Romanticide
By Padfoot & Prongs
Chapter VIII: White Night Fantasy
- Lo lamento… - se sorprendió de lo fácil que había sido pronunciar esas palabras, mientras tomaba una de las manos del moreno – Respeto tu decisión, ya no… te presionaré
- Está bien… - lo miró Roy, ya con el brillo característico de sus ojos en ellos como antes – ¿Quieres un café?
- Hai – le sonrió un momento antes de soltar suavemente su mano e ir a sentarse al desayunador, a pesar de que ya era hora de cenar. Una idea cruzó de pronto por su mente y, esperando que sirviera para regresar totalmente a Roy a su humor normal, la expresó en voz alta – Oi… ¿tienes hambre? Puedo preparar la cena, si quieres
- No tengo hambre - sentenció secamente el otro, encendiendo la cafetera – Si quieres comer, en la heladera aún hay comida china del almuerzo
O sea, no que Ed tuviera la culpa. Pero ya se había malhumorado… o más bien, entristecido, gracias a los benditos recuerdos de la dichosa guerra.
- Anda… déjame hacerlo - insistió Ed, poniéndose de pie y yendo hacia él. Buscó su mirada y continuó, esbozando una de sus sonrisas confiadas aunque no fuera precisamente lo que sentía en ese instante – Te dará hambre en cuanto esté listo, te lo aseguro – tenía que hacer algo para animarle, lo que fuera. Y si eso incluía hacer el ridículo de cocinero, lo haría.
- Haz como quieras - dijo, sentándose en una de las banquetas del desayunador.
Apreciaba mucho el hecho de que Ed intentase levantarle el ánimo. Si, lo hacía. Es sólo que... bueno, esa clase de memorias no se van de un segundo a otro de la cabeza, ¿no?
- ¡Lo haré! – afirmó, resuelto. Aparentemente, claro.
La verdad, no tenía idea en qué lío se había metido. Que fuera un alquimista genial no implicaba, para su desgracia, que tuviera las mismas habilidades en cuanto a cocinar se trataba. De hecho, apenas y sabía freír un huevo.
Tras maldecirse en voz baja, se arremangó la chaqueta y comenzó a dar vueltitas por la cocina, sacando cosas.
Algo se le iba a ocurrir.
… ¿Verdad?
Mientras bebía el café que ya había terminado de prepararse, Roy lo observaba de reojo.
Y realmente, lo disfrutaba. Sobretodo por el delantal que se puso y por las espolvoreadas de harina que esparcía por el aire, ensuciándolo lentamente… claro que, si sólo fuera harina, no sería lo suficientemente divertido.
- ¿Para qué te ofreces a cocinar si no sabes cómo hacerlo?... - preguntó, sorbiendo el negro contenido de su taza.
Esa era una buena pregunta. Mejor se hubiera puesto a cantar, ahora que lo pensaba. Tampoco sabía cómo hacerlo, pero sin duda aquello era mucho más fácil de improvisar.
- Damare – dijo, enfurruñado, mientras amasaba algo que no estaba seguro si sería comestible luego.
- De acuerdo, de acuerdo… sólo no te vayas a quemar - dijo, dándole la espalda.
- No lo haré - suspirando, tomó una botellita de no sabía exactamente qué y vació un poco de su contenido en el bowl. Como la mitad, digamos. La masa, entonces, se volvió pegajosa e inmanejable.
Muy bien, basta de improvisación. Tenía que recordar algo real. Había visto cocinando a Winry millones de veces.
… Uh, alto, Winry no era una buena referencia. Cocinaba horrible. De ninguna manera quería que Roy probara una cosa así, no, señor.
- "Tiene que haber algo que pueda hacer…" – su vista recayó entonces en la licuadora, en un rincón de la cocina. Sin perder un segundo, dejó lo que hacía y fue hasta ella.
Con eso tenía que ser todo más fácil, ¿no?
Presionó el botón de la velocidad máxima, para que la cosa fuera un poco más rápido, o a ese paso cenarían a las 3 de la madrugada.
