Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a la bella Stephenie Meyer. La historia tampoco es mía, es una adaptación de la fabulosa obra de Tabitha Suzuma.

Advertencia: En un futuro, la historia tratará con el incesto, así que si a usted no le simpatizan estos temas, absténgase de leer.


"Un hombre aislado se siente débil, y lo es." Concepción Arenal.

Capítulo VIII

Bella's POV

Abro los ojos y me encuentro mirando un techo desconocido. Mi cabeza se siente confusa con el sueño, y no es hasta que me encuentro parpadeando hacia una mesa cargada de libros de texto de nivel A, una silla cubierta de camisas desechadas y pantalones, que me acuerdo de dónde estoy. Hay un olor característico también, no desagradable, pero sin lugar a dudas de Edward. Un peso ligero en mi pecho me impulsa a mirar hacia abajo, y al comienzo veo un brazo colgando de mi caja torácica, uñas mordidas, un gran reloj digital negro asegurado alrededor de la muñeca. Edward está profundamente dormido a mi lado, tendido boca abajo, pegado a la pared, con el brazo cubriéndome.

Mi mente revive la noche anterior y recuerdo la pelea, recuerdo venir y encontrarlo de un modo realmente malo, el shock de verlo al borde de las lágrimas, el sentimiento de horror e impotencia mientras se venía abajo y sollozaba, la primera vez desde el día en que papá se marchó. Verlo así me regresa a través de los años, de vuelta a cuando papá llegó un día a casa para la "despedida especial" antes de coger el vuelo que lo llevaría a él y a su nueva esposa al otro lado del mundo. Hubo regalos y fotos de la nueva casa con piscina, promesas de vacaciones escolares con él, asegurándonos que volvería con regularidad. Los demás naturalmente habían creído toda la charada al ser tan jovenes, pero Edward y yo sentimos que no veríamos a nuestro padre otra vez, nunca. Y no pasó mucho tiempo antes de que nos diera la razón.

Las llamadas telefónicas semanales se convirtieron en mensuales, sólo en ocasiones especiales, luego se detuvieron por completo. Cuando mamá nos dijo que su esposa había dado a luz, sabíamos que sólo era cuestión de tiempo antes de que incluso los regalos de cumpleaños cesaran. Y cesaron. Todo cesó. Incluso la manutención infantil de mamá. Los dos mayores lo esperábamos, simplemente nunca supusimos que nos borraría a todos de su vida tan rápido. Recuerdo claramente el momento después de la despedida final, y después que la puerta principal se cerrara y el sonido del coche de mi padre se desvanecía en la calle.

Acurrucada contra la almohada con mi nuevo perro de peluche y la imagen de la casa que sabía que nunca iba a llegar a visitar, me sobrevivo de repente una enorme oleada de rabia y odio para mi padre que una vez había clamado que me amaba tanto. Pero, para mi sorpresa y disgusto, Edward parecía estar de acuerdo con todo, regocijándose con los otros en la idea de que todos volaríamos a Australia muy pronto. En realidad, pensé que era estúpido. Puse mala cara y lo ignoré todo el día mientras que él se obligaba a sí mismo a creer en su farsa. Sólo más tarde esa noche, una vez que creyó que yo estaba dormida, rompió a llorar, sollozando suavemente en su almohada en la litera sobre mí. Había estado inconsolable entonces, también, luchando contra mí cuando había intentado darle un abrazo antes de finalmente ceder, dejando que me acurrucara bajo el edredón y llorara con él. Nos prometimos el uno al otro, entonces, que cuando creciéramos nos mantendríamos siempre juntos. Finalmente, agotados después de haber llorado, nos habíamos quedado dormidos. Y ahora aquí estamos, cinco años después. Tanto ha cambiado, y aún así tan poco.

Me siento extraña, acostada en la cama de Edward con él durmiendo a mi lado. Alice solía meterse a la cama conmigo cada vez que tenía pesadillas, en la mañana me despertaba para encontrar su pequeño cuerpo presionado contra el mío. Sin embargo, este es Edward: mi hermano, mi protector. El ver su brazo colgado casualmente sobre mí me hace sonreír, lo quitaría muy rápido si se depertara. Sin embargo, no quiero que se despierte por el momento.

Su pierna está presionada contra la mía, aplastándome ligeramente. Todavía está con su ropa para la escuela, su hombro fuerte contra mi brazo, sujetándome a la cama. Estoy bien y verdaderamente encajada a la cama, de hecho, ambos lo estamos: su otro brazo ha desaparecido por la estrecha grieta entre el colchón y la pared. Vuelvo la cabeza con cuidado para ver si se ve como si fuera a despertar pronto. No lo parece. Está profundamente dormido, respirando en bocanadas largas, profundad y rítmicas, con su rostro vuelto hacia mí. No lo tengo tan cerca muy a menudo, no desde que éramos niños. Es curioso observarlo tan de cerca: veo cosas que apenas he notado antes. La forma en que su cabello, empapado en un rayo de sol entrando oblicuo a través de las cortinas, no es del todo cobrizo, sino que en realidad tiene pelos de un color rubio intenso. Puedo distinguir un patrón en el fino trazado de venas bajo la piel de sus sienes, incluso puedo distinguir los pelos individuales de sus cejas. La débil cicatriz blanca sobre su ojos izquierdo debido a una caída de la infancia que no ha terminado de desvanecerse, y sus párpados están bordeados con pestañas negras soprendentemente largas. Mis ojos siguen la cresta suave de su nariz hasta el arco de su labio superior, tan claramente definido, ahora su boca está relajada. Su piel es suave, casi transparente, la única mancha es una herida auto-infligida por debajo de la boca, donde sus dientes han rozado en repetidas ocasiones, irritando y raspando la piel para dejar una pequeña herida carmesí: un recordatorio de su batalla con el mundo que lo rodea. Quiero frotarla suavemente, borrar el daño, el estrés, la soledad.

