Capítulo VI
El prisionero
1-
-No te muevas, ¿escuchaste?-le ordenó Scorpius a la pelirroja que permanecía sentada con las piernas cruzadas y el seño totalmente fruncido. Ella asintió con la cabeza y su vista se enfocó hacia el otro lado de la estación.
A pesar de que apenas eran las cinco de la mañana la estación de trenes estaba repleta de personas, yendo y viniendo de un lado a otro. A través del techo recubierto de vidrios aún no asomaba el sol por lo que las cientos de luces brillantes del lugar eran lo que mantenía los ojos abiertos de la joven pelirroja. De todas formas las grandes ojeras que adornaban su rostro daban crédito de lo agotada que estaba, y su mal humor lo reflejaba a la perfección.
No pasaron ni cinco segundos antes de que Malfoy regresara con un carrito para cargar el poco equipaje que llevaban con ellos. Luego se sentó junto a ella en aquella banca escondida y sus ojos grises se detuvieron en el suelo.
-No entiendo porque tenemos que irnos de Londres-se quejó ella tras refunfuñar por quinta vez consecutiva.
-Eso a ti no te incumbe-la cortó con agresividad.
-Si me incumbe, para tu información te salvé la vida-argumentó Rose con presunción, jugando con esa peluca rubia y rizada que él le había obligado a colocarse. De solo pensar que su captor le debía la vida se sentía poderosa, como una especie de heroína de las historietas que solía leer su hermano. Por eso cuando vio al rubio, esperando que le agradeciera profundamente, se llevó una gran sorpresa por su reacción.
Scorpius la miró fugazmente y contuvo la risa.
-¿Tú?, ¿salvarme la vida?-se mofó él al ver como el rostro de la muchacha se deformaba de la rabia y se tornaba a un color rojo tomate.
-Por si no lo recuerdas te estabas moliendo a golpes con ese hombre, el de pelo oscuro, el mismo que aparece en la fotografía…-rápidamente ella se tapó la boca con las manos, había dicho demasiado. Scorpius quedó atónito y guardó silencio por un segundo.
-¿Qué fotografía?-sentenció ponzoñosamente atravesando con la mirada a la chica, como si esta fuera una barrera invisible e insignificante.
Ella se removió incomoda en el asiento y no toleró su mirada por mucho más, pronto comenzó a juguetear con sus manos sobre su regazo.
-Te he hecho una pregunta-reiteró con ira, aunque él ya conocía la respuesta, sabía que ella había visto durante unos instantes aquella fotografía, pero quería oírlo salir de sus labios. Además no pasaba por alto el hecho de que ella lo hubiera identificado tan rápidamente, sin lugar a dudas nunca se hubiera esperado que ella fuera tan buena observadora.
-¿Siempre eres así de agresivo?-contraatacó Rose respondiendo con una mirada cargada de desafío, odiaba que le gritaran pero últimamente ya se estaba acostumbrando a los reclamos en voz alta de ese muchacho.
-¿Y tú siempre eres así de entrometida? -manifestó acercando su rostro más ceca del de ella, incluso podía sentir su aliento y toda la tensión que había entre ellos como algún tipo de droga.
-No sé porque te alteras ¿quién era él después de todo?-susurró ella intentando defenderse de esa mirada fría y amenazadora que excavaba su alma con cada minuto que corría.
El joven rubio se llevó una mano a la cabeza y se acomodó el gorro negro que llevaba puesto, su mente estaba en blanco. Ya no sabía cómo debía definir a Nott ¿un antiguo amigo?, ¿un ex socio? o tal vez como a un ¿maldito traidor?
Nunca iba a olvidar todo lo que habían pasado juntos pero tampoco iba a dejar atrás sus palabras hirientes ni el hecho de que intentó matarlo dos veces. Una más cobardemente que la otra. Ese pensamiento fue suficiente para que la tercera opción fuera la más tentadora.
-No es nadie, ahora cállate que me duele la cabeza-cambió de tema contemplando su reloj de muñeca, aun quedaban quince minutos antes de poder subir al tren.
Rose detectó de inmediato su cambio de actitud pero lo dejó pasar y se dispuso a ver como la gente pasaba. La situación se calmó por algunos minutos, sin embargo de la mente de la chica no salían todos aquellos resentimientos, toda aquella enorme madeja de furia que venía enrollándose desde hace días. Sin que pudiera evitarlo el vomito verbal se hizo presente.
-Si tú no me hubieras raptado seguramente estaría durmiendo cómodamente en mi cama de plumas después de haber llegado de una fiesta de lujo con todas mis amigas, mis padr…-
Pero eso fue la gota que derramó el vaso, porque Scorpius también estaba molesto, muy molesto.
-Cállate de una vez, tú no tienes idea de lo que es la realidad, estas encerrada en un falso cuento de hadas y no puedes ver que detrás de tu frívola vida, estás sola-acabó Scorpius remarcando aquellas últimas dos palabras con odio. No soportaba oír sobre la "perfecta", vida de la pelirroja, ya tenía demasiado con su miserable existencia. Así que si ella quería desahogarse, él también lo haría.
-No es cierto-le rebatió la chica, aunque su tono tembló por unos segundos demostrando inconscientemente que no estaba muy segura de sus palabras. Todavía no olvidaba las palabras de las que eran sus amigas, aun le seguían doliendo en lo más profundo de su alma.
-Sí lo es y tú misma lo sabes, si lo fuera los padres que tanto idolatras ya te hubieran encontrado o me hubieran entregado el diamante ¿no crees?-opinó él con astucia.