- "… xX leches"
De pronto, todo el contenido de la licuadora – por sobretodo los vegetales ENTEROS que metió -, empezó a moverse bastante aprisa… incluido el aparato. Vueltas, vueltas, vueltas, vueltas…
FUIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
El rubio logró cruzar una mirada silenciosa con el dueño de casa, quien ante semejante escándalo se giró para ver que sucedía.
CRASH!
La cara de terror de Ed quedó pronto embadurnada de la "pasta de okonomiyaki" que preparaba cuando la pobre licuadora se desconectó y salió volando por los aires, ensuciando también todo su cuerpo y la cocina.
Tras limpiarse los ojos con el dorso de la mano y escupir un poco de la "sabrosa" mezcla, comprobó el estado en el que había dejado la inmaculada y elegante cocina.
Como si fuera una zona de desastre. Tal vez peor.
Escuchó unas carcajadas bastante familiares entonces y volteó a ver a Roy quien, en efecto, se reía. Y, asombrosamente, no tenía mancha alguna sobre su cuerpo.
- Hiciste de todo, menos quemarte. Buen chico - le sonrió como a un cachorro que te trae el periódico a la mañana – Vaya desastre… 'te dará hambre en cuanto esté listo' - se reía, observándolo.
Bueno, ¡al menos logró hacerlo reír, era bastante, ¿no?
- Nunca te he visto intentando cocinar – le recriminó, al tiempo que se limpiaba el rostro con el reverso del delantal – Además, ¿por qué tiene que ser tan difícil? – hizo una especie de puchero, mientras pretendía limpiar sus manos sin mucho éxito.
- Muy sencillo; no sé cocinar. Todo lo que sé hacer son panes, tostadas, café y okonomiyaki… y por lo visto, eso intentabas hacer, ¿verdad? - mojó la punta de su dedo en un poco de la pasta que había en una de las mejillas de Ed y la probó.
El gesto de asco que se dibujó en su rostro era sencillamente…
Inexplicable.
- Kami… no es que no sepas cocinar; eres un DESASTRE. ¿Qué es ese gusto rancio que siento, ¿acaso es el agua de aceitunas y vinagre en el que flotaban unos viejos pickles en la nevera?... - preguntó con asco – Dime por lo que más quieras que no. Los trajo una vez Hughes y casi los vomito; los dejo ahí sólo para que él crea que me gustaron - exclamó con asco – y encima son de hace casi 3 meses
- Al menos me deshice de ellos – señaló, encogiéndose de hombros - De todos modos no tendrás que comer nada – agregó rápidamente – Lo limpiaré
- No te preocupes - lo tomó de la muñeca para detenerlo – Yo limpiaré… y prepararé la cena. Ve a bañarte de mientras - sonrió, pareciendo volver a la normalidad.
Uh, bueno, a la normalidad que mostraba desde que él estaba ahí.
"¿Cuando se terminará este sueño y volverá a ser como es?..."
- O-OK… arigatou – sorprendido, salió de la cocina y se dirigió al cuarto de baño, donde comenzó a quitarse sus maltrechas ropas. Nop, ni siquiera el delantal las había salvado de la catástrofe con la licuadora. Y su cabello había corrido con la misma suerte.
A pesar del estado en el que había quedado, se sentía satisfecho. Vale, no había conseguido realizarse como chef, pero sí había logrado distraer a Roy de esos recuerdos de la guerra que tanto mal le hacían. No sabía si había funcionado del todo pero, de momento, servía.
Le tomó un tiempo sacarse la suciedad de encima y, para cuando lo consiguió, se dio cuenta de que no tenía más ropa allí. Como había pensado que sólo se quedaría un día, no había llevado más. Tendría que ir a buscar sus demás cosas luego… en cuanto tuviera algo para ponerse, claro.
Resignado, se secó un poco, amarró la toalla a su cintura, y salió. Le intrigaba la reacción de Roy, a decir verdad. Para él era algo bastante intenso verlo en esas condiciones, después de todo.
- ¿Terminaste?... - el moreno se volteó a observar al recién llegado, mientras daba vuelta una de las tortillitas.
Y ahí se quedó.
Duro, mirándole.
Dejó la espátula sobre una servilleta en la mesada y se acercó al rubio con el mismo gesto de asombro.
