Maestros Tormenta

Fandomme

Disclaimer: ALLA es propiedad de VIACOM, Nickelodeon, Mike, Bryan y Night. No sacó beneficios de esta historia.

Notas: Guau. Todos hicieron que el último capítulo fuese muy especial para mí. 160+ reviews –eso dice algo.

Agradecimientos: ¡para MouseThatRoared, LovelyEyes15, Manonlechat, Turtleyurtle1 y Rashaka y Meeoko por el arte!

Spoilers: Este capítulo tienes spoilers para la premisa de "Los actores de la Isla Ember". Nada del contenido – las bromas, ni el desarrollo de la trama – ha sido spoliado acá.


El valor entero de la vida puede obtenerse tan solo peleando; el violento tomado por tormenta. Y si hemos aceptado todo que hemos perdido algo – guerra. La vida nuestra es una pelea muy agradable, pero una miserable tregua. –Gilbert K. Chesterton.


-¿Los actores de la Isla Ember? –Repitió Katara-. ¿Dónde está la isla Ember?

Zuko se apretó el puente de la nariz.

-Se acabó. Estamos muertos.

La chica que se parecía mucho a Ty Lee hizo una elaborada reverencia que incluyó sacudir una mano al agacharse.

-Mi nombre es Wai Lee. Encantada de conocerlos

La mano de Zuko cayó de su rostro.

-¿Wai Lee? ¿Eres una de las hermanas de Ty Lee?

Wai Lee asintió.

-Esa soy yo.

-Pensé que dijiste que eras de la Isla Ember –replicó Katara-. Donde sea que eso esté

-Bueno, no originalmente –explicó Wai Lee-. Soy algo así como una actriz.

El ojo sano de Zuko se agrandó.

-¿Algo así?

Katara se adelantó.

-¿Así que estás pretendiendo ser Ty Lee? ¿Dónde está la verdadera?

-Probablemente con Toph y el General Iroh –aventuró Wai Lee-. Toph engatusó a Ty Lee durante la batalla. ¡Luego, cuando nadie estaba mirando, cambio gato por liebre!

-Como en el juego de la taza –observó Katara, recordando las viejas estafas de Fugitiva de Toph. Eso parecía hace tanto tiempo. Ahora Toph había perfeccionado su habilidad –en vez de una piedra, podía mover una persona completa-. ¿Así que tiró a la verdadera Ty Lee bajo tierra?

-Bueno, tenía que cambiarme de ropa en algún lado –retrucó Wai Lee-. El General Iroh dice que Toph será buena para sacarle información a Ty Lee sobre los planes de Azula – ¿aparentemente ella puede decir cuando alguien miente?

-Sí –afirmó Katara-. Ella puede.

-Oh, bien. Me preocupaba que estuviera fanfarroneando. Como sea, el General Iroh dice que será mucho más fácil para mí escabullirme e intercambiar información con el Maestro Piandao ¡que para ustedes, así que supongo que me quedaré aquí y pretenderé ser Ty Lee hasta que algo cambie!

Zuko presionó los tacones de sus manos en sus cuencas y gimió.

-Y yo pensaba que mi plan era una locura.

-¿Por qué, cuál era tu plan? –inquirió Wai Lee.

-Bueno, casi como que ya está en movimiento –acotó Katara. Miró rápidamente a Zuko, y señaló con un dedo su nuevo collar ópalo cielo-. Casi como que nos estamos por casar.

Los ojos de Wai Lee se abrieron como platos. Sus cejas depiladas volaron hasta cerca del nacimiento de su cabello. Entonces Katara tuvo una brazada doble de la cálida actriz.

-¡Felicitaciones! –exclamó Wai Lee-. ¡Son noticias grandiosas! ¡Debes de estar tan feliz!

-Estaría… más… feliz… si pudiera… respirar…

-Oh, claro, lo siento –concedió Ty Lee, apartándose. Le sonrió alegremente a Katara y dio una palmada-. ¡Esto es tan emocionante!

-… ¿Todavía estás en el personaje? –preguntó Zuko.

-Mm, quizás un poquito –admitió Wai Li, vacilando-. Digo, si tengo que engañar a Azula y a Mai, puede que tenga que seguir actuando…

El estómago de Katara dio un vuelco. Wai Lee tenía razón. Ella tendría que convencer a Mai y a Azula – las mejores amigas de Ty Lee – de su identidad. Y eso probablemente significaba que Zuko tenía razón – estaban perdidos. Intercambió una mirada con él. se veía claramente disgustado

-¿Hace cuánto eres actriz? –averiguó Katara.

-Oh, no por mucho –respondió Wai Lee. Levantó las manos-. ¡Pero no se preocupen! Puede que recién acabe de empezar mi carrera de actuación, pero siempre he sido la hermana de Ty Lee. ¿Y quién mejor para representarla que alguien que la ha observado toda su vida?

Katara se cruzó de brazos y miró a Zuko.

-Tiene razón ahí.

Zuko frunció el ceño y la boca.

-Di algo sobre auras.

-La tuya es roja oscura y enojada –aseveró Wai Lee. Se giró hacia Katara-. Y la tuya es… mmm, no sé, está toda mezclada… es de diferentes colores, ¡como un moretón!

-Un moretón –repitió Katara-. Grandioso.

-Contorsiónate –exigió Zuko.

- ¡Zuko!

-¡Ty Lee era una artista de circo! ¡Podía doblarse sobre si misma hacía dentro y hacia afuera! Si su hermana no puede hacer eso…

-¿Te refieres a esto? –le interrumpió Wai Lee, inclinándose para pararse sobre sus manos y crear la cola de un escorpión con sus piernas. Temblaba un poquito, y carecía de la gracia y compostura que Ty Lee le daba a sus movimientos, pero con práctica, podía mejorar. Katara solo podía ver que faltaba un detalle.

-¿Qué hay con el bloqueo del Chi? –apremió.

-Hoy fue la primera vez que lo hice –confesó Wai Lee-. No los lastime mucho, ¿o sí? Tuve que hacer como que estaba ayudando a Azula. No podía simplemente dejar que se vayan.

-Está bien –aseguró Katara-. Todavía tenemos cosas que hacer, aquí.

-Bueno, por supuesto, hay mucho que planear y tú tienes que conseguir un…

-Se refería al arma –le cortó Zuko.

-Oh. Cierto –Wai Lee puso los ojos en blanco-. Cielos, a veces soy tan distraída…

Zuko hizo una mueca. Antes de que pudiera mencionar nuevamente su inmediata desaparición, Katara habló:

-Debes de ser muy cuidadosa, Wai Lee. Solo porque se supone que Azula es tu mejor amiga no significa que será agradable contigo. Puede que te pida hacer cosas peligrosas, ¡como saltar a un taladro lleno de lodo y agua!

-O caminar en la cuerda floja sobre una red en llamas –añadió Zuko.

Ahora fue el turno de Wai Lee de parecer un poquito consternada.

-Pensé que los tipos del circo estaban bromeando…

-Confía en mí –le dijo Zuko-. No lo estaban.

Alguien azotó la puerta.

-¿No has terminado todavía? –gritó un guardia al otro lado.

-¡Ya casi! –gritó en respuesta Zuko. Señaló al panel deslizante y le habló secamente a Wai Lee-. Regresa más tarde. ¡Y trata de adular a mi hermana!

-¡Y haz preguntas incómodas! –aconsejó Katara.

-No hay problema –aseguró Wai Lee, haciendo una reverencia otra vez-. ¡Y trataré de hacerle llegar al Maestro Piandao lo de su casamiento! –y con eso, se agachó para salir de la habitación.

Y entonces quedaron solo Katara y Zuko, solos.

-Entonces –empezó Katara-. Eso fue inesperado.

-De veras.

El guardia golpeó con fiereza nuevamente.

-¡Suficiente! ¡Si no ha dicho sí, nunca lo hará!

Zuko le gritó a la puerta.

-¡Ya lo hizo! –Puso los ojos en blanco-. Idiota.

Katara frunció el ceño.

-¿Sabían que estabas por preguntármelo?

Zuko se frotó la nuca.

-Puede que lo haya mencionado… -tragó-. Ya sabes, ¿para tener un poquito más de tiempo?

Ella asintió.

-Bien pensado.

La puerta se abrió con ruido.

-Felicitaciones –cumplimentó uno de los guardias irónicamente. Era el mismo que le había tomado el pelo a Zuko antes. Le dirigió una sonrisa torcida a Katara-. Siempre es bueno tener otra Princesa del Fuego en el establecimiento.

Princesa del Fuego. Hubo un extraño pensamiento. Katara intentó imaginarse usando la ropa de Azula -- ¿tendría que afilarse las uñas hasta tenerlas en punta? ¿Zuko era un príncipe de nuevo? ¿Alguna vez había dejado de ser uno realmente? Parecía como si siempre hubiera sido un príncipe, sin importar lo que Ozai o Azula hicieran. Estaba en su andar y en sus palabras y en su fuego control. Solía ser un desagradable caso de petulante arrogancia, pero ahora esa cualidad real se había enfriado, como un té macerado, en confianza. Y ahora tú estás conectado a eso.

-Vaya, gracias –respondió Katara, sonriendo. Se llevó las manos a las caderas-. ¿No deberías estar haciendo una reverencia?

