Capitulo III

La tristeza inmunda que inundan los ojos de quien ve el dolor del hermano caído y que como lluvia gris salpica el horizonte carbonizado, mostrando así los ávidos rostros de los sueños rotos, de la niñez amargada, del amor que fluye sin esperanza de ser correspondidos con besos tiernos y caricias tibias…; que no para de redimir sus sentimientos, aun a costa del dolor propio, aun a costa de la infelicidad angustiosa. Sabiendo siempre que es mejor eso, a un destino parecido a lo que el iris muestra.

Naruto Uzumaki observa a una llorosa pelirosada, a través de sus orbes verdes se terminaba de devastar laimagen de las ruinas de Konoha que están todavía humeantes y llenas de recuerdos; muertas por ahogo en mares de sal, para asegurarse que nada jamás vuelva a crecer en tal sitio.

—Papá… mamá —Las gotas dificultaban su vista, resbalando fugaz y débilmente por sus mejillas, muriendo en el pulgar del Uzumaki. Reaccionando Sakura ante esto con un corto asombro que desemboco en un llanto ahogado por la chaqueta aurinegra.

—Sakura-chan.

La pobre casa de dos pisos donde habitaban los Haruno se podía observar frente a la pareja, aplastada por el peso de los escombros de los edificios vecinos que fueron derribados por una aparente explosión.

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En la casucha donde hacía semanas malvivía Konohamaru con el extraño anciano.

—¿Y cómo me encontraste? —La cara de extrañeza se empezaba a desdibujar en Konohamaru.
—Cuando salimos de Konoha… —El nudo de la garganta choca contra el nombre de la aldea —. Ebisu nos encontró, nos dijo que pasó y que tenía órdenes de buscarnos y traernos contigo…

—Tenemos que ir con el resto, ¡tenemos que vengarnos!

—Ustedes no irán a ningún lugar —Rezongó Sakura, que venía desde dentro de la casa —. Ebisu ya está quemando la choza, tú seguirás al norte; Naruto, Konohamaru debe seguir en el exilio.

—Sakura-chan, no puedes impedir lo que haga —Una graciosa sonrisa de Naruto causo en Sakura una enorme mofa de cansancio, escena común en la vida normal de los jóvenes, pero al verla Konohamaru volvió a sentir el reconfortante tedio de la común vida —. Si vamos al sur tenemos que buscar a Sasuke, de seguro se quedó peleando.

—Pero Konohamaru tiene que refugiarse con los ancianos en el norte del país de la roca— Un seco gruño de Konohamaru hizo que Sakura comprendiese el dolor y odio tras las cicatrices.

—Entonces Konohamaru queda a su cuidado— Refunfuño Ebisu quien salió de la casa junto a unas lenguonas llamas —. Y a donde iras tu Ebisu, ¿al norte?— Pregunto Naruto.

—Quizá, de momento soy el contacto de Tsunade aquí en el país de la roca; aunque Konoha está perdida —El comentario despreocupado de su sensei, causo un desagrado tal en Konohamaru que empezó a aborrecerle —. Los remanentes de Konoha están en la costa, ocultos en las montañas del sur del país del fuego; desde aquí, en medio del país de la roca tardaran semana y media en llegar, pero una vez que crucen la frontera avanzaran en medio del desastre. El centro del país del fuego esta tomado por tozama-daimyō Hideyoshi; el sur es nuestro y se dice que Tsunade en las cordilleras está construyendo una nueva Konoha, pero el este es de las milicias partidistas. Y por último el oeste, hay rumores de que la aldea del sonido ha empezado una invasión. Si entran por el centro mueren, si bajan por los flancos del país se encontraran en medio de la sangría…

—¿Tan mal está el país…? —Pregunto preocupada Sakura, sin que pudiera evitar la imagen del desaparecido Uchiha.

—¿País?; eso ya no es un país, es una pelea de perros.

