Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a la bella Stephenie Meyer. La historia tampoco es mía, es una adaptación de la fabulosa obra de Tabitha Suzuma.

Advertencia: La historia trata con el incesto, así que si a usted no le simpatizan estos temas, absténgase de leer.


"La decisión del primer beso es la más crucial en cualquier historia de amor, porque contiene dentro de sí la rendición." Emil Ludwig.

Capítulo XII

Bella's POV

Él es encantador. No sé por qué alguna vez pensé que era un estúpido arrogante. Estoy sirve para demostrar cómo la percepción de los demás puede ser errónea. Él es considerado, amable, educado; de verdad parece estar genuinamente interesado en mí. Me dice que luzco bella y luego me da una sonrisa tímida. Una vez sentados en el restaurante, traduce cada ítem del menú para mí y no se ríe ni parece sorprendido cuando le digo que nunca he probado las alcachofas. Me hace muchas preguntas, pero cuando le explico que mi situación familiar es complicada, entiende la insinuación y retrocede. Está de acuerdo en que Belmont es una mierda y admite que no puede esperar para salir. Me pregunta por Edward y dice que le gustaría conocerlo mejor. Confiesa que su padre está más interesado en su negocio que en su único hijo y le compra regalos ridículos, como el coche, para calmar su culpa por estar en el extranjero la mitad del año. Sí, él es rico y mimado, sin embargo, está tan abandonado como nosotros. Un conjunto de circunstancias completamente diferentes, el mismo triste resultado.

Hablamos durante mucho tiempo. Mientras me lleva a casa, me pregunto si va a besarme. En un momento dado, cuando los dos nos estiramos para bajar el volumen del radio, nuestras manos se tocan y la suya se queda sobre la mía por un momento. Se siente extraña, sus dedos son desconocidos.

—Puedo caminar hasta tu puerta o sería eso... ¿incómodo?

Me mira vacilante y sonríe cuando yo lo hago.

Me imagino las pequeñas caras mirando desde las ventanas de arriba y acuerdo en que probablemente sea mejor que salga sola. Afortunadamente, la oscuridad ha sobrepasado la puerta de entrada por dos casas, así que nadie de mi casa nos puede ver.

—Gracias por la cena, me lo pase muy bien —digo, y me sorprendo porque es verdad.

Él sonríe.

—Yo también. ¿Crees que tal vez podríamos hacerlo de nuevo?

—Sí, ¿por qué no?

Su sonrisa se amplia. Se inclina hacia mí.

—Buenas noches entonces.

—Buenas noches —respondo.

Vacilo con mis dedos sobre la manija de la puerta.

—Buenas noches —dice de nuevo, con una sonrisa.

Está vez me toma de la barbilla con la mano. Su rostro se acerca al mío y, de repente, la comprensión me golpea. Me agrada Jacob. De hecho, creo que es una persona bastante decente. Es guapo y me siento atraída por él. Pero no quiero besarlo. Ahora no. Ni nunca...

Vuelvo la cabeza justo cuando su rostro aterriza en mi mejilla. Cuando retrocede, parece sorprendido.

—Ok, bueno, hasta la próxima vez.

Respiro profundamente, buscando a tientas mi bolso a mis pies, agradecida por la oscuridad que oculta el rubor que se extiende por mi cara.

—Me gustas mucho como amigo, Jacob —le digo rápidamente—. Pero, lo siento, yo no creo que pueda salir contigo.

—Oh. —Suena sorprendido y un poco dolido ahora.— Bueno, mira, sólo piensa en ello, ¿vale?

—Está bien. Nos vemos el lunes.

Salgo del coche y cierro la puerta detrás de mí. Me despido, y él todavía tiene esa mirada de diversión perpleja cuando se marcha, como si pensara que estoy jugando. Me apoyo contra el grueso tronco de un árbol, mirando a través de la llovizna en cielo sin luna. Nunca me he sentido tan avergonzada en toda mi vida. ¿Por qué me pasé toda la noche engañándolo? ¿Actuando fascinada por sus historias, confiando en él? ¿Por qué acordé volver a verlo diez segundos antes de decirle que sólo podíamos ser amigos? ¿Por qué rechacé a un chico que, además de ser sexy, en realidad resultó ser agradable?

Porque estás loca, Bella.

Porque estás loca y estúpida y quieres pasar el resto de tu vida como una paria social. Porque también querías que funcionara, querías que funcionara tan desesperadamente, incluso te engañaste para creer que las cosas iban muy bien. Hasta que te diste cuenta de que la idea de besar a Jacob, o cualquier otro chico que te hubieras podido imaginar, no era lo que querías, en absoluto.

