Romanticide
By Padfoot & Prongs
Bueno, aquí está, otro capítulo más xD disculpen la tardanza, no pudimos escribir nada por un tiempo por falta de tiempo y/o inspiración.
Muchas gracias por los reviews, nos dan ánimo para seguir :3 ah, y por cierto, corregimos algunos errores pequeños en los capítulos anteriores nn pueden verlos de nuevo si gustan.
Chapter VI: Crownless
El moreno miró a Ed al fin, dando una pitada a su cigarro y expulsando el humo lentamente.
- La verdad… fue un impulso. Disculpa si te molestó, no volveré a hacerlo si así fue - se excusó. Vaya, no había estado tan mal después de todo, ¿o si? – Y tú… ¿por qué respondiste?
- N-no me molestó – aclaró, viendo hacia otro lado.
Con que había sido un impulso. Qué bien, al menos no estaba disgustado ni iba a evitarle de ahora en adelante.
Ahora, el problema recaía en… ¿¡Qué diantres se supone que iba a responderle?
Ya podía oír sus carcajadas si le decía la verdad, mientras permanecía fumando con el mismo aire indiferente.
Pero, los segundos pasaban y seguía sin ocurrírsele nada.
Qué más daba ya, pensó. Tendría que acostumbrarse a hacer el ridículo frente a él – todavía más que de costumbre -. No era bueno mintiendo, ya se lo había dicho Al muchas veces.
- Usted… me gusta – dijo finalmente, sin mirarle.
Bueno… se esperaba venir una mentira, de hecho. Sin embargo, las sospechas de Hughes eran confirmadas. Aún así, le costaba creer la situación; no porque no fuera posible, sino porque después de todo, los dos eran del mismo sexo.
- ¿Te… gusto? - lo miró incrédulo – Vaya… - terminó el cigarrillo y aplastó la colilla en el cenicero para apagarlo.
- Sé que es… extraño – admitió Ed, removiéndose en su sitio, nervioso. ¿Qué no podía decirle otra cosa que fuera más clara? – La verdad no quiero incomodarle, así que… mejor olvídelo – tal vez debió decir que le había besado por un impulso también.
Esta vez Roy lanzó una risa breve. Sinceramente, no podía creer lo que oía; Edward Elric diciéndole que se sentía atraído por él.
Sin hacerse esperar demasiado, redujo la distancia que había entre ellos y tomó al rubio por el mentón, haciendo que lo viera a los ojos.
- ¿Por qué no entonces dejas los formalismos de lado?... - preguntó, acercándose a sus labios y rozándolos muy quedamente. Tenía que admitirlo; durante todo el camino hasta el apartamento su cerebro iba normalizándose con su instinto y deseo por el Fullmetal, al punto de fusionarse y no ser dos mentalidades en un mismo cuerpo como hasta ese momento.
- Ah… de acuerdo - sintió un escalofrío recorrerle al sentir el roce de sus labios –… Roy
Bueno, no había dicho que le correspondía, pero ahí estaba, a punto de besarle otra vez. Y le había pedido que le llamara por su nombre. Quizá esa era su manera de comunicarle que sí sentía lo mismo. Sabía que Roy no era precisamente un hombre de palabras, sino un hombre de acciones. Cuando él quería que alguien supiera algo, simplemente se lo demostraba; no perdía el tiempo hablando.
Y allí estaba la prueba.
El moreno sonrió al oír a Ed llamarlo así y acto seguido termino de reducir la distancia entre sus bocas, comenzando un beso un poco más calmado y no tan repentino como el anterior.
- "Dios santo, Roy Mustang, eres de lo que no hay" - se dijo así mismo, mientras con una mano acomodaba un mechón de cabello del rubio detrás de la oreja - "Sólo a ti te pueden pasar cosas como ésta"
Respondiendo con suavidad, Edward cerró los ojos. La verdad, si alguien le hubiera dicho alguna vez que esto pasaría, se habría carcajeado en su cara – después de haberle dado un buen golpe, claro -. Sin embargo, ahora que sucedía, no pensaba que fuera algo malo ni mucho menos ridículo. Se sentía demasiado bien como para que lo fuera.
