Yho Yho! Lamento la tardanza, han pasado muchas cosas en muy poco tiempo y es un poco difícil escribir si no hay inspiración. Por suerte encontré estos fics tan graciosos llamados "He de divertirme", "Una no muy saludable obsesión" y "Beautiful Wish" de Fullmetal Alchemist, todos de la genial escritora LitheX. Son taaaaaaaaan graciosos, geniales y bien redactados que me impulsaron a escribir este intento de comedia (conste que mi humor es negro y no soy muy graciosa que digamos). La segunda parte de Verano, tardará un poco más. Falta una partecita que tiene mucho humor, por lo que me ha costado considerablemente. Y me niego a publicar algo porque sí, quiero que disfruten de cosas buenas, no de cosas. Esperes un poco y les prometo que lo disfrutarán. Como sea, quedé bastante satisfecho con este y lo dedico a todas las personas que me han dejado R&R, sobre todo a Luci, a quien la animo para que continúe con "Cálida tentación", la cual recomiendo altamente. Ánimo, tocalla, disfruta esto! Fiebre

Estornudó, lo cual le acarreó un insoportable dolor en la garganta. Hubiera gritado de no ser un Uchiha y las posibles secuelas (terribles secuelas) que eso ocasionaría. Quería conservar su voz.

Abrió los recientemente pesados párpados con cansancio para mirar la hora en el reloj de su cómoda, las pupilas negras rodeadas de venitas rojas: tenía los ojos inyectados en sangre, llorosos además. Eran las diez de la mañana. Las cortinas de su habitación estaban corridas, dejándolo todo a oscuras. Intentó levantarse, gruñendo por el dolor que le causaba hacerlo.

Un pitido que le perforó cruelmente los oídos se escuchó bajo la cama. Se tumbó rudamente otra vez y se cubrió la cabeza con la manta.

-Maldición.

El dolor en su garganta y cabeza aumentó. Bajó una mano, sacándola por debajo de la sábana, hasta el piso. Tanteó torpemente para dar con su móvil, cuya pantalla todavía brillaba. Era un mensaje.

Ni se te ocurra moverte de allí.

-Estúpido Itachi... –siempre tres pasos adelante.

Dejó que el aparatito de la discordia se deslizara entre sus dedos para terminar en el piso otra vez. Resignado, tanteó de nuevo en busca de la toalla húmeda dentro de una pequeña vasija con agua. Un par de pequeños cubitos de hielo flotaban a la deriva.

Alzó la toalla, la escurrió con una sola mano, haciéndolo mal (no tenía fuerzas), y la llevó a su frente. El agradable frío contra su ardiente piel le hizo suspirar aliviado. Al poco rato movió la toalla, girándola. Sudaba, tenía frío, tenía la impresión de que lo habían apaleado mientras dormía y le dolía terriblemente la garganta. Si mencionar que estaba mareado, cansado y no podía dormirse.

Al menos, se dijo arrugando la boca en la mueca Uchiha número tres (N/A: Oh, vamos, que yo también hago eso, son en total cuatro las muecas "Viana": el asco, la inconformidad, el desdén/desazón y el ligero odio/aborrecimiento/desagrado... Realmente no soy una mala persona, yo no elegí mis genes ¬.¬), no deliraba. Eso sería el colmo, la última vez, Himura Kenshin, uno de sus personajes favoritos, y un dragón plateado entablaron una muy interesante y culta conversación con él. Kakashi lo grabó todo, incluyendo sus balbuceos.

Aquello fue el peor mes de su vida.

Carraspeó dolorosamente. Sacó fuerzas de donde no tenía y, milagrosamente, pudo levantarse de la cama. Entonces una serie de eventos desafortunados se desató: Apartó las sábanas y un viento helado sopló de la nada por su ventana, elevando la cortina en el proceso, el frío en su maltrecho cuerpo aumentó casi cruelmente, la luz del sol derritió sus retinas, unas criaturitas de origen desconocido empezaron a jugar guerra de almohadas con las partes de su cerebro y el estómago se le contrajo como si fuera una mujer embarazada.

Al menos, no vomitó. Casi.

Tomó un suéter para aplacar el frío, maldiciendo sin descanso el piso de madera prácticamente congelada bajo sus pies, maldijo de paso a Itachi, Obito, Kakashi y Sai, quien no tenía nada que ver. Pero no importaba.

Tambaleante salió de su alcoba y atravesó el pasillo con el fin de bajar las escaleras. Necesitaba un té y lo necesitaba ya.

Oh, pero su plan se desmanteló en una jugada del sucio destino que lo odiaba: Las escaleras, las desgraciadas escaleras. Lucían tan empinadas, largas, interminables, cambiantes y temibles que, de nuevo, creyó tener trillizos en el estómago. Quedándole un sabor amargo en la garganta se aferró lo más firmemente que pudo al barandal de la escalera y, armándose de valor, descendió por ella. Bueno, había que admitir que a ese paso moriría.

