N/A: la historia y los personajes no me pertenecen, la trama es de la maravillosa Lisa Jane Smith yo solo la adapto con los personajes de la maravillosa Stephenie Meyer. XD
Capítulo 9
Esme se movió en su cama.
Ella era infeliz. Era una tristeza caliente, agitada que pareció invadirla debajo de su piel. Saliendo de su cuerpo en vez de su mente. Si ella no hubiera sido tan débil, ella habría despertado y hubiera tratado de controlar el sentimiento. Pero ella tenía músculos de espagueti y no se iba a ir a ninguna parte.
Su mente estaba simplemente nublada. Ella no trató de pensar mucho más. Era más feliz cuando estaba dormida.
Pero esta noche no podía dormir. Todavía podría saborear la piruleta de cereza en las esquinas de su boca. Ella habría tratado de quitarse gusto con agua, pero el pensar en agua hacia que le dieran nauseas. El agua no era buena. No era lo que necesitaba.
Esme se giró y apretó su cara en la almohada. Ella no sabía lo que necesitaba, pero sabía que no lo estaba consiguiendo.
Un suave sonido vino del pasillo. Pasos. Los pasos de por lo menos dos personas. No sonaba como los de su madre o los de Charles, y ya se habían ido a dormir de todas maneras.
Hubo una ligera llamada en su puerta, y entonces un rayo de luz apareció cuando se abrió la puerta. Phil susurró, —Esme, ¿Estas dormida? ¿Puedo entrar?
Ante la indignación de Esme, estaba entrando, sin esperar la respuesta. Y alguien iba con él.
No era simplemente alguien. Era el alguien. La persona que el había hecho tanto daño. El traidor, Carlisle.
La furia le dio la fuerza a Esme para sentarse en la cama. —¡Márchate! ¡Te haré daño! — el aviso más primitivo. Una reacción animal.
—Esme, por favor. Deja que hable contigo. — Dijo Carlisle. Y entonces algo increíble sucedió. Incluso Esme, en su estado de rabia, reconoció que era increíble.
Phil dijo, —Por favor, hazlo, Carlisle. Escúchale.
¿Phil del lado de Carlisle?
Esme estaba demasiado confusa para protestar cuando Carlisle se acercó y se arrodilló a su lado.
—Esme, sé que estás molesta. Y es mi culpa; yo cometí un error. No quería que Phil supiera lo que realmente estaba pasando, así que le dije que solo estaba fingiendo preocuparme por ti. Pero no era verdad.
Esme frunció el ceño.
—Si miras en tus sentimientos, verás que no es verdad. Te estás convirtiendo en telépata y creo que ya tienes suficiente poder para leerme.
Detrás de Carlisle, Phil se sintió incómodo ante la mención de la telepatía. —Puedo decirte que es verdad. — Dijo, haciendo que Esme y Carlisle le miraran sorprendidos. —Es lo que averigüé al hablar contigo. — Añadió, hablándole a Carlisle pero sin mirarle. —Quizás seas algún tipo de monstruo, pero realmente te importa ella. No estás tratando de hacerle daño.
—¿Ahora lo entiendes? ¿Después de haber causado todo esto…?— Carlisle soltó y sacudió su cabeza, centrándose de nuevo en Esme. —Esme, concéntrate. Siente lo que yo siento. Encuentra la verdad por ti misma.
No lo haré y no puedes obligarme, pensó Esme. Pero la parte de ella quería averiguar si era verdad era más grande que la irracional y furiosa. A tientas buscó la mente de Carlisle – no con su mano, pero con su mente. No podía haber descrito como lo hizo. Simplemente lo hizo.
Y encontró la mente de Carlisle, brillante como un diamante y ardiendo con intensidad. No era lo mismo que ser uno con él, igual que cuando habían compartido sangre. Era como mirarle desde el exterior, sintiendo sus emociones desde la distancia. Pero fue suficiente. El calor y protección que sentía por ella estaban claros. Al igual que la angustia: el dolor de sentir que le dolía – y que le odiaba.
A Esme se le llenaron los ojos. —Realmente te importo. — Susurró.
Los grises ojos de Carlisle se encontraron con los de ella, y había algo en ellos que Esme no recordaba haber visto antes. —Hay dos leyes fundamentales en el Mundo de la Noche. — Dijo con calma. —Una es no decirles a los humanos que existe. La otra es no enamorarse de un humano. He roto ambas.