Me encuentro pensando en el comentario de Jessica. Una boca besable...¿Qué significa eso, exactamente? En ese momento, pensé que era divertido, pero ya no. No me gustaría que Jessica besara la boca de Edward. No me gustaría que nadie lo hiciera. Él es mi hermano, mi mejor amigo. La idea de que alguien lo vea así, tan de cerca, tan expuesto, de repente es insoportable. ¿Y si lo hieren, si le rompen el corazón? No quiero que se enamore de una chica. Quiero que se quede aquí, amándome. Amándonos.

Se mueve un poco, con el brazo deslizándose en mi caja torácica. Puedo sentir su calor sudoroso contra mi costado. La forma en que se contraen su fosas nasales cada vez que inhala me recuerda a la situación precaria que mantenemos todos en la vida. Dormido, se ve tan vulnerable que me asusta.

Hay gritos, aullidos desde abajo. Pies trotando en las escaleras. Un fuerte golpe contra la puerta. La inconfundible voz sobreexitada de Emmett gritando:

— ¡Está en casa! ¡Está en casa!

Edward contrae el brazo y abre los ojos con un sobresalto. Durante un largo momento, sólo me mira, su iris azul salpicado de verde, su rostro inmóvil. Entonces su expresión comienza a cambiar.

— ¿Qué...qué está pasando?

Le sonrío a lo turbio de sus palabras.

—Nada. Estoy atascada.

Mira su brazo, todavía colgando en mi pecho, y lo retrae rápidamente, tratando de incorporarse.

— ¿Por qué estás...? ¿Qué diablos estás haciendo aquí? —parece desorientado y un poco presa del pánico por un momento, el pelo alborotado colgando sobre sus ojos, la cara confusa de sueño. La huella de la almohada le ha dejado marcas escarlata en la mejilla.

—Estuvimos hablando ayer por la noche, ¿recuerdas? —no quiero mencionar la pelea, o sus consecuencias— Supongo que ambos caímos muertos —me siento contra la cabecera, doblo mis piernas debajo de mí y me estiro—. No he sido capaz de moverme los últimos quince minutos, porque estabas medio aplastándome.

Él se retira al otro extremo de la cama, apoyándose en la pared, dejando caer la cabeza hacia atrás con un ruido sordo. Cierra los ojos por un momento.

—Me siento torpe —murmura como para sí mismo, abrazándose las rodillas, su torso flácido y rendido.

Me preocupo, no es como si Edward se quejara.

— ¿Dónde te duele?

Deja salir la respiración con una sonrisa fantasmal.

—En todas partes.

La sonrisa se desvanece cuando no se la devuelvo y me sostiene la mirada, los ojos cargados con tristeza.

—Hoy es sábado, ¿no?

—Sí, pero todo está bien. Mamá está levantada, oí su voz hace unos minutos. Y James está levantado también. Parece que todos están abajo desayunando o almorzando o algo así.

—Oh, ok. Bueno.

Edward suspira con alivio y cierra los ojos. No me gusta la forma en la que está hablando, sentándose, comportándose. Parece indefenso de alguna forma, dolorido y totalmente derrotado. Hay un largo silencio. No abre los ojos.

— ¿Ed? —me atrevo a decir con suavidad.

— ¿Sí?

Me mira con sorpresa y parpadea rápidamente como si tratara de involucrar a su cerebro.

—Quédate aquí mientras voy a conseguir un poco de café y analgésicos, ¿está bien?

—No, no... —me atrapa por la muñeca para retenerme— Estoy bien. Bajaré una vez que haya tomado una ducha.

—Ok. Hay acetaminofén en el armario del baño.

Me mira fijamente, en blanco.

—Bien —dice con voz apagada.

No pasa nada. No se mueve. Empiezo a sentirme inquieta.

—No te ves demasiado bien, ya sabes —le informo con delicadeza—. ¿Qué tal si vuelves a la cama un momento y te traigo el desayuno?

Gira la cabeza para mirarme de bueno.

—No, en serio, Bella, estoy bien. Sólo dame un minuto, ¿de acuerdo?

La regla no escrita en nuestra familia es que Edward nunca está enfermo. Incluso el invierno pasado, cuando tuvo gripe y fiebre alta, insistió en que estaba lo suficientemente bien para ir a la escuela.

—Entonces voy a conseguirte un café —declaro abruptamente, saltando de la cama—. Ve y toma una ducha caliente y...

Me detiene, capturando mi mano antes de que llegue a la puerta.

—Bella...

Volteo, apretando mis dedos alrededor de los suyos.

— ¿Qué?

Su mandíbula se tensa y lo veo tragar. Sus ojos parecen estar buscando los míos, con la esperanza de alguna señal de comprensión, tal vez.

