –contestó Zuko, y entró al cuarto-. ¿Adivina que traje?
-La cabeza del perezoso en una bandeja.
-Casi. Esto sabe mejor –buscó bajo su camisa y saco una hoja cuidadosamente doblada. Dentro había toda un pedazo de panal. Apartó un poco-. Abre el precinto...
Toph sacó la lengua.
-Eres toda una marica, Chispitas –abrió la boca. El puso ese poco que había apartado en su lengua-. Mmm. Rico –Toph lo hizo dar vueltas en su boca-. Todo el mundo pensó que era la chica de las agujas.
-Mai –corrigió Zuko-. Su nombre es Mai.
-Agujas. Claro. Todo el mundo pensó que era ella –Toph bostezó-. Pero yo le seguí diciendo a Cabeza Hueca que hubiera sentido sus pasos –se sacó la miel de los dientes-. Agujas tiene pies grandes.
Zuko contuvo una carcajada. Las tres mujeres lo miraron.
-Puedes reírte, Zuko –le aseguró Katara-. Ella sí tiene pies grandes. No tamaño Kyoshi, pero grandes.
-No es que los pies grandes sean malos –intervino Toph-. Es solo. Tú sabes. Guau.
-Mai tiene un muy buen equilibrio y postura –replicó Zuko.
-Y pies grandes –insistió Toph-. Elástico y Loca tienen pies pequeños.
-¿Elástico y Loca? –Zuko se golpeó la cara con la palma-. Por favor, nunca las llame así en sus caras.
-Psss –Toph sacudió la mano, rechazando su preocupación-. Puedo con ellas –se estiró-. Más miel, por favor –Zuko levantó la hoja y se la puso en la mano-. Katara, deberías probar esto. Está toda calentita.
-Lo llevaba en su remera, Toph –Katara volvió a mirar el panal-. Aunque, de veras se ve buena –se abalanzó y robó una pizca. Tal y como había prometido Toph, estaba caliente y rica y dulce. Su lengua dio vuelta en los surcos del panal-. Esto es en serio muy bueno, Zuko. No sabe a ti para nada.
Akna tosió de repente.
-Katara, quizás deberías almorzar algo.
-Sí, Katara, ¿estás bien?
-¿Por qué todo el mundo me pregunta eso? ¡Estoy bien! ¡Me siento genial! –apuntó-. ¡Ustedes quieren toda la miel!
-Almorzar es una buena idea –le interrumpió Zuko. Tiró delicadamente del codo de Katara-. Vamos. Si no comemos algo ahora, Sokka y los otros se lo acabaran.
-Aah, ese Sokka. Voy a atraparlo –sentenció Katara, mientras él la conducía por la puerta. Viró bruscamente y casi lo hace tropezar. Se inclinó hacia atrás y agitó la mano-. ¡Adiós, Toph!
-Nos vemos, Dulzura.
-Vamos –Zuko empezó a caminar-. Katara, es por aquí.
Ella se volvió.
-Claro. Ya lo sabía –Katara echó a correr y entró a la cocina. Los otros levantaron la vista. Su padre, Iroh, Aang y Sokka fruncieron el ceño. Ella les sonrió y se llevó las manos a las caderas-. ¡Misión cumplida! ¡Le mostramos a ese jefe quién era el perezoso! –Ella arrugó el entrecejo-. Quiero decir, al revés.
El ceño de su padre se pronunció.
-Katara, ¿te sientes bien?
-¡Estoy bien! ¡Ya les dije! –suspiró y se sentó-. Sólo tuve un dolor de cabeza. Pero ya se fue del todo.
-¿Ah, sí? –Zuko apareció detrás de ella-. Bueno, eso es genial…
-¿Qué dolor de cabeza? –Averiguó Aang-. ¿Qué pasó?
-Sí, Chispitas, ¿Qué pasó? –repitió Sokka.
-Bueno, encontramos este perezoso…
-Y lo cogimos totalmente –completó Katara-. Yo estaba toda gush y él estaba fua y el perezoso estaba todo ik así que tuve que arreglarlo.
Iroh levantó su taza.
-Eso suena muy... intenso.
-¡Lo fue! ¡Pero esa no es ni siquiera la mejor parte! ¡Hice Sangre Control! –movió sus dedos, como manipulando una marioneta-. Me metí dentro de él y puse todos los huesos en su lugar. ¡Y lo hice sin luna llena!
-Eso es muy difícil de hacer –convino Xiao Zhi-. ¿Le contaste a Akna de esto?
-Akna. Por favor. Como si le dijera a la Pícara Curadora algo –agrandó los ojos-. Lo siento, Papá. Se que estás más que muerto por ella y todo.
