Disclaimer: Ninguno de los personajes presentes en la historia me pertenecen, sino que son propiedad de Chinomiko y compañía.
Destinos no controlados
II. Foto carnet
Claramente esto tenía que ser una broma, ¿cómo demonios se le ocurría a Iris pedirle a su amigo aparentemente problemático que me acompañe en mi primer día de clases a un trámite para el colegio, siendo que no lo conocía de nada?
-Um, Iris, no lo comprometas, en serio-traté de parecer condescendiente, y observé fugazmente al chico, del que aún no sabía su nombre-Digo, tengo toda la semana para hacerlo y…-el sonido de una melodía paró mi cortés intento de decir que no al ofrecimiento de la pelinaranja. No sentí vibrar mi celular así que descarté que fuera el mío, y dudaba que el amigo de Iris tuviera de ringtone una canción de Avril Lavigne. Vi que ella hurgó en el bolsillo de sus shorts, un poco arrebolada sacó el teléfono y contestó sin ver quien era.
-¿Aló?… hola mamá… no, no lo he olvidado, de hecho ahora estoy en camino… bien… está bien… yo le dejo tus saludos… adiós-después que cortó respiró un poco más tranquila, y me miró con cara compungida-Por favor Magda, esta es mi manera de compensarte, se ve que es rudo, pero cuando lo conoces es buena persona. Los dejo, nos vemos mañana, adiós-me dejó literalmente con la palabra en la boca porque habló en tiempo record sin que le faltara el aire, y salió corriendo del colegio.
-Espero sinceramente que no te dé un infarto, Iris-y ante este pensamiento no pude evitar reír un poco, pero fui consciente de la presencia a mi lado y me tensé a la vez que sentí mi cara arder un poco.
Ahora, ¿cómo comenzar una conversación sin parecer una tonta? Porque después de todo, si no pude terminar de rechazar la oferta, iba a tener que tomarla.
-Me largo de aquí-masculló irritado el chico a mi lado mientras se daba media vuelta.
Muy bien, esta era mi oportunidad de salir del impasse sin tener que darle alguna explicación vergonzosa que ni yo aún la tenía bien planteada en mi cabeza, porque la verdad de las cosas… es que todo el día lo estuve juzgando sin conocerlo.
-No, espera-sin pensar tomé su muñeca suavemente, y bajé la mirada avergonzada. Mordí mi labio un poco y subí la mirada para encontrarme con la recelosa de él. No lo culpaba porque mi intento de rechazo fue bastante pobre y obvio.
-Ahórrate las palabras porque Iris es bastante insistente cuando algo se le mete en la cabeza. Si no quieres la ayuda, mejor para mí.
Pero qué imbécil era este tipo, y esta era una razón más para quererlo lo más lejos posible de mí. Sin embargo, estaba casi segura que hablaba de esa manera porque su orgullo estaba herido, y algo en mi interior me gritó fuerte y claro que debía disculparme porque…
-Lo siento, de verdad que no quiero importunarte porque no nos conocemos de nada, pero una ayuda siempre es bienvenida.
Me odié, pero esperaba esperanzada que me dijera que sí porque algo en él me era fatalmente atrayente. Lo peor es que mi mirada era como un libro abierto, cualquier persona podría leer lo que siento solamente con mirarme a los ojos, y justamente eso era lo que él estaba haciendo ahora. No podía decir que estaba incómoda, porque de igual manera yo escaneé sus ojos, su mirada era dura, mas resaltaba un brillo que prometía muchas cosas.
Después de un momento bajó su mirada, y yo la seguí por curiosidad… al instante solté su muñeca que tenía aún aprisionada, y mis mejillas enrojecieron de pura vergüenza. Él se rió burlón y giró un poco su cabeza.
-Bien, pero no te emociones novata, lo hago sólo porque no tengo nada mejor que hacer.
Me desconcerté ante la clara mala educación del chico, tanto así que olvidé mi vergüenza y tuve que volver a repetirme que debía estar tranquila porque no me quería ganar enemigos en mi primer día. Respiré de manera honda, y lo miré a los ojos… y mi intento de querer hacerle frente valientemente se fue volando con Iris.
-P-por mí bien… por cierto soy Magdalene-le ofrecí mi mano a pesar de saber que estaba algo sudada, pero como bien dije los besos en las mejillas con los hombres no se me hacía muy cómodo, menos aún lo sería con él sabiendo que era algo grosero.
