Konnichiwa! Hoy estoy muy emocionada, porque ya se está acercando el climax del fanfiction quedan muy pocos capítulos para que termine U.U… Cuando comencé a escribir este cap. al principio me pareció muy triste, pero me fue necesario expresarlo de esta manera (Bueno tal vez no sea tan triste xD). Espero les guste.
Aclaratoria: Este capítulo tiene saltos de tiempo; estén muy pendientes para que no pierdan el hilo de la historia.
Disclaimer: Todos los personajes son producto de horas innumerables de meditación de Togashi-Sensei. Solo escribo con ellos historia locas.
Capítulo 7: Dolor x Enfermedad x Medida.
—Gon… — dijo casi es un susurro —Gon... Ya no lo soporto más— Su voz se escuchaba quebrada.
Muy preocupado intentó acercarse hasta él que yacía en el suelo —¿Qué ocurre Killua?
—Ya no lo soporto más….
Se detuvo unos centímetros antes de llegar —¿Qué no soportas? ¿Estás bien?
—¿Tan malo soy?— Se cuestionó.
El pelinegro abrió los ojos ante esa extraña pregunta. —¿Qué dices Killua?
—Si, debe ser por eso…
—Killua, me estas preocupando— se agachó para observar mejor a su amigo. —¿Te duele algo?
—¡No te acerques!— Dijo empujando a Gon al suelo.
— Yo soy muy malo y no puedo estar a tu lado…—. Se levantó tambaleándose y luego de unos segundos en silencio, rió como si se hubiera acordado de algo muy divertido. —Es cierto, se me olvidaba que soy Killua Zoldyck.
—¡Killua! ¿Qué pasa? — Gon observaba sorprendido desde el suelo.
—Un asesino como yo, no merece nada—. Caminó lentamente. — Gon…No merezco nada de ti—. Su voz se fue perdiendo en el aire, solo unos pasos más dio y se dejó caer encima de su cama.
—¿Qué dices Killua? ¡Tú eres mi amigo!—. Se levantó del suelo para exigir una respuesta. — ¡No digas esas cosas!
El albino no dijo nada y siguió tumbado boca arriba sobre el colchón.
—¡Killua! ¡Ki-llu-a!—. Enojado por la actitud del chico, dio un salto para caer sobre el cuerpo del otro atrapándole las manos contra la cama a la altura del rostro. —Killua, dime que pasa…—. Solo le tomó un instante darse cuenta. El calor proveniente de la piel del oji-azul no era normal y su respiración era rápida. A través las gafas notó como sus ojos estaban cerrados forzosamente, sus mejillas se encontraban rojas y su boca estaba abierta moviéndose a un ritmo descontrolado para no ahogarse.
—Gon…— Miró el rostro inocente de su amado sobre sí, al sentirse apresado trató de forcejear pero al parecer su fuerzas se habían ido— ¡No te me acerques! ¡No puedes! ¡No debes!
—¡Cálmate Killua!
—¡No puedes! ¡No debes!— continuo el forcejeo.
—Killua ¡Tienes fiebre! ¡Por favor cálmate! — Espero un momento hasta que por fin se rindió y no hubo oposición. Al notarlo más sereno soltó el agarre de sus muñecas.
—¡No!... Esto es tu culpa…. ¡Estoy así por tu culpa!...— Detuvo sus gritos inesperadamente para mirar esos ojos color miel que siempre le hipnotizaban y en un acto espontaneo acarició las mejillas del moreno suavemente. Sus ojos se llenaron de lágrimas y sus labios empezaron a temblar —Gon… ¿Por qué no puedo estar contigo?...
—¡Killua! ¡Claro que puedes estar conmigo! ¡Aquí estoy!— Se abalanzó sobre él para abrazarle. Esas palabras le habían puesto muy triste ¿Qué era lo que estaba pensando Killua?
—Mentiroso…— le susurro al oído con una voz ronca.
El silencio imperó en cada rincón de la habitación.
