Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a la bella Stephenie Meyer. La historia tampoco es mía, es una adaptación de la fabulosa obra de Tabitha Suzuma.

Advertencia: La historia trata con el incesto, así que si a usted no le simpatizan estos temas, absténgase de leer.


"La tristeza del alma puede matarte mucho más rápido que una bacteria." John Ernst Steinbeck.

Capítulo XIV

Bella's POV

Estoy cansada, tan terriblemente cansada. Me aplasta como una fuerza invisible, destruyendo todo pensamiento racional, todos los otros sentimientos.

Estoy cansada de arrastrarme cada día, usando mi máscara, fingiendo que todo está bien. Tratando de comprender lo que los otros dicen, tratando de concentrarme en clases, tratando de parecer normal frente a James, Emmett y Alice. Estoy cansada de pasar cada minuto de cada hora de cada día luchando con las lágrimas, tragando repetidamente para tratar de aliviar el constante dolor de mi garganta. Incluso de noche, mientras estoy en mi cama abrazando mi almohada, mirando hacia afuera por las cortinas abiertas, no me permito ceder, porque si lo hago me desmoronaré, me fragmentaré en miles de pedazos de vidrio roto.

La gente me pregunta constantemente cuál es el problema y eso me da ganas de gritar. Jessica piensa que es porque Jacob me dejó y yo la dejo creerlo; es más fácil que venirle con otra mentira. Jacob intenta hablarme un par de veces durante el recreo, pero le dejo en claro que no estoy de humor para conversar. Se ve herido, pero estoy más allá de preocuparme. Si no fuera por ti, me encuentro pensando, si no fuera por esa cita...¿Pero cómo puedo culpar a Jacob por hacer que me diera cuenta de que estoy enamorada de mi hermano? El sentimiento ha estado ahí por años, acercándose más y más a la superficie con cada día que pasa; solo era cuestión de tiempo antes de que rompiera nuestra frágil red de negación, forzándonos a enfrentar la verdad y reconocer quiénes somos: dos personas enamoradas; un amor que posiblemente nadie más podría comprender. ¿Realmente me arrepiento de esa noche? Ese único momento de placer más allá de toda comparación. Algunas personas nunca lo experimentan en toda su vida.

Pero el lado malo de ese momento de pura felicidad es eso, es como una droga, un atisbo de paraíso, te deja queriendo más. Y después de ese momento, nada importa de la misma forma que antes; todo es gris en comparación. El mundo se vuelve soso y vacío, ya no parece tener mucho sentido. Ir a la escuela... ¿para qué? ¿Para aprobar exámenes, obtener buenas calificaciones, ir a la universidad, conocer gente nueva, encontrar un trabajo, mudarme lejos? ¿Cómo seré capaz de vivir una vida lejos de Edward? ¿Lo veré un par de veces al año como mamá y el tío George? Ellos crecieron juntos, fueron cercano alguna vez. Pero luego él se casó y se mudó a Glasgow. Así que, ¿qué es lo que tienen en común mamá y el tío George ahora? Separador por mucho más que la distancia y su estilo de vida, incluso los recuerdos compartidos de la infancia se han borrado de su mente.

¿Eso es lo que nos pasará a Edward y a mí? E incluso si ambos nos quedamos en Londres, cuando él encuentre una novia, cuando yo encuentre un novio, ¿cómo lo soportaré? ¿Cómo seré capaz de observarnos dirigiéndonos a vidas separadas, sabiendo lo que pudimos ser?

Intento sacudirme el dolor pensando en la alternativa. ¿Tener una relación física con mi hermano? Nadie hace eso, es desagradable, sería como tener a James como mi novio. Me estremezco. Amo a James, pero la idea de besarlo va más allá de lo repugnante. Sería horrendo, sería repulsivo; es suficientemente malo incluso pensar en él besuqueando a esa esquelética chica americana con la que siempre sale. No quiero saber lo que hace con su llamada novia. Cuando sea mayor espero que consiga a alguien amable, espero que se enamore, se case, pero nunca quisiera pensar en los detalles íntimos, el lado físico de las cosas.

Eso es su asunto.

¿Por qué, entonces es tan diferente con Edward? Pero la respuesta es muy simple: Porque Edward nunca se ha sentido como mi hermano mayor y mandón. Él y yo siempre hemos sido iguales. Hemos sido mejores amigos desde pequeños. Compartimos un lazo más estrecho que la amistad toda nuestra vida. Juntos criamos a James, Emmett y Alice. Lloramos juntos y nos hemos consolado el uno al otro. Nos hemos visto en nuestros momentos más vulnerables. Hemos compartido una carga inexplicable para el mundo exterior. Estuvimos ahí para el otro; como amigos, como compañeros. Siempre nos hemos amado, y ahora queremos hacerlo de un modo físico.

