Maestros Tormenta

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Resumen: T3 UA desde Maestros de Fuego Control. En lo profundo de la selva de la Nación del Fuego, la pandilla descubre una pícara tribu de exiliados ninja de la tribu agua que envían a Zuko y a Katara en una misión para obtener los planes de batalla secretos de la Nación del Fuego.

Disclaimer: ALLA es propiedad de VIACOM, Nickelodeon, Mike, Bryan y Paramount. No sacó beneficios e esta historia.

Notas: Este fue bastante difícil de escribir. Espero que lo disfruten. ¡Felices pascuas a todos!

Edito: FFN se comió mis guiones de separación, así que tuve que bajar esto y re subirlo. ¡Me disculpo por la confusión!

Gracias: A OrePookPook y a RiaKitsuneYoukai por arte nuevo, y especialmente a OrePookPook por su consejo agradeciendo el largo de este capítulo.

Traductora: MTBlack, que no es dueña ni de la compu que usa... :( así que nada de juicios, eh!


El mundo privado de los hombros es bastante como el mundo geográfico tiene estaciones, tormenta y sol, desiertos, oasis, montañas y abismos, la llanura aparentemente interminable, la oscuridad y la luz, y siempre la siembra y la cosecha. -- Faith Baldwin.


Durante la semana siguiente, entrenaron sin parar.

-Me duelen lugares que ni sabía que tenía –exclamó Katara en el almuerzo del séptimo día. Miraba fijamente el mosaico de un bisonte volador. Sería lindo volar, pensó. ¿Por qué Sokka y Teo no habían hecho más planeadores? Sonaba divertido salir por una agradable vuelta en el aire. Sonaba exactamente a lo opuesto que todo el mundo quería que ella hiciera: ¡Practica tormenta control! ¡Practica sangre control! ¡Memoriza cada vena en el cuerpo humano! ¡Descubre como meterte en la cabeza de alguien con agua control!

Por centésima vez, Katara deseó poder volver el tiempo atrás y cubrir la boca de Aang cuando se jactó de que ella había podido recuperar los recuerdos de la nublada mente de Jet. Ahora Xiao Zhi y Iroh y todo el mundo tenía curiosidad por ello, y seguían pidiéndole que lo repitiera. Cada noche en la cena Xiao Zhi ofrecía más miembros de su grupo para ser "los asistentes de la maestra", y Katara tenía que ir y ver lo que podía ver. De no haber estado tan cansada, hubiera sido divertido: los maestros tormenta en los que trabajaba almacenaban un montón de recuerdos de Akna agachada para atarse los zapatos. (Esto sólo la dejaba queriendo cambiar el agua que estaba usando; siempre se sentía un poco sucia después de meterse en la cabeza de alguien; y los hombres estaban demasiados avergonzados como para siquiera mirarla, y se paralizaban simplemente con que Hakoda mirara en su dirección).

Pero estaba cansada. La rutina había cambiado nuevamente. Xiao Zhi y Iroh los despertaban al amanecer. Akna los guiaba por una secuencia de meditación, Zuko y Aang practicaban fuego control (con improvisados combates entre Zuko y Katara o Katara y Aang o los tres, dependiendo del humor de Xiao Zhi), Aang intentaba crear un rayo (y fallaba), Zuko y Katara creaban una tormenta o dos mientras Aang miraba, entonces llegaba la hora para los ejercicios físicos (la única vez que Sokka y Haru siquiera veían a Aang, y luego nunca más) después almuerzo (y probablemente otra estúpida demostración de sus habilidades de "maestro cerebro", como Sokka las llamaba), luego más entrenamiento (esta vez con Toph, que se negaba a ser "apartada de toda la diversión"), después cena (¡Y más trucos!) y finalmente sesiones de curación con Akna; que trabajaba mejor por la noche cuando la luna brillaba arriba.

En algún momento había perdido el control total de su cocina, alguien más lavaba la ropa (¡un completo extraño lavaba su ropa interior!) y seguía lloviendo. Zuko lo llamaba temporada de monzones, pero ella tenía su propia y colorida manera de describirlo cuando tenía que escurrirse el pelo doce veces por hora. No secaba tanto la ropa como sacaba agua de ellas. Iroh le había enseñado a Aang como secar el aire entre sus manos y poder caldearla un poquito, pero había chamuscado su vestido y no servía de mucho con ese clima.

Y todo el cuerpo le dolía. La sangre control era difícil. Cuando su cerebro no se sentía demasiado lleno de información – propia y de otra gente – le daba una jaqueca constante y sorda que le decía que era una tarada por siquiera tratar de controlar su propia sangre sin el beneficio de la luna llena. Iroh tenía un té para eso. Pero prefería el vino kallu.

-¿No puedes curarte a ti misma? –preguntó Toph.

-La jaqueca simplemente sigue regresando –respondió Katara-. Akna dice que después del primer mes me sentiré mejor, pero por ahora solo duele siempre.

-¿El primer mes? –Repitió Aang-. ¿Por qué toma un mes completo?

-Algo relacionado con el ciclo de la luna –mintió Katara-. No te preocupes.

-Podrías deshacerte del dolor muscular –instó Zuko desde su posición contra una columna-. ¿O no?

-Sí… -Katara convocó un hilo de agua de la fuente y cansinamente la atrajo por el aire. Sin embargo, cuando estaba a punto de cubrirse con ella, Zuko trazó el agua con sus dedos. Ahora emanaba vapor de ella, y cuando la colocó sobre sus miembros se sentía como una manta calida. Mientras se la quitaba, la calidez se llevaba con ella el dolor.

-Bien pensado, Chispita –reconoció Sokka-. Es un control raro y vaporoso -- ¡Au! –Sokka se agarró las costillas donde el codo de Suki había hecho contacto- ¿Qué? ¡Hizo humear el agua!

-¿Puedes ayudarme a mí, ahora? –inquirió Aang. Se dejó caer sobre su estómago.

-Seguro que sí –contestó Katara, sonriendo. Se sentó en sus rodillas y trajo más agua de la fuente-. Ven, Zuko.

Zuko cruzó la habitación a grandes zancadas y se arrodilló junto a Aang. Al mismo tiempo que Katara giraba el agua sobre el cuerpo de Aang, cuidadosamente pasaba sus dedos sobre ella hasta que la bola entera echaba humo. Luego la observó tranquilamente sobre su estudiante. Aang suspiró agradecido.

-Eso es verdaderamente agradable…

La lluvia golpeteaba afuera. Katara cambió la presión del agua suavemente, usándola como un alfiler que giraba por los hombros de Aang. Lo empujó y lo tiró y Aang fue cerrando los ojos. El brillo del agua jugaba en los rasgos de Zuko y en los de él; uno adormilado, el otro fascinado. El vapor se alzaba entre ellos. Contorneó la espalda de Aang con una mano brillante, a lo largo de la larga línea azul de su tatuaje hasta que alcanzó el lugar destrozado, la cicatriz con manchas rosas donde Azula había hecho su marca. Los dedos de Zuko se deslizaron a través del agua ahí, cerniéndose justo sobre la cicatriz. Se quedó mirándola fijamente antes de cerrar los ojos y clavar un puño en la piedra.