Ella movió su cabeza hacia otra dirección y presionó sus ojos para no llorar, estos le ardían terriblemente pero sabía que tenía que resistir. Mentalmente pretendió ignorar aquellas acusaciones pero muy en el fondo pensaba que tenía razón, ya habían transcurrido tres días desde su cumpleaños y no había visto más señales de su familia en ningún medio masivo de comunicación desde aquella fatídica noche. Estaba sola y no necesitaba que se lo recordaran, prefería seguir negándolo.
-Pasajeros del tren número 258, de las cinco y cuarto, con destino a Paris por favor presentarse en el andén, el tren partirá en diez minutos-recitó una voz femenina amplificada en toda la estación, Scorpius se puso de pie y jaló de la muchacha para acercarla al andén. Ella se dejó llevar y se aferró a su bolso con fuerza.
Entregaron el boleto a un empleado bastante somnoliento y no tardaron en subirse al tren. Caminaron por el estrecho corredor hasta que llegaron a uno de los últimos compartimientos, allí él abrió la puerta e ingresó.
Se sentaron uno frente al otro y permanecieron en el más absoluto de los silencios. Rose miraba por la ventanilla a la vez que trataba de ocultar como su rostro era bañado por suaves lagrimas.
Sus ojos azules se empañaban sin que pudiera evitarlo. Estaba harta de esa situación y necesitaba desahogarse, ya no le importaba que Malfoy la viera. Ni siquiera notó cuando el tren se puso en marcha, abandonando la estación londinense con destino al hogar de la torre Eiffel. Sabía que a partir de ahora nada sería igual, se alejaba de su hogar y sería muy difícil el poder regresar.
Los minutos comenzaron a sucederse formando una hora, y la pelirroja seguía con la mente en blanco confortada por el silencio y la angustiante soledad que sentía. Entonces cuando miró frente a ella, comprobó que Scorpius se había dormido. Sus parpados escondían aquellas orbitas grises y su rostro yacía estático contra el cristal de la ventana. Ella nunca lo había visto tan indefenso ni tan guapo, no podía negar que ese joven era terriblemente apuesto, ante tal pensamiento se mordió el labio y volvió a mirar la ventanilla.
¿Pero y si él se equivocaba?, ¿y si en realidad la estaban buscando?, ¿y si la extrañaban?, una llama de esperanza se encendió en su interior y antes de que se diera cuenta ya se limpiaba las lagrimas con el puño de la manga y esbozaba una tímida sonrisa. Su autoestima volvió a recargarse y entonces nuevamente lo supo. Debía salir de allí.
Enseguida suspiró al darse cuenta que eso era imposible, estaba atrapada en ese tren bala y huir de aquel muchacho rubio era toda una odisea. Ya lo había comprobado en el restaurante hace dos días y sabia que llamar la atención en público no era la mejor idea. Su mente comenzó a razonar miles de planes absurdos y alocados hasta que llegó a una conclusión. Era la única alternativa.
Rápidamente rebuscó en su bolso y extrajo su labial rojo cereza, debía dejar otra nota y si tenía suerte alguien la vería y comenzarían a buscarla en Francia. Garabateó unas pocas palabras sobre una de las servilletas que guardaba en el bolsillo de sus jeans, luego la adjuntó a una de sus posesiones más valiosas, la pulsera que tenía desde que era un bebe. Nunca se la había sacado y nunca creía que lo haría, pero esa situación crítica lo requería. Era la única forma de que supieran que aquello no era una trampa, que realmente era ella y no una impostora caza fortunas.
Luego observó el contenido de su bolso con lástima, cada vez tenía menos cosas y menos esperanzas. No obstante aun conservaba el collar que llevaba el día de la fiesta, los pendientes de diamante, el labial y algún otro cosmético, un pequeño espejo de plata y una fotografía. Sus ojos se iluminaron al ver la escena de aquella tierna imagen. Era ella cuando apenas tenía cinco años, sentada en el regazo de su abuela en la banqueta del piano. Una sonrisa emergió automáticamente en su rostro y la nostalgia la recubrió con su manto invisible. Apenas recordaba a esa señora pues la muerte la había golpeado tempranamente debido a un inesperado ataque al corazón mientras dormía. Ahora solo tenía esa foto y algunos recuerdos difusos ya que en su familia nunca más se había hablado de ella, toda su vida sus padres habían simulado que Molly Weasley nunca existió. Y eso le dolía profundamente, nunca iba a olvidar que era gracias a su abuela paterna que amaba la música.
Observó unos momentos más a esa mujer pelirroja y elegante, no podían negar que se parecían bastante y que si no fuera por las arrugas y el color de ojos podrían pasar por la misma persona. Porque a diferencia de Rose, que poseía ojos azul cielo, Molly los tenia de color castaño cálido.
Malfoy se removió en el asiento incomodo y la chica se sobresaltó, no dudó en guardar la fotografía en lo más profundo del bolso y apretar firmemente la nota y la pulsera en uno de sus puños. Sin embargo nada sucedió, el rubio continuó inmerso en el mundo de los sueños y ella suspiró aliviada, había sido una falsa alarma.
…
2-
La somnolencia se respiraba en el aire, aunque aún faltaba para el mediodía, la mansión estaba hundida en un letargo abrumador. Parecía que de pronto no había nadie allí, que ese lugar era tan solo un museo donde viejos recuerdos se almacenaban en las paredes. La sala estaba más silenciosa que una tumba, de la ventana abierta no entraba ni siquiera una leve brisa. Sin embargo allí había alguien. Una mujer estaba sentada en el sofá en una pose diplomática, con la mirada perdida en la chimenea y con un suspiro tedioso luchando por escapar de su boca. Hermione Weasley no podía estar peor.