Gon alzó la mirada para ver a Killua pero descubrió que éste se había desmayado, le retiró los lentes para observarlo y su semblante no era diferente al anterior solo que ahora se podía observar el rastro del llanto de hace unos minutos; preocupado, se levantó y en un solo movimiento recostó sobre la almohada al mayor. Decidió que lo mejor era no hacer nada hasta saber la condición en que se encontraba. La única idea que se le ocurrió fue llamar a sus amigos para que lo ayudaran pues no sabía qué hacer. Cogió su móvil y llamó a Kurapika:
—¿Aló?— dijo el rubio.
— ¡Kurapika! ¡No sé qué hacer! ¡Está caliente! ¡Está llorando! ¡No entendía lo que decía! ¿Qué hago? ¡Dile a Leorio! ¡Él seguro sabe que hacer!— No aguantaba más, los nervios lo dominaron. Comenzó a llorar vigorosamente— ¡Apura Kurapika!— Siguió llorando.
—¿Gon? Cálmate. ¿Qué ocurre? No puedo entenderte.
—Killua, ¡Es Killua!— detuvo un poco sus sollozos para poder hablar con más claridad.
—¿Qué pasa con Killua?
—¡No sé qué le pasa! ¡Tiene mucha fiebre! ¡No puede respirar!
—¿Está enfermo?
—¡Dile a Leorio que venga!
—Tranquilízate, ya vamos para allá.
—¡Apura Kurapika!
—Sí. En unos minutos estaremos allí. Vigila a Killua mientras llegamos.
Apagó el celular. Se acercó al peli plata para cubrirlo con una cobija y se sentó a un lado apoyando su cabeza sobre el cuerpo arropado. «Killua, ¿porque dijiste eso?» Esa pregunta lo carcomía. Hoy no había sido uno de los mejores días, se sentía culpable por lo sucedido con Kiki y ahora algo malo ocurría con Killua. Sus sentimientos eran un caos. «Killua…» Algunas lágrimas seguían cayendo inconscientemente por sus mejillas y sin darse cuenta, se quedó dormido.
Pasada casi media hora llegaron los mayores. Al entrar en el cuarto detallaron a los dos niños dormidos en la misma cama. Kurapika se acercó a Gon y le tocó el hombro.
—Gon, despierta.
—¿Ki…llua…?—. Aun somnoliento no logró distinguir a la persona frente de sí.
—Gon, soy Kurapika.
El pequeño se levantó dando un salto. — ¡Kurapika! ¿Cómo entraron?
—La puerta estaba abierta—. Señaló hacia el lugar.
—Ya veo…—Luego recordó el porqué sus amigos estaban aquí y se sobresaltó. —¡Killua!
—¿Cómo está Killua?— preguntó el doctor.
—¡Tiene mucha fiebre y le cuesta respirar!
—Eso no está bien.
—Podrás ayudar a Killua ¿verdad?— dijo con los ojos triste.
—Déjalo en mis manos—. Le guiño un ojo. Leorio se acercó con su maletín al enfermo. —Les pediré que esperen afuera, necesito que me den espacio para revisarlo tranquilamente. Además Gon está algo alterado, lo mejor será que se calme antes de estar frente a Killua.
Kurapika estaba nervioso, la situación se estaba tornando peligrosa o por lo menos para el secreto de Killua. Debía evitar a toda costa que Gon se enterara de la condición del albino por lo que decidió que lo más conveniente era revelarle el secreto al mayor, intento acercase para hablar pero no pudo pues él los sacó a empujones de la habitación. « ¡Rayos! ¿Ahora que pasara?»
—¡Salgan de aquí ya! ¡No hay tiempo que perder!
—¡SI!— Contestaron al unísono.
Los minutos pasaron muy rápido aunque para el pequeño pasaban como horas. El kuruta se encontraba sentado en un mueble que se encontraba en el pasillo y Gon caminaba de un lado a otro en frente de la puerta.
—¡Abrirás un hueco al piso!— dijo el rubio— Siéntate nada ganaras con eso.
—¡No puedo! Estoy muy nervioso.
—Todo estará bien. No te preocupes.
