Maestros Tormenta
Fandomme
Disclaimer: ALLA es propiedad de VIACOM, Nickelodeon, Mike, Bryan y Night. No sacó beneficios de esta historia.
Notas: Respecto a los spoilers del trailer de la Convención de Comics en Nueva York, tengo que decir una cosa. Con toda probabilidad, los guiones fueron completamente pre-hiatus. Es similar al caso de la Venganza de Ozai y la sangre control, solo hice una acertada suposición. Eso, o Mike, Bryan, la familia Ehasz y yo hemos visto las mismas películas (HOLA CHICOS. LOS AMAMOS.)
Gracias: ¡A MouseThatRoared and Drisela por dibujos nuevos! ¡Y todos ustedes por comentar! He descubierto que hay un montón de ustedes merodeando ahí afuera, así que saluden. No voy a morder.
El rostro de ella parece devastado por el relámpago y el granizo. Pero en el tuyo hay algo como la promesa de una tormenta: un día la pasión hará arder hasta los huesos – Jean-Paul Sartre
-¿Acaso la frase justicia poética no significa nada para ti? –preguntó Katara, desde su posición sobre la espalda del shirshiu.
-Créeme que sí –respondió Zuko. Forcejeó las esposas de hierro que mantenían sus manos a su espalda. Intentó patear, pero Jun era astuta: había encadenado sus pies y manos demasiado fuerte como para permitir patadas de fuego control. Las cadenas se trabaron y suspiró vapor. El vaho se condensó en la cara de Katara.
-Deja de respirarme encima.
-¡No puedo evitarlo!
-Quédense quietos, o los colgaré a ambos de ese árbol ahí y dejaré que estos dos les disparen –señaló Jun. Cuando Katara estiró su cuello hacia arriba, vio a Smellerbee examinando su guante de garras. Hizo una mueca y dejó caer la cabeza. Intentó volver a sentir algo en sus manos.
-Esto es toda tu culpa, sabes –le reprochó a Zuko.
-¿Por qué, porque rescaté a Aang de Zhao? ¿Por qué liberé a su bisonte?
-¡Porque dejaste que esa estúpida máscara flotara hasta el fondo del lago! ¡No hay duda de porque la encontraron! ¡Eres un maestro fuego! ¿No pudiste haberla quemado simplemente o algo así?
-Ah, y tu desenmascarada frente un pueblo entero fue una gran idea.
-Saben, extrañaba esto –intervino Jun-. Ustedes dos son tan tiernos.
-Cállate –ordenaron al unísono.
-Llegamos –exclamó Smellerbee. El shirshiu se detuvo en breve. Katara apoyó su mejilla contra su flanco rugoso y caliente por un instante antes de que un tirón en su cadena hiciera deslizar su cuerpo a la arenilla húmeda de abajo. Humedeció el barro seco que ya cubría sus rodillas. Cuando levantó la cabeza, vio una ancha torre blanca y ventanas angostas labradas en la superficie de la enorme roca. En la oscuridad y la lluvia, el edificio parecía borronearse un poquito. A su lado, Zuko se sentó un poquito más alto sobre sus rodillas observando a Jun acercarse a la torre.
-No tienes que hacer esto –le dijo a Longshot-. Es a mí tras quién están. Soy el botín más grande. Ella ayudó a Jet. Ayudó a esa aldea. Es la clase de cosas que solían hacer.
Longshot miró el suelo, luego a Smellerbee. El rostro de la chica se endureció y meneó la cabeza.
-No podemos confiar en nadie que esté de tu lado –replicó.
-¡Él está de nuestro lado, Smellerbee! –Katara se inclinó hacia delante-. Se unió al Avatar. ¡Quería enseñarle fuego control!
-¿Entonces por qué no están ahora con el Avatar? –repuso Smellerbee. Arrugó los ojos. La pintura en su cara se resquebrajó ligeramente-. ¿Que estaban haciendo solos en la capital?
Katara suspiró.
-Es una larga historia...
-Y una que tendrán tiempo suficiente para contarles a los interrogadores –aseveró Jun. Marchó cerca de ellos con un grupo grande de la milicia de la Nación del Fuego tras de sí. Cabeceó hacia Longshot y Smellerbee-. Caballeros, creo que ya conocen a los Guerreros de la Libertad.
-¡Ey! –Smellerbee corrió hacia Jun, pero se encontró bajo el repentino agarre de dos militares. Gruñó, pateó y escupió-. ¡Dijiste que nos ayudarías! ¡Dijiste que la recompensa había vencido!
-Mentí –confesó Jun-. ¡Así que ahora consigo cuatro recompensas al precio de dos!
-¿Confiaron en ella? –inquirió Katara
Zuko sacudió la cabeza.
-Amateurs –mientras la milicia luchaba con Longshot y Smellerbee, Zuko se hizo hacia delante-. Conozco este edificio –murmuró-. Van a separarnos pero te sacaré. Lo prometo.
-No te preocupes por mí –retrucó Katara en un susurro lacónico-. Preocúpate por ellos. Tenemos que sacar a Longshot y a Smellerbee también. Y al papá de Teo -- ¿Qué tal si lo tienen aquí? –Era verdad; Jun y su shirshiu quizás le habían dado la oportunidad que necesitaban de descubrir más sobre el arma que tenían por misión encontrar. ¿Para que rastrillar los planes de batalla de Ozai cuando podían ir directamente a la fuente? Se giró, alimentando su idea-. Tenemos que intentar... ¿Por qué me estás mirando así?
Zuko parpadeó.
-Vas... vas a estar bien ahí dentro.
Alguien la colocó de un tirón sobre sus pies.
-Lo sé –asintió, y una capucha negra descendió sobre su cara.
Era como Hama había dicho, solo que peor. Había una jaula de hierro. Colgaba suspendida sobre carbones ardiendo en un salón llenó de aire seco, que resecaba la piel. No había agua, solo el sonido de las botas sobre la tierra y voces susurrantes diciendo cosas como Tribu Agua, Avatar y eclipse. Ni siquiera removieron su caperuza. Sudaba ciegamente en la bajo la oscura y rasposa tela y se tensaba contra las cadenas que mantenían sus brazos inmóviles tras su espalda para que no pudiera hacer agua control. Sus miembros latían con fuerza; si alguien la desencadenaba justo ahora todavía no podría hacerlo hasta que la sensibilidad en sus dedos y manos regresara.
Bienvenida al resto de tu vida, dijo una vez en su cabeza que sonaba sospechosamente como Hama. Vas a marchitarte y a morir en esta jaula.
-¡Ey! –Katara agitó sus cadenas. No iba a aprender nada como escapar si no veía más de la prisión-. ¿No quieren hacerme algunas preguntas?
Algo sonó metálicamente contra las rejas de su jaula. Lo sintió retumbar a través de sus rodillas y pies desnudos. En algún lugar durante el trayecto había perdido sus zapatos.
-Tenemos todo el tiempo del mundo, Dama Pintada –contestó la voz de un hombre. Arrastró algo a través de las rejas – sonaba como la empuñadura de una espada-. Solo descansa por ahora.
-¿Dónde está Zuko? ¿Dónde están los otros dos que se llevaron?
-El príncipe está recibiendo tratamiento real –aseguró. Se rió desde lo más profundo de la garganta y Katara sintió sus brazos recorridos por escalofríos. Su voz y el sonido de sus pasos se alejaron.
Las horas pasaron. O quizás solo minutos. No podía decirlo. Deseó algo como la habilidad de Zuko – su fuego control le permitía determinar cuando salía el sol y en este tipo de situación él al menos sabía cuando pasaba un día. Tan cerca de la luna nueva estaba operando ciegamente en más maneras que una sola. Peor aún, una insistente punzada en el abdomen le anunciaba que su ciclo había llegado. Había atribuido el dolor a las cadenas y al shirshiu y a la agitada ruta llena de baches en carrito de carbón, pero el sordo dolor familiar decía otra cosas. Suspirando, se concentró en su propia sangre e intentó retenerla. Se había liberado de la sangre control, antes, cuando no tenía ningún control sobre sus brazos. Esto era lo mismo. Y le daba algo – cualquier cosa – que hacer que no involucrara divagar si se volvería vieja en ese hueco.
