Destinos no controlados

I. Sweet Amoris

Ahí me hallaba yo, a la expectativa de lo que sería este nuevo año escolar y nueva etapa en mi vida. No pude evitar que me embargaran los nervios, por lo que nuevamente comprobé que sufro de ansiedad casi extrema, a pesar que sabía que llevaba todo lo que me correspondía para mi primer día: bolso, cuaderno, estuche, dinero, llaves, documentos personales, horario y salas impresos, colonia, dulces. Sep, al parecer estaba todo.

Me dirigí al espejo echándome una última mirada y noté un cierto halo de tristeza en mis ojos porque debí haber seguido con mi antiguo curso de colegio. Mi papá debía levantarse muy temprano para trabajar en una empresa que estaba a dos ciudades de donde vivíamos antes. Suena trágico, y lo es, en auto se demoraba una hora aproximadamente en llegar, distinta es la historia en el transporte público porque te demoras una hora y media mínimo. No quitaba lo malo que era, pero podría haber estado peor. Él es ingeniero hace casi tres años de una importante empresa de telefonía móvil, por lo que el trabajo era bastante bueno en muchos sentidos, y él se veía satisfecho con eso, excepto claro el viaje que debía hacer todos los días. Es por eso que decidimos hacer este sacrificio tan importante, por el bien de todos, y ahora sí que está completamente contento.

Como sea, mis padres decidieron erradicarse nada más ni nada menos que en la estupenda y sofisticada ciudad de Paris después de que yo terminara la secundaria, pues ellos pensaban que estaba lo suficientemente madura para aceptar el cambio que mi padre necesitaba con tanta urgencia. Aparte, en Paris está concentrada gran cantidad de instituciones de educación superior, por lo que a futuro me traerá muchos beneficios.

Tenía que agradecer el gesto de mis padres de esperar a cuando yo estuviera lista para podernos mudar, porque al ser hija única mis amigas eran mi más grande apoyo emocional, y siendo prácticamente una cría, probablemente no lo iba a aceptar tan fácilmente. Ahora, ya con unos flamantes 15 años sobre mi espalda, puedo regodearme de ser una persona "madura" que está consciente de su individualidad y del bienestar de las demás personas. Aunque en la pre-adolescencia pasé por muchos problemas, la nostalgia me invadió porque mal que mal, con gran parte de mis compañeros de secundaria habíamos estado juntos desde primero de primaria. Son tantos los recuerdos que tendré que dejar atrás…

Miré a un costado mío, y acaricié mi tocador. No pude evitarlo, abrí un cajón, y metí la mano al fondo para sacar una fotografía mía abrazando por detrás muy cariñosamente a un chico bastante apuesto. Cerré mis ojos, y los recuerdos se agolparon en mi cabeza como estacas, pero la sacudí rápidamente en un intento de querer que se fueran, y escondí rápidamente la foto.

El instituto al que asisto ahora se llama Sweet Amoris, un nombre bastante cursi, pero que es conocido por ser una de las preparatorias más prestigiosas del país, del que por ser público, se deben hacer pruebas de selección para admitir a los mejores ya que las salas no dan abasto. Afortunadamente, como supe aprovechar la buena educación que me brindaron, entré holgadamente a la lista de seleccionados. Supe que unos pocos compañeros también querían hacer la prueba, pero desconozco cómo les habrá ido. Si es que lograron entrar ellos tendrán que hacer el viaje de aproximadamente una hora y media, el mismo destino que me habría deparado si hubiera seguido en mi ciudad natal y hubiera entrado a la universidad.

Me di una vuelta completa frente al espejo de cuerpo entero, y según yo no estaba nada mal para ser mi primer día. Tengo tez blanca con expresivos ojos color avellana (heredados de mi querida madre), pelo castaño con reflejos rojizos a la altura de mi busto, estatura promedio, pechos más bien pequeños aunque nada que no pueda disimularse con un buen push-up, cintura marcada, piernas torneadas, y trasero muy agradable a la vista (según me han dicho). Hoy me decidí a usar una polera femenina a juego con mis ojos, chaqueta ajustada color café oscuro, jeans pitillo y botines negros con tachas, bastante estiloso. De maquillaje sólo me atreví a encresparme mis pestañas, usé un poco de delineador bajo mis pestañas, y un brillo fucsia, nada estrafalario.

