Cap. 32 FINAL INESPERADO
Alicia se quedó con la mirada fija en Tarrant…lo que el Sombrerero Loco le acababa de proponer era algo que tal vez inconscientemente había estado esperando por mucho tiempo pero no se había atrevido a considerar…¿por qué? Tal vez porque en alguna ocasión había recibido una propuesta matrimonial…sólo que no recordaba exactamente los detalles. ¿Matrimonio?
- Una maravillosa…demente y maravillosa idea- dijo con vivacidad haciendo que los ojos del Sombrerero Loco se tornaran más luminosos y profundos que nunca.
- Entonces- dijo hablando entre dientes como acostumbraba, tornándose también su ropa más luminosa- ¿cuál es tu respuesta, linda? ¿Aceptas?
Alicia se acercó a donde estaba el Sombrerero de pie frente a ella…tomó sus manos y las besó suavemente, ante los ojos enamorados de aquél, quien inquieto esperaba por la respuesta de la joven inglesa.
- Tan sólo con mirar tus ojos…todo lo que hubiera dejado arriba parece perderse en la nada…es como si estuviera mirando dentro de tu alma y hacia ella me dirigiera con rapidez…
- A mí me pasa igual contigo, Alicia…-susurró el Sombrerero con suma ternura.- Todas las tristezas que he pasado durante años en espera tuya se desvanecen con tu sola presencia…-continuó mientras le ofrecía su brazo y la invitaba.- Demos un pequeño paseo…
Avanzando por entre aquellos hermosos jardines que ahora decoraban el castillo de Crims, Tarrant avanzaba delicadamente ayudando a Alicia y observando con cuidado cada detalle. Alicia daba los pasos más ligeros al contemplar aquella belleza y escuchando las palabras del Sombrerero.
- ¿Sabes? La primera vez que viniste a Underland…me causaste tanta ternura…estaba loco de contento de poder ver a alguien tan parecido a mí…o tan diferente, dependiendo de la perspectiva…pero te volviste una especie de modelo a seguir…te veías tan decidida…no te conformabas con lo que nosotros te dijéramos.
- Sí…aún recuerdo la forma tan altanera en que me dirigí cuando no entendí el acertijo del cuervo y el escritorio.
- Era normal…-dijo El Sombrerero con dulzura- no estabas acostumbrada a esa clase de acertijos…además…eras muy pequeña aún. Pero mírate ahora…eres toda una dama…una gran y hermosa dama.
- Aunque…no me gusta ser como las damas de mi mundo: ni arrogante, ni pretenciosa, ni vanidosa…detesto las etiquetas…
- Al igual que yo…sin embargo- continuó hablando- siempre hay que tratar de manejar con las personas cierta cortesía para que podamos por lo menos…conversar…
Pasado un rato Alicia preguntó al Sombrerero.
- ¿Qué sientes ahora que Mirana y Gualterius se han unido?
- Es…una felicidad indescriptible, Alicia…-comentó aquél- mi hermano Gualterius logró lo que tanto había anhelado…el amor de Mirana…y ella está feliz- siguió Tarrant- ella también deseaba con todo su corazón ver reconstruido Underland junto a Gualterius…yo aún dudé sobre la nobleza de mi amigo, pero no lo suficiente como para pensar que se había vuelto un tirano y un desalmado…un miembro del clan Hightop jamás habría traicionado a la Reina…
- Pero te enfrentaste a él por mí…-añadió Alicia.
El Sombrerero tomó sus manos y añadió:
- Porque…eres el amor de mi vida, Alicia…porque te necesito como no tienes una idea… y porque estaría dispuesto incluso a morir si fuera necesario para estar a tu lado.
- A mí me pasa igual, sólo que…en ocasiones no lo demuestro…
- Claro que lo has hecho…cuando mataste al Jabberwocky…ahora que hemos logrado la paz de Underland…no puedes decir que no has demostrado tu valor y tu verdad…
Alicia se abrazó al Sombrerero…pero fue un abrazo infinito…un abrazo fuerte que la hacía pensar por un momento que tal vez sería el último que le daría a Tarrant.
Por su parte Mirana y Gualterius contemplaban desde su nuevo trono la felicidad y la alegría de sus súbditos. Gualterius besó la mano de Mirana y dijo.
- Reina mía…gracias a mi hermano Tarrant tú y yo podemos estar juntos de nueva cuenta.
- Así es, Gualterius- susurró Mirana- temí que te perdería definitivamente.
- El amor nunca muere- dijo Gualterius decidido.
- ¿Crees que el de Alicia y Tarrant pueda llegar a lograrse?-preguntó Mirana.
