¡Hola! Hoy les traigo la continuación del capítulo anterior que quedó medio cortado xD, Lo siento por eso. La verdad se me hizo un poco difícil escribirlo y ya verán el porqué.
Decidí que de ahora en adelante publicaré un capítulo del fic por semana por cuestiones de distribución de mi tiempo (universidad, trabajo, jugar xD, dibujar y ver anime), escogí un dia en especifico que son los MIÉRCOLES porque es el día intermedio de la semana así para el fin de semana todos podrán leerlo.
¡Espero que lo disfruten!
Disclaimer: Hunter x Hunter y todos sus personajes son creación de Togashi Yoshihiro. (Hoy no diré nada sobre ti Togashi .)
Capítulo 6: Encerrados X Situaciones X Palabras.
— ¡Oye abre la maldita puerta!—. Gritó Killua desesperado. Esto no le gustaba para nada, no quería quedarse con Gon a solas en esta situación — ¡Te mataré sino lo haces! ¡Pervertido!— Golpeó la puerta con la única mano libre que tenia, pues la otra estaba ocupada cubriendo sus pequeños pechos.
—Es inútil ya se fueron.
— ¿Cómo que se fueron? ¡Ven acá pervertido! ¡Voy a tirar la puerta!—. Siguió golpeando con intensidad pero sin respuesta alguna. Resignada se dejó caer al suelo.
—No hagas eso Kiki. No queremos andar rompiendo propiedad privada ¿no?
— ¡¿Cómo saldremos de aquí sino lo hago?!—. ¿Cómo podía estar tranquilo en una situación como esta? Estaban encerrados, ligeros de ropa y en una completa oscuridad. Cualquiera con un poco de sentido común sabría que esto se convertiría en una situación embarazosa, pero no, no para Gon. Era demasiado inocente para entender lo que esto significaba, esa ingenuidad era una de las cosas que más le gustaba del pequeño pero a la vez les ponía muchas veces en situaciones complicadas. «Tonto Gon ¿no te das cuenta de lo está pasando?».
— No te preocupes muy pronto se aburrirán sin nosotros y vendrán a buscarnos— Le dijo dándole una sonrisa para tranquilizarle.
— ¿Cómo pueden hacer este tipo de bromas? ¡Maldito pervertido! Me las pagará—, sentenció la albina. Suspiró para calmarse.
—Jejeje… Vamos, no es tan malo—. Se acercó a un interruptor para encender la luz pues la habitación estaba muy oscura— ¿Qué podemos hacer para divertirnos mientras esperamos?—, preguntó para animar un poco la situación. Debían hacer algo o el tiempo se pasaría muy lento.
— ¡Ahhhhhhhhhh! ¡Apaga la luz! ¡No quiero que veas!— El grito ensordecedor retumbó por el lugar. Con sus manos se tapó lo que pudo para evitar que Gon la viera.
— ¡Lo siento!—. Apagó el switch. Avergonzado fue hasta el fondo y se sentó recostándose a la pared. — ¿Qué podemos hacer?— Volvió a preguntar, pero esta vez para cambiar el tema.
—Quisiera algo para cubrirme— dijo suspirando tristemente. ¡Qué situación más incomoda! Era verdad que quería pasar tiempo con Gon pero nunca se imaginó que sería de esta forma.
—Buscaré en los casilleros seguro encontraremos algo —. Buscó en cada rincón y no había nada. Al parecer este vestidor no estaba ocupado por nadie—Kiki, no hay nada—. Supuso que esta situación debía ser muy incómoda para la joven, el estar desnudo en frente de alguien del sexo opuesto debe ser muy incomodo. Pensó y pensó hasta que se le ocurrió una idea, llamó a la joven: —Kiki, ven aquí—, le hizo un ademán con la mano indicándole que se acercara.
— ¿Qué? ¿Para qué?— Se ruborizó al escuchar la petición del muchacho. ¿Acaso Gon le estaba proponiendo algo? Estaba intrigado por aquellas palabras.
