N/A: la historia y los personajes no me pertenecen, la trama es de la maravillosa Lisa Jane Smith yo solo la adapto con los personajes de la maravillosa Stephenie Meyer. XD


Capítulo 2

— ¡Esme! — Esme podía escuchar la voz de su madre, pero no podía ver nada. El suelo de la cocina estaba lleno de puntos oscuros que se movían.

— ¿Esme, estás bien? — Ahora Esme notaba las manos de su madre rodeando su brazo, sujetándola ansiosa. El dolor estaba desapareciendo y su visión estaba regresando.

Mientras se enderezaba, vio a Carlisle delante de ella. Su cara no reflejaba expresión alguna, pero Esme le conocía demasiado bien como para reconocer la preocupación en sus ojos. Estaba sujetando el cartón de leche, notó. Debía de haberlo cogido al vuelo cuando ella lo soltó "reflejos increíbles", pensó Esme. Increíbles de verdad.

Phillip estaba de pie. "¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

—No... no lo sé. — Esme miró a su alrededor, avergonzada. Ahora que se sentía mejor deseaba que no la estuvieran mirando tan atentamente. La forma de ocuparse del dolor era ignorarlo, no pensar en él.

—Es solo un poco de dolor. Creo que es una gastroenteritis o algo así. Ya sabes, de algo que comí. —

La madre de Esme le dedicó a su hija una mirada compungida. —Esme, esto no es gastroenteritis. También te dolía hace un mes el estómago, ¿Verdad? ¿Es el mismo tipo de dolor? —

Esme se estremeció incómoda. De hecho, el dolor nunca había desaparecido. De alguna forma, con la excitación del final del curso, había conseguido ignorarlo, y ahora ya se había acostumbrado a él.

—Algo así." Dijo. "Pero…—

Eso fue suficiente para la madre de Esme. Le apretó un poco la mano y se fue hacia el teléfono de la cocina. — Sé que no te gustan los médicos, pero voy a llamar al Dr Banner que te mire. Esto no es algo que podamos ignorar. —

—Oh, mamá, son vacaciones…—

Su madre tapó el micrófono del teléfono con la mano. — Esme esto no es una negociación. Ve a vestirte. —

Esme gruñó, pero pudo ver que no iba a servir de nada. Le hizo señas a Carlisle, quién la estaba mirando.

— Escuchemos al menos el CD antes de que me vaya. —

Miró al CD como si se hubiera olvidado de él, y dejó en la mesa el cartón de leche. Phillip les siguió por el pasillo.

—Hey, colega, espera fuera mientras se cambia de ropa. —

James casi ni se giró. — Búscate una vida, Phil— Dijo casi ausente.

—Solo aleja tus manos de mi hermana, chaval. —

Esme sacudió su cabeza mientras entraba en su habitación. Como si a Carlisle le importara verla desnuda.

Si tan solo fuera así, pensó tristemente, sacando unos pantalones de un cajón. Se metió dentro de ellos, todavía sacudiendo la cabeza. Carlisle era su mejor amigo, y ella era su mejor amiga. Pero nunca había mostrado el más mínimo interés en poner sus manos sobre ella. Algunas veces se preguntaba si la veía como a una chica.

Algún día lo hará, pensó, y abrió la puerta.

Carlisle entró y le sonrió. Era una sonrisa que rara vez veía la gente, no era irónica ni burlona, era una sonrisa amable y ligeramente curvada.

—Siento todo esto del médico. — Dijo Esme.

—No. Deberías ir. —Carlisle le dedicó una dulce mirada. —Tu madre tiene razón. Esto ha durado demasiado tiempo. Has perdido mucho peso, te mantiene despierta por las noches…—

Esme le miró, sorprendida. No le había dicho a nadie que el dolor era peor por las noches, ni siquiera a Carlisle. Pero a veces Carlisle sabía cosas. Como si pudiera leer su mente.

—Simplemente te conozco, eso es todo. —Dijo él, y desvió la mirada cuando ella le miró. Desenvolvió el CD.

Esme se encogió de hombros y se tiró sobre la cama, mirando al techo. —De todas formas, me gustaría que mi madre me dejara tener algún día de vacaciones. —Dijo. Giró el cuello para mirar a Carlisle. —Me gustaría tener una madre como la tuya. La mía siempre se preocupa de mí y trata de arreglarme. —

—Y a la mía no le importa si me voy o no. ¿Así que, cual es peor? — Carlisle dijo secamente.

