Ok, ya pasó bastante tiempo y esto lo tenía desde hace un rato, así que aprovecho para actualizar hmm. Pero a la siguiente creo que tardaré jeje. Bueno, gracias a todos por seguir leyendo esta rara historia.


8. Tratos con Lucifenia.

Kinky los refugió en su casa, Sari mantenía su cara de susto y la pequeña Juna no paraba de llorar. Teto estaba bastante agitada y Liane no quitaba su cara de enojo, pero pronto recuperó su semblante distraído. Sari tampoco aguantó el llanto y entre lágrimas contó todo lo que vio, que Vanika Conchita se había devorado a su sirvienta y esta no había puesto, por lo que contaba, demasiada resistencia. Los tres estaban estupefactos, incrédulos y dejaron el asunto.

Media hora más tarde, Teto había salido antes para comprar algunas cosas y ahora volvía con varias bolsas con comida, Liane la seguía detrás. Hacía hambre, y el hambre podía más que el asco que cargaban de solo imaginar a la doncella de rojos ropajes cometiendo tal acto de canibalismo.

Comieron en silencio, ni siquiera Sari, quien fuera una niña activa y escandalosa, medió palabra con nadie. Estaba completamente perturbada y ese recuerdo no la dejaría en paz por años.

Cabe mencionar que los otros dos soldados de la Compañía que estaban con Cetera y Liane seguían en la casa, pero de momento solo hacían guardia afuera a la espera de algo, una paloma que respondiese el mensaje que un día antes mandaron.

-Entonces, si son de la Compañía de Asmodean. –Liane asintió. –Yo no esperaba que hubieran mujeres entre esos ladrones. –Teto lo fulminó con la mirada.

-Antes que yo había otra comandante, la hermana de Gast, pero murió. –Dijo bajando la mirada y acariciando la empuñadura de la espada Venom.

-Y depende de lo que diga su mensaje verán que tienen que hacer aquí, ¿no?

-Es lo que hay. –Respondió duramente Teto. Kinky bajó la mirada. A Liane no le gustó verlo así.

-Tranquilo, tal vez pueda interceder o al menos permitirte un escape en caso de que… -No halló más palabras y miró a Teto suplicante, ésta solo bufó.

-Deberías actuar más como comandante. –Dijo sonriendo de medio lado. Poco después aparecieron los otros dos soldados.

-¡Capitana, órdenes de Gast! Nos necesitan en Asmodean.

Liane no pudo evitar dar un gritito de alegría y se abalanzó sobre Kinky, abrazándolo, cuando se dio cuenta de lo que hizo se separó bruscamente con un adorable sonrojo adornando sus mejillas, en las de ambos. Teto rodó los ojos y salió con los demás. Más tarde tendrían que partir, pero buscar una carreta libre sin que la guardia real de Belzenia los viera o sospechara sería bastante complicado. Tendrían que actuar de noche, pero no solo era más arriesgado esto, porque la vigilancia nocturna era más estricta en ese periodo de tiempo, además de que todas las salidas y llegadas eran registradas a toda hora. Sin contar con que habían capturado a uno de los suyos y posiblemente cometiera alta traición. Definitivamente no tenían a la suerte de su lado.

Calló la noche. Kinky mandó a sus hermanitas a dormir temprano después de haberles dado una taza de leche a cada una. Se sentaron, los cinco, alrededor de la pequeña mesa de madera a ver que podrían hacer.

-¿Por qué el chocolate está con nosotros? Esto es una junta importante, no la hora de los chismes. –Dijo Teto cruzándose de brazos.

-Es mi casa, puedo estar donde sea a la hora que se me antoje. –Respondió él divertido de las caras que ponía la capitana.

-Recuerda que puedo ordenarle a estos dos grandotes que destruyan su casa.

-Pero yo soy la de más alto rango aquí, así que no harás nada. –Defendió Liane y Teto la miró primero sorprendida, después la vio con algo de orgullo. Pero lo cierto es que a la rubia le costó un poco soltar aquellas palabras.

-De acuerdo. –Fue lo que dijo. –Entonces, Kinky, ¿sabes de alguien que pueda regresarnos a Asmodean sin ser vistos?

-La verdad no, todo aquí está controlado por la seguridad, la única que puede salir sin que nadie le diga nada era la Señora Vanika.