¿Qué significa esto entonces? ¿Tengo miedo? ¿Miedo a la intimidad física?

No.

Lo anhelo, sueño con eso. Pero para mí no hay nadie. Nadie. Cualquier chico, incluso imaginario, se siente como el segundo mejor. ¿El segundo mejor de qué? Ni siquiera tengo una imagen del novio perfecto. Sólo sé que debe existir. Porque tengo todos estos sentimientos de amor, deseo, ganas de ser tocada y sueños de ser besada, pero enfocados en nadie. Me dan ganas de gritar de frustración. Me hace sentir como un bicho raro. Pero peor que eso, me siento desesperadamente decepcionada. Porque toda la noche creí que Jacob era el elegido, y luego, cuando trató de besarme en el coche, me di cuenta con una estremecedora certeza de que nunca se sentiría bien.

Camino de regreso a casa. Este estúpido vestido es tan corto y pequeño que estoy empezando a congelarme. Me siento tan vacía, tan defraudada. Sin embargo, sólo me he decepcionado de mí misma. ¿Por qué no me he comportado normal, para variar? ¿Por qué no me he obligado a darle un beso? Tal vez no me habría sido tan terrible. Tal vez podría haberlo soportado...

Las luces de la sala están encendidas. Miro el reloj: diez y cuarenta y cinco. Oh, por favor, no otra discusión entre James y Edward. Abro la puerta y se pega. La pateo con los estúpidos tacones, dudo que alguna vez los use de nuevo. La casa, como una tumba gigante, no hace ningún sonido. Me saco los zapatos y ando a pasos quedos en calcetines por el pasillo para apagar la luz en la habitación principal. Todo lo que quiero hacer es ir a la cama y olvidarme de toda esta noche terrible en la que me engañé a mí misma.

Una figura sentada en el borde del sofá me hace saltar. Edward está encorvado, con la cabeza entre las manos.

—Estoy de vuelta.

Ni siquiera hay un destello de reconocimiento.

— ¿James todavía está afuera? —digo con miedo, temiendo otra escena.

—Llegó hace unos veinte minutos —susurra, sin levantar la mirada.

—Tuve una gran noche, por cierto.

Mi tono es cáustico. Pero si siente lástima de sí mismo sólo porque tuvo que acostar a los niños por su cuenta, por una vez, me niego a darle la satisfacción de que sepa que mi noche fue una mierda también.

— ¿Sólo fuiste a cenar? —pregunta de pronto, levantando la cabeza con una mirada penetrante.

Consciente de mí misma bajo el repentino escrutinio, me doy cuenta de que mi peinado se está cayendo, que cuelgan mechones sueltos sobre mi rostro húmedo por haber estado afuera en la llovizna.

—Sí... —contesto lentamente—, ¿por qué?

—Saliste a las siete, son casi las once .

No puedo creer que es Edward el que me está hablando.

— ¿Me estás diciendo que tengo que estar en casa a una hora determinada?

Mi voz se eleva con indignación.

—Por supuesto que no —estalla irritado—. Estoy sorprendido. Cuatro horas es un tiempo malditamente largo para gastar en la cena.

Cierro la puerta de la sala detrás de mí mientras siento mi presión arterial comienza a subir.

—No fueron cuatro horas. Por el tiempo que pasamos cruzando media ciudad, encontramos un lugar para estacionar y esperamos por una mesa...Simplemente hablamos, mucho. Resulta que es un chico muy interesante, no lo tiene fácil tampoco.

Tan pronto las palabras salen de mi boca, Edward salta, camina con grandes zancadas hacia la ventana, luego gira de nuevo salvajemente.

—Me importa una mierda si el pobre niño rico no tuvo el auto que quería para su cumpleaños dieciocho... he oído hablar de todo eso en Belmont. ¡Con lo que estoy teniendo problemas para entender es por qué finges que acabas de salir de cenar cuando has estado fuera cuatro horas!

Esto no puede estar pasando. Edward se ha vuelto loco. Nunca ha hablado conmigo de esta forma en su vida. Nunca antes lo había visto tan furioso conmigo.

— ¿Me estás diciendo que tengo que dar cuenta de todos mis movimientos? —le reto, con mis ojos abriéndose con incredulidad— ¿De verdad me estás pidiendo una cuenta detallada de lo que pasó en toda la noche?

— ¡No! ¡Simplemente no quiero mentiras! —comienza a gritar.

— ¡Lo que yo haga o no haga en una cita no es de tu maldita incumbencia! —le grito en respuesta.

— ¿Pero por qué tiene que ser un secreto? ¿No puedes ser simplemente honesta?