Me auto-di un visto bueno, cogí mi bolso, me coloqué mi perfume favorito de Agatha Ruiz de la Prada, y me embarqué al primer piso.

-Ya me voy, deséenme suerte-les dije un poco agitada por la carrera.

-¿Te vas princesa? Que te vaya muy bien, ánimo-me deseó mi papá muy cariñosamente mientras terminaba de desayunar con mamá. Yo me acerqué y nos dimos un cariñoso beso en la mejilla.

-A propósito, ¿qué se siente no tener que viajar un milenio para llegar al trabajo?-pregunté.

-De maravilla, y de la que te ahorrarás en unos años más, me lo vas a agradecer después cuando escuches a tus pobres compañeros quejarse-dijo papá en tono jocoso.

Yo sólo rolé mis ojos divertida y le di un fuerte abrazo.

-Gracias-le susurré.

-Hey Magdalene, no quiero escucharte de nuevo que te deseen suerte, eso es para mediocres. Tú te mereces un rotundo éxito mi vida, ya verás que saldrá mejor de lo esperado-mamá se levantó de su silla y me dio un sonoro beso en mi mejilla, y un abrazo de oso, a lo que yo no pude evitar reír.

-Gracias, espero sea así. Que les vaya súper a ambos también.

Ambos se terminaron de despedir de mí, y al cerrar la puerta no pude evitar sonreír por las muestras de cariño de ambos. Saqué el celular de mi chaqueta y vi que faltaba media hora para el inicio de clases, así que me decidí a ir caminando hacia mi nuevo instituto porque me demoraba sólo 15 minutos en llegar.

Las calles se veían bastante ajetreadas con el movimiento de automóviles, autobuses escolares, y personas saliendo de sus casas a encaminarse quién sabe dónde. Fuera del horario de la mañana y la tarde, el sector era bastante tranquilo pues es residencial, así que la mayor parte del día pareciera una tacita de leche, o eso me han dicho mis papás ya que no llevo tanto tiempo aquí.

Hace tan sólo una semana que me mudé a Paris, y sólo conocía la torre Eiffel (que podía ver desde mi habitación), el arco del triunfo, y el camino hacia la preparatoria. Era algo un poco penoso teniendo en cuenta que desde niña quería visitar la ciudad, pero cambiarse a ella es totalmente distinto. Es decir, entre empacar mis cosas, desempacar, verificar que todo esté en orden, matricularme, comprar mis útiles, despedirme de mis amistades… Fue una semana muy ajetreada.

Miré con interés las calles empedradas y las casas que gritaban tener una larga historia, todo era simplemente maravilloso.

Decidí tomar el camino que atraviesa un gran parque ya que el otro camino para llegar a Sweet Amoris lo hice en el auto con mis padres, en él había gran variedad de tiendas, así que un día de estos iré a recorrerlos con calma a ver si hay cosas interesantes.

Cuando entré al parque me di cuenta que había casi exclusivamente gente de mi edad, los demás eran una que otra persona trotando o anciano paseando a su perro. Miré curiosa a ver si hallaba a alguien conocido, pero no vi a nadie, y eso me angustió un poco porque me sentía incómodamente sola y vulnerable.

Al momento de salir del parque, divisé a lo lejos el instituto y a las personas entrando en él. No pude evitar quedarme paralizada tratando de pensar cómo sería mi futuro ahora, si acaso las materias serán muy exigentes, o si la gente será muy pesada… Un extraño presentimiento embargó mi cuerpo, pero no supe definir con exactitud si sería bueno o malo.

-Quizás un poco de ambos, o son sólo nervios-dije entre mí, y sin más, le di la orden a mis piernas de que se movieran en dirección a la escuela.

Casi cuando estaba llegando me topé con una serie de tiendas pequeñas que estaban una al lado de la otra, pero una me llamó especialmente la atención. Era una cafetería bastante discreta y con una decoración exquisita. Levanté la vista arriba de la entrada: Douce Rencontre. Me pregunto si los pasteles serán igual de buenos que el local, y como nota mental al final de clases me pasaré y lo comprobaré por mí misma.