Malditas escaleras, ¿quién las puso ahí? También maldijo al arquitecto de la casa. Y a Sai, por supuesto.

Tocar con sus pies desnudos el primer piso fue tan grandioso que deseó llorar de la alegría y rezar a Kami-sama en agradecimiento. Pero él era Uchiha Sasuke, así que no lo haría. Caminó arrastrando los pies hasta la cocina, malditamente iluminada, por lo que gritó como si un demonio lo poseyera y se tiró contra la pared de la sala, junto al marco de la puerta. Después lo lamento. Las criaturitas de origen desconocido volvieron a sus andanzas, esta vez pateando y martilleando las paredes de su cráneo. Y, cómo no, maldijo a las criaturitas y a Sai.

Cubriéndose los ojos con la mano, apretó la mandíbula adentrándose de nuevo en la cocina, evitando ser cegado de nuevo. Le gustaban sus ojos y lo que podían hacer. Sus torpes dedos rozaron la tela de la cortina y la corrió de un tirón brusco, por lo que estuvo a punto de caerse. Lo que sí cayó fue una lluvia de polvo.

Oh, oh. Qué mala suerte.

Maldito Sai, el polvo, el resfriado y... Sai.

Tras agotar el suministro de servilletas en la cocina, puso a hervir el agua que Ai (dudaba que hubiera sido Ai, pues no se le permitía tocar la estufa, además no era lo suficientemente alta. ¡Pero él quería creer que era Ai, por los Dioses!) dejó amablemente en una tetera sobre la hornilla y sacó de la despensa una cajita con bolsas de té de manzanilla.

Bendita sea Rin, la doctora-no-tan-genial-como-Minato-por-hacer-miserables-a-Obito-y-Kakashi. Había un limón convenientemente cerca de un cuchillo y una de sus tazas favoritas, esa azul rey con un gato de ojos grandes y siniestros que saltaba cómicamente. Lo cortó a la mitad y exprimió una de esas partes sobre la taza. Para eso sí tenía fuerzas.

Buscó el azúcar, sirvió dos cucharadas para no escupir el té cuando el agua empezaba a hervir. Agradecido lo vertió en la taza finalmente. Regresó la olla con cuidado de no quemarse a su lugar y observó cómo poco a poco el agua se tornaba oscura.

-Apresúrate, vamos, date prisa –el tic en la ceja y el párpado regresaron al mismo tiempo-. Maldición, ahora le hablo a una bolsa de té. He caído bajo...

-Sí, así es pero nunca has querido admitirlo.

Decir que pudo haber muerto de un infarto sería quedarse corto.

Insultó a la persona asomada por la ventana como si no hubiera un mañana. La falta de aire por la congestión nasal empeorada por gritar mucho tiempo seguido, las malditas-criaturitas de origen desconocido a quienes quería poner nombre y la luz que entraba a chorros por la ventana estuvieron muy cerca de matarlo o dejarlo en coma por el dolor.

-¡Oh, mierda, Sasuke!

El susodicho farfulló débilmente algo, la cabeza y el piso dándole vueltas, con quintillizos esta vez. Aspiró desesperadamente aire para calmar su estómago. Al abrir los ojos reconoció el techo de su habitación y la textura blanda de su ahora muy adorada cama. Tiritando se acurrucó bajo las sábanas, con los músculos chillando por el dolor que eso causaba.

-Quédate quieto y no te muevas mucho. Ten, antes de que se enfríe.

Reconoció esa voz y experimentó ira, vergüenza y felicidad en un instante. Las insanas-malditas-criaturitas de origen... Bien, esas, a las que había decidido llamar Pain (Sufrimiento), Hurt (Dolor) y Evil (Mal), volvieron a la carga. Qué laboriosas.

Una mano se coló entre la almohada y su cabeza, obligándolo a levantarla. Le sonrieron con dulzura y sorna, cosa que no sabía que se podía hacer, acercando la taza de té a sus labios.

-¡Está caliente!

Cinco minutos después, Sasuke tomaba su taza sentado precariamente en la cama. Posó un hielo en sus labios y se la entregó a la otra persona, quien le ayudó con delicadeza a recostarse de nuevo. Tenía tantas ganas de cerrar los ojos y dormir hasta los treinta... Suspiró aliviado cuando la fría toalla fue colocada sobre su frente, bien exprimida y doblada.

-Baka, podrías haberme dicho. Tuve que enterarme por Otou-san.

-¿Cómo es que lo sabe Minato-san? –preguntó adormilado. Naruto, que dejó de acariciar con ternura la mejilla caliente y sonrosada de Sasuke con un dedito, tomó aire. Sasuke supo en medio de su sopor que no debió haber preguntado.

-Obito, digo Tobi, le dijo a Hidan quien se lo dijo a Kakuzu quien se lo dijo a Konan, la cual se lo dijo a Pein que ya lo sabía porque Itachi le dijo a Deidara, quien le dijo a Sasori quien se lo dijo a Pein. Pein llamó sorprendido a Kakashi, quien lo confirmó, decidiendo llamar luego a mi otou-san quien se lo dijo a Rin que le dijo que alguien debía cuidarte, entonces llamó histérica a Obito y Kakashi por dejarte solo, quien me dio un pase y me ordenó venir aquí pero como no me dijo nada me dijo que llamara a otou-san y él me dijo que estaba bien que viniera.

