Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a la bella Stephenie Meyer. La historia tampoco es mía, es una adaptación de la fabulosa obra de Tabitha Suzuma.

Advertencia: La historia trata con el incesto, así que si a usted no le simpatizan estos temas, absténgase de leer.


"La esperanza y el temor son inseparables y no hay temor sin esperanza, ni esperanza sin temor." François de La Rochefoucald.

Capítulo XVIII

Bella's POV

— ¿Por qué estás hoy aquí?

—Porque Edward no se siente muy bien.

— ¿Vomitó? —Alice tira su largo cabello detrás de los hombros y los pequeños aros de oro en sus orejas brillan en el sol de la tarde desvaneciéndose. Hay restos de crema de manzana en frente de su delantal y está sin su cárdigan de nuevo.

—No, no. Nada tan grave como eso.

—Vomitar no es grave, mamá lo hace todo el tiempo.

Haciendo caso omiso de este último comentario, dirijo mi atención hacia su ropa.

—Alice, ¿podrías abrochar tu abrigo? ¡Está haciendo frío!

—No puedo, no tengo botones.

— ¿Ninguno? ¡Debiste habérmelo dicho!

—Lo hice. La señorita Tory dice que no se me permite pegar con cinta adhesiva mi mochila también. Ella dice que tengo que comprar una nueva. —Toma mi mano y cruzamos el patio de recreo hacia el campo de fútbol, donde Emmett está corriendo alrededor, medio desnudo con una docena de otros niños—. Y no se nos permite agujeros en nuestras medias. Me dijeron eso delante de toda la asamblea.

— ¡Em! Es hora de irnos —le grito tan pronto sale disparado más allá de nosotras.

El juego se detiene brevemente para un tiro libre y le grito otra vez.

Él, por encima del hombro, grita enojado:

— ¡Cinco minutos más!

—No, vamos ahora. Hace mucho frío, y puedes jugar al fútbol en casa con Jasper.

— ¡Pero estamos en medio de un partido!

Se reanuda el juego y trato de acercarme, bordeando nerviosamente a los chicos corriendo, lanzándose, gritando, con las mejillas ardiendo, los ojos fijos en la pelota, con los gritos haciendo eco en el patio oscureciéndose. Cuando corre pasándome, intento capturar a Emmett, valientemente, fallando por kilómetros.

Detrás de mí, Alice se encuentra pegada a la cerca, con su abrigo ondeando abierto. Está temblando fuerte.

— ¡Emmett Masen! ¡A casa, ahora! —grito a voz en cuello, con la esperanza de avergonzarlo y someterlo.

En cambio, se tira a un ataque, engaña a su adversario y el balón vuela hacia el otro lado de la cancha a la velocidad del rayo. Hace una pausa por un momento, mientras que un niño de dos veces su tamaño se va a toda velocidad hacia él. Luego tira la pierna hacia atrás y patea, el balón rozando el borde interior del arco.

— ¡Gooooool! —Sus manos golpean el aire.

Gritos y alaridos se unen al suyo, mientras sus propios compañeros de equipo corren para golpearlo en la espalda. Le doy un momento antes de sumergirme y arrastrarlo por el brazo.

— ¡No me voy a ir! —me grita, mientras el partido se reanuda detrás de nosotros—. ¡Mi equipo estaba ganando! ¡Anoté el primer gol!

—Lo vi y fue un gran gol, pero se está haciendo de noche. Alice se está congelando y tú tienes mucha tarea que hacer.

— ¡Pero siempre tenemos que ir directamente a casa! ¿Cómo es que a los otros se les permiten jugar? ¡Estoy harto de la estúpida tarea! ¡Estoy harto de estar siempre en casa!

—Emmett, por el amor de Dios. Actúa como un niño de tu edad y deja de hacer una escena.

— ¡No es justo! —La punta del zapato de repente hace contacto violento con mi espinilla—. Nunca puedo hacer nada divertido. ¡Te odio!

Para el momento en que localizamos la mochila perdida de Emmett y los saco del campo de juego, es casi de noche y Alice tiene tanto frío que sus labios están púrpuras. Emmett camina con paso majestuoso más adelante, su cara está roja, el cabello castaño salvaje, está arrastrando su abrigo por el suelo deliberadamente para molestarme, pateando con rabia los neumáticos de los coches aparcados.

