Sumario: Los herederos al trono, José María Itzae, María José y Josefina Yantzin son desterrados y separados, cada uno condenado a recorrer un arduo y doloroso camino. En un mundo donde todo se pone en su contra, ¿lograrán restablecer su honor mancillado y recuperar aquéllo que les pertenecía?

Pos no estamos muertas aún, pero el clima tampoco se ha puesto de nuestro lado... ¡Amamos los días fríos, pero nos sentimos muy mal! ToT

Aún seguimos en la marcha, y la prueba de ello es que traemos este segundo capítulo, espero que lo disfruten. También les recuerdo que Hetalia y etc., NO me pertenecen, no gano efectivo ni crédito con esto, y les ofrezco una humilde disculpa a las personas que resulten ofendidas por el contenido aquí expuesto. Dedicado a Yukikitsune :3


Capítulo 2: El Príncipe Esclavo.

Ahí estaba él, al lado de sus hermanas, contemplando la silenciosa agonía de su madre, cuyo corazón se detuvo al escuchar la terrible noticia qué provenía del campo de batalla.

Su padre, el hombre más bondadoso, sabio y valiente qué conocía, había sido ejecutado frente a su tropa, por las manos enemigas, a cambio de perdonar la vida de cada uno de los soldados capturados

De sus ojos brotaron lágrimas de rabia e impotencia. Hubiera dado todo lo qué tenía por que sus padres no hubieran tenido qué sufrir semejante final, mas no le fue permitido decir o hacer nada, excepto velar por el bienestar de su madre y hermanas, e incluso en eso falló.

-¿Porqué lloras? ¿Puedo saberlo, da?

Una voz más que familiar logró sacarlo de sus sueños, y al abrir los ojos, descubrió el dulce rostro de la princesa Tanya, quién secara sus lágrimas con su perfumado pañuelo.

-Ratoncita, ¿qué haces aquí? Te meterás en broncas, es decir, podrían regañarla, Alteza.

La rubia de ojos violetas dibujó una triste sonrisa en su rostro, sentándose al lado del moreno.

-Soy feliz a tu lado, aún cuando mi hermano se moleste. -Estrujó con nervisismo el pañuelo.-Si pudiera, renunciaría a mi derecho real para comprar tu libertad y vivir lejos, donde podamos ser felices. ¿No sería lindo, da?

José María sonrió con tristeza, recordando la promesa que le hiciera a la princesa de las tierras del norte, muchos años atrás, tras su primer encuentro.

-Muy felices, si...

A los pocos minutos, la princesa tuvo qué retirarse a sus aposentos, por temor a qué tomaran represalias en contra de José María, a quién le dejó una canasta con frutas y un beso antes de partir.

El moreno, por su parte, contempló la comida con una mezcla de dolor y alegría entrelazados. Había sido la bondad de Tanya lo que lo mantuvo de pie en lo qué iba su tiempo de esclavo, y lamentó ser incapaz de corresponderle como ella merecía.

-Si me dan tu mano, te prometo que siempre te haré feliz.

-Te lo compensaré, Ratoncita, lo prometo.

Continuará.