Capítulo Dos

– ¿Estuviste llorando? –preguntó Tsunade cuando Naruto llegó al porche trasero con la botella y el mensaje en la mano.

El rubio se sintió avergonzado y se limpió los ojos mientras la mujer dejaba el diario y se levantaba de su asiento. Aunque tenía unos exuberantes pechos y así había sido desde que Naruto la conocía, se movió rápidamente para rodear la mesa con expresión preocupada, a veces el rubio se preguntaba si el tamaño de su pecho no le lastimaba la espalda o la imposibilitaba para caminar deprisa.

–¿Te sientes bien? ¿Qué te ocurrió? ¿Estás herido? –tropezó con una de las sillas mientras se acercaba a tomar una de las manos del rubio.

El negó con la cabeza.

–No me pasó nada, créeme. Me siento bien, de verdad. Es sólo que acabo de encontrar esta carta. Estaba dentro de una botella que arrojó el mar a la playa tebayo. Cuando la abrí y la leí... –se apartó un mechón que el viento le había volado a la cara- me llegó muy hondo. Tal vez es una cosa tonta, lo sé –se enjugó una lágrima, le dio la carta a Tsunade y se acercó a la mesa de hierro forjado de donde su amiga se había levantado–. Pero no pude evitarlo.

Tsunade leyó la carta con lentitud y cuando la terminó miró al rubio. También tenía húmedos los ojos.

–Es... hermosa –comentó por fin–. Es una de las cartas más conmovedoras que he leído.

–Eso fue lo que pensé.

Tsunade acarició con los dedos las letras del escrito y se detuvo un momento.

–Me pregunto quiénes serán. Y por qué razón lanzarían al mar esta botella.

–No tengo idea.

–¿No tienes curiosidad?

El hecho era que el Uzumaki sí tenía curiosidad. Después de leerla la primera vez, la releyó y luego la leyó una tercera vez. Y se pre guntó qué se sentiría que alguien lo amara de ese modo.

–Una poca, pero ¿qué puedo hacer? No hay modo de que lo sepamos jamás tebayo.

–¿Qué harás con ella?

–Guardarla, supongo. En realidad no he pensado mucho en eso –Naruto bebió un poco de jugo que se había servido–. Así que... ¿qué haremos hoy?

–Pensé que podríamos hacer algunas compras y después ir a comer a Shuriken, es un restaurante que vende la mejor comida de la región. ¿Qué te parece?

– Es precisamente lo que creí que haríamos tebayo- sonrío alegremente, de una forma que solo el era capaz

Los dos charlaron sobre los lugares a los que irían. Des pués Tsunade se levantó y entró en la casa para servirse otra taza de café y el rubio la observó mientras se marchaba.

Tsunade había cumplido cincuenta y ocho años, pero parecía una mujer mas joven de unos treinta y dos; llevaba el cabello largo, recogido en dos coletas bajas, de un color rubio cenizo y era la mejor persona que conocía Naruto, aunque tenía un genio y una fuerza sorprendente. Sabía mucho de música y de arte y vivía en un mundo lleno de optimismo y buen humor.

Cuando Tsunade regresó a la mesa, se sentó y volvió a tomar la carta. Mientras la examinaba con atención, arqueó las cejas.

–Me pregunto... –comenzó en voz baja.

–¿Nani?

–Bueno, cuando estaba adentro se me ocurrió que deberíamos publicar esta carta en tu columna de esta semana.

–¿Cómo dices?

Tsunade se inclinó sobre la mesa.

–Precisamente lo que oyes. Creo que deberíamos publicar esta carta. Es de verdad muy conmovedora. Puedo imaginarme a cientos de mujeres recortándola y pegándola en sus refrigeradores para que sus esposos puedan verla al regresar del trabajo.

–Ni siquiera sabemos quiénes son. ¿No crees que deberíamos pedir su permiso primero tebayo?

–No usaremos sus verdaderos nombres, y mientras no nos atribuyamos el crédito de haberla escrito ni divulguemos de dónde podría venir, estoy segura de que no habrá problema.

–Sé que probablemente sería legal, pero no estoy segura de que hacerlo sea correcto. Me refiero a que es una carta muy personal datebayo.

– Naru-chan, es una historia de interés humano. A la gente le entusiasma mucho este tipo de cosas. Y recuerda, el tal Sasuke envió la carta en una botella al mar. Tiene que haber imaginado que aparecería en alguna playa.

Naruto negó con la cabeza.

–No lo sé, Obachan...