-Quiero morir.

El destartalado, adolorido y hecho pedazos cerebro de Sasuke saluda cordialmente a Hurt, Pain y Evil, invitándolos a presenciar el nacimiento de los sextillizos del señor Uchiha Sasuke.

Soñó que estaba en un lugar hecho de almohadas, peluches y superficies acolchadas. Saltaba, rebotaba y tropezaba de la nada. Era muy feliz allí, se sentía fabuloso junto a Himura Kenshin, quien le hablaba de katanas, hasta que un zorro inmenso de nueve colas y sonrisa sardónica apareció y empezó a perseguirlo con intenciones de comérselo. Kenshin se había transformado en Kakashi, el cual recitaba párrafos pervertidos de su mil veces maldito y pervertido libro.

Despertó sobresaltado, la bilis en la garganta y ganas de matar a Kyuubi por ninguna razón en particular.

-Sasuke!

Naruto fue a su lado, visiblemente asustado por el rudo despertar del muchacho. Trató de tranquilizarlo, frotando enérgicamente su espalda, y acercándole un vaso con agua.

-¿Qué te pasó?

-Una pesadilla... o algo por el estilo.

-Estás sudando y tiritando mucho. ¡Y estás ardiendo!

-Debería darte un premio por tal muestra de genialidad –ambos gruñeron.

-No sé ni para qué me preocupo. Eres un amargado malagradecido y... –un quejido le interrumpió. Volvió a inclinarse sobre Sasuke, que apretaba su cabeza entre las manos-. Sasuke!

-No grites, por favor –musitó adolorido. Y Naruto se sintió ligeramente culpable. Apartó el cubrecama y pasó un brazo por debajo de los hombros de Sasuke, haciendo que su peso cayera sobre él-. ¿Qué... haces?

-Tranquilo. Cuando me enfermaba, Iruka-sensei, tou-san o baa-chan me hacían tomar baños porque alivia rápidamente de la fiebre. Tomarás un baño.

Mentira... Naruto no se estaba dirigiendo... Naruto no pudo haber dicho... Él...

¡Bingo!

Sí, Naruto le ayudaba a desvestirse dentro del baño tradicional japonés y él... Bueno, ponía todo su empeño en hacer la tarea más fácil. Oh, por favor, Kami, que nada vergonzoso pasara. Porque no estaba en condiciones de solucionarlo.

Tomó asiento en un taburete para que Naruto empezara a mojarlo con una cubeta. Se había quitado la chaqueta del instituto la camisa blanca, quedándose con una negra de mangas cortas con el logo de uno de sus mangas favoritos estampado en el pecho. Se sentó a su lado y lavó su cabello, procurando ser cuidadoso en sus movimientos.

-Hace frío.

-Tú tienes frío. Espera un poco, pronto te pondrás mejor.

Cerró los ojos. Bien, hacía frío, Pain, Hurt y Evil no estaban dispuestos a tomar vacaciones, posiblemente tendría gemelos, le dolía la garganta como si se hubiera tragado un cuerpo espín pero... Demonios, aquello se sentía muy bien. Las manos de Naruto limpiaban con cuidado su cabello, sin jalarlo y mover demasiado su cabeza, por lo cual no le dolía tanto como él esperaba.

-Voy a quitarte la espuma. El agua está un poco fría, no me vayas a insultar.

Parsimoniosamente enjuagó su pelo y lo guió, ofreciéndole su cuerpo para apoyarse y evitando mirarlo directamente, hasta la bañera. El agua estaba tibia y turbia, por lo que pensó que Naruto le había puesto sales o hiervas. Lo sabía porque podía oler el olor que despedía.

-Con cuidado –dijo el rubio, ayudándolo a entrar en la tina. Buscó cobijo bajo el agua, aunque esta le hiciera temblar también-. No puedes bañarte en agua caliente porque sencillamente no funcionaría. Obaa-chan y otou-san nunca estaban en casa, baa-chan incluso se fue a vivir a Tokio cuando yo era un niño por lo que, si me enfermaba, debía cuidarme solo. Iruka-sensei tenía cosas que hacer y no podía ocuparse de mí siempre, mi abuelo tampoco se detenía mucho en casa. Como tenía mucho frío, me bañaba con agua caliente. Me reñían mucho por esto, ya que la fiebre se mantenía por bastante tiempo.

-Hn... –murmuró pensativamente. La boca de Naruto se arrugó.

-No hablemos de cosas tristes. Sal un poco: te tallaré la espalda.

Obedeció en silencio, sintiendo las manos de Naruto limpiar cuidadosamente su piel. Pasó la esponja de baño por sus hombros y cuello en movimientos circulares, relajando la dolorosa tensión en los músculos. Gimió de alivio y Naruto paró de pronto.

