Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a la bella Stephenie Meyer. La historia tampoco es mía, es una adaptación de la fabulosa obra de Tabitha Suzuma.
Advertencia: La historia trata con el incesto, así que si a usted no le simpatizan estos temas, absténgase de leer.
"Una situación se convierte en desesperada cuando empiezas a pensar que es desesperada." Willy Brandt.
Capítulo XX
Bella's POV
—Quince minutos —ruega Jessica—. Oh vamos, entonces... diez. ¡Edward sabe que tienes una clase tarde, así que seguramente un retraso de diez minutos no va a hacer ninguna diferencia!
Miro el rostro suplicante y esperanzado de mi amiga y una tentación momentánea corre a través de mí. Una Coca-Cola helada y tal vez un muffin en Smileys con Jessica, mientras ella trata de llamar la atención del nuevo y joven camarero que ha descubierto allí, posponiendo la frenética rutina vespertina de tareas, cena, baños y cama. De repente se siente como un absurdo lujo.
—Solo llama a Edward —persiste Jessica mientras cruzamos el patio de recreo, con las mochilas colgando de nuestros hombros, las mentes freídas y los cuerpos inquietos tras el largo y desperdiciado día escolar—. ¿Por qué diablos le molestaría?
No le molestaría, ese es el punto. De hecho, me incitaría para que fuera, y ese conocimiento me pesa con la culpa. Dejarlo para que haga la cena, supervisar las tareas y lidiar con James cuando su jornada escolar ha sido casi tan larga como la mía e, indudablemente, más dolorosa. Pero más que eso, deseo verlo, incluso si implica pasar otra noche luchando contra el doloroso impulso de abrazarlo, tocarlo, besarlo. Lo extraño después de estar todo un día separados, literalmente, lo extraño. E incluso si eso significa zambullirse directamente en una mortal lección de historia durante la maníaca refriega hogareña, no puedo esperar a ver sus ojos iluminarse al verme, la sonrisa de placer con la que me saluda cada vez que cruzo la puerta de entrada, incluso cuando está haciendo malabarismos con las cacerolas en la cocina, tratando de persuadir a Emmett de que ponga la mesa y a Alice de que deje de llenarse con cereal.
—Simplemente no puedo, lo siento —le digo a Jessica—. Tengo un montón de cosas que hacer.
Pero, por una vez, no me demuestra simpatía. En cambio se chupa el labio inferior, apoyando un hombro contra la pared externa del patio de recreo de la escuela, el lugar en el que normalmente nos despedimos.
—Pensé que era tu mejor amiga —dice de repente, con el dolor y la decepción resonando en su voz.
Respingo de sorpresa.
—Lo eres, tú sabes que lo eres, esto no tiene nada que ver con...
—Sé lo que está pasando, Bella —me interrumpe, sus palabras cortan el aire entre las dos.
Mi pulso empieza a acelerarse.
— ¿De qué demonios estás hablando?
—Has conocido a alguien, ¿no? —pronuncia como una sentencia, cruza los brazos frente a su pecho, se gira para apoyar la espalda contra la pared mirando más allá de mí, con su mandíbula apretada.
Me quedo sin palabras por un momento.
— ¡No! —La palabra no es más que un jadeo de sorprendido asombro—. No he conocido a nadie, lo prometo. ¿Por qué...? ¿Qué te hizo pensar...?
—No te creo. —Sacude la cabeza, aun mirando rabiosa a la distancia—. Te conozco, Bella, y has cambiado. Cuando hablas, siempre pareces estar pensando en otra cosa. Es como si estuvieras soñando despierta o algo así. Y pareces extrañamente feliz estos días. Y siempre sales corriendo apenas suena la última campana. Sé que tienes toda esa mierda con la que tratar en tu casa, pero es como si estuvieras ansiosa por irte, como si no pudieras esperar para marcharte...
— ¡Jessica, realmente no tengo un novio secreto! —protesto desesperada—. ¡Sabes que serías la primera en saberlo si fuera así! —Las palabras suenan tan sinceras cuando salen de mis labios que me siento ligeramente avergonzada.
Pero él no es simplemente un novio, me digo a mí misma, él es mucho más.
Jessica escudriña mi rostro como si continuara probándome, pero después de unos momentos, comienza a calmarse y aparenta creerme. Tengo que maquinar algún enamoramiento con un muchacho del Sexto Superior para explicar el que sueñe despierta, pero afortunadamente, tengo la suficiente presencia de ánimo para elegir alguien que ya tiene novia estable para que Jessica no trate de emparejarme.