El guardia parpadeó. Claramente, había esperado que su mirada lasciva fuera suficiente para intimidarla – el hombre obviamente no tenía ni idea como era una prisión de verdad. Luego Zuko pasó su brazo alrededor de sus hombros.

-¿No es grandiosa? –Preguntó Zuko-. Es la adición perfecta a nuestra familia.

Katara levantó un único dedo y lo dirigió al guardia en casi la misma manera en que lo hubiera hecho hacia Aang o Toph, si los hubiera atrapado haraganeando.

-Perdonaré tu impertinencia solo esta vez, si me encuentras algo para comer. Me gustaría un pescado frito, arroz de coco, un mango, y…

-Dulzura, no fuerces el cerebro de este pobre hombre –dijo Zuko-. Ha sido un día largo para todos –se inclinó hacia delante y antes de que sus labios acariciaran la curva de su oreja murmuró-: He creado un monstruo.

Katara le dedicó la sonrisa más brillante.

-No tienes ni idea.

-Te amo –replicó Zuko, y le besó la punta de la nariz. Cuando se apartó, sonreía, y las mejillas de ella latían llenas de sangre. ¿Por qué siempre tiene que hacer esto en frente de otra gente? –Zuko le golpeó la nariz con un dedo-. Descansa un poco. Tenemos un gran día mañana.

-Cla… Claro.

Zuko se volvió hacia el guardia.

-Puedo ser llevado de regreso a mi habitación, ahora.

Katara lo observó irse. El guardia dejó el solitario candelabro ardiendo. Lentamente, Katara se llevó las manos a la cara. Sus mejillas estaban calientes bajo sus palmas. De alguna forma, sentarse parecía una buena idea. Pero cuando se le doblaron las rodillas, encontró que había calculado mal la ubicación de la cama. Aterrizó con fuerza sobre el piso y no se movió de ese lugar por un largo rato.


El sueño la eludió completamente. Un rato después de que Zuko se fuera, alguien llegó y dejó un tazón de vieras diminutos en un curry rojo sobre arroz, y lo comió realmente sin probarlo. Tres mordidas le dio al plato y lo apartó. Racionalmente, se sabía que la comida y dormir le ayudarían a su mente a dejar de correr si simplemente se relajaba y les dejaba hacer su magia. Y lo intentó – apagó el candelabro, se trepó a la cama, y cerró los ojos. Pero cerca del momento en que empezó a escuchar los primeros pájaros del alba se dio cuenta que el sueño no iba a venir. Su cabeza estaba demasiado llena. Y en ese momento, estaba mayormente llena de Zuko.

Decirle a alguien que se lo amaba era cruzar la línea, decidió. En realidad, todo lo del matrimonio cruzaba la línea, pero era necesario – necesitaban una excusa para quedarse en el palacio y saber del arma, y esto era lo más agradable que Zuko pudo pensar. Era mejor que la prisión de todas formas. Y había dicho que podía romperlo, después. Eso mismo era una pequeña parte de la cultura de la Nación del Fuego que le gustaba en verdad. En la Tribu Agua, uno no disolvía un matrimonio a menos que alguien hubiera engañado o herido al otro. Su padre había presidido uno una vez cuando era muy pequeña – incluía una tienda cerrada y un montón de llantos y gritos, y cuando el esposo salió de la carpa fue obvio que los hermanos de su esposa le habían dado una golpiza. Pero últimamente la guerra había estado separando a todos antes de que sus propios errores pudieran hacer el trabajo.

Pero decir "te amo" era algo con lo que se suponía que uno no podía mentir, incluso si toda la relación era una mentira. Era una de esas cosas de las que uno no podía retractarse. Era como hablar mal de los difuntos, a como cuando Zhao se había metido dentro del Oasis de los Espíritus. Había algunas cosas que uno simplemente no podía hacer. Esta era una de ellas. Era lo suficientemente malo que le hubiera dicho lo mismo a su padre – ahora su papa también pensaba que Zuko estaba loco por ella, o pensaba que Zuko decía cosas por el bien de una mentira. De una u otra forma, Katara sospechaba que todo terminaría con alguien gritándole (y por algo que ni siquiera era su culpa). Además, había un montón de otras cosas que Zuko podía haber dicho para hacerse entender delante de esa gente que los miraba. Enciendes mi vida, quizás, o ¡mi corazón arde por ti!

Katara rió tontamente. ¿Por qué Zuko no podía simplemente actuar tonta y estúpidamente con ella, como Sokka lo hacía con Yue y Suki? Sería mucho más divertido y destrozaría menos los nervios. Momentáneamente se lo imaginó intentado conversar con ella en una cena formal y no pudo evitar sonreír ampliamente. Quizás ella podía inducirlo a usar ropa de mujer de la Tribu Agua, como Suki había hecho con Sokka. Se lo merecía, y su cabello podía ser del largo justo para las mechitas… se rió fuertemente.

Por encima de su cabeza, sonó un golpe sordo.

-¿De qué te estás riendo? –inquirió Zuko al otro lado de la pared.

Katara de inmediato ahogó sus risitas.

-Eh, de nada. Vuelve a dormir.

-… No puedo.

-¿Tú tampoco puedes dormir?

-No –un silencio-. ¿Tu cabeza está bien?

Ella se tocó la parte posterior de la misma.

-Sí… aunque nunca la curé. ¿Podría usar tu baño, por favor?

-Seguro.

Rápidamente se deslizo dentro de su ropa y se dirigió a por la puerta secreta. Zuko ya había abierto la suya y ella vio un candelabro brillando cuando se metió dentro del pequeño cuarto de observación camino al suyo. Cerró su panel y entro en el cuarto de él. Las sábanas estaban todas arrugadas, como si las hubiera estado pateando, y cuando la vio mirándolas fue a ponerlas en su lugar.

-No, está bien, no tienes que ordenar por mí –le aseguró, y marchó hacia el baño-. Solo estaré un minuto.

Curar el corte en su nuca no le llevó nada. el resto del tiempo lo pasó dándose un baño con agua control: su cabello necesitaba un lavado a gritos, y su piel no estaba mucho mejor. Cuando salió, estaba limpia y agradecida por ello, y mejor preparada para tener la conversación que había estado anudando su cerebro toda la noche.

-Entonces –empezó, encontrando a Zuko sentado en una cama precipitadamente hecha-. Nos vamos a casar.

Él cabeceó.

-Sí –sus ojos encontrar su nuevo collar-. ¿Usas eso para dormir?

Katara miró hacia abajo.

-Bueno, sí, no quiero perderlo –señaló con la cabeza hacia su muñeca izquierda-. Tú también traes puesto el tuyo todavía.

-Bueno, sí, pero siempre lo hice –replicó Zuko. Se aclaró la garganta-. Digo, siempre lo tuve cerca de mí. En un bolsillo. Debajo de mi armadura.

-Oh –Katara asintió, luego se mordió el labio-. Eh, ¿puedo sentarme?

Zuko se movió una pulgada hacia un lado.

-Adelante.

Katara fue hasta allí y se sentó. Miró sus manos atentamente. Se aferraron a los dobladillos de sus pantalones.

-Le dijiste a mi papá que me amabas –remarcó.

Zuko hizo una mueca.

-Sí.

-Y también me dijiste lo mismo. Y entonces tú… bueno, tú estabas ahí. Te acuerdas.

-Sí.

-Y sé que lo hiciste solo por todo este plan que tenemos en marcha, pero, eh, hace las cosas realmente incómodas, porque yo no sé que decir, y porque tú ya has hecho esto antes y yo no, y yo no sé lo que se supone que tengo que hacer. Digo, ¿digo te amo también? Porque es realmente una gran cosa y es realmente importante, y sé que comparado a todo esto de la boda no es verdaderamente tan grande pero para mí…

-Está bien –interrumpió Zuko. Suspiró-. No tienes que decirlo si no quieres.

-Oh. Bueno. Gracias.

-Aunque voy a seguir diciéndolo –confesó Zuko.

-Oh.

-Quizás deberías considerarlo como una especie de código –sugirió.

-¿Código?

-Sí. Sería como mi frase secreta para ti –sonrió un poquito-. Cuando diga "te amo", será el código para "no hagas una locura y me dejes solo".

Con pesar, se rió.

-De acuerdo –se abrazó los codos-. Supongo que en la vida real "te amo" es el código para miles de cosas diferentes también. Eso es porque todo el mundo lo dice cuando en realidad quieren decir "lo siento" o "ve a cortar leña"

-Pensé que cuando querías leña simplemente se lo pedías a Sokka.

-Bueno, sí, pero solo porque está muy molesto.

Zuko frunció el ceño.

-Las chicas son raras.

-Ey, te vas a casar con una, así que acostúmbrate –Katara se encorvó hacia delante-. Lamento también ser tan mala en la parte de los besos.

-No eres mala en ella.

-Es solo que me hace sentir un poco rara cuando hay gente mirando –sintió su cara ardiendo-. Digo, se que tienes que hacerlo para aparentar, ¿pero no te hace sentir raro también? No me parezco nada a Mai. Y ella parece ser realmente madura y todo eso. Ella probablemente era muchísimo mejor en estas cosas.