-Está bien –aseveró Aang somnoliento-. Ya no duele mucho.

Zuko respiró hondo y se estremeció.

-No te va a lastimar de nuevo. Lo prometo.

De perfil, Katara solo veía la cicatriz. Al mismo tiempo que esa carne mutilada y fruncida se ceñía –como intentando contener algo demasiado grande como para que cualquiera de ellos entendiera – se preguntó como podía haber siquiera sospechado de que Zuko quisiera lastimar a Aang de esa manera. No estaba en él – no en la persona que se djeaba codear por Sokka y recibía castigos de Toph y enfrentaba dragones con Aang.

-Tú sigues –indicó quedamente, levantando el agua de la ropa y cuerpo de Aang.

Zuko alzó la mirada.

-¿Yo?

-Exacto –afirmó Katara, poniéndose de pie-. Deberías al menos beneficiarte de tu propio vapor, ¿cierto?

La mirada de Zuko fue rápidamente hasta el grupo de adultos que los observaban. Tenían como hábito hacer eso – espiar a la gente. Solo Toph podía predecir de cuando en cuando sus movimientos con alguna exactitud. Iroh, Xiao Zhi, Akna y Hakoda los estaban viendo desde las sombras. El rostro de su padre era ilegible –Katara intentó recordar algún momento en que hubiera entendido sus miradas pero no pudo. Quizás simplemente él no ya podía verla igual.

-Se acabó el tiempo –sentenció Zuko.

-Hay tiempo –corrigió Iroh. Sonaba indulgente, contento, como el atento anciano que había conocido en el Oasis de los Espíritus-. Adelante.

Katara de inmediato envolvió el cuello de Zuko con agua como una bufanda. Él se sacudió.

-¡Ey!

-No seas tan bebé.

Toph sacudió la mano desdeñosamente en su dirección.

-Sí, Chispita, es solo agua.

Zuko se acomodó en sus rodillas.

-Solo no me estrangules.

-Por favor, no necesito agua para estrangularte. Puedo hacer que tu garganta se cierre con sangre control.

-Sí, estoy seguro que eso lo hace sentir mucho mejor, hermanita –intervino Sokka.

Katara le sacó la lengua a su hermano. Luego se enfocó su concentración en el cuello de Zuko. Debajo de su piel él se sentía cómo el erario familiar (1): puros bultos duros, nudos de tensión. Se tensó cuando el agua de ella pasó por ellos. Ella dejó que el agua le mostrara el paisaje de su músculo: nervios y fibras enredados entre ellos en uno solo como una vieja cuerda deshilachada. Ahondando más, dejando que el pulso de su sangre resonara en ella a través del agua, hizo un único y ligero ajuste…

… Zuko gimió entre dientes. Sus uñas rasguñaron las piedras.

-Lo estás lastimando, Katara –señaló Aang.

-¡No quise hacerlo!

Zuko bufó débilmente.

-Claro.

-Chispita, si quisiera lastimarte, te lastimaría.

-De nuevo, no infundes mucha confianza por aquí –recalcó Sokka.

-Sí que lo hace –replicó Zuko-. Confío que puede masajear a Azula hasta la muerte -- ¡Au! ¡Deja de apretar tan fuerte!


Esa noche después de la cena, Iroh convocó lo que llamó "una reunión familiar". Se paró delante del fuego, respaldado por Hakoda, Xiao Zhi y Akna, y hizo un ademán hacia Teo antes de hablar.

-He recibido algunas noticias desalentadoras de un amigo sobre el padre de Teo –explicó-. Como Hakoda y los demás, estaba prisionero. Pero estaba recluido apartado de nosotros, y no pudimos liberarlo.

-Eso es terrible –interrumpió Aang-. Lo siento mucho, Teo.

-Está bien –respondió Teo-. Estoy bastante seguro que está bien. Creo que la Nación del Fuego lo tiene trabajando para ellos de nuevo. Eso significa que tiene que estar bien – no podría trabajar si no lo estuviese.

-Nos hemos enterado que la Nación del Fuego está desarrollando un arma nueva para usar en los días que siguen al Cometa de Sozin –continuó Iroh-. Interceptamos una carta…

-¿Quién es nos? –cortó Sokka.

Iroh lo miró severo.

-Cuanto menos sepas, mejor.

-La Orden del Loto Blanco –exclamó Zuko, señalando-. Has estado hablando con esa gente desde antes…

-¿Loto Blanco? –Sokka sacó algo de su bolsillo-. ¿Qué, se refieren…?

-¡Eso es! –Zuko sacudió su dedo hacia la pequeña ficha-. Si supieras el problema que esa cosa me dio…

-Sobrino, solo fueron unos piratas…

-¿Solo unos piratas? ¡Trataron de hacerme volar! ¡Y eso fue después de que nos timaron! ¡Y todo porque tú habías perdido una estúpida ficha!

-La cual de inmediato arrojaste por una catarata.

Katara señaló al anciano.

-¿Me ataron a un árbol porque perdiste una ficha de Pai Sho?

Iroh puso una cara muy inocente.

-Mi sobrino te ató, no yo…

-¿Chispita, ataste a Katara a un árbol? –Toph envió un codazo de piedras directamente a las costillas de Zuko-. ¿En qué estabas pensando?

-El punto es –interrumpió Iroh, aclarándose la garganta-, que el padre de Teo todavía esta bajo la custodia de la Nación Del Fuego. Creemos que está trabajando en un arma muy peligrosa y poderosa. Para poder prepararnos para esta guerra, debemos saber que es.

Todos se miraron entre sí. Incluso Toph pareció un poquito desconcertada. A su lado, el rostro de Zuko tomó un aspecto profundamente suspicaz. Aang al menos lucía un poco más optimista.

-De acuerdo –dijo-. Saber del arma secreta sería útil. ¿Hay algo que podamos hacer? ¿Como ayudar al papá de Teo a escapar?

-No sabemos dónde está –anunció Teo.

-Mis amigos dicen que se mueve –aclaró Iroh-. Es casi seguro que los Dai Li lo tienen escondido bajo tierra.

-No hay problema –saltó Toph, golpeando su palma con su puño-. Dame dos minutos, y será libre como un pájaro.

-No es así de fácil –contradijo Iroh-. Incluso si lo liberamos, ya ha empezado a trabajar en el arma. Quizás esté en producción mientras hablamos. Y no sabemos cómo o dónde planea usarla la Nación del Fuego –suspiró-. Necesitamos que alguien se infiltre en la capital, aprenda todo lo que pueda sobre el arma, y nos envíe un informe.

-¿No es para eso que sirve tu Orden del Loto Blanco? –Inquirió Zuko-. Nos echaron una mano antes.

Iroh meneó la cabeza.