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En medio de la espesa jungla húmeda a pies de una cadena montañosa que integraba la enorme península del sur del país del fuego; se erguían un cumulo de aldeas con techos de palmas verdes, fácilmente difusa con la propia selva. En esas chozas, habitaban los remanentes de Konoha. Que en la clandestina lucha cuidaban sus más importantes tesoros. Las escuelas, hospitales y una que otra rústica imprenta que sirve para la creación de la propaganda de guerra. Esto se ve multiplicado mientras más se sube sobre el nivel del mar dando fin en lo más hondo de la inaccesible montaña, el pleno de los supervivientes de Konoha, reconstruían su aldea alrededor de un único edificio de hormigón que dominaba la punta del cerró, la sede del Hokague.

—¡Shikamaru! —Grita hecha furia Tsunade.

—Que sucede Tsunade-sama —Contesta el irritable Nara.

—Sasuke Uchiha no ha reportado nada en la vanguardia, eso no es posible. Hasta hace unos días teníamos que sustituir la columna entera por la cantidad de muertos, y ahora no encuentran ni mosquitos —Las enormes ojeras de Tsunade se volvían distractores más eficaces que sus comparativamente iguales descomunales pechos. Las manchas llevaban debajo de sus ojos desde hacía varias semanas ya que había ordenado al Uchiha comandar una ofensiva infructífera que se encargaría de recuperar una importantísima estación de radio, pero la fuerte resistencia no solo impidió el avance, también origino una irrecuperable cantidad de bajas de las cuales Chōji no escapo.

—Les ordene que regresaran, empecinarse no vale para nada —toso —. Ebisu logro contactarnos, encontró a Naruto y a Sakura, vienen en camino.

—¿No hay nadie libre que pueda buscarlos cierto? —dijo la cansada rubia.

—Ino está en algún lugar del centro del país, ella lo hará. Te vez cansada— El final del comentario causo la gracia de Tsunade —. Ya que preguntas hazte cargo mientras duermo —La joven anciana se retiró de su oficina a una marcha muy dolida. Sufría la secuela de cada uno de los descalabros vividos, la artritis avanza en esos cortos pasos, pasos que aplastaban el poder de sus jutsus. Topándose con la suave cama que apago el día para ella.

Las alianzas salidas después de la última guerra apaciguó la ira de las naciones potencia que bajo las ordenes de los señores feudales se negaron a intervenir en otra beligerancia más, a sabiendas de que se abandonaría a una nación a la anarquía; significando para el pobre pueblo del país rojo habitar en un sumidero en que solo ellos mismos podrían salir. Mientras las aldeas pequeñas, sedientas por desquitarse del daño recibido por siglos, aterrorizaban las fronteras de la nación roja.

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Pasados cuatro días, pegándole duro a la ruta, el equipo llego a las playas del este del país del fuego. Ante ellos se volvía a presentar su hogar, su patria; no precisamente quemada por la guerra, en esas alejadas provincias hasta la mano de dios les abandonaba; lugar extraño donde los arboles no dan frutos ni flores, los riachuelos traen solo una extraña agua barrosa y salobre que hace mitosis en los riñones en forma de cálculos sanguinolentos. Pobre tierra, tan seca y húmeda a la vez.
Ya en el quinto día de camino, por la madrugada encontraron pequeñas chozas de lata en donde los pescadores huían del implacable sol o simplemente trajinaban. Siguiendo su paso sin cesar divisaron en el horizonte una aldea de casas de lata. Los ojos de Naruto casi se volvieron agua ante la posibilidad de comida y bebida, cosas inexistentes desde que se adentraron en su país.

—¡Agua! —Grito el sediento Uzumaki mientras se daba a la tarea de corretear rumbo el pueblo; de nuevo en Sakura se pintaba un rostro atorrante debido al descuidado Naruto, que corría a un pueblo sin saber que peligros habitan en él, pero su sed era más insoportable que cualquier otra tortura.

—¡Naruto! —El ya alejado Uzumaki respondió a esto con una caminata de espaldas —. ¡Tráeme agua! —Y con eso las sonrisas alegres aparecieron. Sakura sin energía alguna con que curar sus quemaduras, presentaba un rostro rojo donde antes había la piel blanca.