-Basta –se susurró a sí misma-. Concéntrate –si todo lo que podía controlar era su propia actitud y quizás su sangre, entonces eso haría. Las mujeres de la Tribu Agua eran adaptables. Encontraban maneras de fluir alrededor de los obstáculos. Tenía una tarea que hacer, y la encarcelación nunca la había retenido antes. Era una Maestra de Agua-Control –Sifu Katara – y la hija de un jefe que genuinamente amaba a su familia y a su gente. Nadie podía quitarle esas cosas. La Nación del Fuego podía destruir su futuro todo lo que quisieran, pero no podían borrar su pasado or como la había formado. La decisión que la había llevado a ese punto – sola, exhausta, aterrorizada – había sido la correcta. Lo que fuera que pasase después, se negaba a arrepentirse de seguir a Aang o de elegir esa misión.
Katara respiró hondo y sumergió su conciencia en el reconfortante latido de su sangre.
Cuando llegaron las preguntas, llegaron en un pequeño cuarto con una silla dura y anillos de acero que mantenían sus hormigueantes brazos, piernas y cabeza en el lugar. Vio hombres en uniformes verdes y una linterna. Dai Li. Por la primera vez, el miedo la atrapó. Azula sabe que estamos aquí. Y no nos dejará escapar una segunda vez. Una parte lejana de sí dijo que estaba bien tener miedo, que quizás serían más buenos con ella si empezaba a llorar o a rogar. Pero – afortunadamente – esa parte estaba en cierta forma mucho más tranquila que el insistente dolor en su espalda y pelvis, y la sed resecando su garganta.
-¿Eres tú Katara de la Tribu Agua del Sur, hija de Hakoda?
La linterna comenzó a hacer un círculo alrededor de la habitación.
-Sí.
-¿Y eres la maestra de agua control del Avatar?
-Aang ya no necesita una. Es un Maestro.
-¿Fuiste su maestra en el pasado?
Suspiró.
-Sí.
-¿También eres conocida como la Dama Pintada?
-Sí.
-¿Alguna vez has saboteado propiedad de la Nación del Fuego?
-Sí. Un montón.
-¿Tomaste parte en el ataque del Día del Sol Negro?
-Sí.
-¿Eras parte del plan para ayudar a tu padre y a los otros prisioneros a escapar?
-No.
-Ah. ¿Así que eres conciente de su escape? ¿Es porque ellos están con el Avatar, ahora?
Katara se congeló. Buena esa, Katara. Linda forma de develarlo todo.
-No sé donde están –respondió. Parpadeó con fuerza. El tiempo usando esa capucha la había dejado casi ciega, y en ese cuarto solo tenía la linterna para concentrarse. Su girar tenía un efecto adormecedor. Todo lo que quería hacer era dormir. Pero no podía – tenía que permanecer alerta. Lo mejor que podía hacer por Aang y los demás ahora era seguir la misión como habían planeado, saber más de la prisión y evitar que los Dai Li supieran demasiado-. ¿Dónde está Zuko? –preguntó-. ¿Qué hicieron con Longshot y Smellerbee?
-No te preocupes por ellos –le contestó uno de los agentes-. Preocúpate por ti misma.
-¿Eran así de egoístas cuando trabajaban para Long Feng? –inquirió-. ¿O lo aprendieron al lamerle las botas a Azula?
Una mano de piedra voló desde el suelo y se cerró alrededor de su garganta. Comenzó a apretar. Ella apretó los dientes.
-Vamos a intentar esto de nuevo –advirtió el agente-. ¿Qué están haciendo tú y el Príncipe Zuko en la capital?
Decidió usar la mentira de Zuko. Hablarle a los Dai Li era probablemente lo mismo que hablarle a Ozai, y Zuko había sido claro en lo que él iba a decir. Ella había dicho suficiente mentirillas con Sokka para saber como unir mejor sus historias. Solo no me defraudes, Chispitas.
-Estamos buscando a la madre de Zuko –afirmó con la voz ahogada.
El agarre se ciñó.
-La Señora del Fuego Ursa está muerta.
-Eso… no… es… lo… que… Ozai dice.
La mano relajó el agarre, pero solo apenas.
-¿Por qué dejaron al Avatar?
Trató de desviar la mirada. Era difícil, con la cabeza aparentemente fija al lugar y esa cosa alrededor de su cuello.
-No es asunto tuyo.
-¿Qué fue eso? Habla fuerte.
-¡Es personal! ¡No necesitan saberlo! –se odió a sí misma por sonrojarse. No tienes nada de que avergonzarte.
Las sombras en la habitación se removieron.
-Nosotros decidiremos lo que necesitamos saber.
Una y otra vez, respondió sus preguntas. Algunas veces los Dai Li las formulaban un poquito diferente, pero mayormente eran las mismas. ¿Dónde está el Avatar? ¿Cuál es su plan? ¿Quiénes son sus aliados? Y la inevitable tentación: ¿No te gustaría un poco de agua? ¿No quieres zafarte de esas cadenas? ¿No deberías intentar hacer esto más fácil para ti?
Katara tenía una única respuesta: No lo sé.
Ayudaba que estrictamente hablando, era la verdad. Ella no sabía cual era el plan de Aang. No sabía si siquiera tenía uno. No tenía ni idea donde estaba ni con quién. Quizás el se había separado de Iroh. Quizás su papá se había re-unido a las fuerzas de la Tribu Agua que quedaban. Quizás Suki, Sokka y Toph habían decidido seguirlos a ella y a Zuko. Quizás estaban ocupados probando nuevas y sabrosas variedades de explosivos. Quizás estaban bailando con dragones. Quizás. Quizás no.
Parecía que no había gente de la Tribu Agua en la habitación donde colgaron su jaula – ni ninguna otra gente. No tenía ni pista si animarse con eso o no. No tenía noción del paso del tiempo. El hambre y la sed y el dolor interferían con eso. Había simplemente vigilia, interrogación y sueño. Intentaba dormir la mayor parte del tiempo. Y el dolor mismo era útil – evitaba que sucumbiera a la extraña y agradable sensación de responder a las preguntas de los Dai Li.
Había una manchita de amabilidad, y venía en la forma de una mujer llamada Ming. Ella sola le trajo agua a Katara, y la tercera vez que lo hizo Katara casi rompió a llorar de alivio. Pero entonces Ming dijo:
-¿Sabes lo que le pasó al General Iroh?
-No –respondió Katara, alejándose de la taza-. Déjame sola.
-Fui una de sus guardias antes –insistió Ming-. Solo quería saber…
-Vete, y dile a los Dai Li lo que dije.
-No estoy aquí por los Dai Li…
-Vete.
Katara escuchó el suspiro frustrado de Ming.
-Solo dime –pidió-. Dime y eso hará las cosas más fáciles para todos.
Dentro de su capucha, Katara cerró los ojos con fuerza y apretó los labios.
-Tu gente mató a mi madre –contó con la voz ronca-. No estoy aquí para hacer nada fácil para ustedes.
La siguiente vez que le quitaron la caperuza, Katara permaneció dentro de la jaula. Los observó escoltar una figura encapuchada dentro de la habitación, debajo de todas las jaulas vacías. Escuchó su gruñido y el zumbido de los ventiladores mientras lo volteaban de rodillas a patadas. Su caperuza se cayó, y solo el traqueteo de su cadena le dijo que inconscientemente se había echó hacia delante para tener una mejor visión de lo que quedaba de un rostro ensangrentado y pulposo.
-Hola –dijo, a través de su labio roto e hinchado-. Zuko por aquí.
Su estómago se giró.
-Hola.
Con su ojo sano cerrado e inflamado de esa forma, apenas podía ver su mirada buscándola en la jaula.
-¿… tas bien?
Ella cabeceó. Él obviamente se había llevado lo peor.
-No pueden derribarme.
-No nos precipitemos tanto –Katara se volvió para ver una figura en pantalones caminando debajo de las jaulas, flanqueada por los Dai Li. Los cabellos en su cuello se erizaron-. Vaya, vaya –exclamó Azula-. Ustedes dos están definitivamente mugrientos.
-Al menos mi conciencia está limpia –retrucó Katara.
Azula puso los ojos en blanco.
-Ahórrate eso –alzó una ceja mirando a Katara-. Algún día esa estrecha cabeza de campesina tuya entenderá que lo que concierne a mi conciencia es casi tan útil como esas lastimosas excusas de que las barcas eran antibombas –le sonrió amablemente a Zuko-. Zuzu entiende. ¿No es así, Zuzu?