-¿Qué pasa?

-Por favor... –farfulló torpemente-. No vuelvas a hacer eso.

-¿De qué hablas?

-Ese sonido.

Se mordió la lengua. A veces el dobe tenía buenas ideas... Sí, y él una imaginación demasiado volátil. Apretó firmemente los labios, mordiéndose la lengua además. Permaneció quieto hasta que Naruto le pidió que levantara los brazos para tallarlos también y le dejó la esponja para que él terminara.

-Voy a buscarte ropa y una toalla. Tú ocúpate del resto. Regreso en un momento.

Sacudiendo las manos, Naruto le escrutó unos momentos. Apartó el pelo húmedo de su cara y le plantó un beso sobre la mejilla, junto a su ojo.

-Nadie debería verse tan bien.

Sasuke se apresuró en lavar su pecho y piernas. Verdaderamente, le parecía estúpida su actitud, pero hacía tiempo que no lo... hacían. Sabía que cualquier contacto demasiado íntimo entre ellos podría terminar en instintos desbocados, cosa que su propio cuerpo rechazaría y le avergonzaba la idea de quedar así frente a Naruto quien, muy seguramente, haría de todo por aparentar que nada ocurría cuando era más que obvio esas ocasiones.

Namikaze le trajo una yukata azul, un boxer y dos toallas calentitas. Con su ayuda regresó a la cama, donde se sentó a tomar té, unas medicinas por órdenes de Rin (su casa parecía una farmacia, pero la mujer era la casi oficial doctora de los Uchiha) y esperar a que su cabello secara.

Encendieron el reproductor de música para pasar el tiempo, si bien Sasuke insistió a Naruto que trabajara en el informe de historia para la semana entrante. Lo hizo a regañadientes pero logró convencer a Sasuke de que le prestara sus apuntes para ello. Con un poco de suerte y ayuda de Shikamaru, obtendría buenos resultados.

De pronto, Naruto recordó algo, casi dejando caer el termómetro que indicaba los treinta y ocho grados de fiebre de su amigo.

-Por cierto, mira lo que me gané en una de esas máquinas que dispensan huevos.

-¡¿Huevos?!

-Sí, ya sabes, esas en donde metes una moneda, accionas un botón y sale una esfera o un contenedor de plástico en forma de huevo y tiene premios dentro –explicó Naruto tranquilamente, buscando en su mochila hasta sacar una esferita de plástico transparente con algo de color naranja dentro. La apretó entre los dedos y cedió, abriéndose por la mitad. Naruto sacó entonces un cubo de vistosos colores de apariencia gelatinosa, sonriendo infantil y (en opinión de Sasuke) estúpidamente.

-¿Qué es eso? –preguntó receloso, hundiéndose en las cobijas, como si tratara de protegerse de un gran mal que lo acechaba (grandioso, el idiota de Sai tenía razón: iba a necesitar terapia después de todo).

-Un cubo de colores.

-¡Eso lo puedo ver! A lo que me refiero es qué es eso. –Por fin, Naruto pareció entenderlo. Asintió y lanzó el objeto gomoso a la pared. Sasuke se sobresaltó pero en seguida su rostro mutó a una expresión de incertidumbre y paranoia, como si la cosa que se había quedado pegada a su pared y que poco a poco bajaba por ella pudiera explotar.

-¿No es simpático dattebayou? ¡Tócalo! –si bien no fue una pregunta, tampoco fue una sugerencia. Un sonriente Naruto aplastó el juguete contra su rostro, como si debiera ser divertido. Sasuke se estremeció y el estómago le dio un vuelco. Moviéndose más de lo que debería se agitó entre la sábanas, buscando alejarse un poco del rubio.

-¡Aleja eso de mí!

-Creo que la fiebre te pone más insoportable, teme –comentó entre burlón y tentativo, seguro de que podía saltarle encima si lo insultaba demás. Por supuesto, Sasuke lo miró de forma asesina, con una mano apretando su cabeza y la otra usando la sábana para escudarse-. Tranquilo, no hace nada. Se siente así porque es pegajoso, para que pueda adherirse a cualquier superficie. Eso lo hace tan divertido.

-¡No veo qué pueda tener de divertido algo así! Ahora, no me molestes, usuratonkachi, y tráeme más té, yo... –no pudo seguir hablando, tuvo un repentino acceso de tos. Con la culpabilidad martilleando su conciencia, Naruto lanzó por sobre su hombro al viscoso cubo de colores rápidamente para acercarse a Sasuke y darle agua.

-Sumimasen ttebayou. Cielos, más que insoportable sería frágil. ¡De acuerdo, lo siento, no me mires así! Mira, tiéndete, respira profundo y espera aquí, buscaré algo de té. Enseguida regreso.

Obediente pero notablemente de mal humor, Sasuke volvió a acostarse, dejando que Naruto lo arropara como lo haría un padre con su hijo. Revisó su temperatura, apartó algunos cabellos húmedos de su frente y la besó. Sasuke lo miró muy impresionado. Eso había sido... dulce.