Mientras los dos conversaban un fuerte gritó se escuchó desde el interior de la habitación.
—¿Qué demonios? ¡Kurapika! ¡Kurapika!
Al escuchar la reacción de Leorio supo enseguida de que se trataba. Debía apurarse o Gon entraría alarmado.
—¡¿Qué habrá pasado?!— dijo angustiado Gon. —¡Killua!— Decidió entrar pero fue detenido por el rubio.
—Espera aquí, yo iré.
—Pero…
—Gon, confía en nosotros.
—Está bien... — resignado bajo la cabeza y solo observó como entraba el otro por la puerta.
Al ingresar Kurapika vió a Leorio tirado en el piso señalando a Killua.
—Kurapika… ¡Hemos sido engañados todo este tiempo!
Al escucharlo se dispuso a contarle la situación —Si tienes razón.
—Killua ha sido una mujer todo este tiempo y no nos lo había dicho. —Se tomó de la babilla para pensar mejor— ¿Cómo lo habrá ocultado? En el examen de cazador se quitó el sweater una vez pero no se notó nada.
Kurapika cayó para atrás de la impresión —¡No seas idiota!
—¡Pero mira! ¿Qué es esto?— Se acercó y estrujo los pechos sobre las vendas. —Killua tiene pechos…. Y muy suaves por cierto…— Colocó una cara pervertida al degustar con su mano el pequeño bulto, pero terminó hundido contra el piso por un golpe del kuruta.
—¡No te aproveches de la situación!
Se incorporó sobándose la cabeza y con un tono más serio le pregunto: —¿Kurapika qué está pasando aquí?
Resignado ante la idea de que debía contarle la situación a un idiota como Leorio, suspiró. —Leorio te contaré que es lo que ocurre pero debes prometer que no le dirás nada a Gon.
—Pero ¿Por qué? ¿Qué es lo que ocurre?
—Promételo, por el bien de Killua.
Al entender que las palabras de Kurapika eran serias, subió sus gafas y se dispuso a escuchar —Esta bien, confía en mí.
Kurapika trató de explicarle los más resumido posible como había ocurrido la transformación de su amigo y del porque no podía decir nada al respecto.
Impresionado por el relato de su compañero secó su frente del sudor que había comenzado aparecer en su cien, trató de digerir lo más que pudo, todo el asunto le pareció asombroso y más aun el comportamiento de sus amigos, que había pasado desapercibido por sus ojos. Observó al peliblanco. —Estos niños son increíbles.
—Sí—, dijo mirando al enfermo. —Leorio ¿qué tiene Killua?—, preguntó preocupado.
—Tiene un resfriado, tal vez fue por andar sin ropa y mojado por tanto tiempo.
—Pero se ve demasiado mal para un simple resfriado.
—Eso es porque al parecer nunca se había resfriado y si lo había hecho fueron muy pocas veces.
—¿Eso es posible? El resfriado es algo muy común.
—No me lo preguntes a mí, este chico ahora esta convertido en mujer. Así que ya no te puedo asegurar nada.
—Tienes razón—, dijo riendo levemente. —¿Pero se recuperará?
—Es Killua, si lo cuidamos bien yo diría que en dos días estará como nuevo.
—Qué alivio. Ahora el único problema que tenemos es Gon.
—Sí.
—Tendremos que inventarnos algo. Si se queda aquí seguramente descubrirá la transformación de Killua.
—Déjalo en mis manos. Tengo una idea.
—Ok—. Aceptó no muy convencido, pero aun no se le había ocurrido algún plan así que escucharía el de Leorio por ahora.
—¡Gon! ¡Ven acá!—, gritó desde adentro.
El pequeño entró como un rayo a la habitación y se paro al lado de Killua dando pequeños brincos —¿Qué tiene Leorio? ¿Se recuperará? ¿Qué tengo que hacer? ¿Agua? ¿Necesitas agua?
—Gon, cálmate—, le dijo el rubio. Miró al doctor para esperar la "grandiosa idea que se le había ocurrido".