-No sé en qué planeta vives, pero Iris ya nos presentó-me dijo escuetamente regalándome una sonrisa ladeada.
Okey, es MUY grosero.
Lo miré turbada, y sintiéndome la idiota despistada más grande del mundo devolví mi mano, pero antes de esconderla detrás de mí, él la tomó delicadamente y se acercó lentamente a mi rostro. Sentí que los colores se me subieron a la cara con más fuerza, y me dio un beso en cada mejilla-Así es como se saluda en Paris-me susurró en mi oreja izquierda.
No supe qué responderle, su tacto me trajo una tranquilidad que pocas veces había sentido antes, y el nerviosismo empezó a desaparecer casi como por arte de magia. Soltó mi mano y esbozó una mueca burlona mientras me miraba con superioridad cruzando sus brazos.
-¿Qué, acaso se te olvidó hablar?-cerré mis puños y fruncí mi ceño sintiendo que la ira invadía mi cuerpo entero.
¿Cómo se atrevía?
-Si por cortesía me presenté yo misma, lo que menos debes hacer es decirme tu nombre por tu propia boca también-dije con toda la dignidad que me fue posible, y la ira subió más al ver que le hizo gracia mi comentario mordaz.
-Siento haberla ofendido princesa-me miró de manera enigmática, y agarró mi mano derecha-Me llamo Castiel, espero que podamos ser amigos-y obviamente, luego besó el dorso de mi mano.
Su tono irónico me enervó a niveles insospechados, quité mi mano al instante mientras inspiraba profundamente e hice amago de irme, pero al segundo algo hizo clic en mi cerebro. Lo miré estupefacta, y su expresión al instante se volvió seria.
¿Castiel?
-Hey, ¿estás bien? No tienes buena cara-me dijo él con cautela mientras me miraba-Si no quieres ir sólo dímelo-lo miré pensando si es que acaso podría ser el mismo Castiel que yo conocía, lo medité un momento hasta que negué con mi cabeza. Esbocé una pequeña sonrisa y me acerqué un paso hacia él.
-No, no es eso. Lo siento, es que te confundí por un momento con alguien más-dije con una risita nerviosa-¿Vamos?
Esbozó nuevamente una sonrisa ladeada, y un encantador hoyuelo se formó en su mejilla derecha. Era tan guapo, aunque no se lo diría, y trataría de no ponerme en evidencia porque mi cuerpo se anticipaba a mi cabeza.
-Vamos antes de que me arrepienta-y se giró hacia la salida sin siquiera esperarme.
-Que modales tiene-susurré para mí misma mientras trataba de apresurar el paso para ponerme a su lado. No quedaba mucha gente en el instituto, pero sí la suficiente para que no se viera tan deprimente el ambiente.
Apenas salimos al exterior aspiré hondamente el aire fresco, y me sentó de maravilla pues así pude aclarar mejor mis pensamientos. Si hubiera esperado unos minutos más, yo creo que mi cabeza habría explotado.
-¿Quieres irte en autobús o llegar a pie al centro?-me preguntó repentinamente el chico a mi lado. Estábamos al lado de una parada de bus, que estaba casi al frente de la entrada a Sweet Amoris. Gracias a mi despiste no me había percatado de ese detalle antes.
-La verdad me da igual, aunque preferiría caminar.
-Entonces no te da igual. Andando-dijo con el rostro serio, y nuevamente empezó a caminar sin esperarme. Esta vez me situé rápidamente a su lado, y aunque intuía la respuesta que me iba a dar, de igual manera quise hacerle una pregunta.
-¿Eres así con todos o porque tienes que acompañar a una extraña a hacer un trámite? Tú sabes que no estás obligado a venir.
-Ya me comprometí con Iris a hacerlo, pero por si te deja tranquila, soy así con la gran mayoría-sentí una odiosa punzada y lo observé de reojo. Para mi mayor molestia vi que esbozaba otra de sus sonrisitas burlonas.
Pasamos por las tiendas que estaban una al lado de la otra, y vi que la cafetería que me había llamado la atención en la mañana estaba abierta. Me detuve, y Castiel casi al instante también lo hizo.
-¿Qué pasa?