Su padre hizo una mueca de dolor, se inclinó hacia delante.
-¿Dijiste que te estabas sintiendo mejor?
-¡Oh, sí! ¡Zuko me dio esta bebida genial y ahora estoy como nueva! –levantó los brazos. Le hormigueaba la piel cuando se estiró y cayó hacia atrás. Sus miembros de repente se sintieron gratamente pesados y se le cerraron los ojos-. Quiero una siesta…
-Sobrino –oyó que Iroh decía-, ¿exactamente de dónde salió esta bebida?
-Del árbol Kallu –respondió Zuko. Su peso se acomodó junto a ella en la roca. Ella advirtió el olor de ciruelas en vinagre y lo escuchó sorber ruidosamente los fideos.
-Ah, el Kallu –reiteró Iroh-. Una planta conocida por sus propiedades medicinales.
-Tú siempre bebías su savia cuando no te sentías bien –recordó Zuko-. ¿Ya sabes, después de que te quedabas levantado hasta tarde en las noches musicales?
-Iroh toca el cuerno sungi –destacó Katara-. A las chicas les gusta.
-Ah, cierto –dijo Iroh-. Noche musical. Bueno.
-Chispitas, ¿emborrachaste a mi hermana?
Katara rió tontamente.
-Él no es tan estúpido, Sokka.
-Exacto –accedió Zuko. Lo oyó sorber un poco más-. Además. Eso hubiera estado mal.
-Mal, mal, mal –reconoció Katara-. Chispitas es malo siendo bueno.
-Estás cansada –replicó Zuko-. Hiciste algo de duro control hoy.
Katara abrió un ojo.
-Lo hicimos bien a la primera –habló en un suspiro teatral-. Somos maestros tormenta, héroes súper secretos y especiales.
Ella escuchó un golpe colectivo de palmas en la frente.
Notas:
El Kallu o tuba es una variedad de vino de palma que se bebe en Sri Lanka y algunas partes de India. Sale de la savia de la palmera floral y debido a la levadura en el envase que suele guardar la savia, puede fermentar al cuatro por ciento de alcohol en tan corto tiempo como dos horas. (Según Wikipedia). Cuando Zuko dice que Iroh bebía la savia de este árbol después de la noche musical, se refería al hecho de que Iroh bebía demasiado en esas noches y necesitaba algo para despabilarse y volver a la velocidad habitual.
Algunos de ustedes pueden haber notado similitudes entre este capítulo y algunas partes de las series Tres Tragos y Tres Tareas. Son adrede – me gustan un montón ambas historias y esta era una manera divertida de jugar con los mismos temas. ¡Más argumento la próxima vez, lo juro!
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N/T.: Perdón, sí? He estado muuy ocupada. Tareas, Exhibiciones, Examenes (Por cierto, un diez en el oral de inglés, Gracias!) Y… nada, no tengo perdón, pero prometo ponerme al día, lo juro, eh.. jaja. Bueno, gracias, perdón por no poder contestar rr's, pero si que los leo, sí que me hacen sentir culpable y sí que me dan ganas de seguir acá.
De más está decir que se lo dedico a mi acosadora favorita: kuchiki mabel ;)- Gracias por la buena onda!
Y también para decirles a todo/as, que son lo más de lo más y espero que les siga gustando el fic y me perdonen todo… :) Un beso, que anden genial.
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Edito: el arroz congee es un tipo de arroz servido como un porridge y que es comido en muchos paises de Asia y del sureste Asiático. La palabra proviene del tamil kanji. En algunas culturas el congee se come como desayuno o como un intermedio a media mañana, mientras que en otros, es un sustituto del arroz en el almuerzo.
Senbon: aguja muy grande se puede partir por la mitad para tener como dos espadas. (Según Wiki en ambos casos.)
(Sé que dije que no iba a contestar reviews, pero... no sé que me pasó., juro que comienzo en breve con el cáp cuatro, es qe estaba con Bailando... ahora si basta de excusas!)
Gracias: kuchiki mabel, Sielu (me alegro mucho que te encontraras con stormbenders en español, y si lo leiste en inglés, estoy más que segura que si lo lees ahora, podrás marcarme mejor, un beso guaapa y gracias por leer!)VaneZutara, cripthop3, victoria (me alegro muchisímo que te gustase la traducción :) ) Lolipop91, Aiko1504 (yep, I'm de Argentina ;), jaja, me atrapaste :P me alegro mucho que te gustara y espero no haberte hecho esperar demasiado. Beso, linda que andes re bien). Rashel Shiru, donthurt, y :). Besos, los qiero :)
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