Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a la bella Stephenie Meyer. La historia tampoco es mía, es una adaptación de la fabulosa obra de Tabitha Suzuma.
Advertencia: La historia trata con el incesto, así que si a usted no le simpatizan estos temas, absténgase de leer.
"En la venganza, como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre." Friedrich Nietzsche.
Capítulo X
Bella's POV
— ¡Oh Dios mío, oh Dios mío, nunca imaginarás lo que pasó esta mañana!
Los gritos de Jessica están ardiendo con entusiasmo, las esquinas de sus labios rojo-cereza se levantan para formar una sonrisa.
Dejo caer mi bolso al piso y colapso en el asiento a su lado, mi cabeza todavía haciendo eco a los gritos de Emmett cuando tuvo que ser arrastrado a la escuela esta mañana, después de una furiosa pelea con James por un Transformer de plástico en la parte inferior de una caja de cereales. Cierro los ojos.
—Jacob Black estaba hablando con Sam y...
Abro mis ojos con esfuerzo y la interrumpo.
—Pensé que tenías una cita con Michael Newton.
—Bella, puede que haya decidido darle una oportunidad a Mike mientras espero que tu hermano entre en sus sentidos, pero esto no tiene nada que ver con eso. Jacob estaba hablando con Sam esta mañana, y adivina lo que dijo... ¡adivina!
Su voz aguijoneando con entusiasmo y el Sr. Berty deja de hacer chirriar su pluma contra el pizarrón blanco por un momento para girarse y darnos un suspiro resignado.
—Chicas, si pudieran por lo menos fingir que están prestando atención.
Jessica le muestra su sonrisa dentuda y después se vuelve a girar en su asiento para mirarme de frente.
— ¡Adivina!
—No tengo idea. ¿Su ego se hizo tan grande que explotó y ahora necesita cirugía?
— ¡Noooo! —exclama y hace sonar sus zapatos no reglamentarios para la escuela contra el linóleo, zapateando con entusiasmo.— ¡Lo escuché diciéndole a Sam Uley que iba a invitarte a salir después de la escuela!
Abre tanto la boca que puedo distinguir sus amígdalas.
La miro aturdida.
— ¿Bueno? —pregunta y me sacude brutalmente por el brazo.— ¿Esto no es enorme? Todas han estado detrás de él desde que rompió con Leah la Anoréxica, ¡y va y te elige a ti! ¡Y tú eres la única chica en la escuela que no usa maquillaje!
—Estoy tan alagada.
Jessica tira hacia atrás su cabeza dramáticamente y gime.
— ¡Argggh! ¿Cuál es tu problema estos días? ¡A inicio de año me dijiste que él era el único chico en Belmont con el que considerarías besuquearte!
Lanzo un suspiro.
—Sí, sí. Así que es atractivo. Pero él sabe eso. Podría haber fantaseado con él como todo el mundo, pero nunca dije que quería salir con él.
Jessica sacude la cabeza en desacuerdo.
— ¿Sabes cuántas chicas matarían por una cita con Jacob? Creo que hasta hubiera puesto a Edward en espera por una oportunidad de besar al Señor Músculos.
—Oh, Dios, Jessica. Entonces tú sal con él.
— ¡Fui a averiguar si era en serio y él me preguntó si creía que estarías interesada! ¡Así que, por supuesto, dije que sí!
— ¡Jessica! Dile que lo olvide. Díselo en el descanso de la mañana.
— ¿Por qué?
— ¡No estoy interesada!
—Bella, ¿te das cuenta de lo que estás haciendo aquí? Quiero decir, ¡puede que no te dé una segunda oportunidad!
...
Me arrastro por el resto del día. Jessica no me habla porque la acusé de ser una vaca entrometida cuando se rehusó a volver y decirle a Jacob que no estaba interesada. Pero, honestamente, no me importa si no vuelve a hablarme otra vez.
