Romanticide
by Padfoot & Prongs
14/11/05: Gracias Abel Elric por informarnos acerca del pequeño error que se presentaba en el capítulo:3
Chapter II: He's my sin
El día se había pasado fugazmente, cuando al fin el reloj anunció las 20hs. Hasta ese momento, Roy Mustang no había hecho otra cosa más que firmar papeles, intentando distraerse de su labor lo más posible - como siempre, desde luego -. Inclusive, en un momento se dedicó a salir de la oficina como hacía casi todos los días para alimentar a Black Hayate, el cachorro de su ahora secretaria Hawkeye y también a pasear por la ciudad, con la excusa típica de una revisión de los cuarteles inferiores. Su vida de casanova no iba a arruinarse sólo porque alguien como el Fullmetal lo esperaba a la hora de salida del trabajo, no señor.
Fue entonces que a la hora mencionada, sin ningún minuto de más o de menos, la puerta del despacho del General fue golpeada por el mayor de los Elric. El dueño de la misma se acercó a abrirla, debido a que su secretaria ya se había retirado a su hogar hacía ya unos minutos.
- Hola… - saludó el chico, con las manos en los bolsillos y cuidando de no mirar a los ojos a quien tenía enfrente - ¿Llegué muy temprano?
- No, está bien... ya se fue Hawkeye; te esperaba... - una sonrisa maliciosa cruzó sus labios al tiempo que se colocaba su abrigo negro y cerraba las cortinas de la oficina - Espero hayas bebido suficientes tazas de café...
- Uh, hai… - aunque no necesitaba café para mantenerse despierto; debía hacerlo, por Al.
Y, de todos modos, estaba demasiado nervioso como para sentir sueño. No entendía por qué, si sólo iba a conocer el departamento de Roy. Sólo eso.
- "Como si fuera la gran cosa" – bufó mentalmente, cruzando el umbral de la puerta.
- Mh... Raro… - cerró la puerta con llave tras de sí y empezó a caminar por el pasillo con las manos en los bolsillos de su pantalón - "¿Qué diablos le sucede a éste ahora?..."
Con el mismo aire meditabundo, Edward salió del edificio junto con Roy. Los pocos subordinados que quedaban a esa hora les dedicaron una mirada extrañada – ¡no estaban discutiendo! – antes de verles alejarse.
- Vaya, Hagane-no... Estás bastante callado. Un milagro, si me permites decir
- No dormí muy bien anoche, es todo – explicó el rubio y luego añadió, con una sonrisa astuta – Le molesta que esté callado, ne? ¡Eso sí es un milagro!
- De hecho no me molesta; me asusta que es diferente - el otro soltó una risa breve - No es muy común, ¿sabes?
- Oh, como usted diga – sonrió él. Roy había notado que estaba diferente, después de todo. Aquello le ponía de buen humor – Un momento… ¿¡Insinúa que generalmente soy una especie de cotorra rara y molesta?
- Nunca dije eso… aunque no lo niego tampoco - se burló el otro – Pero bueno, espero te mantengas despierto un buen rato para revisar el material de mi biblioteca
- ¡No me voy a quedar dormido! – Aseguró Ed, disgustado – "Vamos, dame un poco de crédito, bakayarou" – De todos modos, ¿hay alguien esperándole ahí? En su casa, quiero decir…
- Mh… a menos que haya alguna de mis admiradoras esperándome en la puerta, no - sonrió – Vivo solo. ¿Por qué?
- Pues, no parece el tipo de persona que vive sola – respondió Ed, observándole – Siempre creí que tenía a alguien a su lado
El militar le devolvió la mirada, aunque de reojo.
- ¿No lo parezco?... vaya. Mucha gente me lo dice en realidad, pero no entiendo por qué lo dicen
- ¿Ellos? No sé – el joven hizo una pausa antes de continuar, volteando a mirar el frente - Pero yo lo digo porque es la verdad; usted es una buena persona, por algo sus subordinados le tiene tanto cariño, así que fácilmente podría encontrar a una persona con quien estar – le miró por el rabillo del ojo y agregó - Supongo que está solo porque así lo desea…
- No porque lo deseo; no encuentro a la persona indicada- sintetizó Roy - además, si hablamos de algo serio, hay tantas mujeres que opinan que ser la pareja de un militar es algo que da protección como las hay que piensan que es malo porque nunca está en la casa, porque puede morir en cualquier momento o simplemente porque creen que las engañan
- Vaya – Edward le dedicó una mirada atónita - ¿O sea que sí está buscando una relación seria? Hontou ni?