Mi pierna palpita dolorosamente. Cuatro malditas horas hasta la hora de dormir, pienso con tristeza. Una hora antes de que en realidad estén durmiendo. Cinco. Dios mío, casi todo un día escolar. Todo lo que quiero es llegar al momento en que la casa queda en silencio, cuando James finalmente le baja el volumen al rap y Emmett y Alice dejan de bombardearme con pedidos. Ese momento en que la prisa y la tarea a medio terminar son dejadas de lado y Edward está ahí, con su sonrisa tentativa, sus ojos brillantes, y todo, casi todo parece posible...

—...así que ya no creo que ella quiera ser mi amiga —Alice termina de decir con tristeza, su mano helada está enterrada en la mía.

—Mmmm, no importa, estoy segura que Angie va a cambiar de opinión mañana. Siempre lo hace.

La pequeña mano de repente se arranca de la mía.

— ¡Bella, no estás escuchando!

— ¡Lo estoy, lo estoy! —protesto rápidamente—. Has dicho que... eh... Angie no quería ser tu amiga porque...

—No Angie, ¡Dakota! —Alice grita tristemente—. Te dije ayer que Angie y yo no somos amigas porque ella me robó mi lápiz morado favorito, el que tiene un corazón azul, ¡y ella no lo devolvió incluso aunque Dakota la vio tomarlo!

—Oh, es cierto. —Busco a tientas en mi cabeza, desesperadamente tratando de recordar la conversación—. Tu lápiz.

—Siempre se te olvidan todas las cosas en estos días, al igual que mamá cuando vivía en casa —murmura.

Caminamos por unos minutos en silencio. La culpa se enrosca a mi alrededor, fría e implacable como una serpiente. Trato en vano de recordar la odisea del lápiz perdido, y fallo.

—Apuesto a que ni siquiera sabes quién es mi mejor amiga ahora —dice Alice, lanzando el guante.

—Por supuesto que sí —contesto rápidamente—. Es... es Dakota.

Alice niega con la cabeza hacia el pavimento en un gesto de derrota.

—No.

—Bueno, entonces, es Angie en realidad, porque estoy segura de que una vez que ella te devuelva el lápiz, las dos serán...

— ¡Nadie! —grita Alice de repente, su voz corta a través del aire frío—. ¡Ni siquiera tengo una mejor amiga!

Me detengo a mirarla con asombro. Alice nunca me ha gritado con tanta furia antes.

Trato de poner mi brazo alrededor de ella.

—Alice, vamos, simplemente tuviste un mal día...

Ella se aleja.

— ¡No, no tuve un mal día! La señorita Tory me dio tres estrellas doradas y deletreé todo bien. Te lo dije, pero lo único que dijiste fue "mmm". ¡Ya nunca me escuchas!

Alejándose de mí, ella echa a correr.

La alcanzo justo cuando está doblando la esquina de nuestra calle. Obligándola a dar la vuelta para que me mire a la cara, me pongo en cuclillas y trato de sujetarla. Solloza en silencio, frotándose la cara con rabia, con las palmas de sus manos.

—Alice, lo siento. Lo siento, mi amor, lo siento mucho. Tienes razón. No he estado escuchando correctamente y eso fue realmente malo de mi parte. No es que no me interese, no es que no me importe; es solo que he estado tan ocupada en la revisión de mis exámenes y tengo mucho trabajo y he estado tan cansada...

— ¡Eso no es cierto! —Da un sollozo ahogado y las lágrimas se derraman sobre sus dedos, corriendo por entre ellos—. Ya no... escuchas... o juegas conmigo... tanto... como lo hacías... antes...

Me agarro de una barandilla cercana para apoyarme.

—Alice, no... No es eso... he... —Pero aun buscando excusas a tientas, estoy obligada a enfrentarme a la verdad detrás de sus palabras—. Ven aquí —digo al fin, envolviendo mis brazos con fuerza alrededor de ella—. Eres mi chica favorita en el mundo entero y te quiero mucho, mucho. Tienes razón. No he estado escuchando correctamente porque Eddie y yo siempre estamos tratando de resolver todas las cosas del hogar. Pero toda esa cosa es aburrida. A partir de ahora voy a empezar a divertirme contigo otra vez. ¿De acuerdo?

Ella asiente con la cabeza, sorbe la nariz y se saca el cabello de la cara.

La levanto y ella envuelve sus brazos y piernas a mi alrededor como un mono bebé. Pero a través de la calidez de sus brazos alrededor de mi cuello, el calor de su mejilla contra la mía, siento que mis palabras no la han dejado convencida.

...