El feo caserío no posee tiendas, hospitales, escuelas, ni tan siquiera una casa linda; no más que un pueblo fantasma donde las pocas personas que se veían eran mujeres con sus niños y juntos huyen despavoridos ante la presencia de Naruto.
Una vieja señora, sentada en la sombra con su mecedor no noto de quien se trataba esa silueta; casi ciega por las cataratas en sus ojos pudo ver el amarillo pelo ya cuando este estaba frente a ella.

—¿Quién eres hijo, de dónde vienes?

—Me llamo Uzumaki Naruto, tal vez haya escuchado de mí.

—Lo lamento hijito, mi memoria ya no es la de antes; te vez sediento, aquí las aguas son todas llenas debarros, pero en mi casa no hallarás agua tan cristalina como la mía —Rio la señora zorrunamente ante su propio comentario.

—Vieja no se preocupe por mí; pero necesito agua y comida, o un hotel donde yo y mis amigos nos podamos quedar esta noche.

—No sé qué es un hotel, pero pregúntale a Misa-chan, ella sabe leer, es lista y te puede ayudar. Pero si quieres te quedas esta noche con tus amigos aquí, les ofrezco lo poco que tengo por un rato de buena compañía.

—Es usted muy amable abuela; ¡gracias!

La tarde fue alegre, el pueblo se acostumbró a la presencia de los shinobis, que devoraban con cierta pena las reservas de agua y alimento. Reposando junto a la abuela con el ocaso a espaldas, decididos a descansar hasta que Sakura se curara.

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En las estepas jungladas, una enorme columna de moribundos ninjas reposaban en medio de una angosta trocha, el sudor seco en sus ropas se podía oler desde la cima de la montaña donde Shikamaru les observaba sin disimular su rabia; dentro de la oficina del Hokage Sasuke Uchiha discutía con la godaime, pero el Nara extrañamente no fue requerido para la junta, dejando a este abandonado en la espera frente a la oficina del Hokage, viendo como los cansados shinobis que estaban apostados a las afueras de lanueva Konoha peleaban por algo de tabaco.

—¡Y una mierda Sasuke! —Se escuchó el rugido dentro de la oficina, para que segundos después el pelinegro Sasuke saliera de la misma; vestido con uniforme de guerra algo incómodo que para nada le agradaba.

—Uchiha, tenemos que hablar —Las palabras de Shikamaru fueron ignoradas en su completo —. ¡Uchiha, como murió Chōji! —Vuelto a ignorar, no sin antes Sasuke diera un alarido bufón, esto desquicio por completo al calmado Nara, quien le inmovilizo y le ahorco —. Mal nacido; tu sabes bien lo que hiciste…

—¡Shikamaru! —Tsunade les interrumpió —. Ya arreglaran cuenta después de la guerra, Sasuke ve y alimenta a tus hombres.

Y el Uchiha se esfumo; dejando a un iracundo Nara que se desquitaba a golpes con la dura pared.

—Debimos matarlo mientras podíamos…

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Desde su vuelta del país de la roca, su patria solo les recibía con las mismas escenas y la aldea cercana dela costa no ofrecía variación; ese continuo pasar del hambre entristeció los rostros de los infantes que chupaban en vano a las hambrientas mujeres, solas a merced del viento que guía a los hombres mar adentro a cosechar los frutos marinos. El equipo al ver tan desolado pueblo no ignoro su pasado, pero el metálico lugar no tiene un Gatō que les explote, por lo menos no era así mientras hay pesca. Cuando los hombres azotados por la escasez de lo natural se alejaban por semanas en busca de cardúmenes esquivos, en ese lapso de tiempo las mujeres y sus niños son apaleadas por numerosas bandas de saqueadores, que roban y violan a las féminas. Y cuando oponían cierta resistencia no se salvaban de represalias crueles o por lo menos eso entendió Sakura de la anciana, que no es más que un pedazo de piel secada por un amarillo sol y salado mar.

—Como lo logran…

—¿Lograr que?

—Vivir… —Soltó la palabra con gran pena.