- Tampoco dije eso – sonrió en modo galante – Me preguntaste si había alguien en mi casa que me estuviese esperando. Pues bien, sólo a una persona MUY importante le daría las llaves
- Sí, bueno – puso un brazo detrás de su cabeza distraídamente – Supongo que yo haría lo mismo…
- ¿Ah, si?... por cierto, ¿cómo está tu novia? Ésa de los auto-mail - preguntó distraídamente, mientras doblaban en una esquina.
- Uh? ¿Winry? – Tras parpadear confundido por un par de segundos, soltó una sonora carcajada – No es mi novia, ¡cielos! ¿Por qué todo el mundo piensa eso? Ni siquiera estoy seguro de que sea mi amiga aún. Pero supongo que ella está bien
- ¿Y por qué podría ser que ya no sea tu amiga?
- La ofendí al recuperar mis partes biológicas y dejar de usar auto-mail. Ella me lo advirtió… que si lo hacía alguna vez no me hablaría más. Y está cumpliendo su promesa bastante bien – la verdad, todavía no le cabía en la cabeza por qué ella no había entendido que lo había hecho porque necesitaba experimentar con algo antes de regenerar el cuerpo de Al.
- Pues vaya egoísta, la verdad. ¿Que creía? ¿Que ibas a preferir unas máquinas antes que tu propia anatomía?... - se indignó Mustang, mientras buscaba las llaves de su apartamento entre su sobretodo. No faltaba demasiado para llegar. - Hay mujeres que son inentendibles
- Como si quisiera entenderla de todas formas – replicó Ed, encogiéndose de hombros con una sonrisa despreocupada. Subió la vista y reparó en un edificio de departamentos bastante imponente que se alzaba en la calle próxima – "Woah… ¿vivirá ahí?"
- Si, bueno... supongo que con la actitud que tuvo, no querrás saber nada de ella ahora. De todos modos, ignórala un tiempo; seguramente recibirás noticias de ella a la brevedad, arrepentida de sus acciones. Nunca falla - encontró finalmente las llaves en el bolsillo de su pantalón y siguieron caminando un poco más.
Edward no se había equivocado; realmente vivía ahí.
Ingresaron al edificio y tomaron el ascensor. El apartamento de Roy era en el piso siete. Todo el piso siete. El mayor de los hermanos Elric no tuvo tiempo de responder al consejo amoroso que había recibido de Roy, estaba demasiado ocupado intentando mantener su mandíbula en su lugar estando ya dentro del humilde apartamento del Brigadier General.
De sólo imaginarse cuan grande sería cuando el hombre se convirtiera en Fuhrer le daba un tic nervioso.
Roy por su parte, apenas se adentraron al apartamento, dejó su sobretodo negro y la chaqueta azul del uniforme en un perchero que había al lado de la puerta y le ofreció a Ed para que hiciera lo mismo. Acto seguido, condujo al rubio por la sala y finalmente llegaron a una oficina casera con las paredes abarrotadas de estanterías llenas de libros de todo tipo.
- Espero que te sirva algo; puedes trabajar en mi escritorio. Ahí tienes un bolígrafo y anotadores.
- Hai, arigatou! – sin perder tiempo, se acercó a uno de los estantes y comenzó a buscar libros que pudieran serle útiles. Prefirió darle una mirada general a todo el estudio en un rato más, de lo contrario estaba seguro de que se desesperaría demasiado pronto.
El ex-Coronel, por su parte, había ido a la cocina y había regresado, sin que Ed lo note, con un café para él.
- Espero que con esto te mantengas un poco mas despierto. Iré a ducharme de mientras - y dichas esas palabras, dejó la taza humeante en el escritorio y se retiró del lugar, para, minutos más tarde, encontrarse debajo del agua caliente de la ducha.
Realmente esperaba que el Fullmetal tuviera suerte con sus libros. Ah, y que no manchara ninguno de café.
