Romanticide

by Padfoot & Prongs

Chapter IV: Bless the child

Al aparecer los primeros rayos del alba en la habitación, Roy abrió los ojos lentamente. A pesar del clima tormentoso, sentía una calidez especial esa mañana. Aunque le había costado un poco dormirse - y con esos pensamientos, ¡a quién no! -, había descansado bastante bien. Intentó mover sus brazos para estirarse, notando que se habían aferrado a algo mientras dormía. Seguramente era la almohada del otro lado de la cama, así que instintivamente la apretujó más, para comprobar su espumosidad, mas al hacerlo, notó algo más firme que una de sus almohadas de plumas, por lo que dirigió su mirada hacia el objetivo.

Claro, cómo no sentir calidez; lo que se encontraba alrededor de sus brazos era nada más ni nada menos que el cuerpo de nuestro rubio amigo. Cerró los ojos entonces, intentando volver a dormirse.

MOMENTO

Abrió los ojos nuevamente y volvió la vista hacia sus brazos. Efectivamente el sueño no lo había engañado; REALMENTE estaba abrazado a Ed.

Rápidamente, se deshizo del abrazo tan torpemente que se cayó de la cama de cola al piso.

"Dios mío… oh, no, Dios mío…"

Aterrorizado de sí mismo, miró para todos lados, intentando ubicarse en tiempo y espacio.

¿¡Qué mierda seguía haciendo Edward Elric en su apartamento, en su cama y abrazado a él mientras dormían?

Segundos más tarde, recordó todo. El muchacho tenía fiebre, y como había una tormenta anoche – que de hecho, seguía -, le había ofrecido quedarse por la noche. Se levantó del piso deprisa y se acercó a su armario. Tomó una toalla, ropa limpia y salió del dormitorio.

"Mejor me calmo, o Edward acabará conmigo"

Y ahí estaba de nuevo; Edward. No Fullmetal, EDWARD.

Horrorizado, corrió hasta el baño y se metió bajo el chorro de agua helada. Definitivamente; el fin de su salud mental se acercaba.

Ed, por su parte, se dignó a despertar rato después y no por iniciativa propia precisamente; había oído la cafetera funcionando en la cocina. Neciamente, volvió a acomodarse, apoyándose en uno de sus costados y disfrutando de la comodidad.

Pero, esperen... ¿cafetera?

Confundido, se irguió en la cama y miró a su alrededor. Era el dormitorio de Roy, ¿qué hacía él ahí todavía? Ah, claro.

Su bien fingido ataque febril le había obligado a quedarse. Eso y la lluvia.

Se tocó la frente un momento, para asegurarse de que su cuerpo había hecho lo propio y ajustado su temperatura a lo normal. Efectivamente, así era. Así que, se levantó y fue hasta la cocina, frotándose los ojos. ¡Era muy temprano! Aún para un militar.

- Ohayou! - saludó al llegar, sonriendo - Madrugador, eh?

El General al oírlo a sus espaldas pegó un salto tal que tiró el pocillo de café que tenía en las manos - que de hecho, era como el séptimo que tomaba en la mañana –, haciéndose añicos contra el piso.

- O-Ohayou! - dijo de pronto, sin mirarlo, recogiendo rápidamente los trozos de cerámica y tirándolos a la basura.

Dios, lo único que le faltaba. Ponerse nervioso por un simple "buenos días".

- No quise asustarlo - se disculpó entre risitas el rubio, acercándose adonde estaba la basura y reparando la taza con un rápido movimiento.

- N-no, está bien…- "cálmate, Mustang… ¡no puedes ponerte así por un abrazo!". Aunque, pronto recordó la charla sugerente que habían tenido en la noche.

Mala idea. Sobretodo porque de hacerlo, empezó a sentir olor a quemado; unas tostadas que se estaban haciendo en la tostadora se estaban… bueno, carbonizando. Corrió entonces hasta el aparato y de un rápido movimiento, lo desconectó.

- General... ¿se encuentra bien? - Edward le miró curioso, con un dejo de preocupación adornando su voz. Nunca le había visto comportándose así. No que no fuera gracioso, claro, es sólo que... si de verdad le pasaba algo, quería saberlo. Por eso, dejó ir de buena gana la oportunidad de burlarse de él en venganza de todas las mofas que había recibido de su parte.

¡¡Y de nuevo! ¿¡Por qué todo el mundo le preguntaba si le pasaba algo? ¿¡Tan alterado se veía!

A pesar de todo, intentó mantener la calma. Quitó las tostadas incineradas del tostador con sumo cuidado y las tiró a la basura.