—¿Vivir?; niña, eso es sencillo… por el amor, cada una de las muchachitas se hace mujer cuando aprende eso. Aguantamos las penurias con el anhelo de que nuestros esposos al volver de la mar nos cuiden y nos devuelvan la felicidad que se va con ellos. Por qué ellos son los que cuidan de nuestra sonrisa —La anciana, solo envuelta en pellejo falta de las grasas necesarias, dibujo una mueca de sonrisa en su rostro. Tal aprecio por los sentimientos recibidos, todavía teniendo que llevar una martiria vida en tierra conmovió a la muchacha. Sakura sabía bien al respecto, no obstante ahora estuviera casada con Sasuke algo en su ser se revolcaba en la amargura que le significaba la sonrisa de la vieja —. Y nuestros hijos, nacidos de tan bello sentimiento, superan las adversidades y aprenden a amar a la siguiente camada. Tu ropa te delata niña, eres de esas ninjas que comenzaron los problemas en la ciudad. Son de los buenos.

El estruendoso avance de los desadaptados que no superaban las dos docenas callo la conversación, y estos como si tuvieran una guía con el destino trataron de someterles.

—Pero que trajo el viento a estos lares, una linda flor rosa.

—¡Hijo de puta!

—¡Naruto! —El tono de regaño departe de Sakura, contuvo la ira del Uzumaki.

—Has caso a la señorita; de seguro esta niña quiere volverse mujer con un verdadero hombre, se nota a leguas que nunca ha saboreado el placer de un pene como el mío —El maleante que aparentaba ser el jefe de la banda reconoció a la vieja que le observaba con un arisco desagrado —. ¡Que ves anciana!, a ti no tela meto ni por el culo— El joven malandroso, le trato de propinar un golpe a la abuela, pero su brazo fue detenido en un parpadeo por la hermosa y peligrosa cerezo —. Suéltame —Exigió con un miedo que muy probablemente le achico las gónadas.

—No.

Acto seguido, Sakura volvió barro el brazo sujeto. Mientras este sin siquiera percibir el dolor quedo atónito ante un segundo golpe que le azoto contra el suelo de varios metros a sus espaldas; acabando al instante con su inútil vida.

Naruto y Konohamaru, perplejos por lo sucedido, solo lograron atisbar como las mujeres y los niños huían a sus casas mientras la Haruno destrozaba los cráneos de maleantes en un baño de sangre que no le provocó la satisfacción esperaba, más bien, al terminar la matanza y observar lo que su furia logro. Enardeció en un mar de tristeza donde solo surgía una pregunta inconclusa. ¿Cómo alguien que quiere y puede amar, hace lo que ella hizo; aún si fuera por un bien mayor?; las lágrimas se esparcieron de nuevo, esta vez chocando con la sangre ajena coagulada en su rostro. Terminando por estallar en un nuevo llanto seco, casi como de crio, donde su alma trataba de hacer catarsis con su confusión en la lastimera y grotesca escena que le rodeaba, como siempre el cuerpo de Naruto le abrazo por la espalda, arrodillado con ella, tratando de sentir y sufrir lo que ella.

Las habitantes del poblado no veían la carnicería como algo malo, a sus sufridas vidas llegaría la paz, sin más maleantes que les torturaran podían al fin existir; y eso había que ser celebrado.

En los pobres ranchos de lata no había agua ni carne que alimentaran la tripa, pero no podía faltar el alcohol etílico que rozaba una composición casi del cien por ciento; el pescado seco apareció junto al alcohol como por magia y fluía en las casas acompañado por el sonido de tambores que los niños tocaban con sordo oído. Jamás en ese pueblo se había visto tan exitoso intento por hacer una fiesta, y menos en honor a alguien, su salvadora. A quien llenaron de agasajos y que con chillidos le comunicaban que en la casa de la hija de Miraki había un baño y en la casa de la hija de Miraki las mujeres bañaron a Sakura. Y esta salió del baño, revitalizada sin penas ni dolor, volviendo así a deslumbrar su hermosura.

