Disclaimer: Ninguno de los personajes presentes en la historia me pertenecen, sino que son propiedad de Chinomiko y compañía.


Destinos no controlados


VIII. Tira y afloja.

Sonreí sin ganas y miré hacia el frente. Con unas cuantas respiraciones me iba sintiendo más relajada a pesar de tener sentimientos un tanto confusos y arrebatadores. Esta no era hora de reflexiones, sino de respuestas y no me iba a ir sin ellas.

-Tengo curiosidad, ¿cómo lograste tener las llaves de este lugar si está prohibido?

-No sabía que estábamos jugando-lo miré confundida y él sonrió de manera felina-. Una pregunta tú, una pregunta yo. Interesante, así no será tan aburrido estar contigo, plancha.

-Nunca planteé que jugáramos a eso. Pero si estás conforme supongo que está…-su mueca arrogante me hizo erizar los vellos del cuello uno por uno-bien.

Tenía el presentimiento de que esto no iría muy bien. De hecho quería lo totalmente opuesto, conocerlo más a él, SÓLO a él. Bufé con algo de molestia, pero suponía que Castiel Laserre no se conformaría con menos, así que no tenía más opción que jugar.

-No has respondido mi pregunta.

-¿De verdad quieres saber?-me observó con burla y yo obviamente asentí-. Seduje a la directora y se las quité sin que se diera cuenta.

Levanté una ceja, ofendida de que me tomara por una persona crédula y estúpida.

-Ni siquiera un niño con retraso se creería esa historia, dime la verdad sino no responderé tus preguntas, Castiel.

-¿Sabes? No me gusta que me den órdenes ni me presionen, menos tú, enana-su cuerpo entero se crispó y molesto se cruzó de brazos.

Lo observé sorprendida por su ataque tan frontal, e incómoda porque figurativamente su mirada me estaba apuñalando. Por supuesto que yo no era mandona ni apremiante, la gente que me conocía diría todo lo contrario.

-No era una orden, sólo quiero que me tomes en serio-exclamé enfadada de que fuera tan grosero.

-¡No me grites!

-¡¿Quién diablos te está gritando?!

-…

-…

-Tienes un humor horrible-dijo un poco más calmado aunque igualmente serio.

-Y yo te recordaba algo más amable-suspiré cansada y me toqué la cabeza, no sabía cuántas veces lo había hecho durante el día. Él se limitó a escudriñarme con su mirada tipo rayos láser-. No peleemos, sólo tratemos de ser dos personas civilizadas, sin arrancarnos la cabeza.

-De acuerdo-respondió secamente.

¿En qué momento había cambiado tanto?

-Sólo te diré que tengo mis métodos para hacer las cosas; si quiero algo, lo consigo-dijo inesperadamente luego de un breve silencio. Me tomó por sorpresa que fuera tan sincero conmigo, al menos estábamos yendo por buen camino.

-Eso te servirá mucho en la vida, aunque es importante el cómo lo hagas-traté de ser sutil en mi consejo indirecto, sin parecer que lo estaba sermoneando.

Lo observé y él desvió la mirada hacia el frente. Su perfil era muy masculino, a pesar de que aún tenía ciertas facciones que lo delataban como un adolescente, con el rictus tan serio que llevaba siempre su rostro no tardaría mucho en madurar.

-Supongo-dijo en un murmullo. Se aclaró su garganta y se devolvió a mirarme-. ¿De verdad estabas tan dolida cuando supiste quién era yo?

Mis mejillas poco a poco comenzaron a enrojecer y mi garganta se secó por su pregunta tan repentina. Haber perdido los estribos de esa manera con Castiel había sido poco menos que patético y vergonzoso, demás estaba decir que me arrepentía mucho, pero el trasfondo seguía siendo el mismo. Él se limitó a dibujar una imperceptible sonrisa, sin pensar le había respondido con mi lenguaje corporal, pero de igual manera quise hablar.

-La verdad es que sí, pero no debí haber hecho tanto escándalo. No volverá a ocurrir-me observó esperando que siguiera hablando, mas me reí suavemente-. Sorry, es una pregunta por vez.

-Vamos, no seas así de tacaña. Háblame qué pasó por esa cabecita de pollo-me revolvió suavemente mi cabello y yo lo aparté suavemente entre risas para que no me siguiera despeinando.

-Está bien, está bien-ordené un poco mis ideas en la cabeza y tomé aire. Evoqué a mi mente los recuerdos de hace años atrás y me empapé con ellos-Cuando niña fui consciente de muy pocas cosas, sólo me preocupaba de divertirme, ser feliz y obedecer a mis padres. Pensaba que así sería mi mundo para siempre-cerré mis ojos ante la niñez tan dulce que había tenido-Como era hija única quise fervientemente tener a un hermano o hermana con el que pudiera jugar siempre y que a la vez fuéramos mejores amigos… esa persona fuiste tú Castiel-él me observaba atento-Un día la maestra pidió que lleváramos nuestros lápices de colores y dibujáramos nuestro juguete favorito, pero un grupo de niñas me los robó porque tenían motivos de Barbie-rolé mis ojos ante la situación ridícula y la expresión del pelirrojo me hizo ver que también pensaba lo mismo-Los repartieron entre todas ellas y empezaron a pintar sus dibujos, a mí me dio tristeza y vergüenza delatarlas con la profesora, y como ella ayudaba a otros niños lloré en silencio en mi asiento.

