Cap. 9 Descubriendo lugares

-¡Señorita Kingsleigh!- dijo Madison llamándola con fuerza.- ¡Rápido, ayúdenme!- dijo a uno de los encargados del muelle.

Con sumo cuidado la llevaron hasta uno de los camarotes externos. Ahí Madison acarició su frente y apartó con suavidad sus cabellos.

- ¿Se encuentra bien?- preguntó con cuidado.

- Sí…-repuso Alice incorporándose.

Madison la miró con dulzura. Alice no sabía qué decir. Le parecía que aquellos ojos los recordaba tal vez de hacía años…o de otro lugar. Pero al verlo trató de recordar que aquel caballero era parte de su pasado.

Para Madison fue una coincidencia…también recordaba a la chica de cabellos rubios…la enigmática hija de Charles Kingsleigh…aquella a quien admiraba desde muchacho…y que ahora era toda una mujer y estaba frente a sus ojos…tan hermosa y confundida ahora…así que tenía que aclararle el panorama.

Tras incorporarla volvió a saludarla.

- Lady Kinglseigh, Madison Hataway…a sus órdenes.

Alice sonrió. Se sentía gratamente conmovida por el tono de voz de Madison…algo en la emisión de sus cuerdas vocales evocaba sensaciones placenteras y nostálgicas.

- Joven Madison…un gusto en recibirle…disculpe mi confusión…estoy a su disposición…

- Espero que haya recibido mi telegrama…- comentó con algo de timidez.

- Sí…lo recibí apenas…pero…

La esperanza en los ojos de Madison hizo nacer algo en el corazón de Alice. No era tan irreal la posibilidad de llegar a ser feliz al lado de aquel hombre…la serenidad y a la vez la nostalgia que su mirada reflejaba le hablaban de un alma pura…serena, libre de prejuicios y capaz de las más grandes hazañas.

- La reunión es precisamente hoy en la noche- dijo Alice.

- Es un honor- dijo Madison- he venido a ser yo quien se ponga a sus órdenes…señorita…

- Llámame sólo…Alice…-añadió ella.

La llevó hasta aquella hermosa casa. Ella le ofreció una bebida originaria de China. Madison se sentó bajo aquellos setos hermosos a contemplar la belleza del rostro de Alice. La frescura del aire le recordó aquel lugar que él también había conocido…un lugar tal vez extraordinario o maravilloso…sus pensamientos lo llevaron de vuelta a la mirada de Alice y decidió concentrarse en charlar con ella de los asuntos que interesaban a la chica Kingsleigh; no le era difícil darse cuenta de sus gustos y aficiones…las sabía de antemano y ahora compartirlas con ella iba a ser algo verdaderamente excitante y divertido.

Sin embargo, había alguien que no estaba de acuerdo con aquel recibimiento, por lo menos no del todo era Lord Ascot, quien veía en Madison un rival de su hijo y como un posible obstáculo para consolidar la Compañía si Hataway contraía nupcias con Alice. El muchacho era bueno pero era un posible y fuerte contrincante…sobre todo por la apreciación que de él tenía ahora Alice.

La celebración sería hasta la noche. Pero Madison tuvo algo de tiempo para conversar con Alice.

- Supe un poco de tus proyectos…me parecieron fascinantes…

- Gracias…supongo que para ti ha de ser difícil notar que…una mujer pueda hacerse cargo de algo tan difícil…o que pueda tener la capacidad…-añadió Alice un poco intranquila.

- Nunca lo he dudado- dijo tomando levemente su mano- siempre me has parecido alguien inteligente y arriesgada…al igual que tu padre. Sin embargo, mi interés en ti va más allá de los asuntos de la Compañía…ya debiste haberlo notado- dijo con voz melosa y una mirada arrobadora.

