Antes que nada quiere darle saludos a mi hermana que siempre me revisa los capítulos y me ayuda incondicionalmente.

Capítulo IV

Y en su interior…

1-

-¿Qué haces?-le preguntaba la pelirroja, mirando como el joven tomaba el tubo de ese teléfono público y se lo ofrecía.

-Llama a tu padre-indicó con serenidad, a ella le brillaron los ojos de la emoción y la sola posibilidad de poder regresar a su casa inundó todos sus pensamientos provocando que sonriera.

Rose rápidamente discó los números y esperó por un segundo antes que aquella voz tan conocida sonara del otro lado de la línea.

-Padre soy yo, Rose-contestó ella entusiasmada.

-¿Rose?, ¿Dónde estás?, ¿estás bien?-la interrumpió él eclipsando por primera vez esa voz seria con una poderosa exaltación.

-Estamos…-

-Señor Weasley, un gusto conocerlo al fin-expresó Malfoy con una sonrisa totalmente falsa después de haberle arrebatado a la muchacha el teléfono de las manos. Ella, que había remplazado toda aquella esperanza por una mueca de molestia recordó que esa no era la primera vez que el rubio le hacía eso y se sintió increíblemente impotente. Como si fuese una marioneta y el rubio se encargara de jalar los hilos.

-¿Quién eres?, si llegas a hacerle daño a Rose…-lo amenazó el padre de la muchacha con hostilidad. Se notaba por su tono de voz que el poder escuchar al captor de su hija no le hacía ninguna gracia.

-Ella estará perfectamente bien mientras usted cumpla con lo que yo le diga-sentenció el rubio con arrogancia, él quería establecer desde un principio que era él el que tenía el control de la situación y que no pensaba ceder hasta que no consiguiera lo que quería.

-¿Cuánto dinero quieres maldito desgraciado?- le rebatió el pelirrojo comenzando a perder la calma que se había esforzado por mantener.

-No quiero su dinero, quiero algo mucho más valioso-añadió misteriosamente el joven notando que la chica lo veía confundida y que seguía escuchando atentamente la conversación. Su boca permanecía sellada y sus ojos azules no se despegaban del tubo como si de esa manera pudiera escuchar lo que musitaba su padre.

-No sé a qué te refieres-lo cortó el Sr Weasley con rabia, la cual se incremento varios niveles cuando oyó la risa de su interlocutor.

-No se haga el tonto, quiero el diamante-afirmó Malfoy con ansiedad sujetando ese teléfono como si su vida dependiera de ello, sus pupilas se dilataron y su corazón se aceleró.

-¿Qué diamante?-dijeron al unisonó ambos pelirrojos, Ronald con total estupefacción ante lo que estaba oyendo y Rose asombrada, nunca se imaginó que su padre poseyera una joya de ese rango de valor. Porque si él la prefería antes que cualquier suma de dinero…, era indudable que aquel diamante era especial, muy especial.

-Como ha escuchado Sr Weasley, quiero que deje el diamante en una canasta en el muelle tres, para las siete de la tarde-especificó Scorpius recordando los cientos de detalles que venía planeando desde que abrió un ojo esa misma mañana.

-No te daré nada Maldi…-

-Yo que usted no diría nada de eso-hizo una pausa y retomó con imperturbabilidad la charla, como si estuviera hablando con un viejo amigo-si para entonces no me lo entrega su hija sufrirá graves consecuencias-.

Scorpius no se molestó en esperar una respuesta sino que colgó con elegancia el tubo y salió de la cabina. La pelirroja que estaba sumamente sorprendida lo miraba con los ojos totalmente abiertos. Si había entendido bien él pensaba matarla si no conseguía ese diamante, y considerando lo tacaño que era su padre su vida corría mucho riesgo.

-Nosotros no tenemos ningún diamante tan sorprendente, debes reconsiderar tu oferta porque mi padre tiene mucho dinero con el que pagar mi rescate-le objetó la chica a medida que regresaban al auto.

El rubio sonrió como si aquel comentario fuera un chiste, le hacía gracia la manera que esa chica hablaba de dinero, como si fueran simples monedas lo que su padre guardaba en sus múltiples cuentas bancarias.

-Tu padre te mintió pecas-declaró Malfoy a la vez que extraía de la bolsa una nueva matrícula para el auto y la cambiaba con la que estaba puesta. No podía arriesgarse a salir por la ciudad sabiendo que la policía tenía registrada la vieja matricula. Él siempre decía que prefería prevenir que lamentar y esta vez era una ocasión perfecta para aplicar la frase.

-¿Cómo lo sabes?-replicó Rose enfadada, apoyada sobre el vehículo con los brazos cruzados. No habían pasado ni cinco minutos desde que ese chico había amenazado con matarla y ella ya le pedía explicaciones, la muchacha no tenía caso, era testaruda hasta la médula.

-Simple-le respondió el muchacho de ojos grises subiendo al vehículo y sentándose en el asiento del conductor, en donde se colocó unas gafas oscuras y una gorra capaz de ocultar su cabellera dorada.

-Si tu padre no supiera nada sobre el diamante lo hubiera negado directamente en vez de preguntar por él con indiferencia-.

La pelirroja abrió la boca sorprendida por la deducción que había hecho su captor, pero enseguida se rectificó al ver la mueca arrogante en el rostro del joven. Odiaba que otros presumieran frente a ella.

-Ni que fueras detective o policía-se burló ella ocupando el asiento del copiloto y abrochándose el cinturón, nunca más pensaba exponerse si él estaba al volante. Con la experiencia de la noche pasada había tenido suficientes emociones como para tres vidas.

-Soy mejor que ellos-contestó con resolución el chico poniendo en marcha el auto y comenzando a conducir por esa carretera despoblada.