Un frío bloque de depresión comprime mi pecho, dificultándome respirar. Mis ojos duelen con lágrimas reprimidas. A media tarde incluso Jessica está preocupada, rompiendo su voto de silencio y ofreciéndose a acompañarme hasta la enfermería. ¿Qué podría ofrecerme la enfermera de la escuela? Me pregunto. ¿Una pastilla para hacer desaparecer la soledad? ¿Una tableta que pueda hacer que Edward me hable otra vez? O, quizás, una cápsula para volver el tiempo, rebobinando los días para poder alejarme de Edward cuando terminamos de bailar salsa, en lugar de permanecer en sus brazos, moviéndonos al gentil compás de Katie Melua. ¿Está enojado conmigo porque piensa que lo planeé de algún modo? ¿Que la salsa fue sólo una estrategia para hacer que bailara un lento conmigo, nuestros cuerpos presionándose el uno contra el otro, su calor penetrando el mío? No era mi intención acariciar la parte trasera de su cuello, simplemente pasó. Mi muslo rozando contra el interior del suyo fue sólo un accidente. Nunca quise que nada de eso pasara. No tenía idea de que algo como un baile lento podía excitar a un chico. Pero cuando lo sentí, presionando contra mi cadera, cuando de repente me di cuenta de lo que era, sentí esta loca fiebre. No quería dejar de bailar. No me alejé.
No puedo soportar pensar que podría haber perdido nuestra cercanía, nuestra amistad, nuestra confianza. Él siempre ha sido mucho más que sólo un hermano. Es mi alma gemela, mi aire fresco, la razón por la que espero levantarme cada mañana. Siempre supe que lo amaba mucho más que a nadie en el mundo, y no sólo de una manera fraternal, de la forma en la que me siento acerca de James y Emmett. Sin embargo, de alguna manera, nunca cruzó por mi mente que podría haber un paso más allá...Pero sé que es ridículo, demasiado estúpido como para siquiera pensar en eso. Nosotros no somos así. No estamos enfermos. Sólo somos un hermano y hermana que también resultan ser mejores amigos. Esa es la manera en que siempre ha sido entre nosotros. No puedo perder eso o no sobreviviré.
...
Al final del día Jessica me está molestando con Jacob Black otra vez. Parece que piensa que estoy deprimida y que tener un novio, especialmente uno de los más guapos de la escuela, me ayudará a salir de mi estado de depresión. Quizás tiene razón. Quizás necesito una distracción. ¿Y qué mejor manera de mostrarle a Edward que lo que pasó el otro día fue sólo un accidente que un poco de diversión? Si tengo novio entonces él se dará cuenta de que nada de esa cosas significan algo. Y Jacob es lindo. Su pelo es tan negro como el de Alice. Sus ojos son oscuros y tienen un brillo similar al de los ojos de Edward. Aunque Jessica está muy equivocada cuando afirma que Edward y Jacob están en la misma liga. De ninguna manera. Edward es ferozmente brillante, emocionalmente inteligente, el más amable, la persona más considerada que conozco. Edward tiene alma. Jacob puede tener la misma edad pero sólo es un niño en comparación, un niño rico y mimado, expulsado de su lujosa escuela privada por fumar marihuana, una cara bonita con un pavoneo arrogante, un encanto tan cuidadosamente elaborado como su ropa y sus músculos. Pero sí, supongo que la idea de salir con él, besarlo incluso, no es totalmente repulsiva.
Después de la última campanada, mientras estamos cruzando el patio hacia las puertas, lo veo dirigiéndose hacia nosotras. Ha estado esperando, eso está claro. Jessica da un grito medio estrangulado y me codea en las costillas tan fuerte que estoy sin aliento por un momento, antes de alejarse. Jacob está viniendo directamente hacia mí. Como si fuéramos atraídos el uno al otro por una cuerda invisible, caminamos y caminamos. Se ha quitado la corbata, incluso cuando eso es suficiente para ganarse una detención de este lado de la salida del colegio.
—Bella, ¡hola! —dice. Su sonrisa se agranda. Es muy suave, muy confiado, ha estado haciendo esto durante años. Se detiene cerca de mí, demasiado cerca, y tengo que dar un paso atrás.— ¿Cómo te va? ¡No he tenido la oportunidad de hablar contigo en años!
Está actuando como un viejo amigo, a pesar del hecho de que apenas hemos intercambiado más que unas palabras hasta ahora. Me obligo a encontrar su mirada y sonreír. Estaba equivocada: El brillo de sus ojos no se parece en nada al de los de Edward, los de Edward son más inocentes, más alegres, estos, en cambio, son retadores. No sé por qué alguna vez vi alguna similitud.
