Disclaimer: Ninguno de los personajes presentes en la historia me pertenecen, sino que son propiedad de Chinomiko y compañía.


Destinos no controlados


VII. Templo sagrado.

Entrada la noche y en la soledad de mi habitación me puse a darle vueltas acerca de lo que había hablado con mi madre por la tarde. Sentía que había dejado al fin atrás el nefasto día y comenzaba a disfrutar de la sensación que me dejaba estar en una nueva ciudad, un nuevo colegio, nuevos compañeros, y nuevos amigos.

Flash back.

Al llegar a casa mamá me recibió en la entrada como casi siempre y estoy segura estuvo al borde de un ataque al verme tan sucia y desaliñada. Me dio mi espacio para primero ducharme y cambiarme mientras ella se ponía a la tarea de cocinar algo delicioso, pero me dejó claro que le debía una gran explicación.

Luego de un rato bajé a comer con ella y le expliqué con lujo de detalle lo que me había sucedido durante el día. Abrió sus ojos muchas veces debido a la sorpresa de lo que le contaba, y como mamá que era me regañó por haber golpeado a Amber, sin embargo, noté el resquemor que tenía hacia la pequeña diabla rubia.

-Al final la directora nos perdonó todo, aunque con la advertencia de que nos portáramos bien. Fue una situación bastante rara, pero también divertida, no lo puedo negar.

-Eso es bueno… creo-ella se mostraba incrédula, pero al instante frunció el ceño-Espero no te metas en más problemas, tú no eres una chica problemática, Magda.

-Lo sé, me portaré bien mami-y seguí comiendo sin más. Me sentía más aliviada y tranquila ahora que mi madre estaba al tanto de lo que me pasaba. La gente quizás pensaría que era en exceso apegada a mis padres, pero cómo no iba a ser si simplemente eran los mejores: me guiaban y regañaban si la situación lo ameritaba, pero también eran mis mejores amigos, sé que podría contarles casi cualquier cosa y me comprenderían… al menos mi madre porque mi padre era algo celoso.

-Así que, Castiel ¿eh?

Oh, oh.

-Sep, Castiel.

-¿No es el mismo Castiel, tu mejor amiguito de la infancia?

-Sí… el mismo-dije mirándola con algo de desconfianza frente al tono picarón de mi madre. Y susurré para mí misma:-Aunque ya no es un niño.

-Que maravilla volvieron a reencontrarse. Aún recuerdo lo triste que te pusiste porque tuvo que irse con sus padres. ¿Sabes por qué fue?

-No lo sé, no hemos tenido ocasión de sentarnos a conversar. De hecho íbamos a hacerlo, pero con todo esto del perro y con lo enfadado que se fue del instituto probablemente no quiera volver a hablar conmigo-no pude evitar sentirme triste, y con ello el apetito pareció irse volando de mí.

-Bueno, a cualquier adolescente le pegaría en el amor propio el tener que perseguir un perro y encima ensuciarse por ello. Pero no te preocupes, princesa, nada es eterno. Te sugiero que le des su espacio, de seguro volverá a hablar contigo por iniciativa propia.

Me dio un apretón cariñoso en el brazo y le sonreí débilmente en respuesta no muy segura por la personalidad tan arrogante del pelirrojo, aunque nunca se sabía. Retiró mi plato y se puso a ordenar la cocina cuando de pronto dijo:

-Si quieres tráelo un día a casa, me encantaría volver a verlo. Quizás hasta podamos juntarnos con sus padres, ambos eran divertidos y excelentes personas.

Abrí enormemente mis ojos con horror y shock sopesando el grado de acercamiento que tendrían mis padres precisamente con los de él.

Aunque pensándolo bien no tenía por qué inquietarme tanto, sólo era un ex amigo de mi niñez y además nuestros padres se conocían. Supongo que no tenía nada de malo.

Vaya vaya… ¿tapando el sol con un dedo?

End flash back.

Cerré mis ojos y llegué a la conclusión de que no iba a comerme la cabeza por nimiedades. Dejaría que el pelirrojo siguiera su curso y yo el mío pues tenía todo un futuro por delante, y quería disfrutar todo lo que se me ofreciera.