Intentando no ser brusco y con un dejo de timidez propio que nunca había sentido en su vida y maldecía tener en esos momentos –después de todo, no todos los días andaba por ahí él besando hombres-, Roy separó sus labios apenas y rozó con la punta de su lengua la línea que formaban los labios de Ed, como pidiendo permiso, al tiempo que cerraba los ojos también.
Se sentía muy extraño. Sumamente extraño. Pero no por eso era desagradable o nada excitante. Un beso era igual a un huracán de emociones; uno bueno podía significar el alboroto de todas y cada una de sus hormonas, mientras que uno malo podía dejar sediento a cualquier expedicionario en el desierto.
Sin hacerse esperar, el rubio entreabrió los labios. Nunca había besado a nadie más y no sabía lo que era un beso intenso, pero si no lo descubría con Roy entonces sencillamente no quería hacerlo. Que estuviera siendo tan tierno con él sólo reafirmaba lo que ya bien sabía y lo que le había impulsado a decirle la verdad… esto era lo correcto.
Al sentir que era correspondido en el acto, la mano que antes había acomodado el cabello de Ed se encontraba ahora posada en la nuca de éste, atrayéndolo hacia él. El General, al tiempo que lo besaba, acercó su cuerpo un poco más al del muchacho. A cada segundo se convencía más aún de que se sentía muy bien lo que estaba haciendo, y sabía que para Edward era lo mismo. Lo sabía, porque le respondía.
Sintiendo otro escalofrío, el Fullmetal dejó escapar un suspiro en el beso. Era la primera vez que sentía algo similar, un calor por dentro que no le permitía pensar en otra cosa. Se acercó más a él y le rodeó el cuello con los brazos. Si todavía le quedaba alguna duda sobre su atracción hacia Roy, en ese momento se había disipado. Su cuerpo hablaba por sí mismo, después de todo.
El otro, al sentir los brazos de Ed alrededor de su cuello, bajó uno de sus brazos a la cintura del muchacho, atrayéndolo aún más.
Al quedarse sin aire, se separó suavemente de la boca de él y apoyó la frente contra la suya, clavando la mirada en los ojos dorados de su compañero.
- Se oye bien… mi nombre en tus labios - sonrió galantemente, intentando acompasar la respiración.
- Nunca creí… que podría llamarte así – confesó el rubio, devolviéndole la sonrisa algo apenado, conciente del rubor que adornaba sus mejillas – Pero sí, se oye genial, Roy – agregó, cuando logró calmarse un poco y recuperar algo de aire.
- Ya lo creo… dime, ¿cómo estás de tu fiebre?... - preguntó, con un leve brillo en los ojos – ¿Te sientes mejor?
- H-Hai… - bienvenido fuera de nuevo el sonrojo maldito. ¡Casi se había olvidado de eso! Quizá, sólo quizá, debería contarle que la había fingido… o mejor no, podía apostar a que no le haría gracia. Si hasta le había cuidado, ¡por Dios! – Ya estoy bien, no te preocupes – aseguró, evitando mirarle directamente.
- Oh, vaya... entonces ya no necesitas que te ande cuidando tanto ni necesitas dormir en una cama cómoda… - dijo, soltando su cintura. Iba a sacarle la verdad aunque fuera a los gritos.
Ed le observó desconcertado unos segundos, por el repentino cambio de actitud. ¿Qué había dicho de malo…?
De repente se dio cuenta de lo obvio.
¡¡Lo sabe! Y está enfadado…
Él y sus ideas brillantes.
- S-Supongo que no – con lentitud, retiró las manos de su cuello y bajó la vista. No le quedaba más opción que admitirlo – Roy… ¿te enfadarías si yo, de casualidad… - tragó saliva – nunca… hubiera estado enfermo?
- Mh?... - preguntó, haciéndose el tonto, mientras tomaba el diario nuevamente y empezaba a "leer".
