Maestros Tormenta

Fandomme

Disclaimer: ALLA es propiedad de VIACOM, Nickelodeon, Mike, Bryan y Night. No sacó beneficios de esta historia.

Notas: He estado muy mal últimamente al no responder sus reviews y MP's. Me disculpo. La vida real se metió en el camino, y solo quería que supieran que leo sus reviews, comentarios, mensajes privados, y que noto sus dibujos. Y los aprecio enormemente – el que sigan llegando, me hacen acordar el por qué de que trabaje tan duro en esto, y me animan a hacer más. (¡Lo cual es parte de que este capítulo llegue tan rápido!)

Agradecimientos: A todo aquel que leyó y dejó review en el capítulo anterior, después de tan larga espera. ¡Gracias por mantener la fe!


El mineral más puro se produce a partir de la caldera más caliente. El rayo más brillante se obtiene a partir de la tormenta más oscura – Charles Caleb Colton


Katara apenas había tenido el tiempo suficiente para vestirse antes de que los Dai Li entraran en la habitación y la engrillaran. La arrastraron hasta el pasillo. Un instante después, Zuko salió, retorciéndose y gruñendo, de su propio cuarto. Al verla, se zafó del agarre de los agentes y deslizó sus manos bajo sus pies de forma que estuvieran ahora frente a él. Pasó agachado bajo las manos de los agentes y salió disparado hacia Katara. Levantando sus brazos por encima de la cabeza de ella, usó sus grillos como palanca para acercarla.

Después la besó.

Empezó en la línea de nacimiento del cabello y descendió por sus sienes hasta sus mejillas y luego pasó por su nariz – por todos lados, menos por sus labios, y una voz muy lejana le dijo que era decente de su parte dejarle esa pequeña dignidad, de dejarle que eso sea solamente de ella para dar.

-He estado tan preocupado –dijo, un poco demasiado fuerte para que Azula y los demás pudieran oí he extrañado tanto.

-Y… yo también –respondió Katara, pero era difícil para su boca formar las palabras-. Mucho –ella se balanceaba sobre sus pies. Era difícil mantener el equilibrio con sus brazos en la espalda y él recostado contra ella, pero entonces las manos de él encontraron las de ella y sus dedos se enlazaron alrededor del acero, y él acercaba su rubor contra él de forma que ella sentía su respiración no solo en su cuello sino también atravesándole el pecho.

Dejó que sus frentes chocaran.

-¿Estás bien?

Ella tragó.

-Sí, perfectamente… -parpadeó-. ¿Qué hay de ti?

-Mucho mejor, ahora –respondió Zuko.

-Oh, guárdenselo –cortó Azula-. Llévenselos arriba.

Entonces, todo el cuerpo de Zuko se agitó hacia atrás cuando los Dai Li le jalaron los brazos hacia arriba y lo tiraron hacia atrás. Sus botas chirriaron sobre el piso.

-¡Ey! ¡Estaba besando a mi novia!

-Tendrás tiempo de sobra para hacer eso después, Zu-Zu –aseveró Azula-. Trata de tener tu mente en el plan, por ahora. Es la única razón por la que están vivos.

Ty Lee esperaba por ellos en lo que parecía ser el cuarto de Azula. Era tan grande como una casa pequeña en la aldea de Katara –la cama misma era como un cuarto pequeño dentro de la misma. Ty Lee había atorado su cabeza a través de las piernas de alguna forma, y habló desde entre ellas.

-¡Oh, hola, Azula! –Desdobló su cuerpo y sonrió de oreja a oreja-. Hola, Zuko. Hola, Katara –parpadeó-. Recibí tu mensaje, pero Azula dijo que podía ser que tú fueras una mala influencia.

-Está bien –repuso Katara.

-¿Dónde está Mai? –inquirió Azula-. Le dije que esté aquí.

-Relájate –dijo Mai, saliendo de lo que parecía ser un cuarto de peinado-. Acabo de ir a vomitar.

-Ver a estos dos es suficiente para que cualquiera devuelva la comida, Mai, pero trata de mantener tu estómago en su lugar –replicó Azula. Se giró hacia Katara y Zuko-. Siéntense.

Con las cadenas marcando un sendero tras ellos, se acomodaron en un sofá muy duro y vertical. Zuko de inmediato rodeó a Katara con sus manos unidas y la abrazó.

-¿Qué quieres?

Mai bufó y desvió la mirada. Los ojos de Azula la siguieron antes de fijarse de nuevo sobre Zuko y Katara.

-Hoy es un día muy especial, Zuko. Hoy, finalmente probarán ser útiles –entornó los ojos-. Así que quiero que regresen a ese hueco despreciable que llaman casa de té, y averigüen todo cuanto puedan sobre el Avatar y sus planes.

-¿Eso es todo? –Preguntó Katara-. ¿No quieres decir que vamos a tenderle una trampa? ¿No es eso realmente?

A su lado, Zuko se tensó. Una especie de regocijo sorprendido entró en los ojos de Azula.

-Oh, has aprendido tanto de mí en tan poco tiempo –observó-. Por supuesto que es una trampa. Y tú vas a ayudarme a que entre en acción.

-Nunca –replicó Katara.

-¿No? –inquirió Azula. Una bola de fuego azul cobró vida en su palma-. ¿Ni siquiera cuando eso signifique salvarle la vida a Zuko? –La llama creció más-. No tengo problema en librar a este palacio de él de una vez y por todas, sabes. Padre me agradecerá por quitarle esta mota de lodo en particular de sus zapatos –Azula alzó su mano encendida-. Desobedéceme ahora, y él está acabado –Azula hizo malabares con el fuego entre sus manos-. ¿Entonces qué, Katara? Elige. El Avatar. O Zuko.

La llama ardía tan brillantemente que Katara casi podía ver su centro blanco. Se retorcía y doblaba y fluía en las manos de Azula. ¿Esa es la clase de fuego que marcó a Zuko? ¿Va a pasar eso de nuevo? La princesa levantó una mano para asestar el golpe y Katara exclamó:

-¡De acuerdo! ¡Bien! ¡Lo haré!

Las llamas se evaporaron.

-¿No es lindo, Zuzu? –indagó Azula-. Te ama, después de todo.

Zuko soltó el aliento.

-¿Qué tenemos que hacer?

Sonó un golpe en la puerta, y pronto alguien entró con té y bandejas humeantes en un carrita.

-Oh, eso es fácil –respondió Azula-. Sirven té, justo como dijeron en su carta. Retienes al Gordinflón y a quién sea que decida visitarlos el tiempo suficiente –esperó a que el guardia saludara antes de volver se de nuevo hacia ellos-. Y si fallan en cualquiera de esas dos tareas, mueren.


En el camino hacia el palanquín, Katara casi se descompuso cerca de tres veces. Cada vez que imaginaba la cara de Aang – Aang encadenado, Aang siendo quemado, Aang en un funeral amortajado siendo acomodado dentro de un horno – y pensaba en su misión, se le revolvía el estómago. Él puede burlar a Azula. Lo ha hecho antes y puede hacerlo de nuevo. Sabe que es una trampa – le dijimos a Piandao que tenía que ser. De alguna forma, repetirse esos pensamientos no ayudaba. Para cuando entraron en el palanquín estaba realmente contenta del brazo de Zuko rodeándola y el regular latido de su corazón debajo de su oído cuando la acercó. Fingir su relación tenía sus ventajas – en ese momento necesitaba ser abrazada y no le importaba mucho quién lo hiciera, mientras la persona en cuestión no estuviera intentando matarla, encarcelarla, o manipularla. Triste, la forma en que habían cambiado sus estandares. Cerró los ojos y se preguntó donde estaba su hermano.

-Llegamos –anunció Zuko en su cabello, y abrió los ojos lentamente.

-¿Me dormí? –inquirió Katara.

-Sí –respondió Zuko quedamente-. Solo por un ratito.

-Sabes lo que dicen sobre la culpa –intervinó Mai, desde afuera de las gruesas cortinas rojas del palanquin.

Katara parpadeó y se enderezó en el asiento.

-No, no lo sé –contestó fuertemente-. Pero apuesto que tú sí.

-Deja de cebar al cebo, Mai –interrumpió Azula-. Ustedes dos. Extiendan las manos.

Frunciéndose el ceño el uno al otro, Katara y Zuko lo hicieron. Azula sacó una llave de la manga y abrió sus grillos.

-Ahora váyanse –ordenó.

-¿Nos estás… dejando ir?

-Por supuesto que no –convino Azula-. Toda esta zona esta atestada de Dai Li y arqueros Yu Yan –se inclinó hacia delante-. Si el Avatar no viene tranquilamente, la Nación del Fuego está preparada para tomarlo por la fuerza. De una forma u otra, será nuestro. Y pueden ahorrarle un montón de dolor si cooperan. ¿Me entienden?

-Sí –asintió Katara, agachando la mirada.

-Bien. Ahora vayánse.