—Gon… Tengo que decirte… que Killua tiene un enfermedad muy contagiosa—, dijo con la cara más seria que tenia.
Kurapika abrió los ojos hasta más no poder y con su mirada trató de matar a Leorio «¿Qué demonios estás diciendo?», pero éste le guiño un ojo como diciéndole que todo iría a la perfección «¡Que idiota!», colocó una mano en la frente, no podía creer que en verdad hubiera dejado esta situación tan delicada en manos de Leorio.
—¡Que!— se acercó a Killua y le tomó la mano —¡Killua no te mueras!— comenzó a llorar desconsoladamente como si de un niño se tratara.
—¡Mira lo que has hecho!—, dijo Kurapika dándole un codazo al doctor.
—¡Hey, Gon! ¡Killua no se va morir!—. El mayor tenía que inventar algo rápido o Gon enloquecería.
—¿No?— detuvo su llanto, como si nada hubiera pasado.
—Claro que no.
—¿Qué tiene entonces?
—Ti...Ti...Tiene una enfermedad que es muy contagiosa para los niños, un virus muy fuerte. Pero ya le puse la vacuna y se recuperara pronto.
—¿En serio?— miró al enfermo— ¿Escuchaste Killua? ¡Leorio te va curar!— colocó una amplia sonrisa. Estaba realmente feliz que su amigo estuviera fuera de peligro.
—Sí, claro que sí.
—Yo te cuidare mientras te recuperas Killua— Gon cerró sus ojos y colocó la mano del oji-azul sobre su mejilla para sentir el calor que emanaba del cuerpo ajeno. —No te preocupes por nada.
Esta escena tan conmovedora casi hacia llorar a Leorio. Se sentía muy mal por mentirle a su amigo pero debía hacerlo. —Gon… no puedes quedarte aquí… — Sabia que estas palabras iban a destrozar al pequeño pero era su deber resguardar el secreto que le fue encomendado. —Debes irte con Kurapika a nuestro hotel.
—¡¿Ehhhhhhhh?! ¡Pero yo quiero cuidar a Killua!—, se levantó eufóricamente para quejarse.
—¡Gon, esta enfermedad es muy contagiosa!
—Yo me quedaré, tengo que estar al lado de Killua, no puedo abandonarlo, no importa si me enfermo seguro tu podrás curarme con tu vacuna si me llegó a enfermar.
—¡Gon! ¡Eso es muy irresponsable!
—¡No me importa! Killua es mi mejor amigo, no puedo irme.
—Gon, ven conmigo—, le pidió Kurapika. —Leorio se quedará con Killua y lo cuidará día y noche.— miró al mayor.—¿No?
—¡Claro! No descansare ni un minuto hasta que el esté recuperado.
—Si nos quedamos aquí solo le estorbaremos a Leorio y si tú te enfermas después quien cuidará de Killua cuando se recuperé.
Entristecido Gon bajó la cabeza no quería separarse del peliblanco y menos después de esas palabras tan extrañas que dijo, recordó aquel momento y una extrema curiosidad le invadió «¿Por qué dijo todo eso?» Así que decidió explicarle al mayor la razón de él porque debía quedarse. —Leorio, no creo que sea buena idea que me vaya, Killua comenzó a decirme muchas cosas extrañas y me dijo que quería estar a mi lado. Seguro se siente muy mal y quiere que lo anime. Así que debo quedarme.
—Gon, seguramente dijo esas cosas porque la fiebre lo hizo delirar. — El doctor colocó una mano en el hombro del pequeño —Vamos, Killua estará bien… Además, él no es de decir esas frases recuerda que es Killua, no querría que lo viesen en este estado tan vulnerable.
—Pero….
—¡Ya, ya! ¡Váyanse de una vez! ¡Confíen en mi!— Leorio tomó el bolso de Gon y se lo dio para luego sacar a empujones a los dos jóvenes de la habitación y después cerrar la puerta.
