N/A: la historia y los personajes no me pertenecen, la trama es de la maravillosa Lisa Jane Smith yo solo la adapto con los personajes de la maravillosa Stephenie Meyer. XD


Capítulo 5

Carlisle lo evitó mientras Esme le tiraba un libro encima.

—Esme…

—¡Imbécil! ¡Serpiente! ¿Cómo puedes hacerme esto? Eres un inmaduro, un maleducado, un….

—¡Shhh! Te van a oír.

—¡Que me oigan! Aquí estoy, y acabo de descubrir que voy a morir y todo lo que piensas es en gastarme una broma. Una estúpida y boba broma. No me lo puedo creer. ¿Crees que es divertido? —Se quedó sin aliento para seguir. Carlisle, qué había estado haciendo gestos con las manos, se rindió y miró hacia la puerta.

—Aquí viene la enfermera. — Dijo.

—Bien, le voy a pedir que te eche ahora mismo. —Dijo Esme. Su furia colapsó, dejándola llorando. Nunca se había sentido tan dolida y traicionada. —Te odio, lo sabes. — Dijo ella.

La puerta se abrió. Era la enfermera con la camiseta de flores. — ¿Pasa algo? — dijo, encendiendo la luz. Entonces vio a Carlisle. —Veamos, tú no pareces ser de la familia. —Dijo. Estaba sonriendo, pero su voz tenía un tono autoritario.

—No lo es, y quiero que se marche. — Dijo Esme.

La enfermera recogió la almohada de Esme y puso una mano sobre su frente. — Solo los miembros de la familia pueden pasar aquí la noche. — Le dijo a Carlisle.

Esme miró al TV y esperó a que Carlisle se fuera. No lo hizo. Rodeó la cama y se puso junto a la enfermera, quién le miraba atentamente mientras seguía colocando bien las sábanas de Esme. Entonces sus manos se detuvieron.

Esme miró a su lado sorprendida.

La enfermera estaba mirando a Carlisle. Con las manos sobre las sábanas, le miraba como si estuviera hipnotizada.

Y Carlisle le devolvía la mirada. Con la luz encendida, Esme podía ver la cara de Carlisle – y de nuevo tuvo el sentimiento de que no le conocía. Estaba más pálido que de costumbre, como si estuviera haciendo algo que requiriera algún esfuerzo. Su

mandíbula estaba tensa y sus ojos – eran del color de la plata. De la verdadera plata, brillando bajo la luz.

Por alguna razón, Esme pensó en una pantera afamada.

—Ve que no pasa nada malo aquí. —Le dijo Carlisle a la enfermera, como si estuviera continuando una conversación.

La enfermera parpadeó una vez, después miro la habitación como si acabara de salir de un trance. —No, no. Todo está bien. —Dijo ella. —Llámame si…—Se vio distraída de nuevo y murmuró —Si, uhm, necesitas algo.

Se fue andando. Esme la miró, olvidándose de cómo respirar. Entonces, lentamente, moviendo sus ojos, miró a Carlisle.

—Sé que es un cliché. —Dijo Carlisle. —Un uso excesivo de poder. Pero realiza el trabajo.

—Lo arreglaste con ella. —Dijo Esme susurrando.

—No.

—Entonces es algún tipo de truco psíquico. El Increíble Lo que sea.

—No. —Dijo Carlisle, y se sentó en la silla naranja de plástico.

—Entonces me estoy volviendo loca. — Por primera vez en todo el día, Esme no estaba pensando en su enfermedad. No podía pensar en nada; su mente era un caos, confusión. Sentía como si estuviera en la casa de Dorothy en medio del tornado.

—No estás loca. Probablemente hice esto mal; dije que no sabía cómo explicártelo. Mira, sé que es difícil de creer. Mi gente lo hace así; hacen todo lo que pueden para que los humanos no nos crean. Sus vidas dependen de ello.

—Carlisle, lo siento. Es que…— Esme notó que sus manos estaban temblando. Cerró los ojos. —Quizás deberías…

—Esme, mírame. Te digo la verdad. Lo juro. — La miró a la cara un momento, después dejó escapar un suspiro. —Muy bien. No quería llegar hasta aquí, pero…

Se levantó, acercándose a Esme. Ella trató de no alejarse, pero podía sentir como sus ojos se ampliaban.