Tenía una buena sensación acerca de todo esto, pero también presentía que tendría momentos difíciles… creo que no sería un ser vivo si no me pasaran cosas buenas y malas a la misma vez.

0~0~0

Habían pasado aproximadamente 3 semanas, y todo era completamente normal.

Todos los que nos metimos en problemas quedamos en el mismo curso, Amber tomó como hobbie molestarme a mí y a mis amigas, nosotras tomamos como hobbie responderle elegantemente, el instituto comenzaba a consumir nuestras vidas poco a poco, y Castiel y Lyssandro se juntaban a menudo con nosotras aunque tenía la impresión que el pelirrojo trataba de mantener las distancias.

La verdad es que últimamente lo notaba algo callado e ido, y el hecho de que Lyssandro lo mirase con algo de preocupación me daba pie para preocuparme yo. Sin embargo, traté de seguir el plan de dejarlo tranquilo y darle su espacio pues no quería que se sintiera ahogado.

Tanto a Melody como a Nathaniel los veía más a menudo debido a que se había cerrado el periodo de tramitaciones, por lo que eran alumnos comunes y corrientes. Ya era evidente para mí que la castaña estaba completamente colada por el rubio, pero él parecía no darse cuenta ya que la trataba como a cualquier otra persona. Me extrañaba un poco de Nathaniel ya que era un chico inteligente, pero al parecer en cuestiones del corazón todos los hombres son igual de despistados.

Pensando un poco en ello, al pelirrojo y al albino tampoco les iba mal, más de alguna vez me he percatado de las miradas soñadoras y los largos suspiros que daban varias mientras caminaban despreocupadamente por los pasillos, aunque de Lyssandro era completamente entendible pues era más despistado que Sailor Moon.

De Castiel no podría decir lo mismo. No sabía si sentirme enfadada o divertida al respecto, quizás algo de ambas cosas porque casi unánimemente a las chicas les gustan los chicos rebeldes busca problemas, o dicho de otra manera, alguien que las haga sentir vivas en base a la emoción e incertidumbre… y casi la mayoría de las veces salían con un corazón lastimado.

Ouch.

Sin embargo, a pesar de su arrastre a Castiel no pareciera importarle mucho el asunto. Y ese es otro punto que atrae a las chicas: la fría indiferencia. Podría asegurar que el muy pillo lo sabe y por eso lo hace.

Y como a nadie le falta Dios, a mí tampoco me han faltado los cuasi pretendientes, cosa que me halagaba bastante, mas no había nadie que me interesara, tampoco es que estuviera buscando enredarme en un lío amoroso. Estando soltera como estoy ahora puedo asegurar que no me he sentido sola en absoluto, y que de hecho me siento más bonita, feliz y tranquila que nunca.

Y eso era justamente lo que estaba demostrando ahora, recostada en el césped, escuchando buena música (no) esperando entrar a clases. Casi todos estaban en estado vegetal debido a que hace poco habíamos almorzado, por lo que el efecto soporífero de la comida nos estaba haciendo efecto a todos.

Me tumbé boca abajo, cerré mis ojos y me dejé arrastrar por la melodía fuerte y armoniosa de la canción. Respiré hondo, relajé mi cuerpo y canté sólo moviendo mis labios por los que fueron para mí largos e infinitos minutos.

De repente una presencia salvaje apareció a mi lado y un tirón brusco en mi oído derecho me sacaron bruscamente de mi hermoso nirvana.

-¡Hey!-musité entre enojada y aturdida tratando de incorporarme mirando a mi lado al inoportuno ser vivo.

-Interesante, la nena no es tan apacible como se ve-dijo Castiel mirándome divertido mientras escuchaba la misma canción que yo. Rápidamente puse pausa y en modo karma saqué de un tirón mi audífono de su oreja.

-Mi música es mi templo sagrado, no lo comparto con nadie. Sin ofender-agregué rápidamente al ver que el familiar ceño fruncido adornaba su frente.

-Que sensible, majestad. No pretendía profanar su… templo sagrado-musitó con sarcasmo y obvia doble intención.

Carraspeé intentando desviar la atención de mi creciente sonrojo.

-¿Así que ahora te animas a dirigirme la palabra? Te aclaro que siendo salvaje no es la mejor manera de abordarme.