-Maldición. –Masculló Teto. –Si descubren que ella está muerta, es posible que Belzenia inicie una batalla contra Asmodean, ya son bastantes conflictos tener que hacerle frente a Lucifenia.

Entonces, Liane ideó un plan: -¿Y si alguien se disfraza de ella? Podríamos salir.

-Ni loca entro de nuevo a ese castillo, ya tuve suficiente con ver esas tumbas y luego lo que nos contó la hermana de chocolate. –Dijo nuevamente Teto.

-No tendríamos que ir necesariamente de nueva cuenta al castillo, sino simplemente usar un vestido cualquiera que se le parezca a los que usa la Señorita Vanika.

-Eso es algo difícil, ella tenía un sastre personal, pero se donde vive, el problema sería convencerlo o pagarle.

-Eso déjamelo a mi. –Exclamó Teto. –Tú solo llévanos a donde vive ese sujeto y yo me encargo de que nos de uno de esos vestidos.

-Entonces está decidido. Doy esta junta por terminada.

-Hey, que no se te suba a la cabeza esto de ser comandante.

Liane rió y todos fueron a sus habitaciones. Bueno, Kinky dispuso la que era de sus padres para comodidad de las chicas, mas los soldados tendrían que pasar la noche en la sala.

Teto pidió dormir en el suelo, alegando que era mucho más cómodo que la cama. La joven comandante no se opuso y antes de dormir pidió a las estrellas por la seguridad de todos y sus sueños.

Esa noche, Meikai le hizo una pequeña visita.

Ella se encontraba en el mismo castillo de piedra de Conchita, por un momento no sintió los fuertes aromas de las especias resoplando por los pasillos. El alfombrado era azul en vez de rojo y las risas alegres de una niña hacían eco entre las paredes de mármol de la construcción. De un momento a otro se vio a si misma en el comedor principal, no divisó a Vanika y sus sirvientes ocupando la gran mesa de roble, más bien estaban sentados un hombre uniformado, una mujer elegante y una pequeña niña en medio de ambos al centro de la gran mesa. No fue difícil comprender que se trataba de Vanika de pequeña, más que nada porque su cabello, castaño y corto hasta los hombros seguía igual que la primera vez que la vio junto con su vestido rojo. Era la misma gourmet solo que en tamaño pequeño. Rio por ese comentario. La niebla cubrió el piso y nuevamente se encontraba en la colina que compartía con Sateriajis. Meikai estaba pegada de espaldas al árbol de la vez pasada.

-Las cosas han estado fáciles para ti, ¿no es así, pequeña? –Dijo Meikai dirigiendo la mirada, tapada por una máscara, hacia ella.

-Pues a mi no me lo parece, tú me metiste en un lío al momento de conocer a Vanika. –Reclamó Liane.

-Bueno, me he portado demasiado buena contigo. Lo hice para que tuvieras el tesoro más al alcance de tu mano, pero si quieres que deje de ayudarte, por mi bien.

-No es eso, es solo que… cuando tomé la espada y la copa yo… me sentí rara, muy enojada, irritada. –Con cada palabra, Meikai se sentía más interesada en ella. -¿Es normal sentir eso?

-Completamente, más si se trata de ti. –Sonrió y se descubrió la capucha de su capa, mostrando completamente su cabellera verde. Antes de que Liane preguntara algo, Meikai se adelantó: -Con respecto a tu búsqueda, el tercer tesoro está dividido en cuatro, se encuentra esparcido en toda la región de Lucifenia, pero dos partes están dentro del castillo real.

-¿Quieres decir, en los aposentos del rey y la reina?

-La princesa mejor dicho, recuerda que los reyes están muertos. Una última cosa, si quieres evitar problemas, te recomiendo que cuides esa copa con extrema precaución, no quiero ver que eso caiga en manos equivocadas, de todos los tesoros, ese es el más peligroso.

Liane no pudo decir nada, de un momento a otro despertó encontrándose con el sol, quien la golpeaba con sus rayos en su entera faz. Viró a un lado y no vio a Teto por ninguna parte, así que fue a la sala para encontrarse con Kinky limpiándose los lentes.

-Tu amiga y los otros sujetos se fueron temprano, les dije donde vivía el sastre. –Dijo el muchacho sin dirigirle la mirada. –Ah, por cierto, buenos días.