-Y yo me acerqué a prestarte los míos y dibujamos juntos-completó Castiel con un brillo juguetón en sus ojos y divertido negó con la cabeza.

-Y no sólo eso, nuestros juguetes eran casi parecidos, tú dibujaste un muñeco de Wolverine, o eso intentaste-murmuré con risa y él entrecerró levemente sus ojos-Y yo dibujé a una muñeca princesa Disney.

-Claro, y empezaste a parlotear acerca de que al otro día deberíamos jugar con nuestros muñecos y que al final se casaran-su expresión divertida y burlona me ofendieron en el orgullo de niña y lo empujé suavemente.

-Ajá, ¿y qué fue lo que hicimos al otro día?

-Llevé mi muñeco para asesinar a la tuya…

-Pero al final igual se casaron-me reí con soltura por el recuerdo tan tierno y empalagoso-Desde ese día fue que decidí que serías mi hermano postizo y mi mejor amigo. Por eso cuando te fuiste sin darme casi ninguna explicación me sentí morir, como que una parte de mí se había ido contigo-los dos quitamos la sonrisa de nuestros rostros, el del pelirrojo diría que casi se había ensombrecido-. Pero me hiciste la promesa de que tan pronto como pudieras te comunicarías conmigo para seguir manteniendo nuestra amistad…

-Entiendo-respondió escuetamente con los ojos perdidos en algún punto del piso-. No sabía que para ti era tan importante.

-Bueno, tú sabes cómo son los niños y yo especialmente era muy infantil y sensible-traté de quitarle gravedad al asunto haciendo un gesto despreocupado con mi mano, aunque me dolía un poco la simpleza con que se tomaba el lazo de amistad que había tenido conmigo.

-¿Y según tú maduraste? No me lo has demostrado para nada-me volvió a sonreír arrogantemente y yo giré mi cabeza para que no viera la mía. Esta vez no iba a caer en su juego.

-Ahora me toca preguntar-lo observé atentamente-. ¿Por qué tuviste que irte tan repentinamente?

Endureció su rostro severamente y se paró como un resorte. Mordí mi labio con un gesto de duda. ¿Otra vez había hecho un comentario desafortunado? No había sido mi intención, pero era una pregunta bastante lógica dadas las circunstancias, ¿no?

Me quedé sin aliento cuando vi que del interior de un bolsillo de su chaqueta de cuero sacaba una cajetilla y de él un cigarrillo, incluso jadeé cuando vi que lo encendía e inhalaba una rápida calada. Me levanté rápidamente y lo tomé de un brazo.

-¿Estás loco? ¡Eres demasiado joven y estamos en el instituto, Castiel!

Se zafó bruscamente de mi agarre y arrugó severamente su entrecejo.

-¡Hasta cuándo! No eres nadie para criticarme así que no te metas-e inhaló profundamente sin mirarme.

-¡Que idiota eres!

Fue inevitable la punzada de dolor y tristeza que me provocó su actitud tan tosca. Si bien era cierto que recién nos estábamos poniendo al día, no tenía por qué ser así de duro e hiriente. Con excepción de Amber, porque me estaba familiarizando con sus pesadeces, no estaba acostumbrada a que la gente me tratara así de mal, empezando por mis padres quienes siempre me trataban con respeto.

Lo observé consumir poco a poco su cigarro, y no pude dejar de seguir preguntándome cómo es que había cambiado tanto en estos años. Bajé mi mirada, y a pesar de la mezcla de sentimientos pesarosos, reconocí tontamente que el detalle del cigarro de una manera bizarra encajaba perfectamente con él en su apariencia. Sacudí mi cabeza bruscamente hacia los lados y suspiré exasperada.

-Creo que mejor me voy, esto no está yendo hacia ninguna parte y no tienes derecho de tratarme de esta manera.

Me devolví para agarrar mi bolso e irme, pero a medio camino una sensación eléctrica invadió mi nuca y desde ahí hacia todo mi cuerpo, haciendo que todos mis vellos se pararan. Desconcertada, lentamente me di la vuelta para mirarlo y al hacerlo sentí como si un puñetazo me hubiese pegado en pleno estómago. Me observaba con el ceño levemente fruncido, sin embargo, la intensidad de su mirada perforaba no sólo mis ojos sino que toda mi alma completa, una tormenta de emociones se reflejaron en sus irises tan grises como un día de lluvia: tristeza, desamparo, dolor, angustia, impotencia. Soledad.

Sus ojos me botaron y me volvieron a levantar en unos pocos segundos. Y supe que tenía que quedarme.