Zuko se limitó a desviar la mirada. Azula lo rodeó.
-Nuestro padre me ha encargado una misión, Zuko. Tengo un país que defender. Y soy la única en esta familia capaz de hacer lo que se necesita para defenderlo –se inclinó hacia delante detrás de él, y le habló en su oreja sana-: Tú harías lo mismo en mi lugar, Zuko. De estar protegiendo a tu preciado Tío Gordinflón, también me pondrías en una jaula y me harías cosas indescriptibles.
Zuko mantuvo su cara volteada.
-No te diré nada. Me niego a ayudarte.
-Oh, no a mí a quién estarías ayudando –advirtió Azula. Le sonrió a Katara, y extendió dos dedos de cada mano, empezando a cortar el aire en círculos cruzados. Chispas azules seguían el trazo de cada mano. Katara retrocedió dentro de la jaula.
-No hagas esto Azula –suplicó Zuko. Luchó para pararse, para arremeter contra Azula y falló miserablemente por poco cuando los grillos de los Dai Li lo tiraron hacia atrás-. Azula por favor, te lo ruego…
-No quiero que ruegues, Zuko –el relámpago chisporroteó en el puño de Azula-. Quiero que cooperes –se movió lentamente hasta un posición de embestida-. Es una pregunta simple, Zuko. Sí o no.
Katara se echó hacia atrás en la jaula con dificultad.
-No le digas –clamó-. Lo que sea que es, no…
-No puedo sostenerlo por siempre, Zu…
-No le di…
-¡Sí! –la voz de Zuko se quebró. Se dobló y habló hacia el piso-. Sí. Él está con ellos. El Tío Iroh está con ellos.
-Bueno, eso está mejor –admitió Azula, y rápidamente giró sobre sus pies. Envió una única descarga del rayo en dirección a Zuko. Entró por su espalda y él se agitó bruscamente, su cuerpo se retorció antes de quedarse completamente flojo. Sus esposas chispearon. Katara se hizo para delante tanto como lo permitieron las cadenas-. Eso es de parte de Padre –finalizó Azula.
-Zuko –Katara observó su cuerpo inmóvil-. Zuko. Levántate –Nada. Ni siquiera un gemido. Su mirada se clavó en Azula. Todo el cuerpo de Katara revivió con la furia – el dolor y el miedo simplemente se habían evaporado al ver eso-. Tú babosa –exclamó-. Ahora sé porque tu madre te abandonó. No pudo soportar que un monstruo como tú haya salido de su cuerpo.
Azula parpadeó. Sonrió suavemente.
-Sí –reconoció-. Supongo que es verdad –arrugando la nariz, Azula volteó el cuerpo de su hermano con un pie. Un tenue siseo de dolor escapó de él. Ella cabeceó a los Dai Li, luego a Zuko-. Arréglenlo. Tiene una ejecución a la que asistir.
-¿Qué?
Azula le sonrió alegremente a Katara.
-¿Oh, no lo sabías? En la Nación del Fuego, la traición se castiga con la muerte –se inclinó hacia delante-. Así como los actos de guerra.
-Espero que aprecies la ironía de esta situación –comentó Katara.
Estaban atados a un árbol. O más exactamente, encadenados a un alto poste de madera. El cual estaba en el centro de un patio cercado con antorchas que hacían brillantes avances contra la noche lluviosa. Supuso que había pasado un día – su hambre se lo decía. Pero estaba contenta con la lluvia. Su cuerpo estaba empapado de ella. Sacó la lengua y atrapó unas gotas. Su circulación estaba volviendo.
-Sabes –empezó ella-, cuando te imaginé pagando por tus crímenes realmente esto no era lo que tenía en mente.
Detrás de ella, al otro lado del árbol, Zuko se removió.
-Guardia –llamó débilmente-. ¿Podría conseguirle una mordaza?
-Sabes, no debería estar tan sorprendida. Tú siempre regresas. Eres como un sarpullido.
Zuko suspiró.
-No puedo creer que pasé por todo eso solo para poder terminar así. Contigo.
-Ey –Katara se hizo hacia su izquierda, lo que era la derecha de él, y por lo tanto su oreja sana-. ¿Cómo sobreviviste?
-Azula se contuvo –confesó Zuko-. No quería matarme. Solo quería lastimarme. Así es como es ella.
Sonaron tambores desde el punto más lejano del patio. Una serie de palanquines entraron debajo de un arco coronado con dragones. Las antorchas llamearon. Azula salió primero, separando el velo con sus dedos como garras y saltando hacia abajo. Cruzó a grandes zancadas y vivamente las líneas de guardias y oficiales como si llevara a cabo una inspección. Hizo un ademán y una tropa de arqueros aparecieron en las ventanas por encima de ellos.
-¿Por qué hay tanta gente? –Inquirió Katara-. Somos solo nosotros.
-Ozai nunca deja el palacio –murmuró Zuko.
-¿Ozai? ¿Tú papá va…?
Sonó un gong portátil, y el patio entero se calló. Incluso Zuko pareció ponerse rígido, al otro lado del poste. Las cadenas dejaron de tintinear. Una figura oscura y en armadura descendió de un segundo y mucho más ornamentado palanquín -- Katara reconoció del dibujo de Aang la silueta del Señor del Fuego. Se adelantó hasta quedar a la luz de las antorchas, y la multitud reunida se arrodilló. Incluso Azula hincó una rodilla; Katara y Zuko eran los únicos de pie.
-Zuko.
La voz de Ozai tenía esa misma escofina áspera que tenía la de Iroh y Zuko. Era apuesto en una manera bonita – su cabello eran incluso más largo y brillante que el de la Princesa Yue. Tenía la misma nariz recta y mentón angosto que Zuko y Azula tenían, pero claramente Zuko se le parecía más. Por un momento intentó imaginarse a Zuko sin la cicatriz. Sin importar lo mucho que trataba de imponer la cara de Ozai sobre la de él, todavía veía ya a un chico que sonreía con suficiencia con una cola de caballo ya a la persona cuya vida ella había amenazado, el que había volteado con un látigo de agua, la persona que había pedido ser tomada prisionera.
-Y tú, la maestra agua –llamó Ozai. Pidió a su gente que se levantara, luego pasó a grandes zancadas junto al lado de ella del poste-. Tu reputación te precede. Aunque como la completa desgracia de hijo, tú también te has convertido en una decepción. ¿No deberías de haber escapado ya? Pensé que serías más fuerte.
-Eso está bien –respondió Katara con la voz más campante que pudo encontrar-. Pensé que serías más alto.
Las cejas de Ozai se arquearon. Retrocedió. Rodeó el poste y le habló a Zuko.
-Tu gusto en acompañantes aún tiene que mejorar –Zuko no dijo nada. Las cadenas que cruzaban sobre el pecho de Katara se tensaron cuando el se irguió más alto-. Ah, el tratamiento de silencio –reconoció Ozai-. Esto es un lejano grito de tu teatro durante el eclipse. Voy a hablar y tú vas a escucharme –Ozai se rió secamente desde la garganta-. ¿Acaso el Avatar te desterró, Zuko? ¿Te vio tal como eras? ¿Un muchachito traidor, desconfiado y torpe que siempre ha envidiado la habilidad de su hermana?
-Él no pudo perdonarme por las cosas que hice en el pasado –contestó quedamente-. Sin importar cuanto rogara, no podía ver más allá de mis fallas.
-Entonces es un chico detrás de mi propio corazón –Ozai rió ahogadamente-. Y tú, maestra agua. ¿Por qué te descartó el Avatar?
Katara levantó su nariz en el aire.
-No recibo órdenes de Aang. Me fui por mi cuenta.
-¿Oh? ¿Remendar las medias del Avatar no era suficiente para ti? ¿Querías cosas mejores y más grandes con mi hijo en el Distrito de la Ostra? –Katara escuchó una risita a duras penas reprimida y se giró para ver sus labios moviéndose nerviosamente, y la piel de sus ojos arrugándose. Y detrás de él todo un grupo de oficiales sonriendo de oreja a oreja en una forma que no le gustaba-. Mi hija tiene una teoría –le contó Ozai-. Ella cree que tu precioso Avatar siente algo por ti. ¿No es tierno?
