Bueno, ya andaba desaparecido con esto. Gracias a todos por pasarse a leer esta aventura a veces oscura, a veces cómica, a veces tonta, en fin, espero les guste el capítulo y lamento la tardanza si es que los hice esperar.


9. Primera visita al País amarillo.

Gast gritaba al centro de la plaza, todos estaban eufóricos por la noticia, por fin restaurarían las riquezas en Asmodean y seguramente el dirigente de la compañía haría un excelente trabajo como gobernante, pues todos lo querían como el Señor de la región.

Pero era extraño, era como si de pronto todos hubieran olvidado la crueldad de la cual era capaz el Demonio de Asmodean. Para Liane aún seguía latente la muerte de Castiel, y Castiel le recordaba a Sateriajis, pues eran parientes.

Terminó de dar el anuncio e inmediatamente se adentró a la alcaldía. Liane se quedó afuera junto con Teto para pensar que harían y que cosas debían llevar para el viaje. Una espía de la Compañía, conocida por todos como Neruneru Nerune, miraba constantemente la espada Venom alojada en la cintura de Lily.

De cabello rubio al igual que el de la comandante, Neruneru era, por decirlo así, la mano izquierda de Gast, pues por su excelente trabajo el dirigente estaba bien informado de lo que ocurría a su alrededor. Era ágil, grácil, bella y muy hábil en el combate a corta distancia. De cuando en cuando, según se dio cuenta Liane, le gustaba jactarse de que era capaz de vencer a Teto en una pelea. Liane ya sabía que Teto era alguien muy fuerte en cuanto a fuerza bruta, porque cuando la pelirroja dormía en su camino de ida a Belzenia, a ella se le había ocurrido intentar cargar la alabarda de la capitana, pero se sorprendió de lo mucho que pesaba.

Pero dejando de lado eso, a nadie le daba buena espina tener a Nerune cerca. Daba miedo que porque por su buen trabajo realmente sea mandada por alguien más.

Paranoias, decía Gast, y todos le "creían", nadie quería pelear contra el Demonio de Asmodean.

Eran ya las tres de la tarde cuando terminaron de preparar todo. Liane despachó a todos, exceptuando a Teto porque era su "escolta" y a Neruneru, porque ésta era la encargada de notificar al dirigente de los últimos detalles.

-Serán dos escuadrones, nuestro dirigente irá al principio de ambas filas. Cuando estemos a tres kilómetros de la muralla que permite el acceso a la capital, el primer escuadrón se dirigirá al este y rodeará la muralla hasta la entrada sur; el segundo escuadrón se dividirá en dos, la primera parte acompañará a Gast y la otra parte la comandarás por las cloacas hasta el palacio, ¿entendido, Neruneru?

-No soy una niña como para que me digas todo dos veces, Teto, mi memoria es tan fresca como yo. –Dijo la espía jugando con un cuchillo entre sus dedos.

-Cuida tu lengua y tu juguete, no será que por accidente te la cortes. –Amenazó la capitana. –Liane, tu acompañarás a Gast hasta la entrada del castillo y lo seguirás durante la audiencia; vigila muy bien cuantos guardias hay y trata de memorizar todos los pasillos por los que pases, ¿bien?

-Entiendo.

-De acuerdo.

Las tres salieron de la alcaldía, Nerune tomó una ruta diferente a la de Teto y Lily. Ambas caminaron hacia el panteón y visitaron la tumba de Castiel. La capitana le depositó un ramo de violetas que previamente había comprado al frente de su lápida. Lily se sentó a su lado y se dispuso a conversar con ella como si aún estuviera viva. Teto la dejó para que pudiera estar a solas, literalmente, y se topó con el jardín puesto para el duke Venomania.

-Tienes lo que mereces. –Musitó escupiendo el suelo.