- No lo sé…mi hermano, el Sombrerero la ama mucho...
- Alicia también lo ama- dijo Mirana- sólo que…ella está un poco preocupada…dejó algunas cosas sin terminar allá arriba…y ella considera que debe volver a terminarlas…
- Si ella se va y no vuelve…será un duro golpe para Tarrant- comentó Gualterius.
- Tal vez…pero estoy segura de que volverá…algo me dice que si se va, un día volverá a Underland.
La fiesta se siguió desarrollando alegremente. Alicia y Tarrant bailaron durante toda la noche hasta que por fin, de vuelta a su casa, el Sombrerero llamó a Alicia aparte y preguntó de nuevo.
- Alicia…¿puedo saber tu respuesta?
La joven estaba demasiado feliz y añadió sin pensar:
- Estoy tan contenta ahora…y no quiero irme nunca de tu lado…así que…acepto.
El Sombrerero estaba demasiado contento. Sus ropas se iluminaron y besando la mano de Alicia depositó un dulce beso diciendo:
- Te prometo que…no te arrepentirás nunca de haberme aceptado, Alicia…
Al poco rato todo Underland conocía la noticia. Mirana y Gualterius comentaron.
- Este es un gran paso para ustedes y para todo Underland…nos sentimos muy feliz de poder presenciar este hermoso compromiso…
McTwisp, Chessur, Tweedle Dee y Tweedle Dum aplaudían ante la noticias y felicitaron efusivamente a los dos.
- Por fin- dijo el Lirón a su oído…felicidades, Sombrero.
- Gracias…- respondió Tarrant.
Cuando se despedía de Alicia su emoción se volvió casi incontrolable.
- Estoy tan contento…porque todo salió bien…porque eres linda, perfecta…eres la chica más hermosa…eres delicada, preciosa, dulce, valiente…tienes las cualidades correctas de la Alicia correcta…
- ¡Sombrerero!
Tarrant reaccionó inmediatamente diciendo:
- Estoy…bien…
Un par de días después los preparativos de la boda de Alicia y Tarrant ya estaban culminados y la hermosa ceremonia llegó. Esta se desarrollaría en la casa del Sombrerero, teniendo la fiesta de té como marco.
La casa había sido remodelada para poder recibir a la chica y tanto McTwisp como Chessur se ofrecieron para ser pajes. Los pequeños del clan Hightop estaban tan emocionados que ellos también quisieron participar.
Los padrinos de honor: Mirana y Gualterius.
Los nervios estaban a flor de piel, sobre todo para el Sombrerero que había escogido para la ocasión el tartán escocés como atuendo de lujo. Se veía bastante elegante y con un dejo de distinción que hizo a los presentes hablar favorablemente de él, aunque al Sombrerero eso era lo que menos le interesaba…con sólo poder ver a Alicia presente le bastaba.
Sin embargo, la nerviosa novia estaba realmente preocupada. Aún no se arreglaba y Mirana que aún estaba en el castillo le preguntó en la habitación.
- Pequeña…¿qué te sucede?
- Es que…creo que estoy demasiado nerviosa.
Mirana acarició su mejilla y dijo:
- Te entiendo…las cosas han salido muy bien y todo indica que para los dos un gran sueño se cumple por fin…pero estoy segura que no es sólo eso lo que te tiene así, ¿verdad?
Alicia bajó los ojos y respondió:
- Tienes razón…no es sólo eso…y no sé cómo decírselo a Tarrant…
Mirana se sentó junto a ella y pidió a sus súbditos con la mayor cortesía que las dejaran a solas.
- Veamos…dime…qué es lo que quisieras decirle al Sombrerero y no te atreves…
Alicia explicó:
- Es que…yo quisiera estar siempre con él…pero tengo muchas cosas pendientes que resolver…- entonces comenzó a llorar.
La Reina la abrazó y dijo:
- Sé cómo te sientes…en ocasiones queremos hacer todo lo que nos proponemos pero no siempre es posible hacerlo…sin embargo, tú sabes perfectamente quién eres… eres una joven hermosa, valiente y decidida…eres Alicia…Alicia Kinghsley.
- Sí…-dijo ella tranquilizándose un poco.- Soy hija de Charles Kingshley… un hombre que luchó mucho para demostrar que para hacer las cosas…sólo había que creer en ellas…
Mirana sonrió y repuso:
- ¿Lo ves? Te conoces demasiado bien…sólo deja hablar a tu corazón…estoy segura que si le explicas al Sombrerero él entenderá…
- Pero es que…al mismo tiempo…no quisiera irme de aquí nunca…este lo considero mi segundo hogar…o tal vez es el primero…cada noche desde que tenía 7 años he venido aquí…y estoy segura que nunca dejaría de venir aunque tuviera 100…
- Lo sé…y sabes que aquí te estaremos esperando siempre…
- Gracias, Mirana…
- Y dime…¿Qué piensas hacer entonces?