—No puedo, realmente no creo que pueda... —se interrumpe, respirando profundamente. Espero— No creo que hoy tenga la energía para hacer toda esa cosa de la comida familiar.

Pone cara de disculpa.

—Bueno, ¡por supuesto que yo lo haré, tontito! —pienso un momento y comienzo a sonreír— Hey, tengo una idea incluso mejor.

— ¿Qué?

Se ve esperanzado de repente. Sonrío.

—Voy a deshacerme de todos ellos, ya verás.

...

Estoy en la puerta por un momento, absorbiendo el caos. Están sentados alrededor de la mesa de la cocina, un lío de Coco Pops, latas de Coca Cola, Jaffa Cakes y papas fritas delante de ellos. Mamá debe haber enviado a Emmett a la tienda de la esquina cuando sólo descubrió pan, café y musli para el desayuno. Pero al menos está levantada antes del mediodía, aunque todavía tiene puesto su vestido de color rosa de mala calidad, su pelo rubio sin peinar, grandes bolsas bajo sus ojos inyectados de sangre. A juzgar por el cenicero, ya se ha fumado medio paquete de cigarrillos, pero a pesar de su apariencia, parece sorprendentemente ágil y alegre, ayudada sin duda, por el trago de whisky que se puede oler en el café.

— ¡Princesa! —tiende los brazos— Pareces un ángel con ese vestido.

—Mamá, este es el mismo camisón que he estado usando durante los últimos cuatro años —le informo con un suspiro.

Mamá sonría complacida, apenas registrando mis palabras, pero James se ríe con la boca llena de Coco Pops, regándolos en la mesa. Me alivia ver que no está peor por su riña con Edward ayer en la noche. Junto a él, Emmett está tratando de hacer malabares con tres naranjas del frutero, claramente con el nivel de azúcar por las nubes. Alice está hablando con rapidez e indistintamente, su boca atiborrada a toda capacidad con chocolate untado en su barbilla. Hago un poco de café, recupero el musli del armario y empiezo a cortar pan en el aparador.

— ¿Quieres una barra de Mars? —me ofrece Emmett, generosamente.

—No, gracias, Em. Y creo que has comido suficiente chocolate por hoy. ¿Recuerdas lo que sucede cuando comes demasiada azúcar?

—Se me sube a la cabeza —responde Emmett de forma automática—. Pero no está en la escuela ahora.

—No estoy en la escuela ahora —lo corrijo—. Hey, adivinen qué, ¡he tenido una muy buena idea para un día familiar!

—Oh, ¡qué bonito! —exclama mamá con entusiasmo— ¿Adónde los vas a llevar?

—En realidad, estaba pensando en pasar un día con toda la familia —sigo jovialmente, cuidadosa de mantener el filo fuera de mi voz—, ¡y definitivamente me gustaría que vinieras también, mamá!

James me mir con sus ojos oscuros y desconfiados, resoplando en tono de burla.

—Sí, vamos a la playa o algo y hagamos un picnic de mierda y finjamos que sólo somos una gran familia feliz.

— ¿Adónde, adónde? —grita Emmett.

—Bueno, estaba pensando que podríamos ir a...

— ¡Al zoológico, al zoológico! —grita Alice, prácticamente cayendo de su silla por el entusiasmo.

— ¡No, al parque! —demanda Emmett— Podemos jugar fútbol de a tres en cada equipo.

— ¿Qué hay de los bolos? —sugiere James de forma inesperada— Tienen juegos de arcade (1) ahí.

Sonrío con indulgencia.

—Podríamos ser capaces de hacer los tres. Hay una gran feria que acaba de abrir en Battersea Park, hay un zoológico al otro lado del paruqe, y creo que el parque de atracciones incluso tiene juegos de arcade, James.

Un destello de interés se registra en sus ojos.

—Mamá, ¿me compras algodón de azúcar? —pregunta Emmett.

— ¡Y a mí, y a mí! —grita Alice.

Mamá sonríe tristemente.

—Un día con todos mis conejitos. Qué bonito.

—Pero tendremos que estar listos el doble de rápido —advierto—, es casi mediodía.

—Mamá, ¡vamos! —le grita Emmett— Tienes que ponerte maquillaje y vestirte ahora mismo.

—Sólo un último cigarri...

Pero Emmett y Alice ya han regresado a la habitación para ponerse los abrigos y los zapatos. Incluso James baja los pies de la mesa.

— ¿Viene Edward a esta pequeña excursión? —me pregunta mamá, fumando un cigarrillo.

Me doy cuenta de que los ojos de James se agudizan de repente.

—No, tiene un montón de tareas que hacer.

Dejo de limpiar la mesa y de repente me doy un golpe con la mano en la frente.

— ¡Oh, no! ¡Maldita sea!

— ¿Qué te pasa, cariño?

—Me olvidé por completo. No puedo ir hoy. Prometí que cuidaría al nuevo bebé de los Weber esta tarde.

Mamá me mira alarmada.

—Bueno, ¿no puedes cancelar y decir que estás enferma o algo así?

—No, van a una boda y les dije que lo haría hace mucho tiempo —no puedo creer lo buena mentirosa que soy—. Además —añado enfáticamente—, podremos hacer muchas cosas con el dinero.

Emmett y Alice vuelven a la cocina envueltos en sus abrigos, y se detienen, sintiendo al instante el cambio de la atmósfera.