-Claro, por eso te dedicas a secuestrar a pobres chicas inocentes como yo-dictaminó Rose con sarcasmo comenzando a arreglarse el pañuelo con delicadeza.

-Querrás decir chicas caprichosas y mimadas como tú-la corrigió con seriedad.

Ella arrugó el entrecejo y lo miró desafiante-yo no soy caprichosa ni mimada, quizás un poco testaruda pero…-

Scorpius comenzó a reírse sin despegar su vista de la carretera, esto hizo que Rose se callara de inmediato y refunfuñara varias veces. Evidentemente ella no creía que fuera ninguna de las dos cosas, porque ¿desde cuándo conseguir lo que uno se merecía te hacia caprichoso?, ¿O insistir por poseer más cosas materiales te hacia una chica mimada?, esas preguntas rondaban por la mente de la pelirroja justificando su "correcta" actitud.

El resto del camino transcurrió silencioso, tanto el rubio como la pelirroja se dedicaron a lo suyo. La chica observaba con calma como cada vez aparecían más casas a ambos lados de la ruta y el chico manejaba el coche.

Finalmente ingresaron a la urbe y después de ser presos en un embotellamiento de casi media hora llegaron a una escondida callejuela, allí él estacionó el vehículo.

-¿A dónde vamos?-preguntó ella desconcertada al ver que se encontraban en un barrio de la ciudad que nunca había pisado. Allí en vez de lujosas mansiones con piscina solo habían pequeñas casas una junto a otra, apretujándose por la falta de espacio.

-¿No querías comprar ropa?-indicó Scorpius con una mueca maltrecha.

-Pero aquí no es donde acostumbro a comprar nada, esto no parece ser un centro comercial-lo contradijo Rose señalando con ambas manos la calle, desde luego que aquel lugar infestado de basura no era ningún buen augurio para ella.

Él ante la negativa de la chica de seguir avanzando la tomó de la muñeca y la arrastró para que siguiera caminando. Después de caminar unas cuadras desembocaron en una calle comercial donde enormes masas de peatones caminaban apretujados uno junto al otro. Aquello se asemejaba más a una guerra que a una peatonal, las bocinas de los coches, los gritos, el aire infestado y las luces provenientes de cada local la cegaron. Se sintió como una pequeña hormiga en medio del hormiguero, una más, dentro de esa masa que la arrastraba sin que se diera cuenta.

Antes que ella se percatará ya se habían internado en la profundidad de esas calles. Estaba segura de que si Malfoy no la hubiera tenido sujeta todo ese tiempo, se habría perdido entre la multitud. Súbitamente él se detuvo frente a una enorme tienda y la pelirroja chocó contra su cuerpo, no tuvo tiempo de decir nada antes que sus ojos azules enfocaron la vidriera del establecimiento.

La cara de Rose fue un poema, cuando vio que aquello era la liquidación de la ropa que sobró de la temporada pasada sus ojos se abrieron de horror.

-Yo no pienso comprar nada aquí-aseguraba ella completamente fuera de sí, gritando como desquiciada a la vez que negaba una y otra vez con la cabeza. Al muchacho le dio gracia la importancia que le daba al simple hecho de comprar ropa y no pudo evitar mofarse de ella.

-Entonces nos vamos-declaró Scorpius girando lentamente y esperando la inminente respuesta de la muchacha, porque sabía que ella tarde o temprano iba a reaccionar. Se alejaron unos metros hasta que la pelirroja lo detuvo, él sonrió, lo había conseguido.

-No, no…espera…-el rubio sonrió imperceptiblemente, leer a aquella chica era extremadamente simple, siempre sabia como hacerla enfadar y no hacia ni veinticuatro horas que la conocía-me parece que puedo rescatar algo-.

Ambos ingresaron al local, el lugar era de proporciones gigantescas y hasta contaba con una pequeña sala con sillones en su entrada.

-Dame tu bolso-le ordenó el chico comprobando la mirada horrorizada que le devolvía la pelirroja-es para asegurarme de que no iras a ninguna parte, te espero aquí, tienes diez minutos-.

-¿Qué? estás loco, en ese tiempo recién le di el vistazo general a la tienda-protestó Rose al igual que un niño patalea cuando quiere que le compren un dulce.

-Bueno yo si fuera tú me apresuraría porque ahora te quedan nueve-comentó Scorpius con malicia, en menos de un segundo la chica había desaparecido hacia los múltiples expositores de ropa.

El de cabellos dorados tomó asiento en una de las butacas junto a la puerta y comenzó a seguir con la vista a la chica de ojos azules, pronto se cansó y notó que justo a su lado estaban apilados muchos periódicos y revistas. En cuanto vio que estaba la última edición de su revista deportiva favorita se apresuró a ojearla, él adoraba el fútbol por sobre todas las cosas. Particularmente le llamó la atención un artículo sobre el inminente mundial del famoso deporte.

Inglaterra con muchas posibilidades de conseguir la copa

A pocos días para la apertura del mundial en Rusia, Moscú, el equipo inglés se prepara para el viaje, pero ¿conseguirán estar en el podio nuevamente?, es la pregunta que más de un fan se hace en estas fechas. Recordemos que en el anterior mundial jugado en Qatar la selección obtuvo el bronce a pesar de tener varios jugadores lesionados. Pero el técnico, John Miller asegura que este año las cosas cambiaran ya que hay varios jugadores estrella que se integran a la plantilla, este es el caso de Sean Cornelly y Alexander Calvin. Inglaterra integra el grupo C y su primer partido lo disputará el cuatro de Julio con Australia, en el nuevo y espacioso estadio ruso, luego deberá jugar contra Perú y Ghana para poder pasar a la siguiente etapa."No debemos subestimar a los australianos", añade Miller cuando lo interrogamos en uno de los entrenamientos; el equipo de los canguros alcanzó la quinta posición en el anterior mundial y han aprendido de sus errores notoriamente. Así que solo nos queda esperar y gritar por los jugadores que llevaran con orgullo la camiseta blanca.