- No me pasa nada… ¿por qué?- preguntó, limpiando el tostador con cuidado.

- Pues... luce extraño, como si algo le molestara - de pronto cayó en la cuenta de sus propias palabras y bajó la vista - Bueno, yo... creo que voy a darme una ducha antes de irme - anunció, con una sonrisa forzada. Claro que era él la razón de su incomodidad, varias veces le había repetido que no estaba acostumbrado a tener gente ahí invadiendo su espacio. Salió de la cocina sin entender por qué el hecho de que su presencia le molestara al General le afectase de ese modo.

Apenas Ed salió de la cocina, Roy suspiró, algo exasperado. Seguramente el rubio había malinterpretado todo; no era él precisamente lo que le molestaba, sino las actitudes propias que estaba teniendo debido a la cercanía que estaban manteniendo hacía ya… ¿cuantos días, ¿3?.

Por dios. ¡¡Ninguna de sus novias duraban 3 días! ¿¡Qué rayos estaba sucediendo?

Ya en el cuarto de baño, Ed se desvistió, deshizo su trenza y se metió en la ducha, dejando que el agua fría le empapara todo el cuerpo. Necesitaba con urgencia enfriarse la mente, aclarar sus ideas y sus pensamientos. Había descubierto que, ahora que debía marcharse, se sentía triste... no quería irse a ningún lado. No había remedio de todos modos, no podía quedarse a seguir complicándole las cosas a Roy. Ya lo tenía neurótico al pobre, hasta había conseguido que tirara una taza y se comportara con un nerviosismo poco usual en él. OK, totalmente inusual... ni siquiera estaba seguro de que fuera nerviosismo. Sí había actuado extraño, eso era seguro. El punto era que, Roy ya le había ayudado bastante. Más de lo que él creía posible, de hecho. Muchísimo más...

De repente tuvo una especie de flash-back.

- "No... no... no es cierto..."

"... usted alguna vez... ¿salió con hombres?"

Casi consigue darse de lleno contra el piso de la ducha.

¿¡Él había dicho eso?

Oh, sí. Y mucho más.

Mareado ante el descubrimiento, se sentó todavía con el agua cayendo sobre él, absolutamente espantado.

¡Brillante idea la suya! Fiebre, claro. Perfecto.

¡Lo había empeorado todo! Sin duda, era por eso que Roy quería que se fuera ya mismo. Obviamente se había dado de que se sentía atraído hacia él y... le daba... ¿asco? ¿Miedo? ¿Repulsión? No lo sabía. No estaría contento en todo caso.

Se terminó de bañar con prisa y sacó una toalla del armario.

La verdad, se sentía un completo imbécil. Si había un Dios, ¿por qué le estaba haciendo esto? ¿Qué había hecho él?

Se vistió y salió del baño, con su chaqueta en la mano. Tenía demasiado calor como para ponérsela.

En el sillón de la sala, ya un poco más calmado (o eso aparentaba) estaba el general, leyendo el diario. La verdad, verlo vestido de diario, sin el uniforme era bastante raro, detalle en el cual no se había detenido antes. Jeans y una camisa clara; sencillo, masculino y elegante.

Al sentir al Fullmetal en el mismo ambiente, levantó la vista de su lectura y le observo.

Maldita sea, ¿en qué estaba pensando cuando se le ocurrió hacer eso?... El cabello aún estaba mojado. Lo cual lo hacía verse MUY bien.

Por todos los cielos, REALMENTE estaba sucediéndole algo raro con ese chico.

- ¿Adónde vas, Hagane-no?- preguntó, levantándose y dejando el periódico en el sillón.

El aludido dio un respingo y miró hacia otro lado, esperando que tanto su mirar demasiado prolongado a la vestimenta del General - o más bien, al que la llevaba - como su sonrojo pasaran desapercibidos. Pedía milagros, lo sabía.

- Y-yo... no sé - balbuceó. Si de él dependiera, no se iría a ningún lado.

- ¿Cómo que no sabes?... ¿no tienes adónde ir?- preguntó, observando el rubor en las mejillas del otro.

Si, definitivamente, era lo que él pensaba. Tenía que ser.

- N-no, no es eso... supongo que iré a los dormitorios de los State Alchemists... - respondió, seguro de que había notado el sonrojo. Para colmo de males. Intentó hacer como si no ocurriese nada y le miró - Doushite?

