Sumario: Los herederos al trono, José María Itzae, María José y Josefina Yantzin son desterrados y separados, cada uno condenado a recorrer un arduo y doloroso camino. En un mundo donde todo se pone en su contra, ¿lograrán restablecer su honor mancillado y recuperar aquéllo que les pertenecía?
¡Días fríos, pero aún nos sentimos muy mal! ToT
Aún seguimos en la marcha, con este tercer capítulo que espero que lo disfruten mucho. También les recuerdo que Hetalia y etc., NO me pertenecen, no gano efectivo ni crédito con esto, y les ofrezco una humilde disculpa a las personas que resulten ofendidas por el contenido aquí expuesto. Dedicado a Yukikitsune :3
Capítulo 3: La Princesa Egoísta.
-Vengo en nombre de mi hermano, el príncipe Harm, heredero al trono de los Países Bajos, para discutir los asuntos relacionados con la alianza entre nuestros reinos.
El encuentro diplomático entre la princesa Emma con los reyes tenía un secreto conocido por todos, mismo que, aunque se manejó con discreción, no hubo en todo el reino y poblados a la redonda que no escuchara de lo qué se habló y decidió.
Mejor dicho, de lo qué ella decidió.
-No pienso contraer matrimonio con un hombre qué antepone el poder y las riquezas, al bienestar de su gente.
Y a pesar de un tratado de no represalias, el príncipe declaró rota la tregua y ordenó a su ejército invadir cada poblado qué fuera fiel a los mandatos erigidos por los padres de la morena, quiénes intentaron por las buenas y malas hacerla recapacitar para evitar un conflicto armado, mas era sabido que sin importar la respuesta qué hubiese dado la princesa, el enfrentamiento sería inevitable, dado que las alianzas más influyentes del reino de los Países Bajos eran, en palabras sencillas, enemigos de la corona, y un falso acuerdo de paz sólo equivalía a consentir la fragmentación del reino, y la inminente ejecución de su familia.
-Hija, trata de ver las cosas desde nuestro lugar. Un matrimonio entre reinos puede traer grandes beneficios a todos.
-¿A costa de qué, padre? Ese hombre no está interesado en la paz. Todo el mundo lo sabe.
La guerra fue inevitable, y con la ejecución del rey en el campo de batalla, y la muerte de su madre, María José tomó la responsabilidad de hacer frente a los atacantes, recibiendo una última oferta en su lecho de captura, qué rechazó de nueva cuenta pese a su precaria situación.
-Te burlaste de mí diciendo que me importaban más las riquezas y el poder que la gente, pero ¿no es el orgullo y la soberbia un veneno peor que la codicia? -Le preguntó el príncipe Harm, obligando a la mujer de cabellos café chocolate a verle directo a la cara en todo momento.
-Alteza, su hipocresía es tan grande como su avaricia. De nada le servirá mi mano, puesto qué ha tomado el reino por la fuerza. ¿Qué quiere probar? ¿Qué puede callar a los que se oponen a sus caprichos? ¿Qué su idea de monarca implica ir contra de la paz por un puñado de riquezas efímeras? ¿O es que aún cree que ha demostrado su poder ante el mundo, cuando en realidad son otros los beneficiados, aquellos qué celebran mientras su marioneta se mancha las manos con sangre inocente?
Sintió el frío acero del puñal del príncipe holandés en su cuello, y al cruzarse sus miradas, descubrió en sus ojos una ira nunca antes vista. Rabia y desprecio, sazonados con una vergüenza que no podía ocultar.
-Llévenla al desierto y ejécutenla...
Terminó de pulir el acero de su nueva espada, a la qué dedicó horas extras en la madrugada. Los recuerdos de aquéllos días no la dejaban dormir, y cada vez le era más difícil lidiar con ellos. La única súplica que hizo al futuro gobernante del Reino de los Países Bajos fue que perdonara la vida de sus hermanos y su gente, a cambio de disponer de la suya.
¿Había tomado, al final de cuentas, la mejor elección?
Aún despierta, escuchaba los reclamos de sus súbditos, y las súplicas de aquéllos qué le siguieron siendo fieles, mismos que abandonaron sus hogares y sus campos para seguirla; a esos hombres les debía la vida, y por ellos no dejaría de pelear, pero no era su único motivo.
Sólo al tener su espada en manos, podía sentir paz. Combatiendo contra ladrones, soldados enemigos o desertores, así como contra miserables qué abusaban de su poder; al blandir el acero, veía con claridad su presente y lo qué había sido.
-Princesa, capturamos un espía de Germania.
-Tráiganlo ante mí.
Era hora de avanzar al futuro, y recuperar lo que había perdido.
Continuará.