Zuko abrió la cortina, y Katara salió. Él salió tras ellos. Estaban en un callejón detrás del Perico Gorrión Azul. Detrás de ellos, el palanquín se fue rápidamente.

-Estamos justo dónde comenzamos –comentó Katara.

-Lo sé –Zuko miró hacia arriba y debajo del callejón, luego a los techos. Katara siguió su mirada. Ese largo trecho de camino vacío se veía horriblemente tentador.

-No podemos –determinó.

-Sé eso, también –suspiró y se dirigió hacia la puerta trasera-. Vamos. Prepararé algo de té.

Rari los saludó en la cocina.

-Hola, ustedes dos –exclamó con una voz chirriante-. Les ofrecería algo de té, pero… -levantó los dedos. Vendas y dimininutas tablillas de bambú los mantenían derechos. Claramente, alguien se los había roto todos. Se le aguaron los ojos a Katara.

-Esta bien –repuso Zuko-. Yo haré un poco.

Se ocupó con el té. Katara se movió para ayudarlo. Encendió el fuego y ella empezó a medir algo para calmar sus nervios. El silencio dominaba la cocina. Sentía los ojos de Rari en su espalda como dos carboncitos.

-No les dije nada –continuó el viejo maestro de té, finalmente.

Zuko se detuvo. Se giró y ella lo siguió.

-Gracias.

Rari sonrió lánguidamente.

-No fue nada –porfió-. Tu hermana sus agentes son muy intimidantes –se examinó los dedos destrozados-. Pero si los hubiera traicionada, no habrá distancia ni ruego capaz de salvarme de la cólera de su Tío.

Katara entrelazó las manos.

-Estoy seguro que él hubiera entendido…

Una sombra cruzó el rostro de Rari.

-No conoce al General como yo, joven señorita –miró más allá hacia el salón de té-. Uno no juega con el Dragón del Oeste.

-Eras parte de su fuerza de invasión, ¿no? –preguntó Zuko-. Es así cómo te conoció. No es solo por el Loto Blanco.

Rari cabeceó en dirección a la tetera.

-Está hirviendo.

La mirada de Zuko permaneció fija en el otro hombre, así que Katara se volvió y empezó a levantar el agua. No fue hasta que escuchó el crujido de unos pasos que se desvanecían en las escaleras que se dio cuenta que el anciano se había ido. Suspiró y miró fijamente su té.

-Supongo que fueron realmente duros con él –parpadeo-. Como lo fueron contigo, digo. Te lastimaron muy mal.

Zuko bufó.

-Lo peor que hicieron fue sacarme mi daga –tomó su taza-. Tú arreglaste el resto.

Ella frunció el ceño.

-¿Sabias que Azula me iba a pedir que te curara?

Sopló su té y meneó la cabeza.

-No.

-¿Así que simplemente esperaste que todo saliera bien?

-… No –bebió el té-. Solo pensé que podía distraer a Azula por un rato. Dijeron que no te lastimarían.

-Zuko…

-Está bien. Lo haría de nuevo –se bajó el resto del té e hizo una mueca-. Vamos arriba. quiero dormir un poco antes de que ese silbato suene.

Katara asintió.

-De acuerdo –reticentemente, lo siguió por las escaleras y dentro de su viejo apartamento. Rari lo había dejado abierto. Zuko le echó un vistazo a la habitación, suspiró, y empezó a tirar el futón y las mantas al piso.

-Puedes agarrar el otro cuarto, sabes –sugirió Katara-. es más lindo.

-Éste está bien.

Katara hizo un mohín. Caminó hacia la ventana.

-Me preguntó como les está yendo a la hija del dueño del sauna y a su nuevo esposo –se inclinó por la ventana un poquito-. ¿Te acuerdas? Vimos el desfile…

-Me acuerdo.

Katara se volvió.

-¿Estás enojado conmigo?

Zuko detuvo su tarea.

-No.

-¿Entonces por qué estás así?

-¿Así cómo?

-Todo… chato –puso una cara inexpresiva-. No estás diciendo nada.

-Bueno, lamento no ser lo suficientemente conversador para ti.

-¡Ves, lo estás haciendo de nuevo! ¡Actúas cómo que hice algo malo, y no sé que es! ¡Así que dímelo de una vez para que pueda disculparme ya!

Zuko se enderezó. Cerró los ojos.

-No eres tú.

-¿Entonces qué es?

Zuko arrojó las manos en el aire.

-Oh, no lo sé, ¿quizás el hecho de que en unas cuantas horas, Azula va a atrapar a Aang y a arrojarlo en una jaula, y será mi culpa? ¿O quizás el hecho de que no sabemos nada sobre esta arma, porque estaba muy ocupado asegurandome que Li y Lo no te estuvieran por matar como para irme y empezar a buscar pistas más temprano?

Katara retrocedió un paso.

-Así que piensas que es mi culpa –resumió-. Yo fui la que se enfermó. Yo retuve las cosas. Es mi culpa. Eso es lo que piensas, ¿no?

El pánico se deslizó dando saltitos sobre sus facciones.

-No. Eso no es lo que quise decir.

-¿Entonces qué quisiste decir?

-Quise decir que es mi culpa –insistió Zuko, bajando la mirada-. Debí haber empezado a buscar antes. Pero no lo hice. Pensé que te estaban envenenando. Tú simplemente... no despertabas, y pensé que si no te estaba vigilando cada minuto, ellas podrían… -sus puños se cerraron, luego se abrieron-. Dejé la misión de lado. Dejé de lado a tu gente. Dejé de lado a nuestra gente. Y es porque…

-Zuko.

Levantó el rostro.

-¿Sí?

Ella se adelantó.

-Está bien –intentó sonreír-. No es como si yo hubiera hecho algo diferente. Digo, si hubieras sido tú el que se enfermase, y yo creyera que estaban intentando envenenarte, no te hubiera dejado.

Él parpadeó.

-¿No?

-¡No! Digo, sé que dije cosas cuerles, pero no te hubiera abandonado sin más con esas horripilantes ancianas –levantó un dedo-. ¡Y tenías razón! Porque cuando te dejé con esas horripilantes ancianas, te envenenaron. O te drogaron. O algo. De cualquier forma, tenías razón de desconfiar.

Él casi sonrió.

-Supongo que sí…

Ella ladeó la cabeza y se abrazó los brazos.

-Estoy realmente asustada, también, sabes.

-¿Por Aang?

-Sí. Y de ver la cara de mi papá cuando le diga que no encontramos nada –se frotó los brazos-. va a estar realmente, pero realmente decepcionado…

-Está bien –replicó Zuko-. Prefiero tener a tu padre decepcionado sobre mí que al mío –se lamió los labios-. Entonces, ¿Qué hacemos si esto no funciona?

-¿A qué te refieres?

-Me refiero a, sí Azula atrapa a Aang. ¿Qué hacemos?

Katara frunció el ceño.

-Lo liberamos, por supuesto.

-Ah –el sonrió verdaderamente esta vez-. Cierto.

Katara fue hasta él y lo capiroteó en la frente.

-Honestamente, Chispitas, a veces me preguntó dónde está tu cabeza.

-Divaga un montón –confesó Zuko. La miró-. Toda esta zona está llena de maestros tierra de élite y arqueros especialmente entrenados, más Azula, Mai y Ty Lee. Sino podemos liberar a Aang, o Azula nos descubre traicionándola, estamos muertos.

Katara encontró algo dentro de si para hacer retroceder al miedo.

-¿Cuándo esas probabilidades te han detenido?

Él sonrió con suficiencia.

-Nunca –cabeceó hacia la ventana-. ¿Segura que no quieres correr?

-¿Qué, perderme todo esto?

-Oh. Sí. La tortura. Las tareas. El té-control. ¿Como es posible que pudiera dejarlo atrás? –puso los ojos en blanco.

Katara sacudió polvo imaginario de los hombros de él.

-¿A dónde iríamos siquiera?

-A buscar a mi mamá.

-¿Crees que a tu mamá le gustán las maestras agua?

-Creo que puedo convencerla –suavemente la tomó de las muñecas-. Después de todo, si puedo vender tu papá a los maestros fuegos…

-¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?

Katara se volvió. Encontró a Sokka parado en la entrada usando su barba completa, blandiendo su espada. La sacudía como un dedo meneante en dirección a Zuko.

-¿¡Qué estás haciendo con mi hermanita bebé!?

-Me debes cincuenta monedas de oro –exclamó Toph, apareciendo a su lado. Katara casi no la reconoció, al principio – la maestra tierra había re-arreglado su cabello en una larga y brillante cola de caballo sujetada con la corona reliquia que Zuko le había dado. Sonrió de oreja a oreja-. Chispitas. Dulzura.

Y entonces todos se movieron. Zuko se movió primero, pensó Katara, pero sus propios pies fueron tan rápidos que no podía asegurarlo. Chocaron unos contra otros –ella contra su hermano, Toph contra Zuko—y hubo una oleada de palabras:

-¡Sácate esa barba!

-¿Qué estás usando?

-¿Qué estás haciendo aquí?

