Pues, lamento bastante mi tardanza. Gracias a los que me andan siguiendo en esta historia. El capítulo es bastante largo, espero no aburrirlos. Como saben, TODAS sus críticas y comentarios son bien recibidos n.n
11. Fiesta en el palacio de Lucifenia.
La noche pasó bastante rápida. Liane se despertaba por causa de los rayos del sol y trataba de retirar el sueño de su cuerpo estirando los brazos y dando un largo bostezo. Su bata de dormir se había corrido un poco dejando ver su hombro desnudo y parte del pecho, quien lo notó más fue Allen, el sirviente, al cual le habían encargado la tarea de despertarla y como no atendía la puerta tuvo que entrar para encontrar a la comandante en ese estado. Cuando Lily reparó en la presencia de él apenas estaba despabilándose del todo.
-¿Ocurre algo?
-… -Allen no respondió al instante, estaba sonrojado y le daba algo de pena hablar. –La… la princesa Rilliane espera verla para el desayuno. –Trató de decir y sonar lo mas calmado posible.
-Iré en un rato. –La muchacha se levantó y estaba a medio camino de sacarse la bata cuando oyó la puerta cerrarse de golpe. -¿Eh? –Liane siguió con lo suyo y al salir se encontró con el pequeño sirviente recargado a un lado de la puerta con la cabeza gacha. -¿Nos vamos?
-Si… -Respondió quedamente.
Dando pasos acelerados llegaron al comedor. Rilliane ya estaba degustando de sus alimentos, pero había rastro de alguien más, ni de Teto o Gast. Liane se sentó enfrente de ella e inmediatamente le sirvieron el desayuno. Allen, como la noche anterior, se plantó a un lado de la Princesa para complacerla en lo que pidiera, aunque también para limpiarle el rostro de migajas.
-¿Por qué no están todos? –Se aventuró a preguntar la comandante.
-¿Quiénes todos? –Preguntó Rilliane mordiendo un panqué.
-Usted sabe, Gast y Teto…
-Ah, ellos. Están comiendo con los demás sirvientes. –Respondió como si nada.
-¿Y por qué no están con nosotros?
-No me dio gana soportar al paliducho y a la pelirroja. –Volvió a responder tras darle un sorbo a su taza de chocolate. –Quería platicar contigo.
-¿A si? ¿Sobre qué? –Curiosa.
-Mas bien iba a pedirte algo. –Rilliane puso los codos sobre la mesa y recargó su barbilla en las manos. –Tengo ganas de ir al pueblo, pero Allen es muy insistente en que lleve escolta adicional, así que por como vi que te moviste ayer pensé que tú serías una excelente guardaespaldas. ¿Qué dices?
-¿Yo?, encantada.
-¡Entonces está decidido! –Exclamó entusiasmada. –Allen, cancela mis compromisos con el consejo, a las tres iremos a dar una vuelta.
-Pero princesa, la junta de hoy es importante, no puede faltar. –Interpuso el sirviente.
-Pues recórranla para otro día, no estoy de humor tampoco para aguantar a unos costales viejos ¡Quiero salir! –Chilló.
Allen suspiró: -De acuerdo, pero mañana a la misma hora tendrá que asistir.
-Si, si, si. Ahora, ¿hay algo que tengas que posponer, muchacha? –Dejó de hacerle caso al muchacho y mejor prestó atención a la rubia.
-Pues, si su Majestad me lo permite, quisiera poder salir del palacio un momento a visitar a un… ¿amigo?
-¡¿Tu novio?! –Gritó emocionada con los ojos brillosos, mas sin embargo Liane enrojeció fuertemente.
-¡No, nada de eso, Alteza!... solo es el hermano de una amiga, es todo. –Susurró por lo bajo tras excusarse.
-Pues que aburrida entonces. –Su emoción cambió a frustración y se encogió sobre su asiento. –Creí que alguien como tu ya tendría pareja.
-Lo veo difícil. –Liane rio nerviosamente rascándose la mejilla izquierda con un dedo. –Entonces, ¿me daría permiso de visitar a mi amigo?