—Siéntate de espaldas a mí, así no podré verte y estarás más tranquila—. Se volteó ofreciéndole su espalda para que apoyara en ella.
La joven aceptó, era una buena idea, de este modo podrían estar más tranquilos mientras esperaban que esos dos idiotas parecieran de nuevo para sacarlos del lugar. Se sentaron espalda contra espalda. Entre la oscuridad nada se veía y el silencio se apoderó del espacio. La piel fría de la chica rozaba contra la del moreno haciendo que sintieran una agradable sensación ante tan sublime contacto.
Luego de un tiempo, un tintineo incesante y un cuerpo temblando atrás de él le hizo voltear —Kiki ¿Tienes frio?
—Estoy bien—, respondió para no preocupar al chico. Se abrazó a si misma, para calmar sus escalofríos.
—Pero estas temblando—, reclamó. Observó sus cuerpos y aun se encontraban mojados, era obvio que tuvieran frío pues ambos tenían muy poca ropa— Abrázame—, le ordenó.
— ¿Qué?—, preguntó asombrada.
—Mito-San me dijo que la mejor forma de combatir con el frío cuando no se tiene nada para abrigarse, es el calor humano—. Le tomó una mano y la atrajo hacia sí.
—Pero…—. Aun no estaba convencido si era buena idea, el estar tan cerca de él podría ser peligroso.
—No te preocupes, abrázame por la espalda. Así no podré verte—. Le colocó una carita inocente y radiante.
¿Cómo podía negarse con esa tierna mirada? Las palabras persistentes del moreno la convencieron. Aun sentados y en un suave movimiento lo abrazó por detrás. Al instante sintió una calidez que emanaba del cuerpo del chico semi-desnudo, el frío iba desapareciendo y un calor embriagante se apoderaba de ella. Posó su cabeza sobre la espalda ajena permitiéndole escuchar los tranquilos latidos del corazón. « ¡Qué sensación más agradable!»
Los pechos resbaladizos se restregaban contra su dorso. No pensó que ese abrazo repercutiría de tal manera sobre él. La piel fría de la albina le producía unos escalofríos ocasionales, era una sensación extraña y agradable. A este punto, su cuerpo comenzaba reaccionar ante el contacto, nunca estuvo tan cerca de una chica como ahora. Cuando estaba pequeño se bañaba con Mito-San, pero esto no era ni remotamente parecido a eso. Esta chica no era Mito-San y definitivamente no la veía de la misma manera. Sabía que era hora de pensar en otra cosa, cerró los ojos para contar ovejitas «1, 2, 3, 4...» Fue inútil. Su pensamiento fue interrumpido cuando sintió a la joven aferrándose aun más a su espalda. Cada respiración era una tortura para él pues el roce se hacía presente.
El tener a Gon así, tan cerca y sin miedo de que eso llevase a malinterpretaciones, le hizo sentir aliviado. Por fin podía abrazarlo, aunque solo fuera para recibir su calor, era un sentimiento indescriptible. «Gracias Riorio, a veces tus estupideces no son tan malas» rio para sí. Pensó en comprarle un buen licor como agradecimiento cuando salieran de ahí.
Se quedaron así por un rato, sin pronunciar palabra alguna ¿Cuánto tiempo había pasado? Minutos, horas o días, eso no importaba «Quisiera que se detenga el tiempo» pensó, pues no quería apartarse ni un centímetro de su amado. Una paz y tranquilidad reinaba en su pecho y se sintió con la necesidad de expresar lo que sentía: —Gon-kun… yo… —. No pudo terminar de hablar, pues Gon se abalanzó encima de ella, apoyando sus manos y rodillas contra el suelo. La respiración del muchacho era pausada pero profunda y sus ojos parecían perdidos pero a la vez le daban una mirada intensa.