-Ya lo sabes, no te muevas.

Una hora después, mientras Naruto copiaba los deberes de historia (Sasuke no debería dejar sus cosas tan desprotegidas), vio que Sasuke se había dormido. Lucía tan apacible e indefenso que no pudo evitar rozar con sus deditos curiosos las mejillas y frente ya no tan calientes. Mojó la toalla que utilizaba para bajarle la fiebre y tuvo la irresistible necesidad de tenderse a su lado.

Dejó los cuadernos descuidadamente en la mesa y se subió a la cama a gatas, con cuidado de no despertarlo. Apartó la frazada para que Sasuke pudiera moverse a gusto y, apoyando el codo en la cama y la cabeza en la mano, se dedicó a observarlo, sus dedos regresando a la tarea de tocar como si de un cristal se tratara la piel del chico.

Respiraba con cierta agitación, haciendo un sonidito ronco con la garganta.

Naruto de pronto fue víctima de otra tentación.

Con la cara tan roja como la del enfermo y una sensación de poder increíble, se acercó a él y empezó a besar pausadamente sus labios: sabía a manzanilla. También besó sus mejillas, párpados y nariz. Cuando estuvo a punto de besar su frente, Sasuke se removió, tiritando ligeramente, para acercarse a él, seguramente buscando su calor.

Ahora Naruto creía que se iba a desmayar. Sasuke lucía tan... Uke.

Okay. Tal vez debería alejarse de esa línea de pensamiento antes de que quisiera hacer cosas. Lo rodeó, sintiéndolo frágil e indefenso, entre sus brazos. Sasuke ocultó la cara en su pecho y se acurrucó igual a un niño pequeño. Oh, apenas se mejorara ellos...

-Naruto... –musitaron sus labios resecos. Naruto besó su sien, presa de la ternura.

-Hola. Está bien, te prometo que te pondrás mejor –lo observó por unos segundos y ladeó el rostro, diciendo a la nada pensativamente-: ¿Con qué estarás soñando?

-Usuratonkachi...

-Baka –gruñó, ya no tan tierno.

-Ven...

-Eres toda una caja de sorpresas.

Sasuke ya no dijo más. Se acostó completamente abrazándolo y viéndolo dormir hasta que él mismo cayó dormido.

-Oh, qué cuadro tan tierno.

No estaba muy cómodo y su subconsciente le mantenía alerta a causa del estado de Sasuke. Abrió los ojos, bostezando, para mirar a la persona dueña de esa voz. Kakashi le sonreía socarronamente desde la puerta, con el móvil en alto, seguramente la opción de cámara fotográfica abierta, con Ai tímidamente asomada detrás de él, muy roja.

-Ai-chan, Kakashi-sensei... –murmuró, con un hilillo de baba en la comisura de los labios. Sasuke se removió, apegándose más a él. Ai apartó el rostro, roja como las cerezas que tanto le gustaban.

-Moshiakarimasen –musitó escondiendo sus grandes ojos tras sus manitas.

-Ai-chan, preciosa, no apartes la vista. Se supone que a las chicas les gusta eso, ¿no?

Listo. Con eso despertó.

-¡¿QUÉ DIABLOS ESTÁS DICIENDO, PERVERTIDO?!

Cinco minutos más tarde...

-¿Cómo te encuentras, Sasuke-niisama? –preguntó solemne Ai, junto a la cama de su hermano, quien gruñía con el ceño fruncido y la boca en un rictus de ira.

-Mucho mejor, Ai, gracias. Me duele un poco la cabeza. ¿Podrías alcanzarme los analgésicos que están en la mesa y un vaso con agua?

-Por supuesto, Sasuke-niisama.

-¿Por qué a ella la tratas tan dulcemente y a nosotros nos has hecho esto? –fulminó a Kakashi con una mirada Made-In-Uchiha de las más iracundas. El hombre, por supuesto, no se amedrentó, no convivió con ellos durante todos esos años para nada. Resultaba ser bastante inmune para que le molestaran.

-Porque ella no está tomando fotografías indebidas, ni alterando la paz ni gritando a mí oído. –Naruto le sacó la lengua con odio, el mismo bulto que tenía Kakashi adornando su nuca.

-Esa no era razón para destrozar la cámara de mi celular.

-Créeme, no te hará falta. Gracias, Ai.

Ai tomó asiento a un lado de la cama, Sasuke quitó sus piernas para hacerle espacio. Refunfuñando, Namikaze se recostó de espaldas en el piso, con los brazos fungiendo de almohada. Kakashi lo miró por sobre la mesa de la alcoba de Sasuke y de pronto recordó algo, el chichón desapareciendo de pronto. Ai encontró esto sumamente interesante, adivinó su hermano, pues parpadeó repetidas veces con la vista fija en Kakashi.

-Sakura me pidió que les trajera esto a los dos. Son los deberes del día. A mí me basta que el reporte de literatura que mandé sea oral, no se lo diré a nadie.

-¿Reporte de literatura? –Naruto se volvió a sentar.