- ¿Qué es esto?... ¿acaso tu sutil venganza?... - sonrió de lado, observándolo de los pies a la cabeza.
"Vaya. Simplemente… vaya".
- Puede – sonrió también, permitiendo que se acercara lo suficiente como para apreciar como su cabello goteaba, humedeciendo su torso – En realidad, no, Roy. Es que no pensé que me quedaría tanto aquí, así que no traje toda mi ropa… - hizo una pausa, mirando la hornilla de la cual comenzaba a salir humo y añadió - ¿No hueles algo extraño?
- Oh, sí… - dijo, acercándose un poco más – Hace un rato olías a pescado y vinagre - rozó sus labios, reconociendo el olor a quemado, pero sin importarle demasiado.
- Ya no… huelo así – susurró sobre su boca, entendiendo que igual como había pasado con lo del timbre, a Roy no le importaba porque ya tenía su atención centrada en algo. Y le encantaba que ese algo fuera, precisamente, él mismo.
- Mh… ¿te pusiste de mi colonia? - preguntó, recorriendo el rostro del Fullmetal con sus labios, suavemente, acariciando sus párpados, sus mejillas, su boca, su nariz, su frente… todo.
- Sólo… un poco – admitió, dejándose hacer. Sí, había usado un poco para quitar la rebelde "fragancia" que le había quedado luego de "cocinar".
- Huele muy bien en ti - sentenció, comenzando a desviar sus caricias con sus labios hacia una de las orejas del rubio, al tiempo que lo tomaba por la cintura, acercándolo aún más a él, de modo que sus torsos desnudos se rozaran.
- Ah… - sonrojándose, disfrutó de las sensaciones que le producían la cercanía y las caricias. Posó una de sus manos en el cuello de Roy, casi llegando a su nuca, enredando unos cuantos mechones azabaches entre sus dedos – Prefiero como queda en ti… - miró sus labios y mordió los suyos instintivamente.
Y es que no sólo la tortilla estaba quemándose. Ardía en ganas de besar a Roy otra vez.
- Por Dios… - susurró en uno de sus oídos, antes de recorrerlo suavemente con la punta de su lengua – ¿Por qué me haces esto… si no estás listo aún? - las manos del Flame Alchemist iban desde la base de su cuello hasta casi el fin de su columna vertebral, sin animarse a ir más allí aún. Necesitaba que Ed le respondiera.
Después de todo, era un caballero. Y eso nunca cambiaría.
- Yo… ah… - antes de que pudiera siquiera buscar la respuesta a eso en su interior, un resplandor anaranjado llamó su atención y le hizo desviar sus ojos de Roy – ¡Cuidado! – lo jaló hacia atrás, alejándolo del alcance de las grandes llamas que salían de la sartén y buscaban extenderse hacia el resto de la cocina.
Logró apartarse a tiempo, bastante malhumorado.
¿Primero Hughes, luego Hawkeye y ahora una sartén?...
Ya era el colmo.
Con rapidez, se encargó de extinguir el fuego proveniente de lo que se suponía era un okonomiyaki.
- "Ahora recuerdo por qué no me gusta cocinar…"
Con pereza, se acercó al compresor de basura, abrió la tapa, despegó lo que quedaba de la tortilla y lo tiró sin más al aparato, cerrándolo nuevamente. Abrió la ventana que había en la cocina y con un poco de pasta en la mesada dibujó un círculo de transmutación. Al accionarlo, un viento se llevó todo el olor a quemado del ambiente.
Ed le observó manejar el pequeño incidente, sentándose en una de las banquetas del desayunador.
Se sentía aliviado, debía admitir, aunque a la vez muy frustrado. Clavó por un momento la vista en la mesa, sin entender la mezcla de sentimientos que tenía. ¿Estaba listo? No lo sabía.
Lo que sí tenía claro; mejor que hubiera arruinado las cosas el intento fallido de cena y no él.
- 'No te vayas a quemar'… - repitió, mirándole desde su lugar – Buen consejo – sonrió.
- Urusai uú - se quejó, limpiando el sartén con agua helada para no quemarse.
