Cap. 26 Amores complicados
Al notar que habían pasado ya dos días y los súbditos de La Reina Blanca no habían tenido noticias, Rohan percibió que algo malo le había ocurrido. Así que fue con el ministro y éste lo envió:
- Rohan, tu padre fue muy valiente y ayudó a Mirana en una ocasión para encontrar al Caballero, a fin de derrocar a Iracebeth, y lo logró, ahora es tu turno, defender Underland contra los planes de Gualterius, antes de que acabe con la vida de nuestra amada Reina.
- Sí Mirana muere, la vida de todos los seres de Underland se acabará, las flores morirán, los animales también…eso es lo que necesitaría Gualterius- observó Rohan.
- Sin embargo- añadió el ministro- aún conservo la esperanza de que exista en el fondo del alma de Gualterius algún destello o vestigio del amor y la devoción que le profesaba a Mirana, que esa pequeña esperanza sea un aliciente en tu búsqueda, Rohan y que sea el baluarte que te impulse a rescatar a nuestra Reina y ayudar a Alicia y a Tarrant a evitar que nuestra amada tierra se vea sumida en las más densas tinieblas…
- Lucharé hasta el final, su Excelencia- repuso Rohan, con la plena convicción de lograr aquel difícil objetivo.
En el Calabozo del Castillo de Gualterius, Mirana, asustada contemplaba las paredes…aún no podía creer del todo que la nobleza de aquel valiente caballero que antaño fuera su más ferviente protector, se hubiera desvanecido totalmente, sin dejar rastros aparentes de su presencia. Sin embargo, aún muy dentro de él, ella podía percibir, por la fuerza del amor, lo poco que de su bondad quedaba. Se negaba a dar por muerto aquel cariño que tanta luz y alegría en un tiempo dieran a Underland, antes de que la dictadura de Iracebeth ensombreciera aquel país.
Afortunadamente, McTwisp ya estaba de vuelta y mientras rondaba los jardines algo secos del lugar, percibió una nueva presencia, un aura casi celestial que sólo podía provenir de alguien muy especial.
- No es de Alicia ni de Tarrant, aunque sus energías también son fuertes- se decía el Conejo Blanco a sí mismo- ésta energía es mucho más fuerte y diferente. Es de…la Reina Blanca…-concluyó.
Lo más rápido que sus pequeñas patas y su regordete cuerpo le permitían se deslizó por los pasillos del Castillo tratando de seguir la señal que aquella aura despedía.
No estaba en ninguna alcoba, ni en la cocina. No en el despacho ni en la sala de armas. McTwisp siguió el destello que por una de las salas se observaba hacia el interior del pasillo que conducía a los calabozos.
Corrió tratando de no hacer ruido y percibió la respiración agitada de Mirana que gemía en aquel rincón.
- McTwisp…-susurró la Reina Blanca.
- Mi reina- contempló el Conejo- ¿quién osó encerraros aquí?
- Gualterius…el amor de mi vida- sollozaba Mirana.
El Conejo Blanco hubiera querido decirle que realmente el Caballero Oscuro la seguía amando pero no podía precisarlo.
Mirana siguió hablando:
- Me encerró…quise venir a hacer las paces pero no quiso ni escucharme.
- No lo hará, mi real señora, no si no hay nada de por medio que pueda interesarle.
- No tengo nada a cambio que deba ofrecerle para hacer la paz.
- Que vos cedáis el trono, que abdiques, Mirana…
- No lo haré…no si la seguridad de Underland está en riesgo.
McTwisp añadió:
- Quisiera liberaros pero no tengo la llave del calabozo…
- No te preocupes, McTwisp…estoy bien.
- Sin embargo, no dudo que vuestros súbditos alarmados se pongan en marcha en vuestra búsqueda.
- Diles que no lo hagan, por favor, que no traten de rescatarme de momento, todavía tengo la esperanza de lograr hacerlo cambiar de opinión.
- Siempre tan buena, Mirana…ves luces en la oscuridad…
Mientras tanto Alicia y Chessur seguían tratando de encontrarel lugar donde los Growins tenían escondidas las tijeras del Sombrerero.
Bajaron por una serie de escalinatas y dieron contra una sala de combate. Sólo sombras oscuras combatían entre sí, materializándose y deshaciéndose frente a la pared.
- ¿Cómo vamos a cruzar?- sugirió Alicia.
- Déjamelo a mí- contestó decidido el gato de Cheshire- yo los distraeré mientras ubicas el lugar donde las Tijeras pueden estar. Recuerda que hay varios pobres súbditos de Mirana que esperan por ser liberados.
- Claro, Chessur…no lo olvidaré…
Chessur, entonces, se transformó en una sombra verde azul que se filtraba entre aquellas sombras…todos lo atacaban pero los confundía. Se dispersó de un lado a otro logrando que las sombras asustadas traspasaran las paredes mientras Alicia esperaba el momento de entrar en un cuarto oscuro que tenía por todo mobiliario una cómoda altísima con muchísimos cajones.
Avanzó con cuidado…sólo podía abrir las tres primeras…para alcanzar los demás necesitaría una estatura especial…
Tarrant, mientras tanto, revisaba los cuartos buscando alguna otra evidencia de algún secreto que Gualterius estuviera escondiendo y por el cual llegaran a predecir ese comportamiento tan extraño y demente.
Había encontrado títulos de propiedad y documentos del clan Hightop solamente. Pero debía haber algo más. Sin embargo recordó la aversión del Caballero al té. ¿Qué le había ocurrido? Gualterius no era así…el té era su bebida favorita. Pensó en engañarlo de alguna forma y obligarlo a tomarlo.
Gualterius entró de nueva cuenta en la cámara y lo mandó llamar. El Sombrerero estaba listo y avanzó parsimonioso.
- Hola, Tarrant- dijo Gualterius- ¿has comenzado tu plan?
- Estoy en eso- aseveró Tarrant- sólo que…esperaba a Ada para comenzarlo.
- Es verdad...pero no ha llegado espero que ya haya conseguido algo.
- Lo hará- aseveró Tarrant- pero, si no te molesta, me gustaría realizar una pequeña reunión, para el plan, ¿sabes?...habrá bocadillos, algunas bebidas espirituosas…
- Si crees que ahí se puede planear todo, adelante, lo permitiré…siempre y cuando no intentes traicionarme, porque no te lo voy a permitir…¿entendiste, Tarrado?- repuso Gualtierus encajando un cuchillo en la espalda del Sombrerero, lastimándolo.
El Sombrerero hizo una pequeña mueca de dolor.
- No te…preocupes…
Más noche el Sombrerero bajó acompañado de McTwisp a los calabozos. Ahí estaba Mirana.
- Milady- dijo el Sombrerero inclinando la cabeza y quitándose el Sombrero- ¿fue capaz?
- Sí…lo fue…pero, yo considero que…algo malo ha crecido en su corazón y lo comprime…
- Mirana…esto debe ser más grave…
- No lo creo…¿y Alicia?
- No sé…aún no tengo noticias suyas…espero que esta noche vuelva al Castillo, o no quiero ni pensar en lo que pueda suceder…
