Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a la bella Stephenie Meyer. La historia tampoco es mía, es una adaptación de la fabulosa obra de Tabitha Suzuma.

Advertencia: En un futuro, la historia tratará con el incesto, así que si a usted no le simpatizan estos temas, absténgase de leer.


"Amigo verdadero es el amigo de las horas difíciles." Georgi Plejánov.

Capítulo IV

Bella's POV

— ¿Cuándo me lo vas a presentar? —me pregunta Jessica con tristeza, desde nuestro puesto habitual sobre el muro bajo de ladrillos en el extremo más lejano del campo de juego.

Ha seguido mi mirada hasta la encorvada figura solitaria, sentada en los escalones fuera del edificio de ciencias.

— ¿Aún está soltero?

—Te lo he dicho un millón de veces: a él no le gusta la gente —respondo concisamente.

La miro.

Exuda un tipo de energía inagotable, el entusiasmo vital que viene naturalmente con ser una persona extrovertida. Tratar de imaginarla saliendo con mi hermano es casi imposible.

— ¿Cómo sabes que aún te gusta?

— ¡Porque está jodidamente bueno! —exclama Jessica con emoción.

Sacudo la cabeza con una sonrisa.

—Pero ustedes dos no tienen nada en común.

— ¿Qué se supone que significa eso? —de pronto, parece herida.

—Él no tiene nada en común con nadie —la tranquilizo rápidamente—, es simplemente diferente. En realidad...,no habla con la gente.

Jessica echa hacia atrás su cabello.

—Sí, eso he oído. Taciturno como el infierno. ¿Es depresión?

—No —juego con un mechón de cabello—. La escuela lo hizo ir a ver un consejero el año pasado, pero sólo fue una pérdida de tiempo. Él habla en casa. Es sólo con la gente que no conoce, las personas fuera de la casa.

— ¿Y qué? Sólo es tímido.

Suspiro de forma dubitativa.

—Eso es una pequeña subestimación.

— ¿De qué tiene que ser tímido? —pregunta Jessica—. Quiero decir, ¿se ha mirado al espejo últimamente?

—Simplemente no es así sólo alrededor de las chicas —trato de explicarle—, es así con todo el mundo. Ni siquiera responde preguntas en clase, es como...una fobia.

Jessica da un silbido de incredulidad.

—Dios, ¿siempre ha sido así?

—No lo sé —dejo de jugar con mi cabello por un momento y pienso.

Cuando éramos pequeños, éramos como gemelos, de todas formas. Hacíamos todo juntos, y quiero decir, todo. Un día, él tenía amigdalitis y no pudo ir a la escuela. Papá me hizo ir igual y lloré todo el día. Teníamos nuestro propio idioma secreto. A veces, cuando mamá y papá estaban en lo suyo, fingíamos que no podíamos hablar inglés, así que no hablábamos con nadie, excepto entre nosotros, por todo el día. Empezamos a tener problemas en la escuela. Dijeron que nos negábamos a mezclarnos, que no teníamos amigos. Él era mi mejor amigo en todo el mundo. Todavía lo es.

Llego a una casa llena de silencio. El vestíbulo está vacío de bolsos y blazers. Quizás, ella se los ha llevado al parque, pienso esperanzada. Luego, estoy a punto de estallar en carcajadas. ¿Cuándo fue la última vez que pasó eso? Voy a la cocina...tazas de café frío, ceniceros rebosantes y cereal helado en el fondo de los cuencos. La leche, el pan y la mantequilla aún están sobre la mesa, la tostada endurecida a medio comer de James me mira acusadoramente. La mochila olvidada de Emmett está en el suelo. El lazo abandonado de Alice...Un sonido en la sala me hacer girar sobre mis talones. Camino de vuelta por el vestíbulo, notando las motitas que la luz del sol destaca sobre las superficies polvorientas.

Encuentro a mamá sobre el sofá, mirándome con tristeza desde debajo de la colcha de Alice, un paño húmedo cubriéndole la frente. La miro boquiabierta.

— ¿Qué pasó?

—Creo que tengo gripe estomacal, dulzura. Tengo una jaqueca terrible y he estado vomitando todo el día.

—Los niños... —empiezo.

Su rostro palidece y luego vuelve a encenderse, como un fósforo parpadeando en la oscuridad.