-Ya vengo, no te vayas-le dije mientras le regalé una sonrisa que en verdad fue espontánea. Cuando entré a la cafetería sonó la típica campanilla, y quedé maravillada con lo femenina que era la decoración. No era para nada empalagoso, y en el aire flotaba un olor dulzón exquisito.
Me atendió una joven de aproximadamente 30 años ataviada con un delantal blanco, muy simpática y amable. Tuve la suerte de encontrar los pastelitos con mis sabores favoritos, y pedí dos. Agradecí internamente que no fueran costosos, y cuando pagué ella me entregó una tarjeta para contactarla, que era igual de femenina que su tienda. Nunca estaba de más tener buenos datos, pues nunca se sabía cuando se podría necesitar.
Salí de la tienda esperando que a Castiel le gustaran las cosas dulces, pero cual fue mi sorpresa que no lo vi por ningún lado. Dejé caer mis hombros y me sentí un poco decepcionada porque era obvio que no quería acompañarme, sin embargo, debió haberme avisado antes. Menudo cobarde.
-Vaya vaya, pero si es la tonta novata de la mañana-escuché una voz chillona a mi derecha, me di media vuelta y era la rubia que me había pasado a llevar, aunque no estaba sola, la acompañaban una chica oriental y una castaña alta con una mirada bastante soberbia-¿No que estabas con Castiel? Oh, no me digas que te dejó plantada, que patética-dijo cínicamente mientras sus dos secuaces se reían burlonamente.
-No te metas en mis asuntos, y deberías tener cuidado donde caminas-le dije bastante tranquila, aunque por dentro estaba hirviendo en furia.
-Así que eres una pequeña fierecilla, pero los animales no comen dulces, así que entrégame la bolsa-se abalanzó rápidamente para quitarme la bolsa, pero reaccioné aunque no a tiempo para dejarla fuera de su alcance.
-¿Estás loca? Suéltala-hablé con dificultad porque la rubia estaba empecinada en quitarme los pasteles, y para más remate sus tontas amigas empezaron a hablar pestes de mí. Ya me estaba cansando de la situación, y estuve a punto de soltar la bolsa, cuando vi que una mano masculina cubrió la muñeca de la otra chica.
-¿Qué bicho te picó, Ámber? Ve a fastidiar a otro lado-el pelirrojo soltó su agarre con el entrecejo bastante fruncido. Ámber lo miró con sorpresa, y retrocedió un poco, pero no le duró mucho porque volvió a tener esa careta de chica pretenciosa.
-No va contigo hablar con novatas, ni menos irte con ellas, Castiel.
-Es asunto mío. Vamos-me tomó mi mano libre y no pude evitar sonrojarme un poco, mientras íbamos en dirección al parque. Miré por sobre mi hombro, y vi que la rubia daba un pisotón furioso y se iba en dirección contraria junto con sus amigas. Al parecer él también lo vio porque su mano dejó de tener contacto con la mía-Eres una busca problemas-también pensé lo mismo, aunque este era sólo otro a la lista.
-Yo no le hice nada, simplemente ella vino, me insultó y me quiso quitar mi bolsa. ¿Quién se cree que es?
-La reina del universo, y al parecer ahora no estás entre sus personas preferidas-me dijo con sarcasmo mientras nos deteníamos en la entrada al parque. Bajé mi mirada un poco compungida, y vi el envoltorio que cubrían los dos pasteles.
-Eso no habría pasado si no te hubieras ido, pero gracias por ayudarme. Como sea, te compré un pastel, espero que te guste lo dulce-me miró con un gesto divertido en el rostro, y me apresuré a agregar-Pero te lo entregaré cuando tenga la foto en mis manos, así que no cantes victoria aún.
-Prefiero lo salado, pero no me quejo si se trata de comida, Marla.
-Magda-le corregí, aunque sabía que lo hizo a propósito, pues su sonrisa se extendió un poco-Ya vamos antes de que se haga más tarde.
-Como diga la princesa-dijo ahora él siguiéndome el paso, pero al poco yo tuve que seguirlo a él para que me guiase.
Cuando llegamos al centro, él a grandes rasgos me dijo las características principales de las tiendas y cómo estaban ubicadas, pues no me dejó detenerme a mirar las vitrinas aunque eso a futuro me serviría para poder orientarme y saber a lo que iría.