Ed probó el café antes de sumergirse en su tarea. Sabía igual de delicioso que como olía, así que lo primero que terminó averiguando en esa biblioteca privada fue que Roy Mustang entre muchas otras cosas preparaba un café excelente. Y muy fuerte, cabe destacar.
Escogió unos cuantos libros y los apiló en el escritorio. Comenzó a hojear el más delgado y pronto encontró algo interesante en sus páginas.
Justo cuando tomó el bolígrafo, escuchó claramente el sonido del agua proveniente de la ducha. Se vio sosteniendo el lápiz habiendo olvidado completamente lo que iba a anotar. Maldiciendo en voz baja, releyó el párrafo.
De repente se preguntó si el cuarto baño sería igual de ostentoso que el resto del lugar. Podía apostar a que tenía azulejos negros y azul oscuro, y que la ducha sólo estaba separada de lo demás por un vidrio… casi transparente.
Automáticamente se dio un fuerte golpe.
- "Ittai…" – se quejó, sobándose la frente – "¿Pero qué demonios estoy pensando? ¡Como si tuviera tiempo para holgazanear!"
Mientras, el agua lo sumergía lentamente en un estado de calma y armonía que pocas veces lograba. En ese momento, poco le importaba realmente si Edward volcaba café sobre cualquiera de sus documentos. Y a decir verdad, si en primer lugar no quería ayudarlo a verificar como devolverle un cuerpo a su hermano, ¿para qué lo había invitado a su casa a revisar su biblioteca privada?...
Sinceramente, ni él mismo se entendía.
Pensando en otros asuntos, realmente le daba cierta alegría que se haya enemistado, al menos momentáneamente, con aquella mocosa de Rizenbul. Desde que se había enterado que él había sido el causante de la muerte de sus padres en la guerra de Ishbal no dejaba de mirarle mal -después de todo, solo cumplía órdenes. ¡Y no quise matarlos, desde luego! -. Pero bueno, al menos ya no oiría su odioso nombre, o al menos hasta que se arreglara con Ed.
Edward terminó de beber el café y dejó la taza a un lado, intentando ponerse serio con lo que tenía que hacer. Le estaba costando trabajo con ese bendito sonido de fondo. Al final, para no perder tiempo, optó por ir a recoger más libros de las repisas.
Fue entonces cuando cayó en la cuenta del tamaño de la sala y de la cantidad de libros. No, con un día definitivamente no bastaría.
Tal vez algún día lograse tragarse el orgullo y pedirle de nuevo al General que le dejase investigar allí. Y si él seguía negándose a ayudarle con lo de Al, ese día sería pronto.
Un rato después, Roy salió de la ducha. Tras colocarse una toalla en la cintura, se dirigió a su dormitorio y se colocó solo la ropa interior y el pantalón de un pijama negro. Y así, con el cabello aún mojado, dejó la toalla en el baño y se dirigió a la biblioteca, a revisar si el mayor de los Elric tenía algún problema o para supervisar siquiera como iba la investigación.
- ¿Cómo vas, Hagane-no?... - preguntó, acercándose.
El aludido, que en ese momento sacaba otro libro de un estante, le vio y terminó tirando todos los libros que cargaba al piso.
Definitivamente el café había trastornado sus nervios, pensó.
- ¡Bien! – mintió, mientras recogía todo rápidamente y se acercaba al escritorio.
- Cuida mis libros... por favor... - se lamentó el General, mientras recogía unos papeles que había dentro de los mismos y los ponía encima de la mesa.
Era extraño. Esa clase de reacciones de tirar todo apenas lo veían las observó en mujeres. Nunca en alguien del sexo masculino. No que no le divirtiese por igual, claro. De hecho, ésta era mucho más divertida.
- ¿Has encontrado algo que te sirva?
- Hai – bueno, esta vez decía la verdad; sí había encontrado algo en el único libro al que le había echado un vistazo. ¿Por qué le estaba siendo tan difícil concentrarse? Simplemente no lo entendía – Le agradezco que me haya dejado venir aun cuando no está de acuerdo con lo que busco, General – le sonrió un momento y volvió a sentarse frente al escritorio, cogiendo el libro de antes.