Esme sabía, vagamente, que Phillip estaba marchándose de la habitación. La rendija de luz desapareció cuando cerró la puerta tras él. La cara de james estaba parcialmente en las sombras.
—Nunca te pude decir lo que sentía por ti. — Dijo Carlisle. —Nunca quise admitirlo. Porque te pone en un gran peligro. No puedes ni imaginártelo.
—Y a ti también. — Dijo Esme. Era la primera vez que había pensado en eso. Ahora esa opción emergía de su embarrada mente como una burbuja. —quiero decir. — Dijo
lentamente, aclarándose, —Si va contra las normas decírselo a los humanos o amarlos, y tu las rompes, debe haber algún tipo de castigo para ti…— Al decirlo, notó cual era el castigo.
La cara de Carlisle se ensombreció más. —No te preocupes por eso. — Dijo con su antigua voz, la del tipo frio.
Esme nunca aceptaba consejos, ni siquiera de Carlisle. Una ola de irritación y de furia la atravesó – una furia animal, como una fiebre. Podría sentir sus ojos entrecerrarse y sus uñas alargarse.
—¡No me digas que no me preocupe por eso!
Frunció el ceño. —No me digas que no te diga…— empezó, y se detuvo. —¿Qué estoy haciendo? Todavía estás enferma y cambiando y yo estoy aquí sentado sin más. — Levanto una de las mangas de su abrigo y pasó una uña sobre su muñeca. Donde pasó la uña, salió sangre.
Parecía negra en la oscuridad. Pero Esme fijó la vista en ese líquido fascinada. Sus labios se abrieron y su respiración se aceleró.
—Venga. — Dijo Carlisle, y le puso la muñeca delante de ella. Al siguiente segundo, Esme estaba con la boca fija sobre la herida como si tratara de sacarle el veneno de mordedura de una serpiente.
Era tan natural, tan sencillo. Esto era lo que necesitaba cuando envió a Phil a buscar piruletas de cereza y jugo de arándano. Esta dulce y embriagadora cosa era lo que necesitaba y nada más se le parecía. Esme chupó fieramente
Todo era bueno: la cercanía, el rico sabor; la fuerza y la vitalidad que la llenaban, calentándola. Pero lo mejor, lo mejor de todo, era la sensación de tocar la mente de Carlisle. Le hizo estremecerse de placer.
¿Cómo podía haberse enfadado con él? Ahora que podía sentirle le parecía ridículo. Nunca conocería a nadie como conocía a Carlisle.
Lo siento, pensó hacia él, y sintió como aceptaba sus disculpas. Sujeta gentilmente por la mente de Carlisle.
No fue tu culpa, le dijo.
La mente de Esme parecía estarse aclarando con cada trago.. era como despertarse después de un profundo y largo sueño. No quiero que esto termine nunca, pensó, no hacia Carlisle, sino en su propia mente.
Pero sintió la reacción en él – y entonces sintió como enterraba la reacción rápidamente. No suficientemente rápido. Esme lo había sentido.
Los vampiros no se hacen esto unos a otros.
Esme se asombró. ¿Nunca tendrían este placer después de que ella cambiara? No podía creer eso; se negó. Debía de haber una forma…
De nuevo sintió el comienzo de la reacción de Carlisle, pero justo cuando iba tras ella, suavemente alejó su muñeca. —Será mejor que no tomes más esta noche. — Dijo, y su voz real le sonó extraña. No eran tanto el James de su voz mental, y ahora no podía sentirle bien. Eran dos seres diferentes. Estar solo era horrible.
¿Cómo podría sobrevivir si no podía tocar nunca más su mente? Si tenía que usar palabras, lo que de pronto parecía una torpe forma de comunicarse. ¿Si nunca pudiera verle entero, con su ser abierto a ella?
Era cruel e injusto y todos los vampiros debían ser idiotas si se conformaban con algo inferior a eso.
Antes de que pudiera abrir la boca para decir las palabras que estaba pensando para explicárselo a James, la puerta se movió. Phillip miró dentro.
—Puedes pasar. — Dijo Carlisle. —Tenemos mucho de lo que hablar.
Phil miraba a Esme. —¿Estás…?— Se detuvo y tragó saliva antes de terminar la frase con un ronco suspiro. —¿Mejor?
No hacía falta ser telepático para ver su asco. Miró a su boca, y después hacia otro lado. Esme se dio cuenta de lo que había visto. Una mancha como si hubiera comido arándanos. Se frotó los labios con el dorso de la mano.