Quiero explicarle a él todo esto, pero sé que no puedo. Sé que, cualquiera que sean las razones de nuestros sentimientos, sin importar cuánto queramos justificarlos, no cambia nada; Edward no puede ser mi novio. De todos los millones de personas que habitan este planeta, él es uno de los pocos de los que nunca podré tener. Y esto es algo que debo aceptar, aunque como el ácido al metal, me corroe por dentro.

La estación se vuelve gris, sombría, implacable. En casa, la rutina diaria continúa siguiendo su curso, una y otra vez. El otoño da paso al invierno, los días se vuelven más cortos. Edward se comporta como si nada hubiese pasado. Ambos lo hacemos. ¿Qué alternativa tenemos? Hablamos de cosas mundanas, pero nuestras miradas rara vez se encuentran, y cuando lo hacen, es sólo por un momento o dos antes de desviarlas nerviosamente. Pero me pregunto qué está pensando. Sospecho que, viéndolo como algo malo, lo ha empujado lejos de su cabeza. De todas maneras, tiene demasiado en su mente.

Su profesora todavía es una mujer con la misión de hacerlo hablar en clase y sé que él teme a sus clases. El comportamiento de mamá es cada vez más errático: pasa cada vez más tiempo en casa de Marco y rara vez vuelve a casa sobria. De vez en cuando sale de compras y vuelve con regalos inducidos por la culpa: juguetes frágiles que se romperán a los pocos días, más juegos de computadora para mantener a James pegado a sus pantallas, dulces que harán a Emmett hiperactico. Miro todo eso como si estuviera a una gran distancia, incapaz de participar en algo más. Edward, con la cara pálida y tensa, trata de mantener algún orden en la casa pero siento que está muy cerca de un punto de quiebre del que soy incapaz de ayudarle.

Sentada frente a él en la mesa de la cocina, observándolo ayudar a Alice con su tarea, me viene este dolor horrible, el profundo sentido de pérdida. Revolviendo mi té frío, veo todos sus rasgos familiares: la forma en que saca el cabello de sus ojos cada pocos minutos, la manera muerde su labio inferior cuando está tenso. Miro sus manos, con sus uñas mordidas, descansando en la mesa. Sus labios, que una vez tocaron los míos, ahora resquebrajados y descoloridos. El dolor que siento cuando lo miro es más de lo que puedo soportar, pero me obligo a seguir viéndolo, para absorber de él todo lo que pueda, tratando de recapturar en mi mente todo lo que he perdido.

—El chico entró en la c-u-e-v-a. —Alice entona las letras.

De rodillas en la silla de la cocina, apunta cada letra por turnos. Su fino cabello negro cubre su cara y las puntas rozan la página de su libro con un débil sonido susurrante.

¿Qué palabra forma? —le pregunta Edward.

Alice estudia el dibujo.

— ¿Piedra? —dice con optimismo, dándole una mirada a Edward, sus ojos azules amplios de esperanza.

—No. Mira la palabra: c-u-e-v-a. Junta los sonidos y dilos rápidamente. ¿Qué palabra forma?

— ¿Cuev? —dice de forma inquieta y distraída, desesperada por irse a jugar, sin embargo, contenta por la atención.

—Cerca, pero hay una a al final. ¿Cómo pronunciamos la a?

— ¿Una a mayúscula?

Edward saca la lengua, frotándose los labios con impaciencia.

—Mira, esta es una a mayúscula.

Hojea el libro en busca de una, falla, y escribe una él mismo en una servilleta usada.

—Ewww, Emmett se sonó la nariz en eso.

—Alice, ¿estás mirando? Esta es una a mayúscula.

—Una mocosa mayúscula.

Alice empieza a reírse; captura mi mirada y me siento sonreír también.

—Alice, esto es importante. Es una palabra fácil; sé que puedes leerla si lo intentas. Esa es una a mágica. ¿Qué es lo que hace una a mágica?

Frunce el ceño con dureza y se inclina de nuevo sobre el libro, curvando su lengua sobre su labio en concentración, su cabello oscureciendo parcialmente la hoja.

— ¡Hace que la vocal diga su nombre! —grita súbitamente, golpeando el aire triunfalmente con un puño.

—Bien, entonces, ¿cuál es la vocal?