-Ninguno de los miembros puede acercarse lo suficiente a Ozai o a Azula o a la cámara de Guerra. Mi hermano es bastante selectivo con quien entrega su confianza, y tu hermana es incluso más. Y es casi seguro que los planos están escondidos en algún lugar secreto –levantó los ojos, y se veía muy cansado-. Hay una sola persona calificada para entrar en el palacio, encontrar los planos y darnos la información que necesitamos.

-No –exclamó Toph-. ¡De ninguna manera! –se paró-. ¡Estás loco!

-Estás loco –repitió Aang-. No puedes regresar ahí, Iroh, Ozai te…

-No está hablando de si –interrumpió Zuko. Los otros le miraron fijamente. Bajó la voz-. Está hablando de mí.

-Desearía que hubiera otra forma, sobrino mío –admitió Iroh-. Pero hay una ínfima posibilidad de que mi hermano te permitirá regresar a su casa si pretendes que el Avatar te ha rechazado.

-¿Qué? –Aang se puso de pie-. ¡Yo nunca haría eso! Zuko es mi maestro…

-Lo sabemos –replicó Xiao Zhi-. Pero Ozai no.

-¡Pero todavía estoy aprendiendo fuego control!

-Mi Tío puede enseñarte eso –repuso Zuko-. Él me enseñó. Es mejor maestro que yo.

-Esa es decisión de Aang –Katara se escuchó a sí misma decir. Sintió la mirada combinada de más de diez personas en su dirección-. Es verdad –le porfió a la gran cantidad de rostros sorprendidos-. Aang es el Avatar. Todos estamos aquí para apoyarlo. Si quiere que Zuko sea su maestro de fuego control, entonces tenemos que seguirlo –se cruzó de brazos y levantó la nariz-. Incluso si no nos gusta.

-Bien –asintió Sokka-. Porque por un minuto sonó como…

-Quiero a Zuko –reafirmó Aang. Levantó las manos-. Sin ofender, Iroh.

Iroh sonrió.

-No hay problema.

-Bueno, me alegra que esto esté arreglado –concluyó Sokka. Se estiró-. Simplemente tienen que encontrar a alguien más…

-No hay nadie más –cortó Xiao Zhi. Los taladró con la mirada por encima del lento quemazón de su pipa-. Su antiguo enemigo ha sobrevivido más en su búsqueda por el Avatar de lo que cualquiera de ustedes puede imaginar. Soporto la cólera de Ozai, secuestró al Avatar debajo de las narices de Zhao, nadó los canales del Polo Norte, y evadió exitosamente la milicia del Reino Tierra. Rescató su bisonte de los Dai Li después de que ustedes pasaran semanas desperdiciando tiempo. Desarmó y robó un globo de guerra para perseguirlos sin que se dieran cuenta y prosiguió a re-dominar su fuego control después de sortear las trampas de los Guerreros del Sol y enfrentar a los dragones. No hay nadie más.

Sokka parpadeó.

-Bueno... cuando lo pones así...

-¿Cómo sabes todas esas cosas? –preguntó Zuko.

-Perdona a un viejo tío su fanfarronería –explicó Iroh.

-Sigue siendo una locura –persistió Toph. Las piedras a sus pies crujieron y se astillaron mientras giraba sobre sus talones para señalar la cabeza de Iroh, unas pocas pulgadas a su izquierda. Su mano osciló y su voz tembló-. No puedes pedirle que haga esto. ¡No puedes pedirle que regrese allí! ¡Ozai trató de matarlo!

Silencio. La madera en el fuego crepitó ruidosamente, Katara se estremeció. Zuko se giró y tomó el pie de Toph. Lo cubrió con una mano.

-No voy a ningún lado –aseguró con voz calma-. Juré que encontraría al Avatar, y lo hice. No me iré ahora.

Toph acomodó su peso en sus pies. Su cabello cayó hasta cubrir sus ojos.

-Bueno, bien, porque… -apretó sus puñitos y habló con voz finita-. Porque no he terminado con mi compensación, todavía…

-Sé que no, Campeona –asintió Zuko. Sonaba casi feliz-. Todavía tengo un montón que compensar.

-Ey –exclamó Toph, poniéndose rosa-, nadie más que yo inventa sobrenombres… -se sentó y abrazó sus rodillas. Frunció el ceño mirando a Iroh-. ¿Cómo pudiste siquiera sugerir esto, Viejo? Enviar a Chispita allá solo con Elástico, Agujas y Loca es simplemente… loco.

-Oh, no estaría solo –avaló Iroh-. Tal y como Ozai ha estado recogiendo armas, nosotros hemos estado construyendo nuestro propio arsenal.

-¿Te refieres a como un nuevo par de espadas? –adivinó Haru.

-¿O un gran dragón? –sugirió El Duque.

-No –desmintió Iroh con prudencia-, eso no es a lo que me refiero.

-¿Entonces, a qué te refieres? –preguntó Suki

-Se refiere a que incluso Zuko tiene límites –se entremetió Xiao Zhi-. Cualquiera que quiera enterarse de la ubicación del arma o del diseño necesitaría encontrar la ubicación de los planos. Ozai y Azula ya no confían en Zuko. Tampoco nadie del gabinete de Ozai. No cederán la información voluntariamente.

-¿Y qué? –Inquirió Sokka-. Podrían darla involuntariamente. Chispita es bastante persuasivo.

-Ni siquiera Zuko puede no estar seguro de si la información es cierta o no –repuso Iroh-. Además, Azula ahora tiene a los Dai Li de su lado. Necesitamos alguien que pueda extraer la información de alguien sin importar cuánto hayan interferido los Dai Li en sus recuerdos.

-Eso es imposible –negó Sokka-. Necesitan una especie de… -se congeló-. No. No. De ninguna manera. Ni en un millón de años –se levantó del suelo y miró fijamente a su padre-. De él y de los demás lo puedo entender, ¿pero tú? Digo, claro, tú nos dejaste pero al menos…

-¿Quién crees que es su próximo objetivo, Sokka? –interrumpió Hakoda con la voz tomada. Levantó la cara y por un momento se vio terriblemente cansado y triste-. La Nación del Fuego tiene Omashu y Ba Sing Se. Aniquilaron toda una raza de maestros aire. ¿Quién queda?

Un escalofrío recorrió la piel de Katara. Resistió el impulso de abrazarse. Suenas como Hama, quiso decir, hasta que recordó que su padre no tenía ni idea de quién era Hama y que no quería explicarlo.

-No puedes hablar en serio –contestó Zuko detrás de ella. Se puso de pie-. ¡Estás demente! ¡Todos ustedes! ¡Este es el peor plan que he oído jamás!

-¿Qué sucede? –preguntó El Duque.

-¡Lo que sucede es que estos payasos quieren enviar a mi hermanita y al Maestro Idiota allá en una misión suicida para recuperar unos estúpidos planos!

-¿Qué? –una ráfaga de viento tiró el cabello de Iroh hacia atrás. Una vena se hinchó en la calva cabeza de Aang-. ¡No! ¡Nunca! ¡No dejaré que vaya!

-¿Katara no puede decir algo? –intervino Akna.

-¡NO! –Sokka y Aang se acercaron a Katara.

