Cap. 4 El caballero

Por un momento creyó que Mally se equivocaba, pero...analizando bien el comentario, éste entrañaba mucho de verdad; la única forma de saber si el caballero estaba verdaderamente interesado en ella…era hacerle saber que ella era quien le esperaba…que no se iba a desplazar para verle hasta Londres…que no estaba dispuesta a hacerlo puesto que su prioridad estaba en la Compañía.

-¿Y crees que sea capaz de venir?-insistió como si supiera que Molly tenía la respuesta perfecta.

-Si el interés del caballero es tan grande que por milady sea capaz de desplazarse, entonces lo hará, nada lo detendrá en ese intento. ¿Sabe usted acaso, lady Kingsleigh, si el caballero es de buena ley y es capaz de tal travesía?

- No le conozco del todo; creo que le he visto un par de veces; no puedo saber si está tan interesado en mí como para realizar tal aventura. ¿Qué me aconsejas, Mally?

- Milady- añadió la chica- no soy yo quien pueda daros un buen consejo….soy pésima, además el que os dé seguramente sea el peor de todos. Pero si me permites decirlo, sería conveniente decir a vuestra madre que aceptas que te corteje ese caballero con la condición de que él se desplace a Hong Kong para estar más cerca de vos.

Alice sonrió. Era justamente el consejo que esperaba. Así que decidió escribir el telegrama cuanto antes y lo enviaría esa misma tarde.

Mally ayudó a Alice a escoger el vestido que usaría para la gala en la noche.

Había varios que le gustaban. El inconveniente era decidir si usar o no corsé.

Entonces vinieron a su mente recuerdos tan extraños…parecían tan lejanos pero estaban más cerca de ella de lo que pensaba.

Recordó la fiesta de petición de mano de Hamish…aquel vestido azul…aquella caída y…su mente se bloqueó momentáneamente.

Trató de respirar hondamente, si no lo hacía se asfixiaría…y no podría estar bien para la reunión.

Al atardecer las nubles se veían platinadas y sólo una luz rojiza alumbraba el horizonte causando en ella una nostalgia aún más profunda.

De pronto, como en un sueño, una mariposa azul se posó sobre su hombro. Los colores tan vivos en sus alas la admiraron demasiado…parecía un ser tan increíble…lleno de verdad y de absolutez…¿esa era la palabra correcta? Por un instante lo dudó.

Se internó en la habitación, cuando una de las mucamas la llamó para indicarle que su baño estaba listo.

Ella se dispuso al aseo. La bata que la cubría era blanca con destellos azules. La apartó cuando entraba a la bañera y sintió un leve escozor en el brazo…como una vieja herida que parecía abrirse en el momento menos oportuno.

La revisó. Ella la creía totalmente curada, pero de pronto los colores rojizos indicaron que estaba enconada, cual si fuera reciente.

Tras bañarse buscó lienzos limpios y un ungüento para apaciguar la molestia. Esperaba que sólo se tratara de un problema provocado por el ajetreo y el nerviosismo. Pero el volver a pensar en esa herida sólo la asutó cuando recordó aquel sueño en el que un animal feroz con afiladas garras la hería inmisericorde. Pero para su sorpresa no era un sueño, la herida estaba ahí.

LONDRES

Lord Hataway conversaba con un amigo de su padre.

- Se rumora que pedirás la mano de Alice Kingsleigh…

- Tal vez la pida, pero eso no es garantía de que me acepte- argumentó el joven lord.

- Lo hará, no encontrará mejor noble y cumplido caballero como tú en Londres.

- Ella no vive en Londres- insistía Madison.

- Lo sabemos , pero en la Compañía ya no hay candidato más seguro que tú. Alice es una chica sensata e inteligente. Aunque algo testaruda

- Visionaria…rebelde y visionaria…mi padre, Samuel Hataway admiraba a Charles Kingsleigh, fue para él muy difícil asimilar que ese hombre tan fuerte y decididido sin miedo a nada se viera atacado por la tuberculosis.

- Es cierto…pero…¿acaso deseas contraer nupcias con Alice por simple admiración a su padre?

- Claro que no…conozco muy poco a Alice y sus ideas me parecen magníficas, además de que es muy bella y tiene un carácter afable y bondadoso. Además, no pienso presionarla…quiero que me acepte por plena convicción, sin nada ni nadie que la presione para ello…no quiero tener una esposa resignada, obligada a serlo por los convencionalismos…quiero su amor, no su aceptación.

- Me habían dicho que estabas loco, pero creo que eres el joven más cuerdo y coherente de todos cuantos conozco…lamento haberme dejado arrastrar un poco por el criterio de otros hacia ti.

- No se lamente, milord…es normal, desde pequeño por traer cosas exóticas de otros países…por aventurarme semanas en empresas que a otros parecieran alocadas e impertinentes, pero nunca me ha importado.

- Por cierto- insistió el otro caballero-supe que estableciste un negocio en Scotland…

- Una…sombrerería- dijo el joven- para ser exactos.

- Bien…te dejo…espero entonces que Lady Kingsleigh acepte tus pretensiones.

- Así lo espero yo también, milord. Buenas noches.

El caballero se retiró. El joven Hataway continuó leyendo un libro de aventuras. Madison había quedado huérfano desde los quince años. Esa situación lo marginaba un poco en los círculos sociales de Londres, por lo que prefirió estudiar ciencias y evitar los vínculos con la aristocracia. Pero también entendía que sin el apoyo de quienes estaban mejor posicionados en los negocios no podría salir adelante, así que buscó vínculos comerciales con Lord Ascot y otros inversionistas a fin de verse posicionado en la mira de la Compañía.

Conoció a Alice de pequeña pero debido a su poca influencia en la sociedad londinense no pudo frecuentarla hasta después del ingreso de ella como aprendiz en la Compañía. Ahí trató de acercársele para aprender de ella y había quedado cautivado por su dulce belleza y su talento…

Para Alice aquel joven era un reflejo de Charles Kingsleigh en sus primeros años de emprender travesías, eso era lo que admiraba de él, pero no le había interesado en otro plan al menos por ese momento.

Lord Hataway suspiró y se preguntó:

- ¿En quién piensas, niña soñadora?

Un buen partido...¿será? Pronto se sabrá ;)