—Ahora, mira. — Dijo y sus labios dejaron ver su boca.

Un simple gesto – pero el efecto fue devastador. Transformación. En ese instante cambió, dejó de ser el pálido Carlisle de antes para ser algo que Esme no había visto nunca. Una especie diferente de humano.

Sus ojos brillaban plateados y su entera cara parecía la de un predador. Pero Esme casi no notó eso; estaba mirando sus dientes.

No dientes. Colmillos. Tenía caninos, igual que los de un gato. Alargados y curvos, terminados en punta.

No eran los típicos colmillos falsos de broma. Parecían fuertes y afilados y muy reales.

Esme gritó.

Carlisle puso una mano sobre su boca. —No queremos que la enfermera regrese.

Cuando levantó la mano, Esme dijo. —Oh dios mío, oh dios mío…

—Todas esas veces que dijiste que podía leer tu mente. — Dijo Carlisle. —¿Te acuerdas? Y las veces que escuchaba cosas que tú no, o que me movía más rápido de la cuenta.

—Oh dios mío.

—Es cierto, Esme. — Levantó la silla naranja y dobló una de las patas de metal. Lo hizo fácilmente, con gracia. —Somos más fuertes que los humanos— Dijo. Desdobló la pata de nuevo y dejó la silla en e suelo. —Vemos mejor en la oscuridad. Estamos hechos para cazar.

Esme finalmente consiguió decir algo. —No me importa lo que puedas hacer. — Dijo rápidamente. —NO puedes ser un vampiro. Te conozco desde que tenías cinco años. Y cada año has envejecido, igual que yo. Explícame eso.

—Todo lo que sabes es incorrecto. — Cuando simplemente le miró, suspiró de nuevo y dijo —Todo lo que crees saber sobre los vampiros, lo has sacado de libros o de la televisión. Todo está escrito por humanos, te lo garantizo. Nadie en el Mundo de la Noche revelaría nuestros secretos.

—El Mundo de la Noche. ¿Dónde está el Mundo de la Noche?

—No es un lugar. Es como una sociedad secreta para vampiros, brujas y hombres‐lobo. La mejor gente. Y te lo explicaré más tarde. — Carlisle dijo secamente. —por ahora, mira, es simple. Soy un vampiro porque mis padres son vampiros. Nací así. Somos los lamia.

Todo lo que Esme podía pensar era en el Sr. y la Sra. Cullen en su enorme casa lujosa y su Mercedes dorado. —¿Tus padres?

—Lamia es solo una palabra antigua para los vampiros, pero para nosotros significa los nacidos así. —Dijo james, ignorándola. —Nacemos y envejecemos como los humanos,

excepto que podemos dejar que hacerlo cuando queramos. Respiramos. Podemos andar bajo la luz del sol. Incluso podemos comer comida normal.

—Tus padres. — Repitió Esme débilmente.

La miró. —Sí. Mis padres. Mira, por qué crees que mi madre es decoradora de interiores. No es porque necesitemos el dinero. Así conoce a mucha gente, y mi padre lo mismo. Solo tiene que estar a solas con una persona, y el humano nunca lo recuerda.

Esme se sintió incómoda. —Entonces, tú, er… ¿Bebes sangre de la gente? — Después de lo que había visto, no podía decirlo sin reírse.

Carlisle se miró los cordones de sus Adidas. —Sí. Sí, claro que lo hago. — Dijo suavemente. Entonces la miró directamente.

Sus ojos eran pura plata.

Esme se inclinó sobre las almohadas de su cama. Quizás era más sencillo creerle porque ya le habían pasado muchas cosas increíbles hoy. La realidad había sido revolucionada, así que, ¿Qué podía importar una cosa más?

"Voy a morir y mi mejor amigo es un chupasangre", pensó.

La pelea terminó, y ella no tenía energía. Ella y Carlisle se miraron en silencio.

—Está bien. — Dijo finalmente.

—No te lo digo para quitarme un peso de encima. — Dijo Carlisle, con su voz todavía baja. —Dije que podía salvarte, ¿Recuerdas?

—Vagamente. —Esme parpadeó lentamente, y después dijo —¿Salvarme cómo? —

Su mirada se fijó en el aire. —De la forma en que piensas.