–Bueno, piénsalo. No necesitas decidirlo ahora. Aunque yo creo que es una magnífica idea.

Naruto pensó en la carta mientras se desvestía para darse una ducha. Se encontró preguntándose cómo sería el hombre que la escribió... Sasuke, si es que ése era su verdadero nombre. Y ¿quién sería Hinata? Su amante o su esposa, eso era obvio. Se preguntó si estaría muerta o si algo más habría ocurrido para separarlos. El jamás, en toda su vida, había recibido una carta que siquiera se pareciera remotamente a ésa. Gaara nunca había sido buen escritor, ni tampoco nadie más con quien hubiera salido. ¿Cómo sería aquel hombre? ¿Sería tan devoto en persona como parecía en aquella carta?

Se enjabonó y enjuagó el cabello y todas aquellas preguntas salieron de su cabeza mientras el agua fresca la recorría. Se lavó el resto del cuerpo con un paño y jabón humectante, pasó en el baño más tiempo del que necesitaba y finalmente salió de la ducha.

Se miró al espejo mientras se secaba con la toalla. Pensó que no lucía mal para ser un hombre de treinta y seis años con un hijo adolescente. Tenía el abdomen plano y las piernas largas y delgadas por el ejercicio, tenia que admitir que su cuerpo era un poco delicado a como se suponía que debía ser el de un hombre. En general se sentía satisfecho con el modo en que se veía aquella mañana y atribuyó su fácil y peculiar aceptación de sí mismo al hecho de que estaba de vacaciones.

Se vistió con unos pantaloncillos cortos beige, una blusa sin mangas naranja y unas sandalias del mismo color. En una hora el día sería caluroso y húmedo y no deseaba sentirse incómodo.

Ir de compras con Tsunade era toda una experiencia, claro si no cambiaba de planes y desidia irse al casino a apostar.

Una vez que llegaron a Shuriken pasaron el resto de la mañana en las diversas tiendas. Naruto compró dos jeans ajustados, tres poleras que se ajustaban perfectamente a su cuerpo y un traje de baño antes de que Tsunade lo arrastrara hasta una tienda de lencería que se llamaba sharingan.

Ahí Tsunade se volvió absolutamente loca. No pensaba comprar algo para ella misma, por supuesto, sino animar a Naruto a hacer lo. Tomaba de los estantes alguna prenda interior de encaje y la sos tenía en alto para que el rubio la observara, y hacía comentarios como: "Esta se ve muy sensual" o "No tienes ninguno de este color, ¿o sí?". Había por supuesto muchas otras personas a su alrededor cuando le hacía aquellos comentarios y Naruto no podía evitar reír y sonrojarse siempre que ocurría. La falta de inhibición de Tsunade era una de las cosas que más le agradaban de ella. En verdad no le importaba lo que la gente pensara, y a menudo el rubio deseaba parecerse un poco a ella.

Cuando regresaron a la casa, Jiraya escribía su novela erótica en la sala.

–¡Hola! ¿Cómo les fue?

–Bien –respondió Tsunade–. Comimos en Shuriken y luego hicimos algunas compras. ¿Qué tal te fue hoy viejo pervertido? –Mirándolo acusadoramente- no negaras que fuiste a espiar ¿o no?

–Muy bien. Si no hubiera sido por una anciana que me descubrió y comenzó a gritarme.

– Eres un desvergonzado.

Jiraya rió.

–¿No te molesta?

–Por supuesto que no, ya es inevitable en ti, no cambias nunca viejo pervertido.

Jiraya sonrió mientras continuaba escribiendo, satisfecho porque pasa ría mucho tiempo en los baños termales obteniendo información esa semana. Tsunade reconoció la señal de que quería seguir trabajando y dirigió su atención a el rubio.

–¿Quieres que juguemos gin rummy?

A Tsunade le gustaban los juegos de cartas de cualquier tipo. Estaba inscrita en dos clubes de bridge, jugaba corazones como una campeona y llevaba la cuenta de cada vez que ganaba un solitario. Pero ella y Naruto siempre jugaban gin rummy, porque era el único juego en el que el rubio tenía alguna oportunidad de ganar y no perder su sueldo con las apuestas de la rubia.

–Claro.

–Esperaba que dijeras eso. Las cartas están afuera, en la mesa.

Naruto salió para ir a la mesa en la que habían desayunado Tsunade la siguió poco después con dos latas de Coca-Cola y se sentó frente a el mientras el rubio tomaba el mazo de cartas. Barajó y las repartió.

