Maestros Tormenta

Fandomme

Disclaimer: ALLA es propiedad de VIACOM, Nickelodeon, Mike, Bryan y Night. No sacó beneficios de esta historia.

Notas: Este capitulo iba a venir en un rato más, mayormente porque deducir lo que quería hacer era tan difícil. Pero entonces lo pensé más, y creo que tengo una mejor idea de a dónde están yendo las cosas. Mantengan los dedos cruzados por mí.

Gracias: A Arch-nsha por arte nuevo, ¡y a todos ustedes por sus reviews! ¡Lamento hacerlos esperar!


Nada es demasiado grande para la osadía de los mortales: atormentamos el cielo mismo en nuestra locura. – Horacio.


En el sueño de Katara, Gran-Gran estaba parada ahí vigilando. Y Katara miró alrededor de la carpa pero solo vio blanco, se preguntó por que la ventisca se sentía tan cálida y suave y para nada letal, por qué le dolían los huesos y su cabeza y por qué su cuerpo no tiritaba.

-¿Gran-Gran…?

, decía Gran-Gran. Pero entonces Gran-Gran parecía dividirse y ahora había dos de ella y una abría la floja boca de Katara y la otra le puso algo suave dentro. Come esto. Te sentirás mejor.

-Es justo ese tiempo –intentó decir. Su lengua se deslizó sobre la miel y la masa y algo amargo que tenía dentro. Sus ojos se cerraron lentamente.

Sí. Te alcanzó, ¿no?

Katara asintió con la cabeza.

-Pensé que no iba a venir, pero… -se le cerraron los ojos.

Eres joven. Ahora duerme.

Hace mucho tiempo, en la aldea de Jang Hui, vivía una mujer de insuperable gracia y amabilidad conocida por su habilidad como sanadora -- ¿Estás despertando?

Katara parpadeó para abrir sus pegajosos ojos. Su boca tenía un regusto dulce. No tenía ni idea por qué. Reconoció –estaba en todos lados, desde su cabeza hasta sus rodillas- el dolor. Zuko tenía un pergamino sobre su regazo. Reconoció el retrato de una mujer sobre su rodilla izquierda.

-Esa es la Dama Pintada.

-Así es –concedió Li o Lo. Se arrastró al otro lado de la cama. Su hermana apareció del otro lado.

-Zuko ha estado redescubriendo la tradición popular de la Nación del Fuego.

Una parte muy lejana y casi nublada de la mente de Katara notó que habían sacado la palabra "príncipe" de su nombre. Asintió. Le dolía la garganta.

-Tengo…

-¿...sed? –preguntó Li o Lo. Una de las ancianas sirvió una taza de té rosado y se la entregó a Katara.

-Bebe tu té –instó una de las gemelas.

-Repondrá la sangre en tu cuerpo –aseveró la otra.

Katara frunció el ceño.

-La sangre… -un dolor resonante punzó en su espalda. El calor cubrió su rostro. Había perdido el control de la sangre control que mantenía su ciclo acorralado. Y se había quedado dormida. Y esas mujeres – mujeres de la Nación del Fuego, las maestras de Azula, el enemigo – habían estado cuidándola. La sangre latió en su rostro-. Oh –rápidamente escondió la cara en la taza. La infusión era amarga y picante a la primera, los sabores se suavizaron solo por la adición de lo que supuso era miel y jugo de yuzu.

-Descansa ahora –sugirió una de las ancianas.

-La Princesa Azula tiene un trabajo para ti –indicó la otra.

-Y la has tenido esperando ya por dos días –continuó la primera. Juntas, las dos ancianas arrastraron los pies hasta una mesa cerca de la puerta donde se encontraba un juego de Pai Sho abandonado. Le hicieron una seña a un guardia que vigilaba a la puerta. La mujer se adelantó, se inclinó, escuchó una orden, y abrió la puerta para decir algo.

-Esto es realmente raro –murmuró Katara, satisfecha de que las ancianas no la pudieran escuchar-. ¿Por qué no nos están lastimando?

-Estamos siendo usados –suspiró Zuko y se reclinó en su silla.

-Bueno, estoy cansada de ser usada.

Zuko la miró con el ceño fruncido. Se giró parcialmente y bajó la voz.

-Tenemos que seguir con esto por ahora –susurró-. Al menos hasta que te mejores.

-¡He estado descansando por dos días enteros! ¡Estoy bien!

-No estás bien. Te conozco. Así que deja de actuar como que todo está bien cuando no lo está –antes de que pudiera protestar, él había apretado los puños sobre sus rodillas y se había inclinado hacia delante-. Pensé que realmente te había lastimado, esa vez. Pensé que estabas acabada.

Se apartó y miró fijamente su té.

-Intenté hacer mucho, ¿de acuerdo? No es mi culpa que me mataran de hambre y me mantuvieran encerrada. Y curarte se llevó un montón de mí. Y para rematar ese extravagante control…

-¿Qué extravagante control?

Katara frunció los labios. Miró a Li y a Lo. Las dos mujeres miraban atentamente su tabla de Pai Sho – Katara supuso que estaban planeando su próximo movimiento. Suspiró y bajó la voz aún más.

-Tengo que aprender a controlar mi sangre-control. Así que decidí practicar conmigo misma.

El ojo sano de Zuko se agrandó peligrosamente.

-¿Tú qué? –El pergamino cayó de su regazo-. ¿Estás loca? Eso es…

-¿Sucede algo, Zuko? –inquirió una de las ancianas, elevando su voz una octava al otro lado de la habitación.

-No –respondió Katara vivamente-. Es solo que me gustaría usar el baño, por favor.

Li o Lo señaló a la guardia. La otra mujer se adelantó, pasó junto a Katara y tardíamente ésta se miró. Incluso le habían cambiado la ropa, que humillante – ahora estaba usando una especie de fino vestido cruzado. Y su collar había desaparecido.

-Yo…

-Está bien. Yo lo tengo –Zuko metió la mano en el bolsillo y sacó el collar-. Pensé… pensé que alguien podía tomarlo.

-¿Entonces tú lo tomaste primero?

-No lo robé; solo lo estaba cuidando –Zuko cerró la boca de improviso. Suspiró-. Solo póntelo –extendió el pendiente-. Lo tomé cuando te caíste. Te atrapé y estaba justo ahí, así que… -se encogió de hombros.

Katara cabeceó y agarró el pendiente.

-Gracias, supongo –se hizo el cabello a un lado – tenía tanto ahora – e intentó prenderse el collar. Sus dedos no querían funcionar. Sopló su flequillo.

-¿Necesitas ayuda?

-No, yo solo –Ahí está –dejó caer su cabello y se volvió. El guardia estaba parado junto al arco que llevaba al baño. Señaló con el pulgar hacia atrás. Katara suspiró y miró a Zuko-. Dísculpa.

-Oh, claro –retrocedió. Ella deslizó sus pies fuera de la cama y tocó el piso con cuidado. Se irguió sobre sus pies y sintió más que vio la presencia de Zuko a su codo.

-No voy a caer –repuso-. Estoy bien.

-Te han estado sedando –musitó-. Ten cuidado.

Ella asintió, avanzó un paso, luego otro. Su cabeza se sentía muy vacía, de repente. ¿De verdad no había comido en dos días? Quería bañarse y dormir. Respirando hondo y parpadeando con fuerza, puso un pie delante del otro y llegó hasta el guardia.

-Nada de agua control –advirtió el guardia.

-No creo que eso vaya a ser un problema –replicó Katara, y apenas llego al retrete antes de devolver lo que quedaba en su estómago de ese repugnante té. Se movió lentamente del inodoro a la pileta, deteniéndose para enjuagarse la boca, luego encontró sostenes nuevos al lado de un surtido de extrañas esponjitas esféricas.

-Son para… tú sabes –explicó la guardia. La cara de Katara debió de haber registrado su horror porque la guardia añadió-: Todo mundo las usan. Son esponjas de mar. Solían estar vivas.

-Eso es asqueroso.

-No tan asqueroso como envolver un puñado de trapos sucios alrededor de ti –rebatió la guardia.

Era en momentos como aquel que Katara realmente extrañaba tener una mamá. Apretando los dientes, agarró una esponja y fue tras un panel. Cuando salió, mantuvo su mentón levantado y no hizo contacto visual con la guardia. Y se alegraba de su postura, porque sus hombros estaban hacia atrás cuando vio a Azula.

-Oh, hola –saludó Azula. Estaba de pie con sus manos enlazadas a la espalda-. Li y Lo me informaron que habías despertado. Eso es bueno. Tienes trabajo que hacer.

-Ella no está bien –saltó Zuko.