Ambos jóvenes se quedaron mirando el umbral por unos segundos. Ambos estaban preocupados, Kurapika por lo que Leorio haría o diría cuando Killua despertara y Gon por la extraña actitud de su amigo y su enfermedad. Los dos suspiraron y bajaron sus cabezas al mismo tiempo.
—Bueno parece que tendremos que irnos al hotel.
—Kurapíka… Killua estará bien ¿no?— dijo muy triste.
—Por supuesto, Leorio dijo que lo cuidaría, a pesar de que él sea un completo idiota, cuando se trata de cuidar a un paciente toma su trabajo muy enserio. Killua estará bien no tenemos nada de que preocúpanos— Tomó el hombro de Gon. —Vamos, cuando lleguemos allá llamaremos para ver como sigue.
—Está bien.
Se fueron al hotel que se encontraba en el centro de la cuidad. El trayecto fue bastante silencioso, Gon miraba por la ventana del taxi perdido en sus pensamientos, su corazón ya no soportaba el esconder más este sentimiento que había descubierto desde hace un tiempo, se había dado cuenta que era muy ingenuo, más de lo que hubiera imaginado. ¿Cómo era posible que no se hubiera dado de cuenta luego de tanto tiempo? Ahora, por una razón desconocida no podía expresarlo. Nunca fue una persona reprimida, siempre decía lo que pensaba pues era la mejor forma de que las personas pudieran entenderlo, pero esta vez no era así. Recordó de nuevo las palabras del oji-azul y sintió como su pecho se estrujaba, si en verdad Killua se sentía de esa forma, tal vez él debía dejar a un lado sus miedos infundados para expresar todo lo que tenía guardado dentro de sí.
.
.
.
Habían pasado dos días desde que Killua había enfermado. La mañana había transcurrido sin ningún nuevo acontecimiento; Gon se comunicaba con Leorio tres veces al día para saber la condición de su amigo pero éste aun seguía inconsciente por lo que aun no podía ir a verlo. Al atardecer Gon se encontraba sentado en el balcón de la habitación de Kurapika jugando con algunas aves que se habían acercado a saludarle cuando recibió una llamada de un número desconocido, accionó el botón para atender —¿Aló?— no recibió respuesta, escuchaba algunos sonidos de fondo pero nadie decía nada, después de unos segundo colgaron. —Qué raro es la cuarta llamada extraña que he recibido hoy— No le dio importancia y siguió con lo suyo.
.
.
.
(Hace un día)
/ Corrían felizmente por el bosque no había nadie más a su alrededor, las mariposas bailaban sobre las flores y revoleteaban sin parar. Tomados de la mano se ayudaban mutuamente, ese agarre era firme pero suave, le hacía sentir seguro, esa mano cálida le estremecía pero a la vez lo calmaba ¡Que locura de emociones se apoderaban de él cuando estaba a su lado!
—¡Gon! ¿A dónde me llevas?
—Es un secreto—, le giñó un ojo.
Siguieron por un sendero que se encontraba rodeado de pasto verde, el camino los condujo hasta una cueva.
—¿Es aquí?
—Si, ven.
—¿Qué es lo que quieres mostrarme?
—Es algo que hice para ti.
—¿Para mí? ¿Un regalo?
—Si— Sonrió dulcemente mientras se adentraban aun más. Avanzaron unos metros y Gon se detuvo.
—Está muy oscuro, no puedo ver nada.
—Ya llegamos— Soltó el agarre de manos, sacó un encendedor del bolsillo y tomó una lámpara de aceite que estaba en el lugar.
—Este lugar es muy extraño, el aire se siente pesado.
—Killua… mira…—Encendió la lámpara haciendo que toda la cueva se iluminara.
Sus ojos azules se abrieron con horror, el piso y el suelo estaban cubiertos de rojo. Al fondo había una enorme pared y lo más impresionante era lo que estaba amarrado a ella. Sus ojos no daban fe a lo que veían
—¿No es genial Killua?— Bajó la lámpara y se acercó al fondo para tomar algo que estaba en el suelo.
—¿Qué… es esto…?
—Eres tú ¿no?