A fin de cuentas, ninguno de los dos tenía cualidades culinarias demasiado desarrolladas… uh, bueno, él las tenía para lo básico, siempre y cuando Ed no se presentase semidesnudo en la cocina.
- En fin… - dijo poniendo la sartén en la escurridera – Ahí tienes un okonomiyaki listo; puedes comer
- Itadakimasu! – dicho esto, comenzó a comer de buena gana. Puede que no fuera lo más delicioso que hubiera probado, pero aún así sabía muy bien – Oi… - tragó - ¿Y qué comes cuando estás solo?
- Umh… tostadas… panes al vapor… - pensó, observándolo – No soy de comer demasiado en todo caso
- ¡¡Eso no es nada! – exclamó, perplejo – Vaya, yo estaría muerto de hambre… ¿y por qué comes tan poco? – se río un poco, ante una posibilidad absurda que le vino a la mente – No necesitas ponerte a dieta, ¿sabes? Me gustas como estás
- ¡Oye, no hago dieta - se mosqueó - Simplemente no está entre mis pasiones el comer… o al menos, no solo - terminó la frase - Y no estoy gordo – infló las mejillas en un gesto infantil.
- Claro que no - corroboró, mientras volvía a llenarse la boca de comida.
Recordaba el comentario de Hughes sobre la mala alimentación y las posibilidades de una muerte prematura y no le hacía mucha gracia que digamos. Tal vez si tomaba clases de cocina Roy comería mejor…
Se preguntó quién aceptaría enseñarle y poner en peligro toda su casa para ello.
Mientras tanto, el Flame Alchemist lo observaba detenidamente. No sólo su cuerpo, que gracias a las condiciones anteriores había podido admirar con lujo de detalle - salvo algunas cosas que gracias a la bendita toalla quedaban al misterio -, sino su rostro, sus hábitos, la forma en que mordía los alimentos… todo el ser en sí.
Y no le desagradaba en lo más mínimo. Algo que en realidad no esperaba que sucediera.
- ¿Están buenos? - atinó a preguntar en su ensimismamiento, mientras se servía crónicamente café en una taza limpia.
- Hai – le sonrió, terminando de comer. Dejó los cubiertos sobre el plato y se paró a buscar una taza a la alacena – Cocinas bien, de hecho – dijo, mientras abría el mueble.
- Gracias - sonrió, reaccionando al verlo levantarse de su lugar – Dime, ¿qué haremos con tu ropa sucia?... - sus ojos traviesos siguieron la anatomía del rubio mientras se desplazaba por la cocina.
- Supongo que la lavaré – dijo, volviendo a la mesa y sirviéndose café – No puedo ir a buscar otra así - bebió un poco de su taza y miró al otro, notando el brillo extraño de sus ojos - … podría darme neumonía – finalizó fingiendo inocencia.
- Oh, ya lo creo - sorbió café sin ver lo que hacía - Ni modo, tendré que prestarte ropa
- Si no te molesta – bebió, para luego sonreírle – No tengo planeado volver a cocinar, así que no te preocupes por ella
- De hecho, no me preocupa eso, sino que te quede bien - dijo con una sonrisa, devolviendo su vista a sus ojos.
- Supongo que me quedará un poco grande… - frunció el ceño un momento – un poco
- Ya veremos… no eres tan pequeño como antes al menos - sonrió pícaramente, terminando de tomar su café – Cuando acabes de cenar, nos fijamos
- ¿No vas a comer ni un poquito?
- Nope, algo… - lo miró de pies a cabeza – me quitó el hambre
- Mh… - se sonrojó – bueno… - vació el contenido de su tazón de un trago y se paró – Ikuzo
- Sí, enseguida - lavó la taza y se encaminaron al dormitorio.
Al ingresar, Roy se dirigió con pesadumbre hacia su armario y abrió las gavetas del mismo. La verdad, la noche anterior, el Fullmetal había dormido con sus pantalones puestos, pero ahora, además de que están sucios, no iba a permitirlo.
Oh, no. Claro que no iba a permitirlo.
Revisó con cuidado sus cosas hasta que encontró algo que no le fuera grande.