Un poco más animada con todo lo que tenía que descubrir en la belle Paris, no me dejé amedrentar por lo desconocido, y como bien dicen "Al mal tiempo, buena cara", así que erguí mis hombros, y caminé con paso decidido a Sweet Amoris. Estaba bastante cerca de la entrada, y pude apreciar de que, a pesar de que ya lo conocía a medias (en realidad sólo el camino a la oficina de la directora porque antes me tuve que matricular), era un edificio bastante grande, y ahora con gente presente lo hacía más imponente aún, y a mí más pequeña.

-Bien Magdalene, ya es hora. Sin echarse para atr…

-Hey tonta, fíjate por donde vas-sentí un firme empujón y vi a una atractiva, pero altanera rubia que caminaba a paso decidido. Evidentemente me pasó a llevar a propósito, y yo no pude evitar fruncir el ceño por su falta de respeto, pero preferí hacer caso omiso porque lo que menos quería era ganarme la apatía de alguien.

Observé que atravesó la primera entrada de la escuela, y a su paso también pasaba a llevar a cuanta gente se le atravesara por delante como si fuera la diva más grande del mundo. Una gotita corrió por mi nuca, y como segunda nota mental remarqué en mi cabeza que tenía que tener cuidado con ella si no quería ganarme problemas.

Solté un enorme suspiro a fin de botar un poco de tensión, y saqué de mi bolso la hoja impresa con los horarios y salas a las que debía asistir en la semana.

Historia, Sala A, 8:00 hrs.

No pude evitar que se me deformara la cara porque historia era una de mis materias menos preferidas de la Tierra. Es decir, me encantaba escuchar hechos épicos, personajes importantes y todo eso, pero recordar fechas, eventos y personas, y que me evaluaran el conocimiento no iba de la mano precisamente conmigo.

Ahora bien, sala A… no tenía idea de dónde está. Decidí atravesar el patio de entrada y mirar a todos lados en busca de una señal divina que me indique donde está el bendito salón.

Sí, claro, como si eso fuera a pasar.

-Hola, te veo un poco perdida-una agradable chica a primera vista me interceptó cuando estuve a punto de entrar al instituto-Soy Iris, un gusto conocerte-su pelo anaranjado estaba amarrado en una floja trenza, y sus ojos eran de un bonito color celeste.

-Hola, soy Magdalene, un gusto también-miré con fastidio la hoja, y no pude evitar hacer una mueca-Sí, la verdad estoy muy perdida, no sé dónde está la sala A.

-Deja echarle un vistazo-le tendí la hoja y ella la miró con atención. Su ropa era un poco extraña, pero tenía buen gusto a mi parecer. Vestía una camiseta manga larga de color verde oscuro con una polera morada por encima, llevaba unos shorts vaqueros medio raídos, y por debajo de ellos llevaba unas calzas rayadas moradas con negro, para terminar su vestimenta en unas botas que le llegaban a la mitad de su pierna-Vaya, pero si estamos en la misma clase. Entremos juntas-me dijo con una alegría que se reflejó en sus ojos.

-Claro, vamos-le dije animada, y el nudo en mi estómago se relajó un poco.

Me sentí un poco tonta cuando la seguí porque la sala estaba pasando la entrada a mano izquierda, pero inmediatamente sentí mis nervios volvieron a tensarse ya que la sala estaba casi repleta, y ya la mitad de delante estaba ocupada, así que no nos quedó más remedio que ir hacia la parte de atrás.

-Mmm, no quedan asientos juntos, vamos a tener que separarnos-dijo Iris con un poco de pesar.

-Está bien, gracias por ayudarme. ¿Nos juntamos a la salida?

-Claro, ahí hablamos.

Ella prefirió sentarse en la fila de al medio en el asiento más cercano al pizarrón que quedaba, mientras que yo preferí sentarme al último justo al lado de la ventana, así no tendría que fingir que presto atención o que me interesa la clase siendo que no será así.

Apoyé mi cabeza en mi mano, y me limité a mirar distraídamente el patio. No era broma cuando decían que asistía mucha gente a este instituto, sólo espero que esté a la altura para ayudarme a tener conocimientos lo bastante sólidos para entrar a una buena universidad, aunque no tenga idea de qué estudiar.