Alicia pensó un poco y añadió más calmada:
- Hacer lo que me dicte el corazón…amo a Tarrant…sé que no encontraría un hombre mejor que no fuera como él…es sólo que…tal vez aún no es momento…
- O tal vez…estás buscando algo más.
Alicia se asombró de la manera en que Mirana se expresaba y añadió.
- No…eso no…estoy segura que yo necesito, que yo busco un hombre como Tarrant…
- Tú lo has dicho…como él, mas no exactamente él…
Alicia se quedó un poco perpleja ante la respuesta. Mirana añadió.
-Creo que no puedo decirte más de lo que tú no sepas…sólo piensa bien en lo que vas a hacer y antes que todo, recuerda lo que te dije una vez…esa decisión es completamente tuya, porque…cuando estés frente a Tarrant…estarás completamente sola…y tú debes decir la última palabra…ahora…prepárate…que eres la reina de la fiesta…y todos están esperando por ti…si es lo que decides…
- Gracias…-repuso Alicia- creo que estoy lista.
Pasado un rato, con un Sombrerero más que nervioso que se hacía nudos el moño del traje y se acomodaba mil veces el sombrero, vio venir a Alicia en un hermoso vestido azul largo.
Avanzó con cuidado escoltada por Gualterius y entregada en mano de Tarrant.
- Hermano…hazla feliz…
El Sombrerero sonrió mientras perdía su mirada en la de Alicia.
Un juez estaba listo para celebrar la ceremonia. Empezó con una fórmula algo larga que sólo provocó por un momento la distracción de Alicia.
- Estamos en el Magnuoso Día de la era de la Reina Blanca y el Rey Gualterius…y yo como juez de Underland comienzo a celebrar este matrimonio entre la señorita Alica Kinghsley y el señor Tarrant Hatter, de oficio Sombrerero de la Reina.
Entonces la joven se quejó de momento de un fuerte dolor en la cabeza. El Sombrerero la detuvo y dijo a su oído.
- ¿Te sientes bien?
- Sí…no te preocupes…es que…creo que no dormí bien…
- Tranquila…-dijo tomando su mano.
Por fin el juez comenzó a hablar. Frente a Alicia comenzaron danzar imágenes de hace tiempo…de sus primeras visitas a Underland…de la muerte del Jabberwocky…de sus charlas con el Sombrerero y tras ella…un gran barco, arriba…rumbo a Hong Kong y la silueta de un hombre. Como un chispazo en su mente aquella figura se imprimió mientras el juez empezaba a preguntar.
- Señor Tarrant…¿acepta por esposa a la señorita Alicia Kingshley para amarla y respetarla durante todas las eras de Underland?
- Acepto…-dijo el Sombrerero visiblemente emocionado.
Tocó el turno de Alicia.
- Señorita Alicia Kinghsley…¿acepta por esposo al señor Tarrant Hatter, para amarlo y respetarlo durante todas las eras de Underland?
Alicia hizo una pausa, bajó los ojos y luego fue nuevamente interrogada.
- Señorita Alicia Kinghsley…¿acepta por esposo al señor Tarrant Hatter, para amarlo y respetarlo durante todas las eras de Underland?
Miró al Sombrerero y dijo suavemente.
- Tarrant…te amo mucho…pero…no puedo casarme contigo…
El Sombrerero se quedó con los labios entreabiertos y no supo qué decir. Alicia rompió aquel silencio:
- Sombrerero…eres un ser magnífico…eres el hombre perfecto…tienes las cualidades del hombre perfecto…pero tú y yo pertenecemos a mundos distintos…yo no pertenezco a Underland…aunque me casara contigo, nunca sería completamente feliz, porque mi mundo no es éste…todos ustedes- dijo dirigiéndose a la multitud- son gente maravillosa…la gente de arriba debería ser como ustedes…libres, llenos de sueños y de alegrías, llenos de motivación…dispuestos a ser felices cada día, libres de convencionalismos y de etiquetas…y tú, Tarrant, no sabes cuánto me pesa a mí más que a nadie tomar ésta decisión…y sabes…que te amo…-dijo llorando- pero…no puedo casarme contigo…porque no seríamos completamente felices…yo más que nadie, desearía pasar toda mi vida contigo…pero eso no es posible.
- Una vez me dijiste…-repuso Tarrant- que eras capaz de creer en seis imposibilidades antes de empezar el día.