— ¡Estoy siendo honesta! Fuimos a cenar, hablamos, él me trajo a casa. ¡Fin de la historia!

— ¿De verdad crees que soy tan ingenuo?

Esto es el colmo. Una riña con Edward después de una semana de ser ignorada: el final perfecto para una noche de amargo desengaño que, si me lo hubiera permitido, podría haber sido genial. Todo lo que quería hacer cuando llegué era meterme en la cama y tratar de sacar de mi mente esta oportunidad perdida, y en cambio me encuentro sometida a esto.

Empiezo a retroceder hacia la puerta, levantando las manos en señal de rendición.

—Edward, no sé cuál es tu problema, pero estás siendo un absoluto bastardo. ¿Qué te está pasando? Entré esperando que me preguntaras si me había divertido, ¡y en cambio me regañas y luego me acusas de mentir! Incluso si algo hubiera pasado en esta cita, ¿qué diablos te hace pensar que querría decírtelo? —digo ofendida y me dirijo hacia la puerta.

—Así que te acostaste con él —afirma rotundamente—. De tal palo, tal astilla.

Sus palabras cortan el aire entre nosotros. Mi mano se congela alrededor de la perilla de metal frío. Giro poco a poco y dolorosamente.

— ¿Qué?

La palabra se me escapa en una pequeña bocanada de aire, apenas más que un susurro.

El tiempo parece estar suspendido. Él está de pie con su camiseta verde y jeans gastados, apretando los nudillos de una mano con la palma de la otra, de espaldas a la porción gigante de noche. Y me encuentro frente a un extraño. Su rostro tiene una curiosa mirada cruda, como si hubiera estado llorando, pero el fuego en sus ojos quema mi cara. ¡Qué tonta fui por creer que lo conocía tan bien! Es mi hermano y, sin embargo, por primera vez, aparece ante mí como un extraño.

—No puedo creer que hayas dicho eso. —Mi voz, temblando de incredulidad, emana de un ser que apenas reconozco, uno que está aplastado, herido sin remedio.— Siempre pensé en ti como la única persona... —Estabilizo mi respiración.— ...la única persona que nunca, nunca me haría daño.

Se lo ve afectado, su rostro refleja el dolor y la incredulidad que siento por dentro.

—Bella, no me siento bien... fue imperdonable. Ya no sé lo que estoy diciendo.

Su voz está temblando, tan horrorizada como la mía. Llevando las manos a su cara, oscila hacia mí, se aleja de mí, paseándose por la habitación, sin aliento, con sus ojos llenos de una mirada salvaje, casi maníaca.

—Sólo necesito saber, por favor entiéndeme. ¡Tengo que saber, de lo contrario voy a perder la cabeza! —continúa, cerrando los ojos y aspirando desigualmente.

— ¡No pasó nada! —grito, mi ira repentinamente reemplazada por el miedo—. No pasó nada, ¿por qué no me crees? —Lo agarro de los hombros.— ¡No pasó nada, Ed! No pasó nada... ¡nada, nada, nada!

Estoy prácticamente gritando, pero no me importa. No entiendo qué le está pasando, qué me está pasando.

—Pero él te besó. —Su voz es hueca, carente de toda emoción. Alejándose de mí, se pone de cuclillas sobre sus talones.— Él te besó, Bella, él te besó...

Sus ojos están medio cerrados, su rostro está sin expresión ahora, como si estuviera tan agotado que ya no tuviera la fuerza para reaccionar.

— ¡No me besó! —le grito, agarrando sus brazos e intentando sacudirlo para que vuelva a la vida—. Lo intentó, está bien, ¡pero no se lo permití! ¿Saber por qué? ¿Quieres saber por qué? ¿De verdad, de verdad quieres saber por qué?

No responde.

Todavía agarrándolo con ambas manos, me inclino hacia delante, jadeando, mientras las lágrimas calientes y pesadas caen por mis mejillas.

—Esta es la razón... —Llorando, beso la mejilla de Edward.— Esta es la razón... —Con un sollozo ahogado, beso la esquina de los labios de Edward.— ¡Esta en la razón! —Cierro los ojos y beso la boca de Edward.

Me estoy cayendo, pero sé que estoy bien, porque estoy con él, con Edward. Mis manos están en sus mejillas ardientes, mis manos están en su cabello húmedo, mis manos están en contra de su cuello caliente. Me está devolviendo el beso, con extraños soniditos que sugieren que puede estar llorando; me besa con tanta fuerza que es estremecedor, agarrando la parte superior de mis brazos y tirándome hacia él. Saboreo sus labios, su lengua, los bordes afilados de sus dientes delanteros, el calor suave dentro de su boca.