—Calie, ya no puedo pensar.

Gentilmente, sin mirarla, puso una mano en su espinilla, bajo las sábanas. —Te voy a convertir en un vampiro.

Esme puso ambas manos sobre su cara y empezó a llorar.

—Hey. — Soltó su espinilla y la rodeó con un brazo, ayudándola a sentarse. —No hagas esto. Está bien. Es mejor que la alternativa.

—Estás… completamente… loco. — Gimió Esme. Una vez empezaron a salir las lágrimas, fluyeron fácilmente – no podía detenerlas. Le reconfortaba llorar, y ser sujetada por Carlisle. Él era fuerte, digno de confianza y olía bien.

—Dijiste que tenías que nacer siéndolo. — Añadió, entre gemidos.

—No, no lo hice. Dije que yo nací siendo uno. Hay muchos más. Los que han sido convertidos. Habría más, pero hay unas leyes en contra de convertir al primero que pasa por la calle.

—Pero no puedo. Soy lo que soy. Soy yo. No puedo… ser así.

Se apartó cuidadosamente para poder mirarla a la cara. —Entonces vas a morir. No tienes más elección. Estuve investigando – incluso le pregunté a una bruja. No hay nada más en el Mundo de la Noche que pueda ayudarte. Lo que importa es: ¿Quieres vivir o no?

La mente de Esme estaba confusa y de pronto se centró en esa pregunta. Era como una linterna en una habitación oscura.

¿Quería vivir?

"Oh dios, claro que sí. "

Hasta entonces había asumido que era su derecho vivir. Ni siquiera se sentía agradecida por ese privilegio. Pero ahora sabía que no había que dar las cosas por sentadas – y también sabía que era algo por lo que merecía la pena luchar.

"¡Despierta, Esme! Esta es la voz de la razón la que habla. Él dice que puede salvarte la vida "

—Espera un minuto. Tengo que pensar. — Esme le dijo a Carlisle. Sus lágrimas se detuvieron. Se apartó de él y miró fieramente a las sábanas del hospital.

"Vale. Vale. Ahora aclara tu mente, chica. "

"Sabías que Carlisle tenía un secreto. Nunca te habías imaginado que fuera algo así, ¿Y qué? Sigue siendo Carlisle. Quizás sea un tipo no‐muerto, pero todavía le importas. Y no hay nadie más que te pueda ayudar."

Se encontró a si misma cogiendo la mano de Carlisle sin mirarle. —¿Cómo es? — Dijo entre dientes.

Tranquilamente dijo —Es diferente. No es algo que recomendaría si hubiera otra elección, pero… Está bien. Estarás enferma mientras cambie tu cuerpo, pero después nunca más estarás enferma. Serás fuerte, rápida e… inmortal.

—¿Viviría para siempre? ¿Pero sería capaz de dejar de envejecer? — Tenía visiones de ella misma con una corona inmortal.

Hizo una mueca. —Esme – dejarías de crecer ahora. Eso es lo que pasa con los que son convertidos. Esencialmente, mueres como mortal. Parecerás muerta e inconsciente por un tiempo. Y después... Te despertarás.

—Ya veo. — "Algo así como Julieta en la tumba", pensó Poppy. Y entonces pensó en…" O Dios, mamá y Phil. "

—Hay otra cosa que deberías saber. — Estaba diciendo Carlisle. —Un cierto porcentaje de gente no lo consigue.

—¿No lo consigue?

—Cambiar. La gente con más de veinte años no lo suele conseguir. Nunca se despiertan. Sus cuerpos no se ajustan al cambio y se queman. Los adolescentes suelen conseguirlo, pero no siempre.

Extrañamente, eso era reconfortante. Algo de esperanza era mejor que nada. Para vivir, estaría dispuesta a arriesgarse.

Miró a Carlisle. —¿Cómo lo harías?

—De la forma tradicional. — Dijo con un fantasma de una sonrisa. Y después gravemente —Intercambiaríamos sangre.

"OH, genial", pensó Poppy. "Y tenía miedo de un simple pinchazo. Ahora voy a ser desangrada por unos colmillos". Tragó saliva y parpadeó, mirando hacia la nada.

—Es tu elección, Esme. Tu decides.