El autocontrol que Gon tenía desapareció, y se dejó llevar por el instinto; si bien, antes le había ayudado en las batalla ahora lo ponía en una peligrosa situación. Observó el cuerpo descubierto de la joven, era perfecto para sus ojos. Se acercó para quedar a la altura del rostro, esos ojos azules profundos brillaban intensamente. ¿Por qué? ¿Por qué le parecía tan irresistible? Se preguntó. Los cabellos plateados se esparcían en el suelo. La joven no decía nada, pero sus labios se movían al ritmo de su respiración, esto le pareció encantador.
La besó, inexperta y fugazmente. En efecto, sus labios eran dulces. Tan dulces, que los tomó de nuevo; pero esta vez, violentamente. Separó los labios ajenos para hacerle paso a su lengua y recorrer cada rincón de su boca, ese exquisito sabor ahora se mezclaba con su saliva. Un gemido ahogado de la joven fue el aviso para separase, debían respirar. Pero lo anterior no fue suficiente para el muchacho pues quería sentir más de esas sensaciones desconocidas que se apoderaban de su ser. Con sus dedos acaricio delicadamente el rosto de la chica, su piel era como porcelana, no quería que se quebrara ante su brusco contacto por lo que apenas si la rozó.
¿En verdad esto estaba ocurriendo? Killua no podía creerlo: Gon lo estaba besando y no un beso puro y tímido, sino uno pasional y desenfrenado. No le importaba quedarse sin aire pues podría morir feliz en ese mismo instante. Su corazón comenzó latir rápidamente como si de un motor se tratara hasta pensó que se saldría de su pecho, pero no ocurrió. Su respiración se estaba descontrolando, ya no recordaba como coordinar los movimientos de su cuerpo, nada reaccionaba. Detalló los ojos color miel y estos estaban sumergidos en una total oscuridad, dedujo que el deseo se había apoderado de él y esto por alguna extraña razón le gustaba, nunca había visto esta faceta del moreno, siempre fue muy inocente e ingenuo pero ahora estaba enceguecido por el deseo y la pasión. Si, se lo había imaginado millones de veces pero esto era mejor, no se podía comparar con ninguno de esos sueños, esto era real. A sus ojos, Gon se veía como un hombre todo poderoso, pues se sentía sin fuerza al estar a su lado, ya no podía resistirse, más bien quería entregarse por completo en cuerpo y alma a él; A esa persona que le hacía hacer locuras con tal de estar a su lado. Estiró los brazos para atrapar al joven por el cuello y esta vez era él el que se lo comía con cada beso que le propiciaba.
La violenta acción de la chica, le agitó, nunca se espero que fuera correspondido de esa manera y como poseído por un demonio comenzó a devorar su cuello, los gemidos de ella no se hicieron esperar y estos aumentaron cuando en un movimiento atrevido, Gon comenzó a masajearle los pechos, suaves y redondos. Estos se amoldaban perfectamente a sus manos, eran como hechos a su medida.
—Gon-Kun... Gon-Kun…— Ahora gemía su nombre, en verdad su cuerpo había tomado el control de sus acciones.
Los grititos suaves en su oído lo estaban excitando aun más, le dio leves mordidas al cuello largo y sedoso, lamiendo en cada marca que había dejado a su paso. Sintió como su miembro había crecido entre sus shorts y como una palpitación fuerte le producía espasmos en el mismo. Levantó el rostro para ver el gesto de placer de su víctima y al ver que si estaba haciendo un buen trabajo se dispuso a probar los erectos pezones que hace un rato le provocaron una y mil escenas pecaminosas en su inocente mente. Su lengua hacia todo el trabajo probándolos como su de un manjar se tratara, los succionó a su antojo y mordisqueo para satisfacerse, eran perfectos así que nunca se saciará de ellos.
Killua estaba al borde del éxtasis, por fin estaba entre las manos de su amado y de una forma que nunca creyó posible. Arqueó la espalda mientras acariciaba los cabellos de ébanos.