La rubia alzó la vista.

–Tenía la esperanza de que conocieras a alguna persona especial esta semana.

–Tú eres especial obachan.

–Sabes a lo que me refiero... a un hombre. A uno que te dejara sin aliento.

El rubio la miró sorprendido.

–En realidad no lo he buscado, obachan.

Sacó el seis de diamantes y Tsunade lo tomó antes de descartar el tres de picas. Tsunade hablaba en el mismo tono que usaba la madre del rubio cuando discutían sobre ese tema.

–Han pasado casi tres años desde tu divorcio. ¿Acaso no has salido con nadie en ese tiempo?

–En realidad no. No desde que Kohaku Como-se-llame me dijo que no quería a un hombre con hijos.

Tsunade frunció el entrecejo por un momento.

–Algunas veces los hombres son unos verdaderos idiotas, y él es un ejemplo perfecto. Pero no todos son iguales. Hay muchos hombres buenos vagando por ahí... hombres que se enamorarían de ti en un instante.

Naruto tomó el tres de picas y descartó el cuatro de diamantes.

–Por eso te quiero, obachan. Dices las cosas más dulces.

Tsunade tomó una carta del mazo.

–Pero es cierto. Créeme. Podría encontrar a una docena de hombres a los que les encantaría salir contigo.

–Pero eso no significa que a mí me agradarían ellos tebayo.

Tsunade descartó el dos de espadas.

–Creo que tienes miedo.

–¿Por qué lo dices?

–Porque sé lo mucho que Gaara te lastimó. Está en la naturale za humana. Gato escaldado del agua fría huye. Los viejos prover bios encierran grandes verdades.

–Tal vez sea cierto. Pero estoy seguro de que si el hombre correcto se presenta, lo sabré. Tengo fe tebayo- Sonrío zorrunamente, y en sus ojos azules se mostró un brillo de seguridad.

–¿Qué clase de hombre estás buscando?

–No lo sé.

–Por supuesto que sí. Todos sabemos, aunque sea vagamente, qué queremos. Empieza con lo que es obvio, o sino, comienza con lo que no te gustaría. Por ejemplo... ¿estaría bien si él perteneciera a una pandilla de motociclistas?

El rubio sonrió y llevó la mano al mazo para tomar una carta. Su juego se estaba formando. Otra carta y lo tendría listo. Descartó la sota de corazones.

–Nadie de una pandilla de motociclistas, eso es seguro tebayo –dijo moviendo la cabeza. Lo pensó un momento–. Mmm... Supongo que sobre todo deberá ser el tipo de hombre que sea capaz de ser fiel. Y creo que me gustaría alguien como de mi edad tebayo–El rubio se detuvo y frunció el entrecejo.

–¿Y?

–Espera un momento. No es tan sencillo como parece. Supon go que estoy de acuerdo con lo que se dice siempre: atractivo, ama ble, inteligente y encantador... tú sabes, todas esas cualidades que las mujeres buscan en un hombre tebayo, no soy mujer pero... como doncel tambien deseo uno asi–de nuevo se detuvo.

Tsunade tomó la sota. Su expresión demostraba placer al poner al rubio en apuros.

–¿Y?

–Tendría que pasar algún tiempo con Nao como si fuera su propio hijo. Eso es muy importante para mí tebayo. ¡Ah! Y además tendría que ser romántico y también atlético. No puedo respetar a un hom bre al que pueda ganarle en las vencidas datebayo!.

–¿Eso es todo?

–Sí. Es todo.

–Así que déjame ver si comprendí todo. Quieres a un hombre fiel, encantador, atractivo de treinta y tantos años, que además sea inteligente, romántico, atlético y que se lleve bien con Nao ¿Correcto?

–Precisamente.

Aspiró profundo mientras colocaba su juego en la mesa mientras sonreía.

–Bueno, por lo menos no eres muy exigente. Gin.

Esa tarde, a las seis, Jiraya y Tsunade fueron a dar un paseo a la playa. Naruto se quedó en la casa y los miró por la ventana mientras se alejaban tomados de la mano, caminando por la orilla del mar. Al verlos pensaba que tenían una relación ideal. Sus intereses eran completamente distintos, pero en vez de que eso los separara parecía unirlos más.

Después del atardecer los tres fueron en auto hasta el centro y cenaron en Ichiraku ramen. El lugar estaba atestado y tuvieron que esperar durante una hora para que les asignaran una mesa, pero los deliciosos fideos bien valían la pena. El caldo y los fideos había sido sazonados con especias de una forma tan deliciosa y se tomaron seis botellas de sake en dos horas.