Pero la conversación me deja sacudida. Me doy cuenta de que tengo que tener más cuidado. Incluso tengo que vigilar el modo en que me comporto cuando estoy lejos de él. Incluso el más mínimo desliz podría delatarnos.
...
Llego a casa para encontrar a James y a Emmett en la sala viendo televisión, lo que me sorprende. No tanto el hecho de que estén mirando televisión, pero sí el que lo estén haciendo al mismo tiempo y que Emmett sea el que tiene el mando a distancia.
James está encorvado en un extremo del sofá, sus embarrados zapatos del colegio medio sueltos, la cabeza apoyada en una mano, mirando la pantalla inactivamente. Emmett tiene rastros de ketchup en su camisa y está arrodillado al otro extremo del sofá, hipnotizado por algún violento dibujo animado, con los ojos dilatados y la boca completamente abierta como un pez. Ninguno de los dos voltea cuando entro.
— ¡Hola! —exclamo.
Emmett sostiene un paquete de Coco Pops y lo agita vagamente en mi dirección, su mirada aun fija hacia delante.
—Tenemos permiso —anuncia.
— ¿Antes de la cena? —inquiero suspicaz, sacudo mi blazer contra el sofá y lo arrojo en la parte superior de éste—. Emmett, no creo que eso sea una buena...
—Esta es la cena —me informa, toma otro gran puñado de la caja y se lo mete en la boca, rociando todo lo que lo rodea—. Eddie dijo que podíamos comer lo que se nos antojara.
— ¿Qué?
—Se han ido al hospital. —James gira su cabeza para mirarme con un aire de amplio sufrimiento—. Y tengo que quedarme aquí con Emmett y vivir de cereales por el futuro inmediato.
Me siento lentamente.
— ¿Eddie y Alice se han ido al hospital? —pregunto con la incredulidad resonando en mi voz.
—Seeh. —Llega la respuesta de James.
— ¡¿Qué demonios pasó?! —Mi voz se eleva, pego un brinco y empiezo a hurgar en mi bolso buscando mis llaves.
Sorprendidos por mi grito, los dos chicos por fin apartan sus ojos de la pantalla.
—Apuesto a que no es nada —dice James con amargura—. Apuesto a que van a pasarse toda la noche esperando en Urgencias, Alice se quedará dormida y cuando despierte, dirá que ya no le duele.
— ¿De qué estás hablando? —Emmett se gira hacia él, con sus ojos cafés abiertos y acusadores—. Quizás tengan que operarla, quizás tengan que amputarle...
— ¡¿Qué sucedió?! —grito frenética ahora.
— ¡No lo sé! ¡Se lastimó el brazo, yo ni siquiera estaba aquí abajo! —dice James a la defensiva.
—Yo sí —dice Emmett dándose importancia y sumergiendo el brazo entero dentro de la caja de cereal—. Se resbaló de la encimera, cayó al suelo y empezó a gritar. Cuando Eddie la levantó, empezó a gritar todavía más, así que él la cargó a la calle para conseguir un taxi y ella todavía estaba gritando.
— ¿Dónde han ido? —Sujeto a James por el brazo y lo sacudo—. ¿Al St Joseph's?
— ¡Ay, suéltame! ¡Sí, eso es lo que él dijo!
— ¡Ninguno de los dos se mueve de aquí! —grito desde la puerta de entrada—. Emmett, no salgas, ¿me has oído? James, ¿puedes prometerme que te quedarás con Emmett hasta que yo regrese? ¿Y que responderás el teléfono apenas suene?
James rueda los ojos con dramatismo.
—Edward ya ha dicho todo eso...
— ¿Me lo prometes?
— ¡Sí!
— ¡Y no le abras la puerta a nadie, y si hay algún problema, llamas a mi móvil!
— ¡Okay, okay!
...
