Cap. 6 El baile

Alice seguía con la mirada perdida, pensando en aquel detalle que Lord Ascot le había mencionado en relación a lord Hataway. El hecho de que el joven se dedicara a la venta de sombreros causaba en ella un efecto contradictorio.

- ¿Por qué sombreros?- preguntaba ella.

Lord Ascot trató de no contestarle, ya que no sabía por qué Alice preguntaba eso.

- No entiendo por qué te causa tanta extrañeza…

- No es eso- respondió Alice un poco más atenta- es que…nunca había escuchado que un noble fuera capaz de tener un negocio alterno tan extraño como una sombrerería…

- No debería extrañarte a ti- dijo Lord Ascot- hay cosas que a los demás parecen extrañas cuando realmente no lo son…por eso pienso que no debería causarte tanta sorpresa…los que conocemos a Hataway pensamos que es un muchacho extraordinario, aunque sus puntos de vista no siempre concuerdan mucho con lo que pensamos el resto de los nobles de la Compañía.

- Algo escuché al respecto- analizó Alice- por lo poco que lo conozco hay un aire de importancia, uno que me permite incluso comparar a Madison con mi padre cuando empezó…pero…aún no lo conozco verdaderamente…¿cómo es, lord Ascot?

El padre de Hamish hizo una pausa para luego insistir:

- También me extraña que quieras saber sobre Hataway…¿algún interés particular?

- Creí que lo sabía, milord- soltó Alice sorprendida.

- ¿Saber qué?

Alice pensó entonces que tal vez Helen Kingsleigh no le había informado a Lord Ascot la petición de mano que en breve esperaba realizar Hataway. Lo más probable era por consideración al hecho sucedido años atrás…su hijo había realizado la misma acción. Esa debía ser la razón por la que su madre no había puesto al tanto al lord de la decisión del joven lord.

- Nada- contestó ella sin contar la verdad- quiero saber de Hataway porque…hay una empresa difícil…que…quiere realizar..y …está algo indeciso al respecto…de hecho ha dicho que vendrá a Hong Kong- añadió sin saber siquiera lo que Madison había escrito en aquel telegrama que ni siquiera había enviado y a duras penas había logrado redactar.

- Ah, ya veo…supongo que el joven quiere saber si para ti es tan importante esa empresa que él pretende.

Alice pensó entonces que si en determinado momento decidía ser su esposa tenía que comprometerse por lo menos conociendo los proyectos de vida que Lord Hataway tenía en mente…por lo poco que había escuchado de él debía tener proyectos muy parecidos a los de su padre…y por lo que sabía era un hombre valiente que no le temía al fracaso y al escándalo…muy loable de su parte…pensaba para sí…pero para una boda…no bastaba sólo eso…debía haber lo principal…el amor.

Amor…una palabra corta pero difícil de pronunciar y mesurar en cuanto al amplio contenido. Y eso era lo que quería sentir en determinado momento por Madison…amor…un amor libre, sin prejuicios, sin ataduras, lleno de sorpresas y de aventuras, dispuesto a todo y sin miedo a nada. Pero sus pensamientos fueron turbados por la nueva contradanza que envolvería a los participantes de la velada.

La mañana llegó a Londres. Madison revisaba un par de documentos. De pronto, encontró el telegrama que estaba por enviar. Era un poco largo…tal vez debía reducirlo…pero entonces no podría decir todo lo que quería…y se quedó pensando un rato frente a la mesa adornada de colores azulados: ¿quién dictaba el tamaño del telegrama y su extensión' ¿Había normas para ello? Por el momento no…la extensión del telegrama iba en función de la disposición de dinero que tuviera el que lo enviaba de acuerdo al número de palabras…pero él tenía suficiente dinero para poder extenderse en aquel documento…que más que eso…quería fuera una forma de acercarse a Alice…de tratar de captar su atención y sus ilusiones…recordaba todo lo que había escuchado alguna vez decir a Charles Kingsleigh…cuando él todavía era un muchacho y por su inexperencia más de uno le impedía tomar decisiones importantes, a pesar de que parte de las acciones de su padre en la compañía ya estaba a nombre de él.