- Es que… - frunció el ceño sin poder evitarlo. ¡Estaba intentando decirle la verdad y él se ponía a leer el periódico, muy bonito! – En realidad no pasó nada… yo me provoqué la fiebre para que no te dieras cuenta que me había sonrojado por verte así, en toalla… - ah, qué buena imagen mental tenía. Desabrochó su chaqueta negra sin siquiera percatarse y continuó - Pensé que si no lo hacía no pararías de burlarte de mí por eso nunca más
Roy arrojó el diario hacia un costado y lo miró.
- Así que… ¿me mentiste para ocultar tu sonrojo por verme… en toalla? - preguntó, acercándose peligrosamente a él.
- Sí, aunque no pensé que te lo creerías… gomen
- De hecho, me lo creí hasta que se lo comenté a Hughes… y entonces vi cuan tonto había sido en caer en esa trampa. Pero bueno, no te voy a comer… no es un pecado sonrojarse por ver a alguien que te gusta en aquellas condiciones - sonrió, con un pequeño brillo de lujuria en sus ojos – ni tampoco lo es el excitarse de ese modo con un beso - soltó una risita.
- B-Bueno – tartamudeó Ed, sonrojado. ¡Se había dado cuenta de eso también! Un momento… - Oi! ¿Se lo comentaste al Coronel? – más rojo aún, clavó la mirada en la alfombra y recordó el estado que tenía ésta antes. Ahora sí tenía sentido. Sonrió – Oh… no debe haber dicho algo muy bueno, ne?
- No tiene nada de malo que se lo diga… además, necesitaba un consejo de alguien. Digamos que no es mi hobby andar besando hombres por ahí - admitió – así que le hablé del asunto para tener su opinión, la cual es valiosa para mí - dijo, intentando pasar por alto la sonrisa de Ed; presumía que ya había conectado lo de la alfombra con eso – además, no dijo nada malo
- ¿No? – continuó sonriendo - ¿Y entonces por qué querías convertirlo en un montoncito de ceniza? – dio un vistazo alrededor - Debe haber sido un desastre esto…
- Pues… porque al principio se burlaba, por eso. Porque… decía que yo estaba enamorado de ti y cosas así, y que estaba loco porque a mí siempre me gustaron las mujeres y eso... - intentó explicar en pocas palabras, sin muchas ganas de hablar de eso – De todos modos no importa, ya que lo que digan me tiene sin mucho cuidado
- Sou ka – sintió la tentación de preguntarle si de verdad estaba enamorado o no, pero se contuvo – Bueno, yo… seguiré investigando un poco – se puso de pie y comentó, con una mano detrás de su cabeza – Me queda más de la mitad de la biblioteca por revisar, ¡no creí que fuera tan grande!
Aprovechando entonces que Ed le había dado la espalda, Roy se apresuró y sin que el rubio lo detectase, le rodeó el cuerpo por detrás con los brazos, quedando sus labios a la altura del oído de éste.
- Y… ¿cuál es la prisa? - preguntó con voz melosa, respirando sobre la piel del otro.
- ¿Prisa…? – se dejó abrazar con un leve estremecimiento – No tengo ninguna…
- Ah… pensé que sí… - comenzó a rozar suavemente sus labios por la oreja y el cuello de éste.
- N-No… - Dios, ¿qué pretendía? No lo sabía… pero tampoco iba a resistirse, así que, apoyó sus manos sobre las que tenía Roy sujetándole y preguntó - ¿P-Por qué?
- Por nada… mejor entonces - y diciendo esto, empezó a recorrer con su lengua el cuello de Ed para finalmente besarlo muy lentamente, apegándolo más a él. Hughes después de todo tenía razón; sí sentía cosas por Edward. Y vaya que las sentía.
Echando la cabeza hacia atrás para así facilitarle la tarea, Ed suspiró hondamente, entrecerrando sus ojos. No soñaba, eso lo tenía claro, porque aquello era mucho mejor que soñar. Sin duda.
Al ver la respuesta del otro, Roy profundizó su tarea, empezando a abandonar la delicadeza y la suavidad, al tiempo que sus manos comenzaban a acariciarle el cuerpo. Sabía que al Fullmetal le gustaba lo que hacía, y a él también de hecho; comenzaba a sentir calor dentro de su cuerpo.
Un sonido que nunca antes había emitido se escapó entonces de los labios del mayor de los Elric, aunque muy suavemente; gimió, sintiendo que las mejillas comenzaban a arderle. Y no por vergüenza precisamente.