-Bueno tú y Mai son diferentes…

-¿Ves? –Katara lo miró de reojo-. Solo estoy intentando decir que sé que estás intentando realmente duro hacer que toda esta cosa parezca real, y estoy segura que han captado el punto por ahora, así que si quieres ir al siguiente nivel…

Su ojo sano se agrandó.

-¿Eso es lo que quieres? – a la luz parpadeante, pareció que palidecía-. Si hice algo que no te gustó, no quise hacerlo, lo juro, yo…

-¡No, no, está bien! –Katara levantó sus manos-. Has sido realmente… lindo. Realmente, pero realmente lindo. Pero es solo que me pongo… tímida –intentó sonreír-. Soy como algo nueva en esto.

La boca de Zuko adoptó la forma de una pequeña "o",

-Ya veo… -miró al piso-. Quizás deberíamos inventar otro código –repuso.

-¿Cómo cuál?

-Como… te apretaré la mano dos veces para preguntarte si algo está bien. Y luego tu me la aprietas una vez para sí y dos para no.

-¿Eso no se verá algo obvio?

-No si ya estamos tomados de la mano –retrucó Zuko.

-Oh. Claro –asintió-. Es una buena idea. Me gusta.

-Bien. Me alegro –le echó un vistazo-. Porque sabes que yo nunca, jamás te obligaría…

-Lo sé –sonrió ampliamente-. En serio, vamos. Puedo detener tu corazón con un movimiento. No hay forma de que vayas a meterte conmigo.

Suspiró y dejó caer su cabeza.

-Eso es seguro…

Katara contoneó los dedos de sus pies.

-Azula dijo algo que me ha estado molestando.

Zuko se envaró.

-Es sobre mi cara, ¿no es así?

Katara asintió con la cabeza.

-No tenemos que hablar de eso, si tú no quieres…

-Desafié a uno de los consejeros durante un consejo de guerra, y Ozai dijo que eso significaba que lo había desafiado a él. Tuvimos un Agni Kai. Perdí. Fin.

-¿Peleaste contra tu papá?

Zuko tragó.

-No. no pelee contra él. Caí de rodillas y rogué por su perdón. Pero no sirvió de nada. Me marcó, de todas formas, y luego me desterró.

Katara quedó boquiabierta. No había duda de porque Zuko había intentado con tanto ahínco no pelear con Aang. No había duda de porque se estremecía cada vez que Ozai mencionaba al Avatar "desterrándolo".

-Zuko… -deslizó un brazo alrededor de su cintura, y se recostó contra él en un abrazo de lado-. Lo… lo siento de veras…

-No es tu culpa –respondió, un poquito bruscamente-. ¿Por qué deberías disculparte?

-… No lo sé. Es solo que parece lo correcto para decir.

-Bueno, se acabo, ahora. Ya está hecho.

Lo apretó con más fuerza.

-Lamento haberte hecho regresar aquí. Y lamento muchísimo no haber curado…

El brazo de él se acomodó sobre los hombros de ella.

-El mundo entero necesita a Aang –protestó él-. Soy el único que se preocupa por mi rostro.

-¡Un montón de gente se preocupa por tu rostro! Está tu Tío, y Toph, y apuesto que si tu mamá viera…

-Mi mamá probablemente no me reconocería –interrumpió Zuko. Tosió-. Ella probablemente no querría hacerlo, de cualquier forma. He hecho cosas bastante malas. Si se enterara de ellas, se avergonzaría de mí.

Katara se apartó y se irguió en su lugar.

-Zuko. Détente. Si tu mamá debiera estar avergonzada de alguien, lo estaría de Azula.

Él casi sonrió.

-Supongo que sí –frunció el ceño-. Sabes, lo que tu papá dijo hoy, estaba equivocado.

Katara odió el temblor en su voz.

-¿Realmente lo crees? Digo, sé que piensas que estaba mintiendo de todas maneras, pero…

-Estuvo mal de su parte decir lo que dijo así, de todas formas –fulminó al piso con la mirada-. No puedes retractarte de algo así, incluso si nunca lo dijiste en serio. Solo tienes que seguir trabajando para resarcirte de alguna forma.

Katara intentó obtener su mirada.

-¿Entonces estás diciendo que no debería dejar que se zafe tan fácilmente cuando todo esto termine?

Zuko sonrió.

-Definitivamente no. Hazlo pagar por ello.

-¿Un desquite al estilo Toph?

La sonrisa se ensanchó.

-Exactamente. Él debería pelar tu fruta y buscarte tu comida y mullir tus almohadas.

Katara frunció el ceño falsamente y tamborileó un dedo sobre su barbilla.

-Pero… tú ya haces esas cosas por mí…

La mandíbula de Zuko se desencajó. Señaló.

-Te descubrí. Eres una princesa total.

Las orejas le ardían.

-¡No es cierto!

-¡Sí, sí es! ¡Le das órdenes a la gente todo el tiempo! ¡Y te encantan las cosas brillantes!

-¡A todo el mundo le encantan las cosas brillantes! –Se cruzó de brazos-. No soy una princesa.

-Levanta tu nariz un poquito más alto. Eso realmente me va a convencer.

Apuntó hacia el baño.

-Tienes mucha suerte de que no le ahogue, señor.

-Muy bien, podemos marcar amenazas aleatorias en la lista…

-¡Tú solo tienes una mala impresión de las princesas porque tu hermana es una tan desagradable!

-Para muestra basta un botón.

Katara lo empujó con ambas manos. Zuko cayó hacia atrás y levantó sus manos débilmente.

-Veo que tu régimen tiránico ya está comenzando.

Ella se inclinó hacia delante y lo golpeó pero él le agarró ambos manos, manteniéndolas temblorosamente ya que ella intentaba débilmente golpearlo.

-¡No soy tiránica!

Él entrelazó sus dedos, mantuvo sus brazos firmes mientras ella intentaba que se golpeara.

-Pronto querrás fuentes gigantes con tu imagen en la plaza de cada ciudad; llevarás a la quiebra a toda la Nación del Fuego…

No lo haré!

-… y re-emitirás la moneda para incluir símbolos de la Tribu Agua…

Debería!

-Me voy a casar con una tirana –sentenció Zuko, sonriendo de oreja a oreja.

Katara miró sus manos enlazadas y su sonrisa. De alguna forma había terminado sentada sobre él, y cuando se le retiró a gatas de encima se tambaleó un poquito. Respiró hondo y se alisó la ropa.

-No soy una tirana. Me voy de vuelta a la cama.

Zuko tragó.

-Eso probablemente sea lo mejor.

Katara hizo una mueca.

-Perdón por, eh, aplastarte.

-No lo hiciste.

-Bueno. Como sea. Debería estar la cama.

-Bueno.

-Te veré mañana, entonces –se dirigió a la puerta-. o más tarde, supongo.

-Claro.

-Tenemos un montón por planear.

-Lo sé.

-En ambos frentes, digo.

Él cabeceó.

-Deberías pensar donde quieres que vayamos ahora. Digo, en que lugar quieres buscar pistas. Solo dime e iremos.

Ella sonrió.

-Gracias. Me gustaría eso –abrió la puerta-. Buenas noches. O, buenos días, supongo.

-Para ti también.

Ella regresó a su propia habitación y se deslizó bajo las mantas. Y durmió. Y dijo: "¿No sabes que soy una princesa?" cuando el guardia le dejó una bandeja llena con su desayuno y le dirigió un comentario por su pereza.


Tarde durante la mañana, no obstante, un guardia abrió su puerta sin llamar y anunció:

-Hora de bañarse. Se te necesita en la plaza

Lo que siguió fue una minuciosa refregada y una rápida peinada de su cabello en el opulento cuarto de Azula. Bajo la atenta mirada de Li y Lo, los sirvientes de Azula cubrieron el cabello de Katara con agua y aceite de jazmín, de modo que las puntas se rizaran, luego aseguraron una parte del mismo con un prendedor con el emblema de la Nación del Fuego. Arrojaron su uniforme a un lado y la metieron dentro de un nuevo conjunto de batas. Eran pesadas, formales y tenían esos extraños hombros puntiagudos que Katara siempre había sospechado de ser para pinchar a los demás en el ojo.

-¿Para qué es esto? –preguntó.

-Ya verás –respondió Li o Lo.

-No te preocupes, chiquita –añadió la otra-. Te probaste a ti misma cuando atacaste al Avatar.

Katara hizo un mohín, e intentó cuadrar los hombros bajo el nuevo peso.

-¿Dónde está Zuko?

-En camino –contestó una.

Y estaba. Cuando la expulsaron con todas las mejores y pesadas galas, encontró a Zuko afuera con su cabello recogido. Usaban un traje negro de armadura ribeteado de dorado. En su muñeca izquierda, asomando debajo del negro, el collar azul de la Tribu Agua se veía ridículamente desubicado.

-Te ves como un príncipe –observó.

-No dejes que las ropas te engañen –exclamó Azula, apareciendo desde una esquina-. Por dentro, todavía es un debilucho –ojeó a Katara de arriba abajo-. Pero supongo que los mendigos no pueden escoger –le rugió a los Dai Li-. ¡A moverse!

-¿A dónde vamos? –inquirió Katara.

Zuko la tomó del codo y empezó a caminar.

-No me creerías si te lo digo.