Corro todo el camino. Es un buen par de kilómetros, pero la hora pico de tráfico hace que tomar un autobús sea más lento, si no más tortuoso. Correr activa la válvula de seguridad de mi cerebro, forzándome a ver visiones de Alice herida y gritando. Si algo terrible le sucede a esa niña, moriré, lo sé. Mi amor por ella es como un ardiente dolor en mi pecho y la sangre pulsa en mi cabeza, un resonante martilleo de culpa que me obliga a reconocer que desde que comenzó mi relación con Edward, a pesar de mis recientes esfuerzos, no le he estado prestando tanta atención a mi hermanita como antes. La he apresurado durante sus baños, a la hora de dormir y cuando le relato cuentos; la he reprendido cuando Emmett era el culpable, he rechazado propuesta tras propuesta de jugar con ella, poniendo como excusas las tareas del hogar o de la escuela, también la he obligado a mantener todo en orden para darle solo diez minutos de mi tiempo.
James demanda atención constante con su volatilidad y Emmett con su hiperactividad, dejando a Alice relegada, ahogada por sus hermanos durante las charlas en la cena. Como su única hermana, solía jugar a las muñecas y a las fiestas de té con ella, la vestía y la peinaba. Pero estos días he estado tan preocupada por otras cosas, que incluso no me di cuenta que se había peleado con su mejor amiga, no me di cuenta de que me necesitaba: para escuchar sus historias, preguntarle sobre su día y felicitarla por su casi impecable comportamiento, el cual, por su misma naturaleza, no llama la atención.
La herida en su pierna, por ejemplo: no solo Alice soportó el dolor en la escuela toda la tarde sin nadie que la fuera a buscar y la consolara, sino —lo que es peor y más significativo aun— que ni siquiera pensaba decirme nada sobre el incidente hasta que tuve que percatarme del vendaje por debajo del enorme agujero en sus medias.
Estoy a punto de llorar para el momento en que llego al hospital y, una vez más, trato de obtener indicaciones que casi me envían al otro lado. Eventualmente, localizo Pediatría Ambulatoria y me dicen que Alice está bien pero descansando y que podré verla tan pronto como despierte. Me conducen a una pequeña habitación fuera de un largo pasillo y me informan que el cuarto de Alice está justo doblando la esquina y que, en breve, un médico vendrá a hablarme.
Tan pronto como la enfermera desaparece, echo a correr de nuevo. Rodeo la esquina y reconozco, al final de otro pasillo de un blanco cegador, una figura familiar frente a las puertas pintadas de colores brillantes de la sala de Pediatría. Con la cabeza baja, se inclina apoyándose en sus manos que sujetan el borde de un ventanal.
— ¡Eddie!
Él se gira como si lo hubieran golpeado, se endereza con lentitud y entonces se aproxima con rapidez, alzando las manos como si se estuviera rindiendo.
—Ella está bien, está bien, está absolutamente bien... le dieron un sedante y le pusieron anestesia y oxígeno para el dolor y pudieron acomodarle el hueso de vuelta. Acabo de verla y está dormida, pero parece estar completamente bien. Después de hacerle radiografías por segunda vez, los médicos dijeron que están seguro de que no habrá daños a largo plazo, ¡ni siquiera va a necesitar una escayola y su hombro regresará a la normalidad en una semana o incluso antes! ¡Dicen que dislocarse los hombros es algo que le sucede a los niños todo el tiempo, que realmente es bastante común, que lo ven siempre, no hay nada de qué preocuparse! —está hablando increíblemente rápido, sus ojos irradian una especie de optimismo exaltado, mirándome con una expresión frenética, casi suplicante, como si esperara que me pusiera a brincar de alivio.
Me detengo en seco, resoplando, aparto los mechones sueltos de mi rostro y lo miro.
— ¿Se dislocó el hombro? —jadeo.
Él se estremece, como picado por mis palabras.
—¡Sí, pero eso es todo! ¡Nada más! Le han hecho radiografías y todo eso y...
— ¿Qué sucedió?
— ¡Simplemente se cayó de la encimera de la cocina! —Intenta tocarme, pero me aparto de su camino—. Mira, ella está bien, Bella, ¡te lo juro! No tiene nada roto: el hueso solo se salió de la articulación del hombro. Sé que suena dramático, pero todo lo que tuvieron que hacer fue empujarlo de vuelta a su lugar. Le aplicaron anestesia y oxígeno, así que no fue demasiado... demasiado doloroso, y... ahora está descansando.
Su comportamiento maníaco y su habla apresurada son un poco espeluznantes. Tiene el cabello de punta, como si se hubiera pasado los dedos y tirado de él repetidamente, el rostro pálido, su camisa de uniforme cuelga fuera de sus pantalones y se pega a su piel en manchas de sudor.
—Quiero verla.