-Esta parte del plan no implica un montón de trabajo arduo exactamente –replicó Azula, poniendo los ojos en blanco. Señaló la cama con la cabeza-. vamos. Siéntate. Me siento generosa.

Katara la rodeó y se metió bajo las mantas.

-¿Qué quieres?

Azula sonrió.

-Quiero que le escribas una carta a tu amigo el Avatar y le digas que lo lamentas, que estabas equivocada y quieres volver a casa.

-Yo no hice nada. Él no me despachó. Me fui sola.

-Oh, creo que te fuiste sola –aseguró Azula, recorriendo el largo de la cama-. Incluso creo que eras una distracción para su plan mayor. Pero no creo que nos hayas dicho todo –dejó de andar y entornó los ojos-. Estás aquí por otra razón.

Katara quedó helada. ¡Sabe! ¡Lo descubrió!

-Estamos intentando encontrar a Mamá –insistió Zuko, antes de que ella pudiera hablar.

-Y yo quería ayudar –completó Katara-. Yo perdí a mi propia madre. Sé como se siente…

-Oh, ahórratelo –le interrumpió Azula-. ¿Dejaste al Avatar? ¿Cuándo más te necesitaba? –Arqueó una ceja mirando a Zuko-. ¿Honestamente te levantaste una mañana y decidiste que una espontánea reunión familiar era más importante que tu recientemente descubierto odio hacia tu propio país?

Los dedos de Zuko se cerraron en puños.

-No odio a este país.

-No, solo odias todo lo que representa – todo lo que esta familia ha trabajado por generaciones para construir y mantener –Azula giró sobre sus talones-. Solo estás cavando el hoyo más profundo al mentir, Zuko. No creas ni por un segundo que no sé la verdadera razón por la que están aquí. Como siempre, tiraste todo en el momento en que las cosas se pusieron bravas –se giró de vuelta hacia ellos y elevó su voz-. ¡Oh, por favor no la lastimen! ¡Es a mí a quién quieren! –se rió-. Y esa lastimosa pelea que montaron en la cena -- ¿Honestamente creían que no vería más allá?

El débil agarre de Katara sobre su genio empezaba a ceder.

-¿Por qué no dejas todo esta sarta de indirectas y lo dices? ¿Por qué crees que estamos aquí?

-Oh, es fácil –respondió Azula-. Porque rompiste el corazón del Avatar.

Por solo el lapso de una respiración, el corazón de Katara se volvió un montoncito de hielo en su interior. Incluso las princesas locas con delirios de grandeza pueden acertar, a veces.

-Los dos no estaban buscando a nuestra madre –continuó Azula-. Estaban demasiado ocupados emplumando su nidito de amor en el Distrito de la Ostra.

A Katara se le desencajó la mandíbula.

-¿Nidito de amor? –Parpadeó. Muy bien, retiro lo dicho. No es tan inteligente.

-Los Dai Li examinaron cada detalle del Perico-Gorrión Azul –contestó Azula-. Y estuve muy interesada al saber sobre su apartamento mono ambiente.

Zuko se paró de improviso volcando su silla. Tenía los puños levantados. En su punto ciego, Li y Lo movieron sus brazos. Katara vio los inicios de las llamas.

-Tú...

-¡No! –Katara se echó hacia delante y lo agarró incómodamente. Medio tropezó fuera de la cama-. ¡Está bien! –se encontró haciéndole los brazos hacia atrás. Katara se asomó por detrás de él e intentó dedicarle a Azula una sonrisa avergonzada. ¿Qué dijo Iroh de dejar a Azula engañarse sola? -. Nos atrapaste.

Zuko se giró.

-¿Qué?

-Lo descubrió, Zuko –dijo Katara, mirándolo fijamente a los ojos-. Sabe que nos fugamos –tragó-. ¿Ya sabes, para no seguir hiriendo los sentimientos de Aang?

El parpadeó. Avergonzado se sonrojó desde el cuello hasta el nacimiento del pelo.

-Oh. Sí. Cierto.

Katara enfrentó a Azula.

-Y queríamos encontrar a tu mamá, para que pudiéramos, eh…

-Obtener su bendición –completó Zuko. Se giró hacia Azula. Katara estaba apenas consciente de su brazo repentinamente sobre sus hombros, acercándola a él-. Quería que mamá la conociera. Eso es todo. Nada más.

-Pensamos que podíamos encontrarla si empezábamos a preguntar por la capital –siguió Katara. Estaba agarrada de la parte trasera de la camisa de Zuko. Tenía la sensación de que se caería al suelo, de otra forma. ¿De dónde estaban saliendo todas esas mentiras? Seguían brotando como hongos-. Y sí necesitábamos dinero...

-¿Qué, robar ya no era suficiente para ti? –cortó Azula

-Katara dijo que estaba mal –contestó Zuko-. Ella ha sido… tan buena conmigo.

-Soy una reformadora –admitió Katara.

-Una reformadora que voló un depósito de municiones –acotó Azula.

-Ella me estaba mimando –confesó Zuko.

-Bueno, tú me compraste la cena –concedió Katara, lo más dulcemente que pudo-. Era simplemente justo.

Zuko la abrazó.

-¿No es la mejor?

Azula pareció a la vez asqueada y triunfante.

-Bueno. Es agradable saber que mis poderes de deducción no me han fallado. Ahora, si pueden arreglárselas para despegarse, pónganse a trabajar en la carta para el Avatar. Y tengan en mente que están siendo vigilados.

-Ni siquiera sabemos donde están los otros –recordó Katara-. ¿Cómo sabremos a donde enviar la carta?

-Será destinada a cada salón de Pai Sho y casa de té de mala muerte de aquí hasta la Bahía Camaleón –garantizó Azula-. Estoy seguro que Tío la encontrará con tiempo suficiente.

-Bueno, mejor nos ponemos a trabajar –exclamó Zuko. Se movió y de repente Katara estaba en el aire y mirando a Azula desde encima del hombro de Zuko-. Y tú deberías almorzar algo… Dulzura.

Katara resistió el impulso de intentar patearlo.

-Oh, Chispitas –dijo con efusividad. Se pegó la sonrisa más grande y falsa que tenía y lo estrechó tan fuertemente que dolió-. Siempre pensando en mí.

-No puedo evitarlo –alegó Zuko.

-Yo no puedo evitar preguntarme que pensará Mai –se metió Azula. Katara observó como se desplegaba una sonrisa en el rostro de Azula-. Tendré que decirle que has seguido adelante.

El agarre de Zuko en Katara se tensó. Se detuvo.

-Por favor hazlo –pidió con la voz ronca-. Tengo una carta que escribir.


El almuerzo interrumpió la escritura de su carta, sin embargo. Ni bien Zuko la había dejado delicadamente de vuelta sobre los cobertores más gente empezó a llegar, llevando bandejas. Zuko hizo un gran espectáculo arropándola y mullendo las almohadas –era bueno quedándose en el personaje—antes de finalmente permitirle comer. Katara descubrió su plato esperando encontrar otro formal horror gastronómico, y quedó gratamente sorprendida de encontrar un estofado en el que flotaban gruesas tajadas de algas marinas y diminutas bolas de masas guisadas perfectas. Junto a su tazón había otro de arroz, y un platito con un único bollo con la forma de un durazno-luna en él.

-Come eso último –indicó Zuko.

-Sé que debo comerlo a lo último, es postr…

-Es medicina –interrumpió Zuko-. Es lo que te han estado dando de comer para mantenerte dormida. Solo pon algo en tu estómago primero.

Katara miró fijamente al aparentemente inocente bollo. Con cuidado lo empujó a un rincón de su bandeja y empezó a coger sus bolas guisadas.

-Gracias.

-Está bien –masticó y tragó. Miró fijamente su tazón-. Tenemos que dejar de pelear.

Katara asintió. Miró hacia Li y Lo. Las dos mujeres estaban sorbiendo su sopa más allá.

-Tienes razón –asintió quedamente-. No sería muy creíble…

-No, lo digo en serio –su voz salió tensa y lacónica-. Nos ponemos estúpidos cuando peleamos, y tiene que parar –levantó su mirada-. No quiero lastimarte.

-No lo…

-Ni siquiera quiero preocuparme de que quizás te lastimé. De nuevo. Así que tenemos que comenzar a… no lo sé, a hacer algo que no sea pelear.

Katara masticó un trozo de alga.

-Bueno, siempre tenemos la posibilidad de encontrar la manera de liberar a Longshot y a Smellerbee…

Los palillos de Zuko repiquetearon dentro de su tazón.

-No puedes estar diciéndolo en serio.

Se inclinó hacia él pero mantuvo su voz baja.