Entonces se dispuso a firmar el telegrama y lo envío rápidamente.

Salió de su casa a altas horas para encontrase con algunos amigos. Pero la emoción del viaje no lo dejaba pensar del todo.

Paró en un viejo jardín del centro. Decidió aspirar el aroma de las flores…eso le recordaba mucho a su madre…los momentos hermosos que pasaran juntos en el centro de Londres…en aquel precioso rosedal…pero no tardó en entrar cuando percibió cerca de ahí un objeto que se movía. No tardó tampoco mucho en descubrir que no era un objeto…era un animal. En específico…un conejo blanco.

Sentí afición por los conejos blancos…y curiosamente siempre se había imaginado cómo se vería un conejo vestido de traje y corbata. Trató de adentrarse en el jardín pero se dio cuenta por medio de su reloj que era algo tarde. Así que decidió volver a preparar sus cosas para el viaje.

En tanto Alicia estaba ya casi lista. Casi todo estaba empacado y dispuesto. Los días habían transcurrido un poco rápido para su manera de ver…pero eso ya era normal…el tiempo era tan raro en los sueños.

Revisó un pañuelo, una tarjeta y un dije.

Pensó en todo lo que haría en la fiesta de té que se organizaría en el centro de la ciudad. La habían invitado algunas nobles damas inglesas que visitaban Hong Kong con sus esposos…esperaba tener mejor suerte con ella que con las londinenses, esclavas de la etiqueta.

Su sorpresa fue grande cuando vio a un grupo de chicas que la esperaban en un carruaje para marchar hacia la casa de una noble señora, conocida de Lord Ascot.

Llegó a la casa que estaba rodeada por un inmenso jardín. Amaba tanto las rosas…pero pasado un rato las chicas la llamaron para formar un corrillo de juegos en lo que se servía el almuerzo.

- Nos han platicado mucho de tu costumbre de pensar en seis imposibilidades antes del desayuno- dijo una- ¿podrías compartirla con nosotras?

Otra añadió.

- Sí, Alice…suena muy interesante y divertido.

Alice no lo hacía sólo por diversión, por eso le pareció tan de mal gusto que le pidieran que lo hiciera sólo para divertirlas…eso era demasiado serio para tomarlo solo como un juego. Sin embargo, no quiso desairarlas:

- Veamos…¿qué es lo más irreal que pudieran imaginar en éste momento?

Una de ellas participó:

- Pues…encontrarnos a un caballero apuesto y rico que se decidiera a casarse con nosotras inmediatamente…

- ¿Por qué?- respondió ella.

- Porque…de esos ya no hay…

Alice hizo una pausa y añadió.

- Se me acaba de ocurrir una…que el caballero exista pero que…sea tan irascible e ilógico al grado de no poder controlar su estado de ánimo…¿no sería magnífico tener un novio que cambiara un poco de carácter y que sólo ustedes pudieran aterrizarlo cuando sus enojos lo llevaran a los límites?

Ellas se miraron unas a otras y dijeron:

- Vaya que se te ocurren cosas extrañas, Alice-

- La segunda podría ser…que no son las únicas interesadas en el caballero…sino que…haya alguien más que desea tener a ese loco y que ese alguien sea una hermosa mujer, tanto o más que ustedes…

- Eso no es una imposibilidad…siempre sucede…con la mayoría de los solteros.

Y jugando al juego de las imposibilidades llegó la última.

- Y la sexta: que mientras estamos aquí pensando en esto llegara un telegrama de ese caballero dispuesto a todo para ser sólo de la mujer amada.

Todas rieron. Era algo que parecía ilógico y verdaderamente imposible. Pero en ese instante Lin llegó con un documento para lady Kingsleigh. En cuanto leyó aquel papel se quedó helada. Las demás la observaron sin entender aún lo que aquel telegrama revelaba.