-Relájate tabla sensible, vengo en son de paz. ¡Ouch!-exclamó luego de darle un merecido aunque pequeño puñetazo en el brazo. Aquello le había molestado bastante, pero poco me importaba la verdad si estaba en plan de dárselas de aires de grandeza para venir así como así y tratarme mal.

En el mundo, y quizás en el universo había gente maleducada, muy maleducada, Amber y Castiel.

-No seas insolente-dije lo más digna posible mientras miraba hacia otro lado.

-No seas grave, no es para tanto-musitó el pelirrojo con voz contenida y semblante molesto, mas seguía sentado a mi lado.

Rolé mis ojos pues si quería que mansamente me dejara tratar como a él se le diera la gana, podría irse al diablo. Orgullosamente orgullosa como era preferí mejor hacer las cosas por la paz, por lo que decidí ignorarlo. Me tumbé nuevamente en el pasto tratando de relajarme.

¿Dije que lo estaba tratando, cierto?

Encendí nuevamente mi mp4 y desenredé los auriculares, mas la presencia de él era lo suficientemente perturbadora como para ponerme difícil el simplemente ignorarlo. Estuve a punto de ponerme los audífonos cuando se acercó casi confidentemente y me susurró al oído:

-¿Qué dirías si yo te diera permiso para profanar mi templo sagrado?

Abrí mis ojos como platos, y lo observé entre atenta y sorprendida. Viniendo eso de boca de Castiel Laserre poco tenía de credibilidad o mucho de doble intención. Me concentré tratando de dilucidar cuál de las dos cosas era, por lo que puse mi semblante más serio para sacar la careta que él tendría puesta ahora.

No observé ningún cambio, sólo unos ojos grises arrogantes mirándome devuelta con atención.

-¿A qué te refieres exactamente?-pregunté con desconfianza aun tratando de ver cualquier indicio de broma.

Se levantó del pasto, sacudió sus pantalones de cualquier rastro de mugre y para mi sorpresa me tendió una mano.

Oficialmente estaba picada con el bicho de la curiosidad, y por alguna razón mi corazón latió desbocado en mi pecho. Mordí mi labio inferior y observé su mano con el dilema de si debía tomarla o no. Subí mi mirada hacia él nuevamente y lo supe.

No sabía exactamente qué esperar de él, pero pasara lo que pasara Castiel no haría nada que me pusiera en peligro de ninguna forma. Además, un poco de aventura no le hacía mal a nadie. Acepté su mano y con su ayuda me paré rápidamente.

Era como si pasara en cámara lenta, pero en esos pocos segundos fui muy consciente de la forma en que rodeó mi mano, de su tamaño, su textura, el calor que irradiaba…

Sin tiempo de meditar nada más ni soltarme atravesamos el patio delantero y la entrada con paso rápido. A pesar de que la incertidumbre y la duda me estaban matando a cada paso que dábamos y a cada mirada que nos topábamos, me dejé dirigir sumisamente hacia donde fuera que el pelirrojo me quisiera llevar.

La sonrisa boba que no me había percatado que tenía se borró rápidamente de mi rostro al dirigirnos bruscamente hacia nuestra izquierda a la vez que sentí que perdía la calidez de su mano. Me quedé de piedra en el sitio y miré a Castiel como si de repente se le hubiera perdido la cabeza, y la verdad era que lo estaba creyendo.

-Sabía que esto era una maldita broma-susurré entre dientes mientras observaba a algunos de nuestros compañeros sentados en sus respectivos pupitres de manera relajada, y a otros conversando y riendo de manera distendida.

Lo miré enojada en un primer instante, pero al cabo de unos segundos no pude menos que horrorizarme por la imperturbable seriedad en su rostro.

-¿Es que estás loco y yo no lo sabía?-levantó una ceja a modo de duda y estoy segura mi cara se desfiguró-¡¿En serio este es tu "templo"?!

El chico contuvo con su mano a medias una carcajada, llamando la atención de varios compañeros, entre ellos algunas de mis amigas y de cierto trío maligno, y entró a su querido templo sagrado: La sala A.

Se sentó en su pupitre como si nada y yo como autómata lo seguí sin querer ver a nadie, claro que con la duda y la humillación de sentirme engañada corriendo por mi sangre. Se acercó a mi oído y con el dorso de su mano tapó su boca:

-Ésta es la antesala, no tenemos que levantar sospechas.