- P-porque... - miró para otro lado. De pronto, su sentido común lo abandonó - Puedes quedarte aquí cuanto tiempo quieras. No me molestas

- H-hontou ni? - tenía que haber oído mal - Creí que sí... - admitió luego. Si de verdad se había equivocado y no le molestaba, no podía darle más gusto.

Dios Santo, lo había dicho.

- N-no, no me molesta. De hecho… - soltó una risa nerviosa – … hay veces en las que me siento solo - luego de decir eso, carraspeó y volvió a mirarlo, como siempre lo hacía – Dime, ¿qué tal estás de la fiebre?... ¿Te sientes mejor?

- ¿Fiebre...? - estaba tan nervioso que por un momento no supo de qué le hablaba - Etto... sí, estoy bien...

- Tsk… - el General chasqueó la lengua en sonido de desaprobación – Ven aquí - lo tomó de un brazo y lo acercó a él, casi pegándolo a su cuerpo.

Lo siguiente que sintió Ed fueron los cálidos labios de Roy sobre su frente, acompañados del aroma característico de su fragancia.

Por su parte, el hombre ya había mandado a volar todo rastro de sentido común, dejándose llevar puramente por su instinto. Gracias a su cordura, había roto una taza, casi ocasionado un incendio con la tostadora y encima de todo se había comportado como un idiota.

El sentido común no servía para un carajo.

Edward necesitó unos segundos para creer lo que estaba sucediendo, los que por supuesto aprovechó para disfrutar de aquel perfume.

Y ahora que lo creía, ¡no entendía nada! Porque, repasemos; por la mañana Roy se había comportado más extraño que nunca, le había hecho pensar que tenía que irse de una vez; luego cuando al fin iba a hacerlo, cambió de parecer de pronto y le dijo que podía quedarse cuanto quisiera; después, había tomado su temperatura de una manera... bueno, que ciertamente rebasaba el límite de lo amable y pasaba a ser otra cosa... ¿verdad?

Se preguntó qué sucedería a continuación, porque lo que sí sabía es que él no iba a ningún lado ni pensaba moverse de ahí.

DingDong

Error. Sí tendría que moverse.

El General por su parte, al oír el timbre, se sobresaltó y se separó del chico. Si bien ya no estaba pensando en nada que involucrara la moral, su cabeza volvió en sí unos instantes, en los cuales se dedicó a caminar a prisa hacia la puerta de entrada y observar por la mirilla de la misma.

- … ¿Hughes? - abrió la puerta sin dudarlo, recibiendo a su amigo algo confundido.

- Ohayou! - saludó alegremente éste, ingresando al apartamento mientras cargaba una bolsa de papel - ¡Traje el desayuno! Y no, el café negro no es desayuno, es lo que bebe una persona necesitada de compa-- Ed! - se acercó y colocó su mano libre en el hombro del muchacho - ¡Vaya, no creí que siguieras aquí!

- ElGeneraldejóquemequedaraunpocomás - dijo un azorado Ed. Hughes rió, sin entender nada

- Me repites eso cuando vuelva, ¿de acuerdo? - tras darle unas palmaditas en el hombro, pasó a la cocina como si estuviera en su propia casa.

- ¡Óyeme, ¿¿cómo que "el café negro no es desayuno"? - tras dedicarle una confusa mirada a Edward, siguió al Lieutenant Colonel.

- Claro que no lo es, ¡ni siquiera puedes masticarlo! – exclamó él, al tiempo que sacaba platos de la alacena - El desayuno es la comida más importante del día. O qué, ¿quieres morir a los 35? Además, tienes visita... - bajó un poco la voz antes de continuar - Así que, dejaste que se quedara, eh?

- Su compañía extrañamente no me molesta, Hughes. Además, anoche le dio fiebre y no podía echarlo como un perro bajo la tormenta, ¿no? - miró hacia otro lado, intentando ocultar un leve rubor – y mi desayuno es perfecto; no paso la comida a la mañana y lo sabes - se quejó finalmente.

- Bueno, bueno, ya. Vine porque quería charlar un poco - admitió él y, para fortuna de Roy, antes de que pudiera agregar algo sobre el sonrojo que sí había notado, Ed cruzó el umbral de la cocina - Ed, ¿te gusta la comida danesa?

- Claro... son bollos y pasteles, ¿no?

- Deliciosos - completó Hughes mientras sacaba, efectivamente, pasteles, bollos y tartas de la bolsa.

- ¿Necesita ayuda? - aunque se había tomado un tiempo para calmarse en la sala, seguía sintiéndose ansioso. Prefería no quedarse quieto y así evitar pensar cosas que luego le traerían problemas.

- ¿Podrías sacar unas tazas?