-Ella no dice nada –porfió Sokka. Se volvió a ella-. No dices nada. Te quedas exactamente aquí y punto.

Katara se incorporó.

-Sokka, deja de darme órdenes…

-No vamos –sentenció Zuko. Se paró-. No dejaremos a Aang. Nunca.

-Zuko –llamó Iroh-. A veces, para proteger a alguien, tenemos que dejarlos ir. Cuando tu madre fue desterrada…

-¡Déjala fuera de esto! –Zuko calló a Iroh con una explosión de fuego. Se esfumó en el aire por encima de sus cabezas. Exhalaba humo-. Esto no es lo mismo. La mejor manera de proteger a Aang es quedándome justo aquí.

Katara se adelantó.

-¿Tu madre fue desterrada?

Zuko la miró por el rabillo de su ojo cicatrizado.

-Es una larga historia. Y no importa; no dejaremos a Aang –se detuvo-. ¿O si?

-¡Por supuesto que no! ¿Cómo puedes siquiera preguntármelo? –se giró a Aang. El la miraba con los ojos como platos-. No te preocupes, Aang. No nos vas a perder –miró rápidamente a su padre-. Ciertamente no te vamos a abandonar sin más.

-Es bueno saber que pueden estar de acuerdo con algo –observó Toph.

-Katara, no los abandoné –replicó Hakoda cansinamente-. Los dejé por su propio bien…

-No quiero oírlo –rechazó Sokka-. Tú… tú… -su respiración era muy rápida y gesticulaba con su boomerang-. Ya no puedes decirnos que está bien. No cuando le estás pidiendo a Katara que vaya directamente a las garras de Azula –señaló detrás de sí, a Suki-. ¿Siquiera sabes lo que le hicieron a ella ahí? ¿Cómo es posible que estés de acuerdo con esta idea?

-¡No estoy de acuerdo! –Hakoda golpeó sus rodillas con sus puños-. ¡La odio! ¡Odio cada parte de ella!

-¿Entonces, por...?

-Porque es necesario, hijo –respondió Hakoda. Sus ojos le rogaban a Sokka-. ¿Crees que me gustó haberlos dejado todos estos años? Fue lo más difícil que tuve que hacer. Pero lo hice para protegerlo, porque no había nadie más que lo hiciera. Tu hermana está en posición de ayudar a toda la tribu; a todo el mundo –se miró las manos-. No puedo ser egoísta, sin importar cuánto quiera serlo.

-No es egoísta –dijo Aang-. No es egoísta si la amas. Quieres lo que es mejor para ella, ¿cierto?

-Aang, está bien –rebatió Katara-. No voy a ir –miró a Teo-. Lo siento mucho, Teo, de veras. Pero no podemos dejar a Aang.

-Lo sé –asintió Teo-. Sabía que no lo dejarían.

-Yo también lo siento –admitió Zuko-. Sé… espera. ¿Qué acabas de decir?

-¿Hace cuanto sabías de esto? –inquirió Katara.

Teo miró al suelo con aires de culpabilidad.

-Desde que llegamos aquí –confesó-. El General Iroh me contó lo que le había pasado a mi papá, y dijo que estaban trabajando en un plan.

Katara sintió que algo en su interior se congelaba. Entornó los ojos y miró a Xiao Zhi.

-¿Por qué sinceramente vinieron aquí?

-Para ayudar al Avatar a ganar esta guerra –contestó Xiao Zhi.

-¡Mentirosa! –Katara se movió y la sangre del cuerpo de Xiao Zhi respondió su llamada y de inmediato la anciana estaba de rodilla, con los miembros temblándole mientras luchaba contra el agarre de Katara. Katara atrajo agua de la fuente y la hizo caer sobre la cabeza de Xiao Zhi-. Muéstrame todo –exigió. Y se sumergió dentro de la mente de Xiao Zhi haciendo caso omiso del gemido de protesta de la anciana y vio el incesante revoloteo de imágenes: la sonrisa y el guiño conspirador de Iroh, su propio padre desviando la mirada deliberadamente mientras Xiao Zhi hablaba, cartas y halcones mensajeros e incluso a Katara y Zuko controlando una tormenta y otra y otra.

El agua se retiró y con un rápido movimiento de muñeca Xiao Zhi estuvo parada, con los brazos en el aire, la cabella colgando sobre el cuerpo que ya no controlaba.

-Nunca quisiste ayudar a Aang –imprecó Katara-. Nos estabas probando. ¡Toda esta cosa no era sino una… una audición! –Ciñó su agarre y Xiao Zhi se ahogó ligeramente-. ¡Debería aplastar tu corazón dentro de tu pecho!

-Hazlo –escupió Xiao Zhi-. Entonces estarás lista para enfrentar a Ozai.

Katara hizo un ruido de furia inarticulada. Balanceó su cuerpo a la derecha y Xiao Zhi voló en el aire, chocó contra una columna, y resbaló hasta el suelo, hecho un bollo. Katara resolló. Xiao Zhi escupió sangre y rió violentamente.

-Akna me contó que estabas progresando muy bien –dijo-. Probablemente puedas destruir al Señor del Fuego y a su hija sin siquiera tocarlos.

-¿Qué? –Saltó Hakoda-. Eso no fue nunca parte del plan –se volvió a Akna-. ¿Estabas entrenando a mi hija para lastimar gente?

-No, Hakoda, yo…

-Ella dijo que aprendería a romper corazones –confirmó Katara-. Pensé que estaba bromeando –para su horror, sintió lágrimas brotar de sus ojos-. Prometí nunca usar mis habilidades de esta manera. Ahora no soy mejor que… -cerró bruscamente los labios y bajó los parpados. Las lágrimas se le escapaban.

-Deberían irse –sugirió Sokka suavemente-. Papá y Iroh pueden quedarse. Son familia. Pero el resto de ustedes deberían simplemente irse.

Katara se balanceó sobre sus pies. El dolor martillaba dentro de su cráneo.

-¡Katara! –Aang estaba a su lado, con la mano en su codo.

-No es nada, estaré bien…

-Cálmate, Dulzura –intervino Toph, uniéndose a Aang. Envolvió el brazo de Katara alrededor de sus pequeños hombros-. Te llevaremos a la cama.

-Estoy bien, en serio... –el dolor se movió de entre sus cejas y descendió hasta su estómago.

-Aang –oyó llamar a Zuko-, baja al establo.

-Sí, vamos todos –accedió Aang, conduciéndola a ella-. ¡Será como en los viejos tiempos!

-No puedes estar pensando en irte, sobrino –exclamó Iroh, cuando ellos empezaron a marcharse.

-No sé que pensar, Tío.


Horas más tardes, Zuko se negaba a dejar de dar vueltas en la cama. Justo cuando Aang y Toph habían empezado a dormir finalmente, y cuando la jaqueca de Katara finalmente empezaba a deslizarse hasta un rincón de su cabeza, Zuko insistía en voltearse como un pez fuera del agua. Giraba de un lado al otro, y de vuelta al comienzo. Desde el otro lado del establo, él dormía cerca de la puerta, ella podía oírlo. Era un milagro que Toph pudiera dormir – debía de estar enviando unas vibraciones más que molestas por el suelo. Se sentó.