El moreno se separó para seguir con su cometido pero ella le tomó el rostro y sensualmente le lamio los labios, ese gesto hizo que se estremeciera.
La albina se apoderó de la boca del menor, como si todo lo que estuvo contenido por tanto tiempo en su corazón ahora fuera liberado. Cada beso era más apasionado que el anterior y sus lenguas estaban en un frenesí desenfrenado. Las manos traviesas de la joven ahora se paseaban por la marcada espalda del otro, mientras que Gon la tomaba por las caderas para sentarla encima de él. Sus sexos ahora estaban en contacto, la ropa era lo único que los separaba de una total pertenencia del uno al otro. Abrazados, los besos no paraban y ambos movían torpemente sus pelvis para aumentar el placer.
En ese momento las palabras estaban de más, solo eran ellos entregándose uno al otro. No necesitaban decir nada más. Sus labios carnosos ya estaban rojos de tantos besos y mordidas que se daban mutuamente. Debían dar el siguiente paso.
El pelinegro recostó con mucha delicadeza a la chica en el suelo y deteniéndose solo unos segundos para observarla. ¿Esta creatura tan pequeña e indefensa era la que le estaba volviendo loco? ¿El cazador fue cazado? Se preguntó a sí mismo. Luego supo lo que iba a ocurrir, pero él no sabía nada de estos temas para adultos, por un instante el miedo se apoderó de él y así que con sus ojos temblorosos miró a la joven, para encontrar una señal de aprobación y tal vez algo de ayuda.
Killua tan poco era un experto pues nunca había hecho este tipo de cosas, pero creía saber un poco más que el otro. Se levantó del suelo para darle un tierno beso y susurrarle al oído: —Solo déjate llevar.— Succionó el lóbulo de la oreja para luego alejarse un poco.
Estas palabras fueron como un switch, que encendió de nuevo al moreno. La tumbó hacia atrás y comenzó a besarle desde su cuello bajando lentamente. Sus labios pasaron por su suave y liso abdomen besándolo tiernamente y prosiguió su camino llegando hasta su vientre. Acariciaba simultáneamente los muslos y los apretaba de vez en cuando, sintió como las delicadas piernas comenzaban a temblar entre sus manos. Pero no se detuvo, seguidamente besó aquella zona aun cubierta por el bañador.
El rubor en sus mejillas era alarmante, su respiración era rápida y descontrolada, creyó que se iba a desmayar. Si, esto iba a pasar: por fin, él y Gon serian uno. El nerviosismo se adueñó de él. «Contrólate Killua, eres un hombre» se reprendió a sí mismo. Esto era lo que había anhelado incontables veces.
Gon bajó para momentáneamente lamer los muslos desprotegidos, tal vez así se calmaría un poco ese temblor incontrolable, pero provocó el efecto contrario: Estas comenzaron a temblar aun más.
La joven arqueó de nuevo su espalda pues el placer la había embriagado por completo, ya no sabía muy bien que estaba haciendo el pelinegro, pero le producía una satisfacción indescriptible. Su corazón estaba desbocado en un sinfín de emociones; estaba muy feliz, no era justo que él fuera tan feliz. No había hecho nada para ganarse un regalo como este.
Ya no se podía controlar e inconscientemente lo dijo, aquello que guardaba en lo más profundo de su corazón: —G-Gon…Te amo…
Al escucharla; los ojos del chico se abrieron hasta más no poder haciendo que se detuviera. Esas palabras retumbaron en su mente como si fuera un eco. Se apartó violentamente asustando a la jovencita debajo de sí y se dejo caer en el suelo.
—¿Qué ocurre?—, preguntó Killua muy asustado.