-¿Qué, pensaste que me podías mantener lejos?

Katara se apartó de Sokka.

-En serio. Quítate esa barba.

-En serio, ¿qué estás usando?

-Es mi uniforme –retrucó Katara-. para mi trabajo.

Sokka se volvió hacia Zuko.

-Tú la dejaste usar-oh.

Zuko estaba sentado sobre sus rodillas, abrazando a Toph. La maestra tierra se había sonrosado significativamente, pero lo dejó seguir agarrándola hasta que lentamente la soltó y cuidadosamente le acomodó la corona.

-Me gusta tu cabello –dijo.

-El Viejo dijo que se veía bien –respondió Toph.

-¿Dónde está? –preguntó Zuko-. ¿Dónde está mi Tío?

Sokka hizo una mueca.

-Está, eh, con Aang.

Las facciones de Zuko se oscurecieron.

-Entrenándolo.

-No… más como… reteniéndolo –Sokka se frotó la nuca-. Verás, Aang de veras quería venir hoy, pero tu tío, y bueno, todos los demás, pensamos que quizás no era tan buena idea.

-No lo era –asintió Zuko-. Azula cree que lo va a atrapar y a quien sea que venga con él –frunció el ceño y se empujó sobre sus pies-. ¿Cómo entraron sin que los Dai Li o los Yu Yan los vieran?

-Sí, sobre eso… -Toph metió las manos en los bolsillos-. Puede que haya un hoyo en la cocina que no había antes.

Zuko tiró de su cola de caballo.

-Justo como un topo-tejón.

-No tenemos mucho tiempo –interrumpió Sokka-. ¿Qué han descubierto? ¿Tienen los planos? ¿Saben dónde está el Mecánico?

Katara y Zuko se miraron el uno al otro.

-No –contestaron al unísono.

-No lo hemos encontrado aún –explayó Zuko-. Hemos buscado en casi todos lados. Lo único que hemos descubierto es que todos los que no son maestros están siendo llevados fuera de la torre de la prisión a otro lugar.

-Y es ahí dónde Longshot y Smellerbee probablemente estén –añadió Katara-. ¿Entendieron esa parte del mensaje?

-Sí –confirmó Sokka-. Supusimos que eran esos dos, pero no estabamos seguros sobre la otra parte. ¿Cómo terminaron en prisión?

-De la misma forma que nosotros –convino Zuko-. Jun los encontró.

-¿Jun? ¿La caza recompensas?

-¿Ustedes dos estuvieron en prisión? –inquirió Toph-. ¿Por cuánto tiempo?

-Difícil de decir –respondió Katara.

-Dos días –contestó Zuko. Cuando ella lo miró con el ceño fruncido, él se encogió de hombros-. Todavía podía sentir el sol salir.

-¿Fue tan malo? –indagó Sokka.

-No fue exactamente una noche en la ópera –confesó Zuko-. Pero nos las arreglámos –miró al suelo-. Azula sabe que el Tío Iroh está con ustedes. Por eso le dirigimos la carta a él. Lo siento.

-Ey, está bien...

-Era tu hermana o la informacion. Tenía que elegir.

-Zuko, entiendo…

-La tenían en una jaula.

Sokka palideció. Miró a Katara, luego sin palabas la rodeó con sus brazos.

-¿Eso es verdad? ¿Te pusieron en una jaula como a Hama?

Las lágrimas le llenaron los ojos.

-Sí, pero está bien. Zuko me protegió –apretó a Sokka-. Y es algo bueno, también, porque nadie más podía emparcharlo después de que Azula decidiera que todo lo de Ba Sing Se le fuera encima.

-¿Te disparó el relámpago? –inquirió Toph.

-Está bien –replicó Zuko-. Katara me curó.

Katara se separó.

-Hemos estado ocupados.

Sokka bufó.

-Sí. Nos dimos cuenta –los miró a ambos-. ¿De veras no encontraron nada?

-Solo esto –indicó Katara, buscando dentro de su sostén y sacando el pequeño erizo de juguete-. Había uno en el escritorio de Ozai y otro dentro del bolsillo de un prisionero muerto.

-¿Estuvieron en la oficina del Señor del Fuego?

-¿Tocaron un cadáver?

-No preguntes –cortó Zuko-. Dile a mi Tío que hay algo extraño sucediendo con las cenizas en la bóveda, también…

-¿Fueron a la bóveda?

-Sí –afirmó Katara-. confía en nosotros, Sokka, no era tan especial. Bueno, aparte de las joyas. Y las sedas. Y las espadas con todos esos rubíes...

-¿Había espadas con rubíes?

Zuko puso los ojos en blanco.

-Sí, y si te callas te daré uno cuando todo esto termine.

-Todo el mundo se lleva su regalo –explicó Katara.

-Ooh, ¿yo que me llevo? –averiguó Katara.

-Nada, si no le das este mensaje a mi Tío –repuso Zuko-. Dile que hay cenizas en pequeñas urnas. Él entenderá. No guardamos nuestras cenizas ahí.

-¿Sólo cenizas? –preguntó Sokka.

-Sólo cenizas –repitió Zuko-. Miramos.

Sokka y Toph se pusieron un poquito verdes.

-Oh, Chispitas, eso es simplemente asqueroso… -señaló Toph-. Digo, sé que yo soy asquerosa, pero escarbar en las cenizas de un tipo muerto…

-Por favor cállate –paró Zuko-. Dile a mi Tío que parecían corrientes, pero más oscuras que las normales. No sé, quizás fueron quemadas con una clase especial de fuego o algo.

-¿Eso es todo lo que tienen? –insistió Sokka-. ¿Cenizas, un juguete raro y que todos los que no son maestros están siendo trasladados?

-Y la Flota del Sur –recordó Katara-. la Flota Sur está en camino al Polo Sur. tienes que decirle que evacuen –tragó-. No estoy segura de que encontremos el arma a tiempo para decirle a nuestra gente como defenderse.

Sokka cerró los ojos con fuerza y suspiró.

-Oh, no… -abiró los ojos-. ¿Están seguros que es todo lo que tienen?

-Eso es todo –convino Zuko.

Sokka pareció dolorido.

-¿No están, como, reteniendo algo?

-No –dijo Katara.

Toph succionó sus dientes.

-Eso es lo que temiamos.

-Sé que les fallamos –asintió Zuko-. Intentamos…

-No es eso –interrumpió Sokka pesadamente-. Sabíamos que había una posibilidad de que no encontrasen lo que buscaban. El General Iroh hizo dos planes – uno por si encontraban el arma, y otro por si no la encontraban. Es solo que me gusta mucho más el primero.

-¿Por qué? –indagó Zuko-. ¿Qué hay de malo con el segundo?

Sokka no respondió por un momento. En vez de eso, colocó sus manos sobre los hombros de Katara.

-Lo que sea que pasé ahora, quiero que sepas que te quiero y estoy orgulloso de ti.

Katara retrocedió un paso.

-¿Qué está pasando?

-No podemos decirte –negó Toph-. No funcionara si saben

-¿Qué? –Zuko se movió hacia Sokka-. Puedo entender si no confias en mí, pero no decirle a tu hermana…

-No me gusta más que a ti, Zuko –repuso Sokka-. Pero tu Tío tiene razón. La única manera de que funciones es si ustedes… reaccionan naturalmente –extendió su mano-. Estoy agradecido. De verdad. Estaba realmente inseguro sobre esto al principio, no me gustaba, pero ahora pienso que es lo correcto.

-¿Qué es lo correcto? –preguntó Katara.

-Solo te estoy agradeciendo por cuidar de mi hermana –continuó Sokka.

Frunciendo el ceño, Zuko extendió la mano. Sokka tomó su antebrazo y lo apretó. Zuko devolvió el apretón.

-Te prometí que lo haría –replicó Zuko-. A ti y a tu papá. Solo estaba manteniendo mi palabra.

-¿Es así cómo lo llaman? –murmuró Toph.

-¿Así como llaman quienes qué? –inquirió Katara.

-Deberíamos ir yendo –sugirió Toph-. Tenemos, eh, unos detalles de último minuto que terminar –cruzó hasta Katara y la abrazó-. Felicitaciones.

-Sí –asintió Sokka, estirándose y palmeando incomódamente el hombro de Zuko-. Felicitaciones. Creo. Y, eh, buena suerte.

-¿Eh?

-Nos vemos pronto –agregó Toph-. Por cierto, lindo conjunto, Katara.

Katara alisó sus pantalones.

-¿Tú crees? Porque – la comprensión la golpeó-. Oh. Jaja. Muy graciosa, Toph.

-Es para lo que estoy aquí –reconvino Toph-. Vamos, Cabeza Hueca. Tenemos noticias que dar.

-No me lo recuerdes –soltó Sokka. Cabeceó en dirección a ellos-. Porténse bien, ustedes dos.

-Sí, no más sorpresitas, ¿entendido? –inquirió Toph.

-Eh… seguro…

Sokka hizo un ademán hacia sus ojos con sus dos dedos, luego los dirigió a Zuko.