Un sudoroso y brusco viaje en palanquín más tarde, y estaban ascendiendo las escaleras de la plaza real que daba al puerto. La piedra blanca parecía rebotar los rayos del sol del mediodía hacia el grupo. Katara entrecerró los ojos, mirando hacia el agua. Debajo, entre los parapetos y donde la tierra se encontraba con el mar, había una multitud de soldados y civiles. Y entonces el tamborileo comenzó. Mai y Ty Lee se acomodaron detrás de Azula.

-Métanse dentro –indicó Azula-. Li y Lo tienen un gusto por lo teatral.

-¿Qué?

-Tenemos que hacer una gran entrada –explicó Zuko, tirando de ella dentro de una pequeña antesala detrás de un vidrio ambarino y hierro forjado. Katara sintió los golpes de tambor bajo sus pies. Los sirvientes de Azula le habían dado sus nuevas pantuflas puntiagudas; seguían trabándose en el largo drapeado de su bata. Esperaba caerse de un momento a otro.

-Saca el collar hacia fuera –señaló Zuko.

-Oh…

-Déjame –pidió, y hurgó bajo el cuello de su prenda. Frunciendo el ceño, se las arregló para sacar el collar de debajo de su ropa y ubicarlo sobre la tela de manera que brillara el azul contra el ocre.

-¡ENTONCES, EN EL DÍA DEL ECLIPSE, CON EL CORAZON ARDIENDO, EL PRÍNCIPE ZUKO SE ARRIESGÓ A LA CÓLERA DEL SEÑOR DEL FUEGO PARA RECLAMAR SU PREMIO!

Se escucharon vítores. Katara enfrentó los ojos de Zuko.

-¿Qué están diciendo?

-¡Y ESE DÍA SELLÓ EL DESTINO DEL AVATAR!

Los vítores aumentaron. Katara escuchó golpes fuertes con los pies.

-¿Qué significa eso?

-AHORA HA REGRESADO CON EL OBJETO DE SU BÚSQUEDA -- ¡UN TROFEO DE INCOMPARABLE VALOR!

-Lo siento –se disculpó Zuko.

-¡LA MAESTRA AGUA DEL AVATAR! ¡SU NUEVA PRINCESA KATARA!

-Esos somos nosotros –apuntó, y le tomó la mano cuando las puertas se abrieron con un quejido de sus goznes de hierro. El fuego llameó a sus espaldas, y salieron hacia la cegadora luz del sol, al ruido del mar y hacia la multitud. Los tambores martillaron los oídos de Katara. a ambos lados de ellos, Li y Lo sostenían sus huesudas manos en el aire.

-¡AHORA CONTROLAMOS LOS OCÉANOS!

-¡AHORA CURAMOS NUESTRAS HERIDAS!

AHORA LA FACCIÓN DEL AVATAR SE HA FRACTURADO!

La muchedumbre gritó. Erupcionaron bengalas desde las torres. Katara se volvió hacia Zuko. Sintió una única lágrima rodar por su rostro.

-Aparenta estar feliz –demandó por lo bajo-. Y saluda a tu gente.

La empujó ligeramente hacia delante, y ella encontró el barandal de piedra. Debajo de ella, la multitud era como una masa de hormigas, o un gran cardumen de peces. Y ahí bajo sus pies, colocados como utilería enana obra, había tres urnas hondas llenas de agua.

-Dales una demostración –apremió Li o Lo-. Muéstrales todo lo que puedes hacer.

En silencio, Katara levantó sus brazos. Miró a Azula fugazmente. Podría hacerlo. Empujarla del balcón. Quedaría aplastada como un insecto.

-Cuidado –advirtió Mai, apareciendo de repente detrás de su hombro-. No quieres que nadie dude de tus lealtades, ¿o sí?

Katara le sonrió.

-Azula sabe de mis lealtades –replicó, e hizo que el agua se dispara como géiseres de las urnas. Brilló en el aire por encima de su cabeza. Lo giró en un círculo para el aplauso de la muchedumbre-. Son para Zuko –se inclinó hacia delante y empujó el agua en una pelota. Chasqueando los dedos, la congeló, la cortó en tiras y escucho como los ciudadanos de la Nación del Fuego que había abajo se callaban y esperaban su primera muestra de nieve. Cayó lenta y centelleante, y a pesar de sí sonrió cuando los vio sacar la lengua y estirar los brazos.

-Eres más inteligente de lo que pareces –le reconoció Mai, y se alejó.


-Ahora que el anuncio de sus nupcias se ha hecho, supongo que tendremos que seguir con las formalidades habituales –aventuró Azula, durante el viaje de regreso al palacio en el palanquín-. Katara, tendremos una túnica preparada para ti y una coronillas. Zuko ya tiene los contratos en borrador, y desmontaremos una de las viejas barcazas para su viaje.

-¿Viaje? –repitió Zuko-. ¿Qué viaje?

-El que harán después de que la guerra termine –respondió Azula, examinando sus uñas como garras. Levantó la mirada y le arqueó una ceja a Zuko-. No creías que Padre realmente te había aceptado de vuelta en su casa, ¿cierto? La verdad es que apenas puede soportar mirarte. Así que te va a enviar lejos, donde nunca tendrá que verte de nuevo.

Zuko se inclinó hacia delante.

-¿Qué?

Azula cruzó las piernas.

-Cuando el Cometa de Sozin regrese, la Nación del Fuego terminará esta guerra de una vez y para siempre. Pero el éxito es insignificante sin seguridad –necesitamos mantener lo que hemos ganado –su mirada dorada se deslizó sobre Katara-. y necesitamos gente excepcionalmente talentosa para que nos ayude.

-¿A qué te refieres? –indagó Katara.

Azula suspiró. Se giró y miró hacia el puerto de la ciudad que desaparecía lentamente tras ellos.

-Cuando el Avatar haya caído, tú y mi hermano serán los nuevos gobernadores del Polo Norte.

Brevemente, Katara se imaginó a sí misma en los zapatos de la madre de Mai – robando una ciudad de su gente.

-¿Qué?

-Había pensado que te ibas a poner contenta –repuso Azula-. No me digas que no te parece una oferta generosa. Te estamos dejando ir. Cuando todo esto termine, puedes regresar a toda esa deliciosa nieve y hielo y nunca más darnos problemas.

-No soy del Polo Norte, soy del Sur…

-El Polo Sur ha sido un inútil montón de hielo defendido solamente por mujeres y bebés, desde que tu familia lo abandonó –cortó Azula-. Una vez que esté aplastado, podremos construir nuestra propia infraestructura allí. Pero el Polo Norte es avanzado, y su gente testaruda. Necesitamos a alguien que engrase las ruedas.

-Quieres que traicione a mi propia gente –dedujo Katara.

-Ellos ya no son tu gente –le recordó Azula-. Vas a ser parte de nuestra familia ahora, y a menos que quieras enfrentar otro pelotón de fusilamiento, no pensarán en cometer traición pronto –sonrió-. Además, pensé que venías del Polo Sur.

-Entrené en el Norte; estuve allí durante el asedio…

-Por lo cual será una decepción bastante amarga para la gente del Polo Norte cuando llegues en un navío de la Nación del Fuego –interrumpió Azula, sonriendo más ampliamente ahora-. Por supuesto, podríamos enviar a alguien más. El Ministro Jiang ha tenido el ojo atento en el Norte desde la derrota de Zhao; insiste que el podría haberlo hecho mejor. Ciertamente solo lo mantenemos en reserva por su temperamento – hace que Zhao se vea como un tierno cordero-koala, en comparación…

-Jiang es bruto y una amenaza –intervino Zuko.

-Sí, y hubiera sido una lástima si el hubiera sacado a relucir eso con nuestros serviciales y capaces cuerpos de nuestra nueva fuerza de trabajo del Norte –admitió Azula-. Pero si Katara no está interesada en el trabajo…

-¿Qué tendría que hacer? –inquirió Katara.

-Mantener las líneas de aprovisionamiento llenas y funcionando –contestó Azula-. La Nación Del Fuego está muy interesada en los pescados, el aceite de foca y el agua fresca del Polo Norte. Necesitamos comida y combustible para mantener los desarrollos en buen estado. Y tú eres la persona indicada para ayudarnos –Azula cabeceó en dirección a Li y Lo y hacia los Dai Li-. Con algo de ayuda, por supuesto – enviaré simplemente lo mejor para acompañarte y mantener sus ojos atentos a cualquier… problema –sus ojos chispearon.

-Eso no era parte del plan –saltó Zuko entre dientes.

-Los planes cambian –retrucó Azula. Su rostro se suavizó un poquito-. Estoy haciendo todo lo que puedo para mantenerlos con vida, tonto. Padre cree que tu matrimonio atraerá al Avatar fuera de su escondite. Pero él sabe que simplemente rostizar a Katara a fuego abierto sería mucho más rápido. Al Avatar no le puedes importar menos, pero claramente todavía siente algo por ella. Lo que te deja peor que un inútil, a menos que pueda pensar una razón para dejarte cerca –se cruzó de brazos-. Todo tiene un precio, Zuko. El matrimonio es un compromiso de por vida, y también lo es la Nación del Fuego. Si quieres la libertad de vivir como quieres, tienes que trabajar por ello.

-¡Pero este plan ni siquiera tiene sentido! –Zuko señaló a Katara. Es una maestra agua. Con la gente del Polo Norte detrás de ella, ¡podría incitar una rebelión!

