Bueno, ya me había tardado en subir un capítulo nuevo, este está largo para compensar mi ausencia. Gracias a todos los que me han seguido y espero quieran estar conmigo hasta que esta historia termine.
10. Estadía en el país amarillo.
Después de que la princesa Rilliane se presentara, ella les sonrió aniñadamente a sus invitados y el gesto fue correspondido de la misma manera por Liane. La Princesa los invitó a pasar al vestíbulo para platicar un rato, Gast, encantado por la actitud de la niña, le siguió los pasos a la par de ella en tanto Liane se quedaba hasta atrás con los sirvientes Chartette y Allen.
Y nuevamente aquel incómodo silencio atormentaba a la rubia, ella esperaba que al ser niños sus acompañantes dirían algo para entretenerse, pero ni "pio" decían ellos. Entonces Liane tuvo que hablar para no aburrirse.
-Son parecidos. –Conjugó la comandante.
-¿Disculpe? –Preguntó Allen extrañado.
-Tú y la princesa, son idénticos, como si fueran gemelos.
-La verdad no se de qué me habla. –Dijo el sirviente tratando de evitarla. –Le agradecería que no toque esa clase de temas conmigo, es molesto.
-De hecho, ni siquiera deberían estar ustedes aquí. –Musitó Chartette.
Liane calló tras eso. Mejor se concentró en su tarea inicial: memorizar pasillos, puertas y corredores, hasta que llegaron al vestíbulo.
El lugar era una sala grande, el suelo mantenía el juego de azulejos blancos y negros a modo de tablero, una chimenea estaba situada al centro al fondo de la habitación pintada de blanco; habían lujosos muebles dispersos elegantemente en el sitio y una pequeña mesita de cristal coronaba todo en el medio. Rilliane, la Princesa, se sentó en una silla individual de cuero y el dirigente tomó lugar frente a ella en un sofá. La mesita de cristal los separaba levemente. Allen, Chartette y Liane se mantuvieron de pie al lado de sus jefes.
Una sirvienta entró a la sala: -¿Se les ofrece algo a nuestros invitados? –Preguntó.
-Tres tazas de té, Miriam, y que no falte el azúcar. –Respondió Allen. La sirvienta se fue.
-Entiendo que el Demonio de Asmodean no ha venido solo por asuntos políticos, ¿verdad? –Dijo la Princesa jugando con su abanico.
-Increíble, pero cierto, Alteza, vine a platicar con usted sobre la situación que vive…
-Por favor, señor Gast, no me venga con esa palabrería absurda. –Rió la Princesa. –La Compañía a peleado contra mi reino desde antes de la Gran Conquista, y en su desesperación por independizarse de nuevo han asesinado a todos los hombres que mi padre mandó para que administraran la región de Asmodean.
-Mis disculpas por eso.
-No hay nada que disculpar, todos esos hombres me desagradaban a mí y a mi padre, incluso debería darle las gracias por eso.
-Entonces queda más que claro el motivo de mi visita.
-Claro que si, el resto serían asuntos menores. –Miriam regresó con una bandeja de plata y entregó las tazas de porcelana sobre la mesa; junto con ella, otro sirviente susurró algo en el oído de la Princesa.
-¿Qué clase de asuntos? –Preguntó extrañado el dirigente sirviéndose de su té.
-Bueno, para empezar, quisiera que las tropas que trajo con usted dejen mi calabozo con rumbo a sus casas.
Al parecer los habían descubierto, el plan de asalto de Gast se vio frustrado mucho antes de que se pusiera en acción siquiera. El dirigente trató de mantener la calma, confiando que fue la división de Teto la que cayó en la trampa y no la de Neruneru, pero Liane no quería lo mismo que Gast.
-Esperaba algo más que solo algunos soldados por parte del Demonio. –Dijo ella disolviendo el azúcar con una cuchara en su taza.
-Alteza, esto tiene una explicación, verá…
-No tiene que explicarme nada, señor Gast, su miedo a mi habló por usted.
-¿Miedo?
-Pero soy una buena soberana, así que dejaré que sus hombres se retiren en paz al atardecer y firmaré los tratados que usted quiera a cambio de dos cosas.
-¿Cuáles? –Preguntó el dirigente dejando escapar un gruñido igual a un perro.
-Primero, quiero que usted y dos de sus mejores soldados se queden y sean mi escolta durante esta semana hasta una fiesta que celebraré en honor al inicio de mi reinado.