-¡Puede que encontremos al Mecánico! ¡Y es culpa nuestra que estén en prisión! –Estaba a punto de recordarle bastante enérgicamente que ellos tenían una misión que terminar, cuando vio la manera que su mano se cerraba alrededor del tazón y respiraba hondo-. De acuerdo. Si no quieres pelear, no lo haremos. Pero eso no cambia el hecho de que tenemos trabajo que hacer.

-Eso es cierto –concedió Zuko, dejando su tazón a un lado y parándose. Sacó los materiales de escritura de la otra cama donde un guardia los había dejado-. Tenemos una carta que escribir.

-Zuko…

-Muévete.

-¿Perdón?

Él colocó el papel, el tintero y el pincel en la cama, luego recogió su bandeja y la puso a la derecha de ella. Frunciendo el ceño, ella la siguió – y en seguida lo miró con los ojos desorbitados cuando Zuko se sentó en al otro lado de la cama y repentinamente jaló el mosquitero cerrándolo alrededor de ellos. Ahora estaban sentados, rodeados por un delgado velo mosquitero, y la cama se sentía, mucho, mucho más pequeña.

-¿Qué crees qué estás haciendo?

-Escribiendo una carta –levantó su propia bandeja, dejando cuidadosamente sus tazones en el piso, y colocando la bandeja con el papel y los materiales de escritura sobre su regazo. Alisó el papel. Levantó el pincel y dio golpecitos en sus dientes con él-. Mmm…

-Zuko, salte de la cama ahora mismo…

-Dulzura –cortó él, parpadeando sus burlescos ojos como platos-, me lastimas.

Se encontró inclinándose más cerca.

-Te lastimaré si no haces lo que digo…

-No –interrumpió Zuko. La boca de él se acercó a su oreja. Ella intentó moverse pero el brazo de él había aparecido alrededor de sus hombros-. Fuiste tú la que le dijo a Azula esa estúpida mentira y fuiste tú la que trajo la cólera de Mai sobre nuestras cabeza –su aliento le hacía cosquillas-. Así que te vas a recuperas, y vas a ayudarme a escribir esta carta, y vamos a salir de aquí antes de que toda esta cosa nos explote en la cara.

Era el collar por todas partes de nuevo. Katara se sintió tentada a tirarle la sopa en la falda y congelarlo ahí. Pero en vez de eso, murmuró:

-¿Eras así con tu novia de verdad?

-No –respondió Zuko, y relajó su agarre-. Las cosas eran… diferentes.

-Bueno, será mejor que seas el doble de lindo conmigo de lo que eras con ella –convino Katara-. ¿Entendido?

-Entendido.

-En serio. De verdad. Yo digo té y tú dices, ¿qué tan caliente?

Él le dedicó una mirada bastante malintencionada.

-Ahora sé porque todos los hombres de tu aldea se fueron –una de las comisuras de sus labios se curvó hacia arriba-. ¿O es solo la luna nueva hablando?

Su rostro se incendió. Katara se dejó caer sobre su costado derecho y le dio la cara a la pared. La sopa chapoteó fuera de su tazón y fue a parar a la bandeja, pero ni se molestó en volverla al lugar.

-Voy a tomar una siesta.

-Hazlo –accedió Zuko-. Que descanses bien. Cariño.

-... te odio.

Por alguna razón, Zuko suspiró.

-Bueno, yo no te odio. Y desearía que no me odiaras también.


Katara sí durmió. Estaba cansada, y todavía le dolía el cuerpo, y el sonido del pincel húmedo sobre el pergamino era extrañamente relajante. Estaba a punto de preguntarle que estaba escribiendo – sin duda la había firmado "Zuko y Katara", no "Katara y Zuko", como debía de haber hecho – cuando se le cerraron los ojos. Al abrirlos de nuevo la luz había cambiado y las cosas de la sopa ya no estaban y la voz de Zuko era incluso más tensa y dolida que antes, y ya no estaba en la cama.

-Mai, por favor, no quise lastimarte…

-Bueno, lo hiciste. Me dejaste una nota. Una nota, Zuko. Ni siquiera pudiste decírmelo a la cara.

-No sabía cómo…

-Oh, ¿pero tuviste el coraje de enfrentar a tu papá? ¿Después de lo que te hizo?

-¡Eso es diferente! –Zuko se sentó. Su peso hizo una hondonada en el colchón. Katara escuchó un suspiro profundo-. Tenía que enfrentarlo. Lo que le está haciendo a este país está mal. El Avatar es la esperanza más grande que tiene este mundo. Y el destino de Aang está atado al mío – siempre lo ha estado.

-Que gracioso –replicó ella con brusquedad-. Primero me traicionaste a mí, después a tu país, y ahora has traicionado al Avatar. ¿Qué sucede contigo, Zuko?

-No es traición –contradijo Zuko-. No sé como hacer para que lo veas, pero…

-Solo espera que ella vea lo que realmente eres, algún día –interrumpió Mai-. Vas a abandonarla justo como me abandonaste a mí, a la Nación del Fuego, y al Avatar.

Katara oyó pasos y azotarse una puerta. Mantuvo los ojos cerrados con fuerzo. Zuko se merecía su privacidad. Quizás estaría bien, si seguía pretendiendo dormir. Pero naturalmente, porque estaba tratando muy vehemente quedarse quieta y relajada, y porque algo de la suerte de Sokka debía de habérsele pegado, inhaló un diminuta pluma que se salió de un agujero en su almohada, y estornudó. Ruidosamente. Se congeló. Lentamente abrió los ojos, apenas, exageró un bostezo y se dio la vuelta.

-Cielos, cómo odio eso –exclamó-. ¿Cuando te despiertas con un estornudo, sabes? Es tan molesto.

La palma de Zuko hizo contacto con su cara.

-Escuchaste todo eso.

-¿Escuché todo eso qué? He estado durmiendo todo este…

-Oh, tranquila. Tienes suerte de que no te haya clavado a la cama –Zuko justo entonces se sonrojó-. Quiero decir, que no lo hizo, ya sabes, lo de dispararte senbon.

-Entendí lo que quisiste decir la primera vez. Y esa chica no podría pelear conmigo si lo intentara. Puedo con ella sin agua control.

Zuko pareció bizarramente deleitado por esa idea.

-¿Oh?

-Vamos, Zuko. Puede que sea buena arrojando cosas, pero ella no creció con Sokka.

Zuko sonrió un tanto soñando.

-Supongo que podrías, ya sabes, tirarle el cabello…

-¿Cuántos años crees que tengo? ¿Cuatro? Le daría un buen puñetazo en su estúpida cara de la Nación del Fuego –ahora el turno de Katara de sonreír. Bajó su voz una octava-. Cuando todo esto termine, voy a golpearla tanto. A las dos, a ella y al fenómeno de circo. Necesitamos una revancha.

Zuko se giró.

-¿Peleaste con ellas?

-Oh sí. Un par de veces. ¡Incluso congelé a Ty Lee en algo de lodo!

-Eso suena… bastante sucio.

-No, no lo fue. Una vez Toph y yo nos peleamos en el barro y fue mucho peor. Estaba simplemente cubierta con él. Estaba en todo mi cabello y en todos lados, y…

-Echémosle un vistazo a la carta –cortó Zuko, sentándose y colocando la bandeja sobre su regazo. Sobre ella había una hoja salpicada de un escrito desordenado e indescifrable.

Katara entrecerró los ojos para mirar mejor.

-Guau. Tu letra es terrible.

-¡No tenía mucho espacio para escribir!

-Bueno, no es mi culpa que te auto invitaras a mi… -Katara se tapó la boca con una mano. Por lo que le pareció la centésima vez en el día, sintió la sangre latiendo en su rostro. Tomó aire-. No es mi culpa que colonizaras mi espacio.

-Bueno, soy de la Nación del Fuego. Colonizamos.

-Técnicamente no creo que seas siquiera parte de la Nación del Fuego –replicó Katara, alzando el mentón-. Sí te desterraron. Dos veces. Bueno, te fuiste. El punto es que tu ciudadanía probablemente este revocada. No que sea una gran pérdida.

-Sólo mira la carta...

Katara jadeó molesta y se inclinó hacia delante para mirar la carta. Zuko pareció congelarse. La página decía:

Querido Tío,

Espero que estés bien. Katara y yo estamos con Papá. Todo está bien, pero nos gustaría volver a casa. ¿Podrían pasar a buscarnos?

Sinceramente,

Zuko.

-Ay –exclamó Katara-. Es realmente tierna.

-No lo es.

-No, sí lo es. Y no funcionará para nada.

-¿No? ¿Por qué no? –Zuko se cruzó de brazos.

Katara miró de reojo a Li y a Lo. Las ancianas la estaban mirando fijamente y un momentáneo arrebato de temor corrió por su sangre. Forzó una sonrisa y se volvió hacia Zuko.