-¡Zuko! –llamó en un susurro áspero-. ¡Duérmete!

-Lo estoy intentando –siseó él.

-¡Bueno, intenta mejor! ¡Algunos de nosotros necesitamos descansar!

Nada. Ni siquiera oía los tumbos en la cama. Entonces algo cayó sobre sus pies detrás de ella y casi gritó cuando una mano cubrió su boca.

-Soy solo yo –advirtió.

Lo codeó con fuerza y él retrocedió tambaleante para sentarse contra una viga de madera. Se frotó las costillas.

-Au…

-¡No te me acerques sigilosamente! ¡Siempre te me acercas sigilosamente!

-Si por siempre te refieres a dos veces –replicó-. Aparecerme aquí no cuenta.

-¡Siempre apareces por sorpresa!

-¡Quizás simplemente deberías aprender a esperarme!

-Ah, claro, como si fuera a esperar para cenar contigo la próxima vez que trates de capturar a Aang.

Cómo si los hubiera escuchado, Aang resopló en sueños y se estiró ciegamente por su bastón. Una vez que sus dedos se cerraron sobre él, se relajó. Zuko suspiró y sin mirar, Katara supo que la mirada de él estaba sobre Aang como una manta.

-No lo voy a dejar –recalcó.

-Sé que no –cruzó los brazos alrededor de sus rodillas-. Yo tampoco.

-Entonces estamos de acuerdo –concluyó Zuko.

-¿Qué es lo que hay que acordar? Le prometimos a Aang que le enseñaríamos.

-Mi Tío no dejará pasar esto –indicó Zuko-. Intentará hacernos cambiar de opinión. Él hace eso.

-Bueno tu Tío no me conoce –rebatió Katara, sentándose más erguida-. Y si crees que voy a irme sin más y lastimar a Aang de esa forma, estás loco.

-Creí que querías que me vaya –recordó Zuko. Su voz había suavizado incluso más. Tenía que esforzarse para escuchar-. Creí que me odiabas.

Katara suspiró. Se giró. Apoyó la cabeza en sus brazos para así poder verlo –su sombra, la oscura forma en medio de las oscuras columnas – con solo un ojo.

-Odio lo que hiciste.

-Es algo que tenemos en común.

Silencio. El recuerdo de la cueva se extendió entre ellos como un tejido delicado. Entonces ella dijo:

-Pensé que habías dicho que tu madre estaba…

-Ozai me contó la verdad, después de eso –refirió Zuko-. Ella… Ozai la acusó de traición y la envió lejos.

Katara se mordió el labio.

-Y eso fue antes, eh…

-Tenía diez. Tres años después me desterraron.

Katara asintió. Él estaba callado. Momo se trepó cerca de ellos y se acomodó en su regazo, ella escuchó el ronroneo contento del lémur mientras Zuko le rascaba las orejas.

-¿Por qué Aang no puede hacer el relámpago? –Inquirió Katara- ¿En serio es tan difícil?

-Es increíblemente complicado –estiró las piernas-. Tienes que estar libre de distracción –lo escuchó crujir un poco, inquieto-. ¿En serio se las vio difícil con tierra control?

-No podía hacerlo –confirmo Katara-. Intentaba e intentaba y simplemente no podía. Toph era despiadada.

El fantasma de una carcajada.

-Vaya sorpresa.

Katara sonrió.

-Estoy segura que los dragones eran peores.

-Los dragones eran asombrosos –Zuko dirigió su voz hacia ella-. y también Aang.

-Lo sé –Asintió Katara. Sus ojos parecían más pesados-. Es Aang.

-Lo hiciste bien.

Para pesar suyo, sintió un cosquilleo de orgullo con la idea de que el talento de Aang era en alguna forma una reflexión suya. No lo era, lo sabía; él era el Avatar y no podía evitar ser talentoso. Pero aún así dijo:

-Gracias –y no mucho después, se durmió.


-¿Sabes cuál es el lema de hoy? –preguntó Sokka, mientras devoraba un desayuno muy tardío y relajado al día siguiente-. De vuelta a la normalidad.

-Supongo que es porque soy la que está haciendo todo el trabajo –aventuró Katara.

-Y quejándote por eso –replicó Sokka. Se acostó en el suelo-. ¿Ves? Ya de vuelta a la normalidad. ¡Au! ¡Suki, deja de pellizcarme!

-No, hay algo que no está del todo bien –porfió Toph.

-¿El té está muy bueno? –sugirió Teo,

-Eso no es…

-¿Extrañas volar? –probó Aang.

-Lo siento, Pies Ligeros, pero ni cerca.

Zuko entró tropezando en la cocina con los ojos irritados. Katara le obsequió con una sonrisa alegre.

-¡Ey, miren quién decidió aparecer! ¡Más vale tarde que nunca! –Ella puso los ojos en blanco, luego hizo la mímica de haber tenido una idea-. ¡Ya sé! Quizás Zuko pueda perseguir a Aang por un rato; ¡Eso si traería las cosas a la normalidad!

-Sí, y quizás ustedes puedan escapar apenas y solo con lo puesto, como siempre –replicó Zuko, pasándose una mano por la cara.

Katara le envió agua derechito de la tetera hacía sus ojos ojerosos; con un movimiento rápido y despreocupado de su muñeca, Zuko lo hizo desvanecer en el aire.

-No en la mañana –exclamó. Parpadeó antes de abrir los ojos bien grande-. Sabes que soy más fuerte en la mañana.

-Este no es el Espíritu de los Oasis –retrucó, irguiéndose un poco más.

-Lo sé –contestó Zuko. Señaló la sartén en forma de cuenco profundo-. Esta vez tú estás haciendo mi desayuno.

Gruñendo, Katara saltó sobre la sartén y atrajo una soga de agua desde la fuente, con la intención de golpearlo primera mientras se echaba a por él; Zuko la agarró de la muñeca y la hizo girar -- como bailando, pensó -- en una pared de su propia agua. Katara tosió. Se quitó el pelo de la cara y se volvió.

-¿Frío? –preguntó Zuko. Sonaba absurdamente alegre.

Katara se sacó el agua de la ropa y se la tiró a él. Zuko hizo una mueca, recibiendo la mayoría de ella en el rostro. Secó su cabello con un sacudón y asumió una postura de lucha. Katara hizo lo mismo. Teo retrocedió. El Duque se puso su casco.

-Ahí está –exclamó Toph. Sonrió y cruzó las manos detrás de la cabeza mientras se acostaba en el piso-. Todo regresó a la normalidad.

Zuko hizo un movimiento de arranque en el aire. Katara envió una volea de arpones de hielo en dirección a él, Zuko giró bajo en el suelo e hizo un círculo ancho de fuego que los derritió. Hizo tijera en el aire con sus piernas y saltó hacia atrás, disparando bolas de fuego de sus puños mientras corría tras ella; quien creó un tobogán de hielo para él más él puso los ojos en blanco –conozco ese truco, pareció decir – y patinó hasta que pudo balancear sus piernas a por sus tobillos y voltearla. Desde el suelo, recubrió sus pies en hielo y lo pateó directamente en el estómago, él agarró sus manos y usó sus pies como fulcro para ayudarse a hacer un mortal. Aterrizó de espalda, sus manos todavía estaban unidad.

