Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a la bella Stephenie Meyer. La historia tampoco es mía, es una adaptación de la fabulosa obra de Tabitha Suzuma.

Advertencia: La historia trata con el incesto, así que si a usted no le simpatizan estos temas, absténgase de leer.


"En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven." Nicolás Maquiavelo.

Capítulo XXII

Bella's POV

En las últimas semanas parece haber ocurrido un cambio trascendental. De repente, todos parecen mucho más felices, muchísimo más por lo menos. James empieza a comportarse como un ser humano civilizado. Edward cumple los dieciocho, todos salimos a Burger King para celebrar y Alice y yo hacemos un delicioso, aunque torcido pastel. Mamá se olvida incluso de llamar.

Tomarnos el raro día libre de escuela nos permite a Edward y a mí tener tiempo para nosotros, tiempo para resolver la montaña de cosas que hace tiempo deberían haberse hecho: visitas al doctor, al dentista, al peluquero. Edward ayuda a James a arreglar su bicicleta y finalmente consigue suficiente efectivo de mamá para comprar nuevos uniformes y pagar algunas de las facturas vencidas. Juntos, limpiamos la casa de arriba abajo, creamos un nuevo juego de reglas de la casa para alentar a los chicos a tomar unas pocas responsabilidades por sí mismos. Pero, lo más importante de todo, hacemos tiempo para hacer cosas como familia: jugar en el parque o sentarnos alrededor de la mesa de la cocina con un juego de mesa.

Ahora que Edward y yo pasamos nuestras noches juntos y faltamos a la escuela cuando sea que las cosas se vuelven muy estresantes de nuevo, nuestro tiempo para estar solos ya no es tan limitado, y pasarla bien con los chicos se vuelve tan importante como cuidarlos.

Mamá se "reporta" con nosotros de tanto en tanto, raramente quedándose mas de una noche o dos, dándonos de mala gana el dinero que supuestamente debe hacernos pasar la semana, rencorosa al sacar su chequera para pagar las facturas que Edward le tira en la cara. Mucha de su rabia se debe al hecho de que Edward y yo nos negamos a dejar la escuela y conseguir trabajos, pero hay una razón más profunda allí también. Todavía esta obligada a mantener una familia de la que ya no es parte; de la que ha elegido no ser parte.

Pero además de la faceta financiera de las cosas, ninguno de nosotros espera nada más de ella, así que nadie está desilusionado. Emmett y Alice dejan de correr a recibirla, ya no ruegan por unos pocos minutos de su tiempo. Edward ya está comenzando a buscar trabajo después de sus As. En la universidad, insiste, será capaz de trabajar media jornada y no tendrá que seguir rogándole a mamá por dinero. Como familia, ya estamos completos.

Pero yo vivo por las noches. Abrazando a Edward, sintiendo cada parte de él, excitándolo con solo el toque de mi mano... me hace desear más.

—¿Te imaginas alguna vez como sería? —le pregunto—. ¿De verdad...?

—Todo el tiempo.

Hay un largo silencio. Él me besa, sus pestañas hacen cosquillas en mi mejilla.

—Yo también —susurro.

—Un día —dice jadeando suavemente mientras rozo con mis dedos su muslo.

—Sí...

Y, sin embargo, algunas noches estamos tan cerca.

Siento el deseo con dolor en mi espalda y siento la frustración de Edward tan profunda como la mía. Cuando me besa tan fuerte que casi duele y su cuerpo se presiona contra el mío, desesperado por ir más lejos, comienzo a preocuparme de que al compartir la cama cada noche nos estemos torturando el uno al otro. Pero cuando sea que hablamos de eso, los dos coincidimos que preferimos por mucho estar juntos así que volver a nuestras habitaciones separados sin tocarnos para nada.

...

En la escuela, cuando miro a Edward sentado solo en los escalones en el recreo y él me devuelve la mirada, el abismo entre nosotros parece enorme. Discretamente levantamos una mano a modo de saludo y cuento las horas hasta que pueda verlo como es debido en casa. Sentada en la pared baja con Jessica a mi lado, a menudo pierdo el hilo de la conversación y me siento ahí soñando despierta con él, hasta que un día, para mi gran asombro, él no está solo.

—Oh, mi Dios, ¿con quién está hablando? —interrumpo a Jessica a mitad de la oración.

Sus ojos siguen mi mirada.

—Parece que es Garrett, ese chico nuevo de sexto. Su familia acaba de mudarse desde Irlanda, creo. Aparentemente es súper inteligente. Está aplicando a todas estas universidades. ¡Debes haberlo visto por algún lado!