—Tus padres te dejan tener tu propia casa. —

Son dueños del edificio. Porque es más barato que contratar a un manager. — Carlisle

—sacudió la cabeza, con la mirada sobre el CD que estaba poniendo en el equipo de música.

—No te quejes de tus padres. Tienes más suerte de la que piensas. —

Esme pensó en eso mientras el CD empezó a sonar. A ella y a Carlisle les gustaba la música electrónica underground que venía de Europa. A Carlisle le gustaba el techno. A Esme le gustaba porque era música de verdad, cruda y sin modificar, hecha por gente que creía en ella. Por gente que tenía pasión, no por gente que lo hacía por dinero.

Además, la música la hacía evadirse del mundo. Le gustaba mucho eso, la originalidad, lo extraño.

Ahora que lo pensaba, quizás también era eso lo que le gustaba de Carlisle. Su originalidad. Giró su cabeza para mirarle mientras el ritmo de los tambores de Burundi llenaban el aire.

Conocía a Carlisle mejor que a nadie, pero siempre había algo, algo sobre él que estaba cerrado a ella. Algo que nadie alcanzar.

Otros pensaban que era arrogancia, o frialdad, o distanciamiento, pero realmente no era nada de eso. Era solo… originalidad. Era muy distinto de los demás estudiantes de la escuela. Algunas veces, Esme casi había conseguido averiguar qué era, pero siempre se alejaba. Y más de una vez, especialmente cuando era tarde y estaban escuchando música o viendo el océano, sentía que se lo iba a decir.

Y siempre pensó que si se lo decía, sería algo importante, algo tan sorprendente y adorable como si un gato hablara.

Ahora miró a James, a su perfil y a las ondas castañas de pelo que tenía sobre la frente, y pensó, Se ve triste.

—Calie, ¿No te pasa nada malo, no? Quiero decir, ¿En casa, ni nada? — Ella era la única persona que tenía permitido llamarle Calie. Ni siquiera Jacklyn o Michaela lo habían intentado.

—¿Qué podría ir mal en mi casa? — Dijo, con una sonrisa que no era del todo sincera. Entonces sacudió su cabeza negativamente. —No te preocupes, Esme. No es nada importante – solo un pariente que viene de visita. Una visita no deseada. —Entonces la sonrisa alcanzó sus ojos, quedándose ahí. —O quizás solo estoy preocupado por ti. — Dijo.

Poppy empezó a decir "Oh, claro." Pero en vez de eso dijo— ¿Estás seguro? —

Su seriedad pareció golpear alguna fibra sensible. Su sonrisa desapareció, y Esme noto que se estaban mirando el uno al otro sin que hubiera nada de gracioso en ello. Solo mirándose en los ojos del otro. Carlisle inseguro, casi vulnerable.

—Esme. —Esme tragó saliva. — ¿Qué? —

Abrió su boca y después se levantó bruscamente y se fue a ajustar los altavoces. Cuando se giró, sus grises ojos estaban oscuros y fantasmales.

—Claro, si estuvieras realmente enferma, me preocuparía. — Dijo suavemente. — para eso están los amigos, ¿No? —Esme se deshizo. — Cierto. — Dijo melancólicamente, y le dedicó una sonrisa.

—Pero no estás enferma. —Dijo. —Es solo algo de lo que tienes que ocuparte. El médico probablemente te dará algún antibiótico o te pinchara con una aguja—. Añadió perversamente.

—Oh, cállate. —Dijo Esme sabía que le aterraban las inyecciones. Solo el pensamiento de una aguja entrando en su piel…

—Viene tu madre. —Dijo Calisle, mirando a la puerta, que estaba cerrada. Esme no sabía cómo podía haber escuchado algo bajo la música, y además el pasillo tenia moqueta. Pero unos segundos más tarde, su madre estaba abriendo la puerta.

—Bueno, querida. — Dijo vivamente. —El Dr. Banner dice que vayamos ahora. Lo siento, Carlisle, pero vas a tener que llevarme a Esme. —

—Está bien. Puedo volver esta tarde. —

Esme sabía cuando había sido derrotada. Permitió a su madre llevarla hasta el garaje, ignorando los gestos de Carlisle de una aguja sobre la piel.

Una hora más tarde estaba tumbada encima de la camilla del Dr. Banner, con la mirada hacia un lado mientras le palpaba el estómago. El Dr. Banner era algo, delgado y con el pelo canoso, como un médico de pueblo. Alguien en quién se podía confiar.