Evadiendo mi mirada exhaló el humo de la última calada de su cigarrillo y lo tiró al suelo, lo pisó un poco y se lo echó al bolsillo de su pantalón. Suspiró y se echó el pelo hacia atrás con gesto cansado.

-Maldita sea, eres una engorrosa, Magda.

Lo miré dolida por un momento, tanto por su trato hacia mí como por lo que sea que estaba escondiendo, pero cambié mi gesto por uno que fuera más bien inexpresivo. Era verdad que yo no era nadie para decirle nada, sólo que mi instinto de querer cuidar a los demás a menudo me manipulaba. De ahora en adelante trataría de reservármelos y no presionarlo, sobre todo con el pelirrojo sabiendo como era, pero no me lo estaba haciendo fácil porque me dejó bastante claro que en su interior ebullía un mar de emociones que no eran buenas, y que al final sacaban lo peor de él.

-Está bien, no me meteré en tu vida-levanté mis manos en señal sumisa. Si pretendía intimidarme con su actitud no lo lograría, mi curiosidad era más grande. Me pregunto si la curiosidad mataría al gato ahora… probablemente sí.

Miró a lo lejos el horizonte con gesto reflexivo y melancólico. Una extraña sombra en su rostro me dijo que sea lo que sea que le haya pasado antes fue lo suficientemente gordo como para haberlo endurecido de esa manera tan brutal.

-No sé cómo es que no te has ido llorando del instituto.

-Supongo que soy más terca que sensible.

Una sonrisa irónica adornó su rostro, pero la hizo desaparecer casi de inmediato.

-Mi papá es capitán de vuelos comerciales y viaja con frecuencia. Cuando niño lo veía poco, pero aun así era como un superhéroe para mí.

Dudé acerca de por qué me estaba contando eso, pero luego lo comprendí. Expectante como una niña lo miré con el corazón latiendo fuertemente, no terminando de creer que me fuera a contar lo que por tantos años me pregunté sin tener ninguna respuesta. Me recosté en un poste que había cerca para darme un punto de apoyo y no flaquear por lo que iba a contarme, él también lo hizo. El sol de a poco fue bajando dándole distintos contrastes al pelirrojo, haciéndolo ver a ratos más maduro de lo que aparentemente era.

-Mamá era dueña de casa y me consentía bastante, supongo porque también soy hijo único- aclaró su garganta con gesto incómodo, pero prosiguió-. Siempre estaba pendiente de mí y de lo que necesitaba, muchas veces me agotaba la paciencia, pero ella en el fondo sabía que la quería y a veces se lo demostraba-Tragó con algo de dificultad con los ojos entelados por los recuerdos del pasado-. Un día cuando llegué a casa no salió a recibirme como de costumbre. Me iba a dirigir a mi cuarto para dejar mi mochila, pero unos sollozos del cuarto de mis padres me pusieron en alerta. Espié por una pequeña abertura de la puerta y la vi llorando desconsolada en la cama con mi padre abrazándola.

POV Castiel.

Flash back.

-¿Mamá?-la llamé con miedo entrando al cuarto sin pensarlo.

Ambos me miraron sorprendidos y trataron de aparentar normalidad. Mi padre se paró todo lo que su altura se lo permitía, y mi madre hizo lo mismo enjugándose las lágrimas y mostrando una sonrisa rota.

-Castiel, amor mío, no te sentimos llegar. ¿Cómo te fue en la escuela?

-B-bien-los miré con cautela y ellos con aprehensión-. ¿Por qué estás llorando, mamá?

-¿No me vas a saludar, enano?-interrumpió mi papá y se acercó a desordenar mi cabello.

Sólo un poco divertido me lo saqué de encima y nos saludamos chocando nuestros puños. Hacía algo menos de un mes que no lo veía.

-Hola papá-miré a mamá nuevamente y vi que trataba fuertemente de tranquilizarse y secarse las nuevas lágrimas que escapaban de sus ojos-. ¿Qué es lo que pasa?

La preocupación barrió el rostro de mi padre y suspiró cansinamente.

-Lo que pasa hijo es que tendremos que cambiarnos de ciudad y mamá está triste por eso.

La sorpresa me pasó encima como una aplanadora. Los miré alternadamente sin poder creerlo.

-¿Qué? ¡¿Por qué?!

-Amor, no te alteres, ya verás que será divertido-trató de tranquilizarme mi mamá, pero verla tan compungida aumentó mi enojo, y me dejó un regusto amargo de injusticia en la boca de mi estómago. No podían apartarme de mis amigos, de mi escuela, de Magdalene… Reaccioné como lo haría un caprichoso niño de 10 años.

-¡No me toques!- la rabia inundaba mi cuerpo y los miré echando chispas por mis ojos, unos ojos que eran idénticos a los de mi padre-. ¿Por qué tenemos que irnos?