—Están en el colegio, pastelito, no te preocupes. Los llevé esta mañana, me encontraba bien en ese momento. Sólo fue después del almuerzo que emprecé a...

—Mamá... —siento que mi voz comienza a subir de tono—, ¡son las cuatro y media!

—Lo sé, dulzura. Me levantaré en un minuto.

— ¡Se suponía que tú los recogerías! —ahora estoy gritando— ¡Terminan la escuela a las tres y media, ¿recuerdas?!

Mi madre me mira, una mirada horrible, sin fondo.

— ¿Pero hoy no es el turno tuyo o el de Edward?

— ¡Hoy es martes! ¡Es tu día libre! ¡Siempre has ido a recogerlos en tu día libre!

Mamá cierra los ojos y deja escapar un pequeño gemido, modulado para provocar lástima.

Quiero pegarle. En lugar de eso, corro hacia el teléfono. Ella ha apagado el timbre, pero la luz roja del contestador automático titila acusadora. Cuatro mensajes de St. Luke's, el último de ellos breve y enojado, sugiriendo que esta no es la primera vez que la señora Masen está extremadamente retrasada. Instantáneamente presiono la tecla de devolución de llamada, con la rabia rugiendo sorda contra mis costillas. Emmett y Alice deben estar aterrorizados, pensarán que han sido abandonados, que ella ha huido, como viene amenazando con hacer cuando está borracha. Logro contactar con la secretaria de la escuela y empiezo a borbotar excusas. Ella me interrumpe.

— ¿No es tu madre la que debería llamar, querida?

—Nuestra madre no se encuentra bien —digo rápidamente—. Pero estoy saliendo ahora mismo y estaré allá en diez minutos. Por favor, dígales a Alice y Emmett que mamá está bien y que Bella va en camino.

—Bueno, me temo que ellos ya no están aquí —la secretaria suena un poco apagada—. Finalmente, los recogió la niñera hace media hora.

Se me doblan las piernas. Me hundo en el brazo del sillón. Mi cuerpo se siente tan flojo que estoy a punto de dejar caer el teléfono.

—No tenemos niñera.

—Oh...

— ¿Quién era? ¿Qué aspecto tenía? ¡Ella debió haber dado su nombre!

—La señorita Denali sabía quién era. Los maestros no dejan ir a los niños con cualquier persona, ¿sabes? —otra vez la voz remilgada, unida ahora a un filo defensivo.

—Necesito hablar con la señorita Denali —mi voz tiembla con una calma apenas controlada.

—Me temo que la señorita Denali se marchó cuando recogieron finalmente a los niños. Puedo tratar de localizarla en su móvil...

Casi no puedo respirar.

—Por favor, pídale que regrese directamente a la escuela, la encontraré allí.

Cuelgo y estoy temblando, literalmente.

Mamá se levanta la franela del rostro y dice:

—Dulzura, suenas molesta. ¿Está todo bien?

Estoy corriendo por el pasillo, poniéndome los zapatos, cogiendo las llaves y el teléfono móvil, presionando la tecla de marcado rápido, mientras salgo con un portazo de la casa. Él contesta al tercer timbrazo.

— ¿Qué ha ocurrido?

Puedo oír que las risas y burlas en el fondo se van desvaneciendo a medida que abandona su clase de repaso extra-escolar. Ambos mantenemos nuestros teléfonos encendidos todo el tiempo. Él sabe que sólo llamaría durante el horario escolar por una emergencia. Le explico apresuradamente los acontecimientos de los últimos cinco minutos.

—Voy de camino a la escuela ahora —una gigantesca bocina resuena cuando cruzo como un rayo la carretera principal.

—Nos vemos allí —dice él.

Cuando llego a St. Luke's encuentro las puertas cerradas. Empiezo a empujarlas y patearlas, hasta que el cuidador se apiada de mí y se acerca a destrabarlas.

—Tranquila —dice—, ¿por qué tanto pánico?

Ignorándolo, corro hacia las puertas de la escuela y me meto por ellas. Circulo dando tumbos a través de un corredor iluminado por luces fluorescentes, el cual, despojado del caos de los niños, parece extraño y surrealista. Veo a Edward en el otro extremo, hablando con la secretaria de la escuela. También él debió haber corrido todo el camino. Gracias, Dios. Gracias, Dios. Edward sabrá qué hacer.