- No me lo agradezcas... espero que te sirva de algo todo el esfuerzo y no que llegues a un "no se puede" - vaya que podía ser contradictorio cuando quería. Pero así era él a veces; era Roy Mustang - ¿Necesitas algo más?
- No, estoy bien – o por lo menos lo estaría si le dejara solo a ver si de una endemoniada vez podía centrarse en los textos.
Un momento… ¿Acababa de darle ánimo Roy o había sido su imaginación otra vez?
- De acuerdo entonces. Si quieres más café, hay en la cocina. Yo me voy a dormir un rato - y diciendo estas últimas palabras, el General se retiró del recinto. Ingresó a su dormitorio, cuya entrada se encontraba en una de las puertas de la sala, y se acostó en la cama, sin siquiera taparse. Hacía bastante calor esa noche; y más calor le ocasionaba el recordar como se le habían caído las cosas al Fullmetal hacía sólo un momento.
Lo peor del caso; aún no entendía qué hacía Edward Elric en su casa.
El rubio, por su parte, se pasó la noche sin pegar un ojo… de nuevo. Cuando amaneció, se terminó el papel y su mano había dejado de responderle, se levantó a la cocina y bebió todo el café que quedaba.
Hizo su camino hacia el baño, que resultó ser tal como se lo había imaginado. Con el susodicho vidrio y todo, sí. Sin poder creerlo casi, se lavó la cara y volvió al estudio.
Tras abrir unos cuantos cajones, encontró más anotadores para usar y prosiguió.
Rato después, oyó movimiento en la casa y supuso que el General ya había comenzado con su rutina diaria.
- Ohayou! – saludó desde su lugar, aprovechando que había dejado la puerta entreabierta.
- Ohayou... - respondió súper dormido, ingresando al estudio mientras se abrochaba el pantalón y con la camisa aún a medio poner - Dormiste algo, supongo... Olvidé decirte que podías descansar un rato en la sala si querías... - bosteza.
- Está bien, no vine a dormir después de todo – comentó Ed, levantando un momento la vista para mirarle.
Enseguida se arrepintió; había olvidado la oración que acababa de leer. Y seguía sin entender por qué el militar tenía ese efecto en él. Suspiró, resignado, y continuó con lo que hacía. No tenía tiempo para pensar en eso.
- De acuerdo… - bosteza – ¿Has averiguado algo? - habló mientras seguía abrochando su pantalón.
- H-Hai, bastante – se rascó la cabeza involuntariamente, devolviendo la vista al libro frente a él – Supongo que usted ya los ha leído todos, ¿no?
- En su mayoría, sí. De todos modos, no me los acuerdo a todos - terminó de sujetar el pantalón y comenzó a abotonarse la camisa – Por cierto, lindas ojeras - se burló y se fue hacia la sala –Prepararé café
Ed abrió la boca para reclamarle el comentario - ¡era su culpa si se veía espantoso, por no permitirle venir a horas decentes! – pero, en su lugar, salió un bostezo. Resignado, se frotó los ojos y siguió con su lectura.
Minutos más tarde, oyó la voz del General anunciando que el café estaba servido. Con pesadumbre, se dirigió a la cocina. Al llegar, encontró una taza de café en el desayunador y una jarra llena de lo mismo al lado. Roy ya estaba sentado en una de las banquetas, leyendo el periódico con su correspondiente taza al lado.
El mayor de los hermanos Elric le miró alzando una ceja por unos momentos. ¿Es que ese hombre no comía o no bebía otra cosa que no fuera café? Bueno, era delicioso. No podía quejarse.
- Arigatou – dijo luego, sentándose. Tomó la taza y bebió, saboreándolo. Se había acostumbrado al que preparaba Winry que, más que a café, sabía a aceite para motor.
- Douitashimashite - murmuró, sorbiendo su desayuno - Espero que haya sido suficiente investigación para ti, porque a las 9hs vamos para el cuartel – anunció.
- Oh, vamos – bufó Ed, mirándole mosqueado – No voy a quemar su casa ni nada, puede dejarme solo investigando…
- ¡¡Pero si estuviste en el estudio toda la noche! - protestó el General.