- Hai - ya se había fijado dónde estaban cuando se había quedado solo, así que se alejó a buscarlas.

- Te vi - aprovechó de mofarse Hughes, en un susurro.

- ¿¡C-cómo que me viste? - se sonrojó Roy aún mas, susurrando también.

Lo único que le faltaba… él con confusiones y su amigo siempre firme a su lado para burlarse de él.

- Sip, te vi... exactamente así - soltó una risita y la cayó justo cuando Ed volvió con las tazas - Así que, ¿cuánto tiempo dejó que te quedaras aquí este tirano, Ed? Puedo apostar a que sólo has bebido café desde que llegaste

- P-Pues... me gusta el café que prepara - fue todo lo que se le ocurrió decir al aludido, notando tarde que debió cerrar la boca después de la palabra 'café'. No hacía falta ser tan... específico.

- Bah, tampoco era que no podía abrir el refrigerador en busca de algo que comer, ¿verdad?- lo miró Roy, buscando unos platos en la alacena para poner todo lo que Hughes había traído - "Él y sus desayunos para refugiado de guerra"

- Bueno... de todos modos no tuve tiempo para sentir hambre - respondió Ed, asegurándose de no mirarle a los ojos.

- Roy, ¿qué haces? - preguntó divertido Hughes. Al tener la atención de su amigo, dedicó una elocuente mirada a la mesa, donde ya estaba todo listo y obviamente no se necesitaban más platos - Siéntate, Ed, yo me encargo del nerviosillo aquí presente

- H-Hai - el rubio obedeció y tomó un bollo, completamente sorprendido. ¿Cuánto le había tomado a Hughes notar todo? Ni 10 minutos.

Ante el comentario de su compañero de milicias y su GRAN distracción, Roy no hizo más que maldecir en voz baja y sentarse en la esquina de la mesa.

¿Hasta dónde podía seguir metiendo la pata?; ya no le quedaba absolutamente nada más que hacer para dejar en evidencia que definitivamente su cerebro estaba en "stand-by". Daba gracias que hoy era sábado y que no tenía que ir a la oficina. Ni se imaginaba la cara de Breda y los demás - por sobretodo Havoc, que seguramente ya estaría repuesto de la ruptura con su ultima novia - viéndolo hacer esa clase de estupideces en el cuartel.

Oh, no. No quería ni imaginárselo.

Sobretodo porque ayer había sido informado, entre otras cosas, de una inspección sorpresa - o no tan sorpresa - que se realizaría el lunes. Bendito inicio de semana iba a tener.

- Roy me comentó que te dio fiebre anoche, ¿cómo andas hoy, Ed? ¿Mejor? - preguntó Hughes, tras darle una probada a una tarta.

- Mucho mejor, arigatou - quiso agregar que el General había sido muy amable, pero se contuvo - Hace mucho que no comía bollos, están muy buenos

- Sí, ne? Siempre los compro para llevarlos a casa, a Elysia le encantan y se ve tan linda comiéndolos - el comentario, por supuesto, vino acompañado de una foto del momento preciso - ¿No es preciosa?

- ¡Es muy bonita! Y ha crecido mucho también

- Oh, ¡es cierto! Has pasado tiempo sin verla, ne? Te llevaré a casa uno de estos días... si eso está bien con Roy, claro - agregó, mirando a uno y a otro significativamente.

Ante el comentario, el mencionado casi escupe el café que bebía con indiferencia.

- ¿¿Y yo qué tengo que ver?- se atajó enseguida – ¡¡¡No es de mi propiedad, puede hacer lo que quiera, Hughes!

Demás está decir que el rostro del Fullmetal más parecía farolito de navidad que otra cosa.

- No dije eso - aclaró con inocencia el Lieutenant Colonel - Como está quedándose aquí, estudiando... si lo distraigo le tomará más investigar lo que necesita, ¿no?

- Es problema suyo si pierde tiempo, después de todo está aquí por su cuenta, no porque yo lo haya atado - respondió, sin poder contener una sonrisita burlona al observar el gesto del mencionado.

- Bueno, tienes razón - aceptó Hughes, parándose a coger la cafetera y sirviéndole a Roy y a él - Ed, ¿quieres café? ¿O prefieres leche? Creo que vi una caja por algún lugar... - se acercó a la nevera mientras hablaba.

- ¡¡Odio la leche! - exclamó Ed cuando ya estaba mirando el contenido del refrigerador. Digamos que estaba ocupado maldiciéndose como para prestar más atención - Café está bien, gracias - agregó rápidamente. ¿Podría hacer el ridículo aún más? - "Probablemente" - pensó, abatido.