Él no se ha percatado de mi presencia, y por ello disminuyo mi paso a uno digno, acomodo mis ropas, tomo varias respiraciones profundas y trato de calmarme. He aprendido por las malas, a través de varios tratos con figuras de autoridad, que si aparentas estar molesto o enojado, te tratan como un niño y exigen hablar con tus padres.

Edward ha trabajado duramente el arte de parecer calmado y articular claramente en estas circunstancias, pero estoy consciente de que es una lucha terrible para él. Al acercarme, noto que sus manos tiemblan incontrolables a sus costados.

— ¿La señorita D-Denali fue la única persona que los vio marcharse? —está preguntando.

Puedo decir que se está obligando a sí mismo a enfrentar la mirada de la secretaria.

—Así es —dice la horrible rubia platinada que siempre he despreciado—. Y la señorita Denali y nunca...

—Pero seguramente...seguramente hay otro número donde pueda localizarla —su voz es clara y firme.

Nadie más que yo podría detectar el sutil temblor.

—Te lo dije, lo he intentado. Su móvil está apagado. Pero, como dije, le he dejado un mensaje en el teléfono de su casa...

—Por favor, ¿podría seguir intentando es su teléfono?

La secretaria murmura algo y desaparece de vuelta en su oficina.

Toco la mano de Edward. Él pega un salto como si hubiera recibido un disparo, y por debajo de la aparente calma exterior, veo que también se está desmoronando.

—Continúa hablando de la niñera —me dice con voz entrecortada, apoya la espalda en la pared del pasillo y me toma la mano.

— ¿Alguna vez mamá te dijo algo sobre pagarle a alguien para que viviera a recogerlos? —pregunta.

— ¡No!

— ¿Dónde está ella ahora?

—Tumbada en el sofá con una franela sobre su cara —susurro—. Cuando le pregunté por Emmett y Alice, dijo que pensaba que era nuestro turno de recogerlos.

Edward está respirando con dificultad. Puedo ver el rápido ascenso y descenso de su pecho bajo su camisa de la escuela. Su mochila y blazer no se ven en ninguna parte y se ha quitado la corbata. Me toma un momento darme cuenta de que está tratando de disimular el hecho de que aún es un estudiante.

—Estoy seguro que es algún tipo de malentendido —dice con un optimismo desesperado repicando en su voz—. Algún otro padre debe haber venido tarde y se los llevó. Todo estará bien. Vamos a lograr superar este problema, Bella ¿Ok? —me aprieta la mano y me brinda una tensa sonrisa.

Asiento, obligándome a respirar.

—Ok.

—Será mejor regresar y hablar con...

— ¿Quieres que lo haga yo? —pregunto con suavidad.

El calor tiñe inmediatamente sus mejillas.

— ¡Por supuesto que no! Yo puedo...yo puedo resolver esta...

—Lo sé —doy marcha atrás rápidamente—, sé que puedes.

Él se aparta de mi lado, cruza el umbral de la oficina y toma aire audiblemente.

— ¿Todavía...todavía no hay suerte?

—Nop. Ella podría estar atrapada en el tráfico, supongo. En realidad, podría estar en cualquier parte.

Oigo que Edward exhala con exasperación.

—Mire, estoy seguro de que la maestra no los dejaría ir voluntariamente con un extraño, pe-pero usted debería entender que, justo ahora, esos niños están desaparecidos. Así que creo que sería mejor si usted llamara al director, o al subdirector o...o a alguien que pueda ayudar. Vamos a tener que notificar a la policía y, probablemente, ellos van a querer hablar con quienes dirigen la escuela.

En el pasillo, fuera de la vista de la rubia platinada, me aplasto contra la pared y presiono el dorso de la mano contra mi boca. Policía significa autoridades. Autoridades significan Servicios Sociales. Edward realmente debe pensar que Emmett y Alice han sido secuestrados, si está dispuesto a arriesgarse a involucrar a la policía.

Me estoy empezando a sentir cada vez más inestable, así que voy y me siento sobre las escaleras. No puedo entender cómo Edward logra permanecer allí, tan controlado y razonable, hasta que me doy cuenta de la mancha húmeda de sudor en la parte trasera de su camisa y el temblor, cada vez mayor, de sus manos. Quiero levantarme y abrazarlo, decirle que todo va a salir bien. Excepto que no sé si será así.