-M-me ofrecieron un mejor puesto de trabajo en Paris, y es inmediato-habló mi padre volviendo a su habitual actitud calmada y pragmática. Que yo recordara en mi presencia nunca había perdido los estribos, ni siquiera con mis rabietas más históricas. Sólo hace un momento mientras consolaba a mi mamá lo había visto así de preocupado.

-¡Son unos tontos, los odio!-corrí rápidamente hacia mi cuarto para que no vieran las lágrimas que caían sin parar por mi rostro. Escuché a mis padres llamarme varias veces, pero cerré de un portazo para escapar de un destino inevitable.

Me apretujé contra mi cama y boté toda la impotencia, rabia y tristeza que sentía.

Al rato sentí a mi mamá llamarme mientras me sacudía suavemente un hombro. Me había quedado dormido sin haberme dado cuenta y la cabeza me martilleaba fuertemente.

-Siento despertarte, pero tienes que acostarte, amor.

Me enderecé en la cama y observé con tristeza que mis maletas ya estaban hechas. Mis juguetes y poster habían desaparecido, haciendo parecer la habitación amplia y fría. Papá me observaba desde el umbral de la puerta con el cansancio plasmado en su rostro.

-Mañana es tu último día de escuela en esta ciudad, pero la próxima semana te incorporarás a una nueva. De seguro tendrás compañeros encantadores.

Bajé mi mirada con pesar, después de sacar toda la frustración contra la almohada ya no sentía enojo contra ninguno de los dos. Mas la tristeza se asentó con todo el peso que conllevaría esta situación, abandonar todo lo que conocía, dejar atrás a las personas con las que me había encariñado, hasta me sería difícil abandonar a los tediosos de los profesores.

Unos ojos como la esmeralda y finos cabellos castaños asaltaron mi cabeza de pronto. Se me estrujó el corazón en el pecho y mi garganta se apretó fuertemente. Esa niña tonta sin quererlo se había colado en una parte importante de mí, claro que nunca lo admitiría...

-No quiero irme, mamá-mi voz salió rota y nuevas lágrimas comenzaron a nublar mis ojos-. No quiero dejar a Magdalene.

excepto con mis padres.

Mamá me abrazó fuertemente y besó la coronilla de mi cabeza. Suspiró tristemente y yo la abracé lo más fuerte que pude.

-Lo siento tanto, Castiel. Si pudiera evitaría que te sintieras tan triste.

End flash back.

No quise compartir todas mis emociones, menos mi pesar de tener que dejarla en ese momento, pero sí le conté todo lo demás. Había pasado hace tanto tiempo que para mí ya no tenía tanta importancia, pero sabía lo emocional y sensibles que eran las mujeres, más aún Magdalene aunque no quisiera aceptarlo.

Sin embargo, había algo que aún no podía superar y estaba plenamente consciente que eso tarde o temprano me destruiría.

End POV Castiel.

-Así que por eso fue-bajé la mirada empatizando con lo que debió haber sentido de niño. El que te arrebaten todo lo que conoces y empezar de cero en otro lugar de un día para otro teniendo 10 años debió haber sido bastante difícil-. Hasta a mí me costó adaptarme aquí, y eso que tengo 15.

-Claro-respondió él algo ausente.

No me calzaba que su madre hubiera sobre-reaccionado a la noticia de tener que cambiarse de lugar, quizás previó el sufrimiento de Castiel, pero no quería forzar el avance que había tenido con el pelirrojo. Se veía tan susceptible que por ahora preferí dejarlo así.

Un viento frío me provocó un estremecimiento violento y froté mis brazos con energía. Consulté con mi celular la hora y vi que casi eran las 5 de la tarde. Se había pasado volando el tiempo.

Y siendo Castiel como era, se quedó imperturbable en su lugar viendo cómo el día se iba apagando poco a poco.

-Si aguantas un poco más te llevarás una sorpresa-habló enigmáticamente el pelirrojo.

Me quedé un momento confundida, pero decidida a saber a qué se refería afirmé con un hilo de voz.

Yo le conté lo que fue mi vida desde que se fue y de por qué me tuve que mudar a Paris, él también me contó algunas cosas como lo difícil que fue para él adaptarse a un nuevo lugar, creía que todo el mundo lo odiaba, profesores incluidos, y que por eso mismo no fue precisamente un alumno ejemplar. Cada palabra y anécdota que compartimos sentía que me acercaba más a quien de nuevo se estaba convirtiendo en mi amigo.

Luego nos sumimos en un silencio que no fue realmente incómodo, y afortunadamente no volvió a fumar enfrente de mí. Lo observé discretamente a ratos, y reforcé mi idea de que era inaguantablemente guapo. Quizás era una masoquista más en el mundo, pero me derretían los hombres rudos, decididos y misteriosos porque todos tenían una razón para ser así.