Ni bien Scorpius acabó con el artículo levantó su mirada para comprobar la ubicación de la pelirroja. Pero ella no estaba junto aquel expositor. El corazón del joven parecía que iba a salirse del pecho, por otro lado los nervios comenzaron a aumentar a niveles alarmantes. De inmediato se puso de pie y comenzó a recorrer todo el lugar, miles de pensamientos lo acusaban a gritos, era su culpa, él se había descuidado y por eso estaba pagando. Si ella llegaba a escaparse sería su fin y el del plan que tenía rigurosamente detallado. Pero no quería ni imaginarse lo que pasaría si ella se le había escapado, prefería pensar que era solo una mala pasada de su subconsciente. Lo primero que hizo fue pasar por la caja, pero ella no estaba allí. El rubio trató de no perder las esperanzas y continúo buscándola con desesperación. Inmediatamente pensó que la pelirroja podría haber ido a los probadores y se encaminó hasta allí a la velocidad de la luz. No obstante el lugar estaba totalmente vacío.

Scorpius se negaba a creer lo que sus ojos le mostraban y totalmente enloquecido se dirigió a la puerta del local, desde allí se dedicó a mirar hacia el exterior, quizás si tenía suerte ella aun estaría cerca y…

-Disculpe-lo interrumpió una voz fina y aguda. El joven vio que una señora cargada de paquetes le llamaba la atención, entonces se dio cuenta que estaba obstruyendo la puerta. Inmediatamente se hizo a un lado y retrocedió varios pasos para poder alejarse de la multitud que se disponía a salir del local. Entonces rozó algo, o mejor dicho a alguien. Sus ojos grises casi se escapan de sus orbitas cuando notó que acababa de encontrar a la escurridiza chica del pañuelo marrón. Ella había estado todo el tiempo frente a sus narices, oculta tras una enorme pila de ropa y él había sido tan ciego que no lo había visto.

Un alivio infinito lo abrigó al igual que una manta en un día invernal pero no fue suficiente para que ocultara las emociones que venia experimentado desde hace varios minutos.

-¿Qué estás haciendo?, ya tendríamos que habernos ido-le reprochó alterado viendo que Rose sostenía entre sus manos dos camisetas y las veía de reojo con una expresión de total concentración.

-Encontré algo rescatable pero estoy en una difícil elección-murmuró ella sin despegar sus ojos de la ropa que sujetaba, era evidente que había ignorado el último comentario de Malfoy.

-Pero yo no le veo la diferencia-opinó él admirando esas dos camisetas rosas.

-¿Acaso eres ciego?, esta es rosa oscuro y esta es de un rosa más claro-corrigió ofendida la muchacha, Scorpius entrecerró los ojos para poder percibir la diferencia pero fue en vano, para él en esos momentos todos los colores eran iguales.

-Bueno, elige uno al azar-la apresuró empujándola en dirección a las cajas. Ella que seguía algo confundida por su repentina aparición continuó con su perorata.

-No lo sé, es complicado, porque si uso una falda gris me queda mejor este pero si me pongo un pañuelo violeta…-

-Elije uno ya porque te aviso que mi paciencia tiene un límite-expresó el muchacho con el rostro rojo de rabia, contaban con poco tiempo y no podía desperdiciarlo en una tienda, además no era conveniente que pasasen mucho tiempo expuestos cuando todo el mundo los estaba buscando.

El rostro de la chica se contorsionó y se tornó tan pálido como el de un fantasma.

-Me probaré unas cosas, pagamos y nos vamos-dijo la pelirroja apresurándose a tomar la canasta repleta de ropa que descansaba a sus pies y caminando rápidamente a la zona de los probadores.

Scorpius la siguió de mala gana, no quería que se repitiera la escena de hace un rato, prefería tenerla de ahora en más bien vigilada, había cometido una imprudencia y él aprendía a la primera.

La chica entró al primer probador disponible y cerró la cortina de golpe, el rubio se apoyó en la pared frente al mismo y comenzó a mirar un punto fijo mientras esperaba. Los minutos transcurrían con una lentitud exorbitante para el joven que cada dos segundos posaba su mirada en su reloj de muñeca, pronto la impaciencia fue más fuerte que él.

-¿Cuánto te falta?-urgió Scorpius con una voz tediosa capaz de mostrar el aburrimiento que sentía en esos momentos.

Pero no hubo respuesta. El rubio comenzó a jugar con sus manos tratando de sobrellevar la situación pero pronto tuvo una idea.

-Apresúrate pecas-

-No me digas así en público, me falta poco-le gritó ella enfadada, odiaba que la interrumpieran cuando se probaba ropa, debía concentrarse para tomar las decisiones correctas, no podía comprar cualquier cosa que dañara su imagen.

Luego de otros largos quince minutos donde el rubio atosigó a preguntas a la chica, ella salió del probador con una expresión aterradora, sin lugar a dudas si dependiera de ella el joven ya estaría muerto por una de sus miradas asesinas.

-Tengo que comprar una última cosa-señaló la pelirroja caminado con decisión hacia la parte más oculta de la tienda.

-Nada de eso, debemos….

Sin embargo Rose ya se había ido y dejado a Scorpius con la palabra en la boca, este refunfuñó y caminó a grandes zancadas hasta alcanzarla.

Ella se había internado en la sección de lencería y admiraba los sostenes con interés, fijándose las tallas y probándoselos por encima de la ropa. El joven de cabellos dorados se quedó estático en una de las esquinas y admiraba como todas las chicas que estaban allí compraban ropa interior. Por supuesto que ver todas aquellas prendas provocativas hizo que un nuevo y potente deseo ocupara su interior, pronto se imaginó chicas semidesnudas usando esas bragas rojas y transparentes, arrancándose los sostenes y dejándole ver sus pezones rosados y apetecibles…

-Ya terminé-lo detuvo de aquellos pensamientos pervertidos la muchacha del pañuelo marrón.