Hubo una larga pausa, y entonces dijo —Quiero vivir, Carlie.

Asintió. —Quiere decir que tendrás que irte de aquí. Abandonar a tus padres. No pueden saberlo. —

—Sí, suponía eso. Es como tener una nueva identidad del FBI, ¿Eh?

—Algo más que eso. Vivirás en un nuevo mundo, el Mundo de la Noche. Y es un mundo solitario, lleno de secretos. Pero estarás con vida, en vez de estar enterrada. —Apretó su mano. Y después dijo tranquila y seriamente —¿Quieres empezar ahora?

Todo lo que Esme podía pensar era cerrar y sus ojos y alejarse al igual que lo hacía para las inyecciones. —Estoy lista. — Dijo con los labios entrecerrados.

Carlisle rió de nuevo – esta vez no pudo evitarlo. Entonces dobló los raíles de la cama y se puso a su lado. —Estoy acostumbrado a que la gente esté hipnotizada cuando hago esto. Es raro que estés despierta.

—Sí, bueno, si grito podrás hipnotizarme. —Dijo Esme, sin abrir los ojos.

"Relájate", se dijo a sí misma. "No importa lo mucho que duela, o lo malo que sea, puedes soportarlo. Tienes que hacerlo. Tu vida depende de esto. "

Su corazón estaba acelerado, tanto como para hacer que su cuerpo temblara.

—Justo aquí. — Dijo Carlisle, tocando su garganta con sus fríos dedos mientras buscaba su pulso.

Solo hazlo, pensó Esme. Vamos.

Podía sentir el calor de Carlisle mientras se inclinaba sobre ella, cogiéndola por los hombros cuidadosamente. Cada nervio de su piel era consciente de su roce. Entonces sintió su frío aliento en su garganta, y rápidamente, antes de que pudiera recuperarse, una doble punzada.

Esos colmillos, adentrándose en su piel. Haciendo dos pequeñas heridas para poder beber su sangre….

"Ahora va a doler mucho", pensó Esme. No podía alejarse más. Su vida estaba en las manos de un cazador. Era un conejo atrapado ante una serpiente, un ratón bajo las garras de un gato. No se sentía como la mejor amiga de Carlisle, más bien era como un almuerzo

-¿Esme, qué estás haciendo? No luches. Duele cuando te resistes-.

Carlisle estaba hablando con ella – pero la cálida boca sobre su cuello no se había movido. La voz estaba en su cabeza.

No me resisto, pensó Esme. Estoy lista para el dolor, eso es todo.

Le quemaba donde estaban los dientes. Esperó que fuera a peor, pero no lo hizo. Cambió.

Oh, pensó Esme.

El sentimiento actual era placentero. Una sensación de relax, de dejarse llevar.

Y cercanía. Ella y Carlisle se iban acercando más y más, como dos gotas de agua que se mueven hasta juntarse.

Podía sentir la mente de Carlisle. Sus pensamientos – y sus sentimientos. Sus emociones la recorrían, la atravesaban.

Ternura… preocupación…cariño. Furia por la enfermedad que la amenazaba. A pesar de que no había otra forma de ayudarla. Y esperando – esperando a compartirlo con ella – a hacerla feliz.

Sí, pensó Esme.

Una ola de dulzura la mareó. Notó que estaba sujetando la mano de Carlisle, sus dedos entrelazados.

Carlisle, pensó con alegría. Comunicarse con él era como una caricia.

Esme. Podía sentir su propia sorpresa y placer.

Y el placer somnoliento que estaba creando. Haciendo que Esme temblara con intensidad.

¿Cómo podía haber sido tan estúpida? Pensó Esme. Tener miedo d esto. No es terrible. Es… correcto.

Nunca se había sentido tan cercana a nadie. Era como si fueran uno solo, juntos, no predador y presa; pero pareja de baile. Esme‐y‐Carlisle.

Podía tocar su alma.

Extrañamente, él tenia miedo de eso. Podía sentirlo. Esme, no – hay tantas cosas oscuras – no quiero que veas….

Oscuras, sí, pensó Esme. Pero no oscuras y terribles. Solamente soledad absoluta. Un sentimiento de no pertenecer a ninguno de los dos mundos. No pertenecer a ninguna parte. Excepto…

De pronto Esme vio una imagen de sí misma. En su mente ella era frágil y agraciada, con un aura esmeralda. Una sílfide – con núcleo de acero.