Roy lanzó un pequeño suspiro al oírlo gemir; no era el único que empezaba a acalorarse aparentemente. Subió lentamente por su cuello hasta volver a las orejas del muchacho, mientras que las manos hacían lo propio, comenzando a desabrochar su chaqueta negra.
Al llegar con sus labios al oído del rubio, lamió suavemente su piel.
Ed cerró los ojos, estremeciéndose entre los brazos del General. Soltando un nuevo gemido, ladeó ligeramente la cabeza apoyándola en el hombro del otro. Obviamente, aquello le decía que quería que continuara.
- Roy… – que iba perfecto, de hecho.
- ¿Pasa… algo? - preguntó entre lamidas, soltando sus palabras como suspiros al oído del Fullmetal. Ya sabía lo que quería decirle; lo grandioso de esa clase de episodios era precisamente eso: no necesitaban hablar para expresar lo que desean o sienten.
- Ah… - oh, sí que pasaba algo. Sin embargo, antes de que pudiera decirle el qué, un indeseable sonido le interrumpió.
DingDong
Abrió los ojos.
No, no había oído nada.
Sintió más intensamente los labios de Roy en su oreja. Gimió.
No, definitivamente no había oído nada.
DingDong
DingDong
DingDong
… OK, quizá sí…
- "¡Deja de sonar!" – de todos modos, no parecía que Roy lo hubiera oído. Sintió un ligero mordisco y jadeó.
Muy a su pesar, retiró su cabeza del cómodo lugar que ocupaba y se separó del otro. No lo hubiera hecho de no ser por dos cosas:
- Ahora no sólo molestaban con el timbre, habían tenido la brillante idea de golpear la puerta también. ¡Mis felicidades al que está afuera!
- Roy obviamente no iba a mover un músculo para ir a abrir.
Por consiguiente…
- ¿Si…? – preguntó, abriendo la puerta - ¡R-Riza-san!
- Konnichiwa, Ed-kun – saludó la mujer, sonriendo.
- "¿Por qué no mejor me dispara y ya?" – se lamentó Ed para sus adentros, dejándola pasar.
A decir verdad, ambos motivos del rubio para abrir la puerta eran absolutamente válidos, sobretodo el segundo. De muy mala gana, Roy observó a su secretaria en la puerta, vestida de civil. Error: vestida de civil CON PANTALONES.
- Konnichiwa, Hawkeye… - la miró, cruzándose de brazos. Venía a su apartamento, lo interrumpía y encima tenía la osadía de usar un pantalón. Que poco cortés de su parte, la verdad.
- General – retribuyó ella, con una leve inclinación. Enseguida, volteó nuevamente a ver a Ed y amplió su gesto - ¿Te pasó algo en el cuello, Edward-kun? ¿Salpullido, tal vez? Supe que estabas enfermo
- H-Hai – iba a tener que aprender a controlar la cantidad de sangre que viajaba a su rostro alguna vez – No es nada, no se preocupe
- No me preocupo – dijo ella, tranquilamente – ¿Para qué? El General te está cuidando bien, sin duda – acompañó su comentario con una extraña sonrisa que dirigió a ambos alquimistas.
Una alarma se disparó en la mente del Fullmetal.
- "No… no, no sabe. Imposible"
¡Sólo estaba sonriendo! Eso era todo.
ALTO.
Hawkeye… sonriendo… en una misma frase.
Peligrosa combinación.
Roy le dedicó una mirada confusa. Hasta que la ficha finalmente cayó.
Ella lo sabe. Y está prácticamente seguro de ello.
Tamborileó los dedos sobre una de las paredes, siguiendo con la inspección visual de su compañera de trabajo. Traía en las manos una bolsa; comida seguramente.
-"¿Qué, tengo cara de muerto de hambre?..." - le dedicó una pequeña y elocuente sonrisa, ocultando así su pensamiento fugaz – Dime, Riza, ¿qué te trae por aquí?