-Creo que hiciste precisamente lo contrario entrando de esa manera, sin contar que estás asistiendo a las clases de la tarde. Todo un cuadro, Castiel-susurré furiosa, sin querer siquiera mirarlo porque si no lo golpearía de verdad.

-Por si no lo has notado estos últimos días he sido un ejemplo de alumno-dijo socarronamente.

-No, pero a ver cuánto te dura-me saqué mi bolso y en él busqué un cuaderno y lápiz.

-Me ofende tu mal concepto de mí-su tono aburrido me desquició un poco, suspiré con cansancio y lo observé.

-¿A qué estás jugando?

-A nada- curvó una esquina de su boca y me dio la impresión de que su mirada pretendía perforar la mía-Sólo quiero asegurarme que no haya más inconvenientes con gente indeseada.

Entrecerré mis ojos sin creerle una sola palabra porque presentía que él estaba jugando, y precisamente con fuego. O quizás eso es lo que quería que yo creyera… Muy bien, si eso era a lo que pretendía quería jugar yo también lo haría.

-¿Debería asustarme?

El timbre sonó con estrépito, mas ninguno dejó de mirarse fijamente con desafío, tanto así que me vi reflejada en sus irises del color de un cielo tormentoso.

-Tal vez-dijo descaradamente serio.

Algo dentro de mí sintió que dentro de todo podría tener un poco de verdad.

La clase comenzó y siguió su curso normal: silencio sepulcral por parte de mis compañeros, profesor hablando monótonamente, Castiel malhumorado dibujando garabatos en una hoja, una mosca volando de manera aleatoria, y yo pensando en donde diantres me quería meter el pelirrojo.

De pronto todos automáticamente nos tapamos nuestros oídos cuando escuchamos el ensordecedor pitido del altoparlante en el techo, rompiendo en el proceso nuestros tímpanos un poco. Intrigados observamos la caja de madera de una esquina para saber qué nos querría decir la directora.

-Estimados pupilos, lamento avisarles que hay un sorpresivo corte del suministro de agua en toda la cuadra, incluyendo nuestro querido instituto, por lo que todas las actividades de la tarde se encuentran suspendidas-un incómodo silencio se alzó en la sala porque no sabíamos a qué se refería exactamente la directora, aunque se dejaron escuchar unos jadeos de sorpresa. Emitió un pequeño suspiro cansado y agregó:-Incluyendo las clases. Quetenganunbuendía.

Como si fuéramos uno solo gritamos todos al mismo tiempo en el instituto por la buena noticia, cosa que la directora había previsto y por eso se había despedido tan rápidamente al final. Hasta bailé un poco en mi asiento de la emoción, pero terminé rápido y me sonrojé al darme cuenta que Castiel me miraba divertido mientras se paraba y echaba en su mochila mi cuaderno y mi lápiz. Abrí mi boca para preguntarle por qué, pero me tomó de un brazo y me paró rápidamente, a duras penas pude agarrar mi bolso y salimos hecho un cohete de la sala.

Llegamos al pasillo en donde se estaba empezando a juntar la afluencia de todo el instituto, y aun agarrándome firmemente me llevó dando empujones para darse paso a dirección desconocida. Me encontraba aturdida, es decir, en un momento estaba casi vegetal en clases, al siguiente nos avisaban que había suspensión de clases, y al subsiguiente me estaba dejando arrastrar nuevamente por el pelirrojo en una marea de personas hacia quizás dónde. Estaba tan confundida que simplemente me dejé hacer.

Avanzamos hacia el final del pasillo apegados a la pared, y con dificultad subimos las escaleras del segundo piso. La gente estaba tan contenta de poder salir temprano que ni siquiera notaron nuestra presencia en contra de la corriente; y así sucesivamente subimos al tercer, cuarto, quinto, y sexto piso del edificio. A esta altura creo que me estaba haciendo una idea de hacia dónde íbamos, mas no podía preguntar nada porque el ruido de las voces de todos era un poco ensordecedor, sólo en los dos últimos pisos el silencio fue dando paso, pero el pelirrojo prácticamente corría y mi estado físico no era el más óptimo que digamos.