Entonces, al igual que una bocanada de aire después de una inmersión, las puertas se abrieron y por ellas ingresó un muchacho de dieciocho años. Vestía la misma que ropa que utilizaba cada vez que practicaba tenis pero esta vez su semblante no era el de siempre, era otro, una mezcla de confusión y enojo.
-¿Se puede saber que está pasando mamá?-le reprochó el pelirrojo a su madre, plantándose frente a ella con firmeza y atravesándola con sus ojos chocolate.
Hermione dirigió su atención a su hijo, estaba pálida y su aspecto era enfermizo, sin embargó le devolvió una sonrisa a su hijo más pequeño.
-¿A qué te refieres querido?-.
-No te hagas la ciega, hace tres días que secuestraron a Rose y nadie está haciendo nada al respecto-contraatacó el muchacho con ansiedad comenzando a caminar por la sala para liberar su enojo.
-Corazón, la estamos buscando, pronto volverá a casa, ya verás…-le respondió con dulzura la castaña sin moverse ni un ápice de su posición.
-Si claro-bufó Hugo en voz alta-¿No me vas a decir que tú te crees esa farsa?-le preguntó con evidente ironía a su madre. Ella se removió incomoda en el sofá de piel pero no dijo nada.
-¿Eres consciente de que se la podrían haber llevado al otro lado del globo o que podrían haberla violado, matado, tortur…?-expuso el pelirrojo con rabia pero en cuanto vio la expresión de horror en la cara de su madre se detuvo y se acercó cautelosamente hacia ella.
El llanto no tardó en aparecer, Hermione se abrazó a su hijo y se desahogó, había intentado ser fuerte durante más de treinta y seis horas pero en su interior una herida profunda no cerraba.
-Tu… padre, él me… dijo que… ella estaría bien-se lamentó la mujer sin soltarse del agarre de su hijo, el cual intentaba reconfortarla acariciando con suavidad su cabello.
-Mi padre-se dijo a si mismo él con hastió-¿Dónde está si se puede saber?, no lo he visto desde ayer en el desayuno, parece que nos está evitando-comentó Hugo alejándose de su madre y mirándola directamente a los ojos.
-Supongo que en su estudio privado resolviendo asuntos de negocios-opinó ella volviendo a tomar asiento y limpiándose las lagrimas con un pañuelo de puntillas que llevaba siempre con ella.
Hugo ni siquiera lo dudó, con decisión camino a grandes zancadas en dirección al estudio de su padre, pensaba encararlo y obtener toda la verdad.
Le sorprendió no ver al mayordomo en todo el trayecto, aunque últimamente estaba ayudando a su padre y casi no se lo veía, así que ignoró ese detalle.
Cuando llegó a esa puerta de madera, a la que tanto le temía cuando era pequeño, pues había conseguido más de una reprimenda por andar husmeando en sus ratos libres, tocó tres veces y esperó.
Pero no hubo respuesta. Entonces el joven pelirrojo ingresó lentamente.
-¿Papá est…?-preguntó, pero fue en vano, pues la habitación estaba desolada, sin más compañía que aquellos alegres rayos de sol que entraban por la ventana.
En el momento que se disponía a buscarlo en otra parte, notó que encima del escritorio había una carta desdoblada. Su padre nunca dejaba ningún documento suelto, siempre los guardaba en un cajón bajo llave. Por eso Hugo se acercó, y sin resistir la curiosidad tomó la carta entre sus manos y comenzó a leerla, llamándole poderosamente la atención que no tuviese ni destinatario ni autor.
He logrado mi objetivo, ya estamos dentro. Si todo sale bien en poco tiempo cumpliré mi parte del trato y morirá como lo tenemos planeado.
Debes cuidarte las espaldas, hay un infiltrado en la mansión, yo sospechó que e…
-Hijo ¿Qué haces aquí?-Hugo inmediatamente soltó la carta y se dio vuelta para ver directamente a su padre.
-Te estaba buscando-manifestó el joven algo conmocionado por la repentina aparición de su progenitor.
-¿Qué estabas haciendo?-volvió a preguntarle pero esta vez empleando un tono más duro y serio, sus ojos azules iban desde el pedazo de papel que descansaba en la alfombra hasta su hijo en menos de una milésima de segundo.
-Nada. Solo admiraba este pisapapeles, es interesante ¿no crees?-él tomó entre sus manos aquel accesorio y fingió jugar con él, era evidente que buscaba cambiar el tema de la conversación, pero no sería tan fácil como pensaba.
-Lo tengo desde hace más de diez años y nunca te interesaste por él ¿por qué lo harías ahora?-razonó el adulto acercándose hasta donde estaba Hugo y mirándolo con severidad, necesitaba saber hasta donde él había leído y sabia que no ganaría una respuesta certera si se lo preguntaba directamente.
-No lo sé…-hizo una pausa y apoyó el objeto nuevamente en le escritorio-curiosidad supongo-acabó con una sonrisa torcida para ocultar toda aquella confusión que venía apoderándose de él desde que había acabado la carta.
-Sabes que te tengo prohibido ingresar a mi escritorio cuando no estoy, no me gusta que me revisen las cosas-advirtió el hombre de ojos azules con una mirada aterradora dedicada al pelirrojo más joven.
-Tengo dieciocho años papá, ya no soy un niño al que le puedes ordenar tus estúpidas reglas-se quejó él enfrentando a su padre y alejándose del escritorio y acercándose al área de los sofás.
Ronald se agachó y tomó entre sus manos la carta, luego miró a su hijo, este enseguida supo había sido descubierto.