-¡Deténganse! –Aang se puso de pie. Blandiendo su bastón-. ¡Basta! ¿Que sucede con ustedes? Es como… ¡Es como si disfrutaran pelear!

Se levantaron del piso y se miraron.

-Perdón –se disculparon al unísono.

-¿Cómo se supone que le traeré paz al mundo si no puedo hacerlo con ustedes dos? –Aang se paseó de un lado a otro-. ¡Honestamente! ¿Se despiertan y lo primero que quieren hacer es pelear?

Zuko inclinó gravemente la cabeza.

-Lo siento, Aang. No fue mi intención comenzar a pelear. Ya no soy asi.

Aang no pareció más contento.

-Yo también lo siento –agregó Katara-. Yo… yo solo estaba molesta porque Zuko llegó tarde al desayuno. –Aguarda. Eso salió mal-. Porque, tú sabes, trabajé muy duro en ello y en todo.

Sokka entornó los ojos.

-Ah, ja…

-Y yo no dormí mucho –se justificó Zuko.

-Es verdad, no lo hizo –confirmó Katara.

Detrás de Aang, los ojos de Sokka se encendieron. Señaló y abrió la boca; Suki rápidamente la cubrió. Toph sonrió de oreja a oreja.

-No están mintiendo.

Zuko levantó las manos.

-Pelear es solo algo que hacemos, a veces. No es tu culpa.

-Es cierto, Aang –aseveró Katara-. Simplemente nos fastidiamos mutuamente. Pero no es tu trabajo separarnos.

-Deberíamos hacerlo nosotros mismos –continuó Zuko-. Pelearemos menos de ahora en adelante –le dedicó una sonrisita extraña, una sonrisa del General Iroh, y vio las fauces de la bestia cerrándose sobre si-. ¿No es cierto?

Katara forzó una sonrisa tranquilizadora.

-Eso es cierto –asintió, enredando sus vestidos en sus dedos-. Nos portaremos bien.

-Que aburrido -exclamó Toph, buscando sus huevos.

-¿Te gustaría un poco más de té? –preguntó Zuko con voz de chico bueno.

Katara apretó los dientes.

-Sería adorable. Gracias.

Zuko se paró e inspeccionó la sartén.

-¡Omelet de arroz! ¡Mi favorito! –Encendió el fuego bajo la tetera-. Eres tan considerada.

-Una hace lo mejor que puede –replicó ella.

-Parece que las cosas van marchando ya –comentó Haru.

Aang frunció el ceño.

-Sí… -paró las orejas-. ¿Todavía tenemos que hacer tormenta control?

Zuko miró a Katara. Ella negó con la cabeza.

-No si no quieres –sugirió él-. Pero todavía deberías trabajar en el relámpago –volcó algunos huevos en su tazón-. Quizás si no te preocuparas tanto en no lastimar a Katara, progresarías mejor.

Aang arrugó el entrecejo.

-¡No hay nada de malo en preocuparse en no lastimar a alguien que te importa!

El ojo sano de Zuko se agrandó.

-Lo sé…

-Relájate, Pies Ligeros –intervino Toph-. Chispitas solo quiere que des lo mejor.

Doy lo mejor! ¡Doy lo mejor que puedo! –Se encaminó a la salida de la cocina-. Tengo que alimentar a Appa.

Todas las miradas lo siguieron. Zuko dejo su tazón, como si ya no estuviera hambriento.

-Entonces –empezó Sokka, mirándolos a ambos con una ceja arqueada-, sobre esta falta de sueño…

-Y eso es porque a veces es mejor acercarse al enemigo desde una posición de debilidad –le dijo Iroh a Hakoda, al entrar en la cocina con un tablero de Pai Sho doblado bajo el brazo-. ¡Buenos días!

-Buenas, Viejo –saludó Toph-. ¿Un buen juego?

-Fue muy agradable –aseguró Iroh-. Enseñarle al Jefe Hakoda los principios del Pai Sho me permite reconsiderar mi propia estrategia –se llevó una mano al corazón-. ¡Y me distrae del dolor de perder a mi amada Xiao Zhi!

Zuko gimió.

-¿Quieres té?

Iroh miró la tetera y retrocedió con un minúsculo paso.

-Ya tomé esta mañana, sobrino mío –miró alrededor-. ¿Dónde está Aang?

-Enfurruñándose –explicó Toph.

-Dando de comer a Appa –corrigió Katara.

-Ya veo –Iroh asintió gravemente-. Es natural para un joven de corazón tan generoso sentirse abrumado por retener a dos de sus mejores aliados cuando podría estar usándolos para ayudar al padre de su amigo –cabeceó en dirección a Teo.

La cocina pareció congelarse. Katara era vagamente consciente de la pava silbando, repentinamente, como si el fuego debajo de ella hubiera aumentado. ¿Cómo se atreve a hacernos sentir culpables? Acordamos seguir a Aang; ¡es su decisión! Estaba a punto de abrir la boca cuando Toph habló:

-¿Oyes algo, Dulzura?

-¿Qué?

-¿Qué hay de ti, Chispitas? –Toph se hurgó las uñas-. ¿Oyes algo? Porque yo estoy segura que no.

-No –admitió Zuko. Su voz se endureció-. No oigo nada –sirvió dos tazas de té y le entregó una a Katara-. Busquemos a Aang.

-Bien pensado –reconoció Katara-. Tú también vienes, Toph. Tendremos una verdadera batalla de los elementos.

Toph se paró de un salto y se les unió.

-Quizás deberías ponerte tu ropa de práctica, Katara.

-Quizás no –se metió Sokka.

Suki le dio un golpecito en la frente.

-No eres nada divertido.


La ceja de Katara se movía nerviosamente.

-Muy bien, ahora se está volviendo costumbre.

-Simplemente no puede seguir huyendo así –rezongó Zuko-. ¿Por qué se llevaría al bisonte con él?

Miraban fijamente el lugar vacío en el establo.

-Quizás solo quería hacerlo pastar –sugirió Haru.

-O quería una conversación de hombre a bisonte –adivinó Sokka-. Appa que sabe escuchar.

-¿Creen que traerá comida? –El Duque se rascó la panza.

Haru puso una mano sobre la cabeza del niño.

-Podemos buscar nosotros hoy. No te preocupes.

-¿Hay algún problema? –Se giraron. Iroh había asomado su cabeza dentro del establo. Detrás de él, Hakoda abría las puertas de un empujón.

-¿El Avatar se fue? –preguntó el padre de Katara.

-Lo hace a veces –respondió Katara-. No es gran cosa –miró el cielo matutino. Estaba sorprendentemente oscuro y deseo; se sentía más como un tardío atardecer que la hora del desayuno. Casi podía sentir su cabello rizándose con la humedad. El sudor hormigueaba por su espalda. Otra tormenta estaba en camino-. Regresará –aseguró-. Siempre regresa.