- Toma - le pasó una playera blanca – Espero que te quede, es lo único que encontré
- Arigatou – cogió la prenda y dio media vuelta – Ya vengo
El rubio fue hasta el baño, para cambiarse. Se colocó la remera que acababa de prestarle Roy y sus boxers, que gracias al cielo habían salido ilesos de su vano esfuerzo por preparar comida.
Miró su reflejo en el espejo antes de salir – algo que, por cierto, no había hecho en su vida detenidamente -. La playera no se amoldaba a su cuerpo como su propia ropa, pero el largo estaba bien. Pensó un momento si se trenzaba o no el pelo, mas decidió dejarlo así. Recordaba que al militar le gustaba más de ese modo.
Al final, recogió su ropa – que estaba lejos de oler bien - del piso y salió.
Roy lo esperaba afuera, sentado en el sofá, con un vaso de whisky en la mano. Al verlo salir, dejó su bebida sobre la mesita y se acercó a él.
- Dame la ropa, la meteré en la lavadora… - dijo, de pronto sintiendo el "suave aroma" que ésta despedía – quiero decir - la apartó rápidamente – la quemaré
Diciendo esto, se dirigió hacia el lavadero.
- Por cierto, ¿bebes? - preguntó desde ahí.
- No. O sea, una vez bebí, pero… – hizo una pausa, como si meditara el continuar o no – Casi no recuerdo lo que pasó, así que…
- O sea que o bebiste demasiado sin pensar o te pega demasiado el alcohol - se oyeron risas y ruidos de encendido de la lavadora – Está bien entonces, no te sirvo nada
- ¡Oye! – se quejó, asomándose hacia donde estaba. Pareció que iba a objetar algo, sin embargo, al final sólo bufó – No recuerdo cuánto bebí…
- Hey, no es un insulto en todo caso - se defendió – Aunque sería gracioso verte en ese estado. Pero tranquilo, si no quieres no… - terminó de acomodar todo y regresó a la sala – En fin… - dijo tomando su vaso nuevamente – ¿Vas a leer un poco más, ¿o prefieres ir a acostarte?
- Mh… - recordó lo que estaba leyendo y sacudió la cabeza – No, seguiré mañana
- De acuerdo…- tomó de un solo trago el resto de su bebida – dime, ¿dónde… vas a dormir? - preguntó, insinuante, acercándose a él.
- E-Etto… no lo sé – balbuceó.
- Mh… - dejó el vaso en el piso y le rodeó la cintura con los brazos, acariciando del mismo modo que antes sus labios, yendo así hasta su oído – Ah… puedo darte una sugerencia si quieres…
- … ¿Cuál? – preguntó Ed, tras un suspiro, aunque sabía bien lo que le diría.
- ¿Qué tal… en mi cama? - susurró sobre su oreja, dando una pequeña lamida al terminar.
OK, OK, ya le había dicho que no. Pero no significaba que no podía hacer esas cosas… ¿o si?
- Me gusta - se estremeció al sentir el toque de su lengua - … la idea – su corazón latía rápido. Y es que aún no tenía la respuesta a esa maldita pregunta que le había hecho Roy hace un rato. O, más bien; la tenía, pero no quería aceptarla.
- De acuerdo entonces… ve a acostarte, yo voy enseguida - sonrió, dando un último lametón a su oreja y separándose. Tomó el vaso del piso y se fue a la cocina.
- Sí, está bien… - le observó alejarse, sin resistirse a admirar todos sus atributos hasta que se perdió por el umbral. Se dio un golpe en la mejilla – "Demonios…" - ¡por poco y se babeaba! Definitivamente, no podía elegir un mejor momento para sentir timidez.
Se encaminó hasta el cuarto y se sentó en el borde de la cama, intentando darse ánimo. Después de todo, apenas y era el primer día que pasaban como… como…
… ¿Qué se suponía que eran ahora? Bueno, qué más daba. Estaban juntos, era lo importante.
En cuestión de segundos, el Flame Alchemist regresó a su dormitorio, en donde Edward ya se encontraba acostado y bajo las mantas. El moreno entonces abrió la cama del otro costado y se metió dentro, con él.
No. No iba a preguntar ni siquiera tácitamente.