No lo he visto, pero a diferencia de Jessica, yo no me paso la mayor parte de mi tiempo comiéndome con los ojos a cada pupilo masculino en sexto año.

—¡Jesús! —exclamo, la perplejidad sonando en mis palabras—. ¿Por qué crees que estén hablando?

—Almorzaron juntos ayer —me informa Jessica.

Me doy la vuelta para mirarla fijamente.

—¿En serio?

—Ajá. Y cuando pasé al lado de Edward en el corredor el otro día, medio como que tuvimos una conversación. —Abre ampliamente la boca.

—¿Qué?

—¡Sí! En vez de caminar derecho, fingiendo que no me vio, de hecho se detuvo y me preguntó cómo estaba.

Siento una sonrisa incrédula extenderse por mi cara.

—Así que, ya ves, él puede hablar con la gente. —Jessica deja salir un suspiro melancólico—. Tal vez al fin consiga que salga conmigo.

Vuelvo a mirar a los escalones con una sonrisa de placer.

—Oh, mi Dios...

Garrett aún está ahí. Parece estar enseñándole algo a Edward en su teléfono móvil. Observo a Edward hacer un gesto gracioso en el aire y Garrett se ríe.

Aun tambaleándome por la sorpresa, decido arriesgarme y le hago a Jessica la pregunta que he estado esperando hacerle por algún tiempo.

—Hey, he estado preguntándome algo. ¿Crees... crees que dos personas cualquiera, si realmente y verdaderamente están enamorados el uno del otro, deberían poder estar juntos sin importar quiénes son? —pregunto.

Jessica me lanza una mirada divertida, ve que estoy siendo seria, y entrecierra los ojos, pensativa.

—Claro, ¿por qué no?

—¿Y si su religión se los prohíbe? ¿Si sus padres estuvieran devastados o amenazan con repudiarlos o algo? ¿Deberían seguir adelante de todos modos?

—Por supuesto —contesta Jessica con un encogimiento de hombros—. Es su vida, así que deberían poder elegir a quien quisieran. Si sus padres están lo suficientemente locos como para tratar de evitar que se vean, podrían huir, fugarse.

—¿Y que si fuera algo más difícil? —pregunto, pensando con esfuerzo—- ¿Qué si fueran... no lo sé... un maestro y un estudiante?

Los ojos de Jessica se abren ampliamente y repentinamente me toma del brazo.

—¡Imposible! ¿Quién demonios es? ¿El señor Varner? ¿Ese tipo en el departamento de informática y tecnología? ¿Ese del tatuaje?

Riéndome, sacudo mi cabeza.

—¡No yo, tonta! Solo estaba pensando hipotéticamente. Como estuvimos hablando en historia, sobre como la sociedad ha cambiado tanto en el último medio siglo...

—Oh. —La cara de Jessica cae en la decepción.

La miro y resoplo.

—¿El señor Varner? ¿Estás bromeando? ¡Tiene como sesenta!

—¡Creí que era medio sexy!

Pongo lo ojos en blanco.

—Eso es porque estás loca. Pero en serio. Hipotéticamente.

Jessica suspira fatigosamente.

—Bueno, deberían esperar a que la estudiante estuviera por encima del límite de edad, para empezar.

—¿Pero y qué si ya lo estaba? ¿Qué tal si ella tenía dieciséis y el tipo estuviera por los cuarenta? ¿Deberían escaparse? ¿Eso estaría bien?

—Bueno, el tipo perdería su trabajo y los padres de la chica estarían muertos de la preocupación, así que tal vez estarían mejor manteniéndolo en secreto por unos pocos años. Entonces, para cuando la chica tenga diecinueve o por ahí, ¡ya no sería tan grave! —Se encoge de hombros—. Creo que sería genial salir con un maestro. Imagínalo, sentada en clase, podrías...

Me desconecto de ella y respiro profundamente, frustrada. No hay nada, me doy cuenta de repente, nada que se pueda comparar con nuestra situación.

—¿Así que ya nada es tabú? —la interrumpo—. ¿Estás diciendo que no hay dos personas, que si se aman lo suficiente, deban ser forzadas a separarse?

Jessica piensa por un momento y luego se encoje de hombros.

—Supongo que no. No aquí, de todas formas, gracias a Dios. Somos lo suficientemente afortunados para vivir en un país que tiene la mente bastante abierta. Siempre y cuando que una persona no esté forzando a la otra, supongo que cualquier amor está permitido.