No sé si fue por este pensamiento o por el frío que cada vez iba siendo más palpable me estremecí completamente. Me moví un poco en mi puesto para alejar el frío que me estaba calando los huesos, pero un suave y algo pesado calor cobijó mi espalda, y conteniendo una respiración me dejé llevar hacia donde fuera que Castiel me estuviera dirigiendo. Observé lo que colgaba de mis hombros, y no era nada más ni nada menos que su infaltable chaqueta de cuero negro. Ahora sentía mi cara completamente caliente.

-Ustedes las mujeres son tan pretenciosas, prefieren morir de pulmonía que verse un poco más anchas pero abrigadas.

Nos fuimos a un costado de la caseta de la entrada a la azotea, donde el viento afortunadamente no llegaba. Iba a agradecerle el gesto, pero me dio vuelta hacia el lado opuesto que estábamos mirando.

-¿Q-qué, por qué?

-Ya te dije, espera sólo un momento-exhaló un pequeño suspiro y me observó cansinamente-. Hey, no es necesario te deshagas en gracias.

Lo observé como si en realidad nunca lo hubiera visto, y en este momento era verdad. Estaba vislumbrando una faceta de Castiel que pensaba estaba muerta, vi nuevamente a mi amigo queriendo protegerme y regañarme en el acto. Él me observó un poco extrañado y retrocedió un paso. Espontáneamente esbocé una gran sonrisa, me acerqué a él y con la voz más dulce que tenía le respondí:

-Hasta cuándo. No eres nadie para criticarme así que no te metas.

Se quedó un momento atónito por la brusquedad de las palabras, pero pronto se dio cuenta que lo estaba parafraseando dulcemente. Negó divertido con la cabeza y se recostó en la caseta. Me cobijé más en su pesada chaqueta de cuero, por un momento perdiéndome en su calor y aroma.

Estaba plenamente consciente que no lo era, mas mi faceta de superheroína estaba luchando por salir y rescatar al pelirrojo que tenía por amigo. Podía ser un insensible, terco y sarcástico por antonomasia, pero intuía que no todo estaba perdido, simplemente necesitaba un empujón mágico para que su vida fluyera con armonía.

-Gracias, Castiel.

No me contestó, pero su rostro permaneció sereno unos instantes, abrió la boca para decirme algo y rápidamente la cerró. Extrañada quise preguntarle qué pasaba, vio su reloj de muñeca y decidido comenzó a acercarse hacia mí. Ahora fui yo la que se alejó un paso. Se colocó detrás de mí, apegó su cuerpo al mío que estaba más tenso que una flecha y lentamente subió sus manos hasta cubrirme los ojos. Sentirlo tan cerca me estaba empezando a saturar los sentidos, mas sólo podía dejarme llevar por lo que sea que quisiera hacer el pelirrojo… no era bueno que confiara tanto en él.

-Relájate, no te voy a violar-soltó una ligera carcajada de "Ni en tus mejores sueños, enana"-, sólo déjate guiar por unos momentos.

-Bueno-musité débil, pero claramente.

Al instante el pelirrojo me empezó a guiar, me era un poco difícil estando a ciegas, más aun sintiéndolo por toda la parte posterior de mi cuerpo… tenía que aceptar que una pequeña parte de mí estaba disfrutando gratamente de este momento tan íntimo y desinteresado.

Sabes que no es suficiente, querida.

Nos detuvimos finalmente, tan alerta estaba que podía sentir de manera más exacerbada el frío viento que azotaba mi rostro, las manos grandes y masculinas de Castiel en mi rostro, su cuerpo tibio pegado al mío, el olor mezclado de su colonia con el de su propia esencia. ¡Tanta expectativa me estaba matando!

Posé mis manos sobre las de él para dejarle ver que estaba inquieta.

-Castiel-lo llamé interrogante y ya con desconfianza-, no me vas a tirar al vacío, ¿cierto?

Su pecho vibró con mi respuesta, y acercó sus labios a mi oído:

-¿De verdad me crees capaz de algo así?-segundos de silencio flotaron en el aire, claramente no lo creía capaz, pero no ver me estaba empezando a volver loca-. Espero una buena compensación por lo que voy a hacer.

¡¿Eh?!

-Bienvenida a Paris, mademoiselle Magdalene.

Quitó rápidamente sus manos y traté sin éxito de acostumbrar mi vista al frente. Cuando mis ojos se adaptaron al cambio de luz debido al profundo cielo nocturno que bañaba nuestras cabezas, me quedé literalmente sin aliento.

Segundos después de maravillarme con las múltiples luces que correspondían a las casas, edificios, puentes y farolas de la calle, una por una comenzaron a prenderse las luces de la magnífica torre Eiffel.

.Dios-dije entrecortadamente por el espectáculo irreal que tenía ante mis ojos, llevé mis manos a mi boca evitando tener que hablar de más innecesariamente. Tantas fotos que había visto en internet soñando miles de veces lo que sería estar en Paris, ahora todo quedándose corto por la insuperable vista en persona.

-Y no lo has visto todo-dijo arrogantemente el pelirrojo colocándose ahora a mi lado.