- Pensé en ver cómo les estaba yendo. No suelen llevarse muy bien ustedes dos – rió un poco y añadió, adoptando una expresión astuta – Ya veo que los subestimé… pueden llevarse más que bien
- "Kami-sama..." - ¡Ella lo sabía! - ¿Q-Qué es eso, Riza-san? – señaló la bolsa.
- El almuerzo – contestó ella y comenzó a caminar hacia la cocina – Necesitas alimentarte bien para recuperarte, Ed-kun. Además, digamos que entre las muchas habilidades del General no se cuentan las culinarias – expresó, con cierto dejo de ironía.
- Oh, pero tengo muchas otras habilidades, para tu información, Hawkeye... - sonrió en un modo pícaro – Y además, ya aprendimos a acostumbrarnos al otro. Él sabe que no hay cena a menos que él se cocine algo y yo sé que no se largará de aquí hasta que no consiga lo que quiere - se encogió de hombros y se acercó a ella, quitándole la bolsa – Llevaré esto a la cocina…
- ¿Y Al-kun? – preguntó la rubia oficial, siguiendo a su superior a la cocina con Ed a su lado.
- En Rizenbul, le pedí que se fuera a casa por unos días – explicó, dedicándole una mirada reveladora a Roy. ¿Era su imaginación o había coqueteado con Hawkeye?
- Oh, ya veo. No quieres distracciones
- No… - bueno, no que le sorprendiera. Se encogió de hombros – Necesito estudiar en paz
- Por supuesto… estudiar
Al estar en la cocina y mientras la rubia abría las alacenas en busca de platos, Roy le dedicó una mirada de complicidad a Edward. Inconfundible, por cierto.
Sabía que su actuar podía llegar a ser malinterpretado, pero no había otra opción; tenía que distraer a Hawkeye lo más posible. No podía percatarse de nada de lo que estaba sucediendo entre él y Ed. Claro que no. De hecho, que ya lo supiera Hughes era como si pegara fotos y pancartas del suceso por todo el cuartel. Si lo sabía alguien más, estaban perdidos.
- Oh, deja, Riza, yo lo haré… - y apartando a la mujer con un masculino y gentil movimiento, buscó él los platos y los llevó a la mesa del comedor.
- Como guste – aceptó ella, sin inmutarse. Estaba muy equivocado si creía que con sus ardides de galán iba a lograr que los dejara en paz – Dime, Ed-kun, ¿ya encontraste algo que pueda serte útil?
- Sí, al menos eso creo – respondió él, un tanto más relajado – Y considerando que ni siquiera he revisado la mitad de la biblioteca, promete mucho más
- Me alegra – hizo una pausa y remarcó - ¿Y dónde has dormido? Este lugar es muy grande, sí, pero sólo hay una habitación
- E-En el sofá – mintió inmediatamente, viendo hacia otro lado. Tomó nota mental: tendría que aprender a mentir mejor también – En realidad no he dormido mucho – agregó rápidamente. Pronto se arrepintió. ¿Era idea suya o eso había sonado…?
- ¿Ah, no? – la mujer sonrió ampliamente y sus ojos brillaron - ¿Qué has estado haciendo, entonces? Si disculpas la pregunta, claro
- Estudiando, pues… - volvió Roy del comedor, que aparentemente había tenido el oído bien alerta – ¿O qué crees, ¿qué voy a dejarlo holgazanear? - regresó al cajón de los cubiertos y sacó unos palillos, pues ya había revisado lo que Hawkeye había traído: comida china. Lo cual indicaba que ni siquiera la había preparado ella sino que la había comprado por ahí. Es decir que no estaba en sus planes ir a su casa y hacerles el almuerzo sólo para hacerles compañía un rato.
- "O sea que sólo vienes a supervisar…" - pensó con amargura el General Mustang, sacando ahora unos vasos y yendo al comedor de nuevo.
- No me extraña que haya pescado algo entonces – comentó ella, alzando una ceja en dirección al moreno, antes de que éste se retirara de nuevo – Vamos, Ed-kun, me parece que la comida ya está servida
- Hai…
En la mesa, Riza tomó asiento a un lado de Ed y le observó comer unos instantes. El Fullmetal devoraba el contenido de su plato con la más que obvia intención de mantener su boca llena en todo momento y así, quizá, evitar meter – más – la pata.