-Sí, como te fuiste antes no alcanzaste a escucharlo. Es sobre la corriente literaria que vimos hoy. Podemos hacerlo en cualquier receso de esta semana.

-¿Qué haces aquí?

-Sasuke, en serio, deberías considerar eso de ser más educado. Prácticamente te crié.

-Sí, si llamas criar a hacerme entrenar como loco y recitar novelas idiotas que te deba demasiada pereza leer. Ni hablar de hacerte la cena.

-Suena mal si lo dices así.

-¡No podría sonar de otra forma!

-Te ves mejor –el mal humor de Sasuke se vio momentáneamente aplacado para ver a Naruto. El rubio tenía una sonrisa ligera y satisfecha en su rostro, usando las manos como soporte de todo su peso en el piso.

-Sí, creo que ya no tengo fiebre.

-Ai, dulzura, dale a tu hermano el termómetro –pidió Kakashi, quien solía tratar a Ai como si fuera su propia hija. Era bien sabido por todos lo allegados a la familia que Kakashi tenía una cierta conducta de padre para con los tres hermanos Uchiha: era literalmente un maestro para Sasuke, consentía a Ai con regalos y mimos y volcaba muchísima atención en Itachi. Tras unos tres minutos en completo silencio, donde Naruto se dispuso a hojear las asignaciones del día con una mueca más pronunciada cada vez, preguntó-: ¿Y bien?

-Según esto tengo treinta y siete grados.

-Es bueno saberlo.

-Maldición, degeneradas fórmulas químicas... ¡Qué bueno, teme!

-Dobe, no uses esos términos frente a Ai.

-Tú eres el que me dice usuratonkachi todo el tiempo.

-Oh, una discusión de pareja. ¿No es interesante, Ai, linda?

-Yo... –Ai parpadeó varias veces de forma consecutiva, tiernamente ruborizada. Sasuke cubrió sus orejas con las manos, chillándole a Kakashi con terrible mal humor.

-¡Degenerado, acaba con eso!

-Qué sensible –rió Kakashi encogiéndose de hombros-. Naruto, a veces te compadesco. No quiero ni imaginarme cómo se pone mientras...

-¡PERVERTIDO KAKASHI-SENSEI!

-Mira, Ita-chan, parece que se han divertido mucho –canturreó Obito, entrando en la cocina.

-Chichiue, Obito-jisama, Rin-sama, okaeri nasai –saludó Ai acercándose para que le acariciaran la cabeza: la costumbre entre ellos.

-Hola, Ai-chan. Lamentamos volver tan tarde.

-Obito de nuevo se entretuvo innecesariamente –dijo Itachi interrumpiendo al otro, llevándose a su hija por los hombros de regreso a la mesa-. Naruto-kun, le prometí a Deidara dejarte en casa a las nueve.

-Oh, thank you! –hizo una seña graciosa con la mano en la frente, como un saludo militar. Se giró en dirección a Kakashi para apuntarlo con un cucharón amenazadoramente-. ¡Aparta las manos, Kakashi-sensei!

-¿Cómo te encuentras, Sasuke-chan?

-No me digas chan...

-¡Qué bueno, estás mejor! –Obito también se sentó en la mesa, con mucha comida china a domicilio dispersa por todos lados. Itachi sentó en sus piernas a Ai. En la mesa de la cocina, alta como las occidentales, sólo había espacio para seis personas y una de las sillas estaba ocupada con más bolsas para dejar espacio a la comida-. Huele delicioso, Naruto-kun.

-Sasuke, abre la boca, por favor –pidió Rin, inclinándose hacia él con una linterna de bolsillo-. ¿Cómo te has sentido?

El chico tragó saliva cuando ella lo dejó cerrar la boca.

-Las píldoras han surtido efecto.

-¿Has tomado té?

-Sí, y le puse limón.

-Muy bien hecho. Naru-kun, has hecho un buen trabajo hoy, gracias por cuidarlo –sonrió Rin de la manera más encantadora. Un segundo más tarde miraba con verdadero enojo a los parientes adultos de Sasuke y a Kakashi-. Ustedes, idiotas, deberían sentirse avergonzados.

-¡Rin-chan, por favor, deja de fruncir el ceño, Tobi es un buen chico! –gimoteó Tobi escondido detrás de un pollo cantonés-. Rin-chan se ve mucho más linda de buen humor.

Kakashi desistió de su intento de robar los vegetales salteados que cocinaba Naruto para mirar a sus dos mejores amigos. Suspiró cansadamente y se recostó de la encimera. Naruto susurró por lo bajo, apagando el fogón y percatándose de lo sonrojada que estaba Rin:

-¿Estás bien?

-Sí, sí. Estoy bien.

-Tou-san estará libre este fin de semana...

-Creo que me daré un paseo entonces por tu casa.

-Oe, dobe! ¿Ya están listos los vegetales?

-¡No me digas así, teme!

-No toleraré que digan esas cosas con Ai presente. Obito, contrólate y suelta a Rin-san.