«¿Qué estaba haciendo? Esto no está bien», pensó —Yo... Yo…—. No, así no se comportaba él, algo como esto nunca le había ocurrido. Jamás se hubiera perdonado si esto hubiera llegado a más, su mente ahora estaba hecha un caos, ella le estaba volviendo loco. No entendía porque se estaba comportando de esa manera, traicionándose a él y a esa persona que tanto le importaba, para él sus sentimientos estaban muy claros ¿No? Entonces ahora llega una chica y vuelve todo de cabeza. Pero esto no era culpa de ella sino de él por no saber controlarse —Yo… no puedo hacer esto… Lo siento…—. Colocó una de sus manos en su frente para taparse los ojos, realmente estaba avergonzado.
Sintió como una enorme pared se derrumbada dentro de sí, todas esa ilusiones que había formado dentro de su corazón ahora desaparecían. Sabía que algo tan maravilloso no podía estarle pasando, no a él, no a un asesino, no a un mentiroso, no a un Zoldyck. El cuerpo en un acto involuntario comenzó a temblar luego se abrazo lo más fuerte que pudo tapando su desnudez, ni un sonido brotó de sus labios.
—Lo siento…— volvió a repetir como si de algo funcionara. El daño ya estaba hecho.
Esas palabras lo confirmaban aun más, fue rechazado. ¿Qué había ocurrido? ¿Hace un momento no estaba siendo devorado por Gon? ¿Qué fue lo que ocurrió? Todo parecía ir muy bien. "«G-Gon…Te amo…»", recordó las palabras que había dicho hace un momento. «!Maldición!» Apretó los ojos para contener las lágrimas pero estas salían en contra de su voluntad.
Se apresuró en decir esas tan delicadas palabras que solo deben pronunciarse con aquella persona que es el amor de tu vida. Para él Gon lo era y no desde hace unos días, sino desde hace un par de años, esas palabras retumbaban en su cabeza cada día, cada vez que el pelinegro hacia un gesto o decía cualquier cosa sin pensar. Amaba todo él. Y hoy, arruinó el día por pronunciarlas. Esas palabras tan mágicas, que no solo deseaba decirle a él sino gritarlo a los cuatro vientos para que todos supieran que Gon era suyo y no de nadie más. Se apresuró; si, mal momento para hacerlo, hoy era Kiki, y esos sentimientos tan repentinos no surgían de un día para otro en una persona que apenas iba conociendo, esas palabras lo asustaron de seguro. No estaba preparado para ello.
El joven miraba a la chica de reojo, observando cada reacción que hacía, su rostro triste y su llanto inaudible lo estaban torturando. Por su culpa una persona tan linda estaba sufriendo, se arrepintió mil veces de no saber controlarse; trató de hacerlo, pero una fuerza incontrolable lo dominó, era como si todo su cuerpo le digiera que estaba bien hacerlo. Sintió la necesidad de explicarle la situación, no podía permitir que ella estuviera afligida por más tiempo —Kiki… Yo…
—No digas nada…— dijo, entre sollozos.
Eso fue como una bofetada para Gon, atormentado recogió sus piernas para abrazarlas y ocultar su rostro entre las rodillas. Ella se quedó ahí sin moverse ni un milímetro. Un sonido proveniente de afuera se hizo presente en la habitación.
Leorio y Kurapika luego de unas 3 horas venían en rescate de sus amigos. Todo gracias a la insistencia del rubio que todo este tiempo estuvo discutiendo con Leorio para que los dejara libres.
Al escuchar el ruido afuera Killua se levantó del suelo y se dirigió hacia la puerta.
Kurapika traía el bañador de la chica entre sus manos pues luego de unas horas buscándolo por fin logro encontrarlo.
El mayor se sentía emocionado de su hazaña, que idea tan magnífica se le había ocurrido. Debían llamarlo el "Sr. Cupido" pues sus planes eran infalibles, según él claro está. —Kurapika ¿Y si interrumpimos algo para adultos?— Preguntó a su compañero en un tono burlón.
—¿Qué estás diciendo? Son solo unos niños. ¡Abre rápido la puerta!— dijo enfurecido.
Con un puchero en su rostro abrió la puerta de un solo golpe e hizo un grito ensordecedor: — ¡¿Dónde está la feliz pareja?!