-Eso no será problema, Zuko –aseveró Azula. Se tronó los dedos-. Katara sabe lo que pasará si escucho que ha dejado a la Tribu Agua del Norte salirse de la línea –sus ojos se entornaron-. Ambos morirán, y el Polo Norte se derretirá bajo los misiles de la Nación del Fuego.

-¿Pero qué pasa si no accedemos desde el principio? –averiguó Katara.

-Entonces enviaré a Jiang al Polo Norte para que hago lo peor –prometió Azula-. Y perderás la oportunidad de estar entre lo que queda de la Tribu Agua y la cólera del Señor del Fuego –sus ojos se fijaron en los de Katara-. tu gente te abandonó, Katara. recuerda eso cuando llegue el Cometa de Sozin, y todo estará bien.

-¿Por qué ese día? –preguntó Zuko.

-Porque Padre lo ha elegido para que sea el día de tu casamiento, Zuko –respondió Azula. Sonrió y se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja-. Después de todo, ¿qué mejor momento para celebrar haberte robado la maestra agua del Avatar que en el día de nuestro mayor triunfo?

-Quieres que Aang se aparezcan cuando están más poderosos –advirtió Zuko-. Él también es un maestro fuego, el Cometa le dará a él la misma…

-El Cometa le da a todos los maestros fuegos el mismo poder, Zuko –asintió Azula-. Somos muchos. Él es uno.

-Es el Avatar –sentenció Katara.

-Lo dices como si significara algo –replicó Azula-. La última vez que me fijé, el Avatar era un llorón que dejó que dos de sus maestros le dieran una paliza. Es débil, porque ustedes dos son débiles. Lo malcriaron, y ahora él no tiene la fuerza suficiente para alcanzar su meta.

-Si lo matas, simplemente reencarnará –recalcó Zuko.

-No lo mataremos –aseguró Azula-. Lo pondremos en algún lugar seguro por el resto de su vida. Y entonces, para cuando muera a una edad avanzada, la Nación del Fuego ya tendrá un abase en cada fortaleza de la Tribu Agua –sonrió-. Hará que atrapar al siguiente sea mucho más fácil.

El estómago de Katara peleó por subir por su garganta. tuvo problemas en recuperar el aliento. El brazo de Zuko se deslizó de sus hombros y encontró su mano. Sus dedos se enlazaron.

-Necesitamos tiempo para pensarlo –dijo.

-Tómense todo el que necesiten –concedió Azula-. Si deciden en contra, estoy seguro que Padre podrá pensar algo para que Katara haga.


De regreso en el palacio, Katara esperó hasta llegar a sus habitaciones para decir:

-Me gustaría hablar con Zuko a solas, por favor.

-Adelante –asintió uno de los guardias, guiñando un ojo. Frunciendo el ceño, Zuko la siguió dentro de su habitación. Sus botas nuevas hacían un extraño tintineo contra las maderas del piso, y sus pies calientes e hinchados estaban tan contentos del respiro cuando se sacó lentamente las pantuflas. Katara se giró para enfrentarlo. Se veía tan diferente con su armadura negra. Más real, sí, pero de alguna forma más pálido, mayor y cansado.

-Dime que no sabía sobre esto –pidió.

-¿Saber sobre qué?

-¿Oh, no lo sé, el hecho de que Azula quiere que colonice a mi propia gente?

Zuko sacudió la cabeza y levantó las manos.

-¡No sabía! ¡Lo juro!

Katara odio su voz por salirle tan ronca y débil.

-¿Entonces esto no era parte del plan? ¿No me lo estás soltando simplemente ahora porque acordé a esto? –señaló el collar.

Zuko abrió la boca, luego la cerró. Agachó la mirada.

-No. Lo prometo. Me sorprendió a mí también.

Levantó una temblorosa mano.

-Porque si me entero que sabías, Zuko, te juro que, terminamos, se acabó…

-Katara –le agarró las manos por las muñecas-. No sabía. Lo prometo. Si hubiera sabido, te hubiera dicho. Tienes que creerme –sus ojos parecían casi brillar. Entonces los cerró y ella vio como le temblaba la mandíbula-. Por favor creéme. Por favor.

-Quiero hacerlo –susurró-. Quiero creerte porque pienso que realmente has cambiado y si me traicionas ahora nunca, pero nunca te perdonaré…

Entonces su cara quedó aplastada contra la armadura y olió clavo de olor y lana y cuero, y debajo de esa puntiaguda superficie estaba temblando justo como sus manos y su voz.

-No lo haré –aseguró-. No te traicionaré. Jamás. Lo prometo.

-Por favor no dejes que esto sea como Ba Sing Se de nuevo...

-No lo es. No lo es. Te lo prometo, no lo es –sus brazos rodearon su cintura-. Cometí un terrible error ese día. Y no dejaré que eso suceda de nuevo. No te defraudaré.

-Lo hiciste –replicó contra la armadura-. Me defraudaste y me dolió muchisímo porque me sentí tan estúpida por confiar en ti y querer creer qu epodías ser diferente y por haber ofrecido curarte y… y luego tú simplemente…

-Lo sé –admitió-. Pero sé ahora lo que debería haber hecho entonces, y estoy haciendo todo lo posible para hacerlo.

Ella se sorbió la nariz.

-¿Qué es eso?

Su barbilla se movió contra su hombro, y sintió el rugoso rasguño de su cicatriz en su oreja cuando la acercó más.

-Esto.

Algo hormigueo en su sangre. Se había re-imaginado ese momento cientos de veces, había visto las posibilidades se desprendían de ahí como fracturas dentadas provocadas por un impacto en el hielo liso, se había preguntado como sería curar una herida tan grande y si el agua hubiera funcionada y si lo hubiera hecho antes, ¿habría ido con nosotros? Y a veces sus especulaciones terminaban en abrazos agradecidos o en un rostro sonriente, pero nunca habían terminado de esa manera: con Zuko abrazándola y haciéndola sentir segura y prometiéndole que nunca, jamás la lastimaría de nuevo. Nunca terminaban con ella levantando los brazos alrededor de su cuello y parándose de puntillas solo para hacerlo, o con el extraño suspiro que sacó de él cuando lo hizo, como si finalmente pudiera entregar algo, o de la manera en que su mano aparecía y encontraba su cabello, enredándose cuidadosamente en los rulos cuidadosamente forjados. Nunca terminaban con su respiración irregular en su cuello creando un imparable cosquilleo en su espalda o de la manera en que sus caderas se movían en respuesta o en la manera que el siseó y ajustó su agarre y…

… la puerta se abrió de un portazo.

-Necesitan a la maestra agua; órdenes del Señor del Fuego.

En su oído, Zuko maldijó muy bajito. Se giró de forma que quedara entre ella y el guardia.

-No hemos terminado.

-Eso deduzco, pero como dije, son órdenes del Señor del Fuego –el guardia procedió a entrar. Flanqueado por dos Dai Li llevando grillos – y una caperuza negra.

Zuko retrocedió, todavía en posición entre Katara y los otros.

-¿Para qué necesitan eso? ¿A dónde la llevan?

-No podemos decirte eso –contestó el guardia.

Asumió una postura defensiva.

-Entonces díganme cómo esperan qe mi esposa sea llevada encadenada.

-Vamos, no hagas esto más difícil de lo que ya es…

Katara se adelantó.

-No voy a ningún lado hasta que me digan -- ¡Ey! –los grillos de los Dai Li ya habían serpenteado hasta ella y apresado sus brazos. forcejeó contra ellos-. ¿Qué está pasando? –la tiraron de rodillas.

Zuko arremetió hacia delante.

-Katara... –el guardia le dio un rápido puñetazo en el estómago. Tosió, luego tambaleó hacia ella. el guardia lo apartó justo antes de que sus dedos la alcanzaran. Zuko luchó, como un pez, bajo el agarre del otro hombre. Gruñó entre diente. Sáquenle esas esposas. ¡No ha hecho nada!

-Solo está ganándose su estadía –replicó uno de los agentes Dai Li, antes de bajar la capucha sobre la cara de Katara y cerrarla ajustadamente. Katara escuchó un brusco barullo sobre el piso antes de que los Dai Li tiraran de ella hacia delante y la empujaran hacia la puerta.

-¡Dejenla ir! –la voz de Zuko se quebró-. ¡Vamos a cooperar! ¡Katara!

Se volvió a medias, y habló a oscuras.

-Zuko, solo cálmate, estaré bien –No hagas algo estúpido. No te equivoques. No lo hagas peor para ti-. T- Te amo.

-Yo también te amo.

Entre ellos, la puerta se cerró de un portazo.


La llevaron muy lejos por los túneles hacia la habitación del Señor del Fuego Ozai. Ozai se les unió allí – reconoció su extraña y agitada respiración y escuchó el susurro de su ropa a lo largo del psio. Reconoció las escaleras y el sonido del relámpago cuando chisporroteó dentro de la puerta de la bóveda. Pero hizo lo mejor para no traicionar ninguna señal de familiaridad con la zona, y preguntó una y otra vez: "¿Dónde estamos?", a pesar de los repetidos codazos a sus costillas. Los guardias la empujaban todo el camino; estaba jadeante y sudorosa para cuando llegaron a destino. En el lugar en el que se encontraba ahora hacía calor, y el aire sabía diferente – viejo, rancio, sulfuroso.