—La inteligente Bella acaba de darse cuenta de que no podemos ir después de todo —informa James.

— ¡Iremos mañana! —exclama mamá alegremente.

— ¡Noooooo! —aúlla Emmett, desesperado.

Alice me mira acusadoramente, con sus ojos azules afligidos.

—Pero todavía pueden ir con mamá —digo por casualidad, evitando con cuidado su mirada.

Emmett y Alice se voltean para mirarla, sus ojos suplicantes.

— ¡Mamá! Mamá, ¡por favooooor!

—Oh, está bien, está bien —suspira, disparándome una mirada de dolor, casi enojada—. Cualquier cosa para mis bebés.

Cuando mamá sube las escaleras para vestirse y Emmett y Alice corren por la casa con un frenesí inducido por el azúcar, James vuelve a colocar sus pies en la mesa y comienza a ojear un cómic.

—Bueno, mira cómo resultó —murmura, sin levantar la vista.

Me tenso, pero sigo limpiando la mesa.

— ¿Cuál es la diferencia? —replico en voz baja— Emmett y Alice saldrán a divertirse y tú llevarás cinco veces más dinero que de costumbre para gastar en arcade.

—No me estoy quejando —dice—. Creo que es conmovedora la forma en que fabricaste todo esta complicada mentira sólo porque Edward está demasiado avergonzado para enfrentar el hecho de que es un bastardo violento.

Dejo de limpiar la mesa, apretando la esponja con tanta fuerza que el agua tibia y el jabón fluyen a través de mis dedos.

—Edward no sabe nada acerca de esto, ¿de acuerdo? —replico, con la ira reprimida en mi voz— Esto fue mi idea. Porque francamente James, es fin de semana, y Emmett y Alice merecen tener un poco de diversión, y Edward y yo estamos completamente destrozados por manejar la casa toda la semana.

—Apuesto a que lo está... después de intentar matarme anoche...

Él me mira, sus ojos cafés tan duros como guijarros.

Me encuentro a mí misma agarrando el borde de la mesa.

—Según recuerdo, fue un asunto de dos vías. Y Edward está tan golpeado que apenas puede moverse.

Una lenta sonrisa de triunfo se extiende por la cara de James.

—Sí, bueno, no puedo decir que esté sorprendido. Si no pasara sus días escondiéndose en las escaleras y, de hecho, aprendiera a pelear como un verdadero...

Golpeo el puño sobre la mesa.

—No me vengas con tu mierda de macho de pandilla —siseo en un susurro furioso—. ¡Anoche no era una especie de competencia enferma! Edward está molesto por lo que pasó. Nunca quiso hacerte daño.

—Qué considerado de su parte —responde James, y su voz gotea con sarcasmo, todavía hojeando exasperadamente su revista—. Pero es un poco difícil de creer cuando apenas hace unas horas tenía las manos alrededor de mi cuello.

—Tú tuviste un papel en esto también, y lo sabes. ¡Le diste un puñetazo primero! —miro con nerviosismo la puerta cerrada la cocina— Mira, no voy a entrar en una discusión contigo sobre quién empezó. En lo que se trate sobre la pelea, ambos son tan culpables como el otro. Pero pregúntate esto primero: ¿por qué demonios crees que Edward estaba molesto, en primer luagr? ¿Cuántos de tus amigos tienen un hermano que permanece hasta la mitad de la noche esperando a que vuelvan? ¿Cuántos de ellos tienen un hermano que va recorriendo las calles a las tres de la mañana porque tiene un miedo horrible de que algo pudiera haber pasado? ¿Cuántos tienen hermanos que compran para ellos, cocinan para ellos, asisten a reuniones de padres y maestros dando la cara por ellos cuando están suspendidos en la escuela? ¿No lo entiendes, James? ¡Edward se perdió anoche porque se preocupa por ti, porque te ama!

James lanza la revista sobre la mesa, haciéndome saltar, sus ojos encendiéndose de cólera.

— ¿Le pedí que hiciera alguna de esas cosas? ¿Crees que me gusta depender de mi maldito hermano para cualquier mínima cosa? No, tienes razón, mis amigos no tienen hermanos mayores así. Tienen hermanos que salen con ellos, se molestan con ellos, los ayudan a conseguir documentos de identidad falsos y colarse en los clubes nocturnos. ¡Mientras que yo tengo un hermano que me dice a qué hora tengo que estar en casa y luego me da una paliza si llego tarde! ¡Él no es mi padre! Puede fingir que le importa, ¡pero es sólo porque está enfermo de poder! Él no me quiere como papá lo hizo, ¡pero seguro como el infierno que cree que puede decirme lo que debo hacer todos los segundos del día!

—Tienes razón —le digo en voz baja—, él no nos ama como papá lo hizo. Papá se largó al otro lado del mundo con su nueva familia en el momento en que las cosas se pusieron difíciles. Edward podría haber dejado la escuela el último año, conseguirse un trabajo y mudarse. Podría haber decidido escaparse el próximo año a una universidad en el otro extremo del país. Pero no, sólo aplicó a las de Londres, a pesar de que sus maestros estaban desesperados porque intentara entrar a Oxford o a Cambridge. Se quedó en Londres para poder vivir aquí y cuidar de nosotros y asegurarse de que estamos bien.

James se las arregla para soltar una risa sardónica.