-Primero, ¿Cómo se supone que Iroh sepa que realmente es de tu parte? Tienes que agregar algo que solamente él sepa. De otra forma pensará que es una trampa, lo que probablemente es. Como si diciéndole donde estamos no le diera ya una idea. ¿Realmente crees que Azula te dejara salirte con la tuya con una carta como esta? –Zuko simplemente se le quedó mirando. Ella puso los ojos en blanco-. Dame, déjame intentarlo –agarró la bandeja y el pincel, tirando la carta de Zuko y comenzando una propia.

Querido Viejo y Cabeza Hueca,

Chispitas y yo estamos bien, pero los extrañamos de veras.

-Oh, ya veo –asintió Zuko. Se torció para verla mejor. Mantenía su voz baja-. Tienes que decirles dónde estamos.

-Mmm…

Por un tiempo, estuvimos intentando encontrar a la mamá de Chispitas. Trabajamos en una casa de té, esperando encontrar pistas. Luego…

-No, espera, cuéntales más –apremió Zuko. Se inclinó más cerca-. Esta es nuestra oportunidad de dejarles saber todo lo que ha pasado.

-Cierto –concedió Katara. Quizás podría usar esta carta para contarles sobre los demás – Sokka no dejaría los Luchadores por la Libertad pudrirse en prisión sin más, no cuando tenía que ver la cara de El Duque todo los día durante el desayuno.

Luego nos encontramos con unos viejos amigos del Lago Laogai. Queríamos que se quedasen, pero fueron encerrados en un trabajo nuevo.

-Tenemos que decirles sobre Azula, también…

-¡Estoy llegando a eso! –frunció los labios, luego sonrió de oreja a oreja. Toph estaría muy feliz de que sus sobrenombres para Azula y sus amiguitas fueran útiles.

Mi genio es tan elástico como puedo. Chispitas está aguijoneando como siempre. Me está volviendo loca.

Zuko arqueó su ceja sana.

-¿De que sirve eso?

-Mira de nuevo.

Él frunció el ceño.

-No te aguijoneó, y no te vuelvo loca, pero… ah. Ah –De repente, el brazo de él, estaba alrededor de sus hombres-. Eres un genio –le reconoció al oído.

-Una hace lo que puede.

El brazo de Zuko se quedó en su lugar.

-Ahora cuéntale sobre nosotros.

-¿Qué?

-Tienen que saberlo –insistió en su oreja-. Hemos dicho un montón de mentiras hasta ahora y tenemos que tenerlos actualizados con cada una de ellas.

El estómago de Katara se le heló ante la idea de que su papá y Sokka escucharan lo que le había dicho a Azula. Ni siquiera quería imaginar lo que Aang le diría. Súbitamente era muy consciente de lo que debían ver Li y Lo: un chico y una chica estrechamente juntos, susurrando y sonriendo. Tuvo el repentino impulso de gatear bajo las mantas.

-Eh…

Zuko manoteó el pincel y escribió;

Sin embargo, lo compensa comprándome la cena y cuidándome de otros chicos. Puede ser un poquito celoso, a veces.

-Apuesto a que eres del tipo celoso –aventuró Katara quedamente.

-No tienes ni idea.

Zuko siguió escribiendo.

Sé que nos fuimos para buscar a la madre de Chispitas, pero no la hemos encontrado todavía, y nos preocupa lo que Pies Ligeros pueda estar haciendo. Nunca quisimos lastimar sus sentimientos. ¿Podemos encontrarnos?

-Dales una fecha y hora exactas –mandó Katara-. ¿Quizás una semana a partir de ahora? Eso les da tiempo para recibir el mensaje –bajó la voz todavía más-. Y nos da tiempo para hacer lo nuestro.

-¿Una semana?No es tiempo suficiente.

-Entonces supongo que será mejor que empecemos esta noche. Has perdido un montón… de fuerza –su boca hizo una extraña línea y miró por encima del hombro de ella.

Esta vez, Katara decidió ignorar su rubor. Si no podía manejar un pequeño bochorno, entonces no podía esperar tener éxito en su misión. Además, si Zuko insistía en meterse en todo, entonces tendría que aguantar cada detalle desagradable que ella tuviera ganas de compartir.

-Ey, Zuko. Estoy bien –levantó un dedo-. Mejor esto que la alternativa.

-Claro… -su oreja sana se coloreó significativamente.

Alzó las cejas y las manos.

-¡No soy esa clase de chica! ¡Y salvar el mundo no deja exactamente un montón de tiempo para esa clase de cosas! ¡O para otra cosa, de hecho!

La vergüenza de Zuko se volvió desconfianza.

-Estás bromeando.

-Bueno, algunos de nosotros no tenemos grandes palacios donde podemos pasar todo el día con nuestras novias. Novios. Como sea –se cruzó de brazos.

-… Entonces, tú nunca has…

-No, ¿de acuerdo? ¿Podemos dejar de hablar de esto? –se abrazó las rodillas-. Esto es tan humillante –murmuró-. Mi primer novio ni siquiera es real.

Zuko de repente se volvió una cálida presencia a su lado.

-Yo solo creía, con la forma en que Haru te miraba…

-Haru no me mira.

Zuko se apretó el puente de la nariz.

-Bien. Perfecto. Si tú lo dices. Pero Jet...

-Jet estaba tratando de colarse en mi corazón chupándome las medias, para que lo dejara salirse con la suya con sus estúpidos planes de Luchador por la Libertad. Y casi funcionó. Fui tan tonta…

Sobre su hombro, los dedos de él casi se movieron nerviosamente.

-No puedes haber sido más tonta que yo.

-Bueno, eso es verdad.

-Intentaré ser bueno –prometió Zuko-. Siento tú, eh, ya sabes.

-Mi…

-Sí –se aclaró la garganta-. Daré lo mejor.

-Gracias –se miró los dedos de los pies-. Yo también –los contoneó-. Lamento haber hecho que Mai se enojara contigo.

Él pegó un cabezazo.

-Gracias.

-Puedo ver porque te gusta. Ella realmente es tu tipo.

-¿Tengo un tipo? -Zuko sonó ligeramente alarmado.

-Claro. Digo, ella es alta y sombría y talentosa, y tú eres alto y sombrío y talentoso. Solo que en cosas diferentes –sonrió Katara-. ¡Apuesto a que los dos tienen el mismo número de zapatos!

-… muy graciosa.

-¡Solo piénsalo! ¡Los dos podrían compartir todo un armario!

-¡Lo dice la chica que se robó mi capa!

-¡Tú robaste mi collar! ¡Dos veces!

La cara de Zuko chocó con su palma. Se echó hacia delante y escribió en la carta:

Estaremos en la casa de té llamada el Perico Gorrión Azul en una semana a partir de hoy, esperándolos.

-Con amor, Dulzura y Chispitas –puntualizó Katara.

-La carta es de tu parte. Solo tú deberías firmar.

-No, se supone que es de ambos. Hemos dicho "nosotros" todo el rato.

-Yo no termino mis cartas con, con amor

-Bueno, yo sí –Katara la arrebató el pincel y escribió velozmente el final. Dejó el pincel en el tintero. Le hizo una seña al guardia-. Eh, ¿hola? Terminamos –la guardia tomó la carta. Tras una corta conversación con Li y Lo, se fue. Katara suspiró-. Entonces. ¿Ahora qué?

Zuko parecía igual de perplejo. Miró alrededor de la habitación. Li y Lo estaban profundamente concentradas en su juego de Pai Sho.

-Eh… -su mirada cayó al piso.

Katara miró el pergamino que había caído rato antes.

-¿Querías aprender más sobre la Dama Pintada?

Como si recordara de súbito que se había caído, Zuko se agachó y lo recogió. Lo enrolló.

-Cierto.

-¿Puedo verlo?

-Eh, seguro –se lo entregó, luego se acomodó rígidamente contra las almohadas. Katara desenrolló el pergamino. Frunció el ceño-. Estas letras no tienen ningún sentido.

-Oh –dijo Zuko, parpadeando-. Es caligrafía clásica. Es en lo que todos los documentos de la Nación del Fuego están escritos. Antes de que las islas se unificaran, se escribían en formas diferentes. Entonces tuvieron que decidir una sola escritura. Simplemente eligieron el más formal. Yo tuve que aprenderlo.

-Pero los cárteles de se busca de la Nación del Fuego no se ven así.

-No. Solamente usamos este estilo para escrituras de fideicomiso y registros de matrimonio, o viejas historias oficiales.

-… ¿así que tu gente ni siquiera puede leer el pedazo de papel que dice que son dueños de su propia tierra?