-Tengo mis ojos sobre ti, amigo.

-Claro…

La puerta se azotó. Katara se giró hacia Zuko.

-¿Qué fue todo eso?

-Creo que tal vez lo soñamos –Zuko se apretó el puente de la nariza-. Creo que necesito dormir. Ahora.

-Sí, bien pensado –reconoció Katara-. Estaré, eh, en mi habitación.

-Claro –Zuko se sentó en el futón y empezó a desatarse las botas-. Que tengas una linda siesta.

Katara permaneció en el umbral.

-Sokka tiene razón –dijo-. Sí me cuidaste bien, y estoy agradecida.

Zuko dejó de hacer.

-No me agradezcas, aún –replicó-. Todavía tenemos que pasar el día.

Katara reunió el fantasma de una risa.

-Casas de té, ¿cierto?

Él asintió, sonriendo débilmente.

-Cierto –se recostó y rodó sobre su costado con la espalda vuelta hacia ella-. creo que le hubieras gustado a mi mamá.

-A la mía también –dijo Katara.

-Le gustas al Tío Iroh.

-Yuk…

-No de esa forma. Al menos, eso creo –se estremeció y se acurrucó en el colchón-. ¿Realmente crees eso de tu mamá?

-Sí –admitió Katara recostándose contra el marco-. Le gustaba la gente que podía pararse y pelear por lo que creían –sonrió-. Te tomó un tiempo, pero llegaste ahí.

-¿Se parece a ti?

-Un poquito, supongo. Es difícil de recordar, a veces. Aunque, a veces cuando Papá me mira, sé que la ve a ella –Katara se cruzó de brazos-. aunque mamá era más bonita.

Zuko murmuró algo.

-¿Qué fue eso? –preguntó ella.

-Buenas noches –contestó él.

-Oh. De acuerdo –encogiéndose de hombros, Katara se metió dentro de su habitación, y cerró la puerta. pero incluso después de acostarse, el sueño no llegó. En vez de eso, siguió re imaginando lo que Sokka y Toph habían dicho, y preguntándose lo que podía posiblemente significar.


Sin embargo, no tuvo que esperar demasiado. Una vez que el silbato de la tarde sonó, Rari encendió la linterna roja y abrió la casa de té. Las cosas prosiguieron con normalidad, y Katara podía casi pretender que el tiempo no habia pasado y que no había cambiado nada – que era solo un mal sueño, su estadía en prisión y bajo el pulgar de Azula – hasta que notó los agentes Dai Li en ropas de civil posicionados alrededor del lugar. Luego Toph y Sokka entraron a grandes zancadas, y todo cambió.

-Llama a Zuko –clamó Sokka. Todavía usaba la barba, pero su rostro parecía pesado y sus ojos estaban tensos como después de haber perdido a Yue.

-¿Eso es todo? –replicó Katara-. ¿No quieres sentarte? ¿O abrazar a tu hermana? –fue a por él, y Sokka levantó las manos.

-No –gesticuló-. Solo… no.

Katara retrocedió. ¿Qué había pasado? ¿Era esto parte del plan? ¿Acaso Sokka no la había perdonado por no encontrar el arma?

-Sokka

-Solo traélo, Dulzura –intervino Toph-. Acabemos con esto de una vez.

Desconcertada, Katara se metió en la cocina. Zuko estaba parado ahí mirando los relojes de arena.

-Sokka está afuera –indicó-. Quiere hablar contigo.

Zuko asintió lentamente, y sirvió té en dos tazas.

-Está comenzando, lo que sea que es.

-Parece que sí –se abrazó los brazos-. sokka parece realmente enojado. Y hay Dai Li por todas partes.

Zuko le entregó una taza de té.

-Lamento que no sea algo más fuerte, pero… -levantó la taza en dirección a ella-. Ha sido un honor.

-También –asintió Katara. Bebieron.

Zuko dejó la taza y miró hacia el salón.

-Entonces. Hagamos esto –se giró a ella-. Solo... quédate cerca de mí, ¿de acuerdo?

-No te preocupes –retrucó ella, haciendo su mejor esfuerzo por sonar despreocupada y confiada-. Te protegeré.

Zuko sonrió y la hizo salir. Los otros clientes miraban fijamente a Sokka y a Toph. Katara los escuchó susurrar sobre los extranjeros. Pasó junto a las mesas quedas y los atentos Dai Li. Zuko la seguía detrás. Finalmente estuvieron delante de Sokka y Toph.

-Sokka –empezó Zuko-. Es, eh, bueno verte.

La espada estuvo en las manos de Sokka antes de que Katara lo viera verdaderamente moverse. Cortó el aire y los clientes chillaron y volcaron sus sillas en su salida. Solo los Dai Li quedaron. La espada aterrizó contra la garganta de Zuko.

-Tienes mucho coraje para enviarnos una nota después de lo que provocaste –exclamó Zuko.

Katara se adelantó precipitadamente, se agachó bajo la espada, y empujó a Sokka en el pecho.

-¡Sokka! ¡Basta!

Los ojos de su hermano enfrentaron los de ella.

-Sal de mi camino, Katara.

-¡No! ¡Basta! ¡Lo digo en serio!

La mandíbula de Sokka se puso tensa.

-Tú ya no me dices que hacer –replicó. Volvió la cabeza hacia Zuko-. Hiciste tu elección.

Katara retrocedió.

-¿Qué…?

-Me escuchaste –repuso Sokka-. Ya no eres parte de esta familia.

Algo en su interior se puso muy frío.

-¿Sokka, cómo puedes decir eso? ¿Cómo…?

-Baja la espada –pidió Zuko detrás de ella.

Sokka hizo un gesto con la espada. Katara tuvo que echarse hacia atrás para evitar la hoja.

-¿Primero deshonras a mi hermana y luego intentas darme órdenes? No lo creo.

¿Deshonras?

-No he deshonrado a Katara –corrigió Zuko-. Pero si no dejas de apuntarla con esa espada ahora, yo…

-¿Tú qué, Maestro Idiota? ¿Me quemarás? ¿Cortarás mi mano? ¿Qué? ¿Cómo es posible que tú encabeces la lista de problemas y decepciones que nos tiraste encima desde el día uno?

-Sokka, déjalo…

-No te atrevas a defenderlo, Katara; todos sabemos que este tipo es más importante para ti que Aang o la guerra o tu propia familia.Así que cierra la boca y métete en tus asuntos.

-Eso es –saltó Zuko. Se empujó hacia delante y acomodó a Katara detrás de si con un brazo-. Puedes decirme lo que quieras. Pero no le vas a hablar de esa forma a tu hermana. Jamás.

Sokka arqueó las cejas.

-¿O qué?

-O --¿Aang? –Zuko se inclinó hacia su derecha. Sokka mordió el anzuelo y perdió la concentración. Giró su cabeza una fracción, y Zuko dirigió su puño a la cara de Sokka. Sokka se tambaleó hacia atrás sobre una mesa-. Vete –exigió Zuko-. Todo lo que queríamos era saber de la familia. No queríamos problemas.

Sokka se limpió el labio con el dorso de la mano.

-¿No querían problema, eh? –se paró-. Bueno, deberías haber pensado eso antes de traicionarnos –corrió hacia Zuko, con la espada erguida, y Zuko agarró a Sokka del collar y lo arrojó hacia otras mesas.

-Vete –insistió-. No me hagas lastimarte.

Katara miró a los Dai Li. ¿Por qué no estaban tratando de atrapar a Sokka y a Toph? No que quisiera que se los llevasen, pero ¿Por qué se estaban conteniendo los agentes? ¿Estaban esperando alguna especie de señal? ¿Azula estaba mirando secretamente esta pelea, de alguna forma, esperando por el momento perfecto?

Una llamarada de luz sumió la oscura calle en una repentina pero breve claridad.

Zuko!

El corazón de Katara entró en su garganta. sokka dejó caer su espada.

-Oh, no.

Toph colgó la cabeza.

-Es Aang.

Katara escuchó las flechas antes de verlas. Luego el viento rugió y escuchó gritos de dolor y sorpresa, como si Aang hubiera redirigido las flechas de los Yu Yan directamente a ellos.

Zuko! ¡Sal afuera y enfréntame!

Sokka se giró hacia Zuko.

-Será, eh, mejor que hagas lo que dice.

Zuko miró a Katara. Ella asintió. Salieron juntos. Aang estaba de pie con su planeador a la espalda, fulminándolos a ambos conla mirada. Su cuerpo temblaba. Katara no había visto ese tipo de ira en él desde lo del desierto. Algo en él la llamó – quería arrojar sus brazos alrededor de él y decirle que todo estaría bien. Pero él no estaba brillando. Y su mirada no se suavizó cuando cayó sobre ella. en vez de eso, quedó plantado en el lugar, con el atardecer proyectando un brillo rojizo sobre su piel y haciendo su sombra larga y oscura.

-Tú –anunció.

Sokka salió detrás de ellos.