A pesar de los fuertes golpes de los zapatos contra los escalones de concreto, él no baja su libro. Me detengo a mitad de camino en el tramo de las escaleras y me apoyo en la barandilla, a la espera, los sonidos del patio de recreo se elevan desde debajo de mí. Todavía se niega a mirar hacia arriba, sin duda con la esperanza de quien quiera que sea, lo ignore y continúe su camino. Cuando se hace evidente que eso no va a pasar, se asoma brevemente por encima del libro de bolsillo antes de casi dejarlo caer de sorpresa. Su rostro se ilumina con una sonrisa lenta.

— ¡Hola!

— ¡Hola, tú!

Él cierra su libro y me mira expectante. Me quedo de pie mirándolo, luchando contra una sonrisa. Se aclara la garganta, de repente tímido, y el rubor se arrastra a sus mejillas.

— ¿Qué... umm... qué estás haciendo aquí?

—Vine a saludar.

Se estira para tomar mi mano y empieza a levantarse, dispuesto a subir más las escaleras, fuera de la vista de los alumnos en el patio de abajo.

—Está bien, no me voy a quedar —le informo rápidamente.

Se detiene y la sonrisa se desvanece. Notando la mochila de la escuela en mi espalda, el uniforme de gimnasia colgado al hombro, parece preocupado.

— ¿A dónde vas?

—Me tomaré la tarde libre.

Sus ojos se agudizan y su expresión se vuelve seria.

—Bella...

—Es solo una tarde. Solo tengo arte y mierda.

Él da un suspiro de preocupación, luciendo molesto.

—Sí, pero si te pillan, sabes que puede haber problemas. No podemos arriesgarnos a llamar más la atención sobre nosotros ahora que mamá no está cerca.

—No lo haremos. No si vienes conmigo y usamos tu pase de Sexto Superior.

Él me mira a los ojos con una mezcla de incertidumbre y de sorpresa.

— ¿Quieres que vaya yo también?

—Sí, por favor.

—Podría darte mi pase —señala.

—Pero entonces no tendría el placer de tu compañía.

El rubor se alza de nuevo, pero la comisura de su boca tira hacia arriba.

—Mamá dijo algo acerca de aparecer hoy por la casa para recoger algo de ropa...

—No estaba pensando en irme a casa.

— ¿Quieres caminar por las calles hasta las tres y media? No tengo nada de dinero conmigo.

—No, quiero llevarte a un lugar.

— ¿A dónde?

—Es una sorpresa. No es muy lejos.

Puedo ver que su curiosidad se despertó.

—O-okay.

—Genial. Ve a buscar tus cosas, te veré junto a la entrada principal.

Desaparezco bajando al patio, antes de que tenga tiempo de empezar a preocuparse de nuevo y de que cambie de opinión.

...

Edward tarda una eternidad. En el momento en que el llega, el recreo casi ha terminado y me temo que será cuestionado por salir del edificio justo antes de la campana. Pero el guardia de seguridad apenas mira su pase mientras me deslizo desapercibida por delante de él a través de las puertas de cristal.

En la calle, Edward vuelve el cuello de su chaqueta para protegerse del frío y me pregunta:

— ¿Ahora vas a decirme de qué se trata todo esto?

Sonrío y me encojo de hombros.

—Se trata de tener una tarde libre.

—Deberíamos haber planeado esto. Solo tengo cincuenta peniques (1) conmigo.

— ¡No estoy pidiendo que me lleves al Ritz! Simplemente vamos al parque.

— ¿El parque? —Me mira como si estuviera loca.

...

Ashmoore, en un día de semana en medio del invierno, está previsible vacío.

Los árboles están desnudos en su mayoría, sus largas ramas con pinchos destacan contra el cielo pálido, y las grandes extensiones de hierba están salpicadas de parches de hielo color plata. Seguimos el ancho camino del centro hacia la zona boscosa en el otro lado, el zumbido de la ciudad poco a poco va desapareciendo detrás de nosotros. Algunos bancos húmedos salpican en el paisaje vacío, abandonado y redundante. A lo lejos, un anciano le tira palos a su perro, el agudo ladrido del animal interrumpe el aire inmóvil. El parque se siente enorme y desolado: una isla fría, olvidada en medio de una gran ciudad. Hojas rizadas de higuera lija de arroyo (2) cubren todo el camino, llevados por un susurro del viento. Un grupo de palomas se lanza y se dispersa entusiasta en torno a algunas migajas, con las cabezas moviéndose de arriba a abajo, picoteando febrilmente suelo.

Mientras nos acercamos a los árboles, las ardillas se lanzan con valentía frente a nosotros, girando la cabeza de un lado a otro para mirarnos con unas brillantes perlas negras, esperando ver señales de comida. Muy por encima de nosotros, en un cielo anémico, la esfera blanca del sol, como un foco gigante, está fijo en el parque con sus fuertes rayos de invierno. Abandonamos el camino y entramos al pequeño bosque, el follaje está seco y las ramas crujen en contra de la tierra helada bajo nuestros pies. El terreno irregular se inclina suavemente hacia abajo.