- El pacto era por un día – le recordó el rubio del mismo modo - ¡¡Aún no fue un día!
- ¡¡P-pero…! Argh, ¡está bien! Pero a las 8:30 te vas de aquí... y pobre de ti si destruyes algo. - aclaró, casi derramando su café.
- Sí, como usted diga – aceptó de mala gana y luego añadió, esbozando una sonrisa burlona - De todos modos, ¿por qué se altera tanto, General?
- Simplemente no estoy acostumbrado a dejar a alguien solo en mi apartamento... no es diferente sólo porque eres tú - contestó, intentando evitar un LEVE sonrojo en sus mejillas.
- Nunca dije eso… – dijo el rubio divertido, terminando su café con la misma sonrisa y sirviéndose más.
- No uses mis artimañas conmigo si no quieres morir incinerado - lo miró de reojo Roy, esperando a que Ed terminara de servirse para tomar la jarra.
- No sé de qué habla – intentó hacerse el desentendido él, sin mucho éxito. Por lo menos logró aguantarse la risa. Este momento iba a recordarlo, oh, sí.
Antes de que la amenaza del General se volviera realidad, Edward dejó la jarra en su lugar y cogiendo la taza llena, se puso de pie.
- Por cierto, éste es el mejor café que he probado – comentó, antes de salir de allí rápidamente. Tenía cero intenciones de terminar calcinado.
El militar sonrió galantemente al oír el comentario.
- Lo sé - murmuró, sirviéndose él también un poco más.
A los 10 minutos, aproximadamente, se acercó al estudio nuevamente, ya peinado correctamente y con la gorra en la mano.
- Ya me voy...
- Itterashai – se despidió el rubio con una sonrisa – Tómese su tiempo – añadió en broma.
- No dejes entrar a nadie al apartamento; atiendes el teléfono si alguna mujer pregunta por mí, anotas su número y el nombre en el anotador que hay al lado del aparato. Si alguien viene, no abras ni contestes. Volveré a las 19:30 - agregó, bastante preocupado ante el comentario - Y pobre de ti si falta algún documento.
- Hai – respondió Edward de mala gana, apretando los puños. Encima que le pedía que hiciera de cupido iba a volver una hora antes – "Bah… no pienso contestar el maldito teléfono… ¡Ni que estuviera aquí de vacaciones!"
- Mh... te dejé una jarra más de café. Si quieres dormir, puedes hacerlo en el sofá de la sala - sentenció poniéndose al fin el gorro y su gabardina. Acto seguido, se retiró del apartamento.
- Caféeee - celebró Ed una vez que estuvo solo, dirigiéndose a la cocina. No sabía exactamente si necesitaba beberlo para no dormirse o simplemente porque se había hecho adicto. Cualquiera que fuese la razón, le quedaba mucho trabajo por delante.
Mientras tanto, caminando por las calles de Central City, iba nuestro pensador Roy Mustang. Y decimos pensador porque eso hacía; pensaba. Tan concentrado estaba que ni se molestaba en sonreír a todas las mujeres que se cruzaba, así que fíjense ustedes cuan grave era el asunto. Con la mirada oculta debajo de la visera de su gorra, parecía que los pies se pedían permiso uno a otro para moverse.
¿Qué rayos le sucedía?; ¿desde cuando permitía que alguien se quedara solo en su apartamento? Él, que ni siquiera llevaba a sus parejas a su casa. Nunca le había gustado ostentar su dinero, además no quería ni pensar en la posibilidad de que las mujeres se entusiasmasen aún más e intentaran acercarse a él por su posición económica. Prefería que todo quedase en el misterio; de todos modos, con el simple hecho de saber que se es General, varias personas automáticamente se ponen a calcular sus bienes. Nadie más que Havoc, Hughes o alguno de sus subordinados conocía su morada. Uh, claro, y ahora también el Fullmetal.
Bueno, de todos modos no era la gran cosa; le había preguntado solamente si conocía una biblioteca lo suficientemente completa como para investigar acerca de la transmutación humana y él simplemente le había ofrecido ir a su casa a revisar sus libros. Aunque, si había de confesar… la presencia de Edward en su casa no le había resultado molesta en lo más mínimo. Incluso se divirtió, cuando apenas salió de bañarse y fue a la biblioteca, el rubio tiró todos los libros que cargaba. Curiosa reacción.
