Y pues ya se que tardé bastante, pero no me extrañaron demasiado por lo que parece. En fin, esto va porque tengo que continuar con esta historia hasta terminarla así me tome el fin del mundo nwn


14. Un viajero del mundo

Kyle paseaba por los pasillos de su palacio, aburrido, molesto, fue el único al que no le habían comentado acerca de su compromiso con la princesa Rilliane, incluso tuvo que disimular saberlo cuando la propia princesa lo confesó. ¿Desde cuando? ¿Cómo? ¿Dónde lo decidieron? Su madre sabía perfectamente que estaba enamorado de una joven moza de Elphegort y aún así lo comprometió.

Salió por la puerta principal del castillo y tomó rumbo hacia la plaza central de la ciudadela, alguien lo estaba esperando en ese sitio.

Cruzando los caminos, algunos terrosos y otros empedrados, y saludando cordialmente a cualquiera que lo mirase, así se hizo paso en el trayecto. El príncipe era distinguido por su generosidad, un grato recuerdo para los gobernados de quien fuera el rey.

Llegó. El sitio no distaba de parecerse poco a cualquier otro parque o plaza de cualquier otro lugar. Un kiosko se situaba en el centro del zócalo, ahí se colocaban las orquestas y bandas de jóvenes y alegres gitanos para incitar a bailar a quien los escuchase. Alrededor se encontraban álamos enormes y frondosos, divididos unos de otros con pequeños trechos de pasto, flores y veredas. Alrededor del zócalo se hallaban diminutos puestos de mercantiles dispuestos a ganarse la vida. Presumiblemente, Marlon era el país más pacífico que pudiese encontrarse en la tierra.

Cruzó mirada con un hombre harapiento de cabello largo y castaño, y le sonrió dirigiéndose hacía donde se encontraba aquel y tomando lugar a su lado, sentándose en la misma banca que el muchacho. La otra persona le devolvió el salido, palpando su hombro un par de veces en señal amistosa.

-Es un gusto volver a verte, Kenji Kawakami.

-Tú y tu insistencia en llamarme por mi nombre completo, Kyle. –Sonrió a modo de irritación, pero sin culpar la educación de su colega. –Kenji está bien, aunque sea solo por esta estadía.

-De acuerdo, si con eso aceptas quedarte en el palacio al menos esta noche. –Invitó el muchacho de cabellos azulados sin dejar de sonreír.

-A tu madre, la reina, no le gustará que un trotamundos como yo ingrese en su morada… de nuevo –Quiso rechazar.

-Patrañas, mi madre no puede negarme nada desde el numerito que le armé a la hora de la cena la noche pasada. –Argumentó. –Pero seguro estás enterado, ¿no?

-Se muchas cosas, compañero, tantas que puedo llegar a confundir unas con otras. –Dijo él acariciando levemente los hilos de su lira. –Pero si, un caso como el tuyo no puede ni debe ser confundido. Dime, ¿qué se siente ser el puente entre dos naciones?

-Calla, que no es nada divertido y mucho menos si viene de ti tal comentario. –Hizo un amago en su faz queriendo transmitirle su frustración. –Tú que sabes mi situación, aún te das el lujo de molestarme.

-¿Para qué son los amigos? –Canturreó con gracia.

-Ella no se merece eso. –Se dijo con un afán deprimente. –Michaela no lo merece.

-Sabes, han pasado cosas interesantes en todo el mundo, ¿quieres que te las recuente? –Cambió el tema para animar un poco al joven príncipe. Siendo un sonido gutural salido de la garganta del mismo una respuesta afirmadora, continuó: -En Asmodean comenzaron a desaparecer mujeres, se publicaron dos tomos de las desapariciones.

-Si me enteré de eso, fue el duke Venomania si no me equivoco.

-Él y el demonio en persona, ¿no te parece un tema perfecto para la letra de una canción? Y no solo eso, en Belzenia escuché de una mujer que devoró a toda su servidumbre.