Finalmente nos detuvimos frente a una puerta y me apoyé en mis rodillas para retomar mi respiración normal. Desorientada miré el pasillo solitario pues nunca había estado aquí debido a que el sexto piso y el quinto correspondían a salas especiales que ocupaban la gente de último curso para clases especiales, y por suerte aún no las ocupaban.

Enseguida miré a Castiel, el muy maldito fresco como una lechuga, el cual miraba hacia todos lados cerciorándose de que al parecer no hubiera nadie. Eso me dio mala espina, ¿por qué estaba tan receloso de que nadie nos viera? ¿Sería que el muy muy nos quería meter a la mala? Tiró de la cadena que pendía de su pantalón y que se perdía en un bolsillo frontal, y sacó de él un juego de llaves. Las inspeccionó con rapidez e introdujo una en la cerradura que tenía al frente, escuché el clac de la cerradura al ser abierta y casi con miedo retrocedí un paso no estando segura de si quería meterme en esto.

-No me digas que tienes miedo-su sonrisa ladeada, su tono desafiante y su mano rodeando la mía no me dejaron más opción que introducirme en ese desconocido cuarto.

Tensa como la cuerda de una guitarra miré a mi alrededor, a pesar que estaba oscuro pude notar que era demasiado estrecho y pequeño para ser una sala. Escuché que a mis espaldas él rápidamente cerraba la puerta, y me guio para subir una pequeña escalera que no había notado y que conectaba a otra puerta. Le escuché murmurar un tsk e introdujo otra llave en la cerradura.

-Quiero una explicación. Ahora-para mi pesar me escuché igual de alterada como me sentía.

-No comas ansias, enana-dijo malhumorado a la vez que maldecía porque la cerradura no quería ceder. A continuación susurró tan bajito que pensé que quizás lo habría imaginado-No creo hayan cambiado el condenado cerrojo…

Intrigada levanté una ceja pensando cómo habría conseguido esas llaves y qué pasaría con nosotros si alguien nos descubriera. Seguramente nada bueno.

-Q-quizás es mejor que volvamos, no es buena idea q-…

Otro clac se escuchó junto con un suspiro cansado del pelirrojo y el rechinido agudo y pesado de la puerta al ser abierta. Una cegadora luz blanca encandiló mis ojos que nos bañó a los dos por igual y al instante protegí mi vista con el brazo que tenía libre. Me sentí arrastrar y nuevamente la puerta detrás de nosotros se cerró.

Una suave brisa cubrió mi cuerpo y lentamente fui bajando mi brazo a la vez que mi suposición había sido cierta. Abrí mi boca con sorpresa y caminé lentamente por la azotea con la sensación de estar en una maravillosa realidad onírica. Unas cuantas aves emprendieron vuelo asustadas a medida que los dos caminábamos. Tuve cuidado de estar a una distancia prudente de la baranda para que la gente no nos pillara con las manos en la masa, pues aún los podía escuchar debajo de nosotros. Desde esta altura alcanzaba a ver gran parte de la ciudad: altos edificios, puentes, casas, el barrio comercial, la gran plaza, la torre Eiffel…

-No sé si te habían dicho, pero en boca cerrada no entran moscas.

Me giré a verlo rápidamente y me mordí el labio nerviosa. Estaba demasiado anonadada como para enojarme. Él estaba apoyado en un pilar despreocupadamente, y sí, con una mueca burlona adornando su fea cara. Parpadeé unas cuantas veces tratando de serenarme un poco y me reí por lo tonta y desaliñada que probablemente me debía ver. Traté de ordenar mi cabello un poco y aclaré mi garganta:

-No todos los días me libro de una tarde aburrida de clases y me escapo ilegalmente a la azotea del instituto.

Esbozó una sonrisa arrogante y se acercó hasta quedar enfrente de mí.

-No sé si ilegal, pero sí está prohibido el acceso a los alumnos.

-Oh, no me puedo imaginar por qué-rolé mis ojos divertida y me volví para mirar otra vez toda la ciudad que se extendía frente a mis ojos.

-Yo sí-se colocó a mi lado y miró el cielo casi completamente sin nubes-: o son tan malvados que no quieren nos desestresemos con una buena vista, no quieren que nos suicidemos, o que no se preste para hacer cosas "indebidas".