-¿Es cierto?-lo encaró finalmente señalándole la carta con seriedad y algo de temor. Nunca se imaginó que su padre pudiera ser ese tipo de personas que mandaran a asesinar, y la noticia indudablemente le había resultado muy impactante. ¿Y si él era el responsable del secuestro de su hermana?, quizás su padre lo había planeado todo, seguramente querría matarla en la clandestinidad, pero, ¿qué ganaría con eso?, su mente empezó a funcionar a toda velocidad tratando de buscar una explicación lógica para esa suposición, pero no la encontró.
-¿Qué?-musitó el adulto riéndose falsamente-¡por dios Hugo! ¿Cómo piensas que yo haría algo así?, es una broma de uno de mis socios-le explicó enseguida con una sonrisa radiante.
Hugo rió por unos segundos para seguirle la corriente, él sabia que nadie hacia ese tipo de bromas y que lo más probable es que eso fuera cierto, la sola perspectiva lo llenaba de dudas y temores. Pronto recordó el asunto de su hermana y volvió a hablar.
-¿Cómo va la búsqueda de Rose?-.
Ronald ensombreció el semblante-no hay ningún avance desde que fue avistada en aquel restaurante, pero pronto la encontraremos no debes preocuparte-le contó serenamente sentándose en uno de los sillones totalmente relajado.
-¿Viste el estado de mamá?, no puede ser que esto siga así, mientras tu estas sentado aquí como si nada ella puede est…-insistió el joven subiendo la voz.
-No voy a permitir que me hables en ese tono-lo cortó con violencia-toda la policía está buscándola, no puedes decirme que no hago nada, he movido unas cuantas influencias para poder rastrearla hasta debajo de la tierra-.
-No haces lo suficiente-aquello fue una bofetada para el adulto que quedó semi boquiabierto en la habitación. Hugo se fue más rápido que una brisa fría en medio del verano, dando un portazo que resonó cerca de un minuto en cada rincón de la oficina del Sr Weasley.
…
3-
La mañana ya comenzaba a acabarse y poco a poco un hermoso día de verano comenzaba a gestarse sobre todas aquellas personas y edificios que eran víctimas del sofocante calor parisino. De todas formas eso no impedía que cientos de personas infestaran las calles de la ciudad.
Scorpius caminaba rápidamente, sin detenerse más que un segundo para ver en qué calle se encontraban, Rose por otro lado estaba algo distraída, con la vista ausente a pesar de estar rodeada de magnificas boutiques. No podía dejar de pensar si había hecho lo correcto en dejar aquella señal, quizás nadie la encontraría y habría perdido su pulsera favorita para siempre, pero, y si la encontraban ¿existía alguna posibilidad que pudieran hallarla a ella y devolverla a casa?
Sin que la pelirroja se diera cuenta se alejaron de la zona más concurrida y se internaron en una red de callejuelas estrechas y algo tenebrosas. Luego de intentar seguirle el paso por varias calles, él se detuvo frente a una pequeña casa bastante descuidada.
Ella miró al rubio con desconfianza, no sabía a dónde estaba yendo y eso le causaba escalofríos.
Luego de que él golpeara la puerta varias veces, esta se abrió en un susurro agudo y los dejó frente a una anciana. Su aspecto era el de la típica viejecita chiflada, tenia ruleros en su corto y canoso cabello, un camisón rosa con puntillas, cientos de arrugas y un par de ojos castaños capaces de reflejar lo perdida que se sentía en esa situación.
- Disculpe señora pero…-comenzó Scorpius con cortesía dirigiéndose directamente al a mujer. Los ojos de esta se iluminaron de inmediato y no lo dejó terminar pues se le abalanzó y le dio un fuerte abrazo.
-Daniel por fin has vuelto a visitar a tu abuela-sollozaba ella con emoción apretando fuertemente al joven rubio que le llevaba más de treinta centímetros de altura. Malfoy enseguida la separó y colocó sus manos a modo de barrera para evitar futuros contactos.
-Señora no soy Daniel, es a él al que est…-intentó rectificarse el muchacho pero la señora era persistente a pesar de su avanzada edad y no tardó en volver a interrumpirlo.
-Y vienes con tu novia, que chica más linda Dani-halagó la mujer de cabellos canosos fijándose en Rose y dedicándole una sonrisa afectuosa que descolocó a la muchacha-No se queden aquí en la entrada, pasen, pasen-invitó ella haciéndose a un lado y sonriéndoles radiantemente a ambos.
-Yo no soy Daniel-le repitió a la señora elevando la voz para que ella lo escuchara, estaba más claro que el agua que sufría graves problemas de sordera.
El rubio entró algo perturbado por la efusividad que demostraba la anciana, Rose lo siguió sin entender que hacían allí y quien seria ese tal Daniel.
Ni bien ingresaron se toparon con una pequeña pero acogedora sala, la cual tenía la particularidad de estar decorada con tonos de rosa y muchas carpetitas de encaje, sin mencionar el fuerte olor a jabón que desprendían los muebles.
Se ubicaron en uno de los sofás al mismo tiempo que la anciana entraba a la habitación adyacente tarareando de la alegría, era evidente que no solía recibir muchas visitas.
-¿Dónde estamos?-se animó a preguntar Rose sintiéndose de lo mas incomoda en ese lugar, pero la respuesta nunca llegó porque en ese momento el sonido de la mujer acercándose les llamó la atención a ambos.
-Queridos tienen suerte de que siempre tenga listo el té-comentó la anciana regresando de la que sería la cocina con una enorme bandeja entre sus brazos. Encima de ella había una tetera floreada y tres tazas que hacían juego, además de unas galletas que se veían centenarias.