Edward me sigue en silencio.

Ninguno de nosotros ha hablado desde que entramos por las puertas del parque y abandonamos el mundo detrás de nosotros, como si estuviéramos tratando de dejar nuestros 'yo' diarios atrás en el ruidoso alboroto de calles sucias y tráfico a empellones. Cuando los árboles comienzan a engrosarse a nuestro alrededor, me agacho junto a un tronco caído, luego me detengo y sonrío.

—Aquí es.

Nos encontramos en un pequeño claro. La pendiente poco profunda en el suelo está cubierta de hojas y rodeada por algunos helechos aún verdes y por arbustos de invierno, dentro de un círculo de árboles desnudos. La tierra debajo de nosotros es un tapiz de color rojizo y dorado. Incluso en las profundidades del invierno, mi pequeño pedazo de paraíso es todavía hermoso.

Edward mira a su alrededor con desconcierto.

— ¿Estamos aquí para enterrar un cuerpo o para desenterrar uno?

Le doy una mirada sufrida, pero en ese momento una repentina ráfaga de viento hace que las ramas sobre nosotros se balanceen, dispersando los rayos de hielo del sol como fragmentos de vidrio en mi corral, haciendo que se sienta mágico, misterioso.

—Aquí es donde vengo cuando las cosas en casa se vuelven demasiado. Cuando quiero estar sola por un rato —le digo.

Él me mira con asombro.

— ¿Vienes aquí sola? —Parpadea desconcertado, con sus manos enterradas profundamente en los bolsillos de su chaqueta, aún mirando a su alrededor—. ¿Por qué?

—Porque cuando mamá empieza a beber a las diez de la mañana, cuando Emmett y Alice se corren alrededor de la casa gritando, cuando James está intentando empezar una pelea con todos los que se cruzan en su camino, cuando deseo no tener una familia que cuidar, este lugar me da paz. Me da esperanza. En el verano es hermoso aquí. Silencia el ruido que está constantemente en mi cabeza... Tal vez, de vez en cuando, este podría ser tu lugar también —le sugiero con calma—. Todo el mundo necesita un tiempo fuera, Edward, incluso tú.

Asiente otra vez, aun mirando a su alrededor, como si tratara de imaginarme aquí, sola. Entonces gira de nuevo hacia mí, el cuello de su chaqueta negra aleteando contra su camisa blanca, con la corbata floja, el bajo de su pantalón gris está manchado por la tierra blanda. Sus mejillas están sonrosadas por la larga caminata en el frío, tiene el cabello despeinado por el viento. Sin embargo, estamos refugiados aquí, con el sol calentando nuestros rostros.

Repentinamente, una bandada de pájaros se posa en la rama más alta de un árbol, y cuando Edward levanta la cabeza, la luz se refleja en sus ojos, convirtiéndolos en transparentes, del color del cristal azul.

Su mirada encuentra la mía.

—Gracias —dice.

Nos sentamos en mi enclave de hierba y nos acurrucamos para darnos calor.

Edward envuelve su brazo a mi alrededor y me tira hacia él, besando la parte superior de mi cabeza.

—Te amo, Bella Masen —dice en voz baja.

Sonrío e inclino mi cara para mirarlo.

— ¿Cuánto?

No contesta, pero oigo que su respiración se acelera: baja la boca sobre la mía y un extraño zumbido llena el aire.

Nos besamos durante mucho tiempo, deslizando nuestras manos entre las capas de ropa y absorbiendo el calor del otro hasta que estoy cálida, caliente incluso. Mi corazón está latiendo fuerte, una sensación chispeante, de hormigueo, corre a través de mis venas. Las aves siguen picoteando la tierra que nos rodea, en algún lugar a la distancia el grito de un niño rompe el aire. Aquí, estamos verdaderamente solos, verdaderamente libres. Si alguien pasara caminando, todo lo que verían sería una chica y su novio besándose.

Siento la presión de los labios Edward se hace más fuerte, como si él también se diera cuenta de que este pequeño momento de libertad no tiene precio. Su mano se desliza por debajo de mi camisa de la escuela y aprieto mi mano en su muslo.

Entonces, de repente, se tira hacia atrás, dándome la espalda, respirando con dificultad. Miro alrededor con sorpresa, pero solo están los árboles que nos rodean como testigos mudos, sin cambios, sin moverse y sin molestar. A mi lado, Edward se sienta con los brazos rodeando sus rodillas, con la cabeza girada hacia otro lado.