— ¿Estás apurada —pregunta—, o tienes tiempo para una bebida en Smileys?
Jesús, no pierde nada de tiempo.
—Tengo que ir a recoger a mis hermanitos —respondo con la verdad.
—Escucha, voy a ser directo —afirma y pone la mochila entre sus pies como para indicar que esta se ha convertido en una verdadera conversación, y aleja el cabello de sus ojos—. Eres una chica genial, ya sabes. Siempre sentí, ya sabes, algo por ti. No pensé que fuera recíproco así que no he dicho nada al respecto hasta ahora. Pero diablos, ya sabes, carpe diem (1) y todo eso. —¿Piensa que me va a impresionar con su dominio del latín?— Siempre te he considerado una buena amiga, pero, ¿sabes qué? Pienso que podría ser incluso más fuerte que eso, ya sabes. Todo lo que estoy diciendo es, quizá podríamos llegar a conocernos un poco mejor, ¿sabes? —Si dice ya sabes una vez más, juro que voy a gritar.— Estaría muy honrado si me dejaras llevarte a cenar una noche. ¿Existe la remota posibilidad de que consiga que aceptes?
Me muestra sus dientes otra vez en lo que casi podría pasar por una sonrisa triste. Oh, es bueno en esto, está bien. Finjo considerarlo por un momento. Su sonrisa no decae. Estoy impresionada.
—Está bien, supongo...
Su sonrisa de agranda.
—Eso es grandioso, realmente grandioso. ¿Qué te parece el viernes?
—El viernes está bien.
—Genial. ¿Qué tipo de comida te gusta? ¿Japonesa, tailandesa, mexicana, libanesa?
—Pizza está bien para mí.
Sus ojos se iluminan.
—Conozco este gran restaurante... sirven la mejor comida italiana de por aquí. Te pasaré a buscar en coche a, digamos, ¿las siete?
Estoy a punto de protestar y decir que sería más fácil encontrarnos allí, cuando me doy cuenta de que el que venga a casa no podría ser algo malo.
—Muy bien. Viernes a las siete en punto.
Sonrío otra vez. Mis mejillas están empezando a doler.
Él ladea la cabeza y levanta las cejas.
— ¡Tendrás que darme tu dirección!
Él consigue una pluma mientras rebusco entre mis bolsillos y encuentro un recibo arrugado. Escribo mi dirección y número y se lo entrego. Cuando hago eso, sostiene mis dedos por un momento y muestra otra de sus sonrisas de alto voltaje.
—Espero con ansias.
Estoy empezando a pensar que esto podría ser un poco divertido, incluso si es sólo para reírme él al día siguiente con Jessica. Logro una sonrisa genuina esta vez y digo:
—Sí, yo también.
...
Jessica salta de atrás de la cabina telefónica al final de la calle.
— ¡Oh Dios mío, oh Dios mío, cuéntame todo!
Me estremezco y llevo mi mano a mi oído.
—Arrrgh, Jesús. Anda, trata de darme un infarto, ¿por qué no?
— ¡Estás sonrojada! Oh Dios mío, dijiste que sí, ¿no es así?
Relato la conversación brevemente. Jessica me agarra por los hombros, me sacude bruscamente y empieza a chillar. Una mujer mira alrededor con alarma.
—Cálmate. —me río—. Jessica, ¡él es un completo idiota!
— ¿Y? ¡Dime que no te gusta!
—Ok, tal vez lo encuentro ligeramente atractivo...
— ¡Lo sabía! ¡Te estabas quejando sólo hace una semana de que nunca habías besado a un chico! A partir del viernes, serás capaz de tachar eso de tu lista.
—Tal vez...Escucha, tengo que correr. Llego tarde para recoger a Alice y Emmett.
Jessica me sonríe cuando empiezo a alejarme.
—Vas a contarme todo, Bella Mason. Cada pequeño detalle. ¡Me debes eso aunque sea!
...
Tengo que confesar que la perspectiva de una cita con Jacob me hace sentir ligeramente mejor. Ligeramente menos anormal, por lo menos, y eso es bastante.