-Espero que Koh se robe tu cara –retrucó Katara, esperando tener saliva suficiente para escupirle. Se sonrojó-. Oh espera, ya tiene suficientes niñas en su colección.
Ozai entornó los ojos. Las antorchas que los rodeaban brillaron blanquecinamente.
-Puedo ver ahora lo que tú y mi hijo tienen en común. Tu irrespeto será tu fin –se acercó más-. Hemos enviado una notificación pública de su ejecución. Pero nadie ha venido a salvarte. Ni tu padre, ni tu hermano, y ni el Avatar. Debes haber hecho algo abominable para ganarte tu exilio, porque ahora estás completamente sola.
Katara parpadeó. Extrañaba a Toph de repente. Toph sabría exactamente que decir en ese momento.
-Chispitas, ¿tu papá desaprobó matemáticas? Parece que no es capaz de contar más de uno.
Ozai giró sobre sus talones.
-Destrúyanlos.
La milicia formó un círculo alrededor del poste. Levantaron sus brazos. Azula avanzó para unirse a ellos.
-¿Algún último deseo?
-¡El Señor del Fuego Ozai planeó el asesinato del Señor del Fuego Azulon! –Zuko inspiró hondo. Los militares bajaban sus brazos-. ¡Le pidió a su esposa que lo matara porque él era mucho más que cobarde para hacerlo él mismo, y luego la desterró! ¡La Señora del Fuego Ursa está viva todavía, así como el General Iroh! ¡Él está con el Avatar! ¡Sálvense, y únanse a él antes de que destruya este lugar! –abruptamente, Zuko tosió-. Terminé.
Katara bufó.
-¿Nunca escuchaste lo de las damas primero?
-Perdón. Pensé que debían saberlo. Por favor, adelante.
-Dejen los rodeos –apremió Azula.
Katara suspiró y alzó su barbilla para dirigirse a sus futuros verdugos. La lluvia corría por su cabello y entraba en sus ojos. Uno por uno, enfrentó la mirada de los maestros fuego que la apuntaban.
-Aang va a destruir al Señor del Fuego. Pero eso no significa que quiera lastimarlos a ustedes. Él solo quiere detener la guerra. Así que pueden quedarse aquí siguiendo órdenes como buenas marionetas de la Nación del Fuego, o pueden hacer lo correcto.
Azula puso los ojos en blanco.
-¿Algo más? Mi brazo se está cansando.
-Sí –respondió Katara. Sonrió-. Cuidado con los bumeranes.
Retumbaron tambores. Su sonrisa murió. Vio a los maestros fuego comenzar a generar bolas de fuego. Parecían esperar una señal de Ozai. El compás se aceleró. Se inclinó a su izquierda.
-¿Qué pasa ahora?
-Bueno, se llama pelotón de fusilamiento por una razón.
-¿Qué? Quieres decir que van a…
-Sí –se aclaró la garganta-. Lo siento mucho, Katara. Por todo.
De repente era difícil hablar, con el miedo debilitando sus miembros. Los tambores parecían mucho más fuertes, ahora, las llamas mucho más calientes y cercanas. No se había permitido imaginar la ejecución misma. En vez de eso, había estado pensando en como evitar a Koh y en ver a Yue y en encontrar a su madre. No había pensado en quién iba a extrañar. No había pensado en cómo había fallado. No había pensado en cuanto iba a dolor.
-Yo también lo siento –replicó ella-. Yo… yo fui realmente cruel y tú lo intentaste duro realmente…
-Está bien –algo cálido le hizo cosquillas en las manos. Los dedos de Zuko. Los sintió cogerse por el meñique, agarrándose con fuerza por los nudillos-. En serio.
-Tu cara está bien –prosiguió Katara. Se sorbió la nariz fuertemente-. No hay nada malo con ella, es quién eres…
-Haz agua control –murmuró-. Sálvate.
Los tambores martillaron. La lluvia se consumía en las llamas danzarinas. Pensó en la sangre en su corazón y en sus venas y cómo podía detenerla, terminar todo ahí. Pensó en dejar a Zuko solo. Su corazón se atenazó; el compás del tambor se volvió su latido.
-No –dijo-. Yo no le doy la a espalda a la gente que me necesita –parpadeó y lágrimas rodaron-. Conocí al verdadero espíritu de la Dama Pintada –contó-. Tengo que presentartela, cuando… cuando lleguemos allá.
-Que bueno –el meñique de él logró un mejor agarre de alguna forma y sus manos se movieron; se crispó contra la cadena y esos dedos se deslizaron sobre los de ella-. iremos juntos.
-Tengo miedo…
-Estoy aquí. Estoy justo aquí –los tambores bramaron. Incómodamente, él apretó los dedos de ellas-. Cierra los ojos.
-Amo a Sokka –confesó Katara, cerrando los ojos-. Amo a Papá y amo a Aang y amo a Toph y...
-Amo a Tío…
-¡Fuego!
Hubo una ráfaga de calor y oscuridad.
Cayeron en las sombras. Las cadenas se aflojaron. Katara levantó los brazos, movió sus piernas. Le dolían terriblemente.
-¿Estamos muertos?
-No –Zuko se movió y las cadenas hicieron un ruido metálico. Una bola de fuego apareció en su mano. Iluminó un círculo de Dai Li que los rodeaban en una cámara subterránea revestida de tuberías-. No tengo tanta suerte.
Se abrió un hoyo sobre ellos y Azula se tiró por él. Dio una palmada.
-Bueno, eso fue informativo –miró a los Dai Li-. atrápenlos.
Katara gruñó. Alzó sus temblorosos brazos y los balanceó. Saltaron tornillos y agua sulfurosa e hirviente chilló fuera de los tubos. La lanzó sobre los Dai Li. Gritaron. El dolor se disparó en su cabeza. Veía estrellas. Luego Zuko le agarraba la mano y Katara se paraba y embestía hacia delante, trayendo algo de la invaluable agua en una cinta tras ella.
-¡Corre!
Las cadenas los hacían cojear terriblemente, pero Katara se las arregló con sus torpes y hormigueantes piernas. La cámara se abrió en un pasillo. Doblaron en una esquina. Zuko se agarraba las costillas mientras corría. Katara vio algo oscuro y húmedo esparciéndosele por la espalda.
-¡Estás sangrando!
Detrás de ellos, los Dai Li se habían zafado del estiércol vaporoso y pasaban como centellas por el suelo. Juntaron sus manos. Y guantes de piedra aparecieron. Zuko presionó la cabeza de ella hacia abajo y los guantes pasaron limpiamente sobre ellos.
-Apunta bajo –le ordenó al oído. Katara transformó el agua en bolas de hielo y las mandó volando directamente a las ingles de los Dai Li. Tres hombres se doblaron y gimieron. Encima de ellos, Azula giró en el aire, sus piernas trazando fuego azul. Aterrizó elegantemente con ambas manos extendidas, lista para hacer fuego control.
Zuko arremetió. El fuego salió de su puño directamente a su cara. Azula se echó hacia atrñas. Entonces Zuko arrastró a Katara con la cadena. Corrieron hasta una puerta y le lanzó fuego; saltaron a través de la angosta abertura. La mancha en su espalda se extendía. La cabeza de Katara palpitaba con fuerza.
-¿A dónde estamos yendo?
-No quieres saberlo –echó un vistazo a las tuberías encima de sus cabezas y fue a la derecha; hacia un gigantesco tuvo que se unía a la pared. Estaba rodeado por una zona oscura y de olor nauseabundo. Gimiendo, lanzó fuego al tubo. La pared explotó. Una fetidez a aguas residuales les salió al encuentro. Y fuego azul se arqueó sobre ellos. Siguieron corriendo hacia el hueco.
Katara gimoteó.
-¿Por qué tengo tanta mala suerte con las cuevas?