Scorpius tardó unos segundos en asimilar sus palabras, entonces vio lo que la chica iba a comprar y sus ojos se abrieron en sorpresa. Nunca se imaginó que esa muchacha malcriada pudiera usar ese tipo de ropa interior, él la veía como la típica mojigata que esperaba a casarse antes de mantener relaciones sexuales, y esas prendas tan diminutas con encajes y color demonio no eran para nada esperables.

-¿Qué pasa?-interrogó la pelirroja ceñuda al ver que en el rostro de Malfoy se podía leer perfectamente la sorpresa. Ella incapaz de entender el porqué dejó las prendas dentro de la canasta y comenzó a dirigirse al final de la extensa cola que había para poder pagar.

Él la siguió incapaz de despegar sus ojos de la lencería.

Se colocaron en la fila en el más absoluto de los silencios, justo detrás de dos chicas que no pasarían los dieciocho años que conversaban animadamente. Rose tan curiosa como siempre comenzó a escuchar su conversación, aunque esto no era para nada difícil ya que hablaban extremadamente alto.

-Has visto a esa chica, la del pañuelo marrón-susurró una de las dos muchachas con una risita.

-Sí, ese pañuelo es espantoso-añadió la otra con una risa cómplice.

Scorpius notó que la pelirroja comenzaba a tensarse, su rostro pronto adquirió tonalidades parecidas a las de su cabello y apretó los puños con furia. Nunca se le pudo haber pasado por la cabeza que alguien hablaría mal de ella, en su mente ella era perfecta, una princesa sacada de un cuento de hadas. Pero desde que había sido raptada habían ocurrido tantas cosas, por primera vez se había enfrentado con la dura realidad de la vida y aun no terminaba de acostumbrarse. Ya no tendría un ejército de rubias teñidas que la halagaran de día y de noche, ahora debía conformarse con comprar en tiendas de descuento y oír como la criticaban frente a sus narices.

-¿No te parece conocida?-argumentó la primera chica misteriosamente dejando de reírse por unos instantes. En ese momento fue el turno del muchacho de ponerse nervioso ¿y si ellas la habían reconocido?, estaba más claro que el agua que tendrían que huir de allí y olvidarse de la compra de ropa, lentamente él acercó su mano hacia la pistola que tenía perfectamente camuflada en su cinturón.

-Sí, se parece a…-el rubio cada vez apretaba más el revólver, en cualquier momento lo sacaría, las amenazaría y se irían de allí, sería rápido y sencillo.

-A Sally Wilson, la chica peor vestida de todo el instituto-acabó una de esas chicas retornando a esas risitas insoportables que hacían que poco a poco a Rose se le agotara la paciencia.

Scorpius dejó caer su mano con un suspiro imperceptible, había estado cerca, pero otra vez había sido el resultado de su agobiante paranoia, el estrés y los nervios.

-Aunque me parece que ella le ganaría-acabaron de susurrarse las chicas antes de que fueran llamadas para pagar.

Al joven de cabellos dorados lo llamaron casi enseguida a otra caja bastante alejada, él pagó todo en efectivo y luego arrastró a la pelirroja que estaba congelada de la ira en medio del establecimiento hacia la puerta. Entonces volvió a mirar su reloj de pulsera, ya eran casi la una de la tarde, habían estado más de dos horas en el local. Scorpius no pudo evitar fastidiarse al notar este detalle pero sin embargo no dijo nada pues estaba seguro que si le reprochaba ella no le contestaría, estaba demasiado abstraída en su mente a causa de la rabia.

Caminaron cargando los múltiples paquetes hacia el auto, ninguno decía nada, de repente se oyó claramente un sonido bastante particular.

-Tengo hambre-indicó Rose sobándose el estomago que rugía desesperado para que su dueña lo alimentase.

Él la ignoró y después de guardar los paquetes en el baúl se sentó frente al volante, ella lo imitó totalmente malhumorada y volvió a repetir con una voz cansina-tengo hambre-.

-Eso te pasa por desperdiciar la comida que te di en el desayuno-.

-Si me desmayo de hambre no podrás obtener ese diamante que tanto quieres-expuso Rose con una sonrisita de suficiencia, sabía que acababa de tocar un tema de gran interés para el de cabellos dorados.

-Por lo menos no tendría que escuchar tu voz chillona-se burló el de ojos grises entendiendo las intenciones de la chica, porque si ella quería jugar, jugarían. Él conocía a la perfección las reglas de ese juego que había ido adquiriendo con las experiencias de la vida.

La pelirroja frunció los labios.

-¿Es tan difícil que me lleves a almorzar a algún restaurante decente?-protestó expresando toda aquella molestia que ya sentía, el hambre la ponía extremadamente susceptible.

El rubio puso el auto en marcha de inmediato y una idea comenzó a gestarse en su cabeza, sabía como enojar aun más a esa muchacha caprichosa, ella debía aprender la lección de que uno no tiene todo lo que quiere en la vida, a las buenas o las malas.

-¿Sabes qué?, cambié de opinión, iremos a almorzar-.

-¡Conozco unos restaurantes donde se come excelen…-comenzó emocionada la chica, porque cuando lograba lo que quería podía ser la persona más alegre del mundo.

-Iremos a un lugar que de seguro te va a fascinar-comentó Scorpius destilando una evidente sarcasmo que claramente ella no percibió porque siguió sonriendo como si nada.