- Cielos, nunca había conocido a un chico al que no le gustara - comentó, sirviéndole café y sentándose de nuevo.

- ¿Por qué crees tú que es tan enano? - comentó Roy, intentando que su cerebro vuelva a funcionar con normalidad. Ya estaba bueno de falta de sentido común; Hughes estaba aquí, así que no tenía por qué seguir sintiéndose extraño. O al menos, eso pensaba él.

- No soy un enano - masculló Ed, y prefirió ocuparse comiendo otro bollo que prestándole atención a las burlas del General que, oh, sorpresa, habían vuelto. Lo de hace rato de seguro iba a terminar igual y se había salvado sólo por la oportuna aparición de Hughes.

- Aún así, te haría bien beber un poco de vez en cuando - aconsejó el Colonel con una ceja arqueada, percatándose del cambio de conducta en ambos - Oí que tiene proteínas que la carne no

- Los bollos tienen leche - señaló el rubio, reflejando en su tono que quería que lo dejaran en paz. El sermón ya se lo sabía, gracias. Y de todas maneras no estaba de humor para tragárselo.

- Bueno, es cierto - reconoció Hughes, y bebió un poco de su pocillo. Comenzaba a pensar que había llegado en mal momento, pero, qué se le hacía. Ya estaba ahí.

- Déjalo, Hughes – bebió su café – Después de todo, el que se quedará en esa estatura será él- sonrió – Por cierto, ¿sabes a qué hora será la maldita inspección del lunes?

- A primera hora - respondió Hughes y añadió, pensativo - Por lo que oí, el Fuhrer en persona la hará, pero no estoy seguro... sería bueno que fueras, Ed, creo que quiere hablar contigo

- Eh? ¿El Fuhrer? - raro, nunca había tenido oportunidad de conocer al nuevo.

- Tal vez sea porque recuperaste, ya sabes, tus partes biológicas. Alguien debió comentarle al respecto

- Seguramente. ¡¡Y tal vez hasta me asciendan por eso! - los ojos le brillaron por un momento, acompañados de una sonrisa triunfante que se dibujó en su rostro.

- "Claro, que lo asciendan, ya que me ayudó tanto..." - gruñó Ed para sus adentros, terminándose el café y poniéndose de pie - Gracias por el desayuno, Coronel... yo, uh... volveré más tarde, General - añadió dubitativo, antes de salir de la cocina y del departamento en realidad, pues al llegar a la sala se puso su chaqueta, fue a buscar sus botas al dormitorio, se calzó y se fue.

- Muy bien, confiesa - exigió Hughes, una vez que escuchó el sonido de la puerta principal al cerrarse, viendo fijamente a su interlocutor.

- ¿Con… fesar?; Hughes, no sé de qué estás hablando - sentenció Roy en el modo MENOS creíble posible. Por Dios; si su amigo creía que iba a decirle algo de todo lo que había sucedido, estaba muy equivocado.

¡¡¡¡PERO SI NO HABÍA PASADO NADA!

¿Verdad?

- ¿No sabes? – preguntó él con una sonrisa astuta – Entonces seguro tampoco sabes qué fue ese sonrojo, ne? – rió – Oh, por qué no traje mi cámara – se lamentó luego con fingido dramatismo por unos segundos – No, hablo en serio. ¿Qué leches te pasa, Roy? ¡Hace años no te veía así de alterado!

- Yo no estoy alterado, Hughes, es tu maldita imaginación - se levantó de la mesa nervioso, tirando una taza al piso - "Maldita porcelana barata"

- Mi imaginación debe estar desbocada hoy – comentó, mirándole con una sonrisa burlona – Porque acabo de ver que rompiste una taza. Siéntate, sabes que te hará bien hablar de esto… - al ver que su amigo no le hacía el más mínimo caso, se le colgó del brazo con expresión lastimera - ¡Ten piedad, me estoy muriendo de curiosidad aquí!

Ya. No podía soportar más esa situación. Había roto dos tazas, había permitido que el Fullmetal se quede a dormir en SU casa, en SU cama, A SU LADO - ¡y encima de noche lo había abrazado! -, le estaba cuidando por una estúpida fiebre, le había pedido que se quedara y encima ¡LE HABÍA MEDIDO LA TEMPERATURA CON LOS LABIOS!

- DIOS SANTO, HUGHES, YA NO AGUANTO MÁS! - se tiró a los brazos de su mejor amigo como niño pequeño –AUXILIO! SÁLVAME!