-Por mi no hay problema, pero Allen. –Diciendo esto mientras se colocaba detrás del sirviente y le jalaba los cachetes: -Es tan paranoico que también insiste en no dejarlos salir del palacio a menos que sea con un guardia.
-Eh poh su hien, incesa. –Trató de pronunciar.
-Entonces ve tú con ella, yo voy a dormir. –Dicho esto se fue, dejando a ambos rubios en el comedor.
-Si que es algo pesada. –Comentó cómicamente tratando de disimular una risita.
-Mejor no te escuche o seguro no la cuentas. –Habló serio el sirviente. Liane la miró extrañada.
-¿Por qué?
-Digamos que aquí la palabra "despido" tiene un significado diferente al mundo exterior. –Liane no entendió nada, pero no quiso preguntar nada más.
-Por cierto, mi nombre es Liane, pero puedes decirme Lily si lo deseas. –Se presentó.
-Soy Allen Avadonia, un gusto.
Salieron, caminaron en silencio por los pasillos, pero esta vez el silencio no se le hizo incómodo a la comandante, lo disfrutó bastante. Pero la pequeña duda de la primera vez que lo vio volvió a hacerse presente, pero ahora que sabía su apellido era prácticamente imposible que se tratara del gemelo de Rilliane. Se encontraron con Teto al doblar una esquina y bajar las escaleras, y la capitana se unió a ellos.
Ni bien acababan de salir del palacio cuando se encontraron, frente a la rendija que daba acceso a la construcción, a un soldado montado sobre un corcel. Allen lo saludó sonriente y el hombre respondió de la misma forma. Se quedó viendo algo impresionado a Teto en el momento que bajó de su caballo.
-¿Cetera Teto? –Preguntó aventurado. Al parecer, la capitana lo reconoció también.
-¿Avadonia Leonart?
-¿Se conocen?
-¡No puedo creerlo! –Leonart fue a abrazarla y ella correspondió. –Hace tanto que no te veo, vieja amiga.
-Yo también te he extrañado. –Dijo sonriente. -¿Dime, como está la pequeña Germainie?
-¿Pequeña? No me hagas reír, veinte años y es mas pequeña que yo por solo unos centímetros. –Rió. –A propósito, aún te conservas bien, pero ¿por qué te cortaste el pelo?
-Larga historia y… ¡oye! ¿qué quieres decir con que me conservo bien? Solo pasaron diez años desde que nos encontramos en la sala de Marlon.
-No olvidaré ese día. –Dijo sonriente. –A propósito, ¿Qué te trae al castillo?
-Padre. –Interrumpió Allen. –Son invitadas de la Princesa Rilliane, ahora mismo estábamos por ir al pueblo.
-Ok, entonces no interrumpo más. –Leonart estrechó codos con la capitana y montó de nuevo su caballo. –Debo hablar con la Princesa más tarde. Espero verte de nuevo, Teto.
-Seguro que lo harás. –Se despidieron él y ella, olvidándose completamente de Liane y Allen.
Continuaron con su camino. Teto tomó la delantera tratando de no escuchar la palabrería que salía de la boca de Lily para calmarse a si misma, pero era curioso que Allen le estuviera prestando atención a la rubia y todas las incoherencias que soltaba acerca de estrellas que concedían deseos y aventuras que vivió de pequeña al lado del duque Venomania. Al poco rato llegaron a las afueras de la muralla de la ciudad capital, Allen miró extrañado a ambas, pero una sonrisa de Lily le dijo que podía confiar en ellas. Pasaron por un sendero lleno de matorrales y bayas hasta que llegaron al frente de una pequeña casa de madera, Teto entró y los otros dos con ella.
-Ted, ¿estás despierto? –Preguntó apenas puso un pie en el interior de la cabaña.
-Señorita Teto, pase, pase, es bueno verla otra vez.
-Ah, doctor, es una suerte encontrarlo aquí. –Saludó a un hombre de avanzada edad. – Este es el doctor Blackenheim, un famoso médico del pueblo de Toragay, en Elphegort.
-Un gusto saludarlos.