Esa noche, cuando me siento en la mesa de la cocina para ayudar a Emmett y a Alice con sus tareas, mi mente sigue volviendo al coqueteo, la forma en la que él me sonrió. No es mucho, no lo suficiente para llenar el gran vacío dentro de mí, pero es algo. Siempre es bueno ser elegido, siempre es bueno ser querido; incluso si es por la persona equivocada.
Sin querer se lo dije a Emmett y a Alice. Llegué diez minutos tarde a buscarlos, y cuando Emmett demandó saber por qué, en mi estupidez, todavía un poco aturdida, le dije que estaba hablando con un chico de la escuela. Pensé que se terminaría ahí, pero olvidé que Emmett tiene casi nueve años. "¡Bella tiene novio, novio, novio, novio!" Cantó todo el camino a casa. Alice se veía preocupada.
— ¿Eso significa que te irás lejos y te casarás?
—No, claro que no. —Me reí, tratando de tranquilizarla—. Sólo significa que tengo un amigo que es un chico y tal vez vaya a verlo de vez en cuando.
— ¿Como mamá y Marco?
— ¡No! Nada parecido a mamá y Marco. Probablemente sólo saldré con él una o dos veces. Y si realmente salgo con él más que eso, todavía será casi nunca. Y por supuesto será sólo cuando Ed esté en casa para cuidar de ti.
— ¡Bella tiene novio! —anuncia Emmett cuando James cierra la puerta y ejecuta un viaje relámpago a la cocina, cazando bocadillos.
—Genial. Espero que ambos tengan montones de bebés y sean muy felices juntos.
...
A la hora de la cena, Emmett tiene otras cosas en su mente, es decir, el partido de fútbol que sus amigos están jugando ruidosa e inútilmente justo fuera de la casa cuando él está atrapado adentro, simultáneamente siendo forzado a comer habichuelas y siendo interrogado por Edward sobre las tablas de multiplicar. Alice está estudiando "materiales" en la escuela y quiere saber de qué está hecho todo: los platos, los cubiertos, la jarra de agua. James, aburrido, se encuentra en uno de sus estados de ánimos más peligrosos, tratando de molestar a todos así puede sentarse en el ojo de la tormenta y reírse del caos que creó a su alrededor.
— ¿Siete por cuatro? —Edward levanta el tenedor de Emmett y clava dos habichuelas antes de devolvérselo. Emmett las mira y hace una mueca.— Vamos, siete por cuatro. Tienes que ser más rápido que eso.
— ¡Estoy pensando!
—Hazlo como te dije. Rebusca en tu cabeza. Siete por uno es siete, ¿siete por dos es...?
—Treinta y tres —interrumpe James.
— ¿Treinta y tres? —dice Emmett con optimismo.
—Em, tienes que pensar por ti mismo.
— ¿Por qué pusiste dos habichuelas en el tenedor? ¡Hará que me ahogue! ¡Odio las habichuelas! —exclama Emmett con enojo.
— ¿De qué están hechas las habichuelas? —pregunta Alice.
—Caca de serpiente —le informa James.
Alice deja caer su tenedor y mira hacia su plato con horror.
—Siete por una es siete —continúa Edward tercamente—. ¿Siete por dos es...?
—Ed, ¡tampoco me gustan las habichuelas! —protesta Alice.
Por primera vez en mi vida, no tengo la menor intención de ayudar. Edward me ha dicho exactamente cuatro palabras desde que llegó a casa hace dos horas: ¿Han hecho sus deberes?
—Emmett, ¡tienes que saber cuánto es siete por dos! ¡Sólo súmalos por el amor de Dios!
— ¡No puedo comer esto, me diste demasiado!
—Hey —James ladea su cabeza—, ¿escuchas esos gritos, Em? Suena como si Jazz hubiera acabado de anotar otro gol.
— ¡Es mi pelota con la que están jugando!
—James, simplemente déjalo tranquilo, ¿podrías? —suelta Edward.
—He terminado —dice Alice. Aleja su plato tan lejos como puede, golpeando el vaso de James en el proceso.
— ¡Alice, mira lo que estás haciendo! —grita James.
— ¿Cómo es que ella puede dejar todas sus habichuelas? —Emmett empieza a gritar.