Escuché sonar el timbre, y el revoloteo en la sala disminuyó un poco, a la vez que toda la gente en el patio corría prácticamente al instituto, quedando solamente un chico en la primera entrada. Sólo pude ver su espalda, pero su ropa se me hacía un poco extraña, y su pelo era de un curioso color blanco. Intrigada lo miré más atentamente, y a los pocos segundos ya no quiso esperar más lo que sea que estuviera esperando, pues se dio media vuelta para poder entrar a su clase. Efectivamente su ropa se me hacía extraña porque está inspirada en el estilo rococó, aunque con un toque moderno, y su expresión creo era de confusión.

Al parecer la gente de este instituto no tenía miedo a probar vestimentas nuevas, y eso estaba bastante bien, pues en la variedad está el gusto. Suspiré y saqué el único cuaderno que traje ya que casi siempre las primeras clases son introductorias, nada de materia muy importante. O eso esperaba.

-Buenos días, alumnos-dijo un profesor de aproximadamente 35 años muy atractivo, y automáticamente todos los que faltaban fueron a sus asientos. Su caminar era muy elegante, e inmediatamente reconsideré la idea de dejar historia como la materia que más odiaba-Mi nombre es Alaric Bourque y soy su profesor de historia este año.

-Dios, su voz es tan sexy, y se ve tan culto e interesante-esbocé una sonrisa idiota, y maldije no poder estar sentada más cerca. Claro, yo y mis prejuicios con historia, pero qué le podía hacer, años de experiencia me lo avalan.

-Desde ya les digo, mejor dicho reitero porque ya se debieron dar cuenta durante estos años, que historia es una materia bastante densa, por lo que les sugiero estudien con anticipación. Cualquier consulta o dificultad pueden hablarla sin problemas conm…

El sonido de una puerta abriéndose se escuchó de improviso, y la magia que me envolvía y la atención que tenía puesta en el nuevo profesor se esfumaron como el humo de un cigarro. Medio molesta dirigí mi mirada hacia donde provenía el sonido, y en contra de mi voluntad sentí que una corriente eléctrica recorrió mi columna y no pude despegar mis ojos de la persona que hizo acto de presencia enfrente de toda la clase. Un chico bastante serio con el cabello rojo hasta los hombros, vestido con una chaqueta de cuero negra, una polera roja con un logo estampado muy conocido para mí, y jeans oscuros por lo que alcancé a ver.

Por Dios, apostaría mi notebook a que mi cara no se veía nada nada nada bien.

-Permiso-escuché entre que susurró y ¿gruñó?, y se dirigió directamente hacia los asientos de atrás ya que estaban desocupados. Mi corazón empezó a saltar de manera loca, y traté de sacarle mi vista de encima y enfocarla nuevamente en el profesor, pero sentí mis oídos comenzaron a pulsar cuando lo vi sentarse justo al lado mío.

Me sentí tonta por estar así de conmocionada, es decir, es sólo un chico rebelde del que de seguro no traería nada bueno, y que además olía malditamente bien.

Concéntrate boba, no quieres pasar por esto de nuevo.

Tragué pesado, y una horrenda sensación de deja vú taladró todo mi sistema, llegando a mi cabeza recuerdos que pensé estaba dejando atrás, pero que ahora volvían en bandada. Ojeé hacia el lado y lo vi mirando aburrido su mochila encima de la mesa. Al parecer a él tampoco le agradaba historia.

Muy probablemente le vale mierda toda la escuela.

Hice una mueca, y miré atentamente al profesor para poder tratar de prestar atención, y enterarme de qué iría la materia este año. Con lo agradable que se veía quizás sería distinto a lo que yo había tenido durante todos estos años, y eso me motivaría a estudiar para ser una persona más culta a futuro, además de que mantendría la cabeza ocupada del espécimen a mi lado.

-Y ya que me presenté, necesito que para la próxima clase tengan leído el primer capítulo del libro, que por cierto ya pueden ir a retirar a la sala de delegados. En todo caso es corto, es desde la página 5 hasta la 27-el reclamo colectivo se hizo presente, y mis esperanzas de que este año fuese diferente se esfumó en 10 segundos-Hey silencio, es para poder agilizar las clases, y que ustedes puedan ser más participativos ya sea haciéndome preguntas referidas a la materia, o respondiendo las mías.

-Pero profesor, mañana tenemos clase nuevamente-dijo una chica que no supe distinguir.

-Para mañana será entonces-dijo el profesor con una sonrisa enigmáticamente sexy.