—Vives en la ignorancia, Bella. ¿Sabes por qué no se va a cualquier lugar? Porque él es un maldito miedoso, por eso. Lo has visto, ni siquiera puede hablar con sus compañeros de clase sin tartamudear como una especie de inadaptado. Y ciertamente no se queda aquí por mí. Se queda porque es un ebrio de poder, consigue su placer al dar ordenes a Em y Alice porque le hace sentirse mejor acerca del hecho de que ni siquiera puede articular una sola palabra en la escuela. Y está aquí porque te adora, porque siempre estás de su lado en todo, crees que es algún tipo de dios, y su hermana es la única amiga que tiene en el mundo —sacude la cabeza—. ¿Cuán patético es eso?

Miro a James, observando la ira en su rostro, el color de sus mejillas; pero sobre todo, la tristeza en sus ojos. Me duele ver que todavía sufre mucho por papá y no dejo de recordarme a mí misma que sólo tiene trece años. Pero no puedo encontrar una manera de hacerle salir de su círculo concentrado en sí mismo, aunque sea por un segundo, y ver la situación desde cualquier punto de vista distinto al suyo. Finalmente, desesperada, le digo:

—James, entiendo por qué te molesta la posición de autoridad de Edward, en serio. Pero no es culpa suya que papá se fuera y no es su culpa que mamá sea de la forma que es. Sólo intenta cuidar de nosotros, porque no hay nadie más que lo haga. Te prometo James, que Edward habría preferido mantenerse como tu hermano y amigo. Pero piensa, dadas las circunstancias, ¿qué otra cosa podría haber hecho, posiblemente? ¿Qué otra opción tuvo?

...

Cuando finalmente la puerta se cierra de golpe y las voces se desvaneces emocionadas en la calle, lanzo un suspiro de alivio y miro el reloj de la cocina. ¿Cuántas horas tenemos para que Emmett y Alice empiecen a discutir, James comience a quejarse sobre el dinero y mamá decida que ha hecho más que suficiente para compensar su ausencia durante toda la semana? Contando con el tiempo de viaje, podemos esperar tres horas, cuatro si tenemos suerte.

Me siento como si debiera empezar a hacer todo inmediatamente, probar todas esas cosas que siempre estoy planeando hacer, pero que pospongo porque siempre hay algo más apremiante a la mano...Pero de repente, se siente absurdamente lujoso sólo estar sentada aquí en la cocina, en silencio, con la moteada luz del sol cayendo por la ventana de la cocina y calentando mi cara; sin pensar, sin moverme, sin preocuparme por las tareas o discutir con James o tratar de controlar y entretener a Emmett y Alice.

Simplemente ser.

Siento como si pudiera quedarme aquí para siempre, en la tarde soleada y vacía, colgando de lado en una silla de madera, con mis brazos cruzados contra la suave curva del respaldar, viendo los rayos de sol bailar entre las hojas, y las ramas mirando por la ventana, creando sombras balanceándose en el suelo de baldosas. El sonido del silencio llena el aire como un olor hermoso: no hay voces elevándose, ni portazos, ni pies pisoteando fuerte, no hay música ensordecedora o balbuceo de dibujos animados. Cierro los ojos, el sol caliente acariciando mi rostro y cuello, llenando mis párpados con una neblina de color rosa brillante, y apoyo la cabeza en mis brazos cruzados.

Debo de haberme quedado dormida, porque el tiempo de repente parece haber saltado hacia delante y me encuentro sentada bajo un rayo de luz blanco y brillante, haciendo una mueca y masajeándome un calambre en el cuello y brazos. Me estiro y me pongo de pie con rigidez, moviéndome hacia la cafetera y llenándola. Salgo hacia el pasillo con dos tazas humeantes y me dirijo a la escalera, oigo el crujir de papel detrás de mí y volteo. Edward se ha instalado en la sala, con carpetas archivadoras, libros de texto y muchas notas distribuidas en la mesa de café y en la alfombra alrededor de él mientras está sentado en el piso contra el borde del sofá, una pierna estirada debajo de la mesa, la otra dispuesta para mantener abierto un mamotreto. Se ve mucho mejor, mucho más relajado en sus vaqueros favoritos y su camiseta verde, descalzo, con el pelo todavía mojado por la ducha.

— ¡Gracias! —exclama, deslizando el libro de texto de su regazo, aceptando la taza que le tiendo. Se inclina hacia atrás en el sofá, sopla el café cuando me siento en la alfombra de la pared opuesta, bostezando y frotándose los ojos— Nunca he visto a nadie dormir con la cabeza colgada del respaldo de una silla de madera antes, ¿el sofá no fue lo suficientemente cómodo par ti? —su cara se ilumina con una sonrisa rara— Así que dime, ¿cómo diablos te deshiciste de todos ellos?

Le cuento de mi sugerencia acerca del parque de atracciones y mi mentira sobre cuidar niños.

— ¿Y te las arreglaste para convencer a James que los acompañara en este día en familia?

—Le dije que había juegos de arcade en la feria.

— ¿Y hay?

—No tengo ni idea.

Los dos nos reímos. Sin embargo, la diversión de Edward desaparece rápidamente..

— ¿James parecía...? ¿Estaba...?

—Absolutamente bien. En forma verdaderamente antagónica.

Edward asiente, pero sus ojos permaneces preocupados.