Sonrió. Su misión por ese lado había sido completada. Y con éxito, cabe destacar.
Sólo le faltaba revisar la situación desde… el otro ángulo. Así pues, tocó con delicadeza la frente de Ed y pasó sus dedos por su cabello, como quien no quiere la cosa.
- ¿R-Riza-san? – tragando, Ed le dedicó una mirada confundida.
- Estás un poco caliente – dijo ella, quitando su mano con suavidad y jugando con la trenza del rubio luego.
Al verla posar las manos sobre Edward, Roy miró hacia otro lado, intentando ocultar un apenas visible gesto de… ¿molestia?
- Si te sientes mal de nuevo, Hagane-no, puedes ir a recostarte - dijo con simpleza.
Oh, ¿es que creía ella que él caía tan fácilmente en las trampas?...
Qué equivocada que estaba. Aunque su gesto indicase más bien lo contrario.
- Estoy bien – replicó Ed, mientras llenaba su plato nuevamente. Nunca estuvo enfermo, y aunque lo hubiera estado, ¡de ninguna manera iría a recostarse dejando a Roy a solas con ella! De pronto, sus cabellos dorados le cubrieron el rostro.
- Oh, lo siento – se disculpó Hawkeye, riendo delicadamente un momento – Déjame hacerla de nuevo
- Etto… - no era muy fanático de que le tocaran el pelo, pero bueno. No quería ser descortés tampoco – De acuerdo…
El moreno carraspeó. No le gustaba nada la situación. Para NADA.
De improviso y haciendo uso de sus grandes poderes alquimistas, el vaso de jugo de Riza se volcó sobre sus piernas, manchando su blanco e inmaculado pantalón.
- Oh... ten más cuidado, Hawkeye... no deberías usar ropa blanca en estas circunstancias - dijo con tranquilidad, levantando el vaso del piso.
Realmente lo sentía, pero si tenía que ser tan directo, lo sería.
- Sí, tiene razón – reconoció de buena gana la rubia, levantándose de la mesa – Disculpen – se alejó en dirección al baño, aguantándose la risa – "Misión cumplida!"
Cuando ya estuvieron solos, Ed levantó la vista de la comida con una sonrisa. ¿Por qué no estar feliz, después de todo? Hawkeye había dejado su cabello en paz y, mucho más importante aún, Roy se había puesto celoso.
- Buena jugada – comentó, bajito.
- Gracias, gracias… - sonrió galantemente el Flame Alchemist – Por cierto, el cabello suelto te queda muy bien - le guiñó un ojo, llevándose los palillos a la boca.
Ed se sonrojó sutilmente. Tendría que usarlo así más seguido.
Antes de que pudiera agregar algo, sin embargo, Hawkeye volvió al comedor. Su pantalón seguía empapado, pero al parecer le había quitado la mancha.
- Ya me voy – anunció alegremente y sólo para mosquear un poquito más al General, se agachó y depositó un beso en la mejilla de Ed – Disfruten la comida, matta ne! - dicho esto, salió como una exhalación del departamento, porque ganas de recibir quemaduras no tenía ninguna.
- Dime… - se giró Roy al rubio, apenas la mujer salió del apartamento – ¿Crees que lo sepa o sólo fue intuición mía?
- Oh, lo sabe. Lo sabe y le divierte – hizo una pausa y bebió jugo - Y, si no lo sabía, se lo acabamos de demostrar – finalizó, con una risita, recordando el carraspeo molesto del otro cuando la Lieutenant Colonel había intentado trenzarle el pelo.
- Si, eso me temía - se lamentó, terminando su almuerzo – Ya va a ver el lunes, cuando vuelva a la oficina… - se quedó pensando unos segundos y agregó – Maldita sea, ¡el lunes será un infierno ese lugar! - reaccionó de pronto.
Y es que, si ella lo sabía y Hughes también, entonces no tardarían en enterarse ni Havoc, ni Farman, ni Fury ni Breda.
Y no nos olvidemos también del Lieutenant Colonel Armstrong…
Vaya día de mierda que le esperaba.
Continúa…