La oreja sana de Zuko se enrojeció levemente.

-… supongo que no.

Katara lo miró frunciendo el ceño e hizo de su voz un susurro.

-Si alguna vez llegas a ser Señor del Fuego, será mejor que haya varios cambios por aquí –bufando, volvió de nuevo al pergamino. Podía entender una que otra palabra aquí y allá – alguna de ellas todavía eran comunes – pero el orden parecía estar todo mezclado-. ¿De veras tu gente hablaba así entonces?

-¡No lo sé!

Arrugó el entrecejo mirando de nuevo el pergamino.

-¿Cuál es esta palabra?

-Limosnas. Significa caridad

- lo que significa, Zuko –clavó el dedo en cualquier lado del pergamino-. ¿Qué hay de esta?

-Malhumorada –leyó.

Ella lo miró entornando los ojos.

-¿Es una broma?

El suspiró con los dientes cerrados.

-No –Katara volcó de nuevo su atención en el pergamino. La caligrafía era muy elegante –puras florituras que le hacían doler los ojos. Se encontró leyendo solo los dibujos: La Dama Pintada, luego una hermosa mujer que claramente era la Dama Pintada en su forma humana, una casa en el río, y un hombre con cara de pocos amigos.

-Puedo leerla para ti –ofreció Zuko-. Si tú quieres.

-¿Quieres leerme una historia?

Arrojó los brazos en el aire.

-Olvídalo.

-No soy una niñita, sabes. Puedo leerla sola.

-¡No cuando no sabes ese abecedario!

-Tengo los dibujos –repuso Katara con altivez-. Puedo inventar mi propia historia –desenrolló el pergamino un poco más-. Esa es la Dama Pintada, y ahí está en su casa, y ese es su esposo, y claramente no es tan caritativo como ella.

-¿Oh? ¿Cómo lo sabes?

-Tiene bigote. Eso nunca es bueno.

-Haru tiene bigote.

-Sabes lo que quiero decir –señaló-. Ahí está la Dama Pintada curando a la gente, y cuando llega a casa su esposo se enfurece porque ella está robándoles su propia comida y medicina para dársela a la otra gente.

-… Quizás solo está preocupado por que este afuera sola.

-Quizás es un tarado –Katara levantó la barbilla y se adelantó en la historia-. ¿Ves? ¡Intentó reportarla a su familia! Corrió a casa de su mami. Que maricón.

Zuko no dijo nada, se limitó a echarle un vistazo al pergamino.

-¿Y bien? ¿Vas a terminarla?

Katara desenvolvió más el escrito. Señaló el dibujo que mostraba un desacuerdo entre la Dama Pintada y su esposo. La Dama Pintada apuntaba hacia la puerta.

-Esa es ella mostrándole quién es el jefe –su dedo recorrió el pergamino seco y la vieja tinta-. ¡Y mira, todo el pueblo está yendo a ayudar! –Lo desenrolló casi hasta el final-. ¡Ahí está! Lo corrieron. Eso le enseñará –se cruzó de brazos-. ¿Y? ¿Lo hice bien?

Zuko empezó a enrollar el pergamino.

-Sí.

-¡Lo sabía! –Meneó los dedos de sus pies-. ¿Qué sigue?

-Mmm… hay uno sobre el primer Agni Kai.

-¿El primer qué, ahora?

-Es una clase de duelo –explicó Zuko-. Es como arreglamos nuestras diferencias, a veces.

Katara arqueó las cejas.

-¿Cómo la primera vez que vinimos aquí?

-Algo así. Pero con fuego control. Y ninguna otra arma. Y un gong.

-¿Hay un gong?

-Y brazaletes especiales.

-¿También usan maquillaje?

-¡No! ¡N siquiera usamos camisetas!

-Oh, ¿así que has estado en uno?

Él parpadeó.

-Dos –asintió-. He estado en dos –se inclinó sobre una pila de rollos de pergamino que se encontraban en una pequeña mesa entre la silla y la cama y sacó uno. Empezó a desenrollarlo. Era difícil con una sola mano; Katara ayudó a tenerlo tirante. Los dibujos mostraban hombres en un claro escabroso rodeado de vegetación. El fuego ardía en sus pies y manos. Sus ropas eran un poco extrañas, solo pantalones y nada de zapatos. Y en una esquina, escondida tras un árbol, había una mujer vigilándolas.

-¿Quién es esa?

-Esa es, eh, la chica por la que están peleando.

-Oh, la trama se pone interesante.

Zuko sonrió.

-Hay un montón de versiones sobre la leyenda –aseguró-. Cada isla dice que ellos comenzaron la tradición. Para la mayoría de ellos dicen que empezó con un triángulo amoroso.

Katara se inclinó sobre él.

-Veamos que tan realmente especial era esta chica –empezó a estirar el pergamino.

-Deberíamos comenzar por el principio –sugirió Zuko. Sonaba incómodo. Katara se preguntó si su cabello le hacía picar – cubría casi todo el rostro de él.

Se apartó.

-De acuerdo. Perdón. Léela tú.

Zuko estiró el pergamino sobre el regazo de ambos. Se aclaró la garganta.

-Hace mucho tiempo, antes de que las islas se volvieran una nación, dos hombres de la gran isla se enamoraron de la misma mujer. Sus nombres eran Agni y Kai, y la mujer de la que se enamoraron se llamaba Kuma.

Katara conocía ese nombre de algún lado. Aunque, por el momento, no recordaba donde, y Zuko seguía hablando.

-Kuma era amable, bella y fuerte. Era útil a toda su familia, y una poderosa maestra control. Sin importar lo que Agni y Kai hicieran para impresionarla, ella podía hacerlo dos veces mejor. Esta era la razón de su amor por ella, pero también de su frustración. Intentaron e intentaron hallar una manera para que ella los notara sobre los demás. Escalaron volcanes. Buscaron perlas. Pescaron imponentes tiburones-leopardo e incluso desafiaron dragones. Pero Kuma no era fácilmente influenciable, y les dijo a Agni y Kai que a pesar de sus hazañas de destreza, los prefería a ambos por igual.

"No necesito ninguna piel de tiburón leopardo ni escamas de dragón ni perlas –les dijo-. ¿Por qué mi esposo debe de escalar un volcán para gritar su amor por mí, cuando simplemente podría decírmelo?"

-Oh, ya entiendo –interrumpió Katara-. Ella simplemente quería alguien que se quedara en casa y ayudara.

-Supongo –respondió Zuko-. Quizás ambos eran buenas opciones.

-Sí tú lo dices –cedió Katara-. ¿Qué pasó después?

Zuko carraspeó y siguió leyendo.

-Desesperados, Agni y Kai fueron a ver al Anciano que vivía en las afueras de la aldea, y le pidieron ayuda. "¿Cómo podemos probar que valemos?", le preguntaron. El Anciano respondió: "No pueden. Uno de ustedes debe dejar la isla y buscar fortuna, mientras el otro se queda para reclamar a la chica"

Katara casi se ahogó.

-¿Esa es la voz de tu Tío?

-… Quizás –Zuko pareció encogerse dentro de su cuello-. Sé que no soy bueno con las imitaciones…

-Eres terrible. Pero eso es lo que lo hace gracioso.

Poniendo los ojos en blanco, Zuko siguió leyendo.

-Pero ni Agni ni Kai se irían. "¿Por qué debemos abandonar nuestro hogar? –Demandaron-. Ambos nacimos aquí. Ambos moriremos aquí"

" 'Así será' –dijo el anciano, pero ellos no entendieron lo que quiso decir. Entonces el Anciano los echó de la casa, diciéndoles que era tarde. Agni y Kai emprendieron el camino de regreso, rezongando todo el trayecto.

'Es tu culpa –se reprochaban el uno al otro-. Eres demasiado egoísta para admitir que soy el mejor candidato, y que tú deberías dejar la isla'

"Sus voces subían y subían de tono. Kai empujó a Agni fuera del camino. Agni cayó sentado y le lanzó fuego a Kai. Empezaron a pelear. En habilidad, así como en el amor hacia la muchacha, estaban igualmente empatados. Su furia los hacía más fuertes. El humo se elevaba del bosque donde luchaban. Al ver el humo, Kuma recogió agua y corrió hasta el bosque. Allí encontró a sus dos pretendientes trabados en combate. Sus manos brillaban con el fuego y se agarraron entre sí por los brazos. Mientras los observaba, vio el fuego volver negra su carne en anillos gruesos. Finalmente, aullando de dolor, se soltaron. Al unísono, se lanzaron fuego entre sí. Tan inmersos estaban en su batalla que no vieron a Kuma corriendo hasta ellos para detenerlos. La chica quedó atrapó ambas ráfagas de fuego, y cayó

" '¿Qué hemos hecho?' –le preguntó Kai a Agni-.