— ¡No! —Me atrapa cuando intento pasar—. Ellos quieren que se le pase el sedante, no te permitirán entrar hasta que se despierte.
— ¡Me importa una mierda! ¡Ella es mi hermana, y está herida, y por eso voy a entrar a verla y nadie me lo va a impedir! —empiezo a gritar.
Pero Edward me está reteniendo por la fuerza y, para mi sorpresa, me encuentro de repente luchando contra él en este pasillo de hospital largo, brillante y vacío. Por un momento, estoy casi tentada de golpearlo, pero entonces lo oigo susurrar:
—No hagas una escena, no debes hacer una escena. Eso solo empeorará las cosas.
Retrocedo, respirando con dificultad.
— ¿Empeorar las cosas? ¿De qué estás hablando?
Él se me acerca y sus manos alcanzan mis hombros, pero retrocedo, negándome a que me tranquilice con cualquier insensata palabra de consuelo. Edward deja caer sus brazos con una mirada desesperada y sin esperanzas.
—Quieren ver a mamá. Les dije que estaba fuera por negocios, pero insisten por un número de teléfono. Así que les di el de su móvil, pero les pasó directamente al buzón de voz.
Saco mi teléfono.
—La llamaré a casa de Marco, e intentaré en el pub y también al móvil de Marco.
—No. —Edward alza sus manos en un gesto defensivo—. Ella... no está allí... —Bajando sus manos, traga saliva y camina lentamente hacia la ventana. Me doy cuenta de que cojea—. Ella... ella se marchó con él. Solo por el día festivo, aparentemente. A algún lugar de Devon, pero el hijo de Marco no sabe dónde. Solo dijo que creía... creía que estarían de vuelta para el domingo.
Jadeo, el horror corre a través de mis venas.
— ¿Se ha ido por toda la semana?
—Aparentemente, Caius no lo sabe... o no le importa. Y su teléfono ha estado apagado por días, ya sea porque olvidó su cargador o lo desconectó deliberadamente. —Edward vuelve a apoyarse contra la ventana, como si el peso de su cuerpo fuera demasiado para que lo soportaran sus piernas—. He intentado llamarla por las facturas. Ayer, después del colegio, me di una vuelta por allí y ahí fue cuando Caius me lo dijo. Se está quedando en el piso de su padre, con su novia. No quería preocuparte...
— ¡No tenías derecho de ocultármelo!
—Lo sé, lo siento, pero supuse que no había nada que pudiéramos hacer.
— ¡¿Y ahora qué?! —Ya no estoy hablando en tono mesurado. Una cabeza se asoma por una puerta más allá y trato de contenerme—. ¿Tiene que permanecer en el hospital hasta que mamá venga a buscarla? —siseo.
—No, no... —Él me pone una mano tranquilizadora y vuelvo a esquivarlo.
Estoy furiosa con él por tratar de callarme, por mantenerme afuera, por tratarme como uno de los niños y solo repetir que todo va a estar bien.
Antes de que tenga la ocasión de volver a interrogarlo, un médico bajo y medio calvo sale a través de las puertas dobles, se presenta como el Dr. Carlisle y nos conduce otra vez a la pequeña sala. Todos nos sentamos en unas sillas esponjosas y de baja altura y, alargándonos una gran radiografía, el médico nos muestra las imágenes del antes y el después, explicando qué procedimiento se realizó y qué esperar a continuación. Es alegre y tranquilizador, y repite la mayoría de lo que Edward me ha dicho ya, asegurándome que aunque el hombro de Alice le dolerá por unos días y tendrá que usar un cabestrillo, todo debería volver a la normalidad en una semana. También nos informa que ella ya está despierta y cenando y que nos la podemos llevar a casa tan pronto como esté lista.
Nos la podemos llevar a casa. Me siento relajada.
Nos ponemos todos de pie y Edward le agradece al Dr. Carlisle, el cual sonríe ampliamente, reitera que nos podemos llevar a Alice a casa tan pronto como esté lista y luego pregunta si estaría bien enviar a la señorita Heidi ahora. Edward apoya una mano en la pared como para procurarse equilibrio y asiente con rapidez, mordisqueándose el pulgar mientras el doctor se retira.
— ¿La señorita Heidi? —Me giro hacia Edward con un ceño interrogante.
Él se tambalea y me mira, respirando dificultosamente.