-Lo capto-lo corté bruscamente pues el campo de "cosas indebidas" era sumamente amplio e innecesario de especificar, menos todavía con Castiel porque no era, lo que se dice, la persona más fácil de tratar ni con la que de buenas a primeras confiarías para contarle tus problemas. Aunque en el fondo era un buen tipo, sólo algo difícil de roer.

Observé todo el paisaje que se me ofrecía, y me emborraché con la sensación de poder, libertad, alegría, e intimidad. Esbocé una media sonrisa ante este último pensamiento.

-Me siento honrada de profanar tu templo sagrado-dije con una sonrisa.

-No te creas gran cosa, no quiero después escucharte cacarear por los pasillos acerca de que estuviste conmigo a solas.

Lo observé y ambos esbozamos una mueca burlona.

-No soy una chica fresa ni tan tonta como para arriesgarme a que me castiguen por estar en un lugar prohibido. Sobre todo no puedo dejar que los demás sepan que me junto contigo, me desperfilaría mi imagen.

Emitió una pequeña carcajada ronca y me observó claramente divertido, tuve la impresión que me veía como a una mascota que hubiera hecho una gracia.

-Si hubieras sido chico te habría golpeado, aunque con esa delantera pasarías como uno.

Lo fulminé con la mirada y me hice la ofendida, tapándome mis pechos.

-No es lo que me han dicho otros, pelirrojo "natural"-expresé haciendo comillas con mis dedos, pero mi chiste no le hizo pizca de gracia porque al instante su rostro se puso mortalmente serio, y yo a mi vez arrugué mi ceño desconcertada-Ves que no es agradable te enrostren cosas que no quieres que te digan.

Después de lo que me pareció una eternidad y una verdadera batalla campal de miradas, me volvió a dirigir la palabra:

-Claro-y volvió a mirar al frente concentrado.

Me abofeteé a mí misma mentalmente porque al parecer había tocado una fibra sensible, algo desconsiderado de mi parte siendo que Castiel me trajo a quizás un lugar especial para él. Pero tampoco era la idea que se pusiera tan serio por decirle una broma tan tonta.

Suspiré pesadamente, sentía que nuevamente un muro de hielo se elevaba entre nosotros, dejándonos devuelta al punto cero.

¿Y cuándo despegaron realmente del punto cero?

Abrí mis ojos por ese pensamiento. Lo observé de reojo y nuevamente caí en cuenta que no sabíamos casi nada el uno del otro.

-Yo…-apenas me miró, pero supe que me estaba prestando atención-¿Por qué no nos sentamos? Creo que tenemos mucho de qué conversar.

Levantó una ceja a la vez que entrecerraba levemente sus ojos.

-En este lugar lo que menos quiero es que me den la lata, así que no te pongas bruja ni exigente porque si no yo mismo te saco a patadas.

Conté hasta 20 silenciosamente para que mi lengua no se afilara de nuevo, y le esbocé una sonrisa inocentemente falsa mientras nos encaminábamos a una tapa sobresaliente que nos sirvió de asiento.

-Eres un dulce cuando te lo propones, Castiel.

-Y tú un dolor en el trasero, Magdalene.

Cielo y esmeralda se enfrentaron nuevamente en silencio. Era muy extraña esta situación y bastante nueva para mí, porque en estas semanas que habíamos compartido juntos en ocasiones me daba la impresión que con Castiel parecíamos comunicarnos mejor con la mirada que con las palabras.

Un segundo, estoy segura que leí esa misma frase en unas cuantas novelas rosas… Quizás no están TAN alejadas de la realidad como parecieran, y eso no me dejaba precisamente tranquila.

La intensidad de su mirada me estaba empezando a quemar por dentro, y agitando cosas que no quería volver a sentir. ¿Por qué diantres me tenía que mirar de esa manera? ¿Por qué simplemente no hacía el papel de imbécil para tener una excusa para tomar distancia? ¿Qué es lo que había detrás de esos ojos tormentosos, fríos e intensos?

El impulso de romper la cargada comunicación visual que teníamos me hizo agachar la mirada, no queriendo ahondar en cosas que no quería reflexionar en este momento de mi vida. Apreté mis puños levemente, mojé mis labios y aclaré un poco mi garganta para que no me saliera tan débil.