" 'Hemos destruido lo que era más preciado para nosotros.' –le respondió Agni.

"Agni y Kai lloraron a su amada Kuma. Gimieron y desgarraron su cabello y se pintaron el rostro con las cenizas de su propio fuego control. Y los espíritus – que eran más misericordiosos de lo que son ahora – enviaron al Gran Dragón Rojo, que anunció con su poderosa voz:

'COMPARTIMOS NUESTRO FUEGOS CON USTEDES, HUMANOS PARA QUE PUEDAN CALENTARSE, NO PARA DESTRUIR LOS MEJOR ENTRE USTEDES. AHORA CUANDO PELEEN CON FUEGO CONTRA SUS COMPAÑEROS HUMANOS, DEBERÁN USAR LA MARCA DE SU VERGÜENZA Y LOCURA.

"Agni y Kai estaban aterrorizados, y presionaron sus caras contra la tierra en reverencia y vergüenza. Y el Gran Dragón Rojo del Cielo Este, que le había dado a las primeras personas el aliento de vida y la llama, sopló su fuego sanador sobre el cuerpo de Kuma. Su cuerpo arruinado se estiró y brilló con vida nueva. Se volvió azul

'AHORA ERES EL GRAN DRAGÓN AZUL DEL CIELO NORTE –exclamó-. TU SACRIFICIO FUE LOABLE – AHORA TE UNIRÁS A LOS ESPÍRITUS Y VOLARÁS ENTRE LAS ESTRELLAS'

"Así que los dos dragones se fueron volando del bosque, uno al Este y al sol naciente, y el otro al Norte, donde todavía baila en las noches interminables, llevándoles luz y fuego a aquellos que no tienen ninguna. Y las cicatrices de Agni y Kai nunca se curaron. Cuando ambos hombres murieron las heridas todavía estaban tan negras como lo habían estado el día en que desaprovecharon su don. Y hasta este día, usamos esos brazaletes alrededor de nuestros brazos en batalla para acordarnos de nuestra estupidez.

"El fin", concluyó Zuko.

Katara parpadeó.

-Pero… ¿Qué pasó después? ¿Qué pasó con Agni y Kai? ¿Alguna vez encontraron la felicidad?

-No lo sé. Lo dudo.

-¿Y qué pasó con Kuma? ¿No podían simplemente preguntarle que quería en un pretendiente?

-Eran estúpidos. Ese es como todo el punto.

-¿Y qué hay de la Dama Pintada? ¿Alguna vez encontró a alguien nuevo?

-Eh… no –Zuko se frotó la nuca con la otra mano-. En realidad, su esposo como que regresó y tuvo su venganza. La ahogó en el río.

Katara quedó con la boca abierta.

-¡Eso es horrible! ¿Ninguna leyenda de la Nación del Fuego tiene final feliz?

-…No realmente.

-No hay duda de porque esté país está tan estropeado –se cruzó de brazos.

-Nunca había pensado eso verdaderamente…

-Tú no piensas mucho, ¿o sí?

-¡No lo digas dos veces!

La guardia había regresado, y detrás de ella estaba Ty Lee parada – de manos. Con una taza de té balanceándose en cada uno de sus pies flexionados. La chica avanzó cuidadosamente sobre sus palmas.

-Eh, Zuko, como que necesito algo de ayuda…

Zuko tomó las tazas. Ty Lee dobló elegantemente las piernas sobre su cabeza, luego su cabeza apareció y ella estaba de pie, como nueva. Arrojó la trenza hacia atrás.

-No he servido té durante bastante tiempo, ¡pero sabía que podía!

-¿Qué estás haciendo aquí? –inquirió Zuko.

-Vine a ver porque era todo el escándalo –respondió Ty Lee. Hizo una repentina serie de mortales hacia atrás en dirección a la puerta, desapareció, luego re-apareció con un pequeño carrito cubierto de bandejas vaporeras de bambú y teteras-. Además estaba realmente, realmente aburrida, así que ordené algo de té.

Katara se sentó. Súbitamente fue muy conciente del brazo de Zuko alrededor de ella. en todo caso, se había puesto más fuerte.

-¿Estabas aburrida?

-¿No puedes ver que estamos ocupados? –insistió Zuko.

Ty Lee hizo pucherito.

-Pero les traje té y regalitos –rebatió, haciendo sobresalir su labio inferior-. Azula está en una gran reunión y Mai estaba llorando (lo que es tu culpa Zuko) y arrojándole cosas a la puerta cuando golpeé –hizo un mohín-. ¡Así que, aquí estoy!

Zuko suspiró y se apretó el puente de la nariz.

-Ty Lee, estamos muy cansados. Katara no se siente bien…

-¡Oh, sí, eso oí! –Ty Lee frunció los labios y le dio una amable palmadita en la panza-. Es tan vergonzoso. ¡Y también cuando estabas en medio de impresionar al Señor del Fuego!

Katara arrugó el entrecejo.

-¿Impresionar al Señor del Fuego?

-¡De veras le gustó tu control! Azula lo dijo.

-Bueno, yo no quería impresionarlo. No me importa lo que piense.

La boca de Ty Lee hizo una diminuta "o" de sorpresa.

-Bueno, eres muy afortunada de que le haya gustado –persistió-. De otra forma estarían en grandes problemas. ¡Rompiste todos sus platos! ¡Eran antigüedades!

-Bueno, buah, buah, pobrecito –contestó Katara-. No me importa que tan viejos fueran esos platos. Eran feos y la comida era terrible –levantó la nariz en el aire.

-Desearía poder controlar a veces –contó Ty Lee-. Bueno, quiero decir, desearía poder controlar un elemento. Puedo controlarme a mí misma bastante fácilmente.

La palma de Zuko hizo contacto con su rostro.

-Solo tomemos el té…

-¡Oh, claro! –De repente Ty Lee estaba revoloteando por la habitación, sirviéndoles té y arreglando pequeñas delicias en pequeños platos. Le entregó a Katara un plato lleno de bolas de masa guisadas de cangrejo araña y piernas de pulpo frito antes de doblarse –literalmente—en una silla y beber su té.

-Entonces –empezó Ty Lee-. ¿Cómo se conocieron?

Zuko se ahogó con su bola guisada. El té chapoteó fuera de su taza. Antes de que pudiera seguir haciendo daño, Katara se enderezó y comenzó;

-Bueno, él vino a mi aldea buscando al Avatar.

-Ahh –vociferó Ty Lee-. ¿Fue amor a primera vista?

Oh, Mamá, Yue, cualquiera que esté escuchando, por favor, ayúdenme ahora mismo.

-Eh... bueno, él tenía su armadura puesta, ¡así que no podía ver mucho de su rostro! Además, estaba picando a mi hermano con un palo.

-Eso no fue muy amable, Zuko –reprendió Ty Lee.

Zuko asintió mudo.

-Pero después, él simplemente siguió persiguiendo a Aang, así que vimos mucho más de él –continuó Katara.

Ty Lee adoptó una expresión bastante traviesa.

-¿Estaba persiguiendo al Avatar o te estaba persiguiendo a ti?

Las orejas de Katara empezaron a arder.

-¡Iba tras Aang!

-Principalmente –intervino Zuko-. Yo, mmm, también te devolví tu collar, aquella vez.

-¿Te refieres a la vez en que me ataste al árbol, o la vez que enviaste una caza recompensas tras de mí?

-Guau, Zuko, estabas intentándolo verdaderamente en serio –reconoció Ty Lee-. En una manera ciertamente espeluznante, por supuesto, pero aún así. Desearía que un príncipe mandara una caza recompensas tras de –suspiró, luego se iluminó y miró a Katara-. Ey, tu hermano es como un príncipe, ¿verdad? ¡Es el hijo de un jefe!

Zuko dejó caer su cabeza.

-¿No pueden ir a tener su charla de chicas en otro lado?

Ty Lee aplaudió.

-¡Es una idea genial! ¡Iremos a que nos peinen el cabello! – hizo girar la silla para mirar a Li y a Lo. Juntó sus manos en un ademán de ruego-. ¿Está bien si la prisionera y yo vamos a que nos peinen, cierto? ¡No la dejaré escapar, lo prometo!

-Pesará sobre tu cabeza si lo hace –prometió una de las mujeres.

-Así que cuida de que no lo haga –advirtió la otra.

Zuko se inclinó hacia delante.

-Realmente no quise decir…

-No, he estado encerrada aquí por mucho –excusó Katara. Decidió aprovecharse de la situación y se volvió hacia Zuko-. Creo que será bueno para mí aprender los alrededores, ¿no crees?