Alice de pronto se dio cuenta que nunca había sentido eso antes por ningún hombre…sólo ahora comprendía el significado de que un hombre pueda compartir contigo aficiones, sueños e ilusiones…por un momento se sintió la mujer más feliz de la tierra…pero no estaba segura de que realmente Madison fuera el hombre de su vida…con quien debía compartir sus deseos y sus proyectos.

- Madison…yo…

- Sé cómo debes sentirte- dijo él- pero…no deseo mortificarte ni presionarte…quiero que me conozcas…que sepas cómo soy…a qué aspiro y qué puedo ofrecerte…sólo eso…no quiero que pienses que soy ningún oportunista…

- Entonces…ven conmigo- invitó Alice tomándolo de la mano.

Entraron a un bello salón donde ahí escucharon un vals. Alice bailó con él cual si fuera un sueño…pero de pronto se sintió desvanecer…

- ¿Qué ocurre?- dijo sosteniéndola con amor.

Alice se incorporó entre sus brazos y suavemente aspiró el aroma de su piel. Madison no pudo resistir el tenerla tan cerca y rozó sus labios con los de él regalándole un suave beso que erizó la piel de los dos.

- Perdóname…no quise presionarte.

- No…no lo hiciste…yo…-musitó Alice quedamente.

Lord Ascot llegó entonces.

- Madison…gusto en saludarte…

- Lord Ascot…un gusto igualmente…Alice…digo, la señorita Kingsleigh me mostraba este lugar tan hermoso…

- Madison…¿puedes venir un momento?- preguntó Lord Ascot invitándolo a salir.

Madison asintió. Alice le hizo una reverencia y se adentró con el corazón a mil.

Mally estaba cerca. Había visto todo.

- Mallymkund- dijo Alice…¿qué debo hacer?

- Lo que le dicte su corazón- contestó Mally con una leve sonrisa. Parecía que sabía más que la misma Alice acerca de Madison.

Alice dio vueltas por el salón. Se sentía algo inquieta. De pronto Madison apareció.

- Me voy a casa de Lord Ascot. Vendré en la noche para la celebración- añadió besando la mano de Alice ruborizándola.- Hasta la noche, Alice…

- Hasta la noche…Madison…

La noche llegó y con ella la celebración por la llegada de Madison Hataway. Varias damiselas de sociedad buscaban la oportunidad de saber dónde estaba el joven lord y tratar de iniciar una conversación con él. Pero él no estaba interesado en eso…quería solamente escuchar y ver a Alice. Ambos conversaban en el suelo del estudio.

- Entonces…-dijo Alice- mi padre me pellizcó y dijo. "Es un sueño, Alice, nada ahí te puede dañar…" y entonces comprendí que a nada debía tener miedo.

- ¿Y nunca más lo tuviste?- preguntó él.

- Sí…más que nunca…pero…por un momento sentí que valía la pena enfrentar los miedos hasta las últimas consecuencias…si no lo hacía, no estaría viviendo verdaderamente…sin embargo…cuando mi padre faltó, mucho de esa magia…se fue con él…-dijo con tristeza.

Madison acarició el mentón de Alice. Ella se conmovió suavemente. Madison no quiso presionarla pero ella salió hacia el balcón. Madison la siguió.

Bailaron una suave pieza de vals. Cuando la pieza terminó Madison insistió.

- Alice…quiero…quedarme para que juntos…iniciemos un nuevo proyecto de vida…

- Es muy pronto- musitó ella…

- Tal vez para ti…pero yo…llevo toda mi juventud soñando con un día como éste…-susurró tan dulcemente que la piel de Alice se erizó.

De pronto Madison vio en su brazo aquella herida.

- ¿Qué te ocurrió?- preguntó como si esperara la respuesta o si la conociera.

- No…no lo sé…-dijo ella y salió corriendo de la estancia…

Corrió hasta el jardín…aún no oscurecía…pero cuando lo hizo le pareció ver a un Conejo Blanco que la guiaba…era tan real…lo advirtió como hace tiempo…tan oportuno como siempre. Era momento de recordar cosas de un pasado…tal vez no muy lejano…