Repentinamente, se vio obligado a hacer una pausa en sus cavilaciones al sentir que la luz solar aumentaba. ¿La explicación? Alguien le había quitado su gorro.
Se preparó para darle un buen escarmiento al atrevido, pero se detuvo en seco al ver de quién se trataba.
- ¡Vaya contigo, hombre! Te vengo llamando desde que estaba en la otra calle… pero bueno, te perdono… - el hombre rió un poco y, tras devolver el gorro a su sitio, siguió hablando – Estuvo buena tu cita de anoche, por lo que veo
- Ah, eres tú… no, no tuve ninguna cita anoche, Hughes - se tranquilizó, acomodándose la gorra.
- ¿¡Que qué? – parecía como si no pudiera dar crédito a sus oídos - ¿Estás enfermo? – preguntó luego, mirándole con gesto preocupado.
- ¿Qué, es tan difícil de creer?... - preguntó en vano algo molesto el General. Vaya fama que tenía. – No, no estoy enfermo. El Fullmetal está en mi apartamento, investigando en mis libros algo de… - bajó el volumen de la voz – Transmutación humana
- Oh… - aceptó, tranquilo por unos segundos, para después observarle estupefacto – Eh? ¿Dejaste entrar a Ed a tu apartamento? ¿A investigar ESO? – el Lieutenant Colonel Hughes ya se había convencido; ese día iba a recibir una sorpresa tras otra por parte de su amigo - ¿Y no saliste con ninguna mujer por quedarte haciéndole compañía? – rió ante lo absurdo que sonaba lo que dijo - Te estás ablandando, definitivamente…
- Hughes… cierra el pico, ¿¿quieres? - Roy hizo un deje de molestia con una mano – Además, no quería dejarlo solo en mi apartamento por la noche. Y de día tampoco, pero el trato era por 24hs y tenía que venir al cuartel
- ¿¡24 horas nada más? – siguió Hughes, sin hacerle el menor caso – OK, quizá no te estés ablandando… pobre Ed… en todo caso es tu culpa, compañero. Bien podrías haberle dicho que fuera un par de horas por unos días y de paso no sacrificabas tu vida de Don Juan, ¿no?
- Óyeme, más respeto – protestó – De todos modos, no sacrifico mi vida de Don Juan como la llamas tú por 24 horas. Pero bueno, ya veré que hacer; si tú dices que 24 horas no son suficientes…
- Es que no entiendo por qué le pusiste ese límite conociendo el tamaño de tu biblioteca y teniendo en cuenta que sólo quiere hacer esa investigación por Al – explicó, poniéndose serio por un instante. Sólo uno, para pesar de Roy – Momento. ¿Vas a decirle que puede ir de nuevo? Creo que necesito sentarme…
- ¡¡¡YA DECÍDETE, HUGHES! ¿¡LE DOY MÁS TIEMPO O NO? - gritó en plena calle, saliéndose de sus casillas.
- Estamos tensos esta mañana, ¿eh? – el Lieutenant Colonel hizo su mejor esfuerzo por disimular su risa en un acceso de tos y evitar que más personas les miraran – Claro que debes darle más tiempo. Y relájate, no va a hacer ningún desastre en tu departamento si le dejas solo. Ya no es un niño, después de todo. Espera... ¡¡Tengo una mejor idea! – de improviso paró de caminar en seco, con los ojos brillantes de entusiasmo - ¡Tómate unas vacaciones y ayúdale con la investigación! – si estaba hablando en broma o en serio, nadie estaba del todo seguro.
- … Hughes, ¿qué te fumaste?
- Nada – respondió naturalmente, sin alterarse si quiera un poco por la cara del General. Del mismo modo, sacó un papel de su bolsillo y se lo enseñó a Roy con gesto soñador - ¡Mira, soy yo! ¡Elysia lo dibujó anoche! ¿¿No es una pequeña artista? Dice que su papi es guapo
- ... Una palmera por lo que veo - concluyó el General, mientras seguía con paso firme hacia el cuartel. Ese día acabaría por volverse loco de remate.
Continúa…