Tras reponerse del shock inicial – no, estaba completamente seguro de que no se había fumado nada - el Lieutenant Colonel le rodeó con los brazos, dándole unas reconfortantes palmaditas en la espalda.

- ¿Q-Qué sucede? Explícame

- ¡¡Ni yo sé que me pasa! ¡¡Es más fuerte que yo! DORMIMOS ABRAZADOS, HUGHES! ¿¡ENTIENDES LO QUE ES ESO? DORMIMOS.ABRAZADOS!- lo zamarreó el otro, perdiendo el control, mientras soltaba una estrepitosa risa de pronto.

- Al menos durmieron – señaló Hughes, turulato, dejando que Roy le zarandease a gusto. Parpadeó unos momentos y añadió, con los ojos muy abiertos – Hey, eso significa que… en verdad interrumpí algo, oh por Dios…

- Por todos los santos, ¡¡ayúdame! ¡¡No lo soporto más! ¡Anoche le dio fiebre y le permití que se quedara! ¡¡Y segundos antes de que golpearas a la puerta, le medí la temperatura con mis labios e incluso le pregunté si tenía adónde ir y le ofrecí que se quedara aquí! - el moreno ya estaba de rodillas en el piso, jalando de la pierna al Colonel desesperado.

- B-Bueno… primero… - intentó hacer trabajar a sus anonadadas neuronas. ¡Que alguien lo pellizcara, Roy gustaba de un hombre! – Primero, acepta lo obvio, compañero; te gusta Ed… me atrevería a decir que hasta lo quieres. Y ya habiendo asimilado eso, te queda decidir; ignorar tus sentimientos y seguir saliendo con mujer bonita que se te cruce por delante o… o salir con Ed y ver qué pasa, sí, eso es – hizo una breve pausa – Por lo que vi hoy, a él le pasa lo mismo… cuando dijiste que no era de tu propiedad, vaya… ¡Su cara era todo un poema!

- NO HUGHES! NO TE ATREVAS A DECIRLO! - se enfureció Roy – ¡¡NO ME GUSTA! ¡¡¡ES UN HOMBRE! - No había posibilidad alguna en la galaxia en la que el Fullmetal le atrajese en ESE sentido.

- Mira, piensa en esto – comenzó Hughes, cruzándose de brazos – Digamos que, hipotéticamente, Ed es una chica. Una chica por la que no habías sentido absolutamente nada hasta ahora… o nada suficientemente fuerte como para darte cuenta. Y entonces, un día, ella viene a tu departamento porque TÚ MISMO LA INVITASTE, y pesca un resfriado y LA CUIDAS AUNQUE ELLA NO TE LO PIDE, y TE ACUESTAS A SU LADO e inconscientemente LA ABRAZAS AL DORMIR Y DESCUBRES QUE SE SIENTE BIEN… Si me sigues aún, querido amigo, digamos que esta chica a la mañana siguiente ya está mejor y te pone los pelos completamente de punta porque te das cuenta de que SIENTES ALGO extraño POR ELLA… Y después, no encuentras nada mejor para asegurarte de que ya se recuperó de la fiebre que besarle la frente. Teniendo en cuenta que es una chica, ¿dirías que NO TE GUSTA?

- Hughes… - lo miró atentamente, ya calmado y de pie - … te odio - diciendo esto, se metió a la cocina, pero volvió a asomarse enseguida por la puerta de la misma – Y NO LE BESÉ LA FRENTE, LE MEDÍ LA TEMPERATURA! - y se volvió a meter.

- ¿Dirías que no te gusta? – repitió el Lieutenant Colonel, siguiéndole a la cocina. Al no recibir respuesta, se encogió de hombros y pareció que iba a darse por vencido… claro, sólo pareció – Roy y Ed, sentados en un árbol B.E.S.--

De pronto, fue interrumpido por una llamarada que, de no agacharse, sin duda lo derretiría.

- Si no quieres morir incinerado, hazme un favor y CÁLLATE. No es algo gracioso… y córtate las puntas del pelo; se te acaban de chamuscar - sonrió cínicamente el General, empezando a limpiar la mesa.

- Oh, no me importa morir – dramatizó el aludido, midiendo los daños que había sufrido su cabello – Ni tampoco me importa quedar calvo, si tú eres feliz con tu amorcito corazón - esta vez, optó por alejarse unos buenos metros para conservarse entero - ¡Siempre creí que encontrarías a alguien! – siguió, mientras corría fuera de la cocina - ¡Claro, debo admitir que me imaginaba a alguien más… femenino!