Ella dejó la bandeja sobre la pequeña mesa ratona y se sentó en el sillón más pequeño justo frente a ellos.
-Señora soy amigo de su nieto Daniel Carter-indicó Scorpius con seriedad clavando aquellas dos esferas grises en la anciana.
Esta no le respondió hasta que acabó de servir el té en las tres pequeñas tazas.
-Beban que se enfriará-inquirió ella maternalmente-con que eres amigo de Dani, mi buen Dani-suspiró para después sentarse nuevamente en el sofá, pero esta vez, algo más abatida. Entonces un gato rayado apareció desde la cocina y se recostó en el sofá en el que estaba sentada su dueña. Ella no dudó en acariciarlo.
Rose tomó una taza por pura educación, no podía negar que le daba algo de lastima aquella mujer tan solitaria. Pronto su vista se desvió hacia la pequeña mesita que tenía a su lado, en donde vio un cuadro de madera que mostraba a una mujer de cabellos oscuros abrazando a un pequeño niño.
-No veo a mi nieto desde hace cuatro años-se lamentó ella con la vista clavada en la fotografía, luego examinó con esos ojos castaños a la pelirroja y le sonrió tristemente.
-Pero ¿sabe dónde está?-se apresuró a preguntar el joven rubio.
Ella negó con la cabeza-Lo único que me queda de mi adorado nieto es su carta de despedida y una nota de hace dos años-dijo la anciana bebiendo de su taza de té con lentitud pues sus manos le temblaban.
La pelirroja la imitó y como resultado, casi escupe toda la bebida, esa infusión era terriblemente dulce. Finalmente tragó lo que había sorbido con dificultad y apoyó la taza en la bandeja, no pensaba volver a tocarla nunca más.
Antes que cualquiera de los dos se diera cuenta, cinco gatos entraron en aquella pequeña sala, uno de ellos, cobrizo y peludo, empezó a frotarse contra las piernas del rubio. Scorpius no pudo evitar estornudar y mirar al animal con repulsión, era alérgico a los gatos desde que tenía memoria.
-Lis deja al pobre muchacho en paz-cacareó la anciana al animal, este pronto se marchó algo ofendido de regreso a la cocina. El chico de ojos grises suspiró aliviado.
-Podría mostrármelos por favor, quiero encontrarlo-manifestó Malfoy cordialmente, ignorando la cara de disgusto de la joven y animándose a tomar una galleta de la bandeja. Los ojos de Rose se abrieron del horror al comprobar que el rubio se llevaba la galleta a la boca, la masticó como si nada y sonrió antes de ver a la anciana. La sorpresa de la pelirroja no tenía límites, seguramente debido a que nunca se había visto obligada como él a comer de la basura en su infancia, al lado de eso, aquello era un banquete para Malfoy.
-De acuerdo, todo sea para volver a ver a Dani-aceptó poniéndose de pie y caminando hasta una estantería cerca de la puerta, de allí extrajo varios sobres escondidos estratégicamente en libros al azar.
-Aquí tienes-se los entregó al chico con pesar y volvió a su antigua ubicación, entonces encendió la radio que reposaba sobre la chimenea y comenzó a cambiar de estación.
Scorpius abrió apresuradamente el primer sobre y leyó con avidez:
22 de Marzo de 2018
Querida Abuela:
Sé que posiblemente me odiaras por esto, pero debes saber que acepté un trabajo fuera de Francia, en Suiza, me van a pagar muy bien por él y no pienso desaprovechar la oportunidad. Intentaré visitarte lo más pronto posible, cuídate,
Te quiere
Daniel
Conciso y al grano. Esos eran los dos rasgos más distintivos de su amigo y se reflejaban a la perfección, sonrió con nostalgia y siguió leyendo la segunda nota:
23 de septiembre de 2020
Querida Abuela:
Lamento no haberte escrito en estos dos años pero necesito que sepas que tengo una explicación, las cosas no salieron como lo planeé, esto es mucho más grande y peligroso de lo que imaginaba. Intentaré regresar cuanto antes pero no te garantizo nada, me vigilan, no respondas esta carta. Te echo mucho de menos espero que todo siga bien en Francia,
Te quiere
Daniel
El joven acabó la nota con una mueca de desagrado bastante notoria, aquello no era nada bueno. Su amigo en esos momentos podía estar en cualquier parte, e incluso estar muerto, la sola perspectiva hizo que él se alarmara terriblemente, era consciente de que lo necesitaba para revelar aquellos documentos.
-¿Y nunca más se contactó con usted?-inquirió el rubio, aun conservaba una pequeña chispa de esperanza, no se resignaba tan fácilmente, sabía que su amigo tenía que seguir vivo, debía seguir vivo.
La señora miró la carta con los ojos llorosos y negó con la cabeza.
-No, esperé cada día pero él nunca llegó –contestó con suma tristeza intentando esconder las lagrimas que comenzaron a surcar sus profundas arrugas, Rose no pudo hacer otra cosa que mirarla compungida, odiaba ver a la gente triste aunque no identificaba bien el motivo. Posiblemente se debía a que en su antigua y "perfecta" vida no tenía nada por lo que preocuparse y todos la veían con grandes y falsas sonrisas en busca de algo más que una simple y desinteresada amistad. El dinero en su caso era motivo de constante alegría, fiestas y borracheras, no había lugares para llantos o tristezas, nada que una sesión de compras no pudiera arreglar.