Kiki se encontraba atapada de manos y pies a la pared, su cuerpo estaba bañado de sangre y tenía una profunda herida en su pecho.
—¿Qué hiciste?
—Killua, necesito que me des el tuyo, ella lo necesita—, en sus manos tenía el corazón de la joven.
—¡¿Qué estás diciendo?!
—¿No entiendes Killua? Necesito darle tu corazón para que ella sea perfecta. Por eso le saque el que tenia para poder darle el tuyo.
—¡Tú no eres Gon! ¡¿Quién eres?!—, dijo asustado por lo que estaba ocurriendo.
—¡Soy yo, Killua!— abrió los brazos para mostrarle que en verdad era él— ¿No querías estar conmigo con ese cuerpo? ¡Quiero cumplir tu sueño! ¿No estás feliz?
—¡NO! ¡Esto no es verdad!
—Yo también quiero estar contigo con ese cuerpo…— se acercó lentamente acechando al asustado albino— pero necesito tu corazón, sé bueno y déjame tomarlo— Saltó sobre él tumbándolo al suelo. —¡Buenas noches Killua!— Traspasó su pecho. /
—¡NO, GON!— se levantó violentamente, su respiración era rápida y su cuerpo estaba cubierto de sudor. Miró su pecho y estaba en perfecto estado, había sido un sueño. «¿Qué significa este sueño? Se sintió muy real» lo ocurrido anteriormente con Gon lo estaba afectando más de lo que pensaba, ahora no sabía que iría a pasar de ahora en adelante pues sentía que no podía estar frente al moreno, pero al mismo tiempo tenia la necesidad de quedarse a su lado para siempre aunque no fuera correspondido. Ese sueño ¿le estaba diciendo algo? ¿Será que Gon si quería estar con él?, pero entonces si fuese así ¿porque lo había rechazado? No sabía que pensar en ese momento. Apretó las manos y golpeó su regazo —¡Maldición!
—Una señorita no debería estar diciendo esas palabras—, dijo burlonamente.
—¿Eh?— volteó sorprendido, no había percatado que no estaba solo. Leorio se encontraba sentado a ahorcada en una silla a unos metros de la cama.
—Al parecer ya te sientes mejor.
—¡Riorio!— miró hacia abajo notando que sus pechos no se encontraban escondidos por las vendas, su cabello estaba suelto y su ropa no era la misma que tenía antes: ahora llevaba puesto unos shorts y una franelilla. «¿Que está pasando aquí?» Se puso de pie sobre la cama y se pegó a la pared. «¿Me quede dormido siendo Kiki?» Trató de refrescar su memoria pero lo último que recordaba era que venía caminando con Gon por la aldea, y ahora se encontraba en la habitación como Kiki y con Leorio—Eh... Yo… ¿Qué hago aquí? — dijo con su voz suave y femenina; tal vez debía hacerse pasar por ella ya que el mayor no conocía su secreto.
—Mocoso, será mejor que te acuestes aun no estás del todo recuperado.
«¿Mocoso? ¿Leorio sabe que soy yo?» siguió pegado a la pared por la impresión. ¿Había sido descubierto? ¿Todos lo sabían? ¿Dónde estaba Gon?, los nervios no le dejaron pronunciar ninguna palabra.
Leorio se levantó de la silla y se acercó a la mesita de noche para tomar unas pastilla y un vaso de agua y ofrecérselas al joven —Toma bebe esto— Viendo que no recibía respuesta se exasperó —¡Killua! Tomate esto.
—¿Qué… está pasando aquí?— Dijo saliendo de su letargo.
—¿Aun no te das cuenta?— hizo un quejido.
—¿Qué?
—Estas muy enfermo, tuviste fiebre y estuviste inconsciente por un día entero. Pero al parecer ya te sientes mejor ¿no?
—¿Por qué estas tu aquí? ¿Dónde está Gon?
—¿Querías que Gon estuviera aquí, estando tu en esa condición?— le señaló los pechos.
—¿Eh?— observó el lugar a donde apuntaba el mayor. —Ehhhhhhhhhhh.