- Sí, Tarrant- dijo Alicia- pero creo que ya he pensado en las seis: una, el verdadero amor existe; dos, no hay error tan grande que el amor no sea capaz de curar; tres, Underland existe; cuatro, Tarrant es el hombre más extraordinario de este mundo; cinco: pudimos vencer al Caballero Oscuro; seis, Mirana encontró el amor…pero no hay una siete…esa séptima hace la diferencia…sólo son seis por ahora…sólo sé que te amo y que me duele demasiado tener que dejarte.
Tarrant miró a todos y luego miró a Alicia y dijo dándole un beso.
- Linda…tú también sabes…cuánto te amo-dijo emocionado- y precisamente por eso…no me importaría hacer cualquier sacrificio con tal de que seas feliz…así pues…si tú quieres irte…puedes hacerlo…y te…deseo toda la felicidad que puedas encontrar…
- Gracias…-dijo Alicia.
El Sombrerero la miró con emoción y se abrazaron fuertemente estallando en lágrimas.
Aquel momento único nadie osó interrumpirlo más que con una fuerte ovación.
Tarrant tomó el anillo que le iba a dar a Alicia y le dijo.
- Consérvalo…tal vez un día te lo pueda ver puesto…y dime algo…¿volverías alguna vez?
Alicia sonrió y repuso:
- Te juro que volveré…además…si llego a casarme no aceptaré a nadie que no sea exactamente como tú…eso te lo asegura una Kingshley.
Tarrant entonces dio un suave beso a Alicia y sopló sobre sus párpados diciendo:
- Fairfarren…Alicia…
Tras una vorágine de colores entre verdes y azules, Alicia despertó en el jardín de aquella casa en Hong Kong donde minutos antes había estado compartiendo con Madison Hataway una conversación y no sólo eso…también una propuesta. Una voz la llamó suavemente y le solicitaba reaccionara.
- Alice…soy Madison…¿qué pasó?
Cuando se incorporó se dio cuenta que estaba fuera del agujero que conectaba a un gran árbol.
- Debiste caer…supongo- dijo Madison suavemente.
La voz del joven lord la hizo sonreír levemente y añadió.
- No te preocupes…ya pasó.
Madison le dio la mano y dijo:
- Ven…si quieres cambiarte…
- No…estoy bien- dijo ella- de hecho no sé si te gustaría que nos quedáramos en este jardín un rato.
El joven lord asintió.
Estuvieron conversando largo rato sobre las aficiones de su padre y sobre los sueños del joven.
- ¿Y no tienes miedo de que toda la Compañía desista de apoyarte?
- No, Alicia…no tengo temor…siempre soñé con esto y no estoy dispuesto a lograr menos que eso…
- No sé por qué…pero creo que lo lograrás- dijo Alicia dándole apoyo.
- Gracias…realmente te agradezco tu confianza…realmente me interesa mucho tu opinión porque…quisiera que me apoyaras en este proyecto, eres una mujer luchadora, emprededora y soñadora, libre de ataduras y de convencionalismos…por eso…por eso te amo…
Se acercó lentamente a Alicia haciéndola temblar…sus labios se posaron suavemente sobre los de ella curveándose con ternura generando una corriente eléctrica en ambos. Alicia comprendió entonces que el alma de Tarrant, del Sombrerero Loco estaba en aquel joven lord…que ese era el hombre que siempre había estado en espera de encontrar y ahora la besaba suave y tiernamente…Alicia se abrazó al joven lord correspondiendo también con delicadeza al contacto de sus besos. Se apartaron un segundo sonriendo. El joven le cedió su pañuelo y Alicia lo tomó.
- Perdóname…
- No…no te disculpes…Tarrant.
- Creo que ya me recuerdas, ¿cierto?
- Creo que sí…más de lo que crees…-dijo Alicia.
Pasados un par de días hubo una reunión en la casa de Hong Kong que Alicia habitaba. La reunión al parecer era con motivo de la aprobación del proyecto de la compañía que Alicia iba a presentar.
Todos aquellos caballeros que en su momento se negaron a apoyar a su padre estaban ahí, junto a lord Ascot. Al poco rato comenzaron a charlar.
- Bien, Alicia…todas los viajes mercantes que has enviado a China han ido y vuelto con noticias sumamente benéficas, hemos negociado de una manera extraordinaria, gracias a tu visión- dijo uno de los hombres.
Alicia esperó un momento más y luego añadió:
- Gracias…pero…lamento decirles que no es sólo eso lo que quiero hoy decirles ni comunicarles. Antes que todo, agradezco las lisonjas que esta noche se desviven por darme en razón del trabajo que he venido desempeñando en la compañía…pero sólo les diré que pueden ahorrárselas…
Los murmullos no se hicieron esperar.