—Honestamente, Edward, él está bien. ¿Cómo va la revisión? —pregunto rápidamente.

Empujando el gran libro de texto lejos de él con disgusto, emite un suspiro entrecortado.

—No entiendo estas cosas. Y si la señora Mallory lo entendiera, al menos no tendría que estar enseñándome a mí mismo con algún libro de la biblioteca.

Gimo interiormente. Tenía la esperanza de que saliéramos e hiciéramos algo por la tarde, dar un largo paseo por el parque o tomar un chocolate caliente en "Joe's" o ir solos a cine, pero los exámenes de simulacro de Edward son en sólo tres meses, y tratar de estudiar en vacaciones de Navidad con los niños en casa todo el día, será una pesadilla. No puedo decir que esté particularmente preocupada acerca de mis AS12 (2) ya que, a diferencia de Edward, sólo estoy apuntando los temas que encuentro más fáciles. Mi extraño hermano, por otra parte, ha decidido, por razones sólo conocidas por él, tomar las dos materias más complicadas, matemáticas y física, así como inglés e historia, las de los dos grandes ensayos. Mi simpatía es limitada: justo como nuestro querido ex-padre, es un académico natural.

Sorbiendo su café distraídamente, toma su lápiz de nuevo y comienza a esbozar algunos diagramas complejos en el trozo de papel más cercano, etiquetando diferentes formas y símbolos con códigos ilegibles. Cerrando los ojos por un momento, toma el trozo de papel y lo compara con el diagrama del libro. Arruga la hoja, la tira a través del cuarto hecho un asco y empieza a morder su labio.

—Tal vez necesitas un descanso —le sugiero, levantando la vista del periódico extendido a mi lado.

— ¿Por qué demonios no puedo entender esto?

Me mira suplicante, como si estuviera esperando que mágicamente invocara la respuesta. Miro su rostro pálido, las sombras bajo los ojos y pienso: Porque estás exhausto.

— ¿Quieres que te pregunte?

—Sí, genial. Sólo dame un minuto.

Mientras regresa a su libro de texto y sus diagramas y garabatos, sus ojos se estrechan concentrándose y continúa mordiéndose los labios. Doy golpecitos ociosamente a través del periódico, mi mente revoloteando brevemente a la tarea francesa enterrada en el fondo de mi bolso, antes de decidir que puede esperar. Llego a la sección de deportes sin encontrar un solo artículo de interés y, repentinamente aburrida, me echo sobre mi estómago y saco uno de los archivos de Edward de la mesa de café. Lo hojeo, miro con envidia las páginas y páginas de ensayos, siempre acompañados por marcas y exclamaciones de alabanza. Nada más que A y estrellas de A. Me pregunto si el año que viene podría pasar algunos de los trabajos de Edward como míos. Pensarían que me convertí en una genio de la noche a la mañana. Un trozo reciente de escritura creativa me hace hacer una pausa: un ensayo, escrito hace menos de una semana, su habitual lista de superlativos a los márgenes. Pero es el comentario de la profesora al final es lo que me llama la atención:

Una representación extremadamente evocativa y poderosa de los conflictos de un hombre joven, Edward.

Esta es una historia maravillosamente creada sobre el sufrimiento y la psique humana.

Por debajo de esta alabanza, en letras grandes, la profesora ha añadido:

Por favor, por lo menos considera leer esto en clase.

Sería realmente inspirador para los demás y sería una buena práctica para ti antes de tu presentación.

Llena de curiosidad, vuelvo a través de las páginas y comienzo a leer el ensayo de Edward. Es acerca de un hombre joven, estudiante de pregrado, que vuelve a la universidad en las vacaciones de verano para saber si tiene su título. Uniéndose a la multitud que llenan los tableros, el hombre descubre para su sorpresa, que ha recibido el primero, el único en su departamento. Pero en lugar de alegría, sólo siente una sensación de vacío, y mientra se aleja de los grupos de estudiantes abrazando a sus amigos afligidos o para celebrar con los demás, nadie parece reparar en él, ni siquiera miran en su dirección. No recibe ni una sola palabra de felicitación.

Lo primero que pienso es que esto era una especie de historia de fantasmas, que este chico, en algún punto entre los finales y cuando ve sus resultados, ha muerto en un accidente o algo así, pero un saludo al final de uno de sus profesores que logra pronunciar mal su nombre, demuestra que estoy equivocada. El tipo está muy vivo. Sin embargo, cuando le da la espalda al departamento y cruza el patio, mira los altos edificios que lo rodean, tratando de determinar cuál le garantiza una caída fatal.

La historia termina y yo levanto la cabeza de la página, atónita y conmovida, impresionada por la fuerza de la prosa, y de repente, al borde del llanto. Miro a Edward, que tamborilea con los dedos sobre la alfombra, los ojos cerrados, cantando alguna fórmula física en voz baja. Intento imaginarlo escribiendo esta pieza trágicamente conmovedora, y fallo. ¿Quién podría inventar una historia así? ¿Quién sería capaz de escribir sobre algo como esto tan claramente, a menos que hubiera experimentado tanto dolor, tanta desesperación, tal enajenamiento por sí mismo...?

Edward abre los ojos y me mira.

—La fuerza por unidad de longitud entre las largas rectas paralelas y conductores portadores de corriente: F es igual a mu a la potencia de cero, ápice del poder de uno, ápice de la potencia de dos en dos pi r... ¡Oh por el amor de Dios, que sea correcto!