No podía imaginar de qué manera esto podía mejorar, pero increíblemente lo hizo cuando unas luces blancas destellaron intermitente en toda la torre creando una imagen de ensueño.

Un momento que recordaría por siempre.

Me quedé hipnotizada por largos minutos, sólo observando Paris entero con sus juegos de luces por todos lados, viéndose tan apacible y hermosa que daban ganas de sumergirse allí y más nunca salir.

Por puro impulso agarré un helado brazo del pelirrojo y posé mi cabeza en su hombro, aún extasiada con la vista.

-Ahora veo por qué es tu templo sagrado.

Se removió un poco en su lugar y aclaró su garganta.

-Como dije, espero no vayas de cotorra en el instituto vanagloriándote de pasar un buen momento con Castiel Laserre.

Lo miré con burla y él me miró de reojo con aire altivo.

-Lo haría, pero no precisamente por la compañía, pero definitivamente sí por la vista.

-Eres un espécimen raro-lo observé ofendida por el calificativo tan poco educado-, las demás chicas harían exactamente lo contrario, poco les importaría la vista.

-Eso me lleva a inferir que has tenido experiencias desastrosas trayendo a chicas aquí.

Fruncí mi ceño con algo de molestia y él hizo un gesto con un costado de su boca.

-Quizás.

Miré hacia el frente para que no se percatara de mi incomodidad, respiré hondo varias veces para que la innecesaria tensión desapareciera de mi cuerpo. El espectáculo ya no parece tan deslumbrante como hace unos segundos…

-Será mejor que volvamos antes de que cierren el instituto.

Aunque la comodidad estuviera un poco rota por la conversación anterior, me apenó tener que abandonar la privilegiada vista. Ya tenía miedo de que se me olvidara aunque sea un poco de la magia que trae consigo ver desde lejos a Paris de noche.

De manera reconfortante tomó mi mano y nos dirigimos a la caseta de entrada, agradecida que estuviera oscuro porque me estaba empezando a sonrojar nuevamente.

Tensos y alertas a cualquier sonido o movimiento bajamos los pisos del edificio sin mayor novedad. Excepto cuando llegamos al primero.

Bajamos las últimas escaleras y ya caminábamos hacia la puerta principal, cuando vislumbramos que la luz de una linterna estaba saliendo de la sala de delegados. Me quedé paralizada en mi lugar sin saber hacia dónde esconderme, pero el firme agarre de Castiel en mi mano me despejó tirándome hacia un costado de las escaleras. Me apegó de espaldas al muro que estaba debajo de ellas y él enfrente de mí. Aguanté la respiración mitad por los nervios de que nos descubrieran y mitad por lo increíblemente consciente que estaba de su cuerpo pegado al mío.

Nuestros corazones latieron locamente casi al unísono y eso me hizo sentir retorcidamente más aliviada.

Vi que la luz pasó a centímetros del cuerpo de Castiel, dirigiéndose peligrosamente hacia nosotros. Apreté su polera con horror de que nos descubrieran y él hundió su cabeza en mi cuello, apegándose más si era posible. Cerré mis ojos, rezando para que subiera al segundo piso quien probablemente era el guardia nocturno.

Un segundo, ¿desde cuándo los guardias usan tacones?

-Grrr, maldito Nathaniel, tener que escabullirme para robar los exámenes, encima que ni siquiera las guarda en su sala. ¿Quién se cree que es? ¡Oh claro! El estirado del delegado, el alumno ejemplar de Sweet Amoris. Ese lamebotas me las pagará.

Sentí que Castiel cambió ligeramente de posición en claro reconocimiento de la persona que hablaba, yo contuve la respiración en shock pues también sabía quién estaba haciendo esta noche de ladrona de exámenes. Sentí tanto alivio que pensé que me iba a desmayar.

Amber rápidamente llegó a la puerta de la sala de profesores y evidentemente tenía echado el cerrojo anti-tramposos-y-perezosos. Hizo un gruñido agudo mientras golpeaba repetidamente con un tacón el pobre suelo a la vez que trataba de abrir la puerta sin éxito.

El pelirrojo se movió sigilosamente a mi lado, apegándose lo más que pudo a la pared y medio asomándose por el pilar rectangular que había justo a un lado del inicio de las escaleras. Afortunadamente nos estaba sirviendo de escondite, algo escueto, pero escondite al fin y al cabo.

Siguió haciendo berrinche un rato más y exclamó ofuscada:

-Diablos, me despeiné. Si el canalla de mi hermano tuviera libre acceso a todo no estaría pasando por esto.

E increíblemente se fue pisando fuerte hasta el baño de mujeres.

Los dos nos quedamos en blanco mirando hacia la puerta donde Amber se adentró. En serio… espera. ¿En serio la arriesgada de Amber entró al instituto, gritó como histérica por no tener los exámenes en la sala de delegados, hizo berrinche por no poder entrar a la sala de profesores y se fue a arreglar al baño por su descuidado aspecto? ¿Es que no sabía que haciendo ruido alguien podría haberla atrapado con las manos en la masa?