-¿Y lo otro? –Rilliane sonrió con gracia ante la cara que ponía el dirigente, era de total derrota.
-La Compañía se mantendrá leal a mi corona y pasarán a ser soldados de Lucifenia únicamente.
-¡¿Pero cómo se le pudo ocurrir eso?! –Gast estaba por blandir su espada en contra de la Princesa, pero Allen lanzó un cuchillo para proteger a la Princesa, el cual fue desviado en un rápido movimiento de Liane con la Espada Venom.
-La chica tiene buenos trucos. –Rilliane ni se inmutó, le sonreía con superioridad. –No tiene de otra, Gast, es aceptar mis condiciones o morir aquí, ¿usted qué elige?
Gast guardó su espada al igual que Liane, tragó duro y respondió: -Trato hecho.
-Perfecto. Ambos están invitados a cenar conmigo, Allen, prepara tres habitaciones y has que Chartette conduzca a nuestros invitados al calabozo del castillo, quiero conocer a mi tercera escolta esta noche.
-Como usted ordene, Alteza. Vamos Chartette. –Ambos sirvientes hicieron una reverencia y salieron del vestíbulo junto con Gast y Liane.
Allen buscó a Miriam para que le ayudara a escoger las habitaciones en tanto Chartette, al mismo tiempo, pedía que tuvieran cuidado al bajar hacia la parte mas oscura del castillo.
-Les daré cinco minutos para que se aseguren de que sus hombres estén bien, no más, y tengan cuidado con los escorpiones, ha habido muchos últimamente. –La joven sirvienta les extendió una antorcha a cada uno y se quedó plantada en su sitio, desde donde podía ver claramente, a pesar de la poca iluminación, los movimientos de los dos.
-Muchas gracias. –Respondió Liane.
El lugar era grande, alrededor de 14 celdas lo conformaban, estaban hechas de ladrillo con barrotes gruesos de hierro y construidas al margen de las paredes. El interior de cada una de ellas estaba recubierto con paja y solo cuatro antorchas además de las que poseían alumbraban el lugar.
Gast confirmó su sospecha, fue la división de Teto la que atraparon, pero ninguno de sus demás hombres presentaba heridas o lesiones de batalla o pelea alguna, como si los hubieran sorprendido limpiamente. En tanto, Liane buscaba el rostro de la capitana y lo halló adormilado en el suelo al final de una de las celdas de los costados.
-¡Teto! –La llamó haciendo que se despertase un poco.
-¿Liane? –Preguntó aún un poco mareada por el sueño hasta que se despabiló totalmente. -¡¿Qué haces aquí?! No me digas que te atraparon también. –Dijo acercándose a la rubia con gateos.
-¿Tan poca estima le tienes a tu comandante? –Irrumpió Gast al lado de la rubia. Teto se levantó rápidamente. -¿Qué ocurrió? ¿Cómo los descubrieron?
-No lo se muy bien. Entramos con el mayor sigilo posible y nos encontramos con la división de Neruneru, con ella caminamos por varios callejones sin ser vistos hasta que de pronto nos vimos rodeados por la guardia real, por eso terminamos aquí.
-¿Están todos?
-Los entrenados por Castiel solamente, nos redujeron en número muy rápido. –Gast maldijo por lo bajo. –Fue como si supieran de antemano lo que íbamos a hacer. Discúlpeme, fue culpa mía no hacer sido más precavida.
-No tiene importancia ahora, conseguimos lo que quisimos y el resto podrá irse mas tarde.
-¿Enserio? –Preguntó algo incrédula con la mirada. Liane le respondió asintiendo con la cabeza.
Entonces Chartette apareció: -Se acabó el tiempo, debemos volver.
-Claro, pero quisiera que liberara a esta persona, ella será la tercera invitada de la Princesa.
-Como diga. –Chartette buscó las llaves en su ropaje y abrió la celda donde estaba Teto. –Subamos, aún tienen que alistarse para esta noche. Alguien más vendrá a liberar a los otros.
-Excelente. –Respondió el dirigente.
-¿Qué ocurrirá esta noche? –Preguntó Teto a Liane en un murmullo.
-Nos invitaron a cenar. –Fue la respuesta de la muchachita rubia.
-Tendremos mucho de que hablar después de la cena entonces, tú y yo, quiero que me cuentes como estuvo el asunto de la Princesa y Gast.
-No creo que te valla a gustar todo el asunto.
