Cap. 7
Alice no podía creer aún lo que acababa de leer. Estaba sorprendida. Pero más que eso, estaba preocupada. No pensó que tan pronto Lord Hataway se decidiría a visitarla hasta Hong Kong. Parecía un sueño…o una pesadilla. Sin embargo no tenía miedo, tenía curiosidad. Las chicas con las que se encontraba la miraron con extrañeza y una de ellas preguntó:
- ¿Malas noticias…o el galán del que hablábamos?
- Si me disculpan, necesito estar un momento a solas…
Las chicas la dejaron a solas, a pesar de que no se trataba de su propia casa. Pero por atención a ella accedieron a darle un espacio. Entró en un pequeño saloncito de té donde las cortinas rojas le recordaron un lugar que parecía conocer bien…y parecía que en el otro extremo de una gran mesa vería la silueta de alguien que la esperaba del otro lado…un ser extraordinario que la esperaba con los brazos abiertos, para el cual el tiempo transcurría de forma menos rápida que en la realidad…o tal vez más pero no con la misma aprensión. Avanzó con cuidado por aquella estancia…no eran sólo las cortinas o el mobiliario…era un algo en el ambiente que la hacía recordar a ese ser tan peculiar…era como escuchar su voz, como percibir su esencia, como poder tocarlo casi con la mano a través del aire…dio varias vueltas en el mismo lugar pero no podía descifrar aquel enigma que la embargaba. Optó por sentarse por un minuto y escuchó muy dentro de ella una voz que la llamaba: "Alicia…Alicia"…
Salió de la estancia tratando de percibir de dónde venía aquella voz, pero sólo encontró a Lord Ascot que caminaba por el pasillo central.
- Milord- dijo Alice con preocupación- me están pasando cosas extrañas…
- Mi niña- contestó Lord Ascot- a ti curiosamente te ocurren cosas extrañas…no es de sorprenderse…tú eres alguien tan especial…
- Créame, milord, esta vez creo que es diferente…alguien me está llamando.
- Si no te conociera pensaría que estás loca…pero no…conociéndote como lo hago…creo que alguien debe estarte llamando en aquel mundo oculto del que casi nunca has querido hablar.
Alice hizo una pausa. ¿Era momento de hablar de ello ya?
En Londres, Lord Hataway organizó todo lo necesario para su viaje. Los documentos más importantes que lo acreditaban como accionista de la compañía iban los primeros…después sus cosas personales… y hasta un retrato de ella…Alice Kingsleigh…lo consiguió con la ayuda de su propio padre, hacía años, aún vida de éste. A Charles le agradaba la viveza en los ojos de aquel joven, Madison y su forma tan peculiar de pensar, que en ocasiones sacaba de quicio a su propio padre. Pero Madison prefería la grata compañía de Charles Kingsleigh y él la del chico, aún cuando Alice estuviera rondando por ahí.
Contempló aquel hermoso retrato…tenía tantas ansias de verla…pero dudó…tal vez Alice no tendría ningún tipo de ánimo de verlo a él. Era normal, no podía esperar que la hija de Charles Kingsleigh estuviera interesada en él si casi no lo recordaba. Pero él sí recordaba de ella algo muy especial: las seis imposibilidades que trataba siempre de analizar al empezar el día.
Trató de no pensar…si seguía haciéndolo probablemente hubiera incluso desistido de viajar a Hong Kong, pero un hombre de convicciones firmes y ya lo tenía decidido. Estaba listo…su carruaje esperaba. Pero al doblar la esquina, otra vez un conejo blanco se topó frente a él. ¿Sería éste alguna señal?
Alice participó en algunos juegos inocentes en aquella velada. Sin embargo, estaba cansada y prefirió no seguir. Lord Ascot notó algo extraño en su mirada.
- ¿Te sientes bien?- preguntó con preocupación.
- Sí…pero…no pude dormir…es sobre…eso…-añadió Alice ya casi dispuesta a hablar.
Lord Ascot insistió de nueva cuenta:
- Vamos…llevas rato tratando de decirme algo que no sé qué es…pero debe ser importante para que te hayas decidido a decírmelo.
- Lord Ascot…¿mi madre no le dijo nada sobre un compromiso?
Lord Ascot pensó que de nuevo se referiría a su hijo Hamish.
- No sabía nada…entonces Hamish…
- No, milord- dijo ella- no es Hamish…es Lord Hataway…Lord Madison Hataway…¿sabía algo de eso?
Lord Ascot aseveró.
- No tenía idea…supongo que Helen no quiso decirme nada para que no me sintiera mal.
- ¿Y se siente usted…mal por eso?- preguntó Alice dulcemente.
- No, linda…me agrada que tu madre quiera buscar un pretendiente que esté a tu altura…pero lamento que se trate de otra imposición.
- No estoy dispuesta a soportar imposiciones, milord…el caballero tendrá que demostrarme que realmente es merecedor de mi respeto y de mi amor…no quiero equivocarme ni que alguien más decida lo que debo hacer…ya lo demostré matando al…
Lord Ascot de nuevo se sorprendió:
- ¿Matar? ¿Has dicho matar?
Alice sintió un profundo dolor de cabeza y añadió:
- Así parece…creo que mi mente me está jugando una mala pasada…y tengo que descubrir de qué se trata todo esto.
Hataway se dispuso a embarcarse. Se despidió de algunos amigos y comenzó a leer un libro. Pero su mente estaba puesta en la rubia cabellera de Alice…de pronto una mariposa azul se posó sobre el chaqué de Madison, como en actitud de esperar de él una palabra o un gesto de cobijo y comprensión.
- Hola…extraña criatura…creo que te he visto en algún lado…pero no recuerdo dónde…
La mariposa azulada no se apartó de su hombro durante un buen rato. De pronto había que volver al interior. Estaba por caer una gran tormenta.