La joven salió del pequeño cuarto, con sus ojos ocultos por esos mechones rebeldes de cabello y con una de sus manos tapando sus pechos descubiertos.
—Kiki… Toma tu bañador— dijo intrigado Kurapika.
Ella se acercó y se lo arrebató de la mano violentamente, por unos segundos levantó su rostro dejando ver como bajaban las lágrimas por sus mejillas. Al ver la mirada sorprendida del rubio cerró los ojos y apretó los dientes para luego echarse a correr rápidamente.
—¡Kiki! ¡Espera!—, gritó Kurapika para detener a Killua pero fue en vano pues en un parpadeo desapareció de su vista.
Leorio al percatarse de esta escena se apresuro a adentrarse en la habitación para preguntarle a su pequeño amigo que le había ocurrido a la albina. Entre la oscuridad solo pudo ver un niño sumergido entre sus rodillas. —Gon, ¿Qué ocurrió aquí?— preguntó. No recibió ninguna respuesta.
Kurapika entendiendo la situación se acercó a Gon y lo ayudó a levantarse del suelo —Hay cosas que es mejor no preguntarlas— sentenció.
—¡Pero tenemos que saber!— reclamó el mayor.
—¿Qué tan insensible puedes llegar a ser?— dijo dándole un golpe en el estómago. —Todo esto es tú culpa en primer lugar—. Condujo a Gon hasta la salida dejando en el suelo a Leorio.
—Kurapika, eres muy malo…— dijo el doctor sobándose el estómago. Posteriormente se levantó para seguir a sus amigos.
Killua ahogado en un mar de lágrimas se dirigió a la tienda donde había dejado su ropa y se vistió, cubriendo muy bien sus cabellos y sus ojos. Hundido en sus pensamientos se dejó caer al suelo dentro del vestidor. Espero unos minutos a que su llanto desapareciera y se secó el rostro, para luego dirigirse a donde estaban sentados hace algunas horas. Al llegar notó que no había nadie y sólo se sentó allí a esperar.
En la cafetería, estaban los tres cazadores sentados en una mesa, habían pedido agua para Gon. Kurapika y Leorio miraban preocupado al pequeño que se veía sumamente triste, quisieron decir algo pero no pudieron, no tenían el valor de hacerlo.
Luego de un rato Gon salió de su letargo y se palmeo las mejillas para colocar una sonrisa falsa. —Debemos volver, seguro Killua nos está buscando.
—Oye Gon…—dijo el mayor.
—¿Qué ocurre Leorio?
—Yo lo siento…—se sintió muy arrepentido de sus acciones pues nunca pensó que su broma llegaría a resultar tan mal.
—¿Eh? ¡No te preocupes! ¡Todo está bien! ¡Apresurémonos o Killua se enojará!— se volteó y caminó felizmente en dirección a la piscina.
Los dos jóvenes a sus espaldas se sentían un poco angustiados por la reacción de Gon, no era normal, más solo se limitaron a seguirle. Llegaron al sitio y vieron a Killua sentado en el suelo con sus piernas entrecruzadas y sus manos apoyadas en el piso, mirando hacia arriba.
—¡Killua!—, gritó Gon desde lejos. Se acercó agitando su mano saludándole pero el albino no se molesto en voltear —¿Killua?—, preguntó al ver el extraño comportamiento de su amigo.
—¿Mmm…?
—¿Estás bien Killua?
—Mmm si…— dijo sin quitar la mirada del techo.
Al sentir la actitud chocante del oji-azul, Gon comenzó a exasperarse —¿Dónde estabas?
—Por ahí…
—¡Killua!
—¿Y tú dónde estabas Gon?...— preguntó aun sumergido en su letargo.
—Yo…bueno…yo... este…—No sabía que responder.
—Ya veo…—dijo como si en verdad el moreno hubiera dicho una respuesta y siguió contemplando el cielo.