2-

Esa tarde la bulliciosa ciudad de Londres no parecía tener nada de particular, cientos de peatones caminando de un lado a otro, concentrados en sus propias vidas, las luces de los semáforos constantemente cambiando , los vehículos rugiendo en las aceras y los flashes de las cámaras de los turistas en todas partes.

Sin embargo para ellos dos todo era diferente, desde la ligera brisa hasta aquellas típicas nubes que presagiaban que el clima estaba cambiando drásticamente. El rubio no soltó la muñeca de la chica en todo el trayecto, ella constantemente intentaba zafarse del agarre sin que se diera cuenta pero él presionaba con fuerza.

Entonces llegaron hasta las puertas de un enorme local ubicado en la esquina de la acera, contaba con varios pisos y estaba pintado distintivamente de rojo y amarillo. Scorpius se detuvo y forzó a la muchacha a entrar al mismo, antes que se diera cuenta ella ya había comenzado a gritarle.

-¿Aquí me trajiste?, odio la comida rápida-.

Rose se cruzó de brazos y se negó a dar un paso más, el joven refunfuñó, esa chica era extremadamente testaruda.

-Que lastima supongo que tampoco almorzaras, porque no pienses que voy a hacer lo que tu digas-indicó él con severidad, esta vez la tomó del brazo y prácticamente la arrastró a la fila para hacer los pedidos. Pronto él observó los carteles que colgaban sobre la pared y se decidió por la hamburguesa más grande que vendían.

-¿Qué vas a pedir?-impuso Scorpius sin siquiera prestarle atención a la muchacha.

-Nada, te odio-gruñó ella histérica llamando un poco la atención de la gente que los rodeaba- no podré soportar esa asquerosa comida chatarra ni cinco minutos en mi estomago-.

-Como quieras-le susurró Scorpius con malicia en el oído, se estaba divirtiendo mucho fastidiándola, viendo como su rostro se tornaba rojo y resaltaba sus infinitas pecas, como chillaba cada vez que protestaba y sobretodo como fruncía el seño al comprobar que ya no era el centro de atención.

Rose bufaba cada dos segundos, sus ojos azules contemplaban la cantidad de personas que también habían decidido almorzar en ese McDonald's al igual que ellos. Sin embargo lo que le llamó especialmente la atención fue que allí habían dos policías escondidos entre la masa de gente, y su captor parecía que no los había notado. Una débil sonrisa acompañó a un fugaz pensamiento que surgió espontáneamente en su mente, era la oportunidad perfecta pero debía ser cautelosa, un movimiento en falso y todo sería en vano.

La pelirroja tenía la mente embotada gracias a que enumeraba para si los cientos de detalles que tendría que tener en cuenta para llevar a cabo su maravillosa idea, por eso no se dio cuenta que Scorpius ya tenía la bandeja con la comida sostenida por una de sus manos mientras que con la otra la jalaba hacia una de las mesas más perdidas del local.

Se sentaron frente a frente y él colocó la bandeja en el medio, luego puso un recipiente plástico frente a la chica. Ella lo miró extrañada pero enseguida entendió todo, él le había comprado una ensalada para ella. Rose ni siquiera tomó en cuenta la atención y comenzó a comer delicadeza esas hojas de lechuga. Mientras tanto el muchacho devoraba una suculenta hamburguesa de enormes proporciones con bestialidad, como si fuera la primera vez que provocaba bocado en su vida.

-No sé cómo puedes ingerir tantas calorías-murmuró Rose con desprecio hacia el almuerzo de su captor, su mueca de asco realmente hizo que Scorpius sonriera victorioso por unos instantes.

-Y yo no sé como tu cerebro puede seguir funcionando a base de hojas de lechuga-contraatacó el muchacho con sorna, señalando con la cabeza la comida de ella-o lo que queda de él-acabó viendo como Rose se enfadaba considerablemente. No obstante no volvió a rebatirle, sino que se mantuvo abstraída con la vista fija en los pequeños pedazos de tomate que llevaba cada tanto a su boca.

Scorpius se extrañó bastante ante su drástico cambio de actitud, ella no acostumbraba a dejar que otro fuera el que dijese la última palabra. De todas formas solo se dedicó a terminar su hamburguesa y a picar su cono de papas fritas, estaba muy ansioso por lo que pudiera llegar a ocurrir esa tarde en el muelle, y la ansiedad inevitablemente le producía hambre.

-Quiero ir al baño-pidió Rose unos minutos más tarde sin levantar su mirada de su refresco pequeño ya vacio, sus manos jugueteaban entre ellas y parecía bastante nerviosa.

-En cuanto termine iremos-concedió el de cabellos dorados acabando su bebida de un sorbo y levantando todos los desperdicios para echarlos directamente en el cubo de la basura.

Se dirigieron hacia la zona de los aseos y ella rápidamente ingresó al femenino, Scorpius por su parte se apoyó contra la entrada pacientemente, sus ojos no se despegaban de ese reloj de muñeca que parecía correr cada vez más rápido.

La pelirroja corrió a través del enorme cuarto repleto de lavabos y se encerró en uno de los pocos cubículos disponibles, el corazón le latía extremadamente rápido y lo podía sentir palpitar contra su pecho, estaba nerviosa, nunca antes había hecho algo así en su vida.

Se apresuró a abrir su pequeño bolso, y de él extrajo un labial rojo carmín. Luego arrancó un trozo de papel higiénico y garabateó sobre él con la mano temblorosa. En su interior no hacía más que rezar para que su idea funcionara, ella quería volver a ser libre, quería volver a su casa. Eso funcionaba como un talismán oculto que la ayudaba a seguir adelante, que le daba ánimos.

Entonces enrolló el papel y lo ocultó fuertemente en uno de sus puños, respirando hondo varias veces para tranquilizarse ella salió de allí.