El director, un hombre robusto y canoso, llega casi al mismo tiempo que la señorita Denali, la maestra de Alice. Ella manifiesta que esperó con los dos chicos más de media hora, antes de que se presentara una dama. Emily algo, aparentemente con instrucciones para recogerlos.

—Pero, seguramente, ustedes deben tener su apellido —está diciendo Edward por segunda vez.

—Naturalmente, tenemos registros de cada uno de los padres de los niños, guardianes o niñeras. Pero la única información que nos dieron de Emmett y Alice es el nombre de la madre y el número del hogar —está diciendo la señorita Denali, una mujer joven y muy delgada, de cabello rubio—. Y, a pesar de todos nuestros intentos, no pudimos localizarla, así que, cuando llegó esta dama, diciendo que era amiga de la familia y que le habían pedido que recogiera a los niños, no teníamos razones para desconfiar de ella.

Veo a Edward apretar las manos tras su espalda, hasta empuñarlas.

— ¡Sin duda, comprobar quién se lleva a los niños hasta su hogar, es parte de su trabajo! —está comenzando a perder el control; las grietas empiezan a mostrarse.

—Yo habría pensado que es parte del trabajo de los padres recoger a sus hijos a tiempo —replica aguijoneada la señorita Denali, y de pronto tengo ganas de tomar su cabeza, golpearla contra la otra rubia platinada y gritar. ¿No se dan cuenta de que mientras ustedes están allí, actuando todos en defensa propia y discutiendo de quién es la culpa, un pedófilo podría estar huyendo con mis hermanos menores?

— ¿Dónde están los padres, a todo esto? —interrumpe el director— ¿Por qué están aquí los hermanos solamente?

Siento el aliento que se atasca en mi garganta.

—Nuestra madre está enferma en estos momentos —dice Edward, e incluso mientras sale con esta frase tan bien preparada, puedo ver cómo está luchando por mantener la voz calmada.

— ¿Demasiado enferma como para coger la carretera y averiguar qué ha sucedido con sus hijos? —pregunta la señorita Denali.

Se produce un silencio. Edward está mirando a la maestra, sus hombros suben y bajan rápidamente. No reacciones, le pido en silencio, apretando mis nudillos contra mis labios.

—Bueno, miren, pienso que deberíamos alertar a las autoridades —está diciendo ahora el director—. Estoy seguro de que es una falsa alarma, pero obviamente, necesitamos hacer lo posible para comprobarlo.

Ahora, Edward está retrocediendo, halando de su cabello con un gesto característico de extrema angustia.

—Está bien. Sí, por supuesto. ¿Pero, podrían darnos un minuto simplemente?

Se aparta de la puerta de la oficina y se apresura a alejarse.

—Bella, quieren llamar a la policía... —su voz tiembla y su rostro brilla por el sudor—. Irán a la casa. Mamá tendrá que involucrarse en esto, ¿estará sobria?

—No lo sé, ¡definitivamente, estaba bajo los efectos de una resaca!

—Tal vez...tal vez, debería quedarme aquí esperando a la policía, mientras tú vas a casa y te unes a ella. Esconde cualquier botella y abre todas las ventanas —está apretando la parte superior de mis brazos, tan fuerte que me hace daño—. Haz lo que puedas para eliminar el olor. Dile que llore o...o algo, de modo que parezca que está histérica en lugar de...

—Edward, lo tengo, puedo hacerlo. Sigue adelante y llama a la policía. Me aseguraré de que nunca sepan...

—Se llevarán a los niños y nos separarán —su voz se está quebrando.

—No, no lo harán, Edward. Llama a la policía, ¡esto es más importante!

Retrocediendo, hace una copa con sus manos sobre su nariz y boca, con los ojos muy abiertos, y asiente.

Nunca lo he visto tan asustado. Entonces, se vuelve y camina a lo largo del pasillo hasta entrar a la oficina.

Echo a correr en dirección a las pesadas puertas dobles al final del pasillo. El linóleo blanco y negro desaparece rítmicamente bajo mis pies. Los colores brillantes en las paredes parecen flotar...El repentino grito detrás de mí me golpea como una bala en el pecho.

— ¡Han encontrado el número de Emily!

Con una mano sobre la puerta, me detengo. El rostro de Edward está iluminado por el alivio.

Cuando finalmente aparecen a través de las puertas de la escuela, Emmett y Alice están soplando globos rosáceos con la boca llena de goma de mascar, y Alice blande una paleta.