Cuando le quitaron la caperuza se encontró parada en un pequeño cuarto bordeado con tuberías de agua y candelabros en las alcantarillas. Se giró y vio una gruesa puerta de acero detrás de ellos.

-Por aquí –indicó Ozai, y su atención se fue a una pequeña mesa en el centro de la habitación. En ella había un hombre semidesnudo, pálido y transpirado. Bigotes hirsutos y grises salían de su mentón. Gimió y apretó los dientes. Cuando Katara vio su hombro, descubrió el por qué.

Sangraba profusamente por varios hoyos en el hombro. Eran del tamaño de monedas de cobre, y la piel que lo rodeaba no estaba cortada sino quemada, como las marcas dejadas cuando una brasa escapaba del fuego y aterrizaba en el dobladillo de un vestido. No era la tajada limpia de una espada o el hueco con forma estrellada de una flecha. Katara pasó su mirada de la herida a Ozai.

-¿Qué hizo esto?

-Eso no es importante –aseveró el Señor del Fuego-. ¿Puedes curarlo?

Katara tragó saliva. Con sangre control, probablemente podría hacerlo. Empero el hombre ya había perdido muchísima. La sangre empabaa las toallas debajo de su hombro, y goteaba lentamente en las sedientas piedras del suelo-. Necesito agua.

Dos guardias adelantaron un urna de bronce con agua, y Katara la levantó en forma de serpentina para hacerla trabajar sobre sus manos. Se acercó más al hombre.

-Soy una sanadora –explicó-. Puedo usar agua control para curarlo.

Con los ojos ardiendo, respirando pesadamente a través de los dientes apretados, el hombre sobra la mesa la miró fijamente. Parpadeó y entornó los ojos.

-Te... conozco...

Ella sacudió la cabeza.

-Soy del Polo Sur…

-Sí. La chica. Él se escapó contigo.

Katara aplicó sus manos sobre la herida.

-¿Disculpa?

-¡S... Salta en el río!

La carne de los brazos se le puso de gallina.

-¿Eras parte de la tripulación de Zuko?

-J… Jee. Teniente de navío. A tu servicio –gorjeó en su garganta-. El príncipe… ¿cómo…?

Katara observó el suave brillo que empezaba a emitir el agua.

-Zuko está bien –aseguró-. Él… bueno, vamos a casarnos pronto.

Jee suspiró. Se volvió para mirar el agua brillante.

-Eso… eso es realmente bueno… -cerró los ojos-. No he visto a mi esposa en tanto tiempo…

-Debiste haber pensado eso antes de que te unieras al Desertor –repuso Ozai-. Ahora a menos que la maestra agua pueda arreglarte, nunca la verás de nuevo –Ozai arqueó las cejas-. Con algo de suerte, tus hijos aprenderán de los errores de su padre, y mostrarán más respeto.

El Teniente Jee intentó sentarse.

-Déjalos en paz…

Katara lo presionó hacia abajo mientras Ozai empezaba a reír.

-Despacio, despacio… -reunió más agua fresca y la aplicó a la herida-. Intenta no hablar, ¿de acuerdo?

El Teniente Jee tragó saliva. La observó trabajar con el rabillo del ojo. Una vez más, el agua comenzó a brillar. Katara se concentró en la herida. Dejo el agua deslizarse suavemente dentró de las marcas de pinchazos. Hizo una mueca. Algo había rasgado dentro del hombro y explotado ahí dentro. Cuando retiró el agua, estaba sangrienta y se sentía extrañamente pesada, como si algo, diminuto estuviera atrapada dentro más alla de su alcance. Sumió el agua de nuevo, tan suavemente como pudo – el Teniente Jee se retorció y se arqueó sobre la mesa – y se concentró en su sangre. Muéstrame que anda mal. Muéstrame.

Los recuerdos la abofetearon con la misma fuerza que una ola. Vio a Jee atado a una columna de madera en un lugar oscuro, lo vio luchando contra sus nudos y lo vio mirando fijamente a un hombre que sostenía algo extraño en ambas manos: de oro y con la forma de un dragón, y cuando lo levantó le digo tú te lo búscaste antes de que algo explotara y entonces hubo calor, un dolor sordo y algo filoso hundiéndose solo en su hombro…

Tosió y trastabilló.

-Impresionante –admitió Ozai. Se puso de pie y estuvo detrás de ella, demasiado cerca para se cómodo, y miraba por encima de su hombro el lugar donde había cerrado las heridas en el hombro de Jee-. Excelente trabajo, maestra agua.

Katara se erizó. Era claramente su culpa que tuviera que hacer su trabajo en primer lugar, porque a él y a Azula y a la gente bajo su mando le gustaban hacer cosas enfermizas a gente buena. Le dedicó lo que esperaba que fuera una mirada amotinada y dijo:

-Gracias. Papá.

Los ojos de Ozai se agitaron brevemente con eso.

-Te dirigirás a mí como el Señor del Fuego Ozai –le dijo, irguiéndose-. Y después de tu matrimonio podrás llamarme Padre.

Katara se volvió y miró a Jee.

-¿Cómo te sientes? ¿Algo del dolor se ha ido?

Con un mohín, Jee flexionó los dedos de ese lado.

-Sí… -la miró atentamento y rotó su hombro en un lento círculo-. Es sorprendente. Eres una gran sanadora.

-Haz fuego control –comandó Ozai-. Ese brazo solamente es bueno para palear carbón si no puede hacer fuego control.

Los labios de Jee se volvieron una delgada línea. Movió su brazo en un clásico puñetazo de fuego control. No pasó nada. respiró hondo, y exhaló con otro puñetazo. De nuevo, nada.

-¿Qué pasa? –preguntó. Golpeó de nuevo-. ¿Por que no puedo hacerlo? ¿Qué está psando? –se giró hacia Ozai-. ¿Qué hizo tu gente? –se retorció y su brazo sano se encendió-. Dijeron que era solo una prueba de armas, monstruos… -se tambaleó y cayó sobre sus rodillas. Katara lo agarró por debajo de los brazos y lo bajó lentamente al piso.

Detrás de ella, Ozai se reía desde la garganta. katara se volvió y lo encontró sonriendo con una extraña expresión de triunfo, como si hubiera estado deseando eso por mucho tiempo.

-Matén al traidor –ordenón.

-¡No! Ha perdido un montón de sangre. No sabe lo que está diciendo –Katara se mordió el labio-. Además, ¿no quieren saber si esto es solo temporal? –se volvió hacia Jee-. Tu habilidad podría regresar, ¿cierto? No saben sino lo hará.

Los labios de Jee se curvaron.

-Eres una chica muy linda. No hay duda de porque le gustas.

-Lo digo en serio, vas a estar bien, te curé, hice lo mejor … -su visión se emborronó-. Vas a hacer fuego control de nuevo, lo prometo…

Jee le palmeó la cabeza.

-Cuida al príncipe, ahora. Es el mejor hombre al que he servido. Salvó a nuestro timonel, durante una tormenta.

Katara asintió al tiempo que levantaban a Jee y lo apartaban de ella y sujetaban sus muñecas con esposas.

-Lo intentaré…

Después la caperuza se cerró sobre su cabeza, y nuevamente la estaban escoltando. Apenas se dio cuenta del viaje de regreso. Había un montón de hielo en su estómago, y un nuevo plan formándose en su cabeza.


De nuevo arriba, pidió pasar al cuarto de Zuko.

-Tengo un mensaje que entregarle de parte de un viejo amigo –excusó.

El guardia rió entre dientes, y la dejó pasar. Le arrancó la capucha y cayó hacia delante en los brazos de Zuko. El la apartó de inmediato. Sus manos se aferraron a los hombros de ella. Detrás de ellos, la puerta se cerró con un ruido metálico. Ella saltó. El miraba su vestido, sus manos.

-¿Por qué hay sangre? –averiguó con voz ronca. Su agarre se volvió de hierro-. Katara mírame - Ella levantó los ojos. Los de él eran dos diminutos puntos dorados. Habló bajo y vio los tendones de su cuello tensarse, como si estuviera reteniendo un rugido-. ¿Qué te hicieron?

Ella parpadeó. Su voz salió en una escofina apenas audible.

-Vi el arma.

Zuko tragó. Su agarre se aflojó un poquito.

-¿Y?

Ella sacudió la cabeza.

-Es malo.

-¿Qué tan malo?

Ella se hizo hacia delante. De alguna forma decirlo de cualquier otra forma menos en un susurro lo hacía parecer más real y menos como la pesadilla que deseaba fervientemente que fuera.

-Se… -habló en su oreja sana-. Se llevó la capacidad de hacer fuego control de Teniente Jee.

Zuko se tensó.

-…¿Qué?

-Se unió a Jeong-Jeong el Desertor. Luego lo atraparon. Y probaron el arma en él. y yo intenté curarlo, de veras lo intenté, hice lo mejor que pude, pero no fue suficiente… -reprimió un sollozo-. Está lista –pensó en su gente, de repente privada de uno de sus mayores dondes. Pensó en el horror y la frustración que sentía cada vez que Ty Lee le arrebataba su capacidad de hacer agua control con sus ágiles e infalibles dedos-. Llegamos demasiado tarde…

-Eso no es verdad –replicó Zuko-. Sabemos lo que es, ahora. Sabemos a lo que nos enfrentamos –se envaró. Los puños le temblaban a los lados-. Los mataré por hacerle esto a Jee. Era un excelente oficial, y...