En ese preciso instante la canción monótona que provenía desde la radio finalizó, el ambiente quedó desprovisto de sonidos y sumido en un incomodo silencio. Nadie hacia nada más que estar oculto tras sus propios pensamientos. Aunque la situación se revirtió rápidamente ya que una voz profunda y tranquila se escuchó desde la radio, el noticiero radial del mediodía acababa de dar inicio. La anciana acercó su mano temblorosa a la radio para cambiar de estación pero una palabra del joven fue suficiente para detenerla, ella tan solo guardó silencio.
-Parece que la hija del multimillonario empresario Weasley fue localizada en Paris esta misma mañana, recordemos que la joven de veinte años fue secuestrada hace tres días, por un muchacho desconocido, en Londres. Se confirma que su pulsera fue encontrada en uno de los vagones del tren matutino con destino a la ciudad mencionada anteriormente, además de una breve nota escrita por ella misma que notificaba su ubicación. Esperemos que sea hallada pronto, así que si notifican algo sospechoso no duden en llamar a la policía. La recompensa para el que la devuelva a su familia excede la increíble suma de un millón de libras, por mas información pueden comunicarse al registro de desapareci…-
La trasmisión se vio interrumpida porque la mujer finalmente apagó el aparato. El rostro de Scorpius, antes calmo y comprensivo, se había visto arrasado por un huracán, la ira se denotaba en cada uno de sus gestos y se podía ver a simple vista que estaba enojado, furioso con ella. La pelirroja en cuanto escuchó el anuncio por la radio experimentó dos sensaciones totalmente opuestas. Por un lado el alivio la inundó, sabía que su esfuerzo había valido la pena y que ya la estarían buscando por toda la capital francesa, pero por otro un miedo voraz la consumía por dentro, se imaginaba que Malfoy estaría furioso, nunca dejaría que los encontraran. Sus ojos azules sin perder tiempo se deslizaron hasta el suelo, evitando aquella mirada fría que la perforaba hasta el alma.
-Me parece que ya tenemos que irnos-indicó el muchacho con un tono de voz frio y sin expresión, él se puso de pie y esperó unos segundos a que ella lo imitara.
-¿Tan pronto?-musitó la anciana moviéndose con dificultad entre todos aquellos gatos que le obstruían el camino hasta el muchacho.
-Si lo lamento mucho señora, se nos hace tarde-se justificó Scorpius con algo de agresividad, era incapaz de contener toda aquella hostilidad que luchaba para salir a chorros de su boca.
Rose entendió el mensaje y se puso de pie, luego miró a la mujer de cabellos canosos unos segundos con lastima.
-De acuerdo-suspiró con pesar y se acercó hasta la puerta para abrirla-pero debes prometerme jovencito que si encuentras a Daniel debes decirle que quiero que se contacte conmigo, realmente me gustaría ver a mi nieto-impuso la mujer de ojos castaños.
Scorpius le sonrió de mala gana para indicarle que lo haría y Rose le hizo un gesto de despedida, entonces la puerta se cerró y perdieron a la anciana de vista.
La reacción de Malfoy fue inmediata, tomó con fuerza la muñeca de su acompañante y la jaló calle abajo. Caminaron cerca de una cuadra hasta que llegaron a un enorme parque. El lugar estaba deshabitado, nadie en su sano juicio se atrevía a exponerse directamente a los peligrosos rayos de sol que ofrecía ese lugar. Sin embargo a Scorpius no le importó ni siquiera un poco, arrastró con violencia a Rose hasta uno de los arboles más alejados y hizo que se apoyara contra el tronco.
Ella lo miraba alerta esperando su próximo movimiento. Scorpius se acercó peligrosamente a ella y le clavó sus ojos grises tan parecidos a dagas filosas y relucientes, eso bastó para inmovilizarla.
-¿Por qué lo hiciste?-gruñó el rubio.
-¿No es evidente?-la pelirroja no se intimidó y siguió hablando con su habitual ironía arrolladora-quiero regresar a mi casa, estoy harta de tener que soportarte y hacer todo lo que tú quieres-.
Aquello fue como un balde agua fría para el muchacho pero no lo demostró en lo absoluto.
-Vas a seguir haciendo todo lo que yo quiera te guste o no-le dijo él acercando su rostro aun mas al de ella, sus alientos se entremezclaron y la tensión era palpable en el ambiente. Rose hizo el intento de moverse para poder salir de esa posición tan incómoda pero Scorpius reaccionó rápidamente y la tomó del brazo, colocando el mismo paralelo al tronco y presionándolo con fuerza. Sin embargo Rose no se quejó, solo lo miró directamente a los ojos, los cuales reflejaban que en ese azul marino se estaba desatando una tormenta de emociones.
-No, no soporto más tu actitud, ¿por qué no solo me entregas y cobras la recompensa?, soy un estorbo-dijo ella con autoridad a la vez que contemplaba como el rostro que tenia frente a sus ojos se estaba recuperando de la golpiza que había recibido hace poco.
-No solo eres un estorbo, eres un imán de todo tipo de problemas que solo sirve par…-pero ella nunca pudo saber para qué, pues su paciencia acababa de agotarse, antes de que se diera cuenta su rodilla ya había golpeado con fuerza la entrepierna de Malfoy. Su gritó resonó en el parque como un lejano eco y la pelirroja no dudó en correr a toda velocidad lejos de él .El rubio se encogió durante unos segundos por acto reflejo y cerró los ojos para evitar sentir aquel fuerte dolor. Para cuando los volvió a abrir Rose estaba a casi seis metros de distancia, indistinguible al final del horizonte de árboles.