Pasada una hora, ambas tenían la intención de regresar a sus casas, pero aún era temprano así que fueron a tomar una vuelta. En ese pequeño rato, Liane pudo conocer un poco más a la capitana. Descubrió que aquella pelirroja fue una guardia de la propia reina de Marlon, pero que por un motivo u otro terminó convirtiéndose en la capitana de la Compañía de Asmodean, más que nada por necesidad, pues tenía un hermano enfermo que vivía cerca de la frontera con Lucifenia. Cuando fueran a marchar al país amarillo, tenía planeado hacer una pequeña parada para ir a visitarlo. Lily lo aprobó y ella sonrió agradecida.

Quería soñar que estaba por conseguir a una amiga nuevamente.

El gusto le duró hasta la noche, y eso que por fin se había animado a pedirle unas lecciones de esgrima, defensa y ataque con armas. La sesión fue teoría básicamente, al día siguiente iniciarían desde temprano con la práctica.

Y valla que fue una práctica dolorosa, iniciando con un "calentamiento" de cincuenta vueltas alrededor de la catedral de Asmodean, seguido de cien lagartijas, ochenta abdominales y doscientas sentadillas, apenas tuvo un par de minutos para recuperar el aire. Teto inició con la postura obligándola a tomar una pose que simulaba estar sobre alguna montadura, a Liane no le costó demasiado aquello, pues durante la primera salida a caballo con Sateriajis logró descifrar el enigma del equilibrio. Al ver eso, la capitana la dejó descansar otro momento, instante en que aparecieron Kinky y Sari con una canasta de panecillos para un almuerzo ligero.

-¿Qué tal las clases? –Preguntó Kinky un tanto divertido por la cara de extremo cansancio que se asomaba en la faz de la rubia.

-Teto quiere matarme. –Respondió Lily llevándose un pan a la boca. Sari le hacía una trenza a su larga cabellera rubia. –Pero necesito aprender a defenderme, no quiero causarle más problemas de los que ya tiene.

-Pues yo no creo que eso a ella le moleste. –Musutó sonriente. –Cuando no la notas, te mira hasta con ternura. –Liane le dio un ligero golpe en el hombro a modo de decirle que no bromeara, entonces el castaño rió abiertamente.

-Jo, si te vas a poner así mejor regreso a mi entrenamiento. –Dijo haciéndose la ofendida.

-Como gustes, suerte. –El muchacho se despidió de ella con un beso en la mejilla, cosa que dejó completamente roja.

Teto llegó donde ellos y sonrió de medio lado al notar la cara que ponía su alumna y protegida. Ella había tomado un pan y marchado para dejar a la muchacha conversar mas a gusto.

Ambas esperaron un rato para que hiciera algo de digestión la comida, que a pesar de ser ligera, no quería que hubiera un accedente, ambas. Teto le explicó que lo principal de la esgrima era cuidar el centro de uno, hablando filosóficamente de la relación alma-cuerpo-arma, aunque lejos de que Liane entendiera o se entusiasmara solo consiguió confundirla bastante. Casi, casi a cada explicación la capitana debía hacerle dibujitos para que la otra lo entendiera.

Era obvio que en tres días no aprendería lo suficiente para valerse por si sola en un combate real, pero al menos si la llegaban a amenazar con un cuchillo acaso sabría como responder a una situación así. No era que realmente eso llegase a suceder, a simple vista el medallón que adornaba el hombro de Liane intimidaba a cualquiera que no reparase en el uniforme con el cual iba vestida diariamente.

El tiempo de partir había llegado, Gast y sus hombres estaban en fila a las puertas de la entrada de la región de Asmodean. Teto y Liane cabalgaban a su derecha y Nerune a su izquierda. Los pasos al marchar de la infantería hacían temblar el suelo, los cascos de los caballos de la caballería alertaban a las aves y a algunos animales que recorrieran el bosque en ese instante, los metales chocando de algunas armaduras con el mango de las espadas marcaban un ritmo militante. La bandera morada de la Ciudad de la lujuria marcaba el compás de la campaña. Trescientos hombres enlistados como la escolta personal de Gast caminaban con paso firme a la capital de todo Evillious, la ciudad de la mala humanidad, la fortaleza de la princesa Rilliane, la región más poderosa de la pangea, el País amarillo: Lucifenia.

