Cap. 17 El castillo oscuro
Tarrant y Alicia avanzaron lentamente por el bosque de los árboles altos, en busca de aquel paraje desde el cual podía llegar casi sin problemas al castillo donde el Caballero Negro entrenaba a los Growins para destrozar Underland. A cada paso el frío iba calando en la piel…se podía sentir y percibir el miedo al ir atravesando cada río, cada grupo de árboles que, con sus ramas retorcidas, parecían ir tratando de infundir temor en aquellos que cruzaran por aquel bosque sombrío.
- La vez pasada esto estaba más alegre…-musitó Tarrant mientras llevaba de la mano a Alicia y la ayudaba a pasar por las rocas que sobre un río pantanoso separaban ese lugar de Troter's Bottom.
- Siento nostalgia cuando nos alejamos de Marmoreal…-dijo Alicia.
- No te preocupes…estaremos bien…vamos a tratar de encontra en ese castillo el lugar donde ese malvado escondió mis tijeras.
- ¿No piensas, quizá, que las lleve con él todo el tiempo?- preguntó Alicia.
- No- contestó Tarrant inmediatamente.- No las porta porque no las necesita por ahora…aunque le dan poder, lo necesita para el combate final…donde…tratará de acabar con nosotros.
- Me da miedo la forma en que lo dices…entonces…¿por qué se las llevó?
- Lo más probable es para asegurar la defensa del castillo…seguramente los Growins no lo habrían aceptado como líder si no les hubiera mostrado algún objeto de poder…como Iracebeth con la espada Vórpica..
- Por cierto- continuó Alicia- ¿la reina Mirana tiene la espada Vórpica?
- Sí- contestó el Sombrerero- está guardada bajo llave en Marmoreal, hasta el momento oportuno.
Avanzaron con algo de dificultad. Alicia tenía frío y estaba muy cansada.
- Hemos caminado mucho- dijo ella.
Tuvo que sentarse en un paraje más seco. El Sombrerero miró en lontananza. Ya estaba cerca. Pero era tarde…el Sol estaba por terminar de ponerse.
- Lo siento, pequeña…me duele tanto no poder ofrecerte por ahora mejor cama…tendremos que pasar la noche aquí, en descampado…
- Pero hace mucho frío- observó Alicia.
El Sombrerero se quitó el saco y se lo cubrió a Alicia.
- Tómalo…tiene la propieda de ser cálido…
- ¿Y tú…no tienes frío?
- Tu mirada me da calor…-observó El Sombrerero sonriendo a Alice.
Alicia se recostó sobre un césped café y sombrío. El Sombrerero se acostó junto a ella, mientras juntos contemplaban las estrellas.
- Las estrellas en Underland son tan centelleantes…
- Como tus ojos…-dijo Tarrant.
Alicia lo miró de reojo sonriendo y señaló:
- Parece como si se fueran a caer…y por instantes…como si pudiéramos tomarlas con la mano…
- Así es…cuando no estabas, me parecían tan lejanas…muchas veces…intenté tocarlas pero me era imposible…y volvía a pensar en tus ojos y con ese recuerdo la estrellas tocaban los míos- dijo dejando que una pequeña lágrima escapara de sus ojos.
Alicia la secó con su mano . Parecía un cristal.
- Tienes frío…-comentó mientras se abrazaba al pecho del Sombrerero.
Tarrant suspiró suavemente. Sentir el delicado cuerpo de Alicia cobijándose junto a él era algo que nunca pensó que alguna vez sucedería. Era tan extraño que para él tiempo pasara de forma tan extraordinariamente rápido y Alicia ya se hubiera convertido en una linda doncella…acarició su cabello dorado. Ella se quitó el saco y abrazando a Tarrant, los cubrió a ambos con dicha prenda. Tarrant baja de vez en cuando la mirada para sonreír a Alicia.
- ¿Has entrado alguna vez al castillo del Caballero Negro?
- No…nunca…espero poder encontrar rápido lo que fuimos a buscar…de todos modos, no estaremos solos…McTwisp, el Conejo Blanco, se hizo sirviente del Caballero y de vez en cuando está ahí, así que él nos ayudará para poder encontrar las tijeras…
- ¿Tienes alguna idea de por qué no usó el castillo de Salazen Grum para vivir en él?
El Sombrerero respondió:
- Supongo que porque no le agradaba como se encontraba…
- ¿Quién vivirá ahí?- preguntó Alicia.
Tarrant hizo una pausa y abrazando a Alicia preguntó ahora a ésta:
- ¿Te gustaría que siempre estuviéramos juntos?
Alicia, casi fuera de sí respondió emocionada:
- Claro…claro que me gustaría.
- Entonces- continuó el Sombrerero- hagamos una promesa…
Estrecharon sus manos y Tarrant comenzó.