-Doctor, ¿cómo está mi hermano? –Dijo al hombre, algo preocupada.
-No muy bien, señorita, la fiebre empeora y los medicamentos comunes ya no hacen efecto en él. Sin la medicina que le ofrezco dudo mucho que se salve y no puedo rebajarla más de su precio original.
-¿Cuánto cuesta? –Preguntó Allen sacando su monedero, mas el señor sonrió con gracia al ver lo que hacía.
-Cien monedas de oro. –El rubio palideció al escuchar tan absurda suma de dinero. –Y es lo menos que puedo pedir.
-Liane, por favor. –La capitana miró algo suplicante a la comandante, a pesar de que habían acordado ayudarse mutuamente, Teto tenía miedo de perder a su querido hermano. Lily asintió y sacó su bolsa de tela de entre sus ropajes.
-Creo que aquí está la cantidad exacta. –Dijo la muchacha extendiéndole la bolsa con el dinero. Blackenheim quedó algo impresionado porque aquella muchachita cargara con ella tal cantidad de monedas; ya ni se molestó en contarlo, con el peso calculaba el valor exacto y tal vez un pequeño extra.
-Tienen suerte. –Rió. De su capa extrajo una jeringa e inyectó el contenido de esta en el brazo del muchacho que yacía en una cama a su lado. –Listo, con esto bastará.
-¿De verdad? –Se ilusionó Teto.
-Si, con una dosis basta para tratar la enfermedad de la Gula, por fin logré perfeccionar mi fórmula. –Alardeó. –Espero no tener que regresar a estos rumbos. –Dijo y, tras pasar al lado de Teto y poner su mano en el hombro de la fémina pelirroja a modo de despedida, se marchó.
Teto, ni tarda ni perezosa, fue a ver como estaba su hermano y se quedó mirando su rostro. Liane fue con ella y pudo apreciar mejor al muchacho. El cabello de este era largo y rojizo como el de Teto, su cara compartía facciones con las de su hermana y se le notaba bastante más alto que ella. Allen salió de ahí para darles espacio y tuvo que pasar cerca de media hora para que la rubia saliera.
-¿Cómo se encuentra? –Mas que curiosidad, el sirviente preguntó por simple cortesía.
-Bien, algo cansado, pero vendré mañana en la mañana para ver como sigue.
-No creo que se pueda. –Advirtió Allen. –Mañana comienzan los preparativos para la fiesta y ustedes también tienen que cooperar.
-¿Y quien te crees tu para decirme que hacer? –Contestó irritada. Por un momento Allen pensó que Chartette y ella eran parientes o algo por el estilo por la forma en que hablaban.
-Son órdenes de la princesa. –Respondió tranquilo. Teto bufó, iba a responder algo, pero Liane se le adelantó.
-¿Y no podemos llevarnos a su hermano con nosotros?
-¿Ah Ted? No lo se, su habitación está ocupada desde hace rato por una…
-Aguanta. –Cortó Teto. -¿Tu conoces a mi hermano? ¿Cómo?
-Llegó al palacio un día a pedir empleo y yo se lo concedí como limpia platos, hasta que anunció su renuncia y…
-Ese idiota, ¡le dije que no se esforzara!
-Basta, Teto. Pero eso significa que podemos meterlo al palacio, ¿no? –Liane se dirigió al sirviente casi suplicante. Allen dudó por un momento.
-Podemos hacerlo, pero tratar de convencer a Miriam será algo difícil. Además…
-¡Gracias! –Liane fue a abrazarlo y el pobre muchacho se ruborizó a horrores, mas cuando la imagen de ella en la mañana llegó a su mente. –Ok, ¿podemos moverlo ahora?
-Llamaré a alguien para que venga por él. –Dijo separándose del abrazo y comenzando a caminar.
Liane le siguió de cerca y por el rabillo del ojo notó como fue que Teto entró rápido a la casa por un momento y regresó con una gran sonrisa adornando su rostro con un ligero sonrojo en las mejillas. Era la primera vez que la veía así y se le hacía bastante cómico y extraño.