-Antes de saber por qué tienes las llaves de este lugar, quiero saber… por qué me trajiste aquí. Es decir-hice una ligera pausa y aprecié y amé un poco más el privilegio de tener una vista como la que teníamos, y sin gente merodeando cerca. Podía apostar mis ahorros a que eran cosas que el pelirrojo atesoraba con gran recelo-, es un lugar simplemente genial.

No tuve el valor de subir la mirada, pero tampoco lo necesitaba, estuve más pendiente que nunca de su pausada respiración e imponente presencia. Esos segundos que parecieron años me hicieron ver que probablemente en mi vida había sentido la dualidad de esperar mucho de una respuesta, pero también de esperar que esa respuesta no me dijera nada importante.

-Probablemente porque soy un tonto.

Sonreí irónica. Fuera buena o fuera mala su respuesta, de algún modo sabía que me iba a doler, aunque agradecía que la verdad no me dijera nada que me comprometiera.

-¿Y yo puedo saber por qué decidiste venir?-murmuró con un tono de voz neutral y masculino.

Bloqueé la oleada de sentimientos que me estaban empezando a consumir a cada instante que pasaba cuando estaba con él, aun cuando estábamos peleando. No quería pensar en lo que ello significaba porque me sentía muy dañada para entregar mi corazón a una persona, y que más encima me hacía sentir demasiado vulnerable para soportarlo. Sólo pude pensar en una respuesta posible.

-Porque probablemente soy más tonta de lo que eres tú.

Al fin subí mi mirada para enfrentar la suya. No sé qué estaría reflejando mi mirada en este momento, pero en la de él pude leer claramente dos cosas: profunda consternación y curiosidad. Me sonrió levemente ladeando su cabeza.

-Creo que estoy empezando a interesarme por esta conversación.


20/08/2014: Antes que nada quiero decir que FF jugó con mis sentimientos porque me había avisado que había subido este capi cuando en realidad no lo había hecho :'( Al menos me di cuenta relativamente pronto. Ahora sí voy con la nota normal.

*Autora con bigote y barba canosas* ¡Hola mis amores! ¿Cómo están? ¿Me creerían que iba viajando en avión, sorpresivamente se averió y estrelló en medio del océano, dejándome a la deriva hasta que pude llegar a una isla desértica, en donde viví meses hasta que me rescató la ballena de Buscando a Nemo y sólo hasta hoy pude actualizar?

No, porque ustedes no son tontas ni tontos u.u Mil disculpas, pero entre las pruebas de la universidad y las merecidas vacaciones que me di después de un semestre vertiginoso admito que conscientemente dejé en segundo plano la historia. Sin embargo, para alegría mía aún hay gente que se sigue suscribiendo a la historia y que incluso me han dejado mensajitos hermosos. Ustedes me han dado la fuerza para de poquito a poquito avanzar con la historia. Son un sol, y por eso las y los amo aunque no los conozca.

Espero la actualización les guste y ojalá no abandonen la historia jaja.

Agradeciendo de nuevo a la gente que silenciosamente deja en alerta o favorito la historia, les dejo saluditos especiales a las siguientes personas que me dejaron un mensaje de ánimo:

Dana. Alex. san: (siento escribirte así pero FF no me dejaba poner tu nombre :o para que sepan su nombre es igual pero sin los espacios) Mi niña! Tienes la mención honorífica en este capítulo por haberte dado el tiempo de comentar la mayoría de los capis de la historia. Te mando mis mejores vibras y amor desde la distancia. Muchas gracias por tu apoyo!

the killer of the full moon: Chica, eres como el corolario de mi historia, casi siempre aplicas en mis capítulos :3 Me encanta esta sensación de compañía y apoyo porque en la vida real no se da mucho. No me abandones porque si no los reviews no serán lo mismo :( :)

Shiemi Uchiha: Tú fuiste la llamita que encendió mi ser para terminar el capi, así que gente agradézcanle que ella me dio sin querer queriendo un empujoncito jajaja. Sé bienvenida a mi historia, y espero verte pronto.

Y reitero gracias a todas y todos por leer, déjenme sus impresiones! Al que es artista sabe que espera que el trabajo que hizo no pase en vano.

Los quiero un montón, que tengan un hermoso día, y les mando un chilion de besos y abrazos a la distancia.~