Se reencontró con el muchacho de ojos grises y este no tardó en volver a tomarla del brazo, ella comenzó a caminar cada vez más despacio a medida que se iban acercando a donde estaban los oficiales de policía. Scorpius la jaló con fuerza para que ella se moviera más rápido, pero esto fue suficiente para que la chica cayera al suelo bruscamente. Ni lenta ni perezosa ella soltó el trozo de papel en el lugar exacto donde podían verlo los policías, inmediatamente su captor intentó que ella se pusiera nuevamente de pie pero era demasiado tarde, los oficiales ya habían entendido todo.

-Las manos en alto-gritó uno de ellos sacando una pistola y apuntándole directamente a Scorpius. Él ni siquiera se inmutó ante la orden, su revólver se había deslizado desde su cintura hasta sus manos en menos de un segundo y no dudaría en disparar. Ante tal espectáculo más de un cliente los observaba expectante, nadie entendía lo que estaba sucediendo.

La pelirroja temblaba, había tomado una decisión y ya no podía volver atrás, solo tenía que esperar. Pero el rubio no pensaba quedarse de brazos cruzados, él automáticamente tomó a la chica y le apuntó con su arma como lo había hecho la noche anterior.

Fue en ese momento cuando la multitud comenzó a comprender, la mayoría huyo con desesperación por la puerta delantera y solo unos pocos curiosos decidieron ser espectadores de esa escena.

-Bajen sus armas o la mato-gritó con irritación el joven, no tenía tiempo de juegos sabia que debía salir de allí lo más pronto posible, no tardarían en llegar mas policías y entonces sí que no tendría oportunidades.

Ellos se miraron aterrados por la amenaza, finalmente arrojaron las armas al piso e intentaron acercarse al delincuente con extrema lentitud.

Scorpius sin embargo comenzó a retroceder hacia la salida, una poderosa sensación de adrenalina lo consumía y lo impulsaba a presionar con violencia el arma. Rose respiraba con dificultad con los ojos entrecerrados, solo quería desaparecer de allí, ya no le importaba nada, ni siquiera si debía morir.

En cuanto salieron del establecimiento se vieron rodeados de una multitud que les cerraba paso, y no parecían querer moverse, la mayoría estaba demasiado entretenida averiguando que sucedía o sacando fotografías. Las patrullas de policía no tardaron en aparecer en una de las esquinas de la calle convirtiendo a esa calle en un caos.

Un disparo se escuchó claramente y al igual que un rebaño de ovejas las personas se dispersaron hacia todas partes, los gritos no podían faltar a esa escena parecida a la de una película catacliptica.

El rubio comenzó a correr sin soltar a Rose, aquel disparo hacia los aires había cumplido su cometido y ahora podía continuar su huida a toda velocidad. Desaparecieron en una de las esquinas y se internaron en la callejuela trasera, a pesar de que las sirenas seguían sonando y que el eco de esa bala perdida seguía resonando en la cabeza de la pelirroja, ella continuaba corriendo tras el muchacho.

Se subieron al vehículo que estaba estacionado un poco más adelante y Malfoy apretó el acelerador con fuerza.

Rápidamente esa calle quedo atrás, y el intento de huida de Rose también. Después de todo escapar de Malfoy era mucho más difícil de lo que ella pensaba.

3-

Las nubes cubrían el cielo londinense dándole a ese día una apariencia aterradora, a pesar de que la temperatura oscilaba por los veinticinco grados, una brisa fría indicaba que faltaba muy poco para que esa tormenta se desatara con toda su furia.

Scorpius azotó con fuerza la puerta del auto, sacó del baúl la enorme bolsa negra y enseguida le indicó con la cabeza a ella que lo siguiera. Rose lo miraba confundida dado que se habían estacionado en una calle sin salida, rodeada de edificios totalmente llenos de grafiti que parecían estar a punto de desmoronarse. En el horizonte se distinguía claramente una escalofriante fábrica abandonada que parecía sacada de una película de terror, ella solo se estremeció y le obedeció. Sabía que si todavía seguía viva era de milagro, además en ese lugar no quería estar sola ni por un segundo, algo le daba mala espina.

El de cabellos dorados caminó a grandes zancadas hasta internarse en un callejón oscuro prácticamente imposible de hallar si no se conocía su ubicación exacta. La chica caminó a ciegas tratando de no pensar en todas las alimañas que posiblemente habitarían en ese lugar olvidado, desde ratas hasta cientos de cucarachas.

Lentamente una luz comenzó a aparecer al final de ese callejón y Rose se frotó los ojos para volver a acostumbrarse a la luz tenue. Scorpius ni siquiera volteó a ver si ella lo seguía, súbitamente dobló en una de las primeras salientes hacia la izquierda, era evidente que sabia ese camino de memoria.

Inmediatamente se enfrentó con una casa, estaba resguardada por grandes paredes de un cemento descolorido y repleto de humedad. La muchacha lo alcanzó en ese preciso instante y comprobó que él se había quedado estático frente a esa casa. Su semblante era serio pero en el fondo de sus ojos grises se podía identificar la nostalgia, tan poderosa que por un momento ella podría jurar que lo había cegado.

-¿Dónde estamos?-se animó a preguntar la pelirroja cuando el rubio extrajo de su bolsillo una pequeña llave terriblemente desgastada.

Scorpius colocó la llave en la cerradura con lentitud, sus labios seguían sellados y no pensaba contestarle, estaban allí por extrema necesidad, ese sería el único lugar en el que podían estar seguros. Aquel era su escondite secreto, capaz de ocultar en cada grieta los profundos recuerdos que él había dejado atrás hace años.

La puerta se abrió con un ruido ronco, hacía más de diez años que nadie la utilizaba. Malfoy ingresó a esa lúgubre habitación y prendió un pequeño foco que colgaba del techo, ese era la única fuente de luz del cuarto puesto que las ventanas estaban tapiadas por gruesas maderas. Rose lo imitó con algo de precaución, justo después la puerta se cerró y los dos quedaron confinados allí.