Allen trató de relajar su mente. Parecía un muchacho bastante tímido si se trataba de estar con chicas, chicas que no fueran la Princesa, Miriam o incluso su hermana mayor, de hecho, siempre buscaba guardar su distancia con las demás sirvientas del palacio; por eso tal vez seguía nervioso de tener a Liane cerca suyo.
En poco rato llegaron de nuevo al castillo, Allen les dijo que él se iría a otro lado por que tenía diversos asuntos que atender con Chartette, Teto se fue a buscar a la tal Miriam para ver si lograba convencerla de recibir a su hermano por un pequeño tiempo, y Liane se quedó esperando a la entrada por la llegada de la Princesa para su salida.
-¿Dónde estabas? Se supone que debías buscarme en mi recámara. –Oyó a su espalda pasada media hora.
-¿Perdone? –Liane se volteó, viendo detrás a Rilliane con las mejillas infladas y con el ceño fruncido. -¡Oh, perdone, Alteza! Pero no sabía donde quedaba su habitación… además, no sabía que tenía que buscarla… -Susurró de último para si.
-¡Sin excusas! –Exclamó.
Lily volvió a disculparse aunque la Princesa no le respondió nada, solo comenzó a caminar y como ella era su guardaespaldas ahora, en ningún momento apartó la mano a mas de diez centímetros del mango de la espada Venom.
A cada calle que ambas iban la gente saludaba con aclamaciones y sonrisas forzadas a la Princesa, esta no hacía más que mirarles con soberbia y alzaba la mano en forma burlona. Alguno que otro apretaba el puño, pero no apartaba la mueca de su rostro, fingiendo que todo iba bien. A Lily se le hizo extraño todo eso, mas suponiendo que Rilliane debía ser una persona amada por su gente, pero por inquietud ya había colocado la mano entera sobre el mango de la espada.
La caminata duró cerca de dos horas, tratando de visitar lo más posible las zonas residenciales aledañas al castillo; después, volvieron. A la Princesa le entró un hambre voraz, así que fue directo a la cocina por algo, dejando libre a Liane de hacer lo que quiera. Fue que caminando por uno de los corredores para buscar su habitación que se topó con Allen.
-¿Qué tal el paseo? –Preguntó cordialmente.
-Algo raro, la verdad, la gente… no se…
-Así que te diste cuenta. –Musitó con resequedad. Liane quiso una explicación. –Aquí las personas no tienen simpatía con la Princesa, ni siquiera la servidumbre además de Chartette, Miriam, mi padre y yo.
-Así que eso era. –Allen asintió con la cabeza. –Pues me sorprende.
-¿Por qué? –Preguntó algo confundido, empezando a caminar y siendo seguido por la rubia.
-Pues… no lo se con seguridad, pero, digo, la Princesa apenas es una niña, no creo que tenga mucha idea de cómo debe manejarse un reino.
-Usted no tiene idea. –Sonrió con condescendencia.
-Pues, la verdad, resulta ser caprichosa, mandona, aniñada, pero eso es de acuerdo a su edad. –Explicó. –La gente debería tenerle un poquito mas de paciencia.
-Y reitero lo dicho: usted no tiene idea.
-Tal vez, pero a mi me agrada la Princesa, no se porque la gente de su pueblo no piensa lo mismo.
No hablaron más, se separaron y dedicaron sus acciones a atender cualquier cosa que la Princesa pudiera necesitar para la fiesta que se celebraría. Chartette y Teto eran las que mas se quejaban, pues no les agradaba del todo aquellas clases de trabajo que las obligaban a realizar.
Así estuvieron hasta que llegó la tan ansiada noche de la Princesa. Esta no se había aparecido en toda la mañana ni siquiera en la tarde, Allen también estaba desaparecido. Aunque solo notó su ausencia, de ambos, Miriam no pudo preocuparse pues tenía que estar al pendiente de que los guardaespaldas de la princesa estuvieran presentables y preparados para cuando el sol se pusiera. La sirvienta Chartette ya había avisado a Gast y a Liane, ahora solo faltaba Teto, pero cuando entró a su habitación encontró una extraña escena: Teto estaba dormida con su uniforme puesto sobre el pecho de un muchacho parecido a ella, que además la tenía rodeada por la cintura.