Aang sí regreso. Esperó hasta el anochecer cuando todos estaban sentados frente a una cena que nadie tenía deseos de comer. Mientras tanto, Katara había pasado horas limpiando cada pulgada de las pertenencias suyas y de su familia: empezó barriendo su habitación y terminó de rodillas lustrando las muñequeritas de El Duque, preguntándose como siquiera las había encontrado, sin recordar conscientemente haber entrado en su cuarto. Zuko había estado enfadándose a lo largo del día; ella había oído las lejanas explosiones creyemdo que eran truenos hasta escuchar el chisporroteo de un relámpago en el aire y su jadeo de frustración en la brisa húmeda. Cuando Aang entró en el cálido círculo naranja de la luz del fuego. Zuko estaba de pie antes de que el resto de ellos pudiera hablar.

-¿Dónde has estado?

-Solo volando –respondió Aang.

-¿Sólo volando? –Zuko encendió su dedo-. ¿Tienes alguna idea de lo que hay ahí afuera? ¡Hay globos de guerra! ¡Hay patrullas de aquí a Ba Sing Se! ¡Podrías haber muerto!

-Pero no pasó –replicó Aang.

-Porque tuviste suerte –repuso Zuko. Le sacó el tazón de las manos de Aang cuando el maestro aire lo agarró-. No. No hemos terminado. Te disculparás. Ahora mismo.

A Aang se le desencajó la mandíbula.

-¿Qué?

-Nos volviste locos a todos –continuó Zuko, su rostro caldeándose. Señaló a Katara-. Heriste los sentimientos de Katara. Estaba muerta de preocupación –le dirigió una mirada de apóyame.

Aang miró a ella y a los demás. Sokka miraba un punto cerca del piso. La cara de Aang cayó.

-Perdón –pidió con voz finita-. Yo solo... Había algunas cosas que tenía que pensar.

-Para eso nosotros estamos aquí, Pies Ligeros –Toph se sentó un poquito más derecha-. No tienes que salir corriendo la próxima vez que quieras pensar.

-Esta vez lo hice –retrucó Aang. Respiró hondo y miró a Katara-. Hay algo que tengo que decirles.

-Puedes decírnoslos, Aang –aseguró Sokka-. Somos tu familia. Puedes decirnos lo que sea.

Aang echó un vistazo alrededor. Iroh y Hakoda simplemente habían tomado sus cenas y abandonado la cocina, hablando de más juegos de Pai Sho. Aang suspiró bajito y se sentó.

-Cuando Azula me golpeó con el relámpago, mi séptimo chakra estaba bloqueado. Abrirlo me hubiera permitido entrar al Estado Avatar. Pero había algo que tenía que hacer para abrirlo, y no pude hacerlo.

-Eso está bien –aseveró Zuko. Se sentó junto a Aang-. Trabajaremos juntos en ello.

Aang se alejó lentamente.

-Esto no es algo con lo que me puedas ayudar, Zuko.

Un destello de dolor cruzó el rostro de Zuko.

-¿Por qué no?

Aang echó un vistazo a Katara, se mordió el labio y miró el piso.

-El séptimo chakra es el chakra del cariño –explicó-. Estaba bloqueado porque había algo que no podía soltar.

El recuerdo de unos insistentes labios presionando los suyos se agitó a través de la consciencia de Katara. Su corazón pegó un salto y su estómago se heló. Oh, no.

-Aang…

-No se irá, Katara –prosiguió con voz apagada-. Seguiré esperando para que amaine y no lo hará simplemente…

-Oh, Aang –Sokka se pasó una mano por el pelo-. Oh, amigo.

-Aang, ¿te gusta…? –Haru miró entre ellos. Señalando con el dedo a cada uno de ellos por vez, como si estuviera sumando.

-Despierta y huele los ciruelos de mar, bigote de congee –exclamó Toph-. ¿Qué son ustedes, ciegos?

-Toph, tranquila –indicó Zuko-. Aang, esto es… -levantó la vista, buscando la cara de Katara-. Esto es grandioso… preocuparte por alguien es grandioso…

-No, no lo es –contestó Aang huecamente-. No puedo hacer el relámpago. No puedo llegar al Estado Avatar. No puedo ayudar a nadie.

-Eso no es verdad, Aang –saltó Katara. Se cruzó hasta él-. Solo necesitas intentarlo más…

Lo he intentado! –Aang retrocedió y se paró. Recorrió el lugar, con el bastón en su mano-. ¡Lo he intentado por días! ¡Lo he dado todo y todo lo que haces es hacer tormenta control con Zuko!

Zuko se encogió.

-Aang… no sabía…

-¡Yo la vi primero! ¡Ella me despertó! ¡Ella me trajo vuelta a la vida! –apuntó-. ¡No sé que pasó debajo de Ba Sing Se y no me importa! ¡La amo!

Sokka frunció el ceño.

-¿Qué pasó debajo de Ba Sing Se?

-Sí, Chispita, ¿Qué pasó debajo de Ba Sing Se?

-Nada –respondieron al unísono Katara y Zuko. Por centésima vez, Katara re-imaginó aquel momento: el brillo de los cristales, la dura y áspera sensación de la cicatriz de Zuko y el contraste con la suave piel de su mandíbula, sus labios agrietados bajo su pulgar, y una explosión que hizo temblar la tierra bajo sus pies, la cara de Aang y la voz de Zuko, la incontrolable ira en ella al demandar ¿Qué está haciendo él aquí?

-No pasó nada –insistió Zuko. Se estiró a por Aang pero sus manos cayeron sobre sus rodillas-. Aang, te lo prometo. No pasó nada.

Los cansados ojos de Aang se alzaron hasta el rostro de Katara.

-¿Katara?

-Nada –murmuró ella-. No fue nada.

Su pequeña boca se tensó.

-¿Toph? –Tragó saliva-. ¿Qué dicen sus corazones?

Toph arqueó las cejas.

-Bueno… -se lamió los labios-. Bueno, es un poco difícil de decir…

-¿No confías en nosotros? –Las palabras salieron de la boca de Katara antes de que pudiera detenerlas-. ¿Crees que te mentiríamos?

-Bueno, para ser justos, hermanita…

-Cállate, Sokka –Katara se adelantó. Aang de repente pareció un poquito temeroso. Ella siguió avanzando-. ¿Escondes esta gran verdad sobre el Estado Avatar de nosotros y sospechas de que nosotros te estemos mintiendo sobre Ba Sing Se? ¡Te conté todo! Te dije como parecía confundido. Te dije que no debíamos confiar en él. ¡Fui completamente honesta contigo!

-¡Lo sé, lo sé! –Aang se retorció las manos-. Intenté decírtelo muchas veces. ¡He intentado decírtelo desde… desde Tía Wu! Y luego te besé y…

-¡¿La besaste, Pies Ligeros?!

-¿Besaste a mi hermanita bebé?