— ¡Mira lo que tengo!

Abrazo a Alice tan fuerte que puedo sentir su corazón palpitando contra el mío. El aroma a limón de su cabello está en mi rostro y todo lo que puedo hacer es apretarla, y besarla, y tratar de mantenerla en mis brazos.

Edward tiene un brazo en torno a Emmett mientras éste se retuerce y ríe en su agarre. Es claro que ninguno de ellos tenía idea de que algo anduviese mal, así que me muerdo la lengua para evitar llorar. Emily resulta ser la niñera de uno de los chicos de otra clase. Según ella, Elizabeth Masen telefoneó justo después de las cuatro, explicando que estaba demasiado enferma para dejar la casa y preguntando si ella podría hacerle un favor y recoger a los niños. Emily, amablemente, regresó a la escuela, buscó a Emmett y Alice y trató de devolverlos a casa. Al no recibir respuesta cuando pulsó el timbre, deslizó una nota por debajo de la puerta y los tomó a su propio cargo, aguardando la llamada telefónica de Elizabeth.

Mientras cruzábamos el patio de juegos, sujeto apretadamente a Emmett y Alice en cada mano y trato de hacer mi mejor esfuerzo por participar de la charla sobre su inesperada "cita para jugar". Escucho como Edward le agradece a Emily y lo veo garabatear el número de su móvil, diciéndole que lo llame siempre que Elizabeth le vuelva a pedir un "favor" de ese tipo. Apenas salimos de la escuela, Emmett trata de liberarse de mi agarre, buscando algo para patear y hacer rodar a lo largo del camino. Le digo que jugaré Battlership con él por media hora, si sostiene mi mano todo el camino de vuelta. Sorprendentemente acepta, rebotando de arriba a abajo como si fuera un yo-yo en el extremo de mi brazo, amenazando con dislocarlo desde su base, pero no me importa.

Seguimos a Edward todo el camino a casa. Él camina por delante, y algo me previene de intentar alcanzarlo. A Emmett y Alice no parece importarles: aún están llenos de historias acerca de la nueva PlayStation que llegaron a probar. Empiezo el sermón sobre los-extraños-que-pueden-ser-peligrosos, pero resulta ser que la niñera de los Withlock ya los ha recogido en varias ocasiones.

Apenas entramos, Emmett y Alice ven a mamá, aún medio inconsciente sobre el sofá. Con un grito corren hacia ella, encantados por el cambio de encontrarla en casa, narrando todas sus anécdotas al mismo tiempo. Mamá se descubre el rostro, se sienta y ríe, abrazándolos estrechamente.

—Mis conejitos —dice—, ¿han tenido un buen día? Los extrañé todo el tiempo, lo saben.

Permanezco en el umbral de la puerta, el borde afilado del marco contándome el hombro, observando el despliegue de esta pequeña escena en silencio. Emmett está mostrando sus habilidades de malabarismo con algunas pelotas de tenis viejas, y Alice está intentando interesar a mamá en un juego de ¿Adivina Quién? Me toma un momento darme cuenta de que Edward ha desaparecido escaleras arriba en el momento en el que entramos a casa. Me aparto de la sala, completamente agotada, y lentamente subo las escaleras. La música retumba encima del ático, me asegura que al menos el tercer hijo llegó a casa sin incidentes. Entro a mi habitación, me despojo de mi blazer y mi corbata, pateo mis zapatos y me echo sobre la cama en un ovillo exhausto.

Debo haberme quedado dormida, porque cuando oigo a Emmett gritar "Cena", me siento con un sobresalto, para descubrir que un crepúsculo azulado llena la pequeña habitación. Peinándome el cabello con los dedos para apartarlo de mis ojos, bajo somnolienta las escaleras.

La atmósfera en la cocina es discordante.

Mamá se ha transformado en una mariposa: toda faldas tenues, mangas flotantes y estampados en colores brillantes. Se ha duchado y lavado el cabello, aparentemente recuperada de su anterior brote de gripe. El pesado maquillaje la delata: es obvio que no se va a quedar viendo EastEnders (1) esta noche. Ha preparado algún platillo de salchichas y frijoles al horno que James está picoteando desdeñosamente con el tenedor. Emmett y Alice, sentados uno al lado del otro, balancean las piernas tratando de patearse mutuamente por debajo de la mesa, con restos reveladores de chocolate alrededor de sus bocas y haciendo caso omiso de la poco apetitosa mezcla puesta frente a ellos.