-¡Tobi es un buen chico!

-¡Sasuke, no grites! Lastimarás tu garganta. ¡Naruto, ten cuidado, podrías quemarte!

-¡Rin, no te molestes! Has debido verlos esta tarde: vaya pelea de pareja.

-¡Qué dices, mal nacido!

-Ita-chan está enojado. ¡No, Ita-chan, Tobi es un buen chico!

-¡Itachi-kun, no quiero tener más pacientes!

-¡Dobe, esos son mis fideos!

-¡Eres un malagradecido! Y yo que acabo de hacer estos vegetales. ¡No comerás!

-Nani?! No digas idioteces, usuratonkachi.

-Tobi, pásame de esas fotos cuando las reveles.

-Ka-chan, Rin-chan nos está mirando feo. ¡Por qué, si Tobi es un buen chico!

-Chichiue... –llamó bajito Ai, en medio del alboroto que se sucedía en la cocina. Itachi le dio con sus propios palillos un poco de chotsuei, en señal de que la escuchaba. Ella tragó y lamió sus labios-. Me gusta.

-Le diré a Kakashi que compre más a menudo.

-Iie.

-Oh, dices...

-¡Kakashi, Obito, dejen a los muchachos en seguida!

-Rin, tómatelo con calma y baja ese cuchillo, vamos.

-¡Tobi es un buen chico!

-¡Deja de tomar fotografías, desquiciado!

-¡Mi lumpia, Kakashi-sensei, te la has comido!

-¡También se comió la mía!

-Sasuke, tú estás enfermo, no la necesitas.

-¡Esas son excusas baratas!

-Me gusta esto –Itachi apoyó su peso en la espalda de su hija, acercándose para que pudiera escucharlo susurrar.

-¿No prefieres cuando Haku viene a visitarnos?

Ai ladeó la cabeza pensativamente, abriendo los rojos labios para comer más. Su padre le cubrió los ojos justo a tiempo para evitar que viera cómo Rin perdía los estribos y descargara dos fuertes puñetazos en la nuca de sus dos amigos. Apartó las manos y le dio más comida.

-Haku-sama es muy bueno conmigo. Invitémoslo la próxima vez.

-Me parece perfecto.

-Sasuke-kun, tómate mañana por la mañana esta medicina y después de cada comida estas vitaminas por una semana.

-De acuerdo –Sasuke tomó los frasquitos y cajas con medicinas e inclinó la cabeza en agradecimiento. Rin asintió enérgica y sonriente.

-Por favor, toma reposo. Si mañana no te sientes en condiciones para ir al instituto no dudes en faltar y, en caso de que agrave, lo cual dudo pues eres un chico muy sano, llámame que me pasaré por aquí en cuanto pueda.

-No le digas eso o lo usará como excusa para faltar.

-Yo no soy el que vive de excusas y es un incumplido –gruñó Sasuke, mirando con ira a Kakashi. El hombre se limitó a encogerse de hombros en esa actitud que repateaba y se giró a Rin.

-Andando, Rin.

-Sí, tengo que alimentar al gato... Sa, dewa matta, minna!

Todos se despidieron de ellos, viéndolos entrar en el auto de Kakashi. Naruto apareció por el pasillo con sus cosas y una bolsa con sobras de la comida china que Obito le había obligado a aceptar. Se despidió de la soñolienta Ai, cuyos párpados amenazaban con cerrarse desde la espalda de Obito, quien, en su faceta tranquila y madura, fue a acostarla.

-Teme, has todo lo que dijo Rin-neesama. Espero verte mañana. ¡Por cierto! Tomé prestado tus apuntes de química, espero que no te importe.

-Desgraciado dobe... –Sasuke suspiró, estaba agotado y no tenía ganas de discutir. Naruto, que lo conocía tan bien, lo notó. Se aproximó sorpresivamente a él, besando breve pero rudamente sus labios. Sasuke medio sonrió después de eso.

-De nuevo, gracias por llevarme, Itachi-san –Itachi asintió galantemente, del lado externo de la entrada. Sasuke pudo escucharlo aun con la puerta cerrada de por medio.

-Para mí es un placer, Naruto-kun. Ahora, estaba pensando en que vinieras más seguido, ver a mi otouto-kun con cara de idiota descerebrado es simplemente entretenido.

-¡Bastardo! –le dio tiempo de gritar a Sasuke, retirándose avergonzado a su habitación. Maldijo las escaleras, porque estaba mareado y cansado, a Itachi, al pervertido de Kakashi, a la fiebre, a Hurt, Pain y Evil (ya les empezaba a tomar cariño pero seguían importunando mucho) y (cómo no) a Sai.

Contestó varios mensajes de texto de Sakura, Ino y Haku, quienes habían llamado por la tarde para saber de él. A las dos primeras les contestó escuetamente, alejando preocupaciones innecesarias. En cuanto a Haku... Le dijo que debía tomar vitaminas, guardar reposo y que le dolía ligeramente la cabeza. Habló un rato con él, en el teléfono del pasillo en la planta alta. La dulce voz del muchacho le relajó inmensamente, le prometió prepararle un almuerzo saludable para la mañana a través de Sai y las infames criaturitas de origen desconocido se tomaron vacaciones.