Me deslizo a horcajadas sobre su regazo, con ganas de acercarme aun más, con ganas de desaparecer en él, de mezclar mi cuerpo con el suyo. Nos separamos brevemente para tomar aire y vislumbro su rostro. Sus ojos están llenos de lágrimas no derramadas. Emite un sonido irregular, nos besamos una vez más, suave y con ternura, luego con intensidad y fuerza, sus manos sujetando los tirantes de mi vestido, torciéndolos, apretando el material en sus puños, como si luchara contra el dolor. Y sé cómo se siente... es tan bueno que duele.

Creo que voy a morir de felicidad. Creo que voy a morir de dolor.

El tiempo se ha detenido; el tiempo está corriendo.

Los labios de Edward son ásperos y suaves, duros pero suaves. Sus dedos son fuertes: los siento en mi pelo y en mi cuello, en mis brazos y en mi espalda, y no quiero que me deje ir, nunca.

Un sonido estalla como un trueno por encima de nosotros, nuestros cuerpos se sacuden al unísono y de repente ya no nos besamos, aunque me aferro al cuello de su camiseta, y sus fuertes brazos se aprietan a mi alrededor. Se oye el ruido de la descarga del inodoro, y luego el familiar crujido de la escalera de James. Ninguno de los dos parece capaz de moverse, a pesar de que el silencio que sigue deja claro que James ha vuelto a la cama. Mi cabeza cae contra el pecho de Edward, escucho los sonidos amplificados de su corazón, muy fuerte, muy rápido. Puedo escuchar su respiración también: agudos picos dentados perforando el aire helado.

Él es el primero que rompe el silencio.

—Bella, ¿qué demonios estamos haciendo? —Aunque su voz apenas es un susurro, suena a punto de llorar.— No entiendo, ¿por qué demonios nos está pasando esto?

Cierro los ojos y me aprieto contra él, acariciándole el brazo desnudo con mis dedos.

—Todo lo que sé ahora es que te amo —digo en silenciosa desesperación, las palabras se derraman por propia voluntad—. Me gustas mucho más que como un hermano. Yo... te quiero de... de todo tipo de formas.

—Me siento así también. —Su voz está conmocionada.— Es... es un sentimiento tan grande que a veces pienso que me va a tragar. Es tan fuerte que siento que me puede matar. Sigue creciendo y no puedo... no sé qué hacer para detenerlo. Pero... pero no se supone que debamos hacer esto... ¡amarnos así uno al otro!

Su voz se quiebra.

—Ya lo sé, ¿de acuerdo? ¡No soy tonta!

Estoy repentinamente enojada porque no quiero escucharlo. Cierro los ojos porque simplemente no puedo pensar en eso ahora. No me puedo permitir pensar sobre lo que significa. No voy a pensar en cómo se llama. Me niego a dejar que las etiquetas del mundo exterior estropeen el día más feliz de mi vida, el día en que me besó el chico que había tenido siempre en mis sueños, pero nunca me permití ver. El día que finalmente dejé de mentirme a mí misma, dejé de fingir que era sólo un tipo de amor que sentía por él, cuando en realidad era todo tipo de amor posible. El día en que finalmente me liberé de nuestras restricciones y dimos paso a los sentimientos que tanto tiempo habíamos negado, sólo porque nos tocó ser hermano y hermana.

—Hemos... oh Dios... hemos hecho una cosa terrible. —La voz de Edward está temblando, ronca y sin aliento, con horror.— Yo... ¡te he hecho una cosa terrible!

Me limpio las mejillas y vuelvo la cabeza para mirarlo.

— ¡No hemos hecho nada malo! ¿Cómo se le puede llamar terrible a un amor así cuando no lo estamos haciendo daño a nadie?

Él me mira, sus ojos brillan a la débil luz.

—No sé —susurra—. ¿Cómo algo tan malo puede sentirse tan bien?


Adelanto: Capítulo 13 (será un capítulo un poco corto).

Pero el miedo permanece, el miedo a que en la luz fría del día seremos forzados a llegar al final de lo que fue, simplemente, un terrible error.

Bueno, aquí está el capítulo de hoy.

Por fin llegó al nudo de la historia, al punto más significativo, veremos cómo avanza...

Cuéntenme, ¿qué les pareció? ¿Les gustó? Porque a mí sí xd :)

Me iré a ver Iron Man 3, mi amado Anthony Edward "Tony" Stark, mi amado ROBERT DOWNEY JR. (L)

¡Hasta la próxima, personas!

Camila.