—Esto no es comida —con la cabeza apoyada en una mano, James frunce el ceño frente a su plato, moviendo trozos de salchicha alrededor del borde—. ¿Puedo salir?

—Cállate y come —suelta Edward de forma poco usual, yendo hacia el armario en busca de vasos.

James está a punto de replicar, pero luego parece arrepentirse y empieza a picotear otra vez su comida. El tono de voz de Edward sugiere que no es momento para discutir.

—Bueno, a comer todo el mundo —dice mamá con una risita nerviosa—. Sé que no soy la mejor cocinera del mundo, pero puedo asegurarles que esto sabe mucho mejor de lo que parece.

James resopla y murmura algo inaudible. Alice pincha un frijol horneado con la punta de su tenedor y se lo lleva de mala gana a la boca, lamiéndolo delicadamente con la punta de la lengua. Con aire sufrido, Emmett toma un bocado de salchicha y luego hace una mueca, sus ojos lagrimean, listo tanto para atragantarse como para escupirlo. Rápidamente, traigo la jarra de agua y lleno los vasos. Finalmente, Edward se sienta. Huele a escuela y sudor, y su despeinado y brillante cabello cobrizo contrasta con su rostro pálido. He notado como aprieta la mandíbula, el aspecto atormentado de sus ojos, y siento la tensión que irradia de su cuerpo como si estuviera al rojo vivo.

— ¿Vas a salir de nuevo esta noche, mamá? —pregunta Alice, tomando delicados mordisquitos de un pedazo de salchicha.

—No, no saldrá —dice Edward en voz baja, sin levantar la mirada.

Por debajo de la mesa, presiono mi pie contra él, en modo de advertencia. Mamá se vuelve hacia él, con sorpresa.

—Marco va a recogerme a las siete —protesta ella—. Está bien, conejitos. Voy a acostarlos antes de irme.

—Olvídalo —masculla Emmett con enfado.

—Las siete en punto es una hora muy temprana para ir a la cama —comenta Alice con un suspiro, pinchando un segundo frijol.

—No vas a salir esta noche —le murmura Edward a mamá.

Se produce un silencio atónito.

— ¡Te dije que él piensa que gobierna este sitio! —James levanta la mirada de su plato, encantado con la oportunidad de interrumpir— ¿Vas a dejarte mangonear de ese modo, mamá?

Le lanzo a James una mirada de advertencia y sacudo mi cabeza. Su rostro se ensombrece al instante.

— ¿Qué? ¿Ni siquiera se me permite hablar ahora?

—Oh, voy a llegar tarde... —dice mamá con una sonrisa benigna.

— ¡Tú no vas a salir! —grita Edward de repente, golpeando la mesa.

La vajilla tintinea y todo el mundo pega un salto. Siento una familiar tensión jaquecosa que aprieta mis sienes. Mamá se lleva una mano a la garganta y deja escapar una aguda exclamación de sorpresa, una especie de risa estridente.

— ¡Oh, miren al gran hombre de la casa, diciéndole a su mamita lo que debe hacer!

—Observa cómo vive la otra mitad —murmura James.

Edward arroja su tenedor, su rostro enrojece, los músculos resaltan como cuerdas en su cuello.

— ¡Hace dos horas tenías una resaca tan malditamente grande que no podías salir a la calle para recoger a tus propios hijos de la escuela y ni siquiera podías recordar que le habías pedido a alguién más que lo hiciera!

Mamá abre ampliamente los ojos.

— ¿Pero querido, no estás contento con que me sienta mucho mejor?

— ¡Eso no va a durar si sales otra noche a emborracharte! —grita Edward, asiendo el borde de la mesa con ambas manos, sus nudillos están blancos— Hoy estuvimos a punto de tener que involucrar a la policía. Nadie tenía idea de dónde estaban los niños. ¡Podría haberles ocurrido cualquier cosa y tú estabas demasiado ida como para notarlo!

— ¡Ed! —la voz de mamá tiembla como la de una niña pequeña— Tuve una intoxicación alimentaria. No podía parar de vomitar. No quería molestarte a ti o a Bella en la escuela. ¿Qué otra cosa se supone que debía hacer?