-… y tú no dijiste nada, nunca lo mencionaste, y no sabía que hacer y luego Ozai no estaba ahí y Zuko vino y teníamos que aprender fuego control y…

-¿No dijiste nada? –Zuko la miró con el entrecejo arrugado-. ¿Nada en absoluto?

Katara se sonrojó.

-No es asunto tuyo –rebatió-. Esto es entre Aang y yo.

-No, no lo es –intervino Sokka-. Aang, cuando me buscaste en la Bahía Camaleón, dijiste que todo estaba bien y bajo control. ¿Era una mentira?

Aang dejó caer la cabeza.

-Sí…

-De acuerdo. Déjame ver si puedo entender esto. ¿Tienes un enamoramiento con mi hermana, y por eso, no puedes entrar en el Estado Avatar?

Aang se encogió de hombros indefenso.

-Más o menos.

-Oh. Bien. Es bueno saberlo. Porque eso realmente nos hubiera ayudado cuando Ozai se llevó prisionero a nuestro papá y Azula nos dijo que tenía a Suki.

A Katara se le puso la piel de gallina. Se volvió a Sokka. La cara de su hermano era pura furia ciega.

-Estabas justo al lado mío –recordó con la voz bronca-. Estabas justo ahí conmigo y sabías que Azula la tenía y que era la favorita de Azula y si hubieras podido superar un estúpido enamoramiento podríamos haberla rescatado y…

-Sokka, lo siento…

-¿Lo sientes? –Sokka se puso de pie-. Aang, rompieron las costillas de nuestro papá. Lo patearon hasta que escupió sangre. El papá de Teo todavía está en prisión. Muere gente.

Los ojos de Aang se llenaron de lágrimas.

-La amo, Sokka. La amo y…

-¡Y yo la amo! –Sokka agarró a Aang y lo obligó a encarar a Suki-. La amo y ellos la tenían encadenada y no podía llegar a ella y voy a pasar el resto de mi vida compensándolo por eso porque tú no pudiste organizarte…

Basta! –Zuko arrancó a Aang de Sokka-. Detente.

-Quédate fuera de esto, Zuko…

-¡No! ¡Es un niño! ¡Cometió un error! –De repente la voz de Zuko era grave y profunda como las sombras bailando al borde del fuego-. No tienes ni idea de lo que es querer a alguien tanto como para hacer lo que sea. Nunca tendrás que vivir con esa clase de error.

-¡No es un error! –el viento casi extinguió el fuego completamente-. ¿Cómo amar a Katara puede ser un error? ¡Ella es la mejor persona que conozco! Ella…

-Aang –Katara parpadeó. Algo caliente y húmedo rodaba desde sus ojos-. Aang.

De súbito, él estuvo en sus brazos, el mismo cuerpo que había sostenido y curado y abrazado y entrenado, cálido y vivo y marcado, la pelusa como de durazno en su cráneo rozando su cuello al enterrar su rostro empapado.

-Te amo –le dijo-. Te amo más que a nada y nunca voy a dejarte ir; no puedo dejarte ir… -la apretó y los brazos de ella estaban alrededor de él, su olor era como heno cálido y algodón, su cuerpo más fuerte y delgado ahora, sus dedos clavándose en sus costillas-. Te amo y tú me amas también, yo sé que sí, sé que está bien…

-Aang –ella se apartó, sosteniendo su cara entre sus manos. Parecía terriblemente viejo – no un chico, sino cientos de chicos, no un dolor sino cien años de él-. Necesito que seas honesto conmigo. Si me amas de verdad, serás honesto conmigo.

-Sí –prometió él-. Lo que sea.

Ella tragó saliva.

-¿Podrías haber destruido la fortaleza de Ozai en ocho minutos? –Sintió que le empezaban a temblar los labios-. Te he visto hacer cosas increíbles en el Estado Avatar, pero no sé; ¿podrías haber salvado a mi papá, a Suki, a Pipsqueak y a los papás de Haru y de Teo, si me hubieras dejado ir?

Aang palideció. Y ella sintió que le resbalaban las manos.

-Katara, lo siento…

-¿Sabes lo que me hiere, Aang? –Tomó sus manos-. No es solo mi papá o Suki o los demás. No es solo que mentiste. Es que cuando no estás en el Estado Avatar, eres vulnerable –resolló con fuerza-. Te estás poniendo a ti mismo en peligro por mí.

-No, eso no es verdad…

Le apretó las manos.

-Aang, no lo entiendes. Yo sí te amo –respiró entre lágrimas-. Te amo tanto que preferiría no verte nunca más que dejar que algo malo te pasara por mí. Y necesito que recuerdes eso.

Y se fue, y al pasar junto a Zuko vio algo en su cara que era como un recuerdo o quizás un repentino entendimiento, y cuando entró en las sombras su padre estaba ahí y permaneció callado cuando abrió sus brazos para abrazarlo.


Pesado, ¿cierto? Amor extra para quien sea pueda contar más referencias al canon en este capítulo.

Eso fue realmente difícil, chicos. Gracias por pasarlo conmigo. Trataré de traer más sonrisas la otra vez.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Sí, fue pesado. Y simplemente fue eso lo que me demoró tanto… en serio, fue el Kataang lo que no me dejaba avanzar, no me daba ánimos para nada. Eso y que veinte páginas son cinco más de las que estoy acostumbrada y vaya dolor de cabeza que me dieron, es menos fluida de seguir que Damage, pero no quita lo buena historia que es, ¿no? Pero en fin, que ya vamos develando la historia, aquí vemos que pasó en esa misteriosa conversación entre Hakoda y Iroh en aquel lejano segundo capítulo. :P Que diivino Zutara, i estaré cnon tantas gans de ver Zuatrea, que lo veo por todas partes? :P NE fin, que este cap me gusto más que el anterior.

Ah, descubrí un método para no atrasarme tanto! :) Voy a laburar con diskettes :P, porque dos por tres me voy a trabajar y tengo bastante tiempo libre y como estoy frente a una computadora se me ocurrió esa brillantez :P Jaja, ¿se nota la ironía? Espero así, no demorarme tanto, que no se lo merecen.

Un beso gigante, chicas, son lo más. vane.zutara, Lolipop91, kuchiki mabel, Azrasel (sí bueno, vos te demoras en leerlo, yo me demoro en traducirlo, estamos medio a mano, ¿no? Jaja, sii, pero ya ves, acá siguen apareciendo respuestas, y capaz más rápido de lo que esperabas, jaja, un beso linda y que estes geniaal! :)) :), Nadiakiara, Aiko1504 (Yo también quiero esa técnica, pero con el dolor de cabeza que trae… me quedó con que me viene naturalmente nomás :P Aii, no te gustó el Zutara "peleonero" de este capi, jaja. Un besote divina, que andes genial) y Kasumi Shinomori. (Les dije ya que no vivo sin sus reviews, jaja, o mejor dicho el fic, :P)

Al go, nomás ;)

(1)Erario: Lugar donde se guardan cosas por montones.

A votación popular: Chispita o Chispitas? En serio no me deja dormir el asunto, xP