—Tu historia es increíble.

Él parpadea hacia mí.

— ¿Qué?

—El ensayo de inglés que escribiste la semana pasada —miro las páginas en mi mano—. Altos edificios.

Los ojos de Edward se afilan de repente y lo veo tensarse.

— ¿Qué estás haciendo?

—Estaba hojeando tu archivo de inglés y me encontré con esto — respondo mientras lo sostengo en el aire.

— ¿Lo leíste?

—Sí, es malditamente bueno.

Aparta la mirada, pareciendo muy incómodo.

—Sólo tomé algo que vi en la televisión. ¿Podrías preguntarme ahora?

—Espera... —me niego a dejar que haga esto a un lado tan fácilmente— ¿Por qué escribiste esto? ¿De quién trata la historia?

—De nadie, es sólo una historia, ¿está bien? —dice, y suena enojado de repente, sus ojos se alejan de los míos. El ensayo aún está en mi mano, no me muevo, dándole una mirada larga y dura— ¿Crees que se trata de mí? No se trata de mí —su voz se eleva a la defensiva.

—Ok, Edward. Está bien.

Me doy cuenta de que no tengo más remedio que dar marcha atrás. Él se muerde el labio con dureza, consciente de que no estoy convencida.

—Bueno, ya sabes, a veces tomas cosas de tu propia vida, las cambias, exageras las partes —admite, dándose la vuelta.

Tomo una profunda respiración.

— ¿Alguna vez...? ¿A veces te sientes así?

Me preparo para otra reacción airada, pero en cambio, sólo mira fijamente la pared opuesta.

—Creo, creo que tal vez todos se sienten así... de vez en cuando.

Comprendo que esto es lo más cercano que voy a llegar a un reconocimiento y sus palabras hacen que me duela la garganta.

—Pero tú sabes... sabes que jamás te encontrarás solo como el hm¿ombre de tu historia, ¿verdad? —digo apresuradamente.

—Sí, sí, por supuesto.

Se encoge de hombros rápidamente.

—Porque, Edward, siempre tendrás alguien que te ama, sólo a ti, más que a nadie en el mundo.

Estamos en silencio por un momento y Edward vuelve a sus fórmulas, pero el color sigue siendo brillante en sus mejillas y puedo decir que en realidad no está comprendiendo nada. Vuelvo a mirar el mensaje de la profesora escrito al final.

—Así que, hey...¿Has leído esto en la clase? —pregunto intensamente.

Alza la mirada hacia mí con un suspiro entrecortado.

—Bella, sabes que soy una mierda en ese tipo de cosas.

— ¡Pero esto es tan bueno!

Él hace una mueca.

—Gracias, pero aun si eso fuera cierto, no habría ninguna diferencia.

—Oh, Ed...

Atrayendo sus rodillas, se recuesta en el sofá, volviendo la cabeza para mirar por la ventana.

—Pronto tengo que dar esta maldita presentación —dice en voz baja—. No sé, realmente no sé qué diablos hacer.

Parece estar pidiéndome ayuda.

— ¿Le preguntaste si podías entregarlo como un trabajo escrito?

—Sí, pero es esa loca Esme. Te lo digo, está obsesionada conmigo.

—De los comentarios y las calificaciones que te ha estado dando, es claro que piensa muy bien de ti —señalo suavemente.

—No es eso. Ella quiere... me quiere convertir en una especie de orador.

Se ríe forzadamente.

—Tal vez sea hora de que te permitas convertirte —le sugiero tentativamente—, sólo un poco. Lo suficiente como para darte una oportunidad.

Un largo silencio.

—Bella, sé que no puedo —se vuelve de pronto, mirando por la ventana a dos niños en bicicleta haciendo acrobacias en la calle—. Se, se siente como si la gente me estuviera quemando con la mirada, como si no hubiera aire en mi cuerpo. Tiemblo estúpidamente, mi corazón late con fuerza y las palabras sólo... simplemente desaparecen. Mi mente se pone totalmente en blanco y ni siquiera puedo distinguir las letras en la página. No puedo hablar lo suficientemente alto como para que la gente me escuche, y sé que todo el mundo está esperando, esperando a que me desmorone para que se puedan reír. Todos saben, todos ellos saben que no puedo hacerlo —se interrumpe, la risa se ha ido de sus ojos, su respiración es superficial y rápida, como si fuera consciente de que ya ha dicho demasiado. Su pulgar frota adelante y atrás sobre la llaga en su labio—. Jesús, sé que no es normal, sé que es algo que tengo que resolver y... y estoy seguro de que lo haré. Tengo que hacerlo. ¿Cómo conseguiré un trabajo, si no? Voy a encontrar un camino. No siempre voy a ser así.

Toma una respiración profunda, tirando de su cabello.

—Por supuesto que no —lo tranquilizo rápidamente—. Una vez que estés libre de Belmont, de toda la escuela y su estúpido sistema...

—Pero todavía tendré que encontrar una manera de pasar a través de la universidad; y el trabajo, después de eso... —su voz tiembla y de repente veo la desesperación en sus ojos.