—Lo siento... —Se ríe un poco, avergonzado.

— ¿Sobre qué?

Su respiración es rápida y superficial.

—Tenía que parar.

Algo se aprieta en mi garganta.

—Pero eso está bien, Eddie. No tienes que pedir disculpas.

Él no responde. Hay algo en su quietud que me molesta.

Me acerco para apretarme contra él y le doy un empujoncito.

— ¿Vamos a pasear?

Se inclina un poco alejándose de mí y levanta hombro sin girar. No responde.

— ¿Estás bien? —le pregunto a la ligera.

Da una breve inclinación de cabeza.

Un aleteo de preocupación se alza en mi pecho. Acaricio la parte trasera de su cabeza.

— ¿Estás seguro? —No hay respuesta—. Tal vez deberíamos acampar aquí, lejos del resto del mundo —lo molesto, pero él no responde—. Pensé que sería bueno tener un tiempo a solas, los dos juntos —digo en voz baja—. ¿Fue... venir aquí fue un error?

— ¡No!

Cubro sus mano con la mía y acaricio la parte de atrás con mi pulgar.

— ¿Qué, entonces?

—Solo... —Su voz tiembla—. Tengo miedo de que todo esto vaya a ser solo un recuerdo lejano algún día.

Trago saliva.

—No digas eso, Eddie. No tiene que ser así.

—Pero nosotros... esto... no durará. No durará, Bella, ambos sabemos que en algún momento vamos a tener que parar. —Se interrumpe de repente y contiene la respiración, moviendo la cabeza sin decir palabra.

— ¡Eddie, por supuesto que va a durar! —exclamo horrorizada—. No nos pueden parar. No voy a dejar que nadie nos separe...

Toma mi mano en la suya, comienza a besarla, sus labios son suaves y cálidos.

—Pero es todo el mundo —dice, su voz es un susurro angustiado—. ¿Cómo...? ¿Cómo podemos enfrentar a todo el mundo?

Quiero decirle a Edward que encontrará la forma, necesito decirle que juntos encontraremos la forma. Juntos vamos a manejarlo, juntos somos tan fuertes, juntos hemos criado a toda una familia.

— ¡La gente no nos puede separar! —empiezo con enojo—. No pueden, ¡no pueden! ¿Pueden? —Y de repente me doy cuenta de que no tengo ni idea.

Sin importar lo cuidadosos que seamos, siempre existe la posibilidad de que nos puedan atrapar. Solo así, sin importar lo mucho que ocultemos a mamá, la amenaza de que alguien lo descubra y alerte a las autoridades se hace más fuerte cada día. Tenemos que ser muy cuidadosos, todo tiene que estar oculto, mantenido en secreto. Un desliz y toda la familia podría derrumbarse como un castillo de naipes. Un desliz y todos podríamos ser separados.

La actitud derrotista de Edward me aterroriza. Es como si él supiera algo que yo no.

—Edward, ¡dime que podemos estar juntos!

Él me extiende los brazos y me acurruco contra él con un sollozo. Envolviendo sus brazos alrededor de mí, me abraza fuerte.

—Lo haré todo —susurra en mi cabello—. Te doy mi palabra, haré todo lo que pueda, Bella. Encontraremos la forma de estar juntos. Lo voy a averiguar, lo haré, ¿de acuerdo?

Levanto la vista hacia él y parpadeo para contener las lágrimas, y él me da una brillante sonrisa tranquilizadora y esperanzadora. Asiento con la cabeza, sonriendo a cambio.

—Juntos somos fuertes —le respondo, mi voz más audaz de lo que siento.

Cierra los ojos por un momento, como si le doliera, y luego los abre de nuevo y levanta mi cara de su pecho, me besa suavemente. Nos abrazamos con fuerza durante mucho tiempo, mucho tiempo, calentándonos el uno al otro, hasta que el sol poco a poco comienza a bajar en el cielo.


Adelanto: Capítulo 19.

Una cosa es esconderse del mundo, otra, esconderse de la ley. Así que sigo repitiéndome a mí mismo: mientras no lleguemos al final, todo va a estar bien. Mientras no tengamos sexo de verdad, técnicamente no estamos teniendo una relación incestuosa.

(1) 80 centavos (dolares).

(2) Es una especie de árbol de ficus nativo de Australia.

Hola, pequeñajas :)

Paso a dejarles nuevo capítulo, perdón por la tardanza.

Gracias por todo y hasta luego, mis amores.

Camila.