— ¡Intoxicación alimentaria, mi culo! —Edward se pone de pie tan violentamente que hace que su silla se estrelle contra las baldosas— ¿Cuándo vas a enfrentar la realidad y aceptar que tienes un problema con el alcohol?

— ¡Oh, yo tengo un problema! -los ojos de mamá relampaguean de repente, haciendo a un lado su actuación de niña inocente- No soy una madre convencional, así que demándame. ¡He tenido una vida dura! ¡Finalmente, he encontrado a alguien genial y quiero salir a tener un poco de diversión! Diversión...algo que tú podrías intentar experimentar, Edward, en lugar de vivir tu vida con la cabeza dentro de un libro como tu padre. ¿Dónde están tus amigos, eh? ¿Cuándo has salido o traído a alguien a casa para eso?

James se echa hacia atrás en su silla, mirando la escena con deleite.

—Mamá, por favor... —me acerco a ella, pero me aparta con fuerza.

Huelo alcohol fresco en su aliento...en ese estado, es capaz de decir cualquier cosa, de hacer cualquier cosa. Especialmente cuando Edward ha mencionado lo inmencionable. Edward se ha convertido en piedra, una mano apretando el aparador para sostenerse. Emmett está cubriéndose los oídos con las manos y Alice mira de un rostro a otro, sus ojos muy abiertos y fijos.

—Vamos —me levanto y halo de ellos tras de mí hacia el corredor-. Suban a su habitación y entreténganse solos por un tiempo. Les llevaré algunos sandwiches en un minuto.

Alice sube trotando temerosa las escaleras. Emmett, con el ceño fruncido, va tras ella.

—Deberíamos quedarnos en casa de los Withlock —le oigo murmurar y sus palabras me hacen doler la garganta.

Sin otra pción que regresar a la cocina para intentar controlar los daños, encuentro a mamá aún gritando, con los ojos entornados bajo el peso de sus párpados.

—No me mires de ese modo, sabes exactamente de qué estoy hablando. Nunca has tenido una novia como la gente, ¡ni siquiera has hecho un solo amigo, por Dios! ¡¿De qué vale ser el primero de la clase cuando la escuela vive diciéndome que necesitas ver un psicólogo porque eres tan tímido que ni siquiera puedes hablar con alguien?! ¡La única persona que tiene un problema eres tú!

Edward no se ha movido: la está observando con una mirada de horror enfermizo. Su falta de respuesta sólo sirve para espolear a mamá, que empieza a justificar si exabrupto, alimentando su propia rabia.

—Has tomado su ejemplo de todas las formas posibles, pensando que son mejores que todos los demás, con sus palabras largas y su grado de superioridad. ¡Tú no tienes absolutamente nada de respeto por tu propia madre! —grita ella, con el rostro manchado de furia— ¡¿Cómo te atreves a hablarme de esa forma delante de mis hijos?!

Me coloco frente a ella y empiezo a maniobrar para sacarla de la cocina.

—Sólo vete con Marco —le pido—. Ve y encuéntrate temprano con él o algo así. ¡Dale una sorpresa! Vete mamá, sólo vete.

— ¡Siempre te pones de su lado!

—No me estoy poniendo del lado de nadie, mamá. Sólo creo que te estás poniendo en un estado que no es muy bueno, teniendo en cuenta que no te has sentido muy bien —me las arreglo para llevarla hasta el pasillo.

Ella toma su cartera, pero no sin lanzar una última pulla por encima de su hombro.

— ¡Edward, podrás acusarme de no ser una madre normal, el día que tú empieces a actuar como un adolescente normal!

La empujo hacia la puerta, y hago un esfuerzo para no cerrarla con fuerza tras ella. En lugar de eso, me apoyo contra la madera, temerosa de que ella pueda destrabarla y entrar violentamente de nuevo. Cierro mis ojos por un momento. Cuando los abro de nuevo, me percato de la figura sentada en la parte superior de las escaleras.

— ¿No tienes tareas que hacer, Emmett?

—Ella dijo que nos iba a acostar —hay un temblor en su voz.

—Lo sé —digo rápidamente mientras me enderezo—, y lo decía en serio. Pero yo le dije que lo haría en su lugar, porque lla iba a llegar tarde...

— ¡No quiero que lo hagas tú, quiero a mamá! —grita Emmett y, poniéndose de pie de un salto, corre hacia su habitación, golpeando la puerta detrás de él.