El muchacho apretó los dientes y a pesar del dolor corrió tras ella, poco a poco comenzó a observar su brillante cabellera reluciendo bajo el sol. Rose comenzó a cansarse, cada vez le dolía más uno de sus costados y le costaba respirar, pero sabía que no podía detenerse.
De pronto la chica de ojos azules resbaló y por unos segundos su mundo se tambaleó, entonces sintió como una mano la sujetaba y cerró los ojos. Había estado muy cerca de terminar en el suelo pero él por fin la había alcanzado y la miraba fijamente. Su respiración era rápida al igual que su frecuencia cardiaca, no estaba acostumbrada a hacer deporte y aquella corta maratón había sido un esfuerzo excesivo para ella.
Scorpius le quitó el bolso y la tomó de la mano hasta llevarla hasta la laguna que comenzaba un poco más adelante .Ambos cruzaron el pequeño puente y justo a la mitad, él extendió su mano fuera del mismo y sacudió lentamente el pequeño y refinado bolso.
-¿Qué haces?-exclamó ella alarmada, adivinando las intenciones del muchacho.
-Lo mismo que tú me hiciste con tu rodilla-afirmó con malicia al comprobar la cara horrorizada de la chica. La cartera se tambaleaba peligrosamente entre los dedos del rubio y la chica sentía que el corazón se le había atascado en la garganta.
-Por favor, por favor, no lo hagas-suplicaba ella desesperada haciendo el intento de tomar el bolso entre sus manos y alejarlo de su próximo final en el fondo de esa laguna.
-¿La chica rica no puede sobrevivir sin su bolso de diseñador?-se burlaba Scorpius.
-No es eso, es que en el interior del bolso tengo algo muy importante para mí-quiso explicarle la pelirroja con un tono cada vez mas suplicante que hacia sonreír a su captor.
-Veamos que es eso tan importante que tienes en el bolso-indicó él y enseguida lo abrió y sacó al azar un pequeño espejo de plata grabado-¿un espejo?-se mofó él sin dejar de mecer la cartera.
-No enserio dámelo ya-ordenó Rose con impotencia, en esos momentos se sentía como una hormiga atrapada en un frasco transparente, incapaz de salir de allí pero viendo todo lo que la rodeaba.
Antes de que nadie dijera una palabra más el espejo voló desde la mano del muchacho hasta impactar contra la extensa capa de agua, salpicó todo a su alrededor y finalmente se hundió.
Lo siguiente que hizo fue extraer una fotografía algo arrugada y la miro durante unos segundos incapaz de entender que hacia eso allí.
-Es mía dámela, te prometo que no intentare escapar de nuevo si me la devuelves-propuso la muchacha con desesperación.
Scorpius analizó la imagen por unos momentos, todavía no podía creer que aquella fuera la posesión más valiosa de la chica, él se había esperado que fuese alguna joya. Pero se había equivocado y ya no sabía que pensar. Seguramente ella seria aquella pequeña niña que esbozaba una sonrisa agujerada por la falta de dientes, tan llena de alegría e inocencia. Por otro lado la mujer que la acompañaba guardaba un gran parecido con la actual Rose, lo cual le hizo dudar si de hecho no sería su madre o hasta su hermana.
-Aquí tienes-se la devolvió con algo de arrepentimiento, podía leer en sus ojos azules el profundo alivio que sentía al tener esa fotografía entre sus manos nuevamente. Se sintió como un cretino, se había excedido en la venganza.
Luego tomó el bolso y decidió que lo retendría un tiempo más para examinar que era lo que contenía exactamente, después de todo no quería seguir tan expuesto en ese lugar por más tiempo.
-¿Quién es ella?-se animó a preguntarle después de que la tomó del brazo para que empezara a caminar hacia el otro lado del puente de madera.
-Mi abuela, es el único recuerdo que me queda de ella-le contó la pelirroja de mejor humor ahora que había recuperado la fotografía. El rubio asintió con la cabeza y pensó que nuevamente ella tenía suerte, él no guardaba ni un solo recuerdo de sus padres.
A partir de ese instante un silencio volvió a extenderse entre ambos y tanto el intento de fuga como el golpe fueron olvidados y poco a poco se internaron en aquella urbe. Scorpius sabía que ya no tenía nada más que hacer allí y que debían salir de la capital francesa lo más rápido posible, no podían ser descubiertos.
…
4-
La oscuridad ya comenzaba a llenar la habitación, la luz había iniciado su retirada y los últimos rayos de sol ingresaban de pura casualidad a través de una pequeña ventana en lo más alto de la pared. Allí además de dos pares de cuchetas y una precaria mesa de madera que se tambaleaba, había cuatro sillas y un inodoro algo escondido, completamente sucio. Poderosas y autoritarias rejas eran las encargadas de separar el ambiente de un pequeño corredor de piedra que desembocaba en unas escaleras estrechas de caracol.
Aunque el silencio no las delatara, en la celda coexistían cuatro figuras, dos de ellas yacían dormidas en sus camas con una respiración lenta y acompasada. La tercera estaba sentada en el suelo con las piernas estiradas y la cabeza hacia atrás sin otro pasatiempo que observar el techo, la última, en cambio, permanecía sentada en una de las sillas con aspecto pensativo.
Todas esas figuras lucían harapientas, sucias y pálidas, como si hiciese tiempo que no tuviesen contacto directo con el sol.
Entonces, algo rompió esa escena que era tan inmóvil como una estatua, fuertes ruidos se escucharon desde las escaleras pero los dos hombres ni siquiera se inmutaron. Pronto un hombre fornido apareció cargando una bandeja, la hizo pasar a través de una rendija que había en la puerta de la celda y se fue gruñendo de allí.