Nos detuvimos en una pequeña tienda de servicios fotográficos, y agradecí que Castiel tuviera el tacto de esperar afuera, porque si hubiera entrado conmigo de seguro habría salido horrible en la foto.
Afortunadamente cuando salí de la tienda, esta vez él me estaba esperando aunque con cara de aburrido. Yo le regalé una gran sonrisa para que la quitara, y él no pudo evitar contagiarse un poco con mi payasada, pero sólo un poco porque luego volvió su fachada de chico malo.
Y nuevamente lo vi a él, su rostro era tan parecido y a la vez tan distinto al de aquella persona de mi pasado, pero él me había hecho una promesa, y yo confiaba en que la cumpliría.
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Estaba el sol ocultándose cuando salimos del centro para llegar a la zona residencial donde se encontraba mi casa. Quedamos en que lo acompañaría hasta su casa, ya que él se había tomado la molestia de acompañarme a mi trámite, aunque fue difícil convencerlo pues me molestaba con que iría a acosarlo, pero al final accedió.
En la única tienda que Castiel dejó que entráramos fue a la de música, y allí se tomó un buen tiempo viendo decenas de discos. Obviamente yo se lo reclamé, pero cuando quería el chico era menos hablador que una pared. Pero no le duró mucho.
-Vamos, no creo que hayas salido como chimpancé en la foto, ¿o sí?
-Deja de fastidiarme, Castiel, de verdad me estoy enojando-desde que llegamos a la zona residencial que él no había parado de insistir en que le mostrara cómo había salido en las fotos, ya que al ser tamaño carnet daban muchas copias. Personalmente no encontré que me viera mal, pero de igual manera me daba un poco de vergüenza tener que mostrarlas.
-Ya sabes lo que dicen, el que se enoja pierde.
-Y ya sabes lo otro que dicen, el que molesta pierde un pastel.
-Chiquilla tenías que ser-masculló un poco irritado.
-A quién le dices chiquilla si somos de la misma edad-lo confronté poniéndome al frente de él cruzándome de brazos.
El sol me llegaba directo al rostro, pero por estar ocultándose su brillo no era tan intenso, así que no me molestaba. Claro, yo me aproveché de eso porque cuando la luz llegaba a mis ojos cambiaban a un brillante verde esmeralda, y a varias personas les encantaba ese efecto. Al parecer a él también, pues se detuvo automáticamente mirándome fijamente a los ojos.
Los colores anaranjados nos bañaron a ambos en medio de la vereda, y yo perdí totalmente la noción del tiempo y espacio. Una sensación de calidez invadió mi corazón, y sólo quise sumergirme en sus lagunas grises por siempre.
Él se acercó un paso con el rictus tan serio que creí que estaba molesto, pero sus ojos lo delataron porque brillaban con expectación y emoción. Levantó una mano, y acarició mi mejilla delicadamente a la vez que examinaba mi rostro.
Quería creer que por su actitud un poco mezquina y socarrona no hiciera eso a menudo con otras chicas, que sólo lo hacía con aquellas que eran de verdad especiales. Aunque sabía que sería engañarme a mí misma porque no podía evitar ponerme nerviosa y emocionada cuando estaba con él, más aún ahora… estando tan cerca los dos.
Terreno peligroso.
-¿Todavía es el pastel de mil hojas tu favorito?-me dijo en un susurro, y la burbuja que sentí que nos rodeaba se reventó.
-¿C-cómo lo sabes?-medio asustada me alejé un paso y lo miré desconcertada. Él esbozó una media sonrisa y siguió observándome fijamente. Esa mirada altiva, esos ojos grises… por Dios, no podía ser. Era más fácil pensar que la persona frente a mí era simplemente un acosador o un hacker-¿Eres sicópata acaso? Porque no quiero creer que tú eres…
-Y yo no puedo creer lo despistada que sigues siendo, aunque tengo que admitir que he cambiado bastante desde que me fui.
-No, tú no puedes ser ese Castiel.
-¿Tan feo era antes? Me siento un poco ofendido-dijo de manera socarrona el ahora pelirrojo chico, y yo… la alegría reverberó por todo mi cuerpo e impulsivamente me lancé sobre él regalándole el abrazo más apretado que nunca di antes. Su corazón comenzó a latir de manera furiosa, y me dio gusto que mi muestra de cariño no le fuera indiferente-Hey, tómalo con calma-me dio unas leves palmadas en mi espalda y me separó de él.