Sí claro, aprovéchate de tu envoltorio, cabrón.

Y con historia encabezando más que nunca el top 5 de las materias más odiadas para mí, medio escuché la introducción a la nueva materia, y medio estuve pendiente de mi compañero de al lado.

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Con un sobresalto escuché el timbre de recreo, y dejé de garabatear en el cuaderno de borrador. Intenté por todos los medios prestar atención a la clase, pero el sueño me entraba fácil, así que simplemente no se pudo. Guardé las cosas en mi bolso, y vi que el chico a mi lado tomó su mochila, y se levantó rápidamente para escabullirse entre el mar de gente que salía de salón.

Me reproché internamente el sentir una pequeña punzada de decepción en mi pecho, digo ¿a mí que me importa él? Ni siquiera lo conozco.

Vi que Iris se acercaba a mi mesa, y me sentí bien de tener a alguien conocido en este inmenso instituto, más aún que fuera alguien agradable y con quien me sintiera bien. Tomé mi bolso, y salimos juntas, afortunadamente a ella también le gustó el profesor, y nos fuimos al patio comentando lo sexy y estricto que era.

Nos ubicamos en unos asientos que daban casi al frente de la entrada, y al minuto se nos unieron otras chicas que obviamente conocían a Iris. Entre todas se saludaron, y yo incómoda me aparté ya que en mi vida las había visto. Una a una se me quedaron viendo curiosas, e Iris soltó una risita divertida.

-Chicas, ella es Magdalene. Magdalene, ellas son Rosalya-era una chica más alta que yo y denotaba una sensualidad que no era para nada vulgar; tenía el pelo largo y blanco, unos preciosos ojos de color ámbar, usaba un corto y sofisticado uniforme con unas botas de taco alto que iban más arriba de la rodilla. Me dio un efusivo beso en cada mejilla, y de manera instantánea me cayó bien-Violeta-era de más o menos mi porte y se veía en extremo tímida; al parecer le quiso rendir homenaje a su nombre pues tenía el pelo pintado de color violeta, tenía los ojos color marrón claro, usaba un vestido gris con detalles en lila, medias grises a mitad de su muslo, botas negras y unos guantes sin dedos que combinaban con su vestido. Me dio dos besos con timidez, pero al final me mostró una tierna sonrisa, y también me terminó por caer bien-Y Kim-ella tenía impreso por todas partes la palabra actitud; era una de las cuantas chicas que tenían la piel oscura por lo que sus perspicaces ojos verdes resaltaban, usaba una boina estilo militar, una larga pañoleta amarilla, ajustad(ísim)a polera celeste que marcaba sus muy generosos atributos, shorts de color gris, calcetas a mitad de muslo de distinto color, y zapatillas. Me miró algo seria, pero luego sonrió y me dio un apretado abrazo-Falta Melody, pero ella está ocupada en asuntos de delegados.

-Con Nathaniel, querrás decir-trató de decir disimuladamente Kim, a la vez que fingía carraspear, y Violeta no pudo reprimir una pequeña risa.

A los segundos pude entrar en confianza y conversar de manera fluida con todas. Se notaba eran buenas chicas, a pesar que todas tenían personalidades muy distintas, pero justamente eso era lo que las unía.

La mañana pasó sin mayores problemas, y quise aprovechar la hora del almuerzo para recoger el libro de historia para leer el bendito capítulo, a lo que todas pensaron que era buena idea, y sin más fuimos juntas. Afortunadamente no había mucha gente, así que al poco rato pudimos pasar una a una a recoger el libro y firmar la recepción de este. Todas saludaban alegres a la persona que los entregaba, y me pregunté cómo es que se conocían con tanta familiaridad si esto era una preparatoria, más aún nosotras que éramos novatas de primer año.

-Magdalene Prideux… ¿eres nueva, cierto?-me preguntó de pronto un apuesto chico de cabello rubio vestido bastante formal. Un poco raro ya que muchos eran bastante creativos a la hora de vestirse, pero ya nada me sorprendía. Lo que sí me sorprendió fue mi despiste para no darme cuenta de que era mi turno, y asentí de manera torpe-Mi nombre es Nathaniel, soy el delegado principal. Mucho gusto-me ofreció una sonrisa cortés y un apretón de manos, a lo que yo correspondí gustosa, pues no era mi asidua a repartir besos de buenas a primeras, menos a hombres.