—La amiga de Osaka tiene carne de vaca y manda a decir que la agarrara con gusto, que ella no podía entregárselo en persona por que su madre tenía calentura.

Comentario que solo da cabida a que Sakura dijera:

—Yo soy médica.

Y con eso la apoteosis comenzó, al fin el sufrimiento se acababan junto a las llagas y las barrigas llenas de hematuria. ¡Al fin la felicidad vino acompañada con bailes de los inválidos y cantos de los mudos!

Konohamaru y Naruto en cambio tenían que limpiar la carnicería mientras Sakura olvidaba sus pesares en la celebración.

—¿Porque a nosotros nos toca esto?, no es justo quiero estar en esa fiesta —Dijo fastidiado Konohamaru.

—Vamos llorón, a alguien le debe tocar el trabajo sucio, y en este caso es a ti.

—¡¿Cómo que a mí?! —Pero la queja no retracto a Naruto quien se esfumo rumbo a la multitud que se agrupaba del otro lado del pueblo.

—¡Naruto!

Sin muertos en vida a quien curar, Sakura fue abandonada de los halagos, las mujeres corrían de casa en casa para averiguar los chismes de quienes estuvieron en el mundo de los muertos por semanas; dejando a la Haruno contemplar tan maravillosos logros.

—Eres grandiosa Sakura-chan —Naruto le había llegado nuevamente por la espalda a la pelirosada, parecía que le gustase esa acción; esta al voltearse noto el presente que el hombre le trajo, una orquídea que trajo el rubor y sorpresa en ella.

—Naruto… —Por un momento el mundo se detuvo dejando solo la continuidad fogosa de la mirada de los dos amigos.

—¡Es un milagro, traigan el ron! —El grito de la anciana rompió el tenue hilo tierno del momento pero Sakura un tanto ebria arrastro a Naruto a una choza más septentrional, que solo contaba con la iluminación azulada de la luna.

—Sakura-chan has pensado en lo que te dije en el monte…

—Naruto, no sé; no sé qué me sucede, quiero a Sasuke, pero tú, al verte… no se —La ebria Haruno cayo de nuevo en tristeza ante la discusión. Pero Naruto acabo de golpe su tristeza y borrachera con un robado beso, llenando de una excitada sorpresa a Sakura, que al sentir el calor que le propiciaban los labios de Naruto torno su rostro de sorpresa a cariño. Sujetándole con delicadeza la suave mejilla Naruto le aparto, observando así como la flor rosada, con los ojos cerrados movía sus labios en el aire como tratando de encontrar pareja. Notando la falta de compañía, Sakura abrió sus ojos haciendo contacto al instante con Naruto. Quien le esperaba con una risilla que cambio la cara de Sakura a una de enojo fusionada con rubor.
Sus labios se amaron la mayor parte de la noche, y aquel acto prohibido solo quedo visto por la hermosa luna llena, que en su danza infinita alrededor de la tierra jamás vio tan hermoso momento.

Solo día y medio duraron en ese pueblo del este, que una vez librado de los maleantes abrazo con cariño a sus salvadores. Llenándoles con los pocos regalos que les podían ofrecer; pero la felicidad nunca es completa o eterna. Y el fin de esta se presentó en la medianoche. Cuando la carga de caballería azoto el caserío, entraron a velocidad brutal en las chozas y con sus sables acribillaban a las confusas habitantes; enla penumbra del humo que escapaba del infierno de las casas verduscas, el equipo de Konoha huía entre sollozos ahogados, confusos de lo que sucedía.

—¡Hey, por aquí! —Grito una sombra.

—¿Ino? —Pregunto Sakura.

—¿Quién más? —Contesto la Yamanaka casi que sonriendo —Tenemos que irnos de aquí rápido, no podemos dejar que nos vean, en la capital se corre el rumor que andan tras de Naruto; y si te ven los soldados no creo que lleguemos con Tsunade-sama.

—¿Dudas de mi Ino?

—Ellos se prepararon para ti Naruto, tenemos que huir. Hideyoshi sabe cómo matar a los bijū.