De seguro el nombre de "la ciudad de la mala humanidad" es algo que puede llamar la atención fácilmente; Lucifenia era llamada así de manera continua debido a la actitud de sus habitantes, de hecho, cada región y sus capitales respectivas tenían un nombre particular. Así como Asmodean era la ciudad de la lujuria y Belzenia era la ciudad de los manjares, se le llamaba a Elphegort el pueblo del bello descanso, a Levianta como la capital de los presumidos colores y a Marlon como la ciudad del oro. Motivos para tales apodos sobraban y todo era reflejo de la mayoría de sus habitantes. Se queda como pequeño detalle y curiosidad.

Fueron algunos días de trayecto, cruzaron varios pequeños pueblos, algunos fantasma, algunos que no aparecían en los mapas y otros completamente deshabitados.

Gast alzó su brazo para dar a entender que el primer punto de partida estaba cerca. La muralla y parte del palacio real eran visibles casi por completo, solo algunos árboles entorpecían la vista que lograban desde aquella colina. Liane agudizó su sentido de la vista y percibió no con mucha claridad el estandarte distintivo de la región: Una bandera amarilla con una rosa pintada en sombreados negros. Sonrió de medio lado.

Teto llegó a la par que ella y sin previo aviso la abrazó. Lily quedó un poco desconcertada, pero correspondió el gesto.

-Cuídate y no hables con extraños. –Dijo y se marchó con algunos hombres.

La comandante los despidió moviendo la mano delicadamente. Sin saber por que, a Neruneru le vino ver eso como un revuelco en el estómago.

El dirigente ordenó seguir la marcha, ya no faltaba mucho. Siguieron trotando, alguno que otro lugareño reconoció los uniformes y huyeron despavoridos, asustados, aterrados y Gast sonreía con diversión. Faltando poco menos de quinientos metros a las puertas de la muralla, Neruneru se fue con algunos soldados a seguir con la siguiente parte del plan.

-Buena suerte, Ney Futapie. –Murmuró Gast despidiendo a su espía, quien sonrió complacida al escuchar sus palabras.

Liane no entendió bien lo que quiso decir, pero no preguntó.

Los soldados que custodiaban la entrada repararon en la presencia de la caballería y se hicieron a un lado. La gente que no los esperaba y los divisó corrieron a sus casas. El dirigente no borraba aquella sonrisa de su rostro.

Poco después llegaron a la entrada principal del castillo. Un mayordomo corrió la puerta de metal para dejarlos pasar. Primero atravesaron por un jardín dividido en secciones. A Liane le hizo algo de gracia ver rosas púrpuras, tanto así que cortó una y se la colocó en el cabello.

El castillo era impresionante, construido en lo más alto de una colina, con picos en punta rojos adornados con banderines amarillos. La piedra era en su totalidad mármol, cosa que le recordaba a Lily al castillo de la doncella Vanika, pero este no apestaba a especias sino más bien a perfumes leves y agradables, bañando por completo los corredores del palacio. Los caballos se quedaron afuera junto con los demás hombres de Gast, solo Liane lo acompañaba caminando un poco más atrás de él.

Otro mayordomo llegó donde ellos, de rubios cabellos y ojos azules, un niño mucho más pequeño que Gast pero a una cabeza de diferencia de Liane. Otra muchachita de cabello pelirrojo estaba a su lado.

-¿Es usted Gast Venom? –Preguntó el hombrecito.

-Así es, tengo una cita con la Princesa Rilliane, ¿estará ocupada?

-No creo que le moleste atenderlo ahora, solo espere y no haga ruido hasta que lo llame, ¿entiende? –Dijo cordialmente el muchacho. Gast asintió.