- ¿A qué te refieres, Alicia? – preguntó uno de ellos.
- A que esas lisonjas suyas sólo me enferman, tan sólo de recordar cómo rechazaron los proyectos de mi padre, Charles Kinghsley tan sólo porque creían que estaba loco…en su momento nadie lo quiso apoyar…por eso en esta ocasión, un nuevo proyecto llama mi atención…América…la América de ahora…la que tal parece que por momentos han olvidado.
- Lamento decirte- dijo lord Ascot- que creo que tu proyecto no es solamente tuyo.
- Así es…les presento al loco capaz de creer como mi padre lo hiciera hace tanto tiempo…Madison Hataway.
El joven lord apareció en escena causando los murmullos de aquellos hombres.
- Veamos, Madison- dijo un hombre- ¿podemos saber de qué se trata todo esto?
- Señores…Alicia ha decidido apoyarme en el proyecto de comercio con América…y estoy seguro que todo será un éxito…lamento que ustedes tengan una visión equivocada del lugar…y de mí también…pero le agradezco a la joven Kingshley por confiar en mí de esta manera…su visión y mi propuesta necesita ser avalada y espero que puedan ustedes creer en ella…tanto como ella y yo lo hacemos ahora…
Nadie habló hasta que algunos de ellos se ponían de pie y decían:
- Pues, aunque la apoye Alicia…no nos arriesgaremos.
- Bien…en vista de que no quieren aceptar, tendremos que prescindir de ustedes para hacerlo…
Alicia sonrió y luego añadió.
- Así es…
- No Alicia- dijo lord Ascot- no puedes hacer semejante cosa…
- Claro que sí puedo.
Madison hizo una pausa y añadió.
- Bien…ahora aprovecho para hacer algo más, ahora mismo- tomó entre sus manos una pequeña cajita y le mostró un anillo diciendo:
- Alicia…¿te quieres casar conmigo?
Alicia sonrió y respondió:
- Acepto…
Los cuchicheos fueron generalizados. Por fin todos comenzaban a marcharse hasta que lord Ascot repuso:
- ¿Pero qué no ven lo que están haciendo? Señores…este par de jóvenes nos han demostrado que sólo hay que creer para poder lograr algo… y ustedes con sus mentes cerradas no pueden ver más allá de su nariz…Alicia…Madison…tienen mi completo apoyo y si firmo…los señores también tendrán que firmar…
Alicia y Madison se abrazaron fuertemente. Sus más grandes sueños de cumplían por fin.
La boda de los muchachos se llevó a cabo en el Wonder con rumbo a América. A partir de entonces la felicidad no dejó a los jóvenes esposos que confiaron demasiado uno en el otro y en las seis imposibilidades que les ofrecía la vida…
SIETE AÑOS DESPUÉS…
Una pequeña de hermoso cabello dorado jugaba en el jardín de una casa. De pronto volvió corriendo a donde estaba su padre.
- Papito, papito…-gritó la niña.
- ¿Qué pasa, Mirana?- preguntó el padre, que no era otro que Madison Hataway.
- Papito…vi por ahí a un Conejo Blanco…
Madison sonrió y tomó a la pequeña en sus brazos y preguntó:
- ¿Ah sí? ¿Y cómo era tu conejo blanco?
- Tenía corbata, traje…y usaba un reloj de leontina.
Madison dijo a la niña.
- ¿Sabes? Ese Conejo lleva mucha prisa…es un conejo que siempre tiene cosas que hacer…¿qué te parece si comenzamos a creer en ciertas imposibilidades en lo que llegamos la mesa junto a mamá?
- Claro, papito- repuso la pequeña de cabellos dorados.
Dentro Alicia los esperaba.
- Listo…a desayunar…
La pequeña reía ante las imposibilidades que el padre proponía y los cuentos que le contaba.
- Entonces…aquella niña llegó a una gran mesa de té y encontró al Sombrerero Loco…él conocía muchos acertijos y le gustaba mucho celebrar el no cumpleaños…
- ¿No cumpleaños?
- Sí…como hoy…hoy es tu no cumpleaños, pequeña…
Alicia los observaba con suma emoción.
Al finalizar el desayuno la pequeña salió de nueva cuenta al jardín, justo hacia donde había corrido el Conejo Blanco.
Alicia dijo a Madison.
- Le cuentas esa historia, como si hubieras estado ahí…
Los ojos de Madison brillaron extrañamente y dijo:
- Tal vez…realmente lo estuve…
FIN