Los ojos de la chica poco a poco se acostumbraron a la falta de luz, y pudo contemplar con curiosidad lo que la rodeaba. En ese rincón olvidado del mapa había un colchón destrozado que reposaba en el piso, una silla que milagrosamente se mantenía en pie y una pequeña cómoda toda destartalada. Lo primero que le pasó por la mente a Rose fue que por allí había pasado un tornado, nunca había estado en un ambiente tan descuidado. De todas formas lo más llamativo del lugar eran las paredes, las cuales estaban totalmente empapeladas por fotografías y recortes de diarios.

Scorpius comenzó a rebuscar en aquella bolsa que aun cargaba con él mientras que la primogénita de Ronald Weasley se dedicaba a leer lo que estaba pegado en las paredes. La mayoría de los recortes eran sobre asaltos menores, hurtos y detenciones. No obstante lo que más le llamo la atención fue que desde el primer cajón de la cómoda sobresalían tres papeles. Y la llamaban para que los tomara entre sus manos. La chica que era demasiado curiosa no negó ese deseo y se apoderó de los mismos, el primero era una fotografía descolorida y doblada que mostraba a dos niños sentados en lo que parecía ser un parque. Uno era pequeño y rubio, de aproximadamente siete años y el otro tenia largos cabellos oscuros y un porte propio de un muchacho cercano a la adolescencia. Nunca pudo haberse imaginado a dos pequeños tan tristes y serios, el de cabellos dorados no era nada más ni nada menos que Scorpius Malfoy, ella no tardó en identificarlo y sintió una profunda lastima sin saber el por qué de la misma. Luego fijó sus ojos en el segundo personaje, estaba más claro que el agua que no lo conocía, pero de alguna manera esas facciones le sonaban de alguna parte, como si lo hubiera visto en un sueño lejano.

Sintiendo un peso en el estomago se obligó a dejar a un lado la fotografía y se percató que el segundo era un trozo de papel, un añejo fragmento de periódico. Esa noticia databa del 13 de Julio de 2008, y una foto de un accidente remarcaba toda la página, en ella un auto totalmente destrozado posaba para la cámara. Rose admiró por unos segundos más la imagen, no entendía que significaba ni que hacia allí, cuando ya se disponía a leer el artículo debajo sintió una mirada posada en su nuca. Se sobresaltó e intentó esconder aquellos documentos tras su espalda pero la mirada que recibió de aquellas orbitas grises le dio a entender que él ya la había visto.

-Dame eso, ya-.

Scorpius estaba totalmente rígido, se notaba a varias leguas que estaba hecho una furia. Sus pupilas rápidamente se dilataron y la muchacha lo miró temerosa, como si se hubiera convertido en un monstruo frente a sus ojos. Él le quitó de las manos esos tres papeles y los guardó sin vacilaciones dentro de la bolsa, la sangre le hervía de rabia. Ella nunca debió haber visto nada de eso, nunca.

Rose nerviosamente se sentó en la silla sin perder de vista al muchacho, aunque lo negara estaba aterrorizada de esa faceta suya, sus ojos parecían estar en llamas y eso no era una buena señal.

-No vuelvas a intentar escapar -afirmó esa voz tan fría con ímpetu, la orden había sido tan directa que muy pocos osarían desobedecer, claro que ella pertenecía a esa minoría.

-Yo no hice nada…-susurró ella cerrando los ojos para que él no notara que estaba mintiendo descaradamente, de todas formas un nudo se formó en su garganta y no tardó en presionar su pecho.

-No importa lo que digas, sé que mientes-le avisó Scorpius comenzando a caminar por la habitación mientras jugueteaba con una botella de agua que tenía en las manos-de todas formas dentro de poco me libraré de ti-.

-¿Qué quieres decir?, mi padre no te dará nada si no estoy viva-razonó la pelirroja de inmediato, su cerebro le indicaba que él no la mataría, la necesitaba. Su corazón se aceleró y el miedo sustituyó poco a poco esa sensación de seguridad que tenía desde esa mañana.

-Cállate de una buena vez-refunfuñó el rubio con hastió.

-¿Dónde estamos?-repitió ella súbitamente con una valentía que había estado juntando desde hacia varios minutos.

-¿Tienes sed?-cambió bruscamente de tema el joven extendiéndole la botella con una expresión seria. Ella la tomó sin dudar y le dio un buen sorbo, realmente estaba muy sedienta después de tantas emociones, luego la dejó a su lado y notó que él la miraba fijamente. Esos ojos no se apartaron en el correr de los siguientes minutos.

Entonces la pelirroja comenzó a sentirse mareada y su visión se tornó borrosa, sus extremidades experimentaban un extraño cosquilleo, su boca se secó y para cuando fue consciente de todas estas nuevas sensaciones, se desmayó.

4-

Él vigilaba atentamente, estaba alerta de cualquier movimiento, dispuesto a actuar en menos de un segundo. Desde su posición podía ver ese enorme embarcadero que contaba con decenas de barcos amarrados, balanceándose acompasadamente con las aguas tenebrosas del crepúsculo. Porque tras esas nubes oscuras, se ocultaba un sol tardío y enfermizo, a pocos minutos de dar paso a la solitaria noche. Estaban en el coche desde hacía más de una hora. A su lado la pelirroja dormía profundamente, sin conocer la escena que estaba a punto de presenciarse. Scorpius no había tenido más remedio que dormirla para poder tranquilizarla, además que su intento de fuga no le había pasado desapercibido. De todas maneras aunque había repasado mentalmente cientos de veces lo sucedido en el almuerzo, no entendía como ella se las había ingeniado para descubrirlos. Ella no era tonta como parecía. Ese pensamiento atormentó a Malfoy y se preguntó cuánto más no conocería de la joven, de la pelirroja oculta tras esa mascara de arrogancia y capricho.