Kurapika se preocupó y decidió que lo mejor era regresar a sus hoteles, tal vez descansar les ayudaría a sentirse mejor. —Chicos creo que es mejor que nos vayamos a descansar, ha sido un día muy agitado.
—Si yo creo que es lo mejor…—, lo apoyó el mayor.
—Gon, Leorio ¿Por qué no van a buscar nuestras cosas? Y de una vez se cambian de ropa, Killua y yo ya estamos vestidos así que los esperaremos aquí.
El oji-miel se marchó a regañadientes pues no quería irse sin saber porque estaba actuando así su amigo.
Kurapika a provecho la oportunidad para hablar con el peliblanco —Killua ¿estás bien?
—Mmm, si…— respondió sin desviar la mirada hacia él.
—¿Qué pasó allá adentro?
—Nada…
—¿Cómo me dice eso? Te vi llorando, cuéntame que pasó. ¿Por qué Gon esta así?
Volteó para responderle de la forma más tajante que pudo —Kurapika déjame en paz.
El rubio observó esa mirada asesina, llena de oscuridad, esa que hace tanto tiempo no veía en los ojos del ex asesino. Sintió algo de miedo pero supo que su reacción era debido a lo ocurrido en aquel pequeño cuarto mientras estuvo encerrado con Gon. Decidió no seguir preguntando.
Los otros dos volvieron y todos juntos se marcharon del lugar. Kurapika y Leorio se dirigieron a su hotel que quedaba a unas cuantas cuadras del sitio donde estaban. Gon y Killua se fueron caminando hasta su posada, hoy no tenían las ganas ni las fuerzas para correr. En el trayecto Killua camino detrás de Gon todo el tiempo sin pronunciar palabra alguna. Gon no quería voltear; por una extraña razón sentía que su pecho se le estrujaba, no sabía si era por vergüenza por lo ocurrido o por miedo de que su amigo le dijera algo que no quería escuchar.
La noche cayó sobre la cuidad, a lo lejos se veían las luces del pueblo guiándolos a través de la espesa neblina que había empezado a ocultar todo, los animales comenzaron a salir de sus escondites haciendo toda clases de sonidos y el cielo hoy parecía no tener estrellas. El recorrido fue insoportable, ese silencio entre ellos era realmente incomodo, esto nunca había ocurrido. Eran los mejores amigos, siempre estaban juntos, riendo y haciendo travesuras y ahora ni siquiera podían hablarse. Y Gon no entendía el porqué, pues no había ocurrido nada entre ellos. Lo mejor era llegar pronto para poder conversar.
—Killua, corramos; ya se está oscureciendo— pidió Gon.
Comenzaron a correr, y luego de unos minutos llegaron a la pequeña cabaña. Killua respiraba pesadamente tratando de recuperar el aire.
Gon se adelantó y entró primero a la habitación lanzando la mochila encima de su cama. Se quitó sus botas verdes y la chaqueta para cambiarse de ropa, cuando un estruendo le hizo voltear: Era Killua, cayó de rodilla en el umbral de la puerta recostando su cuerpo contra el marco.
Hoy no sé qué decir, porque siento que me lanzarán piedras xD. Lo sé, algún día ustedes me mataran a mi xD! ¿Ven por que les digo que se me hizo difícil escribirlo? Es la primera vez que escribo lemon, así que bueno… una nueva experiencia para mi, aunque no estuvo nada fuerte, pero igual fue un reto. Espero que les haya gustado o.o… Y si tienen alguna recomendación no duden en decírmela.
Por otra parte, agradezco a todos los que están siguiendo esta historia. Al parecer todos quedaron de acuerdo en que los celos de Killu y Gon y su sex-appel fueron la guinda del pastel del capítulo pasado xD!
Gracias Sofito23 y avril por leerme espero que me sigan acompañando en este reto. Y a aquellas que nunca me abandonan (CC, Beat, YukoSama y Akira yaoi) les aprecio en verdad.
¡Nos vemos el miércoles que viene!