-Aang, se supone que no estés aquí…

-Cállate, Sokka –replicó Aang-. Déjanos solos.

-Aang…

-¡Me mentiste! –Aang dirigió su bastón a Zuko.

-No –contrarió Zuko-. Nunca te he mentido.

-Dijiste que nada pasó debajo de Ba Sing Se –continuó Aang. Aparecieron lágrimas en sus ojos-. Y todo este tiempo… -dirigió su mirada a Katara-. ¿Por qué simplemente no me contaste? ¿Por qué tenías que mentir?

Esa noción golpeó a Katara en una oleada. El cabello en su cuello se erizó. No sabe. Cree que es real. ¡Nunca le dijimos al Maestro Piandao que la relación era un fiasco! ¡Nos vio juntos y asumió que esa parte era verdad! ¡Debe haberle dicho a todos!

-Aang, no entiendes…

-¡Entiendo lo suficiente! –apuntó a Zuko-. Te estoy desafiando. Quiero un Agni Kai. Ahora mismo.

Zuko se estremeció.

-Aang, no –se negó-. Por favor, no hagas esto... he sido leal… -intentó adelantarse, pero una ráfaga de viento lo azotó contra una pared. Zuko se sentó al tiempo que Katara avanzaba para hablar.

-Aang, basta, esto no va a resolver nada…

-No –cortó Aang-. Ni siquiera puedo… ni siquiera puedo mirarte en este momento.

Ella quedó boquiabierta. Su vista se volvió borrosa.

-Aang…

-Te quise mucho –porfió él, con la voz quebrándose-. Eras todo para mí… -Aang tragó grueso-. Te hubiera dado todo lo que querías, y hubiera hecho lo que pidieras, porque te amaba, y todos este tiempo tú simplemente estabas…

-Pero yo también te quiero, Aang –insistió Katara. vacilante, se adelantó un paso-. No necesitas lastimar a Zuko. Tú puedes…

-¿Valió la pena? –preguntó Aang.

-¿Qué?

-Solo dime. ¿Valió la pena? –su rostro se arrugó, se volvió feo por el asco-. ¿Las cosas son verdaderamente mucho mejor con él? ¿Hay algo que no hice? ¿Algo que no pude haberte dado?

-Aang, basta –intervinó Zuko-. No es…

Cállate! –Aang giró sus manos y Katara reconoció el movimiento y hubo luz súbitamente y calor y ruido y había volado contra una pared. Le zumbaban los oídos. Vio estrellas. Algo cálido chorreo por su cráneo. La fuerza de la explosión fue suficiente para enviarla a ella y a Sokka de vuelta a la casa de té. Aang todavía no había dominado el relámpago. Pero dónde había estado parado, había un hoyo de tierra ennegrecida.

Sokka y Toph gatearon hasta ella.

-Katara…

-Todavía tienes un montón por aprender, Aang –obsrvó Zuko, poniéndose de pie. Hablaba lentamente, ronco, y sonaba igual a como había sonado cuando desafió a Katara en el Oasis: enojado y letal-. Creo que es hora de otra lección.

-Estoy mucho más fuerte, Zuko –advirtió Aang, adoptando una postura defensiva.

-Careces de control –retrucó Zuko. Señaló-: Mira lo que has hecho.

Los ojos de Aang siguieron su manos y Katara observó como el horror se esparcía en sus facciones cuando aterrizaron en su cuerpo arrugado contra la pared. Se movió.

-Katara, yo…

-Ya has hecho daño suficiente –paró Zuko, agarrando a Aang por la túnica y empujándolo hacia atrás.

Aang luchó. Sus ojos ardían.

-La amo más de lo que posiblemente puedas entender.

-¿Entonces por qué siempre la haces llorar?

Aang rugió y se elevó en el aire. Echando un vistazo hacia arriba, Katara lo vio hacer un mortal más alto que una casa, con las piernas ardiendo. Zuko lo bloqueó fácilmente y lo esquivó. Aang aterrizó ligeramente sobre sus pies.

-No seas tan suave conmigo –aconsejó Aang-. Ya no soy tu estudiante.

Zuko levantó los brazos.

-Es cierto. Pensé que se suponía que eras el Avatar.

Se movieron como uno. Era una horrible mímica de la figura del Dragón Danzarín. Se empujaban de la tierra y movían los puños, y Katara los vio reuniendo oleadas de llama en el aire. Luego ella se movió, tambaleante, y tiró los tachos que acumulaban el agua de lluvia con la valía de un monzón en ellos. Y justo cuando las dos llamas se rozaban la una a la otra, se deslizó entre ellas con una hoja de agua. El fuego se extinguiño y ella quedó entre ambos, jadeando pero ilesa. La furia le había hecho olvidar el dolor, olvidar a Azula y la trampa y el peligro y le recordó unicámente el nudo en su garganta.

-Basta –clamó ella-. Los dos.

Aang gruñó y señaló a Zuko. Empezó a deslizarse hacia delante.

-Él empezó…

Katara levantó las manos y el agua a sus pies voló hacia arriba, convirtiéndose en agujas. Llovieron como fragmentos helados que apresaron a Aang de la misma forma que el Maestro Pakku una vez la había apresado a ella.

-Basta. De. Pelear. Ahora.

Aang parpadeó pero no hizo ningún esfuerzo por liberarse.

-Katara, solo escucha.

-No. escucha. No soy un premio por ganar. Yo elegí venir con Zuko, porque era lo correcto –su aliento se levantó dentro de ella-.No fue fácil y no siempre ha sido divertido pero al menos Zuko confía en que puedo tomar mis propias decisiones –tragó. De repente ver era mucho más difícil-. Me respeta. Se asegura de que tengo lo que necesito. Y nunca escapa cuando las cosas se ponen difíciles.

Un lento y largo aplauso sonó por encima de la cabeza de Katara. miró hacia arriba y ahí estaba la silueta de Azula en el brillo final del sol poniente, con los pies cruzados sobre el techo de la casa de té, con Mai y Ty Lee de pie a su lado. Azula siguió aplaudiendo.

-Excelente –reconoció-. Creo que incluso se me aguaron un poco los ojos –les hizo una señal a sus amigas-. Atrápenlos.

Ty Lee se movió primero. Saltó y aterrizó en un tendedero, con los brazos estirados, mientras Mai se deslizaba por una tubería. Las puertas del sauna se abrieron de par en par. Suki y Hakoda salieron corriendo.

-Vaya, vaya –canturreó Azula, bajo rápidamente con un ruidito por una línea de lámparas y aterrizó en el piso-. Que reunión familiar que tenemos aquí. Toda esta añoranza es…

Un relámpago atravesó el aire sobre sus cabezas. Una barrera de tierra apareció ante Azula y sus amigas antes de que pudieran golpearlo. Los Dai salieron en tropel de la csa de té. Aang se liberó haciendo añicos su cárcel de hielo, y Zuko apuntó hacia el camino.

-Tío…

Iroh montaba un rinoceronte de komodo que rodaba por la calle. Agarraba las riendas con una manos y tenía una bola del rayo en la otra.

AZULA!

-Por fin –masculló Azula. Corrió hacia delante, derecho al rinoceronte. El fuego azul llameaba en sus manos. De repento algo surgió desde el suelo, y Azula cayó torpemente sobre sus rodillas.

-¿Tuviste un lindo viaje? –averiguó Toph, sacudiéndose las manos.

Apretando los dientes, Azula dirigió su voz hacia los techos.

-¡Disparen a matar!

Sin embargo, las flechas de los Yu Yan nunca alcanzaron a Toph. Algo brilló en el aire cortándolas por la mitad. Terminó en la mano de Hakoda: un bumerán. Katara corrió hasta él.

-¡Papá! –su padre se apartó. Ella jadeó-. ¿Papá?

Hakoda torció la boca.

-Solo una chica me llama Papá, ahora –repuso-. Y su nombre es Suki.

El mundo se le dio vuelta por un momento.

-… ¿Papá?

-Hiciste tu elección, Katara. elegiste a Zuko –Hakoda hizo una mueca-. Elegiste este cubil de zorras sobre tu propia tribu.

¿Zorras? Se le enfrió la piel.

-¿Papá, tú piensas que yo…?

-Elegiste al hombre que te trajo aquí, a este lugar, donde la gente vende su amor por dinero –prosiguió Hakoda-. ¿Crees que puedo dejarte regresar a la tribu como si nada, ahora? ¡Eres la hija de un jefe! –entornó los ojos-. Tu madre estaría avergonzada.

Katara cayó de rodillas.

-Papá, por favor...

Entonces los brazos de Zuko se deslizaron debajo de los de ella y la empujo bajo un alero. Katara miró hacia arriba y vio a Aang en el aire, desviando flechas de la multitud, Iroh intercambiando fuego con Azula, Toph empujando a los Dai Li con columnas de piedras del tamaño de un hombre, y a Sokka y Suki rechazando los ataques de Mai con espada y abanico. Ty Lee se arqueó en el aire tras ellos y dirigió sus paralizadores dedos a sus hombros. Pero entonces un puño apareció de la tierra para agarrar el pie de la acrobáta, y Katara escuchó la voz de Toph:

-Ey, Elástico. Juguemos.