Lo que quería decir era, no es asqueroso. Es parte de la naturaleza. Es una forma de vivir, vida pura. Es secreta y hermosa. Está bien.
Lo que dijo fue —No opines si no lo has probado.
La cara de Phillip hizo una mueca de horror. Y lo más extraño fue que Carlisle estaba de acuerdo con él. Esme podía notarlo – Carlisle pensaba que compartir sangre era oscuro y malvado también. Estaba lleno de culpa. Esme dejó escapar un largo y profundo suspiro, y añadió —Chicos.
—Estás mejor. — Dijo Phil, esbozando la sonrisa que le era tan familiar.
—Supongo que antes estaba muy rara. — Dijo Esme. —Lo siento.
—Muy no es la palabra adecuada.
—No era su culpa. — Dijo Carlisle hacia Phil. —Estaba muriendo – y alucinando, más o menos. No tenía suficiente sangre en el cerebro.
Esme sacudió su cabeza. —No lo comprendo. No tomaste tanta sangre la última vez. ¿Cómo podía no tener sangre en el cerebro?
—No es eso. — Dijo Carlisle. —Los dos tipos de sangre reaccionan uno con el otro – pelean. Mira, si quieres una explicación científica, es algo así. La sangre de vampiro destruye la hemoglobina – las células rojas – de la sangre humana. Una vez destruye suficientes, dejas de obtener el oxígeno que necesitas para pensar bien. Y cuando destruye más, te deja sin oxígeno para vivir.
—Así que la sangre de vampiro es como veneno. — Dijo Phil, con un tono que indicaba que siempre lo había sabido.
Carlisle se encogió de hombros. No estaba mirando ni a Phil ni a Esme. —De alguna forma. Pero de otra forma es como una cura universal. Hace que las heridas curen más rápido, hace que la piel se regenere. Los vampiros pueden vivir con muy poco oxígeno porque sus células son muy resistentes. La sangre de vampiro hace todo – menos transportar oxígeno.
Una pequeña luz se iluminó en la mente de Esme. Una revelación – el misterio del Conde Drácula explicado. —Espera un momento. — Dijo. —¿Es por eso por lo que necesitáis sangre humana?
—Ese es uno de los motivos. — Dijo Carlisle. —Hay más… la sangre de los humanos también nos hace cosas más místicas, pero mantenernos con vida es lo principal. Tomamos un poco y esa sangre nos lleva oxígeno por el sistema hasta que nuestra propia sangre la destruye. Entonces tomamos un poco más.
Esme se sentó de nuevo. —Así es como es. Y es natural…
—Nada en esto es natural. — Dijo Phil, su asco emergiendo de nuevo.
—No importa lo que sea. — Dijo Carlisle. —No podemos sentarnos a hablar del tema. Tenemos que hacer planes.
Hubo un silencio abrupto cuando Esme se dio cuenta de qué tipo de planes que estaba hablando. Se podía notar cuando Phil se dio cuenta también.
—Aún no estás fuera de peligro. — dijo Carlisle suavemente, su mirada sosteniendo la de Esme. —Habrá otro intercambio más de sangre, y debes tenerlo lo antes posible. De lo contrario, podrías recaer de nuevo. Pero vamos a tener que planificar el próximo intercambio con cuidado.
—¿Por qué? — Dijo Phil, con sus mayores ganas de molestar.
—Debido a que va a matarme. — dijo Esme claramente antes de que Carlisle pudiera responder. Y cuando Phil se estremeció, siguió sin piedad, —De eso es de lo que se trata, Phil. No es un pequeño juego lo que Carlisle y yo estamos haciendo. Tenemos que hacer frente a la realidad y la realidad es que de una u otra manera voy a morir pronto. Y yo prefiero morir y despertar siendo un vampiro que morir y no despertar nunca.
Hubo otro silencio, en el que Carlisle puso su mano sobre ella. Fue sólo entonces cuando se dio cuenta de que Esme estaba temblando.
Phil miró hacia arriba. Esme podía ver que su cara estaba chupada, sus ojos oscuros. —Somos gemelos. ¿Así que como te has vuelto más mayor que yo? —, dijo con una silenciosa voz.
Un poco de silencio y, a continuación, Carlisle dijo, —Creo que mañana por la noche sería un buen momento para hacerlo. Es viernes y ¿crees que podrías sacar a su mamá y a Charles fuera de la casa por la noche?