Mientras Hughes se burlaba de él, el departamento iba sufriendo grandes daños debido a las ráfagas de fuego que emitía nuestro famoso Flame Alchemist.

- Hughes, te mataré si no te callas! Te puede oír, idio-- ¡¡QUIERO DECIR! NO ME GUSTA! - se autocorrigío entre gritos, al tiempo que hacía fama de su nombre de alquimista.

- ¡¡Oh, no hay nada de qué avergonzarse, compañero! – buscó refugió tras el sofá por unos momentos, y continuó - ¡¡Hiciste una buena elección! – saltó justo antes de que una llamarada le diera alcance - ¡¡¡EN SERIO! ¡¡Ed tiene mucho carácter y es valiente! Además… - se pensó por unos momentos si contaría el cuento si terminaba su frase. Decidió que valía la pena arriesgarse y prosiguió - ¡¡Es bastante guapo ahora que lo pienso!

- ¡¡¡Yo sabía que no podía decírtelo! ¡¡¡No haces más que burlarte de mí, Maes! ¿¡Qué clase de amigo eres! - se enfadó el otro, chamuscándole esta vez unos cuantos pelos de la barbilla.

- ¿Y a quién más ibas a decírselo? ¿A Havoc? – le hizo ver el otro, sobándose el mentón. La de cosas que tenía que hacer para ayudar a Roy… y divertirse de paso, por supuesto - ¡¡Está bien, lo siento! Dejaré de burlarme si lo admites, te doy mi palabra… pero tienes que decirlo – hizo una pausa y agregó – No te escuchará, vamos, sólo estoy yo

- ¡¡Es que no estoy seguro siquiera! - se quejó el otro, empezando a arreglar las cortinas llenas de agujeros de quemaduras.

- ¿No estás seguro? Mira a tu alrededor – señaló con la mirada el desastre que habían dejado en el antes pulcro apartamento del Flame Alchemist. Obviamente, nadie armaría ese circo por una afirmación falsa. Pensando en esto, colocó una mano en el hombro de Roy, intentando brindarle su apoyo seriamente esta vez, y esperó la respuesta en silencio.

El General bajó la cabeza, en signo de resignación. Seguramente su amigo tenía razón... el problema radicaba en otro lado.

- Tal vez... - lo miró, con un leve rubor en sus mejillas - tal vez tengas razón... pero aún así, ese no es el tema

- ¿No? ¿Cuál es? – le observó, confundido.

- Pues que soy un hombre, Maes. Y que soy Roy Mustang; no puede gustarme otro hombre, mucho menos Ed…ward Elric - se apresuró en completar antes de que su amigo lo note. O eso se pensó él.

- Claro que puede; ya te gusta. Le dijiste Ed - estuvo a punto de ponerse a bromear otra vez, pero en su lugar, carraspeó – Bueno, sí, tienes razón… es complicado. Pero estoy seguro de que valdrá la pena que lo intentes al menos, porque nunca te has puesto así por ninguna de las mujeres con las que has salido… y déjame recalcar que no ha sido un número pequeño – calló un momento y completó – Dale una oportunidad, no dejarás de ser tú por eso

- Sí, yo le doy todas las oportunidades que tú quieras, pero las relaciones no son de a uno, ¿sabes?... - replicó - Por más que tú me digas todo esto, que esté seguro de lo que siento/pienso o lo que sea, él seguramente se reirá en mi cara y me creerá un pervertido... uh, bueno, más de lo que cree que soy

- Vaya – su amigo le miró con absoluto asombro por varios segundos. ¿Roy dudando de que alguien gustara de él? Por todos los cielos – En serio te gusta – murmuró, más para sí que para el otro, y cuando logró recuperar su compostura, continuó - ¡Tú… tú viste su cara en el desayuno! ¡Desde un helicóptero podías ver ese sonrojo, por Dios! Además, creo que se enfadó cuando le molestaste con su estatura… hasta se fue. ¿Por qué no se defendió, como hace siempre? ¿Mmh?

- Si noté el sonrojo, era evidente. Pero pudo no haberme contestado porque... ¿está con el estómago vacío desde hace 2 días?...- de pronto el Flame Alchemist reparó en el hecho - ... ¡es un idiota! Como olvidé decirle que podía comer lo que quisiera de la heladera, seguro no comió nada y por eso le dio fiebre. Además, ahí está, el sonrojo pudo haber sido también por la fiebre, ¿o no? – inquirió.