—¿Te duele aquí? — Preguntó.

—Sí, pero a veces se pasa hacia la espalda. O quizás solo me haya dado un tiró o algo ahí.—

Los cuidadosos dedos se movieron, después se detuvieron. La cara del Dr. Banner cambió. Y de alguna forma, en aquel momento, Esme sabía que no era un tirón. No era dolor de estómago; no era nada sencillo; y las cosas estaban a punto de cambiar para siempre.

Todo lo que el Dr. Banner dijo fue—Sabe, me gustaría hacerle unas pruebas. —

Su voz era seca y pensativa, pero el pánico llegó hasta Esme

de todas maneras. No podía explicar lo que estaba pasando en su interior, alguna especie de premonición, como un agujero negro abriéndose en el suelo frente a ella.

—¿Por qué? — Su madre le preguntó al médico.

—Bueno. —El Dr. Banner sonrió y se levantó las gafas. Golpeó con dos dedos la camilla. —solo es un proceso eliminatorio, en serio. Esme dice que le ha estado doliendo la parte superior del abdomen, que el dolor le llega hasta la espalda, que es peor por las noches. Recientemente ha perdido el apetito, y ha adelgazado. La vesícula biliar se puede palpar, eso quiere decir que ha aumentado de tamaño. Eso son síntomas de muchas cosas, y una ecografía ayudara a descartar algunos de ellos. —

Esme se calmó. NO podía recordar lo que era una vesícula biliar, pero estaba muy segura de que no la necesitaba. Cualquier cosa que involucraba un órgano con un nombre tan tonto no podía ser muy serio. El Dr. Banner seguía hablando del páncreas, de pancreatitis y vesículas biliares. La madre de Esme asentía como si entendiera algo. Esme no entendía nada, pero el pánico había desaparecido. Era como si hubieran puesto una manta encima del agujero negro, haciéndolo desaparecer.

—Pueden hacerle la ecografía en el hospital infantil que hay en la acera de enfrente. —Dijo el Dr. Banner. — Regresa cuando esté terminada. —

La madre de Esme estaba asintiendo, calmada, seria y eficiente. Al igual que Phil y Charles —Nos ocuparemos de esto. —

Esme se sentía ligeramente importante. Nadie que conocía había ido al hospital a que le hicieran pruebas.

Su madre acarició su pelo mientras se marchaban de la oficina del Dr. Banner. — bueno, cariño. ¿Qué te has hecho a ti misma? —

Esme simplemente sonrió. Estaba totalmente recuperada de su anterior preocupación. —Quizás tendrán que operarme y me dejarán una cicatriz interesante. — Dijo, para divertir a su madre.

—Esperemos que no. —Dijo su madre, sin divertirse nada.

El Hospital Infantil Suzanne G. Monteforte era un gran edificio gris con grandes dibujos sinuosos en los cristales. Esme miró atentamente la tienda de regalos cuando pasaron por delante. Era claramente una tienda para niños, llena de arcoíris y peluches de animales que un adulto podía comprar como regalo de última hora.

Una chica salió de la tienda. Era algo más mayor que Esme, quizás diecisiete o dieciocho. Era hermosa, con una perfecta cara y un pañuelo que no tapaba totalmente

el hecho de que no tenía pelo. Parecía feliz, con las mejillas sonrosadas, con pendientes colgando bajo el pañuelo. Pero Esme

sintió compasión por ella.

Compasión…y miedo. Esa chica estaba realmente enferma. Para eso estaban los hospitales, por supuesto, para gente realmente enferma. De pronto Esme quiso que sus test se terminaran rápido para salir de allí.

La ecografía no fue dolorosa, pero fue molesta. Un enfermero le puso una especie de gelatina por encima, le pasó un frío escáner, enviando ondas sobre ella, tomando fotos de su interior. Esme volvió a pensar en aquella chica sin pelo.

Para distraerse, pensó en Carlisle. Y por alguna razón lo que le vino a la mente fue la primera vez que había visto a Carlisle, el día que llegó al parvulario. Era pálido, delgado con grandes ojos grises y había algo extraño en él que hacía que los chicos más mayores se metieran con él. En el patio de recreo cayeron sobre él como una manada de lobos hasta que Esme vio lo que estaba pasando.

Incluso con cinco años hizo lo correcto. Se metió en el grupo, golpeando caras y pateando a los chicos grandes hasta que se fueron corriendo. Entonces se giró hacia Carlisle.