Amber-es-oficialmente-la-más-loca-y-peor-ladrona-del-universo-ENTERO.

Luego de esperar unos segundos a que se metiera completamente en el baño, en silencio caminamos rápido hacia la salida (aunque sabíamos se demoraría una eternidad en salir), y ya al salir corrimos hacia las tiendas a un costado del instituto. Respiramos fuertemente por el esfuerzo y el miedo, y luego nos reímos casi como desquiciados por el alivio.

-No puedo creer lo tonta que es Amber, ni siquiera en esa situación deja de ser fresa-exclamó con diversión Castiel masajeando su cuello.

-Pero al principio no sabíamos que era ella. Definitivamente no sirvo para ese tipo de riesgo-dije ya algo más tranquila tocando mi corazón con una sonrisa dibujada en mi cara.

-Nadie dijo que las cosas eran gratis, todo tiene un precio… hasta una buena vista.

La frase de Castiel me quedó dando vueltas en mi cabeza y poco a poco pude retomar la calma. Él también lo hizo y nos observamos brevemente, la seriedad volviendo a su rostro. Bajé la vista con vergüenza al recordar que hace sólo minutos estuvimos tan cerca el uno del otro. Esbocé una pequeña sonrisa por las aventuras del día de hoy y miré hacia la entrada del parque. El pelirrojo miró hacia el mismo lugar que yo y empezó a caminar casualmente con las manos en los bolsillos.

-Andando, presiento que tus padres ya estarán paniqueados. El camino por el parque es más corto.

Mi cara se desfiguró por la verdad, si papá ya había llegado a casa no quería imaginar el interrogatorio que me iba a hacer, sólo iba a parar hasta sacarme la más pura verdad, ni siquiera sabía qué hora era. Mi futuro se veía espeluznante.

-Es verdad, vamos.

Sin fijarnos en la gente que pululaba de aquí hacia allá, atravesamos rápidamente el gran parque y los metros de calle para llegar a mi casa aun comentando el momento en que pensamos que casi nos atraparían, casi olvidé la tensión de llegar a mi casa.

Me pregunto si los padres de Castiel también estarán preocupados, muy probablemente sí recordando cómo era su madre.

Finalmente nos quedamos frente a la entrada de mi casa sin saber realmente qué decir, aunque fue sólo por un momento porque después las palabras fluyeron de mis labios. Inconscientemente agarré más fuerte la chaqueta del pelirrojo que aún estaba sobre mis hombros.

-Gracias por todo, fue un día genial y extraño, pero más genial que extraño.

-¿Incluyendo el casi momento dramático al final del día?-preguntó levantando encantadora y peligrosamente un lado de su boca.

-Incluyéndolo-dije sin dudar y riéndome por lo irreverente que era Amber.

Él se acercó un poco a mí, su calor ya familiar irradiando al mío. Una extraña y densa corriente eléctrica fluyó entre los dos, lo sentí tan real como el viento que golpeaba suavemente nuestros cuerpos; todo mi ser quería que él se siguiera acercando, tal como hace unos pocos minutos. Necesitaba sentirlo más cerca… quería tanto que me bes…

-¿Magdalene?

La grave voz de mi padre y la repentina luz iluminando la entrada de mi casa y a nosotros me hicieron dar un respingo lejos del pelirrojo, el sopor abandonado mi cuerpo y la magia volando hacia cualquier parte. Él me observó entre extrañado y severo, y luego completamente severo hacia Castiel.

Oh oh.

-¿Qué son estas horas de llegar y sin avisar, Magdalene? ¿Y esa chaqueta?

Me sonrojé por la obvia chaqueta que no era mía y se la pasé rápidamente al pelirrojo, quien estaba alerta.

-Yo… se me hizo tarde, papá.

-Vaya que sí-dijo cruzándose de brazos y apuntando con su cabeza al lado mío-¿Y éste quién es?

Sentía que mi garganta estaba llena de arena, casi podía apostar que papá sabía lo que estaba a punto de pasar entre Castiel y yo, en realidad lo que pensaba que iba a pensar. Dios, estaba tan confundida. -Es…

-Castiel Laserre, señor. Fui compañero de primaria de Magdalene, no sé si me recuerda-me interrumpió y extendió la mano hacia mi progenitor. En este momento quería que la Tierra me tragara gracias a mi muy celoso papá.

Mi papá entrecerró los ojos, extendió su mano y se quedó mirando fijamente su cara. Castiel no perdió terreno y también se le quedó mirando seriamente. Observé el detalle de que los nudillos de ambas manos estaban poniéndose cada vez más blancos. ¡¿Podía ser más vergonzoso?!

-¡Castiel! Ay cariño, ¿cómo no te vamos a recordar?

Mi mamá sorpresivamente salió corriendo de detrás de mi padre y le dio un fuerte abrazo a un desconcertado Castiel quien atinó a darle suaves palmazos en su espalda.