— ¿Has hablado con la profesora de inglés al respecto? —pregunto— Ella no suena tan mal, ya sabes. Tal vez podría ayudar, darte algunos consejos. Mejor que la inútil consejera que te obligó a... ¡la que te impulsó a hacer ejercicios de respiración y te preguntó si fuiste amamantado cuando bebé!

Él comienza a reírse antes que yo.

—Oh Dios, casi me había olvidado de ella, ¡de verdad era una chiflada! —se pone serio de repente— Pero la cosa es... la cosa en que no puedo... realmente no puedo.

—Sigues diciéndolo —señalo suavemente—, pero te subestimas enormemente, Ed. Sé que puedes leer algo en clase. Tal vez no comenzar con una presentación completa, pero tal vez podrías leer uno de tus ensayos. Algo más corto, un poco menos personal. Ya sabes, es como con cualquier cosa: una vez que das el primer paso, el siguiente es mucho más fácil —me interrumpo con una sonrisa—. ¿Sabes quién fue el primero que me dijo eso?

Sacude la cabeza y rueda los ojos.

—No tengo idea. ¿Martin Luther King?

—Tú, Ed. Cuando estabas tratando de enseñarme a nadar.

Él sonríe brevemente haciendo memoria, luego exhala lentamente.

—Está bien. Tal vez podría probar... —me dispara una sonrisa burlona— La sabia Bella ha hablado.

— ¡Por supuesto! —de repente salto sobre mis pies, decidiendo que nuestro raro día libre pide un poco de diversión— ¡Y a cambio de toda esta sabiduría, quiero que hagas algo por mí!

—Oh, oh.

Enciendo la radio, sintonizando la primera estación pop que encuentro. Me vuelvo hacia Edward y extiendo los brazos. Él se queja, dejando caer la cabeza contra los cojines.

—Oh, Bella, por favor, ¡estás bromeando!

— ¿Cómo voy a practicar sin un compañero? —protesto.

— ¡Pensé que habías dejado de bailar salsa!

—Sólo porque el club se mudó a la hora de comer después de la escuela. De todos modos, he aprendido un montón de pasos nuevos con Jessica —empujo la mesa de café fuera del camino, amontono los papeles y los libros, y me agacho para agarrarlo de la mano—. ¡De pie, compañero!

Obedece haciendo un show dramático de renuencia, murmurando enfadado por su tarea inconclusa.

—Le restaurará el flujo sanguíneo a tu cerebro —le digo.

Tratando de no verse avergonzado y decaído, Edward se queda de pie en el centro de la habitación con las manos en los bolsillos. Subo el volumen un par de decibeles, poniendo una mano en la suya y la otra en su hombro.

Comenzamos con unos pocos pasos.

A pesar de que constantemente mira sus pies, no es un mal bailarín. Tiene buen sentido del ritmo y aprende nuevos movimientos mucho más rápido que yo. Le muestro los nuevos pasos que Jessica me enseñó. Una vez que los tiene, estamos moviéndonos. Pisa mis dedos algunas veces, pero como estamos los dos descalzos sólo nos hace reír. Después de un rato me pongo a improvisar. Edward me da vueltas alrededor y casi me manda a la pared. Encontrándolo muy divertido, trata de hacerlo una y otra vez. El sol está en su cara, un remolino de partículas de polvo a su alrededor en la luz dorada de la tarde. Relajado y feliz, de repente, por un breve momento, parece en paz con el mundo.

Pronto estamos sin aliento, sudorosos y riéndonos. Después de un tiempo el estilo de música cambia, un cantante melódico con un ritmo lento, pero no importa porque estoy demasiado mareada de dar vueltas y reír, como para continuar.

Engancho mis brazos alrededor del cuello de Edward y colapso contra él. Me doy cuenta del cabello húmedo pegado a su cuello y aspiro el olor a sudor fresco. Espero que se aleje y vuelva a su tarea de física, ahora que nuestro momento de estupidez ha terminado, pero para mi sorpresa, él sólo pone sus brazos a mi alrededor y me balancea de lado a lado. Pegada a él, puedo sentir el golpeteo de su corazón contra el mío, sus costillas se expanden y contraen con rapidez contra mi pecho, el susurro de su aliento cálido cosquillea al lado de mi cuello, el roce de su pierna contra mi muslo. Descansando los brazos sobre sus hombros, me tiro un poco hacia atrás para echar un vistazo a su rostro. Pero ya no sonríe.


(1) Máquinas recreativas de videojuegos disponibles en lugares públicos de diversión, centros comerciales, restaurantes, bares, o salones recreativos especializados.

(2) 12 Advanced Level (A-level), es el nombre de un grupo de títulos de carácter optativo que pasan los estudiantes en Inglaterra, País de Gales e Irlanda del Norte al final de los dos últimos años de la enseñanza secundaria.

Adelanto: Capítulo 9.

Simplemente, estando aquí de pie, moviéndonos suavemente de lado a lado, comprendo que no quiero que este momento termine. Me encuentro maravillado de cuán bonita es (...)

¡Y llegó! El inicio de lo que ya sabemos es aquí, aquí comienzan a descubrir su amor... o algo así. Tal vez todavía no ven la situación en todo su esplendor, pero ya pronto lo harán.

Ah, lo publiqué hoy porque probablemente mañana no tendré tiempo ni para respirar y en general estas tres semanas van a estar del asco, finales de semestre en la universidad :S

Bueno, ¡hasta la próxima, personas!

Camila.