De mejor humor, se dirigió al baño para lavarse los dientes. Se sorprendió de ver que Obito cambiaba las sábanas de su cama por unas nuevas.

-Hola. Espero que no te moleste. Rin nos hacía hacer esto siempre que enfermábamos. Decía que olían a enfermedad y un cambio de aires nos haría mejor –Sasuke no supo qué decir. Balbuceó algo, turbado y conmovido por el acto cariñoso de su tío (o lo que fuera Obito de él). Palmeó su cabeza con suavidad al pasar por su lado para dirigirse a la puerta, deseándole buenas noches.

-Obito –musitó. Acostumbrado a los tonos bajos de voz que usaban los tres hermanos, Obito escuchó claramente a Sasuke, esperó a que él hablara, sonriendo discretamente-. Gracias.

-No hay de qué, hijo. Descansa.

Ya cambiado y bajo las sábanas limpias, que despedían un suave olor que evocaba recuerdos de su infancia, escuchó a Itachi entrar a la casa, subir las escaleras y entrar en la habitación de Ai. Cerró los ojos, tratando de dormir, contento por las sensaciones agradables que revoloteaban en su estómago, cuando escuchó la puerta abrirse. Permaneció inmóvil, aun cuando el colchón sucumbió a un peso.

Las manos de Itachi se perdieron por su cabello, bajaron por su cuello y se detuvieron en la frazada, con la que lo arropó mejor. Sin decir nada, su hermano mayor se retiró, tan callado como era, dejándolo con ganas de echarse a llorar.

Las manos de Itachi eran grandes, callosas como las de su padre, pero delicadas y tiernas como las de su madre. Sonriendo en la intimidad de su oscura alcoba, se dispuso, ahora sí, a dormir. Tendría que ir a clases mañana para ponerse al tanto, haría los trabajos y tareas en los recesos y comería el delicioso almuerzo preparado por Haku.

Sinceramente, nada podía arruinar ese momento.

Sí, claro.

Algo frío, viscoso, pegajoso y gelatinoso se pegó de pronto a su cara, aplastando su mejilla. Su primera reacción fue abrir los ojos muy grandes, luego temblar del asco y el susto, y después levantarse de golpe, arrojando la sábana a un lado.

Naruto estornudó fuertemente mientras vaciaba la mochila de la escuela, en busca de su cubo de colores. Deidara entonces lo llamó desde la planta baja, porque tenía una llamada de Itachi. Preguntándose cuál podría ser la razón para llamar a esas horas, considerando que acababa de irse, atendió.

-Mochi mochi?

-Naruto-kun, lamento importunar pero...

Minato, que casualmente pasaba por ahí, y Deidara miraron preocupados a Naruto por la repentina palidez y temblor que se apropiaron de su cuerpo.

-USURATONKACHI!!

Con que ahí lo había dejado...

Sa, do dai? Debo decir que lo del cubito sí pasó. Mi prima fue a un congreso de odontología y trajo un diente morado de goma todo pegajoso y de dimensiones como un cubo. Lo lanzó a la pared y me lo dio para probar. Fue al baño y cuando regresó, yo miraba muy interesada el techo de su habitación. Ella siguió mi mirada, soltó una exclamación, se hizo para atrás y en eso llegó mi hermana. Ella chilló, creyendo que era un insecto de los que tanto odia pero ambas achicaron los párpados para mi diversión, dándose cuenta de qué era el objeto adherido al techo. De pronto empezamos a reír como posesas, hasta que nos dolió el estómago y nos salieron lagrimitas. Mi prima dijo que más me valía bajar al diente del techo pero señalé que no parecía dispuesto a despegarse. Pensé que hubiera sido todavía más gracioso si se hubiera pegado en el techo justo sobre su almohada, para que mientras dormía o lo intentaba cayera sobre ella. Agregué que apreciaba mi vida y que no lo haría y las tres volvimos a reír. Naruto, por supuesto, no tuvo tanta suerte. Por cierto, este relato ocurre en otoño, alrededor de dos o tres meses después de "Verano". Pienso que el cambio de temperatura podría explicar el episodio de fiebre de nuestro querido Sasuke-bastardo (por ser querido no significa que no sea un desgraciado). Sin más, porque me alargué, les invito a leer el resto de mis fics, comentar, disfrutar de los placeres de la vida (cinco, básicamente: comer, dormir, hacer ejercicio, bañarse y tener sexo. No que yo tenga experiencia con esta última, pero preguntémosle a Naru y a Sasuke bastardo), y leer los tres fics de Fullmetal que mencioné arriba, increíblemente buenos. Chau, gente bonita!! Sasunaru x ever!!

"La naturaleza es mi mayor fuente de inspiración. Nunca dejaré de inspirarmo en la que, para mí, es la mejor artista", Roberto Cavalli.