—Alice, ¡sólo come tus habichuelas! Emmett, ¡si no sabes cuánto es siete por cuatro, vas a reprobar tu examen de mañana!
Edward está perdiendo la tranquilidad. Me da un tipo de placer perverso.
—Bella, ¿tengo que comer mis habichuelas? —me pregunta Alice con voz lastimera.
—Pregúntale a Edward, él es el cocinero.
—Creo que estás usando la palabra cocinero muy libremente allí —remarca James, riendo consigo mismo.
—El jefe, entonces —reemplazo.
—Sí, ¡esa es!
Edward me manda una mirada que dice: ¿Qué te he hecho? Otra vez, soy consciente de una sensación fugaz de satisfacción.
— ¡Alice, mierda, limpia este desastre! ¡Tiraste agua por toda la mesa! —exclama James.
— ¡No puedo!
— ¡Deja de ser una bebé y consigue una esponja!
—Edward, James dijo la palabra con M.
— ¡No voy a seguir comiendo! —ruge Emmett— ¡Y no voy a seguir con las tablas, tampoco!
— ¿Quieres reprobar tu examen de matemáticas? —grita Edward.
— ¡No me importa, no me importa, no me importa!
—Ed, ¡James dijo la palabra con M! —gime Alice, ahora enojada.
—Mierda, mierda, mierda —canta James.
— ¡Podrían callarse todos! ¡Diablos, cuál es su problema! —grita Edward enojado, mientras golpea su puño contra la mesa.
Emmett, aprovechando esta distracción, se levanta, agarra sus guantes de fútbol y corre fuera de la casa. Alice estalla en un llanto ruidoso, se desliza de su silla y sube pisando muy fuerte hacia su habitación. James vuelca tres platos de habichuelas sin comer de vuelta en la cacerola y dice:
—Mira, puedes alimentarnos con la misma mierda mañana.
Con un gemido, Edward pone la cabeza entre sus manos.
De repente, me siento horrible. No sé qué estaba tratando de probar. Que Edward me necesita, ¿quizás? O, ¿era yo tratando de tener mi propia venganza por su tratamiento de silencio? De cualquier forma, me siento fatal. No me habría costado nada meterme y calmar la situación. Lo hago todo el tiempo, sin siquiera tener que pensarlo. Podría haber prevenido que los niveles de estrés de Edward llegaran al techo, detenerlo de sentirse como un fracaso porque otra comida familiar terminó en caos. Pero no lo hice. Y lo peor de todo es que, en verdad, disfruté ver como todo se derrumbaba.
Viéndose exhausto, Edward se frota los ojos con una tensa sonrisa. Echándole un vistazo a todos los restos de la comida, intenta hacer una broma.
—Bella, ¿más habichuelas? ¡No seas tímida!
Él tiene todo el derecho a estar enojado con todos nosotros, pero en su lugar, es tan compasivo que me duele. Quiero decir algo, hacer algo para retroceder todo, pero no puedo pensar en nada. Mordiendo su labio, Edward se levanta y empieza a limpiar, y de repente me doy cuenta de que últimamente la herida se ha agrandado, que él la ha estado mordiendo más y más. Se ve tan dolorosa, tan cruda, que verlo morderla así hace que mis ojos se humedezcan. Levantándome para ayudarlo a limpiar la mesa, le recuerdo a James que es su turno de lavar las cosas y, sin pensar, toco la mano de Edward para atraer su atención... pero esta vez, para mi sorpresa, él no se aleja.
—Ouch, tu pobre labio —digo gentilmente—. Vas a empeorarlo.
—Lo siento.
Deja de morderlo y presiona la palma de la mano contra su boca tímidamente.
—Sí, Dios, esa cosa se ha puesto realmente asquerosa —dice James. Aprovecha la oportunidad de meterse, su voz alta y descarada mientras deja caer fuertemente una pila de platos en el fregadero—. Los chicos de la escuela me estaban preguntando si era algún tipo de enfermedad.
—James, eso es una tontería... —empiezo.
— ¿Qué? Sólo estoy de acuerdo contigo. Esa cosa es asquerosa, y si continúa mordiéndola, va a terminar desfigurado.