—No digas nada, ¿de acuerdo? Solo no digas nada —su voz es baja y urgente—. Déjame hablar a mí. No podemos arriesgarnos a contradecirnos entre nosotros. Si te pregunta cualquier cosa, solo mantén la historia del viaje de negocios habitual y dile la verdad... Tenías una clase tarde y no volviste a la casa hasta después de que había ocurrido.
Observo a Edward a través de la pequeña sala, con desconcierto.
—Creí que habías dicho que estaban bien sobre lo de mamá.
—Lo están. Es... es solo el procedimiento para este tipo de lesiones, dicen. Aparentemente, tienen que llenar algún tipo de informe.
Antes que él pueda agregar algo más, suena un golpe y entra una mujer alta, de cabello liso color caoba oscuro.
—Hola, ¿el médico les dijo que iba a venir a tener unas palabras con ustedes? Soy Heidi... de la Agencia de Protección Infantil. —Ella tiende una mano hacia Edward.
Se me escapa un pequeño sonido. Lo convierto en una tos.
—Edward Masen, en-encantado de conocerla.
¡Él lo sabía! Soy consciente de que me han presentado, tomo su mano delicada en la mía. Por un momento, literalmente, no puedo hablar. Mi mente se queda en blanco y olvido mi propio nombre. Luego, fuerzo una sonrisa, me presento y tomo asiento en el pequeño triángulo.
Heidi está revolviendo en un gran bolso, saca una carpeta, un bolígrafo y varias formas, charlando mientras lo hace. Le pide a Edward que confirme la situación con mamá, lo que él hace con una voz sorpresivamente firme. Ella parece estar satisfecha, garabatea un par de cosas y luego levanta la vista de sus notas con una amplia sonrisa artificial.
—Bueno, ya he hablado con Alice sobre lo que sucedió. Es una niña encantadora, ¿no es así? Ella me explicó que estaba en la cocina contigo, Edward, cuando se cayó. Y que tú, Bella, aun estabas en la escuela, pero sus dos hermanos estaban en la casa.
Miro hacia Edward, instándolo a hacer contacto visual conmigo. Sin embargo, él parece mirar hacia otro lado deliberadamente.
—Sí.
Otra de aquellas sonrisas falsas.
—Okay, entonces, explícame cómo ocurrió el accidente en tus propias palabras.
No entiendo, esto no es sobre mamá. Y, seguramente, Edward le dio los detalles de la caída al doctor a cargo cuando trajo a Alice.
—E-está bien, okay. —Edward se inclina hacia delante, los codos sobre las rodillas, como si deseara desesperadamente contarle cada detalle a la mujer—. Y-yo entré a la cocina y Alice estaba subida sobre la encimera, donde no tiene permitido estar, porque es... es realmente bastante alto, y... y ella estaba de puntillas, tratando de alcanzar una caja de bizcochos de la alacena superior... —está hablando en ese modo maníaco y entrecortado de nuevo, casi tropezando con las palabras en su prisa por hablar.
Puedo ver cómo tiemblan los músculos de sus brazos y se ha mordido tan fuerte la rozadura bajo su boca que está empezando a sangrar.
Heidi solo asiente con la cabeza, garabatea algo más y levanta la mirada, expectante.
—Yo l-le dije que se bajara. Ella se negó, diciendo que sus hermanos ya habían comido algunas y que luego d-deliberadamente pusieron los bizcochos fuera de su alcance. —él está jadeando, mirando la forma como si tratara de leer lo que está escrito.
—Continúa.
—Así que yo... repetí lo que acabo de decir...
— ¿Qué fue exactamente lo que dijiste? —La voz de la mujer ahora es más aguda.
—S-solo... bueno, básicamente: Alice, bájate.
— ¿Eso fue hablando o gritando?
Él parece tener problemas para respirar, el aire hace un sonido rasposo en el fondo de su garganta.
—Um... bueno... bueno... la primera vez hablé en voz un poco alta p-porque me preocupaba verla allí, y... y la segunda vez, después de que ella se negó, yo... supongo que s-sí, de cierto modo le grité. —Él la mira, mordiéndose la comisura de los labios, su pecho sube y baja rápidamente.
¡No puedo creer lo de esta mujer! ¿Hacer que Edward se sienta culpable por gritar a su hermana cuando ella estaba haciendo algo peligroso?
— ¿Y entonces? —Los ojos de la mujer son muy agudos, parece particularmente atenta ahora.