Vuelvo a la cocina. James tiene los pies sobre la mesa, y está sacudiéndose con una risa silenciosa.

— ¡Dios, que familia más jodida es esta!

—Sólo sube las escaleras. No estás ayudando —le digo en voz baja.

Él abre la boca para protestar, pero luego se deja caer enfadado sobre sus pies y su silla chirría contra las baldosas. Agarrando el dinero para el almuerzo de Emmett y Alice que está en la mesa del vestíbulo, se dirige hacia la puerta principal.

— ¿Adónde vas? —grito, tras él.

— ¡Fuera, a conseguir algo de jodida comida!

Edward está recorriendo el piso de la cocina. En alguna forma, luce desarticulado, confuso. Su rostro luce jaspeado con líneas de color carmesí, dándole a su piel un curioso tono crudo.

—Lo siento, no debí haber comenzado con... —suena como si lo estuvieran sacudiendo.

Trato de tocarle el brazo, pero se aleja de mí con un salto, como su lo hubiera picado. Su dolor es casi tangible: la angustia, el resentimiento, la furia, todo llenando la pequeña habitación.

—Ed, tenías todo el derecho a perder la calma. Lo que hizo mamá hoy es imperdonable. Pero, escúchame... —me ubico frente a él y trato de tocarlo otra vez—, Edward, escucha. Esas cosas que dijo, son sólo su manera de atacar. Tú mencionaste su alcoholismo y ella, simplemente, no puede lidiar con la verdad. Así que trató de encontrar la cosa más hiriente que pudo, para regresártela...

—Ella lo quería decir, quería decir cada palabra —hala su cabello, se frota las mejillas—. Y tenía razón. Yo no soy...yo no soy normal. Hay algo mal en mí y...

—Ed, no te preocupes por eso ahora, ¿ok? Es algo que puedes trabajar...,¡es algo que puede ir mejorando con el tiempo!

Alejándose de mí, continúa su paseo, como si el movimiento continuo le evitara desplomarse.

—Pero ella es como James. Ella está...ella está... —no puede obligarse a decir la palabra— Avergonzada —susurra finalmente.

—Ed, detente un minuto. Mírame.

Lo sujeto de un brazo para retenerlo. Puedo sentirlo temblar bajo mi tacto.

—Todo está bien. Los niños están bien y eso es todo lo que importa. No la escuches. Nunca más la escuches. Sólo es una vieja vaca amargada que nunca creció. Pero ella no se avergüenza de ti. Nadie se avergüenza de ti, Ed. ¡Dios! ¿Cómo podría hacerlo alguien? Todos sabemos que, sin ti, esta familia se desmoronaría.

Él deja caer la cabeza, derrotado. Puedo sentir los músculos agarrotados de sus hombros bajo mis dedos.

—Se está desmoronando.

Le doy una pequeña sacudida de desesperación.

—Edward, no es así. Alice y Emmett están bien. ¡Yo estoy bien! James es un jodido adolescente común. Estamos todos juntos. Todos estos años desde que papá se fue, desde que el problema de mamá empezó, ninguno de nosotros ha sido descuidado y eso es todo gracias a ti.

Hay un largo silencio. Todo lo que puedo ver es la coronilla de Edward. Él se inclina ligeramente hacia mí. Lo alcanzo, lo rodeo con mis brazos y lo aprieto con todas mis fuerzas. Bajo mi voz a un susurro.

—No solamente eres mi hermano, eres mi mejor amigo.


(1) Telenovela británica que lleva emitiéndose desde 1985 por la cadena BBC.

Adelanto: Capítulo 5.

Sólo con Bella puedo ser realmente yo mismo. Compartimos la carga y ella siempre está de mi lado, a mi lado. No quiero necesitarla, depender de ella, pero lo hago, realmente lo hago.

Bueno personas, aquí va un capítulo más.

Mañana, 4 de abril, cumple años mi actor favorito, así que, FELIZ CUMPLEAÑOS A ROBERT DOWNEY JR., que cumple 48 y está más guapo y talentoso que nunca.

El 14 de abril estrenan el primer teaser trailer de En Llamas (segunda película de la trilogía Los Juegos Del Hambre), moriré :)

Oh les recomiendo que vean The Vampire Diaries y Games of Thrones, ¡qué buenas series!

Hasta la próxima.

Camila.