No soy realmente así, pensó ella. No soy alta ni hermosa como Jacklyn o Michaela….

Las palabras que escuchó como respuesta no parecían dirigidas a ella – tenía el sentimiento de que era algo que Carlisle estaba pensando para sí mismo, o recordando de algún libro olvidado.

-No amas a una chica por su belleza. La amas porque canta una canción que solo tú puedes comprender… -

Con ese pensamiento llegó una ola de protección. Así era lo que Carlisle sentía por ella – al fin lo sabía. Como si hubiera algo precioso y digno de proteger en ella a todo precio…

A todo precio. No importaba lo que le pasara a él. Esme trató de seguir el pensamiento más profundamente en su mente, para ver lo que quería decir. Obtuvo una ligera impresión de normas – no, de leyes…

-Esme, es de mala educación buscar en la mente de alguien que no te ha invitado-.Las palabras resonaban con desesperación.

Esme se apartó mentalmente. No había querido espiar. Solo quería ayudar…

Lo sé, pensó Carlisle, y con ese pensamiento llegó una ola de calidez y gratitud. Esme se relajó y simplemente disfrutó del sentimiento de ser uno con él.

Ojala esto durara para siempre, pensó – y entonces se detuvo. El calor de su cuello desapareció, y Carlisle se apartó, tenso.

Esme hizo un sonido de protesta y trató de hacerle volver. No le dejó.

—No, hay algo más que tenemos que hacer. — Susurró. Pero no hizo nada más. Simplemente la sujetó, sus labios contra su frente. Esme se sentía tranquila y relajada.

—No me dijiste que sería así. — Dijo ella.

—no lo sabía. — Dijo Carlisle simplemente. —Nunca había sido así. —

Se sentaron juntos en silencio, mientras Carlisle le acariciaba el pelo.

Tan extraño, pensó Esme. Todo es igual – pero todo es distinto. Era como si se hubiera despertado en tierra seca después de haberse estado ahogando en el mar. El terror que había sentido durante todo el día había desaparecido, y por primera vez se sintió a salvo.

Después de un minuto más Carlisle sacudió al cabeza, levantándose.

—¿Qué mas tenernos que hacer? — Esme preguntó.

Como respuesta, Carlisle levantó su muñeca hacia su boca. Hizo un rápido movimiento con su cabeza, como si estuviera desgarrando un trozo de ropa con sus dientes.

Cuando miró la muñeca, Esme vio sangre.

Corría por su brazo, tan roja que casi no parecía real.

Esme tragó y sacudió la cabeza.

—No es tan malo. — Dijo Carlisle suavemente. —Y tienes que hacerlo. Sin mi sangre dentro de ti, no te convertirás en vampiro y morirás, simplemente morirás. Igual que el resto de los humanos. —

Y yo quiero vivir, pensó Esme. Está bien. Cerrando sus ojos, dejó que Carlisle le guiara hacia su muñeca.

No sabía a sangre, al menos no a la sangre que había probado cuando se mordía la lengua o se chupaba un corte en un dedo. Sabía… extraña. Rica y potente.

Como un mágico elixir, Esme pensó mareada. Y de nuevo sintió la mente de Carlisle. Intoxicada con la cercanía, siguió bebiendo.

-Sigue así´. Tienes que beber mucha.- Le dijo Carlisle. Pero su voz mental era más débil que antes. Instantáneamente Esme se alarmó

-¿Pero qué te pasará a ti? -

—Estaré bien. — Dijo Carlisle en voz alta. —Es de ti de quien me preocupo. Si no bebes la suficiente, estarás en peligro.

Bueno, él era el experto. Y Esme estaba feliz de dejar que esa mágica poción fluyera en ella. Se vio envuelta en la luz que parecía salir de dentro hacia fuera. Se sentía tan tranquila, tan relajada…

Y entonces, sin aviso previo, la tranquilidad se desvaneció. Una voz la sacó del trance, una voz llena de sorpresa.

—¿Qué estás haciendo? — Dijo la voz, y Esme miró para ver a Phillip en el umbral de puerta.


pronto subire el siguiente cap!

Alexandra Cullen Hale.