Liane hacía caso de lo que le había dicho Teto, trató de memorizar cada puerta y pasillo que atravesaban conforme iban avanzando hasta encontrarse con la Princesa del Reino amarillo. La joven de cabello rojizo no miraba con confianza a la rubia, mantenía fijos los ojos en su persona. Los cuatro caminaron por un sendero de alfombras rojas, cruzando con sirvientes, alguno que otro noble paseándose por ay, armaduras decorativas, pinturas, flores colocadas sobre pequeños muebles de madera, hasta que estuvieron enfrente de una gran puerta dorada.

-Pasen, ella ya sabe que están aquí. Chartette, por favor.

Aunque no lo pareciera, aquella pequeñuela de no mas de catorce años de edad fue capaz de mover ambas puertas que superaban los ocho metros de altura y daban a entender que eran bastante pesadas, pero para ella fue como abrir el pomo de una puerta cualquiera y hacerse paso a través de ella. Liane la miró con admiración. Gast solo sonrió de medio lado, asombrado.

El interior era bastante espacioso. El piso estaba adornado de tal forma que asemejaba un tablero de ajedrez con azulejos negros y blancos. La habitación era sostenida por alrededor de ocho pilares de piedra caliza, extraño, pero elegante. Al fondo se encontraba una niña de mas o menos la misma edad, y apariencia, que el sirviente que los condujo hasta ahí. Era de cabellos rubios, piel aterciopelada y grandes ojos azules; vestía un fino vestido de seda teñido en amarillo con detalles en negro; su cabello lo tenía recogido en un chongo con una peineta dorada, su cuello estaba adornado con un collar de piedras preciosas, las manos estaban cubiertas por guantes blancos y una de sus manes sostenía un abanico rojo con el cual cubría parte del rostro y, seguramente, una sonrisa altanera. Estaba sentada sobre un trono de oro, frente a ella se encontraba un hombre de cabello largo y teñido, sentado sobre una butaca sosteniendo con una mano una paleta de madera y con la otra mantenía finamente agarrado un pincel. Se trataba obviamente de un pintor que coloreaba un retrato de la importante persona que tenía de modelo.

-Alexandr, ¿te falta mucho? –Preguntó ella sin moverse.

-Ya casi, Princesa, son los últimos detalles. –Respondió respetuosamente el muchacho. Este aparentaba alrededor de los diecisiete años.

-Pero ya llevamos tres semanas con esta pintura. –Se quejó moviendo levemente una ceja, irritada.

-Un poco más no le hará daño, Princesa. –Volvió a responder de la misma forma. Rilliane bufó. –Bien, ya terminamos.

-¡Déjame verlo! –La niña corrió donde el joven y quedó maravillada de ver el precioso cuadro que tenía en sus manos. -¡Es hermoso! ¡Incluso dibujaste a Allen a mi lado y eso que no estaba ahí!

-Si me permite decirlo, soy un profesional. –Sonrió.

-Miriam te pagará lo que pidas a salir, muchas gracias. –El pintor de nombre Alexandr se despidió mudamente haciendo una reverencia.

Aquella muchacha se dirigió a su sirviente y le mostró el cuadro. –¡A que nos vemos bien, Allen! –Exclamó contenta.

-Claro que si, Alteza. –Contestó sonriendo levemente. –Princesa, traje a sus invitados.

-Un gusto el poder conocerla en persona, Señorita Rilliane…

-Princesa Rilliane para usted, señor Gast Venom. –Dijo rápidamente cortando la oración del dirigente. –Es bueno que haya llegado antes, tenemos mucho de que hablar y me temo que su estancia aquí será muy larga.

-No espero nada mejor, Alteza.

-Se su nombre completo, pero de seguro usted no el mío, permítame presentarme. –La Princesa retrocedió un par de pasos e hizo una graciosa reverencia con su falda. –Yo soy la soberana del Imperio de Evillious, Rilliane Lucifen d´Autriche. Un gusto.

-.-.-.-.-Fin del capítulo nueve-.-.-.-.-