Él parpadeó.

-Oh. Sí. Es una buena idea.

-Además, a mi cabello si que le puede venir bien un buen cepillado.

-Y un buen lavado –se metió Ty Lee-. ¡Anda, vamos!


Katara empezó a oler un complot. Lo sospecho al principio, cuando a la puerta, Ty Lee le sonrió avergonzada y rápidamente le dio una puntada en cada hombro, eficazmente desarmándole los brazos.

-Lo siento –se disculpó-. No podemos dejar que hagas agua control, ¿o sí? –Katara le echó una mirada a Zuko por encima de su hombro, su obvia mortificación no ayudó a aumentar su confianza –antes de que Ty Lee la arrastró fuera de la habitación y siguió caminando, cotorreando todo el camino sobre lo ocupada que estaba Azula últimamente y cuánto mejor lucía Katara con la ropa de la Nación del Fuego.

-La mayoría del tiempo vivo en la casa de Mai, al otro lado de la plaza –dijo Ty Le, caminando brevemente sobre sus manos-. ¡Pero ser amiga de Azula sí que tiene sus beneficios!

Con los brazos colgándole lacios a los lados, Katara solo podía asentir. Hizo lo que pudo para memorizar el camino que Ty Lee y ella habían tomado desde la enfermería. La otra chica la adentraba más y más en lo que parecían ser los departamentos reales -- ¿Acaso Azula y Ozai dormían tras una de esas puertas? ¿Dónde guardarían sus planes secretos de batalla?

-Ya llegamos –anunció Ty Lee. Las puertas se abrieron suavemente y descubrieron una inmensa pileta alimentada por fuentes con la forma de un pez. Había un asiento cavado en el borde de la pileta. Las mujeres esperando allí, que claramente había estado haraganeando y hablando, inmediatamente se puso de pie y saludó.

-Señorita Ty Lee –saludó una-. No la estábamos esperando.

-Está bien –respondió ella-. Estamos aquí para que nos cepillen el cabello. Y la prisionera necesita lavarse el cabello, también –Ty Lee arrugó la nariz-. En realidad, un baño en general.

-Señorita Ty Lee, la maestra agua…

-¡Oh, no hará agua control! –Ty Lee se giró hacia Katara-. ¿No, Katara? estaríamos todas en graves problemas si lo hicieras. ¡Y tú probablemente no quieres ser apresada, entonces ya no podrás ver más a Zuko!

-Ty Lee, ni siquiera puedo mover mis brazos –replicó Katara-. ¿Cómo podría ser capaz de controlar el agua?

-¡Oh! ¡Cierto! Lo olvidé. Ups –Ty Lee puso los ojos en blanco-. Guau. De veras tengo que empezar a escribir las cosas –señaló la piscina-. Bueno, ¡será mejor que te limpien antes de que tus brazos vuelvan!

Katara había creído que ser rasqueteada por un par de sirvientas era humillante. Estaba equivocada – que peinaran dolorosamente su cabello y lo lavaran mientras Ty Lee hacía preguntas inanes sobre su relación con Zuko era peor. La cabeza de la otra chica tenía saltos de lógica tan improbables como sus acrobacias: Ty Lee tenía toda una teoría sobre Zuko y su collar y cómo siempre le había gustado secretamente ella a él, desde el día en que había puesto sus ojos en ella en su aldea.

-Digo, probablemente no había visto una chica en años, y no sabía que todavía le gustaba a Mai –parloteó, al tiempo que una sirvienta le limaba con diligencia un callo en el talón-. ¡No hay duda de porque te ató al árbol! ¡Probablemente te quería toda para él! –Ty Lee suspiró soñadora-. Apuesto que te quería llevar en su barco para que pudieran zarpar hacia el atardecer…

-Eh, supongo que es posible…

-¿Así que cuando te diste cuenta que él te gustaba? –indagó Ty Lee.

La cara de Katara comenzó a arder. La mujer que le cepillaba el cabello, se rió disimuladamente.

-Eh… -se lamió los labios-. Eh… es difícil de decir… supongo que pasó como gradualmente, así que realmente no me di cuenta…

-¿Él te dijo que le gustabas primero, o fue todo al revés?

¿Por qué había desperdiciado todo ese tiempo escuchando folklore de la Nación del Fuego? ¡Podía haber estado tramando su mentira! Desesperada, Katara intentó pensar algo razonable.

-Eh, es como que se dio nomás.

-¿Besa tan bien como Mai dice?

Encima de ella, la mujer tuvo que reprimir sus risitas. Las orejas de Katara ardían.

-Eh, sí.

-Porque Mai dice que podía sentirlo en los dedos de los pies –explayó Ty Lee-. Solían estar juntos todo el tiempo. Decía que él podía ponerse de veras, de veras intenso y…

Ty Lee! –Katara notó que cerraba los puños. Odiaba lo chillona que se le había puesto la voz-. No creo que a tu amiga le agrade que estés contando todos sus secretos, ¿no crees?

-Oh, claro. Supongo que no –Ty Lee elevó su voz una octava hacia los sirvientes-. ¿Por qué no le damos a la prisionera un recorte, eh? Realmente tiene un montón de puntas florecidas. Y luego agreguen, eh, cuál es la palabra, niveles…

-¿Capas?

-¡Eso es! ¡Capas! Harán que su pelo se vea bonito y esponjado.

-¿Esponjado? –repitió Katara.

-Sí, eso hará que salgan los rulos –aseveró Ty Lee-. ¡Y entonces podremos hacer una exfoliación con piedras de azúcar!

-Eh, eso suena doloroso –comentó Katara-. Y a mí ya me duele todo.

Ty Lee se tronó los nudillos.

-Suena como que alguien necesita un masaje de Chi.


Los planes de Ty Lee para Katara tomaron un absurdo montón de tiempo. Entre las máscaras de carbón vegetal y la fregada y el corte de cabello y el masaje – Ty Lee insistió en que caminar sobre la espalda de Katara ayudaría en alguna forma a sus retortijones – Katara supo todo de Ty Lee: que tenía todo un combo de hermanas que lucían exactamente como ella, como Azula la había "llamado" a su servicio, como realmente le gustaban los animales y que incluso había intentado ser vegetariana unas cuantas veces, y de cómo le sorprendía que Azula no tuviera un novio aún.

-Es tan bonita –resumió Ty Lee-. ¡Y talentosa! ¡Y poderosa! Supongo que los chicos simplemente la encuentran un poquito intimidante.

-Intimidante –había repetido Katara-. Eso debe ser.

Nunca había estado tan agradecida de regresar a una habitación de enfermo. Cuando regresó las lámparas estaban atenuadas, y Li y Lo roncaban en sus sillas. Eran ronquidos ruidosos, húmedos y de anciana. Katara hizo una mueca. Dudaba de que pudiera dormir mucho. De puntillas fue hasta la cama, quedamente se estiró para separar el mosquitero…

… y sintió que le tiraban la muñeca hacia atrás y hacia arriba, quedando atrapada entre su espalda y la delantera de Zuko.

-Oh –dijo él-. Eres tú.

-¡Suéltame!

-Pensé que era Azula –susurró. Su agarre se aflojó solo un poquito.

-¿Cómo podría ser Azula? ¡Nos vemos totalmente diferente! –se puso rígida-. ¿Me estás… me estás oliendo?

-Hueles diferente –la estaba oliendo-. ¿Por qué hueles diferente?

-Me bañé –contestó Katara-. Ty Lee dijo que necesitaba hacerlo. Y luego hizo que me frotaran con azúcar…

-¿Ty Lee te cubrió de azúcar? –su voz estaba en su oído.

-Azúcar y aceite de almendra –agregó Katara, preguntándose porque su voz se había vuelto tan fina-. Y miel, creo.

-… Ah.

-Dijo que era bueno para la piel –tragó saliva-. Y después dijo que necesitaba un masaje de Chi, sobre todas las cosas, y estaba realmente asustada porque me ha lastimado antes…

-¿Te lastimó esta vez? –el agarre de Zuko se ciñó. La giró para que lo encarara. Él se tambaleó sobre sus pies. El sudor hacía que el cabello se le pegara a las sienes. Despedía calor en oleadas. Incluso sus dedos parecían calientes sobre sus brazos.

-No –negó Katara-. Fue realmente confuso. En realidad fue buena. Supo como hacer que mi espalda se sintiera mejor –Katara frunció el ceño-. ¿Te sientes bien?

-Estoy perfecto –aseguró Zuko, lamiéndose los labios.

-Porque te ves un poquito raro.

-No estoy raro. Estoy normal. ¿Ves? –se hizo hacia atrás y se resbaló sin demora, aterrizando fuertemente sobre su huesito dulce con su cabeza contra la cama opuesta-. Puede que hayan envenenado mi té.