- Siempre…juntos…pase lo que pase…
El rostro de Alicia dibujó una ligera sombra de preocupación:
- No sé por qué te pones melancólico pero sí…te hago la promesa…juntos siempre…
Entonces Tarrant dio un beso suave a Alicia en la frente y apretando la mano de ella sobre su corazón se quedó dormido. Alicia entrecerró los ojos y abrazada al Sombrerero se quedó dormida también escuchando el tic-tac del latir del corazón de Tarrant…y también de su descompuesto reloj.
Las primeras luces en aquel paraje les indicaron que ya era de día.
El Sombrerero se despertó primero. Sintió la mano de Alicia sobre su pecho y le dio un suave beso en el dorso y otro en su frente. Bajó la mano y la colocó a un costado de su cabeza. Luego, volvió a cubrirla con su saco y se sentó. Miró su reloj. Era hora de ponerse en marcha.
Cuando Alicia despertó, Tarrant había ya puesto frente a ella un poco de unas bolitas rosadas que olían muy bien.
-Buen día…¿qué son?- preguntó azorada.
- Se llaman Undermoras, sólo crecen en Underland…se usa para hacer con ellas tartas, pasteles, postres y toda clase de delicias culinarias…pruébalas, te confortarán.
Alicia probó una. Sabían dulces como el arándano y eran suaves …tras probarlas se sintió mucho mejor.
- Se levantó mientras Tarrant contemplaba el horizonte para visualizar cuánto camino faltaba por recorrer.
Alicia tomó el saco y lo colocó en la espalda del Sombrerero, invitándolo a ponérselo.
- Su saco, milord…y su sombrero.
El Sombrerero se colocó el saco con cuidado y luego dejó que las delicadas manos de Alicia le colocaran de nueva cuenta el Sombrero en la cabeza.
Siguieron caminando un poco más. Por fin, a unos pasos, frente a ellos se alzaba imponente el castillo oscuro del Caballero Negro.
La fortaleza se veía bien atrincherada…un alto puente restringía la entrada principal. Las almenas tenían estatuas enormes de cabezas de caballos negros, briosos y salvajes. Aquella observación hizo a Alicia conmocionarse de terror.
El Sombrerero la hizo ocultar su rostro en su solapa y dijo suavemente:
- No te preocupes…no pasará nada malo…vamos…
- ¿Pero cómo vamos a entrar?- preguntó Alicia.
- Debemos buscar algún escondrijo en la parte posterior del castillo.
- ¿Quién vigilará la entrada por dentro?- insistía ella.
- Son demasiadas preguntas, linda- dijo el Sombrerero- habrá que ir descubriendo como llegar al lugar donde escondió ese objeto. Ven…
Un chasquido de los dedos del Sombrerero hizo aparecer ante sus ojos a Chessur.
- Qué tal, Chess- dijo Tarrant.
- ¿Me necesitaban?
- Mucho…
- Claro- siguió Chessur- siempre alguien con facilidad para evaporarse es necesario en éstas circunstancias- dijo con voz sensual.
- Necesitamos que nos ayudes a entrar al castillo.
- Con gusto.
Y ni corto ni perezoso se colocó sobre el cuello de Alicia.
-¿Qué haces?- preguntó ella.
- Tú…relájate…-dijo él…
Al punto, entrecerró los ojos y en breve ya estaba en el patio del castillo.
Luego fue el turno del Sombrerero, y por último, el sombrero con su listón llegó con la cabeza del incorpóreo gato que sonreía satisfecho de haber ayudado.
- Gracias, Chessur, no sé qué haríamos sin ti- dijo Tarrant.
- Nada, amigos…nada podrían hacer sin mí…
Alicia sonrió. El Gato de momento se negaba a devolver el sombrero a su dueño. La chica lo conminó:
- Chessur…
- Está bien- dijo el gato acariciando el sombrero de nueva cuenta con cuidado, y haciendo un gesto como si le costara desprenderse de él- un día tendré uno como ese…
Ya dentro del patio escucharon el cabalgar del caballo infernal de aquel oscuro caballero.
- Ven, linda…escondámonos y tratemos de entrar por un resquicio.
Intentaron entrar por una rendija pero el Sombrerero pudo cruzar sin problemas. Cuando Alicia estaba por lograrlo el relincho del caballo de aquel ser demoniaco le heló la sangre en las venas.
- Buen día, hermosura- dijo el Caballero Negro- ¿a qué debo el honor de que esta hermosa damisela haya entrado a mi castillo?
Alicia se turbó ligeramente y luego dijo.
- Me han hablado de usted, milord…deseaba conocerle…disculpe que haya entrado de ésta manera…
Al parecer el Caballero Negro no la había reconocido. Tal vez porque nunca la conoció.
- Está bien…ven hermosura…ven a mi castillo…serás mi invitada de honor…
El Sombrerero del otro lado escuchó todo. Por lo menos ahora ya sabía que Alicia estaría en el castillo. Ahora tenía que cuidar de ella con muchos sigilo y precaución.