—Jmmm. —Vuelve a la página con el mismo ceño, la misma lengua curvada—. Jmmm —dice de nuevo, ganando tiempo—. ¿La a?

—Buena chica. Entonces cómo suena la palabra con la a mágica...

—Cuev-a. ¡Cueva! ¡El chico entró en la cueva! Mira, Ed, ¡lo leí!

— ¡Chica lista! ¿Ves? ¡Sabía que podías hacerlo!

Él sonríe, pero hay algo más en sus ojos. Una tristeza que nunca se iba.

Alice termina de leer su libro y va a unirse a Emmett en frente de la televisión.

Finjo que tomo té, mirando a Edward sobre el borde de la taza. Demasiado cansado para moverse, se sienta, decaído, con pedazos de papel y libros por doquier y cartas de la escuela y la mochila de Alice frente a él. Un largo silencio se extiende entre nosotros, tan tenso como una banda de goma.

— ¿Estás bien? —le pregunto finalmente.

Me da una sonrisa irónica y parece dudar, bajando la vista a la mesa llena.

—No realmente —responde al fin, evitando mi mirada—. ¿Tú?

—No. —Con el borde de mi taza presiono mi labio contra mis dientes en un intento por detener las lágrimas—. Te extraño.

—Yo también te extraño. —Todavía está mirando la cubierta del libro de texto de Alice. Sus ojos parecen atrapar la luz—. Tal vez... —Su voz sale inestable así que lo intenta de nuevo—. T-tal vez deberías darle a Black otra oportunidad. Se rumorea que él está... ¡bastante loco por ti! —exclama y fuerza una risa.

Me lo quedo mirando en un silencio atónito. Me siento como si me hubiesen dado un golpe en la cabeza.

— ¿Eso es lo que quieres? —pregunto con una calma forzada.

—No, no. Eso no es lo que quiero en absoluto. Pero tal vez podría... ¿ayudar?

Me echa una mirada de pura desesperación.

Continúo presionando mis dientes contra mi labio hasta que estoy segura de que no voy a comenzar a llorar, su propuesta escandalosa está girando como un torbellino.

— ¿Ayudarme a mí o a ti?

Su labio inferior tiembla por un momento e inmediatamente lo muerde, inconsciente de que está haciendo un acordeón con la cubierta del libro de Alice.

—No lo sé. Tal vez a ambos —dice apresuradamente.

—Entonces deberías salir con Jessica —le disparo de vuelta.

—Está bien —responde sin mirar hacia arriba.

Me quedo momentáneamente sin palabras.

—Tú... pero... ¿no era que no te gustaba? —El horror de mi voz resuena a través de la habitación.

—No me gusta, pero tenemos que hacer algo. Tenemos que salir con otra gente. Es... es la única manera.

— ¿La única manera de qué?

—De... de superar esto. De sobrevivir.

Bajo la taza de un golpe sobre la mesa, salpicando de té mi mano y el puño de mi camisa.

— ¿Crees que simplemente voy a superar esto? —grito, la sangre golpeando mi cara.

Agachando la cabeza y acobardándose como si estuviera a punto de asentar un golpe, levanta su mano para calmarme.

—No... no puedo... por favor no lo hagas peor.

— ¿Cómo podría? —jadeo—. ¿Cómo podría hacer algo para empeorarlo?

—Todo lo que sé es que tenemos que hacer algo. No puedo seguir... ¡no puedo seguir así! —Inhala bruscamente y se da vuelta.

—Lo sé. —Bajo mi voz, forzándome a mí misma para lograr algo parecido a la calma—. Yo tampoco.

— ¿Qué más podemos hacer? —pregunta, sus ojos implorando.

—Está bien. —Apago mis pensamientos, apago mis sentidos—. Le diré a Jessica mañana. Estará sobre la Luna. Pero ella es una persona decente, Edward. No puedes solo dejarla después de una semana.

—No lo haré. —Me mira, su mirada es intensa—. Estaré con ella tanto tiempo como ella quiera. Me casaré con ella, si eso es lo que quiere. Quiero decir, que al final del día, ¿qué demonios importa con quién termine si no puedes ser tú?

...

Todo se siente diferente hoy. La casa es fría y extraña. James, Emmett y Alice parecen imitadores de su propio yo. No puedo siquiera mirar a Edward, la personificación de mi pérdida. Las calles de camino a la escuela parecen haber cambiado en la noche. Podría estar en un pueblo extranjero, en algún país lejano. Los peatones que me rodean no parecen vivos. No me siento viva. Ya no estoy segura de quién soy. La chica que existía antes de esa noche, antes del beso, ha sido borrada de la vida. Ya no soy quien solía ser; todavía no sé en quien me convertí.