—Cálmate, Kurapika ya me lo contó todo. Nada saldrá de mi boca. Ahora solo preocúpate por mejorarte pronto— Le ofreció de nuevo las medicinas.
—Pero…— se dejó caer sobre la cama lentamente.
—Gon está en nuestro hotel con Kurapika, tuvimos que decirle que tu enfermedad era muy contagiosa y que debía irse. Se negó, hasta dijo que no le importaba si se enfermaba con tal de cuidarte.
—Gon…— dijo apenado. Si Gon era increíble. Decir esas palabras y arriesgar su salud solo para cuidarlo era algo que solo podía hacer él.
—¡Que afortunado eres mocoso!— le revolvió los cabellos.
—¡Hey viejo! ¡Deja de decir eso!— se soltó del agarre.
—Toma— le colocó en las manos las pastillas.
A regañadientes se las tomó y bebió un sorbo de agua.
—Estoy sorprendido, en solo un día estas casi recuperado para mañana estarás como nuevo.
—Mmm si, nunca me había enfermado.
—Me lo imaginé— Leorio se volvió a sentar en la silla. Por unos instantes no hubo más nada de qué hablar. En ese instante recordó lo acontecido en el centro vacacional y sintió la curiosidad de preguntarle al muchacho. —Oye Killua…—
—¿Mmm?
—Dime, ¿qué fue lo que ocurrió adentro en los vestidores?
Sorprendido y avergonzado se cuestionó si debía confiarle su secreto a Leorio, así que solo se limitó a responderle algo pues sabía que si no decía nada le seguiría molestando. —Nada importante.
—Killua, no me engañes. Nunca te había visto actuar de esa forma, no creo que lo hicieras por algo que no fuera importante. Además Gon también comenzó a actuar de forma extraña cuando salieron de ahí. Sé sobre los sentimientos que sientes por Gon y eso no debería avergonzarte.
Bajó su cabeza, recordar esas escenas; le hacían sentir bastante mal. —Yo… fui rechazado…
—¡¿Queeeeeeeeee?! ¿En serio?
—¡Hey ¿porque te asombras tanto?!—, preguntó asustado.
—Me parece increíble. No lo puedo creer ¿Él te dijo que no te correspondía?
—Bueno… no exactamente. Solo dijo que no podía hacer eso…
—¿Eso? ¿Qué cosa?
La cara del albino se volvió como un tomate, se le habían escapado esas palabras, no quería que nadie se enterara de aquello tan importante que había ocurrido en la oscura habitación —Que…. No podía estar conmigo…— mintió para responder la pregunta.
—Pero tal vez lo dijo por otra cosa. Tienes que hacer las cosas bien.
—¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso?
—Tú quieres estar con Gon ¿no? Porque no le dices lo que sientes de la forma correcta.
—Pero, no puedo, no puedo decirle siendo hombre ¡Eso está muy mal!
—¡Killua! Mírate, ya no eres hombre y si lo fueras no veo nada malo en ello. Entiendo tu preocupación pero ahora tienes la oportunidad de hacerlo libremente como Kiki.
—¿Qué estás diciendo? No puedo hacer eso, no puedo engañar a Gon toda la vida.
—No digo que le mientas para siempre, solo aprovecha esta situación para decirle lo que sientes, después puedes contarle la verdad.
—Pero…
—No te preocupes Killua, tengo una idea. ¡Quiero ayudar a mis amigos a estar juntos!— Se levantó subiendo su puño al aire con convicción. —Yo me encargaré de todo.
—Oh… ¿en qué me he metido?—, colocó una mano en su frente preocupado.
O.O! Hasta ahí lo dejó por hoy. La universidad me tiene muy ocupada pensé que no lograría publicar hoy, pero si se pudo. Espero les haya gustado.
Estoy muy feliz de que les haya gustado el capitulo anterior, fue un reto y al parecer cumplió con sus expectativas.
¡Gracias por seguirme! ¡Y dejar tan lindos reviews! n_n! ¡Ustedes son mi inspiración!