Phil parpadeó. —Creo que ‐ si Esme parece estar mejor, podrían salir un rato. Si digo que yo me quedo con ella.
—Convéncelos de que necesitan un descanso. No quiero que ellos estén alrededor.
—¿No puedes simplemente hacerlo sin que note nada? ¿Al igual que lo hiciste con la enfermera en el hospital? —Esme preguntó.
—No si voy a estar concentrado en ti, — dijo Carlisle.
—Y hay algunas personas que no pueden ser influenciados mediante el control de la mente, como tu hermano. Tu mamá podría ser igual.
—Muy bien, haré que salgan. — dijo Phillip. Tragó saliva, obviamente incómodo y tratando de ocultarlo. —Y una vez que estén fuera… ¿qué?
Carlisle le miró inescrutable. —Entonces Esme y yo haremos lo que tenemos que hacer. Y después tu y yo veremos la televisión.
—Mirar la televisión, — Phil repitió, adormecido.
—Tengo que estar aquí cuando venga el médico y la gente de la funeraria.
Phil le miró totalmente horrorizados por la mención de la funeraria. Esme tampoco se sentía muy alegre de eso. Si no fuera por la rica sangre que la recorría por dentro, calmándola…
—¿Por qué? — Phillip le exigió a Carlisle.
Carlisle sacudió la cabeza, muy ligeramente. Su rostro era inexpresivo. —Porque sí. —dijo. —Lo entenderás más tarde. Por ahora, sólo confía en mí.
Esme decidió no seguir insistiendo.
—Así que tendremos que reconciliarnos mañana— dijo. —Delante de Mamá y de Charles. De lo contrario sería demasiado extraño que estuvierais juntos otra vez.
—Será muy raro sin importar lo que pase. — dijo Phil bajo su aliento. —Muy bien. Ven mañana por la tarde y nos reconciliaremos. Conseguiré que nos dejen a solas con Esme.
Carlisle asintió. —Será mejor que me vaya ahora. — Se levantó. Phil se apartó para dejarle salir por la puerta, pero Carlisle penso y miró a Esme.
—¿Estarás bien? — le preguntó en voz baja.
Esme asintió firmemente.
—Mañana, entonces. — Tocó su mejilla con la punta de sus dedos. El breve contacto hizo saltar al corazón de Esme convirtió sus palabras en verdad. Estaría bien.
Se miraron unos a otros un momento y, a continuación, Carlisle se fue.
Mañana, pensó Esme, mirando la puerta cerrarse tras el. Mañana será el día en que muera
Una cosa acerca de ello, pensó Esme era que no muchas personas tenían el privilegio de saber exactamente cuándo se iba a morir. Muchas personas no tuvieron la oportunidad de decir adiós de la forma en que ella tenía previsto.
No importaba que ella no fuera realmente a morir. Cuando una oruga cambia en mariposa que pierde su vida de oruga. No más deslizarse por las ramitas, no más comerse hojas.
No más instituto El Camino, pensó Esme. No más dormir en esta cama.
Ella iba a tener que dejarlo todo atrás. Su familia, su ciudad natal. Toda su vida humana. Ella estaba empezando un extraño nuevo futuro sin ninguna idea de lo que estaba por delante. Todo lo que podía hacer era confiar en Carlisle ‐ y tener confianza en su propia capacidad de adaptación.
Era como mirar una carretera llena de curas delante de ella, y no ser capaz de ver a dónde iba, ya que desaparecía en la oscuridad.
No más patinaje el malecón de la playa, pensó Esme. No más húmedos golpes contra el hormigón en la piscina pública. No más compras en el pueblo.
Para decir adiós, miró cada esquina de su habitación. Adiós armario pintado de blanco. Adiós mesa donde había escrito cientos de cartas – cosa que demostraban las manchas de tinta y cera. Adiós cama, adiós cortinas que le hacían sentirse como una princesa árabe. Adiós equipo de música.
Auch, pensó, mi equipo de música. Y mis CD's. No puedo dejarlos aquí, no puedo…
Pero claro que podía. Tendría que hacerlo.
Le hizo frente al equipo de música antes de salir de la habitación. Le animó para empezar a ocuparse de la pérdida de la gente.
—Hola, mamá. — Dijo temblando, en la cocina.
—¡Esme! No sabía que estabas despierta.
La abrazó fuertemente, notando tantas sensaciones: el suelo bajo sus pies, el ligero olor a coco que tenía el pelo de su madre, y el calor de su cuerpo.