-Dime Magda solamente, Magdalene es un poco engorroso-y le ofrecí una sonrisa más relajada.

-Bueno Magda, aparte de firmar el recibo de tu libro y las llaves de tu casillero, debes rellenar un formulario de inscripción, traerme una foto tamaño carnet, y una hoja del formulario que al parecer se llevaron tus padres por error al matricularte, y que es donde está la firma de ellos.

-Vaya-me sorprendí un poco de la cantidad de cosas que me pedía ya que me había fijado que la gente entraba y salía casi de inmediato-Está bien, pero ¿por qué a las demás no les pediste todas estas cosas?

-Eso es porque tanto a ellas como a la mayoría de los de aquí, incluyéndome, fuimos transferidos desde la secundaria Sweet Amoris, que viene a ser de la misma dueña.

-Aah, que ignorante, discúlpame. Es que no soy de acá-le dije con un poco de vergüenza. Debí haberme informado más al respecto, pero la verdad estaba más ocupada despidiéndome de mis amigos en mi ciudad natal que de investigar a fondo el instituto.

-No te hagas problema, pero ojalá para esta semana me traigas todo lo que te pedí.

-Okey, lo haré. Gracias, Nathaniel.

-Cuando gustes-y ya los dos con más confianza nos despedimos de beso en las mejillas. Para ser delegado era bastante amable, además debía ser muy organizado y aplicado para poder ser delegado principal. Ya veía por qué a la chica Melody podía gustarle Nathaniel, aunque aún no la conocía.

Almorzamos las 5 juntas, y les hablé un poco de mi vida, que no era muy interesante tampoco. Ellas me contaron que eran amigas desde muy pequeñas, y luego fueron contando anécdotas tan chistosas que al final del almuerzo me dolía la mandíbula de tanto sonreír.

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La tarde pasó perezosa, pero con mi nuevo grupo de amigas se hizo un poco más soportable, y pude sobrevivir sin cabecear ninguna sola vez.

Con mucha tarea que hacer, nos dirigimos a nuestros casilleros a buscar nuestras cosas para poder irnos de una buena vez, pero como sé que en mi casa estaré con el pendiente de que tengo que sacarme la foto tamaño carnet, le pedí a Iris me acompañara a hacerlo ya que no conocía bien la ciudad, además que me sentía más cómoda estando con ella, a lo que ella aceptó gustosa.

-Nos vemos mañana lindas, recuerden hacer sus deberes-dijo Rosalya con encanto, y se fue rápidamente, según nos dijo para poder juntarse con su novio.

-Que suertuda es Rosa, pero ya que, la que puede, puede-dijo Kim medio en broma, y se fue junto con Violeta, ambas despidiéndose agitando la mano.

-Que día, fue lleno de emociones, ¿no te parece?-me dijo Iris mientras nos dirigíamos a su casillero.

-Y lleno de deberes, pero fue muy agradable. Son muy amistosas tus amigas-no pude evitar reírme de nuevo al recordar las cosas que dijeron durante el almuerzo.

-Sí, estamos un poco locas, pero así somos. Me alegra te hayas adaptado bien-me dirigió una sonrisa que le devolví a la vez que abría su casillero. Recogió la chaqueta que había guardado en ella, y sus ojos se abrieron de par en par, mientras tapaba su boca-¡No puede ser!

-¿Qué pasa, Iris?-le pregunté preocupada, se le veía bastante compungida, y me preocupé más si es que era posible. Se puso su chaqueta, y sacó de mala gana una bolsa, a la vez que la veía fruncir el ceño.

-Tengo que entregar un pedido que me hizo mi mamá, y es muy urgente-suspiró, y entendí que no podría acompañarme-Lo siento Magda, pero si no fuera importante de verdad lo dejaría para después.

-Hey no te preocupes, tengo toda la semana para hacerlo-le sonreí tratando de tranquilizarla, y ella me correspondió un poco el gesto, aunque no estaba muy convencida-De verdad no tiene importancia, mañana vamos juntas y aprovechamos de ver las tiendas, ¿qué te parece?

-Está bien, gracias Magda por comprender-me sonrió más animada, y cerró su casillero.