-¡Pero mira lo grande que estás! Estás irreconocible, querido.

-Gracias… supongo-dijo incómodo el pelirrojo frotándose nerviosamente su nuca-. Usted está igual de encantadora, señora Pridoux.

-Que joven más atento-exclamó alegremente mi madre, agarrando el brazo de mi padre y sobando su mano tranquilizadoramente- ¿Cierto, amor?-preguntó mi madre entre dientes con una amplia sonrisa.

Mi padre lo siguió observando severamente, mas su estampa ya no estaba tan a la defensiva.

-Ese pelo rojo no lo tenías de niño, ¿me equivoco?

-¡Cariño!-exclamó escandalizada mi madre a la vez que yo enrojecía de vergüenza pura decidida a enfrentar a mi padre.

-Basta papá, se nos hizo tarde porque hace años que no nos veíamos.

-No los molestes querido, mejor vamos adentro. Adiós Castiel, fue un gusto verte de nuevo, y saluda a tus padres de mi parte-dijo mi mamá llevándose a mi papa hacia el interior de la casa nuevamente.

-Gracias señora…-dijo apagadamente el pelirrojo.

-No tardes, Magda-advirtió mi papá sin echarle antes una última mirada cargada de sentimientos no muy buenos a Castiel.

Llevé mis manos hacia mi cara en un intento de alejar la humillación.

-Lo siento tanto-dije con pena y mi voz siendo amortiguada por mis manos.

Escuché el sonido del cuero al ser puesta nuevamente sobre el cuerpo de Castiel.

-No fue nada muy grave, tus padres siguen igual a cómo los recuerdo-se me quedó mirando neutralmente.

-Sí, creo que no han cambiado mucho-dije incómodamente.

-Mejor me voy a casa, tenía razón al pensar que al menos uno de tus padres estaría con pánico.

Musité una risa nerviosa y rolé mis ojos.

-Pues que estés bien, nos vemos mañana. Y perdón por la escena de nuevo.

Me observó un momento y se acercó hacia mi cara, me dio la impresión que deliberadamente se dio el tiempo de besar mis dos mejillas, mi corazón enloqueció por eso. Me observó una última vez con una mirada brillante y arrogante a la misma vez. Me enfermó y fascinó a partes iguales, esto no tenía por qué pasarme.

Finalmente se alejó caminando de espaldas con sus manos en los bolsillos de la chaqueta.

-Después de todo, sigues siendo una princesa, enana-y se dio vuelta con una mueca de asquerosa suficiencia.

Gruñí con rabia un momento, pero observé la fachada de mi casa y exhalé un largo suspiro cansado al darme cuenta que puede que el pelirrojo tuviera razón.

-¡Magda!-me llamó mi padre cerca, aunque no lo veía.

-¡Ya voy!-refregué mi cara con mis manos y sonreí divertida por cómo terminó el día. Tal parecía que mi estadía en Paris sería de todo menos aburrida.

Recordé la hermosa vista de Paris, la conversación con Castiel. Mi sonrisa decayó rápidamente. El pánico empezó a recorrer mis venas porque para mi pesar él estaba empezando a ganar terreno de una manera que no me estaba agradando nada. No me podía estar pasando de nuevo, no quería salir lastimada de nuevo.

Flash back.

-Te amo, Magda.

-Yo…-me sonrojé por su sinceridad, más feliz y halagada no me podía sentir. Se acercó poco a poco hacia mí, su presencia me aturdía tanto-también te amo…

Y el beso torpe que nos dimos me supo a inocente gloria.

End flash back.

No podía permitir que Castiel también jugara conmigo porque mi corazón, ahora congelado, se rompería en mil pedazos imposibles de armar.


12/11/2014: Cuando todo esté mal sólo esboza una sonrisa y todo estará bien :D Ya, sé que mi retraso no se arregla con una sonrisa virtual, y tengo que confesar que tenía más de la mitad del capítulo hecho, pero rematar un capítulo es un poquito difícil. Entre mi vida, mis deberes, demases, y una creencia realmente estúpida relacionada con esta historia, simplemente dejé el capi de lado, lo siento mucho. Pero bueno, ya me conocen xD y si es que se dieron cuenta fue algo más largo que los otros que he escrito, un poquito en compensación.

Quiero agradecer a quienes aún leen mi historia, a quienes me comentan, a quienes le ponen favorito/alerta, a quienes a mí me ponen favorito/alerta. Me hacen inmensamente feliz y me dan el ímpetu de seguir escribiendo.

Agradezco mil a la siguiente persona por comentar mi capi anterior, ¡te mando un beso enorme!:

Shiemi Uchiha: TE ADORO :3 sólo a ti ahora jajajaja :)

Que tengan un lindo día, semana, mes, año xD No creo me demore tanto, pero sólo por si acaso. ¡Comenten qué les pareció el capítulo! ¿Va muy lenta la historia? Es gratis comentar ;)

Les mando a cada una/o muchos besos y abrazos a la distancia.~