Los nerviosos bocinazos de los autos me enfrascan, como los sonidos de los pies contra el pavimento, los autobuses viniendo, las persianas de los negocios abriéndose, las charlas en voz alta de los niños haciendo su camino a la escuela.

El edificio es más grande de lo que recuerdo: un paisaje austero de concreto incoloro. Hay alumnos apurándose como extras en un set de filmación. Debo moverme en orden para encajar en esta actividad, justo como un electrón debe obedecer a la corriente. Subo las escaleras muy lentamente, una a la vez, mientras la gente empuja y empuja para pasarme. Cuando busco mi aula, veo cosas que antes no había notado: las marcas de dedos en las paredes, el linóleo gastado, agrietado como una cáscara de huevo delicado, desapareciendo rítmicamente bajo mis pies. Lejos, las voces intentan llegar a mí, pero las repelo. Los sonidos rebotan en mí sin ser registrados: el chirrido de las sillas, las risas y las charlas, el cotorreo de Jessica, el profesor de historia...

La luz del sol atraviesa la capa de nubes, pasando a través de las grandes ventanas de vidrio, cruzando mi escritorio, hasta mis ojos. Se forman puntos blancos en el espacio delante de mí, con burbujas danzantes de color y luz que me mantienen cautiva hasta que suena la campana. Jessica está a mi lado, su boca llena de preguntas, sus labios pintados de rojo formando y reformando... labios que pronto tocarán los de Edward. Tengo que decirle ahora antes de que sea muy tarde, pero mi voz se desvanece y todo lo que sale es aire vacío.

Me salto el segundo período para escapar de ella. Camino alrededor de la escuela vacía, mi celda de prisión gigante, buscando respuestas que nunca podré encontrar. Mis zapatos golpean contra los escalones mientras voy arriba y abajo, rodeo y rodeo cada piso, buscando... ¿qué? ¿Alguna clase de absolución?

La dura luz del invierno me fortalece, inunda a través de las ventanas y rebota en las paredes. Siento la presión de eso contra mi cuerpo, quemando agujeros en mi piel. Estoy perdida en estos corredores, escaleras, pisos encajados unos sobre otros como una pila de cartas. Si continúo, quizás encuentre mi camino de vuelta; de vuelta a la persona que solía ser.

Me muevo más despacio ahora. La Tierra ha perdido gravedad, todo se siente líquido a mi alrededor. Busco otra escalera, los peldaños se fusionan. La suela de mi zapato despega de lo más alto y doy un paso a la nada.


Adelanto: Capítulo 15.

— ¿Quién cayó? —Oigo que pregunta otra voz detrás de mí.

—Era una chica de mi clase, Bella Masen. Yo vi lo que sucedió...No se cayó, ella saltó.

Hola, personas.

Aquí les dejo un nuevo capítulo.

*Todo el tema de la palabra "Cueva" tiene más sentido en inglés porque se escribe "Cave" y ahí es donde está la letra mágica, la e, que le da el sonido a la letra a, definiendo su sonido como "Ey": Ceyv, sería la pronunciación.

Perdón por el retraso pero es que he estado ocupada con eso de escribir mi nueva historia, pero ya me equilibré. Solo debo decirles que ahora actualizaré una vez a la semana, pero lo haré con juicio.

Personas, publiqué un OS hace poco y me gustaría que se echaran una pasadita a ver qué les parece, está en mi perfil, se llama MI BELLA SUPERVILLANA, igual les dejo el link por si quieren leerlo o algo /s/9263385/1/MI-BELLA-SUPERVILLANA y mi nueva historia MUERTE, AMOR Y REDENCIÓN /s/9286949/1/MUERTE-AMOR-Y-REDENCIÓN

KARLYPATTINSON, una persona que le guste Harry Potter, Los Juegos del Hambre, Twilight y que ame a Robert Downey Jr., es en definitiva una de mis personas favoritas en el mundo, no te conozco pero ya me caes bien, gracias por tu comentario, adiós.

Y gracias a todas por leer esta historia, a las que colocan favoritos, follow y reviews, y a las lindas silenciosas, las aprecio mucho :)

Uno va normal por la vida y luego lee The Fault In Our Stars de John Green y muere de depresión post-libro. Creo que jamás había llorado tanto en mi vida.

¡Hasta la próxima, amores!

Camila.