Me coloqué bien mi bolso, y me di media vuelta para dirigirme a la salida resignada a tener que volver a mi casa por hoy. Miré al frente y sentí mi corazón dejó de bombear sangre un segundo para después bombear como loco a cada rincón de mi cuerpo.

-Pero qué sorpresa, ¿a dónde te habías metido?-escuché que decía emocionada Iris, y vi que rápidamente avanzó hacia la salida para darle un corto abrazo con el brazo que tenía libre a nada más ni nada menos que al pelirrojo rebelde apoyado en el marco de la puerta de salida-¿Cómo estuvieron las vacaciones?-avancé lentamente hacia ellos con todas mis alarmas puestas, y mirándolos fijamente. Al instante sentí mis manos comenzaron a sudar, y la frustración me empezó a embargar. ¿Por qué Iris debía conocer a todo el maldito mundo? Mejor dicho, ¿por qué tenía que conocerlo precisamente a él?

-Un poco aburridas, pero pude dormir hasta tarde. ¿Y tú qué tal?-su voz era grave y tan varonil, iba perfecto con toda su actitud de bad boy. A pesar de que yo sabía que debía alejarme de ese tipo de chicos, todo él me atraía como una polilla a la luz.

-Bueno, pasé las vacaciones donde mi tía en el campo, así que no estuvieron nada mal.

Con mi corazón latiendo fuerte me acerqué lentamente, paso a paso. ¿Mencioné que mis manos sudaban como locas? Respiré hondo, y me puse detrás de ella tratando de permanecer al margen de la conversación que ellos estaban teniendo.

Un poco abochornada posé mis ojos en él, y me di cuenta que tenía los iris grises más bonitos que haya visto en mi vida. Por un momento él me devolvió la mirada mientras Iris seguía hablándole acerca de no sé qué cosa. Nos quedamos mirando fijamente y una sensación extraña invadió mi cuerpo entero. ¿Qué es esto? Me asusté un poco por eso, y caí en cuenta que Iris se había dado vuelta mirándome un tanto curiosa, y la vergüenza volvió a hacerse presente en mí.

-¿Magda estás de acuerdo?-escuché me preguntaba la pelinaranja.

-¿Q-qué de qué?-para más trágame tierra, no escuché ni una palabra que dijo Iris, y al parecer le causó gracia pues soltó una risita.

-Te decía que él es un buen amigo mío, y aceptó el favor que le pedí de acompañarte a sacar la foto carnet que necesitas. ¿Te parece bien? Además él conoce muy bien el centro.

Sentí el mismo impacto como si me hubiera estrellado de lleno contra una pared, y sólo atiné a mirar alternadamente a ambos de manera boba, sin embargo, pude distinguir en la mirada del pelirrojo una cierta arrogancia que me hizo sentir nerviosa de manera casi visceral. Por Dios, ¿es que no puedo tener una vida tranquila? Mientras más quiero alejarme de los problemas, estos más son atraídos hacia mí, porque estoy segura, él me traerá más problemas de los que estoy dispuesta a resolver en este momento de mi vida.

FUCK-MY-LIFE.

¡Hola a tod s! Poco a poco la historia va tomando forma, y vemos que nuestra protagonista no quiere, pero no puede evitar que cierto pelirrojo sexy le atraiga como mosca a la sopa. Digo yo, si tanto quiere evitar los problemas, ¿Magda rechazará la propuesta de Iris? Y me pregunto también, ¿quién será el chico misterioso con que sale abrazada en la fotografía que tiene escondida? Mmmmm, son cosas que en el transcurso de la historia se irán resolviendo, así que todo a su tiempo.

Aaaah, sí es verdad, la prota no será una Mary Sue porque considero a la prota muy realista, aunque les adelanto que por su encanto natural los chicos le tomarán un cariño especial, y quizás pueda prestarse a confusiones, pero nada que al final no se pueda resolver.

Les agradezco a tod s por leer, dejarme favoritos y alertas, y quiero en especial, por dejarme sus comentarios, saludar a:

TwistedMindDevi

Vendetta (Guest): que bueno te llamó la atención mi fic, y te agradezco tu crítica positiva, me encantan los comentarios con fundamento sólido y consistente ;) Te mando un abrazo grande, y espero puedas seguir la historia.

Camilina

Que tengan un lindo día, y disfruten la vida, besos y abrazos para tod s desde la distancia.