-Zuko.

-¿Sí?

-Por favor no hagas nada como eso. El Teniente Jee me pidió que te cuidara –recostó una mejilla contra su túnica. Él se habia cambiado de ropa. Vio la armadura amontonada en el piso-. Por favor, solo… solo quédate aquí, ahora. Por favor. Si está bien.

-Está bien –muy lentamente, sus brazos aparecieron alrededor de ella-. Está bien. Me quedaré.

-No hagas algo estúpido –su garganta dolía terriblemente. Su cara estaba caliente y su cabeza dolía-. No… no salgas corriendo y… y… me dejes aquí, ¿bien?

-No lo haré –la estaba atrayendo más cerca y ella sintió su barbilla en su hombro-. No te abandonaré.

Por alguna razón, esto la desarmó.de repenta estaba llorando y era un desastre y estaba mojada y su respiración era irregular y agitada, y Zuko le acariciaba la parte posterior de la cabeza. advirtió que le sacaba el prendedor y lo tiraba; lo oyó repiquetear en el piso antes de que sus dedos se entretejieran en su cabello.

-Lo siento –se disculpó ella de manera densa-. Lo intenté tanto y pensé que lo había hecho bien pero cuando no pudo hacerlo, y es mi culpa y éll era tan bueno, dijo cosas tan lindas sobre ti…

-Ese es Jee –asintió Zuko tensamente-. Un buen hombre hasta el final.

Katara sollozó más fuerte y Zuko clavó su barbilla en su hombro un poquito más.

-Todo lo que siempre hago es fallar delante de ti –reconoció, su aliento adelantándosele-. Todas y cada una de las veces, simplemente lo arruino –tragó-. En el Oasis, y luego en Ba Sing Se, y aquí también, sigo fallando simplemente…

-No digas eso. Ni siquiera lo piensas –la abrazó-. Las cosas malas pasan. Y en ese entonces, lo malo era yo.

Katara rió muy a su pesar.

-Supongo que sí.

-Es verdad. Cada vez que ganaba esas peleas, perdía una parte de mí –bufó-. Con los piratas, solo quería que estuvieras lo suficientemente asustada para dejarme salvarte –se apartó-. Eso es casi como una locura, ¿no? Ahora probablemente estás asustada de veras.

-No realmente. Sabía que estabas loco desde un principio –entrecerró los ojos-. ¿Estabas… llorando?

-¿Qué? No –se fregó su ojo sano con el dorso de su mano-. ¿Por qué haría eso?

-Bueno, no lo sé, pero está bien si estabas…

-¡No estaba!

-¡Bien! –recorrió esta nueva en incómoda distancia entre ellos y casi deseó que la abrazara de nuevo. señaló hacia el baño-. Bueno… ¡llena la tina! Estoy toda... transpirada. Y sangrienta.

Él asintió.

-De acuerdo –pasó junto a ella hasta el cuarto de baño, y un momento más tarde escuchó el agua en la tina. Regresó y se recostó contra el marco de la puerta-. Es grande –indicó-. Toma un rato.

Ella cabeceó.

-Claro.

Él tragó saliva.

-Entonces. Jee se unió a Jeong-Jeong.

-Sip. Tu papá lo dijo, de cualquier forma –frunció los labios-. Como que medio lo hice enojar, creo.

El ojo sano de Zuko se agrandó.

-¿Qué? ¿Cómo?

-Bueno, estaba simplemente enfandada de verdad, y como que lo llame… Papá.

Zuko se apretó el puente de la nariz.

-Grandioso.

-Solo quería restregarselo, sabes, que va a tener una nuera de la Tribu Agua en vez de una marioneta nerviosa y estirada…

-Mai no es una marioneta –Zuko se lamió los labios-. Al menos, no todo el tiempo.

Katara agachó la mirada al piso.

-No fue mi intención sacarla a colación, solo quise decir que…

-Lo sé. Está bien –se alejó del marco de la puerta-. No es como si hubieramos hablado seriamente de cosas como estas, de cualquier forma. A Mai le gustaba mantener las cosas… livianas.

Katara trazó la veta de una madera del piso con un dedo.

-Realmente te gustaba un montón, ¿eh?

-Sí –suspiró-. Ella… me aceptó.

-¿Te escribió, cuando te fuiste?

-No, no le dije a dónde me iba, simplemente le dije…

-No, me refiero a antes, cuando tu papá… -Katara realmente no quería decirlo-. ¿Cuándo tu cabello era diferente?

Él se rió con pesar.

-No. No lo hizo. Nada de cartas.

-¿Te envió algo? ¿Qué hay de tus cumpleaños?

Zuko meneó la cabeza.

-No.

-… Entonces, ¿ella solo te aceptó después de que te uniste a Azula?

Zuko se estremeció. Parpadeó.

-T… Tengo que vigilar tu bañera –desapareció entre las sombras. Un momento más tarde, anunció-: Está lista.

Katara entró. Él encendió todos los candelabros y lleno la tina negra de agua caliente. Zuko apuntó.

-Ahí hay jabón, y toallas, ya sabes, está todo aquí… -se dirigió hacia la puerta.

-¿Puedes sacarme esto? –Katara le dio la espalda y levantó su cabello-. ¿Por favor?

-… ¿Sacarte qué?

-Mi collar.

-Oh. Claro. Seguro –unos calidos dedos puntearon su cuello, y el collar salió. Zuko lo dejó sobre una toalla-. Eh… el cuello de tu vestido… no sé si sabes cómo…

-No sé –confesó-. Como que me lo pusieron sin más, no me acuerdo como hacer…

-Está bien –interrumpió-. Puedo, eh, empezar pot ti.

-… Gracias.

-Es, eh, es por delante en realidad.

-Oh. Sí. Me acuerdo –se volvió, y él estaba justo ahí, así que chocó un poquito contra él. él la estabilizó y cuando ella se quedó quieta, las manos de él no se fueron. En vez de eso, subieron a lo largo de las pesadas y puntiagudas hombreras y encontraron su cuello.

-Tiene sus bemoles –comentó muy quedamente-. Es verdaderamente delicado. La hebilla, digo.

-Ajá –dijo ella, y se preguntó como podía oler tan bien. Quizás después de usar su jabón, ella olería así.

-Puede que te duela el cuello –acotó, con sus dedos deslizándose por el cuello de la ropa-. Estás cosas son pesadas, así que si no sabes como caminar bien…

Algo hizo clic y él levantó el pesado cuello. Katara rotó los hombros para aflojarlos. Se sentía mucho más ligera y pequeña sin eso.

-Gracias. Así está mejor.

-Te ves como tú misma de nuevo –reconoció Zuko.

-Gracias. Creo.

-No, es bueno. Verte como tú misma es bueno –frunció el ceño-. Digo, verte de la forma que te ves es bueno. Digo, si te ves diferente, ¡sería raro! No que no puedas cambiar, si quieres, pero como estás ahora está perfecto, y has cambiado de todas formas desde que te conocí…

-Me lo dijiste –cortó Katara, sonriendo-. ¿Recuerdas? ¿Cuando Li y Lo te hicieron tomar ese té? Dijiste que me veía diferente.

-Es así –insistió. Respiró hondo-. Bueno, estaré afuera por si...

Alguien azotó la puerta.

-¡Se acabó el tiempo!

Zuko miró a Katara. Ella negó con la cabeza. No había manera de que fuera a regresar a su cuarto, ahora. Zuko asintió y dejó el lavabo, cerrando la puerta tras de sí.

-¡De ninguna manera! –lo escuchó gritar.

Escuchó que la puerta hacia el pasillo se abría con un gemido.

-¿Qué? –inquirió el guardia-. Aguarda. ¿Dónde está la maestra agua?

-La Princesa Katara está ahí dentro –indicó Zuko-. Bañándose.

-Bueno, será mejor qe salga…

-¡Perfecto! Enfrenta a una enojada maestra agua en una bañera llena de agua. ¡Ve si me importa!

Katara de inmediato manipuló algo de agua alrededor de la tina e hizo ruidos de chapoteo. Luego se sacó el vestido tan rápido como pudo, y se zambulló en el agua. Sacudiendo las manos en el aire, levantó un velo de vapor alrededor de sí, después se volvió de manera que su espalda enfrentara la puerta del baño. Cuando ésta se abrió, escuchó a alguien ahogándose con el vapor y suavemente giró la cabeza. El guardia estaba parado en la entrada, con la cara muy colorada.

-Ey –exclamó ella, llevándose las rodillas al pecho-. Tú no eres Zuko.

El guardia abrió los ojos como platos. Se tambaleó un poco hacia atrás, justo contra Zuko, quién se había despojado de su camisa en tiempo récord.

-Creo que ese es tu pie para salir –señaló, sonriendo con suficiencia. Empujó levemente al otro hombre en el pecho-. Vete.