Simplemente, colocó uno de sus brazos debajo de la nuca de Ed, para que éste se apoyara y le sonrió.
- Buenas noches, Hagane-no
- Buenas noches – dijo, acomodándose cerca de él, manteniendo su cabeza apoyada en el agradable lugar que le había ofrecido - … y es Ed – agregó, cerrando los ojos.
Agradecía que Roy comprendiese que aún no era el momento sin necesidad de que él se lo dijera directamente.
Por otro lado, esperaba que pronto sí lo fuera.
El otro sonrió y besó su cabello suavemente, respirando el aroma del mismo mientras cerraba los ojos.
- Buenas noches… Ed
No supo bien si horas o minutos después, pero despertó de la manera más agradable posible; sintiendo los labios de Roy recorrer su cuello.
Suspiró, abriendo sus ojos. Parpadeó un par de veces, para ayudarles a que se adaptaran a la escasa luz que había en el cuarto.
- Al fin… despiertas… - susurró el otro entre besos, rodeando al rubio con sus brazos y acercándolo a su cuerpo.
Vaya que era agradable despertar así, eh?
- ¿Llevas mucho… despierto? – preguntó, tirando la cabeza hacia atrás y pasando uno de sus brazos por la espalda del moreno.
¿Por qué Roy había cambiado de parecer de pronto y ya no quería dormir? No estaba seguro de que le interesara saberlo.
Más encima, sus ojos quedaban cubiertos por su negro flequillo, otorgándole así todo el misticismo que la situación ameritaba.
Oh, Dios mío…
- Mh…- la lengua del militar se deslizaba con destreza, dibujando las líneas de la yugular de Edward - … demasiado para mi gusto - rápidamente se colocó encima de él, colando sus manos dentro de la blanca playera que le había prestado para dormir – Espero no te… - muerde suavemente el lóbulo de la oreja – moleste
- Ah… - gimió, no oponiendo resistencia alguna a las maniobras del otro. Ahora que lo pensaba, no, no le interesaba en lo más mínimo saber a qué se debía el cambio de actitud – No me molesta…
El moreno acaricio con la palma de sus manos la suave y cálida piel del torso de Ed, dirigiendo de pronto la yema de sus dedos a uno de los pezones de éste, presionando el pequeño bulto. Colocó una de sus piernas a un lado del cuerpo que tenía debajo y la otra entre las del otro, con su rodilla peligrosamente cerca de su sexo.
- Ah… - comenzó a subirle la playera con la visible intención de quitársela – Mejor entonces… nada va a interrumpirnos esta vez… - el rubio divisó al fin sus ojos, con un brillo especial en ellos.
Sorprendiéndose a sí mismo, Ed retiró su brazo de donde estaba y se separó un poco de Roy, permitiéndole así que se deshiciera de la prenda con facilidad.
En su mente ya no parecían haber dudas. Y casi nada más, a decir verdad. De todo cuanto podía ser enteramente conciente era de esas manos expertas recorriendo su cuerpo y de esa boca ávida que devoraba a caricias su cuello y sus orejas.
- No… - susurró luego, deliciosamente cerca de sus labios, abrazándose a él – Nada lo hará… - le besó entonces, buscando deshacerse de esa sensación de amargura que le había quedado desde lo ocurrido en la cocina.
Roy le respondió el beso, tomándose su tiempo para recorrer muy lentamente toda la boca del Fullmetal con su lengua, como si intentara memorizarla. A su vez, sus ágiles manos comenzaron a descender por su cuerpo, despacio, reparando en cada detalle. Una de ellas se posó sobre sus pectorales, pellizcando suavemente uno de sus pezones. La otra bajó acariciando su piel con cuidado, llegando a la altura de su estómago.
Fue entonces cuando la rodilla que se encontraba entre las piernas de Ed se movió un poco más hacia arriba, tocando su cuerpo.
Estremeciéndose, ahogó un gemido en el beso, y deslizó sus manos por la espalda de Roy. En un momento una de ellas se topó con lo que suponía era el borde del pantalón, mas lo ignoró por completo y siguió su camino más abajo. Como bien pudo apreciar gracias al movimiento, las nalgas del militar eran tan firmes como se veían.
El dueño de ellas entonces rompió el beso, soltando un gemido al sentir las manos del rubio en aquel sector de su anatomía. La mano que se encontraba en su vientre bajó aún más hasta llegar al elástico de los boxers de Ed, adentrándose entre la tela de estos y su piel, acariciando suavemente.
Los ojos de Roy volvían a quedar ocultos, al tiempo que sus labios formaban una sonrisa sumamente sexy.
Sumamente sexy.
Ed gimió en su oído, entrecerrando los ojos, y levantando casi imperceptiblemente las caderas sin poder evitarlo. Al mismo tiempo, apretó con más insistencia las nalgas del moreno, sintiendo que una exquisita desesperación le quemaba por dentro.
Todo iba tan bien, tan bien. Casi parecía un…
DingDong
… No, ese no había sido…
DingDong
DingDong
Tenía que ser una broma.
DingDong
DingDong
DingDong
No podían interrumpirlos. No ahora. No de nuevo.
- No… pienso… abrir – le informó a Roy, lamiendo su oreja. ¡No, de ninguna manera lo haría!
El de cabello oscuro sonrió maliciosamente e intensificó las caricias que le propiciaba al cuerpo de Ed, bajando de pronto su cabeza.
El tibio contacto de la lengua del Flame Alchemist con la piel del torso del rubio hacía que éste gimiera aún más fuerte, e iba bajando…
Bajando…
Bajando…
DingDong
DingDong
DingDong
DingDong
A QUIÉN CARAJO SE LE OCURRE TOCAR A ESTAS HORAS?
No estuvo seguro si había pensando o gritado aquello, pero de repente se vio frente a frente con un… ¿relajado y dormido Roy Mustang?
- "P-Pero…" - ¡si hacía tan sólo un segundo le tenía encima suyo, haciéndole estremecer de placer y luciendo una sonrisa que prometía que apenas estaba comenzando!
Tocó una de sus piernas, comenzando a sentirse verdaderamente mal. Lo que sus pies desnudos tocaron no fue otra piel, sino una tela. La del pantalón del pijama de Roy.
Y, ahora que lo notaba, él también estaba vestido. Tal y como se había dormido.
DingDong
DingDong
DingDong
DingDong
DingDong
- "¡Ya voy, con un demonio!" – intentando controlar su cólera, se separó con todo el cuidado que pudo de Roy y se alejó dando zancadas hasta la puerta.
Claro que, en el camino, se le hizo obvio que necesitaba ir a otro lugar primero.
Así que, luego de haber atendido su problema sumergiendo toda la cabeza en agua fría, abrió la puerta.
- Ohayou – le saludó alegremente el individuo apostado en la entrada, aparentemente inmune tanto a su larga espera en la puerta como a la cara de asesino que traía Ed.
Oh, pero si era nada más ni nada menos que Maes Hughes.
- O-Ohayou… - se sorprendió el rubio, maldiciendo por dentro.
Ahora, ni siquiera en sueños los dejaban de interrumpir.
Se quedó unos segundos sin saber bien qué hacer. Claro que, apenas reaccionó, se corrió de la entrada para dar paso al recién llegado.
- Gomen - se disculpó enseguida, sonrojándose.
- Descuida – rió Hughes, ingresando al departamento – Estamos bien dormidos, eh? Pero hoy hace un hermoso día, es hora de despertar y disfrutarlo! – dejó las bolsas que cargaba sobre la mesa de centro mientras un gesto soñador asomaba a su rostro – Oír el canto de las aves, dejar que el sol abrigue tu piel, detenerse a oler las rosas!... – miró curioso a Ed, ante el gesto hosco que se había dibujado en su cara - ¡Y tomar un rico desayuno! Esta vez traje comida italiana – señaló una de las bolsas, donde podía apreciarse gran parte de un enorme pan largo y delgado.
Mientras tanto, Ed lo miró algo aturdido.
Sip, definitivamente, seguía pensando en el adorable sueño que acababa de tener.
Continúa…
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Por cierto… ¡Feliz día de los inocentes!
P.S.: En el capítulo que sigue SI VIENE LEMON –huyen far way-