—¿Quieres que seamos amigos? —

Después de un breve momento de duda asintió avergonzado. Había algo extraño en su sonrisa.

Pero Esme averiguó que su amigo era extraño de muchas maneras. Cuando el lagarto de la clase murió, había cogido el cuerpo sin vida y le había preguntado a Esme si quería sujetarlo. El profesor se había horrorizado.

Sabía donde encontrar animales muertos, le había enseñado una cerca en donde había varios esqueletos de conejos, en la hierba alta. Era algo seguro.

Cuando se hizo mayor, los chicos grandes le dejaron tranquilo. Se hizo más alto que ellos, y sorprendentemente fuerte y rápido – consiguió una reputación de ser peligroso. Cuando se enfadaba, había algo aterrador en su mirada grisácea.

Pero nunca se había enfadado con Esme. Seguían siendo amigos pasados tantos años. Cuando llegaron al instituto, empezó a salir con las chicas que le deseaban, pero nunca le duraban mucho. Y nunca confiaba en ellas; para ellas él era un misterio, un chico malo. Solamente Esme había visto su otro lado, el vulnerable y bondadoso.

—Bien.∙ — Dijo el enfermero, haciendo que Esme regresara al presente. —Ya hemos terminado; vamos a quitarte esta gelatina. —

—¿Qué se veía? — Preguntó Esme, mirando al monitor.

— Oh, tu médico te lo dirá. El radiólogo leerá los resultados y llamar a su oficina. — La voz del enfermero era tan neutral que Esme

le miró detenidamente.

De vuelta en la oficina del Dr. Banner, Esme jugueteaba con sus dedos mientras su padre miraba revistas antiguas. Cuando la enfermera dijo —Srta. Evenson— se levantaron.

—Eh… No. —Dijo la enfermera, pareciendo agitada. —Sra. Evenson. El médico quiere verla primero a solas. —

Esme y su madre se miraron mutuamente. Después, lentamente, La madre de Esme soltó la revista y siguió a la enfermera.

Esme la miró.

Qué extraño… el Dr. Banner nunca había hecho eso antes.

Esme se dio cuenta de que su corazón estaba acelerado. No mucho, solo un poco. Bang… bang… bang, en mitad de su pecho, sacudiéndola por dentro. Haciéndola sentirse irreal.

"no pienses en ello. Seguramente no será nada. Lee una revista. "

Pero sus dedos no parecían funcionar bien. Cuando finalmente consiguió abrir la revista, sus ojos se pasearon sobre el texto sin pasarle la información al cerebro.

"¿De qué estarán hablando ahí dentro? ¿Qué está pasando? Ya hace tiempo que se ha ido… "

Siguió esperando. Mientras lo hacía, estaba vacilando entre dos tipos de pensamientos. 1) Nada serio le pasaba y su madre iba a salir y a reírse por lo que había pasado. Y 2) algo horrible pasaba e iba a tener que llevar un terrible tratamiento para recuperarse. El agujero tapado y el agujero al descubierto. Cuando el agujero estaba cubierto, parecía algo para reírse, y se sintió avergonzada por tener unos pensamientos tan melodramáticos. Pero cuando estaba abierto, sentía como si su vida entera hubiera sido un sueño, y ahora estuviera golpeándose contra la realidad.

"Ojala pudiera llamar a Carlisle", pensó.

Al fin la enfermera dijo "¿Esme? Puedes pasar."

Las paredes de la oficina del Dr. Banner estaban cubierta por diplomas y títulos. Esme se sentó en una silla de cuero y trató de no observar demasiado atentamente la cara de su madre.

Su madre parecía… demasiado tranquila. Estaba sonriendo, pero era una sonrisa extraña.

"Oh, Dios".Pensó Poppy. "Algo me pasa. "

—Bueno, no hay que alarmarse. — dijo el médico, e inmediatamente Esme se asustó todavía más. Sus manos estaban pegadas a los brazos de la silla de cuero.

—Hemos visto algo en la ecografía que no es normal, y nos gustaría hacer algunas pruebas más. — Dijo el Dr. Banner, su voz lenta y controlada. — Una de las pruebas requiere que vengas en ayunas. Pero tu madre ha dicho que no has desayunado esta mañana. —

Esme dijo automáticamente. —Me comí un cereal. —

—¿Un solo cereal? Bueno, creo que podemos decir que estás en ayunas. Haremos las pruebas hoy, y creo que será mejor que te quedes en el hospital por ahora. Entonces, las pruebas se llaman escáner CAT y ERCP – es un acrónimo para algo que ni siquiera yo puedo pronunciar. — Sonrió. Esme simplemente le miró.