Tras salir del calabozo, Allen les dio alcance mientras doblaban una esquina de los pasillos junto con otras sirvientas, quienes tenían la labor de preparar los trajes que usarían para la noche, pues no podían presentarse con aquel uniforme tan sencillo frente a la Soberana del mundo. Liane y Teto fueron con las mucamas, Allen se haría cargo de Gast.
-¿No te interesaría unírtenos?
-Mi lealtad y la suya ahora están con la Princesa.
-Ya veo…
Para cuando fue de noche, todo estaba preparado. Cada uno estaba en sus respectivas habitaciones esperando a que los llamaran y Miriam fue la encargada de hacerlo. Los tres se vieron, las habitaciones eran contiguas. El dirigente estaba vestido con un saco blanco, cubriendo con el un chaleco negro con pechera púrpura y una playera negra de manga larga; usaba unos pantalones ajustados de color beige y un par de botas militares negras; su cabello estaba sujeto en una elegante cola de caballo. Teto tenía puesto mas o menos el mismo diseño que el vestido de la señorita Vanika con la diferencia de que las mangas estaban unidas al vestido y solo dejaba al descubierto los hombros; el color era negro y con pequeños bordados blancos en las mangas y el cabello lo llevaba liso y suelto. Liane no vio mucho cambio a su atuendo actual del que normalmente usaba en Asmodean; su vestido era amarillo y ceñido a la cintura, escotado levemente en el pecho, sin mangas y con el detalle de una rosa negra a un lado de sus caderas.
-Se ve bien, señor. –Comentó Teto.
-Ustedes dos no están nada mal. –Dijo sonriéndole a ambas, lo cual les provocó un ligero sonrojo.
-Gracias. –Respondieron. Allen llegó momentos mas tarde y los guió hacia el comedor junto con Miriam.
La Princesa Rilliane ya los esperaba sentada al centro de la mesa. Fue por un segundo que a la capitana y a la comandante la visión de la Princesa les recordaba un poco a la gourmet Vanika Conchita, tragaron duro y alejaron ese pensamiento de sus mentes. Rilliane se paró al verlos a modo de recibimiento, después todos tomaron asiento frente a la niña. En pocos segundos los sirvientes comenzaron a descubrir las bandejas que contenían y mantenían caliente la comida. Allen se plantó a un lado de la Princesa, pero Chartette no estaba junto a él.
-Sírvanse lo que quieran. –Invitó Rilliane.
-Con su permiso entonces. –Dijo Gast dándole un sorbo a su sopa. –Delicioso.
-Agradézcanle al chef después.
-Será un placer conocerlo. –Aseguró el dirigente.
-Alteza, ¿desea usted vino? –Preguntó Allen acercándose levemente a la niña.
-No, leche estará bien, pero sírvele a los demás. –Respondió Rilliane infantilmente a lo que Liane no pudo suprimir una risita tierna.
Cuando Allen estaba por llenar la copa de Liane como lo había echo con las del dirigente y la capitana, la comandante respondió: -Tomaré lo mismo que la Princesa, no bebo nada de licor.
-Como guste. –Dijo Allen y sirvió leche en una taza diferente para ambas rubias.
La cena fue medianamente silenciosa, sobre todo porque la mayoría del ruido que era provocado se debía a los cubiertos de metal chocando con los platos de porcelana. Después de que acabaran, la jefa de camareras, Miriam, mandó a que retirasen los utensilios. La cena había terminado, pero todos aún permanecían en sus asientos para tal vez platicar un poco.
-Princesa, me da algo de curiosidad saber que invitados recibirá en su palacio. –Habló el dirigente con suma cordialidad, cosa que divirtió a la princesa.
-Los alcaldes de las regiones y tal vez la antigua nobleza de ellas, gente adinerada en pocas palabras.
-Y quiere que seamos su escolta, ¿tiene que cuidarse de alguno de ellos en particular? –Preguntó con una sonrisa burlona, más recibió una risa altanera como respuesta.
-Nada de eso, solo quiero demostrar que soy mejor que mi padre al presentarlo como un súbdito leal.
El comentario no le cayó bien a Gast, y ahora Teto comprendía lo que Liane le quiso decir, ya se imaginaba casi del todo como estuvieron las cosas entre él y la Princesa.
-Además. –Agregó la soberana: -También tengo que hacer público mi compromiso con un antiguo noble de Marlon. Oh, y otro pequeño anuncio también.
-Princesa, ya es hora de que tome un descanso hasta mañana. –Le comunicó Allen.