El suelo cedió bajo ellos. Él encontró su mano de nuevo. Cayeron. Se deslizaron por una superficie de roca húmeda y oscura. Una explosión y un grito furioso resonaron sobre ellos – Azula. Katara inmediatamente se puso en posición de firmes. Soltó la sudada mano de Zuko y levantó los brazos. La cascada apestosa a sus espaldas se volvió un tobogán de hielo. Sus brazos temblaron. Detrás de ella, Zuko se volvió y sintió el pegajoso y húmedo calor de su ensangrentada espalda contra la de ella, vio destellos de fuego en un extremo de su vista. Disparó tensas llamaradas de fuego mientras caían. Ella apretó los dientes y forzó el asqueroso estofado a sus pies para congelarlo. El hielo se rajó debajo de ellos; los talones de ella derraparon y Zuko la atrapó, de repente –el agarró su cabeza, al tiempo que daban tumbos juntos sobre el hielo resbaladizo. Dejaron de rodar, Katara sintió el dedo de un suave zapato sobre sus costillas.
-Guau, chicos –exclamó Ty Lee-. ¡Realmente se superaron! –se inclinó, con los dedos estirados, y tocó a Zuko en varios puntos en la espalda y los hombros. Él colapsó flojo sobre Katara, inmovilizándola.
-Lo siento –se disculpó en el cuello de Katara.
-Auu… -Ty Lee sonrió de oreja a oreja y puso un pie sobre el hombro de él, como un cazador con un tigre polar de trofeo-. ¡No puedo esperar para contarle a Mai sobre esto!
La cabeza de Zuko golpeó el suelo con un sonoro golpe sordo.
Katara estaba empezando a pensar que la ejecución no había sido una idea tan mala después de todo.
-¡Eres repugnante! –exclamó una de las dos mujeres que la estaban bañando. Estaba encadenada a un toallero en lo que probablemente era un cuarto de baño muy bonito (no podía ver mucho, por la forma en que la habían colgado) y estaba siendo codeada and pinchada y rasqueteada y cloqueada por dos mujeres que claramente nunca habían conocido a una mujer de la Tribu Agua antes (Si lo habían hecho, Katara razonó, no hubieran vivido para contarlo) Se sintió tan indignada e indecoroso como se había sentido cuando Gran-Gran insistió en una "fregada post-solsticio" que incluía una rigurosa y degradante friega con jabón grasoso y ceniciento en una cuba de agua que se enfriaba rápidamente. Usaban cepillos de cerda y tiraban de los nudos en su cabello-. ¿Realmente hay una chica debajo de toda esta mugre?
-Puedo limpiarme sola, saben –contestó Katara.
-¡Pero eres una maestra agua! ¡Podrías lastimarnos!
-Claro. Las voy a atacar, y luego voy a correr desnuda por el palacio causando problemas –hizo repiquetear su cadena-. ¡Ustedes me sacaron mi ropa! ¿A dónde voy a ir?
-Podrías dejarnos inconcientes y robarte nuestras ropas –sugirió la más joven. Su compañera le dio una palmada en el brazo-. ¡Au! Digo… no hagas eso. Te atraparán.
-Así eso, lo harán –confirmó la más vieja-. Te atraparán, y entonces lo lamentarás.
-Lo lamento ahora –masculló Katara.
La mujer mayor la pinchó con el cepillo.
-Ahí. Ya casi estas lo suficientemente limpia como para encontrarte con la Princesa Azula.
Katara golpeó su frente contra la pared.
-Creo que me lavaré un poco más.
Los agentes Dai Li y guardias del palacio la escoltaron hasta un cuarto en el corazón del palacio, detrás de un montón de puertas que parecían abrirse únicamente para maestros fuego. Típico. El piso chirriaba bajo sus pies descalzos. Katara miró fijamente los techos abovedados y las anchas columnas negras. Todo el lugar parecía diseñado para hacer sentir pequeña a una persona. Deseó poder usar su ropa de la Tribu Agua – la hubiera hecho sentir mucho más orgullosa y más exitosa que su estúpido uniforme de trabajo. Los Dai Li la dejaron ante una puerta flanqueada por guardias. Katara apenas tuvo tiempo de notar el interesante símbolo de fuego grabado en la pared encima de la puerta antes de que le sacaran bruscamente las esposas y la empujaran dentro.
Quedó parada en una habitación mostrando varias camas, cada una de las cuales tenía un mosquitero. Azula y dos mujeres muy ancianas estaban de pie junto a la cama más alejada, flanqueadas por dos guardias mujeres.
-Tú –llamó Azula-. Arréglalo –cabeceó hacia la figura en la cama. Zuko.
Katara avanzó. Alguien le había sacado la camisa – sus vendas estaban sucias y rígidas por la sangre. Un cardenal violeta oscuro se extendía a lo largo de ambos grupos de costillas. Vio laceraciones donde los tacos de botas debían de haber hecho contacto, Le empezaron a temblar las manos. Él respiraba superficialmente. Su clavícula estaba llena de sudor, debajo moretones con la forma de manos bajo su cuello y un delgado listón morado atravesaba su frente – el resultado del interrogatorio Dai Li, sin duda. Vio los lugares rotos de en su labio, su ojo negro. La cicatriz era el único punto sin marca en él. Se sintió descompuesta.
-No sé a que te refieres…
-Eres la Dama Pintada, ¿o no? ¿Acaso esto no es lo tuyo? –Azula sonrió con suficiencia-. No intentes esconder tu curación de mí. Lo sé todo. Y Zuko no me sirve para nada así, así que arréglalo como arreglaste al Avatar – o reconsideraré mi decisión de perdonarlos.
Katara tensó la boca. No sabes todo. No sabes ni la mitad de cosas que puedo hacer. De otra forma nunca me hubieras dejado viva.
-Se... sería más fácil si él estuviera en una tina.
Azula chasqueó los dedos. Los guardias se despegaron de la pared y entraron en un cuarto anexo. Katara escuchño el agua resonando en una tina. Azula sonrió y se balanceó sobre sus dedos.
-Li y Lo te estarán vigilando. Ella me hicieron lo que soy hoy, y no tienen reparo en hacerte daño –bajó la voz-. Así que no causes problemas.
-No voy a intentar escapar. Nadie merece ser abandonado aquí contigo –Katara empujó a Azula al pasar junto a ella y se inclinó sobre Zuko. Sonrió tirantemente-. Ey, Chispitas. Odio decírtelo, pero apestas. Realmente necesitas un baño.
El ojo izquierdo de Zuko se abrió apenas un poquitito. Su boca se movió.
-T… Te dejaron que lo conserves...
-¿Conservar qué? –preguntó Azula, entornando los ojos.
-¡No sé! ¡Quizás podría ser más coherente si tus tontos no lo hubieran golpeado tanto! –Katara con suma cautela tomó el brazo de Zuko y trató de enlazarlo sobre sus propios hombros. Ser respondona con la chica que casi había matado a Aang era mucho más fácil cuando tenía alguien por quien preocuparse obsesivamente-. Vamos, Zuko. No te pondrás nada mejor quedándote simplemente ahí.
Él siseó al sentarse. Sangre fresca goteó las bandas. Sus dedos se deslizaron sobre los hombros de ella.
-Estás toda limpia…
-Sí, y tú también lo estarías, si solo te hubieras apresurado –una carcajada nerviosa la estremeció, sintiendo la mirada de Azula quemándole los hombros-. Honestamente, Maestro Idiota, eres tan lento…
-Sí… -cojeó avanzando a su lado-. Hago todo despacio.
Se tambalearon dentro del lavabo. Era enorme – Katara supuso que estaban en alguna especie de enfermería, donde la gente herida podía necesitar más espacio. Los guardias estaban junto a una bañera negra y circular dentro del piso. El agua olía extraña y a volcán. Se arrodilló incómodamente y Zuko intentó desatarse las botas; sus manos no querían funcionar. Katara las despachó y las desató ella. Le sacó los zapatos y las medias ensangrentadas y frunció los labios; los dedos de Zuko estaban negros por los cardenales. Otro moretón largo y delgado se extendía por la parte interna de la pantorrilla izquierda; reconoció la figura de una daga y clandestinamente tanteó dentro de la bota. La daga no estaba – alguien se la había quitado en algún momento.
-Vamos, métete –Zuko se deslizó dentro del agua caliente y vio el esfuerzo que requería; sudor nuevo perló el nacimiento de su cabello y aspiró aire a través de los dientes. Tardíamente, Katara se dio cuenta que debió haberle sacado los vendajes primero; saltó dentro del agua después de él. El agua caliente la empapó hasta la cintura; le escocía donde la vieja le había rasqueteado tan minuciosamente. Sintió demasiados pares de ojos perforándola. Miró a Azula y compañía con el ceño fruncido-. ¿Cuál es el problema? ¿Nunca antes habían visto a una maestra de agua control?