Zuko ni se molestó en ver irse al hombre. Entró en el baño lleno de vapor, cerró la puerta de una patada, y cerró los ojos. Un instante después, escucharon cerrarse también la puerta que daba al pasillo. Entonces él empezó a reír. Se deslizó lentamente hasta el piso, con los ojos todavía cerrados, y se quedó allí con la cabeza en sus manos mientras reía. Katara empezó a reír nerviosamente también. Pronto ambos estaban riendo a carcajadas.

-Eres una genia –le reconoció, dejando caer la cabeza.

-Bueno, parece que ya piensan algunas cosas bastante asquerosas sobre nosotros, así que…

-No, fue una gran idea. Creo que has adelantado nuestra boda unos cuantos días, con eso.

Katara rió.

-Probablemente. Apuesto que esas viejas me revisaran buscando tobillos hinchados, y me preguntaran si tengo antojos de ciruelas de mar fermentada.

-Ugh…

-¡Ey, es perfectamente natural! Cuando Mamá llevaba a Sokka, ¡comía dos veces más de carne!

-Oh, genial. Y yo pensaba que eras una tirana antes… -Katara rápidamente arrojó agua por encima del hombro en su dirección-. ¡Ey, nada de agua control cuando tengo los ojos cerrados!

-Oh. Perdón. Se me olvidó.

-Mentirosa.

-Es bueno que tus ojos estén cerrados; no puedes ver la cara que estoy haciendo.

-Estoy seguro que puedo imaginarla –lo escuhó girarse-. Ey.

-¿Ey, qué?

-Sobre el plan de Azula –siguió Zuko-. ¿Qué pasa si tenemos que seguir con él?

Katara tomó la barra de jabón.

-¿De qué estás hablando?

-Digo, ¿Qué tal si llega el Día del Cometa, y nadie aparece?

-Van a aparecer –porfió Katara, enjabonando el jabón-. Tienen que aparecer.

-Lo sé, ¿pero y si no lo hacen? ¿Qué tal si pasa algo? ¿Qué tal si…?

-¿Qué tal si perdemos? –completó Katara-. eso es lo que quieres decir, ¿no?

-… Sí –se calló-. ¿Qué hacemos entonces?

Katara se miró las uñas. Había sangre del Teniente Jee debajo de ellas.

-¿Me estás pidiendo que vaya contigo al Polo Norte?

-No sé –respondió Zuko con la voz apagada-. ¿Irías?

-¿Y estar bajo la mano de Azula todo el tiempo?

-Es mejor que morir –persistió Zuko-. Es mejor que una jaula o un pelotón de fusilamiento. Y podrías ayudar a tu gente. Podrías estar entre ellos y la Flota del Norte. Podrías dejarlos quedarse con las cosas que los hacen únicos.

-Todo excepto su agua control –rebatió Katara, levantando un listó de agua en espirarl-. Sabes que para eso está destinada la nueva arma. Esta diseñada de tal forma que incluso si las heridas sanan, la persona no pueda hacer control. Eso significa que nunca podrán pelear. de esa forma la Nación del Fuego siempre tendrá la superioridad. Es por eso que Azula no está preocupada por una rebelión en el Polo Norte.

-Nacerán nuevos maestros –aseveró Zuko.

-¿Pero quién les enseñará, si no queda nadie que pueda hacerlo? –inquirió Katara. se giró de nuevo-. ¿No ves que no es solo el problema de una nación? Esta arma nueva no es algo grande que puedas voltear con solo un golpe directo. Es lo suficientemente pequeña como para la lleves en tus manos. Los generales se las van a dar a sus hombres en el campo, y ellos van a cazar a todos los que no sean maestros fuegos y…

-¡Lo sé! –Zuko golpeó la pared con un puño-. He estado en los consejos de guerra. Sé como es la guerra de la Nación del Fuego. Sé lo profunda que es –flexionó los dedos-. Es por eso que pienso que deberíamos considerar la oferta de Azula.

-¿Estás loco? Azula siempre miente. ¿No has aprendido eso hasta ahora?

Zuko resopló.

-Sí. Lo he hecho.

-¿Entonces por qué estamos discutiendo esto siquiera?

-Podríamos estar seguros. Podríamos proteger a tu gente. O algo así. A menos que Aang derroque a Ozai y a Azula el día del Comenta, podemos correr por el resto de nuestra vidas. De esta forma, podríamos… no sé, convertirnos en viejos maestros control malhumorados o algo así.

-Viejos maestros control malhumorados y casados, Zuko.

-Lo sé –respondió suavemente. Se aclaró la garganta-. Digo, probablemente habrá un montón de tipos de la Tribu Agua ahí, y si tú quieres, podrías…

Katara lo calló con un épico látigo de agua que estalló contra sus costillas.

-¿Ni siquiera he tenido un novio real y ya sospechas que te vaya a engañar?

Zuko se secó solo, frotándose las costillas y mirando fijamente la pared.

-¡Bueno, no sé! Es eso, o…

-O simplemente no rendirnos –completó Katara. empezó a fregarse vigorosamente-. Sé que suena tentador ir al Polo Norte y vivir como realeza…

-… somos realeza…

-… pero simplemente no podemos. Hay gente que cuenta con nosotros.

-Tu hermano y tu papá me pidieron que cuidara de ti –insistió Zuko-. E incluso si fallo en todo lo demás, puedo hacer esa parte bien.

-Y tu Tío y el Teniente Jee me pidieron a mí que cuidara de ti, y de veras no creo que esto es a lo que cualquiera de ellos se refería –porfió-. Odiarías el Polo Norte.

-Puede aprender a gustarme –persistió Zuko-. Era... interesante. Todo ese hielo.

Katara soltó una risita.

-¿Interesante? ¿Es lo mejor que puedes hacer?

-Lo estoy intentando, ¿de acuerdo? ¡Solo quiero que sepas que podemos regresar allí si tú quieres, y yo no pensaré menos de ti! –jadeó enfunfurruñado-. Ahía está. Lo dije. Terminé.

Katara se giró completamente y gateó de manos a través del agua para poner su barbilla sobre el borde de la tina. Observó a Zuko hacerse un bollo en el piso.

-Ey.

-¿Qué?

-Creo que mi habilidad para curar está mejorando, porque la luna está creciendo –Katara tragó-. Si practico mi sangre control, puedo hacer que parezca que se ahogaron, o que murieron durmiendo.

-Nunca funcionará –rebatió Zuko-. No podemos acabar con ambos de esa manera. Y si dejamos entremedio, sospecharán de nosotros y nos harán matar.

-Entonces montamos todo para que parezca que Azula intentó matar a tu papá y falló, pero aún así lo hirió –sugirió Katara.

Zuko se inclinó hacia delante.

-Realmente lo pensaste –frunció el ceño-. ¿Estás segura que no eres de la Nación del Fuego?

-Muy gracioso, Chispitas.

Él sonrió de oreja a oreja.

-Entonces. El arma.

-Sí –prosiguió Katara-. creo que el Mecánico debe de tener una fábrica en el bunker. El lugar a dónde me llevaron hoy parecía muy… bunker-oso.

-¿Olía a aire viciado y a un manantial termal?

-Sí.

-Ese es el bunker –Zuko se sentó derecho-. Deberíamos intentar contactarnos con Ty Lee. Wai Lee. Lo que sea.

-Cierto –afirmó Katara-. ¿Quieres atacar el bunker esta noche?

Zuko sacudió la cabeza.

-No. Curaste hoy, y parece como si no hubiéramos dormido por días. No quiero que te enfermes.

Era difícil asentir con su barbilla en la tina.

-De acuerdo –tamborileó los dedos sobre la piedra negra-. Pero aún así debería practicar mi sangre-control. Solo por si acaso.

-No –replicó él-. La última vez que prácticaste, dormiste por días.

-No me refería en mí.

-Oh –él frunció el ceño-. ¿Estás intentando pedirme ayuda?

-Sí.

-Ah. ¿Entonces por qué simplemente no la pides? –Lentamente, se giró y abrió la puerta del baño de rodillas antes de pararse. Sin volverse a verla, dijo-: Está noche. Simplemente… ven. Cuando quieras. Estaré esperando.

Luego cerró la puerta, dejando a Katara preguntándose porque esas dos últimas palabras hacían que su corazón martillara tan fuerte.


Las cosas están llegando al punto crítico

N/T: Ey, siento muchísimo, muchísimo está demora. Pero es que mi vida social ha estado en medio, xP, Un viaje, mucha tarea, libros nuevos y salidas por ahí. Además de que el cáp era más largo de lo que yo había esperado. Eso, sin contar los exámenes, ahora mismo estoy con los de inglés. Así que…:S

En fin, muchas gracias por su paciencia, y espero que no se hayan enojado mucho. :)

GRACIAS: BlueEyesPrincess, neverdie, lokhita, Sakura24, Aislinn3, kata (¡gracias por leer y comentar! ¡Disculpa la demora! ¡Muchísimas gracias! ^^) youweon, MURTI (perdón por la demora? xP Gracias por leer y comentar! Un besote! ^^), PilikaLuna, Rashel Shiru, mire-can (perdón :( perdón, perdón…) Potter, kuchiki mabel, :) y Lolipop91

Dedicado a: mire-can (Perdón, linda, realmente no tenía ni el tiempo ni el ánimo para sentarme frente a la computadora :S)

Adelanto: Les va encantar el próximo capítulo ^^