El pánico se expandió por las venas de Katara. se arrodilló a su lado.

-¿Qué?

-Creo que nos tendieron una trampa –susurró, cabeceando hacia Li y Lo-. Me preguntaron por ti.

-¡Ty Lee me preguntaba sobre ti!

Él asintió con la cabeza.

-Azula debe de haberles ordenado preguntar.

-Así podían verificar nuestras historias por separado –comprendió Katara, dejando caer la cabeza.

-Lo siento, Katara –se disculpó-. Les conté…

El estómago le dio un vuelco.

-¿Qué les contaste, Zuko?

-Me tomé el té y todo se puso verdaderamente caliente… -se miró el regazo-. Les conté lo que me dijiste cuando me uní a tu grupo…

Katara se mordió el labio.

-Lo siento… -intentó mirarlo a los ojos-. Estaba muy enojada y te dije cosas muy crueles, y estaba mal…

-Me hiciste sudar

-Lo siento…

-Les conté sobre el árbol, y como luchaste y como nunca te rendiste, sin importar lo que hacía…

-Zuko, cálmate, estás respirando muy rápido…

-Y en el oasis, estuviste sorprendente en el oasis; yo estaba tan enojado contigo porque eras tan buena como yo y yo solo quería derrotarte, esa vez, quería asustarte, ¿Qué pasa conmigo…?

-Estaba asustada; me asustaba que pudieras lastimar a Aang…

-¿Lastimar a Aang? –Zuko casi rió-. Cargué a Aang en mi espalda, como a Toph. Hice un fuego y lo mantuve caliente –suspiró-. Lamento lo de tu cabeza.

-¿Eh?

-Tu cabeza. Y tus muñecas. Y todos los lugares que te lastimé antes. Lo siento. No quise hacerlo.

Katara frunció los labios.

-Bueno, no es como si alguna vez me hubiera quemado…

-No te quemaré. Nunca –se enderezó y le acomodó el cabello detrás de su oreja izquierda-. Les conté sobre la cueva. Como tocaste mi cara. Y tu pulgar.

-Mi...¿pulgar?

-Estaba justo sobre mi boca. Así –y su mano estaba en su cabello y su pulgar sobre sus labios, manteniéndolos cerrados-. Me preguntaron por qué no había intentado escapar y les dije que había prometido cuidarte.

Katara tragó con dificultad. Movió la cara para deshacerse de su pulgar y éste aterrizó cerca de la comisura de su boca; su mano seguía jugando con su cabello.

-¿Te preguntaron por qué estabas realmente aquí?

Él asintió, recorriendo su oreja ahora. Sus ojos parecían vidriosos, desconcentrados. Se preguntó que tendría ese té.

-Les dije que Aang siempre había sospechado de nosotros. Les conté como me miró debajo de Ba Sing Se.

-¿Cómo te miró?

-Como si me hubiera atrapado con las manos en su tarta de nata.

El rostro de ella se encendió.

-… ¿En serio?

-En serio –Zuko tragó. Su mano cayó hasta su collar, jugó con el pendiente-. Eres más joven que yo, ¿no? Mucho más joven.

-No sé... tendré quince en otoño.

-Quince –tragó de nuevo-. Claro.

-No es tan joven. A esa edad usualmente es cuando nos comprometemos.

Zuko cerró los ojos con fuerza.

-Por supuesto.

La saliva parecía habérsele evaporado de la garganta. Sintió el impulso de hablar y no tenía ni idea de por qué.

-Este era el collar de compromiso de mi abuela. El Maestro Pakku lo talló para ella.

Abrió los ojos.

-Lo envolví en seda –su mirada parecía clavada en su cuello. Sus dedos recorrieron la cinta-. No podía perderlo. El perfume, digo.

-¿De veras huelo tan diferente?

-Sí –estaba tocándole el cabello de vuelto-. Y tu cabello es diferente. Y tu ropa. Todo. Sólo esto es lo mismo –sus dedos volvieron a su collar.

-Tú también estás diferente –repuso Katara-. Has cambiado de verdad.

-Soy malo siendo bueno –rebatió-. Deberías saberlo

No estaba segura de si le estaba recordando que ella de todos los demás debía saber que era verdad, o si la estaba previniendo sobre algo.

-Lo sé –respondió. Intentó sonreír-. Aprendo rápido.

-Sí –asintió-. Has crecido –tragó-. Tus habilidades. Eres mucho más fuerte, ahora, de lo que eras entonces. Esa noche.

Le tomó un instante entender.

-Ese fue mi primer látigo de agua. Era tan torpe…

-Todo el mundo es torpe la primera vez –Zuko cerró los ojos vehementemente. Habló con los ojos cerrados-. Deberíamos estar en la cama, ahora.

-Tienes razón, deberíamos.

Ninguno se movió. Ella se mordió el labio.

-¿Necesitas ayuda para levantarte?

-… Quizás.

Ella se paró y extendió la mano, pero el se levantó con un ligero tirón y estaba sobre ella, de repente, meciéndose en sus talones un poquito vacilante, y ella lo agarraba de la camiseta. Y su mente eligió ese momento para recordar lo que Ty Lee había dicho. Algo sobre intensidad. Y besar. Y él.

-Me refería a separados –indicó.

Está drogado. Está drogado. No sabe lo que dice.

-Sabía a lo que te referías.

-Estaré justo ahí.

-Lo sé –Katara parpadeó-. Deberías sacarte tu…

-Cierto –él retrocedió y sus manos peleaban con su cinturón, tomando el nudo, deslizándolo-. Estoy mareado.

-Deberías recostarte.

-Hace mucho calor… -se empezó a quitar la ropa, sacándose la túnica, primero por un hombro. Luego el otro. Ahora estaba con su camiseta, a medio pelar como una cebolla. Se dobló la camiseta para sacársela pero no terminó completamente, se limitó a tirar de ella hasta que estuvo a medio sacarse, cubriendo su cara y estaba atascado-. Estoy atascado

Katara se sopló el flequillo, y lo ayudó a terminar. Sus dedos descendieron por sus cálidos brazos. se zafó de la prenda con el cabello desordenado, tragando saliva. Así de cerca podía ver que necesitaba una afeitada, las sombras en su clavícula. Y podía ver lo que había arreglado: las costillas, su cara.

-¿Todavía te duele?

-No.

-Bueno… eso es bueno –desvió la mirada. Bueno. Buenas noches.

-Buenas noches.

Separó el mosquitero que llevaba a su cama, se giró.

-Deberías sacarte las botas. Eso es lo que iba a decir. Que deberías sacarte las botas.

Él asintió.

-Claro. Mis botas. Eso haré.

Ella cabeceó, luego se sentó. Había pateado sus pantuflas y había cerrado las cortinas, se había dado la vuelta cuando sintió una ligerísima presión en su cráneo. ¿Cómo hace eso? ¿Cómo se mueve sin que yo lo escuche?

-Sácate esto –dijo Zuko, quitando el pequeño prendedor-. Sácate esto para dormir –le abrió la mano con los dedos, y puso el prendedor para que ella lo agarrara, cerrándole la mano de nuevo.

-Gracias.

-Y bienvenida. De nada, digo. Pero bienvenida. Al palacio. No te lo dije, antes

-Gracias –ella se acurrucó bajo las mantas, preguntándose porque no podía decírselo a la cara-. Mai estaba equivocada, hoy. Lo que dijo sobre ti no es cierto.

La estaba arropando.

-Gracias.

-Veo quien eres. He visto todo. Ya conozco las cosas malas.

Por solo un segundo, le paso un dedo sobre su expuesta oreja izquierda.

-No todas –se apartó-. Buenas noches.

-… Buenas noches.

Y lo escuchó desatándose las botas y sacándoselas, escuchó el susurro de sus sábanas, escuchó su respiración cambiar lentamente después de que diera vueltas de un lado a otro buscando el lugar correcto, y justo cuando sus ojos se cerraban despacio se acordó dónde había escuchado el nombre Kuma antes.

-.-.-.

N/T: ¿Y ustedes se acuerdan? jajá, pues, me duele la mano, pero espero que estén contenta/os con 29 págs, con un Zutara más notado (¿)Por lo menos de parte de Zuko :) Al fin, no? Jaja

Gracias por su paciencia. S. Lily Potter, Murtilla, kuchiki mabel, paolyta, :), Rashel Shiru, mire-can (gracias, gracias, gracias por leer! Y dejar rr), youweon y Lolipop91, son lo más chicas! (todas chicas, no? Perdón si no! )

Espero no tardar tanto, solo 8 cáps para el final, un beso.

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