Ty Lee sonrió.

-Hecho.

-Ey –llamó Zuko. Sus dedos estaban en el mentónd e Katara y giró su cabeza para que lo encarara. Estaba sudando-. Ey. Mírame.

Katara parpadeó las lágrimas. Rodaron por su rostro.

-Mi papá…

-Lo sé. Tenemos que salir de aquí.

Asintiendo en silencio, Katara le tomó la mano y empezaron a correr. Los guantes de tierra encontraron sus muñecas y tobillos, no obstante, y los voltearon al suelo.

-¿Y a dónde creen que iban? –inquirió un agente Dai Li, sonriéndole triunfante a su compañero.

Entonces los ojs de ambos hombres se dieron vuelta hacia dentro de su cabeza y cayeron, inconcientes. Hakoda estaba tras ellos, con un garrote levantado.

-Lo siento, caballeros –se disculpó-. Pero la pelea de este joven es conmigo –señaló a Zuko con el garrote-. Lévantate.

Zuko fácilmente rompió los ahora flojos guantes de tierra. rodó sobre sus pies.

-No entiendes –empezó-. Toda esta cosa…

-¿La amas? –Hakoda miró fijamente a Zuko-. ¿Y bien? ¿La amas?

Zuko cerró los ojos con fuerza. Hubo un silencio antes de que hablara, su voz siseó como dolorida o como si hubiera retenido algo por demasiado tiempo.

-Sí –abrió los ojos y miró a Katara fugazmente-. La amo cada día más.

-¿Planeaste esto? –indagó Hakoda-. ¿Creíste que podías simplemente tomar una chica de la Tribu Agua y convertirla en una Princesa del Fuego? No puedes derrocar años de guerra y tradición por tu propio egoísmo.

Algo en el rostro de Zuko cambió.

-Mírame –se agachó y tomó la mano de Katara, haciendo que se parara a su lado-. Vamos.

Corrieron de la mano bajo boleas de flechas y grillos voladores, hasta que una pared de tierra se levantó a su alrededor. Katara miró hacia arriba. Azula, Mai y los Dai Li le devolvieron la mirada. Escuchó a Sokka, Suki y a su padre echar a correr para enfrentar a Zuko. Ahora los dos estaban espalda con espalda, enfrentando a la familía del otro, bajo los desvaneciertes rayos rojizos del atardecer de La Nación del Fuego en una arruinada calle del Distrito de la Ostra. Katara se alegraba de la posición de él; la mantenía de pie cuando quería caer.

-¿Aún conmigo? –preguntó Katara.

-¿Tienes que preguntarlo?

Ella tragó. Gemelas llamas azules cobraron vida en las manos de Azula. Entonces Katara notó el letrero sobre la cabeza de Azula, y sonrió. Difícil de creer que una vez había estado nerviosa por controlar agua que no podía ver. Tensó los dedos y una ola sulfurosa de agua caliente explotó desde el sauna, ahogando a Azula, Mai y a los Dai Li y rizandose protectoramente alrededor de Katara y Zuko. Se inclinó hacia delante y el agua se levantó y pasó sobre la pared de tierra como una gran lengua de hielo y corrió, y Zuko tras ella, y el tobogán de hielo apareció bajo sus pies al tiempo que se tiraban por muro y hacia la libertad.

Aterrizaron dando tumbos. Detrás de ellos, un verdulero sacudía su puño mientras el agua se derretía y empapaba sus bienes en la calle.

Mis coles!

Pero ellos simplemente siguieron corriendo.

-¿A dónde? –inquirió Katara.

-A cualquier lugar menos aquí –contestó Zuko.

-¿Qué tal hacia abajo? –sugirió una voz tras ellos, y dos pinchazos cortantes en la espalda de Katara le dijeron que Ty Lee había ganado su pelea con Toph. Su cuerpo se deslizó junto al de Zuko. Quedaron tendidos boca abajo en la tierra.

-¡Ey, Azula! –llamó Ty Lee-. ¡Mira lo que tengo!

Algo se sacudió en la tierra a sus espaldas. La pared, lo más probable. Azula salió de entre las sombras con sus botas humeando todavía.

-Buen trabajo, Ty Lee –admitió-. ¿Dónde está la ciega?

-Corriendo asustada como las otras –contó Ty Lee. Pensó-. Se fue bajo tierra. Eh... ¿donde está el Avatar?

-No en mi custodia –confió Azula, y pateó salvajemente a Zuko-. Honestamente, Zuzu ¿Por qué no podías dejar que el Avatar te matase como yo había esperado? Hubiera hecho las cosas mucho más fácil. Dos pájaros de una pedrada, y todo eso.

Así que ese era su plan. Por eso los Dai Li no interfirieron antes – querían que Sokka o Aang lastimara a Zuko.

-Al menos sabemos que no estaban mintiendo –comentó Ty Lee-. Digo, no vi todo, pero el Avatar se veía enojadisímo.

-Mi padre me repudio –aseveró Katara.

-Obtendré un informe completo de los Dai Li en un abrir y cerrar de ojos –repusó Azula. Elevó su voz-: ¡Pongan estos prisioneros en un palanquín!


La ida al palacio fue larga y oscura. katara intentó unir las partes de la batalla en su cabeza: Sokka había dicho que la quería, y que estaba orgulloso de ella, y luego había cambiado completamente su opinión. Toph, Suki y su papá habían venido también. Aang los había sorprendido, y parecía como si Iroh lo hubiera seguido al Distrito de la Ostra. Estaba claro que nadie sabía que su relación con Zuko era una farsa – todos actuaban como si algo realmente hubiera pasado bajo Ba Sing Se, o como si ella y Zuko hubiera estado encontrándose a escondidas en el Templo Aire del Oeste ¿Acaso Azula no había dicho algo sobre que escondían su relación de Aang, cuando Piandao apareció? ¿Acaso la habían contradecido? No. ¿Y acaso Katara había mirado al viejo maestro espadachín y le había dicho que quería que todos supiesen la "verdad" sobre su relación con Zuko?

Gimió e intentó expulsar la imagen del rostro herido de Aang, y de ensordecerse a las palabras de su padre. Pero no funcionó. Las lágrimas rodaron sin cesar, y para su horro se encontró gimoteando delante de Azula.

-Oh, deja de llorar –se quejó Azula, encendiendo fuego en su mano-. Cuando nuestro padre desterró a Zuko, le hizo algo más que solo gritarle. Le dio ese ojo como un regalo de despedida.

Katara se retorció para mirar a Zuko. De perfil, todo lo que podía ver era la cicatriz. Se veía pesada, dolorosa y vieja. Katara recordó la sensación de ella bajo sus manos – áspera, apenas humana. Es por esto que no quería venir aquí. Sabía exactamente lo que Ozai podía hacer. Quería protegernos. Lágrimas frescas llenaron sus ojos.

-Está bien –le aseguró Zuko. Pasó un brazo alrededor de ella y llevó su cabeza contra su pecho-. Todo va a estar bien.

Pero ahora ella no estaba llorando por Aang o su papá o Sokka o la misión. Era algo diferente ahora, y se sentía un montón como girar el calendario en la biblioteca de Wan Shi Tong y aprender como se movía el mundo, y comprender lo pequeña que era en realidad en él. a través de una capa de húmedad vio a Azula mirándola con los ojos tan dorados y tan predadora como una avispa-buitre. Luego el fuego se desvaneció y estuvieron en la oscuridad de nuevo, balánceandose lentamente mientras el palanquín subía penosamente la colina hacia su jaula real.


En el palacio, Zuko le murmuró algo a Azula y ella arqueó las cejas.

-Esto será interesante –y entonces Zuko fue escoltado engrillado.

Katara forcejeó.

-¡Zuko!

-Solo haz lo que te dicen –pidió Zuko por encima de su hombro, y siguió caminando.

Después de eso, se sentó en su cuarto, en la oscuridad, con las rodillas contra el pecho. Ningunos de sus pensamientos parecían querer quedarse quietos el tiempo suficiente para que los examinara. Todo lo que veía era la cara de su padre, y la de Aang, y la de Sokka: la decepción, el dolor y la repulsión. ¿Acaso Sokka y Toph la habían visitado solo para hacerle saber sus propios sentimientos antes de que su papá dijera su parte? Pero eso no tenía sentido – su papá sabía de la misión. Había ayudado a planearla e incluso si no sabía que la relación no era real, ¿verdaderamente la expulsaría de la tribu por elegir a alguien de la Nación del Fuego? ¿Acaso los primeros Maestros Tormenta no habían sido de dos naciones diferentes? ¿Y no era Gran-Gran acaso una especie de exiliada por propio derecho? Había huído del Norte porque no podía acordar con sus costumbres, pero aún así había encontrado su lugar en la comunidad del Sur.