—No hay nada aterrador sobre esas pruebas. — Dijo gentilmente. —El CAT es como los rayos‐X. La ERCP implica pasarte un tubo por la garganta, hacia el estómago y el páncreas. Entonces inyectamos un liquido que se verá en los rayos X. —

Su boca se seguía moviendo, pero Esme dejó de escuchar las palabras. Estaba más aterrada de lo que había estado nunca.

Estaba bromeando sobre una cicatriz, pensó. No quiero una enfermedad real. No quiero ingresar en el hospital, y no quiero ningún tubo en mi garganta.

Miró a su madre en silencio. Su madre la cogió de la mano.

—No es para tanto, querida. Iremos a casa y cogeremos algunas cosas para ti. Después regresaremos. —

—¿Tengo que ingresar hoy? —

—Creo que eso será lo mejor. — Dijo el Dr. Franklin.

La mano de Esme apretó la de su madre. Su mente estaba en blanco.

Cuando salieron de la oficina, su madre dijo— Gracias, Owen. — Esme nunca la había escuchado llamádnosle por su nombre de pila antes.

Esme no preguntó por qué. Ella no dijo nada mientras salieron del edificio y entraron al coche. Mientras iban hacia casa, su madre empezó a conversar sobre cosas normales con una voz calmada, y Esme respondió. Fingir que todo era normal, mientras que al mismo tiempo tenía una terrible sensación en su interior.

Fue cuando se encontraban en su dormitorio, poniendo en una maleta los libros de misterio y un pijama de algodón, que preguntó casi casualmente, —¿Así que, qué hay de malo en mí? — Su madre no respondió de inmediato. Ella estaba mirando la maleta. Al fin dijo, —Bueno, él no está seguro de que te pase algo malo. —

—Pero ¿qué es lo que piensa que es? Él debe de pensar algo. Y él estaba hablando acerca de mi páncreas – quiero decir, suena como si él pensara que algo malo le pase a mi páncreas. Pensé que estaba mirando vesícula biliar o lo que sea. Ni siquiera sabía que mi páncreas estaba metido en esto... —

—Cariño. —Su madre la tomó por los hombros, y Esme

se dio cuenta de que estaba algo sobreexcitada. Tomó una respiración profunda. —Sólo quiero saber la verdad, ¿de acuerdo? Quiero tener alguna idea de lo que está pasando. Es mi cuerpo, y tengo derecho a saber lo que están buscando ¿No? — Fue un discurso valiente, y no significaba nada. Lo que realmente quería era tranquilidad, una promesa de que el Dr. Banner buscando algo trivial. Que lo peor que podría ocurrir no serían tan malo. No consiguió eso. — Sí, tienes derecho a saberlo. —Su madre dejó escapar un largo suspiro, luego habló despacio. —Esme, el Dr. Banner esta preocupado por el páncreas todo el tiempo. Aparentemente, las cosas que le pueden suceder al páncreas pueden provocar cambios en otros órganos, como el hígado y la vesícula biliar. Cuando el Dr. Bannner sintió esos cambios decidió comprobar las cosas con una ecografía. —

Esme tragó saliva. —Y dijo que la ecografía era extraña. Inusual ¿Cómo de inusual? —

—Esme, todo esto es preliminar... —Su madre vio su cara y suspiró. Ella continuó de mala gana— La ecografía mostró que podría haber algo en el páncreas. Algo que no debería estar allí. Es por eso que el Dr. Bannner quiere que te hagan las demás pruebas, así estará seguro. Pero…—

—Algo que no debería estar ahí? ¿Quieres decir... como un tumor? Al igual que el cáncer...? — Extraño, fue difícil decir esas palabras.

Su madre asintió una vez. —Sí. Como el cáncer. —


¡TANG, TANG, TANG!jajajajaja siempre eh querido hacer esto. ¿SERA QUE ESME TIENE CÁNCER?, ¿ CARLISLE ALGUNAS VEZ SENTIRÁ ATRACCIÓN POR ESME?, ¿PODRÁ CAMBIAR LA RELACIÓN DE AMISTAD ENTRE Ellos? todo esto y mucho mas en el siguiente capitulo.

Queridos lectores y lectoras voy a avisarles las fechas de actualización de esta adaptación serán de esta manera: Miércoles y sábados. así que ya saben XD.

*~*Alexandra Cullen Hale*~*