—Alice... ella, bueno, ella me i-ignoró.
— ¿Y entonces qué hiciste?
Hay un terrible silencio. ¿Qué hiciste?, me repito para mí misma desesperada hasta el tope, pero atrapada por mi promesa de dejar que Edward hable, aparte del hecho de que realmente yo no estaba allí. ¿Protección Infantil hace esto con los padres de cada niño lastimado que llega al hospital, aunque sea el padre el que lo ha llevado? ¿Culpable hasta que se demuestre lo contrario? ¡Eso es ridículo! ¡Los niños se caen y se lastiman todo el tiempo!
Pero Edward aun no responde. Siento que mi corazón empieza a golpetear. No es momento para un episodio de miedo escénico, le ruego en mi mente. ¡Que no se vea como que tienes algo que ocultar!
Edward frunce el ceño, suspira y se muerde los labios como si estuviera tratando de recordar y, con un sobresalto, me doy cuenta que está a punto de echarse a llorar. Me aprieto contra la silla y me remuerdo para contenerme de intervenir.
—Yo la b-bajé. —Su barbilla tiembla brevemente, no levanta la mirada.
— ¿Podrías explicar exactamente cómo lo hiciste?
—Fui... me acerqué y la agarré del brazo y entonces... y entonces la bajé de la encimera. —Su voz se quiebra y alza un puño hasta su rostro, apretando los nudillos con fuerza contra su boca.
¿Edward, de qué demonios estás hablando? Nunca lastimarías deliberadamente a Alice… lo sabes tan bien como yo.
— ¿La agarraste del brazo y la bajaste al suelo? —La mujer arquea las cejas.
El silencio se extiende por toda la habitación, puedo oír los latidos de mi propio corazón. Finalmente, Edward baja el puño de su boca y toma una respiración entrecortada.
—La jalé de su brazo y... y... —Mira hacia arriba, hacia la esquina del techo y las lágrimas se acumulan en sus ojos como canicas translúcidas—. Sé que no debí hacerlo... no estaba pensando...
—Solo dime qué sucedió.
—Yo la j-jalé del brazo y ella se resbaló. Ella... estaba en calcetines y su pie solo se deslizó por la superficie de la encimera. Yo... mantuve su brazo sujeto para tratar de detenerla y evitar que se lastimara y fue entonces cuando oí ese... ¡ese chasquido! —Él aprieta los ojos cerrándolos por un momento, como si sufriera un terrible dolor.
— ¿Así que tú mantuviste su brazo sujeto cuando ella se golpeó contra el piso y el peso de su cuerpo sacó el hueso de la articulación?
—Fue instintivo soltarla cuando se cayó. Yo... creí que iba a cogerla, no... ¡no que le arrancaría el hueso de la articulación! ¡Jesús! —Las lágrimas caen por sus mejillas, se las enjuga con rapidez—. No lo pensé...
— ¡Eddie!
Sus ojos encuentran los míos esta vez.
—Fue... fue un accidente, Bella.
— ¡Ya lo sé! —exclamo con suave indignación.
La maldita mujer está garabateando de nuevo.
—¿Quedas a menudo a cargo de tus hermanos, Edward? —pregunta.
Retrocedo en la silla. Edward presiona sus dedos contra sus ojos y toma algunas inspiraciones cortas, tratando de recuperarse. Sacude vehementemente la cabeza.
—Solo cuando nuestra madre sale en viaje de negocios.
— ¿Y cuán a menudo sucede eso?
—Eso... eso depende... Cada un par de meses o algo así.
—Y cuando ella está lejos, presumo que tienes que recogerlos de la escuela, cocinarles, ayudarles con la tarea, entretenerlos, llevarlos a la cama...
—Lo hacemos juntos —digo con rapidez.
La mujer se vuelve hacia ambos, ahora.
—Debe ser agotador, después de un largo día en la escuela.
—Ellos son buenos en entretenerse solos.
—Pero cuando se portan mal, ustedes tendrán que disciplinarlos.
—No realmente —digo con firmeza—. Tienen muy buen comportamiento.
— ¿Con anterioridad, alguna vez has lastimado a uno de tus hermanos? —pregunta la mujer, volviéndose hacia Edward.
Él toma aire. La pelea con James cruza como un relámpago por mi mente.
—¡No! —exclamo con indignación—. ¡Nunca!
...