Azula le hizo una señal a los guardias con la cabeza.
-Denle a la campesina lo que necesite. Tengo verdaderos problemas que resolver –ella y uno de los guardias se fueron. Las dos mujeres se metieron dentro de la habitación – parecían casi flotar – y miraron atentamente a Katara con sus idénticos rostros, profundamente arrugados.
-Adelante –dijo una
-Nos encantaría ver tu habilidad –insistió la otra.
Katara hizo lo mejor que pudo para ignorarlos. Se concentró en retirar las vendas. Al hacerlo, cintillos de sangre teñían el agua. Siseó.
-Es malo.
-Lo sé –la voz de Zuko se había vuelto hueca.
Ella usó lo aprendido para localizar la herida en su espalda. No era demasiado profunda. Sentimientos la inundaron: horror desesperado, impotencia vergonzante, dolor. Tomó aire.
-Aunque no tan malo como Aang.
-… ¿Puedes arreglarlo?
-Por supuesto que puedo. Soy la Dama Pintada –trabajó en la quemadura del relámpago primero. Era la más profunda y requería más concentración. Recuerdos del horror crudo salían de ella mientras el agua brillaba. Pensó en volver a unir la piel. Su visión se nubló de estrellas; se tambaleó sobre sus pies y tuvo que sujetarse con cháchara-. Vi tu cartel de se busca, sabes. El del Espíritu Azul.
-… vi la foto de Appa… -los ojos de Zuko se cerraron agitándose previamente-. Me subí al techo…
Katara movió el agua a lo largo de sus costillas. Algunas estaban rotas. Presionó más...
…vio una bota, vio el suelo salpicado de sangre, saliva y vomito, vio las temblorosas manos de Zuko y escuchó su voz diciendo Háganmelo a mí, soy el traidor, déjenla en paz…
… y se apartó, con los ojos brillantes.
-¿Por qué…? –tragó-. ¿Por qué hiciste eso?
Zuko levantó su mirada por solo un segundo antes de desviarla. Dejó caer su cabeza de modo que su cabello le ocultara ambos ojos.
-Supongo que soy así de tonto.
Katara se puso de cuclillas y habló con la voz tomada.
-Eso fue realmente peligroso –reprochó. Su mirada fue hasta la anciana y luego de vuelta a él-. Me refiero a lo de subir a los techos. Podías haberte lastimado.
-… Valió la pena –y ahí debajo del agua estaba la mano de él, detrás de su rodilla, apretándosela una vez y soltándola.
Katara sorbió por la nariz. Se mordió el labio y miró su rostro arruinado. Alzó la mano y se la enguantó de agua y cubrió su ojo izquierdo por solo un segundo antes de deslizarlo a la derecha, y el se quedó quieto cuando el brillo tomó toda la habitación. Cuando ella retiró su mano, una parte de su cara parecía sana de nuevo.
-Mucho mejor.
Zuko parpadeó lentamente. Se tocó con la lengua el corte en el labio.
-¿Puedes… puedes arreglarme la boca, ahora?
Se quedó dormida en la enfermería. Había trabajado sobre Zuko hasta que sus manos estuvieron endebles y apenas pudo secarse la ropa. Era un trabajo lento; sangre control hubiera ayudado a sellar las costillas más rápido pero no quería darlo a conocer a los demás. Cuando terminó, una de las ancianas sacó una galletita de su bolsillo y Katara no pudo ni siquiera degustarla, estaba tan cansada. Las migajas estaban aún disolviéndose en su boca cuando se le cerraron los ojos, y todavía las saboreó cuando despertó. Luego los retorcijones volvieron y gimió contra la almohada. Odiaba la luna nueva. No había duda de porque se sentía tan débil – el confinamiento y la hambruna no eran suficientes, no. Ella era así de desafortunada.
-Despierta –una de las viejas de rostro surcado de arrugas le demandó-. Es hora de cenar.
-¿Comida? –preguntó Katara-. ¿Dónde?
-En el comedor, por supuesto –respondió-. La Princesa Azula ha ordenado preparar un banquete especial.
Katara se preguntó si tal vez Aang había tenido esa clase de sueños antes de renunciar a dormir. ¿Banquete especial? ¿Azula?
-¿Voy a ser el plato principal?
-Tonterías –respondió-.
-Eres una invitada de honor –intervino su gemela.
-Y nosotros no nos comemos a nuestros invitados de honor –afirmó la primera.
Katara se frotó los ojos.
-Claro –miró hacia la cama de Zuko. Se había acurrucado sobre su lado derecho. Sus vendajes eran nuevos y limpios. Y necesitaba un corte de cabello desesperadamente. Katara lo pinchó en el brazo con un dedo-. Ey. Despierta. Tu hermana quiere que cenemos con ella.
La cicatriz de Zuko se movió nerviosamente.
-… ¿Por qué no podían simplemente matarnos?
Aparentemente, ser "invitado de honor" significaba sufrir la comida más larga, incómoda y repugnante de su vida. Se sentó sobre sus rodillas a la izquierda de Zuko a una larga mesa lustrosa hundida en el suelo en una habitación tan grande que hacía eco. A su derecha estaban sentadas Li y Lo. A la derecha de Zuko se ubicaba el Señor del Fuego Ozai, en un estrado elevado. Frente a Zuko estaba Azula, a la derecha de Ozai. Junto a Azula se sentaron sus amigas, Ty Lee y Mai. Mai había llegado tarde – caminó lenta y pesadamente con su cabeza gacha y le hizo una reverencia al Señor del Fuego.
-Por favor acepte mis disculpas –pidió con su ronca voz de siempre.
-Disculpas aceptadas –respondió Ozai. Le hizo un gesto a Mai para que tomara asiento. Y cuando Mai levantó los ojos, su mirada golpeó a Zuko y allí se quedó. Junto a Katara, Zuko se tensó. Bajó la mirada a su plato vacío.
-Entonces –empezó Azula-. Esto es adorable. Tan raramente comemos juntos como familia.
-La familia es el centro de la nación –aseveró Li o Lo. Katara no podía diferenciarlas.
-¿Tu familia come junta, Katara? –inquirió Azula. Su corazón se volcó-. Quiero decir, lo que queda de ella.
Katara cerró un puño. Pero entonces un gong sonó y aparecieron sirvientes con bandejas llevando una serie de platitos idénticos. El colocado antes Katara era un cuadrado de laca rojo con un cuadrado de carne cruda violeta en el centro y un montículo de algo húmedo y brillante encima. Le dio un tic en la ceja.
-Tártara de tiburón-leopardo –explico Ozai, sonando absurdamente deleitado.
-Padre prefiere su comida cruda –aseguró Azula, sonriendo.
-Es bueno para la sangre –acordó la gemela más cercana a Katara
-Deberías probar un poco –instó la otra.
-¿Está envenenada? –preguntó Zuko.
-Oh, Zuko, eres tan paranoico –saltó Ty Lee-. ¿Por qué arruinaríamos la cena envenenándote? –Se metió el pequeño círculo de carne en la boca-. Mmm…
Suspirando, Zuko levantó el suyo. Katara lo observó comerlo. Todavía estaba vivo un momento después, por lo que cogió el suyo y lo comió de una sola mordida. El pescado estaba resbaladizo y sabía a almizcle, como carne de caza. Se preguntó si había una técnica especial de control para mantener la comida en el estómago.
-Katara, ¿tú hacías la mayoría de las comidas del Avatar? –averiguó Azula.
Ella frunció el ceño.
-… Sí.
-Oh –exclamó Ty Lee, inclinándose hacia delante-. ¿Qué clase de comida le gusta?
-…Tarta de nata de huevo –respondió Katara.
Azula sonrió.
-Fantástico.
-¿Vas a mandarle tarta de nata de huevo envenenada, Azula? –inquirió Ty Lee.
Los labios de Azula adoptaron un tic.
-No, Ty Lee, creo que tomará más que un bollo envenenado para voltear al Avatar –parpadeó-. No mucho más, por supuesto. Cayó tan fácilmente la última vez.
-Él va a destruirte –bramó Zuko-. Va a poner las cosas bien.