- Sabes que Ed ha pasado más tiempo sin comer apropiadamente, así que busca otra excusa – discutió Hughes, sonriendo ligeramente – Por cierto, me parecería muy curioso que justo en ese momento le hubiera subido la fiebre, así que no te apoyes en eso tampoco… y me parece más curioso todavía que se haya enfermado estando en un lugar cómodo y agradable, ¿en cuántos lugares mucho peores ha estado sin pescarse nada, eh?

- Oh, Dios, sabes perfectamente que un sonrojo no indica que alguien está enamorado... hay otros factores más evidentes que un sonrojo, ¿sabes?... ¿O qué, cuando viste a tu esposa, apenas se sonrojó ya le hiciste el amor, convencido de que te amaba? - razonó rápidamente - Además, Hughes, el ambiente no tiene nada que ver. ¿O qué, estás diciéndome que lo de la fiebre era mentira? Yo mismo le toqué la frente y noté que ardía

- No estoy diciendo ninguna de esas cosas – aclaró él, parpadeando – No dije que Ed esté enamorado de ti, sólo dije que es probable y que puede darse algo… y lo de la fiebre, me sigue pareciendo extraño y estoy casi seguro que fue de mentira. Pero no sé, amigo, tú eres el alquimista aquí

- El alquimista… - pensó durante unos segundos – ¿Me estás diciendo que es probable también que haya fingido que tenía fiebre?... y que haya usado la alquimia para… subir la temperatura corporal… - miró a Hughes – ¿Qué tan absurdo sonó eso si consideramos que la situación que se planteaba era conmigo recién salido de la ducha, sólo en toalla, y con él sumamente sonrojado? - preguntó dubitativo.

- ¿¡Na-nani? – el Colonel le dedicó una mirada incrédula - ¿¡Pasó cuando saliste de la ducha, contigo en TOALLA? – tomó aire – Y tú… ¿¡Te lo tragaste? – tras haberse oído, se echó a reír con ganas – Ay, por Dios ¡Estás enamorado!

- ¡¡¡Más respeto, Hughes! - se sonrojó Roy, molesto ante las burlas del otro - ¡¡¡No me lo tragué, ¿¡pero que quieres que haga, ¡¡¡le había dado fiebre en serio, ¿¡qué persona coherente se ocasiona fiebre para evitar un sonrojo semejante, además, es un hombre; se supone que no le gustan los hombres, ¿¿sabes?

- Tú eres un hombre y te gusta un hombre – indicó el aludido, intentando silenciar sus risotadas - ¡Pobre Ed! ¡¡Fue demasiado para él! – digamos que no resultó.

- ¡Sí, pero no reaccioné en ese momento que me gustaba, así que no pensé en la posibilidad de que a él pudiera ocurrirle lo mismo. Además, es un maldito orgulloso, lo vi sonrojado y le pregunté bromeando si tenía fiebre, y en cuanto le toqué la frente, ¡casi me quemo la mano! - vio como el otro seguía riéndose – No seas así, Hughes, entiéndeme y ayúdame en vez de burlarte!

- Gomen, gomen – se disculpó entre risitas – Es que… bueno… ya – se aclaró la garganta – ¡Te estoy ayudando, no me ofendas! Estoy escuchando e intento entender, que me ría es parte del proceso… y, si todavía no estás seguro de los sentimientos de Ed, yo puedo interrogarlo por ti – ofreció, con una sonrisa traviesa - ¡Le sacaré todo, sí, señor!

- Creo que es para lo único que eres bueno... - contestó irónicamente Roy, al tiempo que seguía reparando las cosas quemadas de su apartamento - Por cierto, ¿dónde fue?...

- ¿Ed? Ni idea – miró su reloj – Ya volverá, no te sientas solito – se cubrió del golpe, que de todas maneras le llegó duro en la cabeza – Ouch, quiero decir, no debe haber ido muy lejos. De todos modos, tengo que irme a comprar las cosas para el almuerzo. ¡Y unas frambuesas para mi mujercita! – le dio unas palmadas en la espalda a modo de despedida y agregó – Volveré mañana para examinar al sospechoso, así que estén presentables. Ja ne! – dicho esto, salió del departamento.

- Ja ne…- el moreno se quedó mirando la puerta mientras se cerraba.

Vaya que se había quedado confundido ahora.

Intentando olvidarse del suceso, se fue a la cocina a lavar todos los platos y cubiertos y continuó con las reparaciones de su hogar. ¡¡No era cosa de que Ed…ward regresase y encontrase todo patas para arriba!

Oh, Dios, Hughes tenía razón. Sí le pasaban cosas con el Fullmetal después de todo.

Continúa…