La muchacha sonrió y fue a sentarse a su lado, conversaron en tanto la capitana regresaba con el vestido. Era seguro que conseguirían el vestido de una u otra forma. De eso a lo otro transcurrió una hora, para la cual Sari estaba despierta jugando con la pequeña Juna y una pelota. Cuando la capitana volvió, les presumió a todos el bello vestido rojo que portaba ahora.

-A que me veo genial. –Dijo picarona y Liane rió, no esperando ver a Teto hacer esa mueca de diversión. Bueno, olvidaba que Teto también era una mujer después de todo, con vanidad incluida.

-Te ves encantadora, pero creo que hay un problema.

-¿Cual?

-No tenemos a alguien que se parezca en lo más mínimo a Vanika. –Teto frunció el ceño.

-Puedo hacerme pasar por cualquiera, ¿cómo crees que llegué a ser capitana? –Bufó altiva.

Y tenía razón la muchacha de cabello rojo, solo bastó con recortarse su melena hasta la altura de los hombros, robar una carrosa y no dejar que vieran su rostro; la voz de la gourmet la imitó a la perfección y lo que se dejaba ver a través de una de las cortinas del carro daban la ilusión a los guardias de que efectivamente se trataba de Vanika Conchita. Kinky y sus hermanas los acompañaron.

Llegaron a Asmodean después de pasado un tiempo. Al ingresar a la ciudad capital de la región, Gast ya los esperaba en la plaza junto con sus demás capitanes. La Compañía simulaba más un ejército que una banda de ladrones como originalmente era.

Mientras estaban viajando en carreta no recibieron mas palomas mensajeras, por lo cual ambas muchachas estaban algo confundidas por tan repentina reunión, ahora dentro de la alcaldía de la región.

-Este es un gran anuncio, por eso quiero que ustedes sean los primeros en saberlo.

-¿Qué ocurre?

-La princesa Rilliane me ha concedido una audiencia, así que podemos hacer esto por las buenas o por las malas. Esta vez siento la liberación de Asmodean en la palma de mis manos.

Todos aplaudieron por la noticia.

-Bueno, este es el plan: Veré si puedo hacer que la princesa me conceda pacíficamente un tratado donde acepte la independencia de nuestra región o en caso contrario, Cetera y Venom comandarán un pequeño escuadrón para tomar a la princesa y obligarla a firmar. –Dijo refiriéndose claramente a Liane y Teto, éstas solo bajaron la cabeza.

Liane trataba de ahogar las ganas que tenía de apuñalar a Gast con su espada, pero no podía, ya acariciaba la empuñadura con una de sus manos. Entonces cayó en cuenta que así no era ella, pues nunca le deseó la muerte a nadie y tampoco quería comenzar en ese momento, por lo que reuniendo toda su fuerza de voluntad alejó su mano del arma. En todo caso, aunque quisiera matarlo, no podría, Teto y los demás que estaban reunidos se lo impedirían, además, no tenía ninguna clase de entrenamiento en combate. Ya después le pediría a Teto unas clases rápidas de defensa, ahora tenía que prestar atención a las órdenes de Gast.

-Partiremos en tres días, mañana haré el anuncio al resto de la población, así que descansen y prepárense. Es todo por hoy. –Y despachó a la gente reunida.

Lily aprovechó la cercanía de la alcaldía a la cantina donde trabajaba para saludar a sus compañeras y su antigua jefa, todas la recibieron con cariño; después fue a visitar la tumba donde estaba enterrada Castiel, supo donde encontrarla porque Leslie se lo había dicho, de paso también visitó a Sateriajis y le contó todo lo que había vivido, para ella, él nunca se marchó al otro mundo.

Nunca hallaron el cuerpo del muchacho, pero para no olvidarlo, Leslie le hizo una tumba sin cavar.

Regresó mas tarde a su casa y se tendió en la cama. Colocó ambos tesoros sobre un pequeño tocador de madera. Estaba cansada por el viaje y necesitaba dormir, afortunadamente, Meikai no la visitó, aunque quería preguntarle una cosa.

-Lucifenia, ¿eh? –Dijo y quedó rendida al sueño.

-.-.-.-.-FIN DEL CAPÍTULO SIETE-.-.-.-.-

Ok, Liane tiene que ir al país amarillo, y todos saben lo que eso significa. Nuevamente les agradesco sus visitas y comentarios.