Poco antes de terminar de cenar, Jiraya les preguntó acerca de la carta que venía en la botella.

–La leí cuando regresé de recolectar información juju. Tsunade la pegó en el refrigerador con un imán.

Tsunade se encogió de hombros y se volvió al rubio con una expresión de "Te lo dije" en los ojos, pero no comentó nada.

–Me parece que es una carta muy especial. Tiene tanta tristeza... –continuó Jiraya.

–Lo sé –respondió el rubio –. Así me sentí cuando la leí tebayo.

–¿Sabes dónde queda Raikiri?

–No. Nunca la había oído mencionar tebayo

–Está en el país del fuego –explicó Jiraya mientras se servia mas sake –. Fui a buscar información ahí una vez. Sus termales son maravillosos. Un poco chicos, pero se puede ver a muchas chicas muy bien en ellos.

–Como puedes ver, para este pervertido, todo tiene relación con mujeres –comentó Tsunade molesta golpeándolo.

Él esquivo por poco el golpe.

–Raikiri es una isla que está frente a la costa, cerca de Konoha –dijo al tiempo que terminaba con la botella de sake–. Hay muchas construcciones, pero las playas son hermosas, con arena blanca y aguas tibias. Es un estupendo lugar para pasar una sema na, si tienes oportunidad.

Naruto no respondió y Tsunade dijo con un tono travieso:

–Así que ahora ya sabernos de dónde es nuestro escritor miste rioso y enamorado.

El rubio se encogió de hombros.

–Supongo que sí, pero no hay modo de estar seguros. Pudo haber sido un sitio en el que ellos estuvieron de vacaciones o que visitaron. No significa que él viva ahí tebayo.

Tsunade negó con la cabeza,

–No estoy de acuerdo. Por la manera en la que escribió la carta, me parece que su sueño fue demasiado real para incluir un lugar en el que sólo hubiera estado una o dos veces. Casi estoy segura de que vive en Raikiri o en Konoha.

–Y, ¿eso qué?

Tsunade se inclinó hacia adelante.

–¿Has pensado en lo que te dije acerca de publicar la carta?

–En realidad no. ¿Es tan importante para ti tebayo?

–Naru-chan, reconozco una buena historia cuando la veo. En la actualidad la gente está tan ocupada que el romanticismo parece estar muriendo lentamente. Esta carta demuestra que aún existe.

Sin darse cuenta, Naru mordió su pulgar. Era una costumbre que tenía desde que era niño: lo hacía siempre que estaba considerando algo.

–De acuerdo –respondió por fin después de un rato.

–¿Lo harás?

– Sí, pero incluiremos sólo sus iniciales y omitiremos la parte donde habla de Konoha. Escribiré un par de frases para presentarla tebayo.

–¡Me da mucho gusto! –exclamó Tsunade con un entusiasmo casi infantil–. Sabía que lo harías. La enviaremos por fax mañana.

Más tarde, esa noche, Naruto escribió el inicio de la columna a mano, en un papel que encontró en el cajón del escritorio. Al terminar, colocó las dos páginas en la mesa de noche que estaba tras el y luego se metió en la cama. Esa noche no durmió bien.

A la mañana siguiente, Naruto y Tsunade fueron a Kunai y enviaron la columna por fax a Tokio. Se publicaría en el diario un día después.

La mañana y la tarde las pasaron como el día anterior: fueron de compras, se relajaron en la playa, conversaron de trivialidades y tomaron una deliciosa cena. Cuando el diario llegó a la hora del desayuno, a la mañana siguiente, Tsunade fue la primera en leerlo.

Hace cuatro días, mientras estaba de vacaciones, encontré una botella en la playa con un mensaje profundamente conmovedor. No he podido olvidarlo y, aunque es algo distinto de lo que suelo escribir, en una época en la que el amor eterno y el compromiso parecen estar tan ausentes de nuestra vida, tengo la esperanza de que la encuentren tan significativa como lo fue para mí.

El resto de la columna estaba dedicado a la carta.

–¡Maravilloso! –dijo cuando terminó de leer–. Ya impresa se ve mucho mejor de lo que imaginé. Vas a recibir muchas cartas por esta columna.

–Ya lo veremos –respondió el rubio mientras comía un ramen instantáneosin estar muy seguro de si debía creerle o no a Tsunade, pero de todas maneras estaba con curiosidad de saber el resultado de esa publicación..