Una camioneta negra se detuvo unos pocos metros más atrás y él la vio a través de su espejo retrovisor. Sonrió. Por más que algo le decía que era probable que Ronald Weasley no se presentara, una fuerte corazonada le decía que él le entregaría la joya. Miró por última vez a la chica y comprobó que siguiese durmiendo, salió del auto pensando que a partir de ese momento ya no vería a esa muchacha tan complicada, después podría irse con el diamante muy lejos de Londres y seguir con su vida de hace unas semanas. Viviría para él y haría lo que quisiera, como siempre había hecho en sus veintiún años de vida.

Unos hombres altos y fornidos estaban detenidos junto a un enorme yate, su atuendo era extremadamente formal y sus rostros denotaban una seriedad casi inhumana. Uno de ellos cargaba una pequeña y sencilla canasta. Scorpius caminó rápidamente hasta donde se encontraban y los miró con indiferencia.

-¿Dónde está la chica?-pregunto el más alto con una voz grave más parecida a un gruñido.

-Primero entréguenme la canasta-insistió Malfoy dando un paso al frente en señal de desafío, no le importaba que aquellos dos gorilas lo sobrepasaran diez centímetros y fueran el doble de su ancho, sus ojos seguían mostrando la misma determinación y esa codicia que poco a poco comenzaba a consumirlo.

Se rieron con amargura.

-¿Qué te hace pensar que te la daremos primero?-argumentó uno de ellos elevando una ceja y levantando su mirada desde la cesta hasta el muchacho.

-Ustedes deciden, o me entregan la canasta o acabó con la vida de la chica y no quieren que Weasley se entere que no consiguieron salvar a su hija-comentó él penetrando sus orbes con astucia en esos hombres. Por unos segundos estos parecieron confundidos pero enseguida se recompusieron y toscamente le extendieron la canasta a Scorpius.

El joven de cabellos dorados se sorprendió ante su repentino cambio de actitud pero lo atribuyó al efecto de sus palabras y sonrió satisfecho. La canasta no demoró en estar aprisionada entre sus manos. Con ansias tomó su tapa y cuando estaba a punto de jalarla para conocer su contenido, para descubrir a aquel famoso y misterioso diamante, algo impactó contra su cabeza.

La cesta cayó pesadamente al suelo.

En ese mismo instante ella abrió los ojos. Lo primero que hizo fue llevarse una mano a la cabeza, esta le daba vueltas y se sentía algo mareada a pesar de estar sentada. Rápidamente notó que estaba en un vehículo y sus ojos se deslizaron con prisa hacia el reloj digital del automóvil. Su corazón casi se para al notar que eran las siete y diez. Eso solo podía significar una cosa, él había ido a buscar el diamante. Con sumo esfuerzo salió del auto, se apoyó sobre el techo del mismo para recuperar la estabilidad y echó a correr hacia el muelle tres, el reloj corría incesablemente y ya había perdido mucho tiempo. Porque después de todo, Rose Weasley quería ser encontrada costara lo que costara, aunque eso probablemente no terminara como ella esperaba.

Continuará…

Kuchiki Yamiko : Sí todos tienen a raya al ego de la pelirroja, en especial cierto joven jajaja, para eso aun falta bastante esto recién empieza, poco a poco van a comenzar a conocerse y las cosas se van a ir dando. Traté de que fueran personajes con más defectos que virtudes, eso hace que todo sea mucho más interesante y que sus personalidades choquen a menudo. Cuídate mucho, besos y nos leemos pronto.

Lucia Weasley: Bueno creó que me siento avergonzada jajaja, esta vez demoré un poco más en actualizar pero es debido a que tengo mucho que estudiar y quiero el capitulo sea mediano antes de subirlo. Poco a poco se irá descubriendo cual fue su relación y el oscuro pasado de Scorpius, ¿Sonó de telenovela?, jajaja. Sus personalidades son muy especiales y la de Rose es mi favorita sin dudas. Bueno me despido, cuídate muchísimo, besos y trataré de actualizar tan seguido como de costumbre.

Letida : Sí todo fic necesita un toque de humor, lo dramático en cierta forma me deprime. Nott es una persona muy especial con muchas intenciones que todavía no serán reveladas, en especial su relación con Scorpius, aunque te prometo que para el próximo se conocerá un poco más sobre eso. Lo de la ortografía supongo que es cosa de práctica, además de que acostumbró a revisar varias veces, aunque evidentemente siempre se me pasa algo jajaja. Trataré de actualizar entre una y dos semanas, pero no dejaré el fic, adoro escribirlo. La última pregunta no te la puedo responder, eso tendrás que averiguarlo más adelante, ya sé que soy mala pero me gusta mucho dejar intriga. Gracias por leer mi fic y darme tanto apoyo, cuídate y besos.

anonima15: gracias me alegro que hayas podido pasarte y dejarme tu opinión, cuídate y nos leemos.

DreamsN'Ruins: me gusta tu numeración y no, no noté que faltaba el tres jajaja, soy eternamente despistada. Me alegro que te agrade, realmente me haces muy feliz porque al principio dudé si debía subirlo o no, pero al final me arriesgue y este es el resultado. Sí Malfoy tenía que molestarla de alguna manera, sus personalidades chocan a menudo, ellos son muy diferentes entre sí y poco a poco se descubrirá la razón de esto. En cuanto a las actualizaciones demoró aproximadamente entre una y dos semanas siempre y cuando la inspiración toque mi puerta XD, voy a tratar de ser constante de todas maneras. Gracias por dejarme tu opinión de lo que piensas, para mí es muy importante, cuídate mucho, besos y espero que nos leamos pronto.