—¿Tienes hambre, cariño? Te ves mucho mejor.
Esme no podía soportar mirar los ansiosos ojos de su madre, y pensar en comía le daba nauseas. Se enterró de nuevo en el hombro de su madre.
—Espérate un momento. — Dijo ella.
Se le ocurrió que después de todo no iba a ser capaz de decirle adiós. No podía terminar con todo en su vida en una tarde. quizás tuviera el privilegio de saber cuándo iba a morir, pero iba a hacerlo igual que todos – sin estar preparada.
—Solo recuerda que te quiero. — Le susurró a su madre en el oído, parpadeando con lágrimas en los ojos.
Dejó que su madre la llevara de nuevo a la cama. Pasó el resto del día haciendo llamadas. Tratando de aprender algo de la vida que iba a terminarse, de la gente que conocía. Tratando de apreciarlo todo, rápidamente, antes de que tuviera que abandonarlos.
—Elaine, te echo de menos. —Dijo hacia el teléfono, con los ojos fijos en la luz del sol que entraba por su ventana.
—Cuéntame, Brady, ¿Cómo te va?
—Laura, gracias por las flores.
—¿Esme, estás bien? — Dijeron todos. —¿Cuándo vamos a verte otra vez?
Esme no podía responder. Deseaba haber podido llamar a su padre, pero nadie sabía dónde estaba.
También deseó haber leído la otra de teatro Nuestra Ciudad cuando se lo encargaron el año pasado, en vez de leer las notas de Charles. Notas y pensamientos rápidos para hacer trampas. Todo lo que podía recordar era que era sobre una chica muerta que tuvo la oportunidad de tener un día de su vida y lo apreció mucho. Quizás le hubiera ayudado ahora a aclarar sus sentimientos – pero era demasiado tarde.
Había perdido muchas cosas del instituto, notó Esme. Usaba mi cerebro para reírse de los profesores – y eso no era muy inteligente.
Descubrió que le tenía un nuevo respeto a Phil, que usaba su cerebro para aprender cosas. Quizás su hermano no era un lamentable vago después de todo. Quizás – oh dios – siempre había tenido razón.
Estoy cambiando tanto, pensó Esme, y se estremeció.
Si era la extraña sangre de su cuerpo o el cáncer en sí mismo o simplemente una parte de ella, no lo sabía. Pero estaba cambiando.
Sonó el timbre de la puerta. Esme sabía quién era sin salir de la habitación. Podía sentir a Carlisle.
Estaba para empezar el teatro, pensó Esme y miró su reloj. Increíble. Eran casi las cuatro de la tarde.
El tiempo parecía pasar volando literalmente.
No te asustes. Todavía te quedan horas, se dijo a sí misma, y cogió de nuevo el teléfono. Pero solo parecieron pasar unos minutos cuando su madre llamó a su puerta.
—Querida, Phil dice que deberíamos salir – y Carlisle ha venido – pero le dije que no creo que quieras verle – y no te quiero dejar sola pero las noches…— SU madre estaba extrañamente agitada.
—No, me alegra ver a Carlisle. En serio. Y creo que deberíais tomaros un descanso. En serio.
—Bueno – me alegro de que os hayáis reconciliado. Pero no sé si…
Le llevó un buen rato persuadirla de que ella estaba mejor, que le quedaban semanas o meses de vida por delante. Que no había motivo para quedarse esta noche de viernes en particular.
Pero a final la madre de Esme la besó y aceptó. Ya solo le quedaba despedirse de Charles. Esme le llamó y finalmente le perdonó por no haber traído a su padre.
Lo hiciste lo mejor que pudiste, pensó mientras le miraba con su traje oscuro y su sonrisa infantil. Y vas a cuidar bien de mamá – después. Asi que te perdono. Estás bien, en serio.
Y entonces Charles y su madre se marcharon, y fue la última vez, la última que le dijeron adiós. Esme gritó sus nombres y ambos se giraron y sonrieron.
Cuando se fueron, Carlisle y Phil fueron a la habitación de Esme. Esme miró a Carlisle. Sus ojos grises estaban opacos, sin revelar sus sentimientos.
—¿Ahora? — Dijo ella, y su voz tembló ligeramente.
—Ahora.
chicas disculpa la tardanza pero acabo de empezar la escuela y ya saben me quitan mucho tiempo(me han quitado mi libertad )\(T.T)/ . espero que les guste el capitulo.
Alexandra Cullen Hale