Hubo un silencio. Luego, como si pensaran al unísono, Azula y Ozai empezaron a reír. Katara quedó boquiabierta. Aang era un chiste en el palacio. El Señor del Fuego no estaba ni siquiera preocupado.
-Oh, Zuzu –señaló Azula, acomodando cuidadosamente un zarcillo de su cabello-, nunca cambias.
Katara se volvió.
-¿Zuzu?
-¿Oh, no te contó? –se metió Ty Lee-. Es el sobrenombre especial de su hermana para él.
-Es gracioso –repuso Katara, sonriendo de oreja a oreja-. Pensé que Toph lo llamaba Chispitas.
Azula arrugó los ojos.
-¿Ah? –Su mirada se fijó en Zuko-. ¿Así que la maestra tierra cieguita es importante para ti, entonces? Tendré eso en mente.
Zuko cerró los ojos con fuerza. El estómago de Katara dio un vuelvo. ¿De veras acabo de decir eso? ¿De veras acabo de poner a Toph en más peligro solo para parecer astuta delante de Azula?
-Lo es –afirmó Zuko-. Y tú jamás me trataste como un hermano. Nunca. Ahora sé como lucen las familias de verdad, y ésta no lo es. Todo esta cosa es una farsa. No tenemos una verdadera familia. ¡No nos queremos para nada!
Silencio. Por un momento, Azula pareció realmente sorprendida. Luego sonrió con suficiencia y dijo:
-No es mi culpa que nadie te quiera. Tú te hiciste eso solo –se giró a Ozai-. Tú me amas, ¿no, Padre?
Ozai levantó una taza pequeña y delicada.
-Eres mi mayor logro, Azula.
-Gracias, Padre –le dedicó un guiño a Zuko desde el otro lado de la mesa.
Una revelación golpeó a Katara. Hemos estado pensando esto mal. Todo este tiempo, creímos que Azula y Ozai eran el mal personificado. Pero en realidad son tan mezquinos y egoístas como esos piratas, o el juez que quería hervir a Aang en aceite. Simplemente tienen más poder en el que apoyarse. Katara se aclaró la garganta.
-Saben, en la Tribu Agua, un zuzu es una clase de flauta.
-¿Lo es? –Preguntó Mai-. Apuesto a que eres realmente buena tocándola.
Zuko hizo como que iba a decir algo, pero se detuvo. Suspiró. Katara frunció el ceño.
-Eh… en realidad, nunca aprendí.
-Fue la primer palabra de Azula –contó Zuko finalmente-. Intentaba decir mi nombre cuando me escapaba para jugar.
Azula puso los ojos en blanco.
-Eso es lo que Madre decía, lo que significa que probablemente sea una mentira.
-Ella corría detrás de mí llorando. Pudo correr antes de saber gatear.
-Los bebes son tan tiernos –entremetió Ty Lee-. ¡Apuesto a que eras re tierna como bebé, Azula!
-Odio los bebés –concluyó Mai.
-Hablando de eso, ¿tu madre y tu hermano no nos deben una visita? –indagó Azula. Sonrió-. Estoy segura que tu madre estará muy interesada en ver a Zuko… y a Katara.
-Oh, Zuko, será mejor que tengas cuidado –sugirió Ty Lee-. No creo que la mamá de Mai esté muy contenta contigo justo ahora…
Katara miró a Mai y a Zuko. Ninguno de los dos se miraban. Pero antes de que pudiera preguntar algo, otro gong sonó. Los sirvientes retiraron sus platos y los reemplazaron por un pequeño tazón que contenía una única bola guisada y humeante en caldo. ¿Dónde está la comida de verdad? ¿No se supone que esto es una cena? Katara pinchó su bola guisada con sus palillos. De inmediato brillante huevos negros chorrearon hacia afuera.
-Ugh...
-Es hueva en vinagre –Li o Lo anunció-. ¡Es bueno para ti!
-Está bien –asintió Zuko. Su plato estaba vacío-. Adelante.
Katara tragó la bola de masa guisada. ¿Dónde está toda la comida picante? Se encontró añorando las costillas y las papas cortadas en espiral y todo el pescado frito con arroz de coco. Cualquier cosa tenía que ser mejor que esas porciones miniaturas de mugre salada que dejaba huevos de pescado adheridos entre sus dientes.
-¿No tienes el estómago para ello? –inquirió Azula-. Creí que las chicas de la Tribu Agua comían cualquier cosa –enlazó las manos-. Tienes que aprender a acostumbrarte aquí, Katara. Te vas a quedar por un tiempo.
Katara bufó.
-No sabía que extrañabas tanto a tu hermano.
-Oh, no extraño a Zuko para nada –corrigió Azula-. Todo era mucho más fácil cuando él no estaba. Todo lo que siempre hizo fue interponerse en el camino. Pero ahora ambos nos son útiles, y es la única razón por la que aún están vivos.
Zuko se hizo hacia delante.
-¿Qué quieres, Azula?
-Es simple –respondió Azula, al tiempo que otro gong sonaba-. Quiero que trabajen para mí.
Katara se la quedó mirando.
-¿Haciendo qué? ¿Sirviendo té?
-No –contestó Azula. Otro plato fue presentado – un grupo de hongos y rábanos cuidadosamente dispuestos en dos diminutos trozos de alubia cuajada. Katara resistió el impulso de vomitarlo-. Quiero que espíen al Avatar.
Un hongo cayó de entre los palillos de Zuko a su regazo.
-¿Qué?
-Puedes rogar tu entrada de nuevo a las buenas gracias del Avatar, ¿no, Katara? –averiguó Azula-. Es obvio lo que siente por ti. Te admitirá de vuelta. Y entonces tú podrás decirme todo lo que el querido Tío Gordinflón y él están planeando –sonrió-. Ahí es donde entra Zuko, por supuesto. El viejo le tiene cariño – su propio hijo también era débil.
-Lu Ten era grandioso –replicó Zuko-. Y también lo es el Tío Iroh. ¡Es un gran hombre!
-Es una falla –negó Ozai-. Su último intento de derrocarme es prueba de eso – no puede tomar la gloria para sí así que debe robarla de un niño.
-¿Quieres que espiemos a Aang y a Iroh? –Katara se preguntó si tal vez se había caído dentro de un estanque que llevaba a otra versión del mundo humano. Era como un mal sueño. Había sido atrapada y enjaulada y muerta de hambre y casi ejecutada, y ahora Azula quería que siguiera el plan de Iroh – a la inversa-. ¡Es una locura! ¡Ellos nunca nos aceptaran de regreso!
-¿Por qué? –se interesó Azula-. ¿Qué hicieron?
-Sí, Zuko –intervino Mai, levantando un rábano-. ¿Qué hiciste?
Las palmas de Zuko golpearon la mesa.
-¡No hice nada! Él simplemente… -se miró manos-. Simplemente no podía perdonarme.
-No es el único –farfulló Mai.
Katara ya había tenido suficiente.
-¿Qué está sucediendo? –miró a Mai fijamente-. ¿También te ató a un árbol?
Azula escondió una risita tras su mano. Ty Lee se sonrojó y miró la comida.
-¿Te ató a un árbol? –Ozai rió gravemente desde la garganta. Tenía un sonido seco. Katara se preguntó si fumaba-. Vaya, vaya, Zuko. Eres un chico más valiente de lo que te daba crédito.
Zuko se ruborizó.
-No fue así. ¡Estaba buscando al Avatar!
-¿Dónde lo estabas buscando? –retrucó Ozai.
-Es verdad –afirmó Katara-. Me estaba usando como carnada…
-¿De la misma manera que hizo Azula con su pequeña ejecución? –inquirió Ty Lee-. Realmente esperaba poder ver a tu hermano…
-¿Nuestra ejecución fue falsa? -Zuko se irguió sobre sus rodillas.
-Por supuesto que sí –admitió Azula-. Todavía están vivos, ¿no? ¿Y cómo más podíamos estar seguros que el Avatar verdaderamente los había abandonado? –Deslizó su mirada sobre Katara-. O que tú lo habías abandonado, lo que claramente hiciste.
Las uñas de Katara se clavaron en la madera bajo sus manos.
-Yo no abandoné a Aang.
-¿Ah? ¿Qué pasó entonces? ¿Su pequeño enamoramiento de ti se volvió inconveniente? –los ojos de Azula pasaron a Mai-. Es tan frustrante cuando eso sucede.