Quizás fue difícil para Gran-Gran. Quizás fue mñas difícil de lo que dejó ver. Tuvo que decir adiós a toda su tribu, y hacer el viaje sola. Katara estaba acostumbrada a pensar en Gran Gran como fuerte pero justa, práctica pero compasiva, casi como su papá o incluso como el Maestro Pakku en un buen día. Era difícil imaginarla asustada o perdida. Pero una vez, debió de haberlo estado. Y ahora, como si su papá había querido decir lo que dijo, Katara nunca la vería de nuevo.

Katara cerró los ojos con fuerza e intentó no pensar en el amanecer sobre los glaciares, en los hielos bañados en dorado durazno y violeta, en la rara y preciosa vista de los tigres polares retozando bajo la constante mirada de su madre. Había visto el mundo entero. Había vivido en la Parte Alta de Ba Sing Se y había visto volcanes erupcionar y estrellas caer y había peleado con serpientes que hacían parecer enanos a los buques de la Nación del Fuego. Había conocido piratas, espíritus y princesas, buenas y malvadas. Pero ahora en todo lo que podía pensar era en la simple belleza de un solitario líquen luchando por atravesar el hielo en la primera semana de lo que pasaba por primavera en su hogar, empujando con todo su diminuto poder, tierno y verde y frágil. Y pensó en que se perdería eso para siempre y lloró.

Así debe ser como se sintió Zuko, le recordó algo. Recordó lo grande que había parecido su barco, al principio, hasta que vio verdaderos barcos de la Armada después, y entendió que el de él era solo una cosita pequeñita ahí afuera en el mar. Era un barco de práctica, nada mejor que las balsas que los chicos de la Tribu Agua creaban antes de que tripularan su primera expedición de pesca. Había vivido ahí por tres años. Y había estado cuidando de dos heridas todo ese tiempo – la de su rostro para que igualara el dolor del exilio. Y cuando había intentado advertirle – una y otra vez, cuando le había rogado que no aceptara esa misión e incluso la había desafiado y había dado lo mejor para detenerla – ella no había escuchado.

Y ahora, probablemente estaba siendo interrogado por los Dai Li. Probablemente estaba en una celda de tortura en la torre de la prisión, quizás incluso en una jaula. Y justo en ese momento Azula probablemente estuviese disparándole el relámpago solo porque sí. Porque era vengativa, cruel y odiosa, y porque Katara había pensado que podía burlar a toda la familia real. Había creído que podía cubrirlos a ambos con inteligencia y una sola mentira que se había convencido de ser inofensiva. Solo que no lo era – había lastimado a todos los que estaban envueltos. Solo había empeorado las cosas.

Pasaron horas. Intentó dormir pero el sueño no vino. Abrir los ojos en la oscuridad era lo mismo que cerrarlos. Escuchó por Zuko pero él tampoco vino. Ozai y Azula probablemente están decidiendo que hacer con nosotros, razonó. Quizás están usando a Zuko como blanco. Su estómago se retorció y envió sus deseos hacia su madre y Yue: Por favor dejen que esté bien. Por favor. Esto es toda mi culpa – dejenme ser la que reciba el castigo, no él.

Finalmente escuchó murmullos antes su puerta y ésta se abrió con un chirrido, y alguien empujo una figura tambaleante dentro. Zuko. La puerta se cerró de un portazo y Zuko dirigió fuego a un candelabro en una de las esquinas más alejadas de la habitación. Se veía solo un poquito peor de lo que ya había pasado: cansado pero no visiblemente herido. Quedó en el lugar respirando con dificultad y viendose arrepentido por algo que ella no entendía. Se lamió los labios y abrió sus brazos un poquito y entonces ella se movió – no se acordaba de haber empezado a moverse – y lo aplastó. Sus brazos rodearon su cuello y los de él circundaron su cintura.

-Estás bien –dijo en su cuello.

-Si –estuvieron así un momento, solo respirando. Entonces su mano vacilaba alrededor de su cabello-. ¿Cómo está tu cabeza?

Ella retrocedió un paso.

-Oh, ya sabes. Es solo un corte.

-Pediré un poco de agua. Puedes curarlo.

-Lo curaré más tarde. ¿Dónde has estado?

Zuko suspiró.

-Aquí y allá –cabeceó hacia la cama-. Quizás deberíamos sentarnos.

Frunciendo el ceño, Katara se sentó. Zuko pasó su peso de un pie al otro.

-Entonces –empezó-, he estado pensando.

-No me gusta como se oye eso.

El asintió, haciendo una mueca.

-No probablemente. No te gustará. Pero es lo mejor que pude idear.

Se encontró cogiendo algunos hilos de la colcha.

-De acuerdo. ¿Es alguna especie de nuevo plan?

-Sí –respiró hondo-. Creo que lo que pasó hoy… digo, lo de tu papá… creo que era parte del segundo plan de mi Tío.

Ladeó la cabeza.

-¿En serio?

Él asintió.

-Sí. Creo que estaban intentando ayudarnos. Creo que tenían que cortar lazos con nosotros. Para probarle a Azula que no habíamos estado mintiendo todo este tiempo.

Katara se recostó. Esto sí que daba un nuevo giro a las cosas. Tenía un sentido casi demente: si Azula veía a Sokka y a Hakoda "desterrándolos", ella sabría que habían dicho la verdad de haber dejado el grupo. También probaría que no sabían nada sobre los planes del Avatr, y que no podrían proveer de ninguna información ni siquiera bajo tortura. Y su mentira sobre Zuko – la que en realidad ellos no sabían que era una mentira – les había dado la oportunidad que necesitaban.

-Es solo una suposición –atajó Zuko-. Pero piénsalo. Tu hermano me agradeció, y luego intentó matarme. Solo que no estaba intentándolo realmente – si hubiera querido lastimarme, lo hubiera hecho. Estaba torpe – incluso más torpe de lo normal.

Katara casi rió.

-Sí… -tragó-. Pero Aang debe haberlos sorprendido en el medio de su actuación.

-Cierto –Zuko se pasó una mano por el cabello-. Aang.

Katara se mordió el labio.

-No lo lastimaste. Pudiste haberlo hecho, pero no lo hiciste.

Zuko levantó la mirada.

-Quería hacerlo. Y eso es suficiente –miró el suelo-. A tu hermano también. De repente estaba sacudiendo su espada y era como si yo fuera una persona totalmente diferente. Sólo quería agarrarlo y… -suspiró temblorosamente-. He estado intentado realmente cambiar. Quiero ser bueno. Pero cuando él... Y cuando Aang... –la miró de nuveo-. ¿Estás segura que no estás herida?

Se veía tan extrañamente desesperado y esperanzado que no pudo evitar sonreír.

-Sí. Estoy bien. En serio –se sentó hacia delante-. Aún no me has dicho donde estabas. Estuve realmente preocupada. Pensé que te estaban lastimando.

Una de las comisuras de su boca se curvó.

-No. No que no hayan querido. Pero me las arreglé para darles una mejor idea.

-¿Oh?

-Sí. Creo –Zuko se adelantó un paso lentamente-. Eh, tu papá… no. Olvida eso. Digo... –tragó-. Cierra los ojos.

-¿Eh?

-Solo hazlo. Por favor.

Poniendo los ojos en blanco, Katara los cerró y se los tapó con las manos.

-¿Contento?

Escuchó el crujido de un papel.

-Muy bien. Ábrelos.

Cuando sus manos descubrieron sus ojos, vio una piedra azul balánceandose suavemente frente a su cara. el collar ópalo cielo de la bóveda del palacio pendía de los dedos de Zuko por la cadena de perlas. Katara lo tomó.

-¿Qué…?

-Es lo mejor que se me ocurrió –se apuró-. Date la vuelta.

Lo hizo. El dorso del pendiente, que una vez fuera oro liso, estaba ahora grabado: una mancha oscura con lenguas de fuego salían desde el centro.

-Es un eclipse –explicó-. Tomó algo de tiempo – el orfebre del palació esta perdiendo la vista, y no se ve muy bien, pero es todo lo que pude pensar, y si no te gusta siempre puedes…

-Me tallaste un collar –Katara pasó un dedo sobre el grabado-. Me tallaste un collar –tragó con dificultad-. ¿Tú, eh, sabes…? ¿Tú sabes lo que esto…?

-Sí. Lo sé –se arrodilló-. Sé que esto no es como lo planeaste. Sé que probablemente querías algo diferente. Y que probablemente querías a alguien… más. Alguien mejor. Pero justo ahora Azula cree que he robado el premio del Avatar. Cree que me elegiste por encima de tu familia. Y piensa que dirás sí a esto.

-Zuko…

-Puedes divorciarte, cuando termine. O yo puedo morir. Y entonces tú tendrás derecho a todo de lo que soy dueño –extrajó unos cuantos rollos de su espalda-. Todo está aquí. Todo lo que tienes que hacer es firmar. Y entonces tendrás todo. Los hice redactar hoy. Todo mi dinero, toda mi tierra. Lo que sea que tengo. Es tuyo –tragó-. No es mucho, pero me quedaré con todo cuando Iroh muera, y eso será tuyo, también…

-Basta –miró el collar-. ¿Qué es divorcio?