Chartette carraspeó para llamar la atención de ambos. –Disculpen que interrumpa, pero la capitana tiene que bajar inmediatamente. –Avisó, haciendo que ambos pelirrojos frente a ella cayeran de la cama sumamente sonrojados.
-Voy en un momento. –Soltó Teto en in imperceptible hilo de voz.
La Princesa aguardaba en su alcoba, Chartette hizo el favor de conducir a los tres miembros de la Compañía ante su presencia y luego se retiró. Rilliane caminaba de un lado a otro, parecía león enjaulado y se repetía letra por letra las lecciones que su maestra de etiqueta le había hecho memorizarse, Allen trataba de relajarla pero esta le respondía jalándole los mofletes y poniéndose aún mas nerviosa.
-¡Waaaa! ¡Tiene que salir perfecto, tiene que salir bien!
-¿Alteza? –Llamó Liane acercándosele. -¿Se encuentra todo bien?
-¡Y ustedes, ¿no pudieron encontrar algo mejor que ponerse?! –Gritó mirándolos de reojo.
-Somos su escolta, no sus invitados. –Dijo sarcástico Gast.
-¡Pues regresen inmediatamente a cambiarse esas fachas o los decapito!
Su sirviente los corrió a empujones, no quería que en esa noche ocurriera alguna ejecución innecesaria. Chartette estaba afuera, esperándoles como si hubiera sabido todo el tiempo que eso ocurriría, por lo que les pidió que la siguieran para cambiarse su uniforme; de hecho, fueron los mismos trajes que portaron en la cena con la Princesa los que usaban ahora.
Bajaron, iban a anunciar a Rilliane muy pronto. Liane dio un rápido vistazo al salón donde se efectuaría el baile y le sorprendió bastante ver a mucha gente reunida ahí, la mayoría personas ricas y siendo menos la servidumbre. Todos ahí traían consigo trajes negros o vestidos blancos y ostentosos; el ambiente era iluminado por el amarillo de la luz de los candelabros y las paredes de oro, el suelo perfectamente pulido permitía que el reflejo de todos ahí se vieran de forma nítida. Teto silbó para demostrar que bien lucía todo.
-¡Atención, atención! ¡La Princesa Rilliane Lucifen d´Autriche hace su aparición! –Espetó un sirviente vestido de rojo. Al instante varias trompetas se hicieron sonar y todo el mundo comenzó a aplaudir en el momento que la pequeña niña bajaba las escaleras al lado de su fiel sirviente, la Compañía le seguía detrás.
Allen escoltó a su ama mientras saludaba a todos sus invitados, pidiéndole a Gast que se apartaran un poco de ella, pero a la distancia adecuada como para poder actuar en caso de algún agravio.
Desviando la mirada ligeramente a un lado de su posición, que era al pie de las escaleras, notó una cabellera rubia que le llamó bastante la atención. Liane identificó a una mucama, ella era idénticamente parecida a Neruneru Nerune.
-¡Atención, atención! ¡El Príncipe Kyle Marlon hace aparición! –Espetó el mismo sirviente de traje rojo.
Las miradas se posaron sobre el recién llegado, un muchacho apuesto de tez blanca y ojos azules. Sonriendo, se hizo paso entre la gente hasta llegar al frente de la soberana del mundo y le besó la mano. Rilliane se sonrojó por tal acción, pero se sintió alagada enormemente. La música comenzó a sonar y aquel par terminó en el centro de la pista bailando un vals.
Gast aprovechó para bailar con su capitana, mas Liane y Allen quedaron solos como pareja.
Fue una velada perfecta, justo lo que quería la Princesa. Llegado el tiempo de la cena, la pequeña niña hizo sonar una copa de cristal con una pequeña cuchara captando la atención de los presentes.
-Escuchen, hay algo que es primordial anunciarse.
Si se preguntan qué es lo que dirá Rin y se quedaron con la intriga, es que hice bien mi trabajo jaja