Muchas preguntas asaltaron mi cabeza, pero luego de la euforia inicial, la decepción hizo mella en mí. Bajé mi cabeza no queriendo mirarlo.
-Tú me habías hecho una promesa, Castiel-susurré. Él permaneció callado, y lo miré queriendo saber qué le pasaba, y sus ojos tan brillantes antes, ahora se habían opacado.
-Vamos Magda, eso fue hace mucho tiempo…
-¡Claro que fue hace tiempo! Pero éramos los mejores amigos… tú sabías lo mucho que me dolió que te tuvieras que ir-si fuera posible me sentí más patética que en el colegio, y la tristeza me pesó en el fondo de mi alma.
-Cambié mucho desde la última vez que me viste-su voz sonó un poco apagada aunque seguía manteniendo el mismo semblante serio y casi imperturbable.
-Lo raro sería que estuvieras igual, ¿no?-solté un pesado suspiro porque las inoportunas lágrimas querían hacer aparición-Que estúpida fui todo este tiempo, aunque en todo caso éramos sólo unos niños-miré el cielo ya oscurecido y mordí mi labio intentando aguantar las lágrimas-Gracias por acompañarme-y le pasé la bolsa regalándole los dos pasteles, aunque eran uno para cada uno, y me fui en dirección a mi casa.
-No seas así-dijo Castiel y atrapó mi muñeca firmemente, aunque no me quise dar la vuelta-No es lo que piensas.
-¿Sabes? Tienes razón-me deshice de su agarre y me limpié un par de lágrimas que habían caído por mis mejillas. Respiré hondo y me di la vuelta encarándolo-Este es mío-saqué de la bolsa entre sus manos el que creí que sería mi pastel, y me fui de allí dando zancadas.
-Magda-habló el pelirrojo en tono de advertencia pisándome los talones, pero no me sentía con las fuerzas ni la dignidad para hacerle frente.
-Aléjate de mí, por hoy no quiero hablar contigo, Castiel. Y hablo en serio-advertí con una voz que no pareció mía, y sentí que sus pisadas dejaron de escucharse.
Afortunadamente estaba relativamente cerca de casa, y de manera torpe saqué mis llaves y abrí la puerta principal de mi casa. Ninguna luz estaba prendida, por lo que mis padres no se encontraban en casa, y eso me alivió de tal manera que me atreví a arrastrarme por la puerta y llorar amargamente.
-Que idiota soy, idiota, idiota, idiota-golpeé muchas veces el piso con mi puño, y sólo quise hundirme en mi miseria por siempre.
Desde que lo vi en el instituto que mi interior me había avisado que él no era cualquier persona, y yo sólo me preocupé de juzgarlo antes de tiempo por su apariencia. Sin embargo, fue mejor que haya saltado la bomba al final del día porque si hubiera sido en el instituto me habría muerto.
Tantas preguntas rondaban mi cabeza, pero me sentí tan aturdida que sólo quise dormir y olvidarme del mundo entero.
Me levanté del suelo, caminé a rastras hacia la cocina, y dejé el pastel guardado en el refrigerador.
-¿Todavía es el pastel de mil hojas tu favorito?
-Idiota-dije con resentimiento, y cerré la puerta del refrigerador de manera violenta.
Subí las escaleras y me fui directo a mi cama. Las emociones me embargaron de nuevo, y lloré sin poder evitarlo contra mi almohada preguntándome una y mil veces por qué en todo este tiempo no se quiso contactar conmigo.
Castiel…
Pero yo soy más idiota que él, porque en el fondo de mi corazón me alegraba que mi esperanza de poder volver a verlo no hubiera sido en vano.
30/07/13: Uf, pasó un tiempo, pero volví con otro capítulo al fin :) Quiero agradecer a cada una de las personas que me han agregado a alertas y favoritos porque aún en el silencio, me están acompañando en esta travesía tan emocionante.
¿Qué les pareció? Fue el capítulo más corto, pero así resultó ahora jajaja De a poco se va desentramando la cosa, pero aún quedan muchas dudas por resolver y eventos que sucedan.
Quiero agradecer especialmente a la personita que me dejó su review en el capítulo anterior:
amu neko-nya
Nuevamente, muchas gracias por leer, besos a todos desde la distancia.