-Es cuando dos personas se separan. Luego, el que tiene la culpa tiene que pagarle al otro hasta que se casen de nuevo. podrías decir que hice algo mal. Y yo te daría la mitad de todo. Además de, eh, regalos.

-¿Regalos?

-Soy todavía una falla a los ojos de Ozai. Pero me las he arreglado para quitarle algo al Avatar. Azula quiere una gran demostración pública. Y eso significa todos los ministros de Ozai, en primer lugar –la miró fijamente-. Significa todos ellos juntos. Todo el gobierno. Vulnerable. Desprevenido. Justo dónde los queremos.

-¿A qué te refieres?

-Me refiero a que incluso si Aang se las arregla para destruir a Ozai, todavía tiene que enfrentarse con la Nación del Fuego entera. A menos que pueda deshacerse de todo aquel que es leal al Señor del Fuego, de un solo golpe, antes de que se desparramen –le echó un vistazo al collar-. Azula cree que la estoy ayudando a diseñar otra trampa para el Avatar. Pero puede que esta sea la oportunidad que Aang necesita. Y cuando mi Tío se entere, él sabrá que hacer.

Katara deslizó con cuidado las perlas por sus dedos.

-¿Quieres que me case contigo para que tú y tu Tío puedan tomar el control del gobierno?

-Azula necesita una razón para mantenernos con vida –corrigió Zuko-. Se que suena loco…

-Tengo catorce.

-Yo sé eso. Pero Azula no –suspiró-. Le dije que las chicas de la Tribu Agua se casan jóvenes. Dijiste que la edad de esponsales…

-Se supone que le preguntes a mi papá. Se supon que…

-Katara –señaló los pergaminos-. Es lo único que pude pensar –bufó-. Fue idea de tu padre, de todas formas. Él es quién me desafió.

-Pero si crees que estaba pretendiendo, entonces no fue un verdadero desafío –repuso Katara. re-examinó el eclipse grabado-. Tenemos que planear un montón –observó-. Tendremos que quedarnos aquí planeando, eh, la boda.

-Claro.

-Eso significa más tiempo para encontrar el arma. Y al Mecánico, y a Longshot y a Smellerbee.

Zuko sonrió.

-Sí.

Jugó con el pendiente.

-Sabes, si esto fuera una relación real, tendría toda el derecho de estar enojada contigo.

-… ¿Sí?

-Sí. Es un gran paso, y no lo discutiste conmigo. Para nada.

La oreja sana de Zuko se sonrosó ligeramente.

-Pensé… pensé que dirías no.

-Bueno, no he dicho sí, tampoco, aún. Todavía puedo decir no, y entonces tú te verías realmente estúpido.

Hizo un mohín.

-Lo sé.

-Se supone que somos compañeros. Se supone que tomamos decisiones juntos e intentamos ayudarnos.

Zuko asintió lentamente.

-Lo haré, la próxima vez –la miró por el rabillo de un ojo-. Si hay una próxima vez.

-¿Creíste que no podría manejarlo? –preguntó Katara-. ¿Creíste que no podría ayudar?

Él sacudió la cabeza.

-¡No! ¡Para nada! Solo pensé... pensé que habías pasado por mucho hoy –la miró a la cara-. digo, quizás querías estar sola. Quizás no querías verme. Por lo que pasó. Por lo que dijo tu papá.

-¿Y pedirme que me case contigo como exactamente ayudaría en eso?

Se paró y se dirigió hacia la puerta.

-¡No lo sé! ¡Fue una estúpida idea! ¡Perdón! ¡Olvida siquiera que la mencioné!

-Zuko…

-No. tienes razón. Es estúpido. No sé lo que estaba pensando. Es una locura. Nunca funcionaría. Debí haber...

-Zuko.

Se giró

-¿Qué?

Katara extendió el collar.

-Necesito ayuda para ponerme esto.

La frustración en su rostro se derritió en esperanza.

-… ¿Sí?

Ella cabeceó.

-Eh, sí. Eso creo. Sí -sonrió. Él tenía razón – esto era completamente demente y nunca funcionaría. Era tan malo como uno de los planes de Sokka, en realidad. Y por alguna razón, eso le daba algo para sentirse esperanzada. Su voz salió pequeña y tensa-. Sí.

Zuko se acercó.

-¿Estás segura?

Katara parpadeó las lágrimas.

-Tan segura como voy a estar.

Él le sacó el collar.

-¿Entonces por qué estás llorando?

-Es, eh… ha sido realmente un día largo.

Él se rió un poquito gravemente con la garganta – una sombra benevolente de la risa de su padre.

-Puedes decirlo de nuevo –hizo un círculo con un dedo-. Date la vuelta –ella giró-. Eh, tu cabello.

-Oh, ahí –Katara lo recogió con ambas manos y lo levantó. Zuko se movió debajo de ella y ella vio el eclipse grabado caer ante sus ojos antes de que el pendiente se asentara, con el lado del ópalo hacia arriba, debajo del agujero de su clavícula. Su respiración dio en su cuello y se estremeció. Luego algo se deslizó y sintió el familiar peso del collar de su madre yéndose.

-Listo –sus dedos presionaron ligeramente sus hombros-. Déjame ver.

Katara se volvió. Los ojos de Zuko encontraron el collar de inmediato. Luego los levantó, encontrando los de ella.

-Perfecto –declaró.

Algo en sus ojos la hizo sentir muy tímida de repente. Miró el piso.

-Es en serio muy bonito –admitió-. Digo, es la cosa más bonita que alguien me ha dado alguna vez –jugueteó con él-. ¿Y si lo rompo?

-No lo harás

-No tengo nada para darte.

-Mentira –balanceó el collar de su madre con una mano y empezó a atar la gamuza alrededor de su muñeca izquierada. Tiró la tela de modo que el pendiente yaciera como un amuleto a través de su muñeca, luego lo deslizo entre dos tramos de gamuza para sujetarlo en el lugar-. Escribo con la otra mano –dijo, a modo de explicación-. No quiero que se manche de tinta.

-¿Planeas escribir un montón en el futuro?

-Bueno, tengo que firmar mi nombre cerca de una cien veces solo para casarme contigo –rebatió. Su ojo sano se agrandó-. Eso suena verdaderamente raro.

-Me lo dices a mí –se balanceó sobre sus dedos-. Entonces. Regalos.

-Sí. Montones de ellos. Lo prometo.

-¿Tengo que hacer una lista de pedido?

-No. Mayormente recibiremos dinero.

-¿Dinero?

-Para una casa en el campo. Y todo lo que va dentro –sonrió-. Podrías, eh, empezar a dibujar planos. Estaría más dentro del personaje.

Algo repiqueteó en las sombras, y el panel secreto desapareció hacia el techo. Ty Lee pasó.

-Cuidado, ustedes dos –indicó, meneando un dedo-. Sigan hablando así, y cualquiera podría descubrir su jueguito.

El fuego llameó en la mano de Zuko.

-¿Qué estás haciendo aquí? ¿Qué quieres?

Ty Lee levantó las manos.

-¡Ey! ¡Détente! ¡Estoy de su lado!

-¿Qué? –Katara se adelantó-. Ty Lee, si estás mintiendo…

-No soy la verdadera Ty Lee –interrumpió, sonriendo de oreja a oreja-. Pero es realmente dulce de tu parte que pienses eso.

Katara y Zuko se miraron fugazmente entre sí, luego a ella. Usaba la ropa de Ty Lee y la trenza de Ty Lee. Tenía la sonrisa de Ty Lee.

-¿Qué?

La ojos de la chica brillaron.

-¿Alguna vez han oído de los Actores de la Isla Ember?

-.-.-.-.-.-.

Wow. La besó, ¿no? Jaja, sigue siendo algo que no es exactamente lo que queremos, pero relax, esa parte ya llega. Por ahora nos conformamos con una propuesta de matrimonio, que más de una aceptaba de entrada, ¿no? JAJAJA. Sin dudarlo, de cabeza. Que rabia me dio, xP Como no se va a dar cuenta que estaba todo re armado, pero bueno, Zuko estaba ahí para consolarla… ;)

Bueno, xP, del próximo capítulo, les puedo adelantar que… hay una frase muy bonita y que significa mucho. :)

No tienen ni idea lo que son los reviews, xP Son lo mejor que puede recibir una, no saben las ganas que dan de traducir :P, le hacen tan bien al ego, jaja aunque digan simplemente la conti please jaja.

GRACIAS: mire-can, youweon, Lolipop91, Rashel Shiru, Murtilla, S. Lily Potter, Pilikaluna y Lady Cool. Especialmente a kuchiki mabel, que me felicita por msn y lee por celular, una masa eso, jaja, :P SON DE ORO CHICAS, NUNCA CAMBIEN, XP JAJA

Wow, 110, cuando digo que son de oro, no miento!