Cualquier amor. Jessica no es estúpida. Sin embargo el único tipo de amor que nunca estará permitido, ni siquiera se ha cruzado por su cabeza. El único amor tan repugnante y tabú, que ni siquiera es incluido en una conversación sobre relaciones ilícitas.

...

La conversación me persigue durante las próximas semanas. Aunque no tengo ninguna intención de alguna vez confiarle nuestro secreto a alguien, no puedo evitar preguntarme cuál sería la reacción de Jessica si de alguna manera se enterara. Ella es una persona inteligente, de criterio amplio y con un lado rebelde.

A pesar de su audaz declaración de que ningún amor está mal, sospecho enérgicamente que ella estaría tan horrorizada como cualquier otro si supiera de mi relación con Edward. ¡Pero él es tu hermano!, puedo escucharla exclamar. ¿Cómo pudiste hacer eso con tu hermano? ¡Es tan asqueroso! Oh Dios, Bella, estás enferma, realmente enferma. Necesitas ayuda. Y lo más extraño es que una parte de mí está de acuerdo.

Parte de mí piensa: Sí, si James fuera mayor y esto fuera con él, sería totalmente asqueroso. La mera idea es impensable, no quiero imaginármelo. De hecho me pone enferma físicamente. ¿Pero cómo hacerle entender al mundo que Edward y yo somos hermanos solo por un percance biológico? ¿Que nunca fuimos hermanos en el verdadero sentido, sino que siempre fuimos compañeros, teniendo que educar una familia mientras nosotros mismos crecíamos? ¿Cómo explicar que Edward nunca se ha sentido como un hermano sino como algo mucho, mucho más cercano a algo como... un alma gemela, un mejor amigo, parte de cada fibra de mi ser? ¿Cómo explicar que esta situación, el amor que sentimos el uno por el otro, todo lo que a otros puede parecerles enfermizo y retorcido y asqueroso, para nosotros se siente completamente natural y maravilloso y ¡oh!... tan, tan correcto?

En la noche, después de besarnos y abrazarnos y tocarnos el uno al otro, nos recostamos ahí y hablamos hasta tarde. Hablamos sobre todo y sobre nada: cómo les está yendo a los chicos, anécdotas de la escuela, cómo nos sentimos con respecto al otro. Y desde que lo vi en los escalones teniendo una conversación, hablamos sobre la recientemente encontrada voz de Edward. Aunque está inclinado a llevarlo con calma, sí confiesa que se ha hecho una especie de amigo de Garrett, quien inicialmente se acercó a Edward porque los dos tenían ofertas de la UCL. Hablar con cualquier otro todavía es algo que evita, pero estoy rebosante de alegría. El hecho de que ha establecido una conexión con una persona fuera de la familia significa que puede, que habrá otros, y que una vez que vaya a la universidad al fin conocerá gente con la que tendrá algo en común.

Y la noche que Edward me dice que se las arregló para pararse enfrente de toda su clase de inglés y leyó uno de sus ensayos, dejo salir un chillido que debo silenciar con una almohada.

—¿Por qué? —pregunto, jadeando con deleite—. ¿Cómo se dio? ¿Qué pasó? ¿Qué cambió?

—He estado pensando en ello, en lo que dijiste, que debería dar un paso a la vez y eso, mayormente en que pensaste que yo podía hacerlo.

—¿Cómo fue todo? —pregunto, luchando para mantener mi voz en un susurro, mirando a unos ojos que, incluso en la luz baja, brillan con ligero triunfo.

—Horrible.

—¡Oh, Ed!

—Mis manos temblaban y mi voz también y las palabras en la página de repente se volvieron una masa de jeroglíficos, pero de alguna manera logré salir adelante. Y cuando terminé hubo algunas personas, y no solo las chicas, que de hecho aplaudieron. —Él deja salir una especie de corta exclamación de sorpresa.

—Bueno, ¡por supuesto que aplaudieron! ¡Tus ensayos son totalmente increíbles! —contesto.

—También estaba este tipo, un tipo llamado Eric que es buena onda, y él vino a mí después de la campana y dijo algo sobre el ensayo. No sé qué exactamente, porque estaba todavía ensordecido del terror —se ríe—. Pero debe haber sido algo de reconocimiento porque me dio una palmada en la espalda.

—¿Ves? —me jacto suavemente—. ¡Estaban inspirados por tu ensayo! Con razón tu maestra estaba tan impaciente para que leyeras uno. ¿Le contestaste algo a Eric?

—Creo que dije algo como "oh-umclaro-hurra". —Edward deja salir un bufido burlón.

Me río.

—¡Eso es genial! ