Capítulo I
Konoha, ciudad de alto valor comercial y militar, que a pesar de su importancia estratégica y táctica, llega a ser tan apacible que muchos de los habitantes del país del fuego dudan de su existencia; por lo menos en los tiempos de paz.
Pero el calmado urbanismo ya no era para nada oculto, a tan solo pocas horas de ocurrido el asesinato del shōgun de fuego; invadió a la ciudad, una desbandada de avisos por radio que ocupaban todo el espectro, aves mensajeras cuyo mensaje anulaba al anterior sumado a un sinfín de emisarios que solicitaba misiones a los puestos fronterizo; todo eso terminaba generando una inteligencia popular que se esparcía por el país, transmutando cada pequeña patraña que se sabía de la noticia en inmensas historias que desbordaba el país con mitos que auguraban caos y miseria.
Cosa que muchos tomaron como el inicio de una guerra y debido a eso, a las afueras de la capital del país del fuego, se juntaban unos enormes cúmulos de civiles que cargaban lo poco que podía rescatar de sus viviendas; discutiendo sin cesar por donde huir, sin que nadie lograra consolidar la ruta, aun así, la desesperación hace relucir el ingenio y también el miedo de unos pocos por evacuar de inmediato la ciudad, siendo esto la chispa iniciadora del movimiento de una larga hilera de personas; sin rumbo fijo, arropados por trazos de lana sucia y cargando la poca comida que había en sus ya abandonadas tierras. No eran más que el campesinado; personas lastimeras, pobres y desnutridas que debido a vivir directamente de la tierra que le pertenecía al regente del país, eran los primeros en sufrir los desmanes de los cambios en los poderes feudales.
Ya a varios kilómetros de la ciudad, la marcha paro, los jefes campesinos sobre el paso, llegaron a la conclusión de que el lugar más seguro era la aldea oculta entre las hojas. Pero antes de retomar la marcha, un estruendoso ruido de cornetas perteneciente a camiones militares, empezó a romper la columna desde la cola; cada camión estaba repleto por un pelotón de soldados armados con una mezcla mixta entre armas de fuego semiautomáticas, lanzas y espadas, mientras sus uniformes constan solo de una pechera de latón y un casco corintio del mismo material. Cada camión escoltaba a intervalos de pares una serie de camionetas con nombres escritos en las largas puertas suicidas que dicen en color rojo: "Clan Hyūga; Clan Sarutobi; Clan Akimichi; Clan Aburame; Clan Inuzuka; Clan Yamanaka y Clanes menores".
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En la mansión del hokage, Tsunade bullía ante los gritos de los jōnin que exigían órdenes imprecisas.
—¡Ya cállense! —Baladro la godaime mientras que de un golpe destrozó el aparatoso escritorio, volando los cientos de papeles sobre el mismo —. El señor del feudal fue asesinado, junto a la mayor parte de la corte. Y ahora, los herederos son personas de herencia indirecta del linaje… —Tsunade se detiene y observa cuidadosamente a Kakashi, cuya presencia apenas se daba a notar —. Posiblemente inicie una guerra civil, y los clanes ninja son los únicos con la fuerza para constituir un gobierno; el concejo por su parte, tratara de unirnos como lo logro Hashirama, para que nos hagamos con el poder…
—Y que creen ellos que harán los partidistas —Exclamo renuente Shikamaru mientras entraba a la reunión, pero su discurso fue interrumpido por la aún más súbita entrada de Shizune.
—¡tozama-daimyō Hideyoshi está enviando tropas a Konoha!, están a cien kilómetros de la aldea y vienen en camino.
—¡Mierda! —Gruño Tsunade.
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En los bosques aledaños a Konoha, la hilera de carros fue bruscamente detenida por una compañía entera de los ANBU.
—Papeles —Dijo uno de los ANBU al oficial que dirigía la caravana, el oficial daba a notar su rango por su preparado uniforme, compuesto por una pechera que era más bien una combinación entre un chaleco kevlar anexo un sode de bronce y madera, mientras su casco corintio le diferenciaba de los demás soldados por tener dos flores de loto de color oro situadas en la frente.
—Aquí tiene —Respondió el oficial, mientras le entregaba un memo al ANBU; en él se decía, que tozama-daimyō Hideyoshi fue proclamado por el concejo del país del fuego, daimyō temporal hasta que el consejo se reuniera con los clanes ninja; exonerando a la godaime a impedir que los líderes de los diversos clanes fueran llevados a la reunión.
—Puede continuar— Dijo el shinobi mientras daba la señal de recogimiento de la compañía ANBU.
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La villa Uchiha aun con numerosos andamios y herramientas debido a su reconstrucción; no representaba más que un pueblo abandonado solo ocupado momentáneamente por dos personas.
Sakura, por fin podía mostrar libremente sus sentimientos, o por lo menos que estos fueran aceptados por su amor de infancia.
—Sasuke-kun —Dijo con voz dulce la pelirosada mientras servía el té.
—Dime —Contesto Sasuke poniendo mofa, ya que sabía lo que venía; cosa que durante unos meses se repetía constantemente.
—¡Te amo! —Exclamo sonriente la Haruno mientras posaba la tetera sobre la mesita —. Y yo… a ti —Le respondió Sasuke con cara de desgano, o tal vez de vergüenza debido al atuendo de ella; la pelirosa, arropada por un kimono hikifurisode de color rosado claro con ornamentas de pétalos. Resaltando su tez blancuzca como la nieve, que tiene la habilidad de reposar en si la luz, volver la inerte vista en un retrato tierno del que se vislumbra cariño de sus verduscos cristales. Casi se podía oler el rosa de su cabello que terminaba de chocar con el suave mar de sus labios; que en un despacio pero áspero movimiento comparable al choque de dos soles, sus tenues líneas rojizas prueban los ansiados labios del Uchiha. Acariciando con sus manos el hermoso rostro, Sasuke empezó su recorrió por la hermosa cerezo; bajo por su torneada silueta, aflojando el kimono matrimonial, adentrando sus manos por el mismo mientras mordía los carnosos labios de la kunoichi, poso finalmente las manos en su cintura mientras la acorralaba contra la pared más cercana, encargándose de acariciarla con cuidado mientras liberaba los labios de ella, mostrándole así un hermoso rostro rojizo y tierno. Termino por bajar sus manos a sus nalgas, libres de toda prenda interior podía sentir la humedad del creciente sudor acompañado por pequeños espasmos casi imperceptibles, cosa que termino por enloquecer al pelinegro, apretando así los glúteos de Sakura. Haciendo que ella respondiera con una serie de miradas que se turnaban entre enojo y confusión. Ante esto solo basto que el Uchiha le dijera en voz tenue —. Sakura…—; para que ella entendiera la situación del momento, cambiando su confuso rostro por uno de vergüenza más rojizo. Volviendo así a iniciar el ataque sobre las partes débiles de su mujer. Movimiento que causo el arqueo de ella mientras posaba su cabeza con una brusca pena en el hombro de él.
—¡Sasuke, Sakura-Chan!— Grito el Uzumaki, que entro abruptamente a la habitación haciendo que la pareja se soltase de la llave, y logrando ver a duras penas la escena, no pudo contener de su rostro la expresión confusa que conecta extrañamente el estómago con la cabeza, cosa que hace perder el sentido de la gravedad en las piernas, y dando pasos insensibles, casi volando, se acercó a Sasuke. Y de esta forma Naruto se dio cuenta de su situación, la derrota incondicional.
—¡Baka!; ¡qué haces aquí!— Grito furiosa Sakura que por un momento pensó en mandar al rubio al otro mundo, pero prefirió darle la espalda para que no pudiese ver su cara roja y sudada.
—Sasuke… tienes que ir… están buscando a los jefes de los clanes… incluido a los menores— Dijo con una pesadez que daba a mostrar su angustia.
—Y que con eso Uzumaki, no estorbes… —Gruño interrumpido —. ¡Sasuke!, mataron a Hyūga Hanabi.
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En el charco rojo, mullido por trozos rosas se encontraba el cuerpo inerte de la heredera menor de los Hyūga, abalada en el frente del cráneo. Junto a ella, una veintena de guardianes de las ramas menores desconcertados, pero listo para la batalla. El soldado que acabo con la vida de la niña todavía sostenía el humeante Nambu tipo 14, no era más que el Teniente de 1ra que dirigía la caravana. Y aprovechando laconfusión del acto ordeno que las gatling de los camiones dieran ráfagas de aviso.
—¡Entréguese señor Hyūga, por el bien de su clan! —Grito la orden que fue acatada por el lloroso padre. En el acto dos soldados esposaron a Hiashi y lo montaron a duras penas en la camioneta negra con la inscripción "Clan Hyūga".
Ya con la carga importante asegurada, la camioneta blindada huye de la ciudad sin la escolta inicial. Los soldados aun en terreno de los Hyūga trataban de huir a pasos lentos sin perder de vista la horda que bullía con lo sucedido, terminando por retirarse despavoridos al camión que tomo rumbo a la mansión del hokage.
La situación parecida en los terrenos de los demás clanes, pero en la mayoría el uso de la fuerza no fue necesario, excepto con los Akimichi y Yamanaka, donde lanzaron gas nervioso que inmovilizó a la mayoría pero asesino a los más pequeños, enfermos y viejos, causándoles grotescos espasmos que les hacían sangrar y supurar sus líquidos y desechos.
El clan Nara huyo a una hora indeterminada, pero en represalia el cabo jefe del pelotón destinado a arrestar al jefe Nara, dio la orden de quemar las casas del clan; y al ver arder el complejo de papel, empecinó su maldad contra ellos mandado a minar los alrededores.
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Sasuke dio un trago enorme
—Lo mejor es que les acompañe —dijo de forma inerte.
—¡Sasuke, pero podemos huir juntos al monte Myōboku!— Grita exasperado el Uzumaki.
—No Naruto, lleva a Sakura contigo, yo veré que causa todo esto y de allí tomaremos las decisiones futuras— Se sentó en el suelo apoyándose contra la pared mostrando una lastimera preocupación —. ¡Sakura!
—Estoy lista— Contesto ella, ya cambiada a su traje de tarea habitual cosa que aun así no podía cambiar la expresión de tristeza del rubio al verla. Pero, sin parar con su misión invoco con rápidos sellos el pergamino del contrato de los sapos. Una vez abierto Sakura sin necesidad de explicaciones lo firmo. Aunque no se iría sin antes darle un beso profundo al Uchiha; escena que transmuto los sentimientos de asco, pena y tristeza del rubio en algo parecido a la agonía de la marcha final de los sentenciados a muerte, pero su rostro esta vez solo podía expresar una melancólica sonrisa.
Terminada la despedida la nube de humo emergió dejando al pelinegro en la soledad de la villa. Ante el entorno, solo le quedaba prepararse cambiando su kimono por uno más cómodo; completado eso, se dispuso a salir pero justo al abrir la puerta de entrada de la casa principal dos pelotones completos le arrestaron y como al señor Hyūga le montaron en una camioneta con la inscripción de "Clanes Menores" diferenciándose solo que la camioneta no partió sola, fue acompañada de los dos pelotones dispersos en dos camiones. Todo a una cronometría quirúrgica.
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A las afueras de la mansión del hokague cinco pelotones rodeaban el edificio con ametralladoras y reflectores. Los jōnin ya escondidos en el área, estaban listos para inutilizar a los invasores. Pero fueron detenidos por la llegada de una segunda hilera de camiones que escoltaban al coronel Isamu Chō. Vestido de un impecable uniforme caqui con condecoraciones de oro, mostraba un temible temple de crueldad.
Un soldado le facilito un megáfono a Isamu y este condeno: "Soy el Coronel Chō Isamu; comandante de la tercera compañía de choque. Konohagakure queda ahora bajo control mío y bajo una dependencia directa del daimyō Hideyoshi; todo poder anterior queda suprimido y se le exige al godaime se entregue…"
Al no hallar respuesta, Isamu dio orden de asaltar el torreón. Haciendo que los explosivistas volatizarán el portalón. Aprovechando así la columna de polvo, el escuadrón de asalto entra en la planta baja del edificio; y en cuestión de segundos el estruendo de las armas de fuego se hiso presente, acompañado dediversas explosiones. Tan rápido como inicio el fuego ceso, creando un silencio que rompía el aire con su tención.
—Soy el coronel….— El horrible chirrido de las voces de sus soldados pidiendo auxilio acallo sus palabras —. ¡Fuego!—
La aparatosas ametralladoras gatling .50 empezaron su marcha hacia el objeto azulado pero la velocidad del Chidori fue inigualable, culminando por el exterminio de uno de los camiones, junto a la gatling que tenía encima y los siete soldados que terminaron horripilantemente mutilados con las partes faltantes dispersas en los alrededores. Los ametralladores continuaron su carga hacia un muro de madera que causo la misma destrucción hacia otro camión cercano. Y justo en el segundo siguiente una sombra se asomó por el ventanal de la oficina del hokague.
—¡Allí esta! —Dijo el teniente mientras señalaba la ventana que tenía la silueta de una persona. Y la lluvia de disparos se alzó destrozando toda la parte alta del edificio, creando tanto daño, que gran parte del techo se desplomo sobre los cimientos…