Trato de darle una de mis miradas de advertencia pero él evita cuidadosamente mis ojos, estrellando la vajilla en el fregadero. Edward apoya un hombro contra la pared, esperando a que hierva la tetera, mirando por la oscura ventana. Decido darle una mano a James con el lavado de los platos. Edward parece haberse paralizado y no quiero dejarlos solos mientras James todavía tiene el bocado entre los dientes.
—Así que finalmente te has conseguido un novio —comenta James mordazmente cuando me uno a él en el fregadero—. ¿Quién diablos es?
Siento mi interior apretarse, instintivamente mi mirada vuela hasta Edward, que deja caer la mano de su boca, sacudiendo su cabeza sorprendido.
—No es mi novio —corrijo rápidamente—, sólo... sólo es un chico cualquiera de la escuela que me invitó a salir por eh... —me interrumpo.
Edward me está mirando.
— ¿Por, eh, sexo? —sugiere James.
—No seas tan infantil. Él me invitó a salir para cenar.
—Whoa, sin la preliminar bebida en Smileys, ¿entonces? Directamente allí, ganando y cenando contigo. —James claramente está disfrutando el verme retorcerme.— ¿Qué chico en Belmont puede darse el lujo de llevar a una chica a cenar? ¡No me digas que es uno de tus profesores! —Sus ojos se iluminan con placer.
—Deja de ser ridículo. Es un chico en el año superior llamado Jacob. Ni siquiera lo conoces.
— ¿Jacob Black? —pregunta Edward. Por supuesto, él sí lo conoce. Mierda.
—Sí. —Me obligo a encontrar su mirada de asombro por encima de la cabeza de James.— Yo... él me invitó a salir el viernes. Está... puedes... ¿está bien eso?
No sé por qué, repentinamente, me resulta tan difícil hablar.
—Oh-oh, ¡deberías haber pedido permiso primero! —canta James— Tendrás que apegarte al toque de queda, recuerda. Te diré qué, te daré mi último condón...
—Oh, James, ¡es suficiente! —grito, golpeando un plato sobre el mostrador— ¡Ve y trae a Emmett adentro y después haz tu tarea!
Ahora soy yo la que está perdiendo.
— ¡Bien! ¡Perdóname por respirar!
James lanza el cepillo de lavar en el fregadero con un chapoteo y sale de la habitación.
Edward no se ha movido de su posición junto a la ventana, raspando la herida con su uña. Su cara se ve acalorada, sus ojos muy preocupados.
— ¿Jacob? ¿Lo conoces? Quiero decir, el tipo es bastante, eh... tú sabes. Como que tiene una reputación...
Mantengo mi cara inclinada, fregando los platos con dureza.
—Sí, bueno, es sólo una cita. Veremos cómo sale.
Edward da un paso hacia mí y después cambia de opinión y retrocede otra vez.
—Te... te... quiero decir, ¿te gusta?
Siento el calor precipitándose en mi cara y, de repente, estoy enojada otra vez. ¿Cómo se atreve Edward a interrogarme cuando acepté la cita por nosotros, por él?
—Sí, de hecho, sí, ¿ok? —Dejo de fregar y me obligo a encontrar sus ojos.— Él es el chico más sexy de la escuela, me ha gustado por años. No puedo esperar para salir con él.
(1) Aprovecha el momento.
Adelanto: Capítulo 11.
Lo que significa que tiene su mansión para él solo. ¿La habrá llevado allí? ¿O están en un estacionamiento de poco fiar, sus manos y sus labios encima de ella? Me empiezo a sentir enfermo.
Perdón por el retraso, en esta semana estaré un poco ausente ya que estoy en parciales finales en la universidad. Ya luego tendré un montón de tiempo para comer hasta reventar y quedarme todo el día escribiendo cosas y leyendo hasta que me sangren los ojos. Escribiré un OS para un concurso, totalmente de mi creación, espero que cuando lo lean les guste, es rarito...Y luego haré una historia larga basada en este. Tengo tantas ideas en la mente pero no las puedo sintetizar así que eso intentaré. Luego de esta adaptación, comenzaré una nueva, de un libro que amo con mi alma entera, es hermoso...
Sin más chachara que decir, hasta la próxima (lo cual será hasta dentro de una semana, más o menos), mis amores.
Camila.