En el autobús camino a casa, los tres estamos en silencio, cansados, exhaustos. Alice está acurrucada en el regazo de Edward, con el brazo en cabestrillo sobre el pecho, el pulgar de su otra mano en su boca. Su cabeza descansa contra el cuello de él, los puntos luminosos de los autos pasan flotando sobre su cabello negro. Edward la sostiene fuertemente contra él, su mirada fija en la ventana, el rostro pálido y aturdido, los ojos vidriosos, rehusándose a mirarme.
Llegamos a casa para encontrarnos que un tornado ha golpeado la cocina, la alfombra de la sala está llena con copos de cereal, bizcochos y migajas. Sin embargo, para nuestra sorpresa, Emmett está realmente acostado y James aun está en casa, arriba en el ático, la música resuena a través del cielorraso.
Mientras Edward le da una bebida y algo de medicina para el dolor a una atontada Alice y la mete en la cama, subo las escaleras para hacerle saber a James que ya hemos vuelto.
—Así que, ¿se rompió el brazo o qué? —A pesar del tono despreocupado de su voz, reconozco una nota de preocupación en sus ojos mientras su mirada va desde mí hacia su GameBoy.
Empujo sus piernas hacia un lado para hacerme lugar sobre el colchón y me siento junto a su espatarrada figura.
—No tenía nada roto en realidad. —Le explico sobre el hombro dislocado.
—Sí, Emmett dijo que Ed perdió los estribos y sacó a Alice de la encimera de la cocina. —Su rostro se ensombrece de repente.
Pongo mis rodillas contra mi pecho y tomo una profunda inspiración.
—James, tú sabes que fue un accidente. Sabes que Edward nunca lastimaría a Alice a propósito, ¿no es así? —Mi voz lo está cuestionando seriamente.
Conozco la respuesta y sé que él también, pero necesito que sea honesto conmigo por un momento y lo admita en realidad.
James toma aire, listo para una réplica sarcástica, pero parece vacilar mientras su mirada me encierra.
—Sí —confiesa tras un momento, con un toque de derrota en su voz.
—Sé que estás enojado —digo en voz baja—, por cómo sucedieron las cosas con mamá y papá, por cómo Edward y yo siempre somos los que estamos a cargo... y James, tienes todo el derecho a estarlo, pero tú sabes cuál es la alternativa.
Sus ojos se han deslizado de vuelta a su GameBoy, incómodo por el súbito cambio de tema.
—Si los de Servicios Sociales encuentran que mamá ya no vive más aquí, que estamos por nuestra propia cuenta...
—Sí, sí, lo sé —interrumpe bruscamente, golpeando con saña los botones de su consola con los pulgares—. Nos tomarán en custodia y nos separarán y toda esa mierda. —Su voz suena harta y molesta, pero puedo sentir el miedo tras ella.
—Eso no sucederá, James —le aseguro con rapidez—. Edward y yo nos aseguraremos de eso, lo prometo. Pero eso significa que tenemos que ser cuidadosos, realmente cuidadosos, sobre lo que le decimos a otras personas. Incluso si es solo un amigo de la escuela. Todo lo que tendría que hacer es mencionarlo a sus padres o a otro amigo, y todo lo que tendría que hacer es una llamada a Servicios Sociales.
—Bella, lo capto. —Sus pulgares cesan de moverse sobre los botones y me mira sombríamente, de repente parece mucho mayor de sus trece años—. No le diré a nadie sobre el brazo de Alice o de cualquier otra cosa que pueda meternos en problemas, ¿de acuerdo? Te lo prometo.
Adelanto: Capítulo 21.
El blanco material se arremolina a sus pies, haciéndome sonreír. Me pongo mi ropa interior y me uno a ella junto a la ventana, besando su mejilla.
—Acepto.
Me mira interrogante y luego a la sábana antes de reírse como tonta.
— ¿En la salud y en la enfermedad? —pregunta—. ¿Hasta que la muerte nos separe?
Sacudo mi cabeza.
—Mucho más allá de eso —digo—. Para siempre.
Hola, mis amores :)
Aquí les dejo otro capítulo de esta historia, gracias por leer.
Expreso aquí mi sentido pésame por la muerte de Paul Walker, AMO las películas de Rápido y Furioso y su muerte es muy dolorosa para mí, como lo es para todos sus fans. Y como lo es aun más para sus familiares y amigos. Descanse en paz.
Camila.