Ambos harapientos se lanzaron sobre la bandeja, tomaron un poco del pan duro que les habían traído y retornaron a sus antiguas posiciones.
-Hoy nos trajeron menos comida-se quejó uno de ellos a la vez que masticaba con lentitud para sentir la comida en su boca por más tiempo.
El otro hombre, sentado en el suelo, asintió con la cabeza pero no hizo ningún comentario.
-De seguro nos quieren matar de hambre de una vez por todas-indicó el hombre de la silla cruzándose de brazos y alejándose sus cabellos castaños y grasientos del rostro.
-Nos necesitan, no lo olvides Ralph-mencionó el otro recordando el trabajo que estaban obligados a cumplir día a día para poder seguir con sus miserables existencias de prisioneros.
-Lo sé, pero ¿no te parece que ya esperamos demasiado?-inquirió el de cabellos castaños con una chispa de esperanza brillando en sus ojos.
-¿A qué te refieres?-preguntó la figura que estaba en el piso rascándose sus cabellos azabaches.
-Tenemos que salir de aquí, Doug está cavando un túnel bastante largo que nos podría llevar hasta el otro lado-le contó con entusiasmo a su compañero, dibujando una gran sonrisa en su rostro que dejaba ver sus grandes y torcidos dientes amarillos.
-No creo que sea así de fácil Ralph-se opuso el hombre de cabellos negros tragando su ultimo pedazo de pan y acercándose para beber un poco del agua que les habían traído.
-No seas cobarde, ya verás como los cuatro podemos escapar de aquí antes que se den cuenta-comentó animadamente el hombre de la silla poniéndose de pie y recorriendo con tranquilidad la habitación.
-No soy cobarde, pero ¿no te parece muy fácil?, me parece que deberíamos vigilarlo para ver si es seguro antes de precipitarnos –opinó la otra figura utilizando una mueca de desconfianza ante el plan de su compañero. Porque a pesar de que él también odiaba estar prisionero en ese pequeño cubículo, no creía que esa fuera la mejor idea, si los atrapaban terminarían muertos.
-Estar mucho tiempo encerrado te ha afectado, tú eras el primero en tomar riesgos Daniel-le recordó Ralph con una sonrisa nostálgica en su desprolijo rostro con una barba incipiente. El de cabellos azabaches también sonrió pero no dijo nada.
-De todas formas todavía no está terminado, aun hay que esperar-manifestó el hombre que estaba parado volviendo a sentarse con cansancio en una de las sillas.
En ese preciso instante nuevos pasos se escucharon desde la escalera y las dos figuras guardaron silencio automáticamente.
-Es tu turno Carter-avisó el nuevo personaje que acababa de ingresar al corredor y miraba con superioridad a los que estaban del otro lado de la reja.
El de cabellos negros simplemente se puso de pie y caminó desganado hasta la puerta, allí le colocaron un par de esposas y lo sacaron rápidamente de la jaula. El hombre que lo llevaba cerró nuevamente la celda y se alejó hacia las escaleras con una sonrisa maliciosa en sus finos labios.
Lo último que vio Daniel Carter antes de subir a otra espantosa sesión de trabajo forzoso, fue la mirada cargada de lastima de su compañero. Solo suspiró y siguió subiendo.
Continuará…
…
Espero que les haya gustado este capítulo, a quien le interese conocer un avance del próximo capítulo puede pasarse por mi blog, http : / / eldiamantedelarosafanfic . blogspot . com / (unan espacios ) nos leemos XD
Julid
mlori: De a poco iré revelando más cosas se podría decir que todavía falta mucho para descubrir la verdad de todo esto, si sé que quizás me excedí con tantas escenas de Nott pero son necesarias para entender algunas cosas que sucederán más adelante, de todas formas intenté compensarlo con este capítulo y con el próximo. Gracias estoy muy feliz con que puedas leer y comentar, saludos desde Uruguay, nos leemos.
Kuchiki Yamiko: jaja si, Rosie sabe defenderse aunque sea de una manera algo inconsciente, pero no lo hizo por Malfoy solo pensaba en su propio beneficio, aunque eso con el tiempo irá cambiando XD, gracias por pasarte, cuídate y nos leemos.
DreamsN'Ruins: Se podía decir que Rose tuvo el poder , de todas formas tuvo bastante suerte. Si Nott es algo especial jajaja, y no dejará de planear sus maldades por un largo tiempo, al igual que yo con mis capítulos llenos de intriga XD. Así es huyen a Paris, yo también te diría que con gusto me dejo raptar jajaaj las hormonas que nos controlan son un peligro. Si se que Paris tiene esa reputación pero a ellos todavía les falta, aunque…te diré que va a suceder algo que los va a marcar, especialmente a Rose. En fin nos leemos pronto, cuídate mucho, besos
Letida: Que gracioso ¿juegas y lees al mismo tiempo?, realmente me halaga mucho que pienses eso, si ya se cada día me convierto en una bruja malvada y sin corazón jajaja, de todas formas dejé un avance así que creo que estoy mejorando. Si Nott traicionó a Scorpius así que se merecía quedar rengo jajaja, Con respecto a tu otra pregunta creo que ya te abras dado cuenta del motivo que los llevo a Paris: la búsqueda del misterioso Daniel Carter. Muchos besos cuídate mucho y nos leemos.
LuGrint: Me alegra mucho que pienses así intenté ser original al crear esta historia por eso modifiqué muchas cosas, estaba cansada de leer a la típica Rose y al típico Scorpius. Gracias por pasarte y comentar, besos y nos leemos.