-Sus sentimientos por ella eran una distracción para su misión –soltó Zuko-. Ahí. Ahora sabes. Ella se fue, ahora él será capaz de concentrarse. Lo que son malas noticias para ustedes.
Azula suspiró felizmente.
-Lo sabía. Debí haberlo sabido debajo de Ba Sing Se, por supuesto. Él y su nuevo maestro de fuego control vinieron a rescatarlos.
-¿Ustedes dos estaban juntos debajo de Ba Sing Se? –inquirió Mai.
-Oh, Mai ¿alguna vez prestas atención? –Azula puso los ojos en blanco-. Mientras tú mirabas a ese estúpido oso, estos dos se estaban pudriéndose en debajo de la ciudad –parpadeó-. ¿Zuko no te contó?
-No –confirmó Mai. Sus ojos disparaban agujas en dirección a Zuko-. No lo hizo.
-No pasó nada –exclamó Zuko-. ¿Por qué todo el mundo piensa que...?
Katara miró a Mai y a Zuko.
-Aguarda. ¿Son… fueron…?
-Ya no –contestó Zuko.
-Oh, gracias, Zuko. Dile a ella, pero no me digas a mí. Recuérdame solo esperar una nota la próxima vez.
Katara estaba ocupada conteniendo una carcajada.
-¿Ustedes dos estaban… juntos?
El color atravesó la nariz de Zuko.
-¿Qué? ¿Es tan gracioso?
-No…-tragó saliva-. Yo solo… no pensé…
-¿Qué? ¿Pensaste que no podía conseguir una novia? ¿Por qué? ¿Por mi rostro?
Katara levantó las manos.
-¡No! ¡No fue eso para nada! ¡Es solo que pensé que estarías más feliz! –Se tapó la boca con una mano-. Digo –comenzó detrás de sus dedos-. Digo, si tú estabas tan feliz, dejaste mucho de lado para ir con Aang…
-Eso es cierto, lo hice.
-No, no lo hiciste –negó Azula-. Odiabas aquí. Eras miserable –se giró a Mai-. No que sea tu culpa, Mai. Estoy segura que hiciste todo lo que pudiste –se examinó las uñas-. Por supuesto, es triste que Zuko no les haya contado a sus nuevos amigos sobre ti…
-¡Eso es cierto! –Katara se cruzó de brazos-. ¿Por qué no me dijiste?
Él se hizo hacia atrás.
-¿Qué tal porque no es asunto tuyo?
-Bueno, podías haberme dicho –insistió, asegurándose de que sus ojos encontraran los de él-, que había una posibilidad de que pudiéramos conocer a tu novia.
-Ex novia -corrigió Mai.
-Sabes, podrías haber mencionado eso antes de irnos –prosiguió Katara.
El rostro de Zuko se endureció.
-No esperaba verla. Y hay un montón de cosas que no me dijiste.
-¿Oh? ¿Cómo qué?
Katara se ruborizó.
-No es nada especial. Pensamos que estaba de nuestro lado y después nos traicionó, pero luego nos encontramos de nuevo y lo curé y…
-Oh. Así que nada especial.
El corazón de Katara dio un vuelco.
-¡No! ¡No es lo que quise decir! Fue… es… -se mordió el labio. Odiaba tener esta conversación en frente de Ozai. Prácticamente podía oler el regocijo que emanaba de Azula. Desesperada, buscó algo, cualquier cosa, que ayudara. Y llegó en la forma de una taza de té. Liberó el líquido y lo soltó en la cara de Zuko-. ¡Estás siendo un idiota! ¿Pasé todo el día curándote y este es todo el agradecimiento que recibo?
Zuko parpadeó un par de pestañas empapadas, mirándola. Le echó un vistazo a la comida de ella y sonrió con suficiencia.
-Oh, eso se ve frío –observó-. Permíteme –sopló fuego al plato entero de modo que quedó solo un trozo ceniciento.
Había humo entre ellos. Katara lo miraba fijamente a través de él.
-No comiences conmigo, Chispitas.
-Comenzaré contigo cuando quiera.
Katara le sostuvo la mirada. Él no parpadeó. Luego ella se movió y hubo más té en el aire y él le agarró la muñeca. El té cayó y les empapó las manos.
-Nos vas a meter en problemas -advirtió.
-Zuko, de veras no le agradas a esta gente. No creo que les moleste si te doy una paliza hasta la próxima semana.
-Hay una forma de estar seguro –aseveró, y su mano salió llena de fuego pero ella se agachó y lo empujó en el pecho. Él rodó hacia atrás, fuera de su almohadón y ella corrió a lo largo de la mesa, juntando salsa y té y agua y el vino desde la misma botella de Ozai. Él se paró de un salto y le arrojó un puñetazo de fuego. Ella lo bateó y sacudió bruscamente un látigo de agua en su dirección. Zuko le sopló fuego al látigo. Parte de él se incendió y ella se detuvo para admirar la cinta llameante de fluido ante ella. La partió.
-Ey, ¡soy una maestra fuego! –hizo que el látigo llameante lamiera lo que seguramente era un antiguo pergamino invaluable-. ¡Supongo que será mejor que empiece a esparcir el caos y la destrucción!
-¡Ese pergamino ha estado en mi familia por generaciones!
-Sí, y ahora se está quemando –señaló Katara-. Quizás la próxima vez deba quemar tu aldea entera.
Él corrió a por ella. Apartó las agujas de hielo que le arrojó.
-Ese no era yo. ¡No hice eso! –saltó, corrió por la pared, y se despegó de una patada. Su pierna ardía. El gong sonó cuando aterrizó; él se detuvo-. ¿Qué...?
-Sopa –clamó Katara, y observó como los rabanitos y fideos explotaban en un juego combinado de vajilla. Se lo envió a Zuko de un solo tiro. Él derrapó a lo largo de la empapada alfombra. Se miraron fijamente. A lo lejos, Katara era conciente de la sonrisa casi asilvestrada de Azula, y de la genuina intriga de Ozai. Pero entonces Zuko se lamía la sopa de su labio y decía:
-Me hiciste perder mi favorita.
Katara elevó una bola del líquido por encima de su cabeza. Olió jengibre, lima y picante.
-Supongo que será mejor que vengas y agarres un poco, entonces.
Él hizo un ruido que sonaba como el viejo él –frustración, furia, poder – y embistió contra ella y ella se balanceó sobre sus pies. Pero él era rápido y estaba corriendo sobre la mesa, volteando platos a derecha e izquierda y saltó y la tomó de las muñecas de modo que la sopa cayó encima de ellos y él anunció:
-Está toda encima de ti.
-Sí, y de ti también –indicó Katara, y se estiró a por su cuello. E intentó controlar la sangre de ahí brevemente, solo para recordarle que podía. Y un pozo de dolor se expandió desde su columna hasta su cabeza. La habitación brilló dolorosamente. Zuko parecía resplandecer. La luna nueva. La curación. La hambruna. Retener todo. Es demasiado.
-Katara...
-Es demasiado... –el suelo se levantó para recibirla.
-¡Katara!
Y un nuevo cáp que se acaba. Gente bella, disculpen la demora. Pero tuve un accidente y me cuesta mucho escribir rápido. Tengo inmovilizados el anular y el mayor de la mano derecha así que tampoco puedo escribir con lapicera, lo que es genial para la escuela. Me queda un mes nomás! Ey, espero que hayan disfrutado el cap :) A mí me gustó, Zuko pobrecito, ¿no? Recibiendo todos los golpes y demás… es lo más.
Ah, saben, encontré una chica que escribe genial! xcgirl08 Tiene unos fics barbaros (Zutara, Taang, Sokki, AzulaxSokka, y de Crespúsculo, xP Que vale la pena leer y releer), en inglés, y para los que se animen, pueden encontrar el link en mis favoritos, y sino pueden esperar un poquito y los van a leer en castellano porque me dejó traducirlos!
GRACIAS: youweon, :), patousky, kuchiki mabel, Lolipop91, paolyta (espero que se haya solucionado tu problema, beso), mire-can (gracias mil por leer y comentar! claro que es mejor imprimirlo, jeje en fin, espero que este ambiñen te haya gustado, un besote), Donthurt. y Rashel Shiru. Son de oro, gente :D
Reviews?