-¿Cómo es eso?

-No lo se con seguridad, fueron rumores que escuché en la capital. Una gourmet en el patio de su castillo albergaba 15 criptas a nombre de números, cuando desenterraron las tumbas no hallaron cadáveres o esqueletos.

-¿Y qué encontraron entonces? –Preguntó Kyle con cierto temor.

-Retratos, alhajas, prendas, todas de varones, todas de egresados de la academia de repostería de Belzenia. –Explicó y el príncipe tragó duro. –Cuando entraron al castillo dicen que encontraron sangre en la cocina y en el vestíbulo, y todo apestaba, pero no había cadáveres y…

-¡Para! No estoy de humor para escuchar historias de miedo, y sabes que me aterran esos relatos. –Interrumpió Kyle abrazándose a si mismo y temblando levemente. Kenji lo miró con gracia y quiso seguir picando le debilidad del joven.

-No son historias de miedo, eso fue real, ¿y sabes por qué lo se? –Le susurró al oído.

-¿Por qué? –Preguntó Kyle con voz trémula.

-Porque yo estuve ahí.

Todos en los alrededores voltearon la mirada hacia donde se encontraban ellos dos. Uno gritando horrorizado infantilmente y el otro partiéndose de la risa. Por un momento los trataron a locos, pero cuando identificaron perfectamente al príncipe cada uno volvía a lo suyo disimulando no haber visto nada.

Kyle era poseedor de una debilidad curiosa hacia las historias de fantasmas. Hasta la más pequeña de las huellas de un ratón colocada maliciosamente, solitaria, en algún pasillo era capaz de hacer que gritara a los cuatro vientos que había un espectro rondando por el castillo. Su media hermana le había jugado esas bromas antes y Kenji fue testigo de una de ellas en una ocasión.

-¡Eres un maldito infeliz! –Gritó exasperado Kyle una vez que los dos estuvieron en la posada donde se alojaba el vagabundo. Éste no hacía más que disfrutar de la ira de su acompañante.

-Por cierto, "ella" te manda saludos. –Y como buena medicina para algún mal, Kyle de pronto se amansó, dejando la mirada brillosa en lugar de los ojos llenos de rabia y rencor contra su compinche. –Clarith se ha puesto tan bonita, y el señor Fresis cuida bien de ambas.

-¿Le ha faltado algo a ella? ¿Vestido, aseo, dinero? –Comenzó a bombardearlo con preguntas a la vez que invadía el espacio del trovador.

-Nada de nada, Fresis hace un excelente trabajo, tanto de mercantil como de patrón. –Se recostó en su cama. –Lo envidio, le va tan bien en lo que sea que haga…

-Si tú no hubieras renunciado a tu puesto de jefe de camareros, tal vez…

-Pero mi pasión es la música, y no me arrepiento de nada. -Interrumpió

-Eres todo un caso. –Kenji le entregó una pañoleta verde. –Un regalo, perfumado, como te gusta.

Kyle, ni tardo ni perezoso, tomó el pañuelo y se degustó desmesuradamente en el aroma que desprendía. El vagabundo no pudo evitar mirarlo con cierto asco, aun así, estaba feliz por su amigo.

En tanto, de vuelta en el glorioso castillo de Marlon, debajo de la empinada que daba al puerto, la dama de azulados ropajes y cabello oscuro rizado mejor conocida como la Reina Prim, se encontraba preparada para partir en su galera real con destino al puerto de Elphegort. Debía atender algún asunto pendiente, o eso daba a entender aquella sonrisa traviesa que formaban sus labios.

-.-.-.-.-FIN DEL CAPÍTULO CATORCE-.-.-.-.-


Y así, espero les haya gustado. Si eres nuevo y te gustó deja tu comentario, y si no, pues ya tengo su visita registrada en mis stats -w-