-Jo, no seas aguafiestas, Allen, aún no tengo sueño. –Chilló Rilliane haciendo un leve puchero. Liane formó una pequeña sonrisa divertida ante la actitud caprichosa e infantil de la Princesa, después de todo seguía siendo una niña.
-Disculpe, pero solo sigo órdenes. –Dijo el sirviente calmadamente.
-De acuerdo. –Cedió la niña. –Pueden retirarse.
La Princesa y Allen salieron del comedor. Teto se quedó mirando al dirigente, algo temerosa de su reacción, pues sus puños se encontraban cerrados sobre la mesa y su mirada estaba perdida hacia algún lado. Liane se marchó siendo ajena a ello.
Caminando por los pasillos vio su reflejo en un espejo que estaba colocado contra uno de los muros. Le hizo algo de gracia saber que era de esos espejos que deformaban la realidad y lo que tuvieran enfrente, pero mas tarde se apareció la figura de una muchacha con capa y una máscara, Meikai se manifestó frente a ella.
-Hola, Liane. –Saludó.
-¡Meikai! –Gritó algo asustada por tan repentina aparición. -¿Qué ocurre?
-Nada, el tesoro está cerca, que conveniente que Gast te haya mantenido a su lado.
-Si, es una suerte, pero no se donde queda el dormitorio de la princesa y este lugar es bastante grande. –Dijo rascándose la nuca y algo apenada.
-No te preocupes por eso ahora, no hay prisa. –Tranquilizó con una sonrisa. –Vine porque tengo que decirte algo importante.
-¿Qué es? –Preguntó curiosa.
-Alguien más sabe de los tesoros que te pedí y es primordial que esa persona no de con todos los objetos antes que tu lo hagas. Te ayudaré en esa tarea.
-¿Cómo? ¿Y por que no tiene que encontrarlos?
-Te lo explicaré más tarde, nos reuniremos en el plano terrenal pronto, yo te diré donde y cuando. Suerte. –Meikai desapareció, dejando a Liane algo confundida.
Regresó a su habitación, se despojó de su ropa y la acomodó finamente en el ropero al lado de su cama. Se vistió con un camisón blanco algo trasparente y se acostó. El colchón era cómodo, tanto así que quedó dormida al poco rato, aunque tiempo después unos leves golpeteos en la puerta la despertaron. Fue a atender y encontró a Teto del otro lado.
-¿Ocurre algo? –Estaba adormilada.
-Dije que vendría a hablar, ¿no?
-No creí que vendrías realmente. –Bostezó y fue a sentarse a la cama, Teto se acomodó a un lado. -¿De qué quieres hablar?
-No se. –Respondió, dejando algo cohibida a la rubia. –Normalmente eres tú quien hace palabrerías.
-Muy chistosa, pero hoy no, estoy algo cansada y solo quiero dormir. –Dijo con los ojos entrecerrados. –Pero… tengo curiosidad de algo ahora que me acuerdo. –Puso su dedo índice sobre la frente. -¿Viste a tu hermano? –Teto bajó la mirada al oír eso.
-Si, lo vi, pero está muy grave. –Respondió acostando los codos y apoyando su peso en ellos. –Dijo que un médico fue a verlo, tiene la medicina para que se mejore pero no hay dinero con que pagarla.
-Seguro que entre las dos lo juntamos, no creo que cueste tanto. –Reconfortó.
-Si, seguro, si tienes en tu bolsillo ahora cien monedas de oro. –Comentó con sarcasmo.
-Aún tengo el premio que me dio la señorita Vanika. –Dijo y de su uniforme extrajo una bolsa que se veía bastante pesada a simple vista. –Traje algo de dinero, el resto está en casa. –A Teto se le iluminaron los ojos de solo ver la cantidad de dinero que había en el interior de la bolsa de lana.
-¡Es perfecto! –Exclamó. –Justo lo que necesito, muchas gracias. –La capitana le sonrió y Liane hizo lo mismo.
-Mañana pediremos permiso para salir, quiero conocer a tu hermano.
-Como gustes. –Agradeció. –Bueno, se nota que estás cansada, así que mejor me voy. –Cuando Teto se levantó y devolvió la mirada a la rubia, se dio cuenta de que ella ya estaba dormida y cabeceando, con un riachuelo de baba escurriendo por su boca. Rio y la acomodó en la cama antes de regresar a su habitación.
-.-.-.-.-FIN DEL CAPÍTULO DIEZ-.-.-.-.-
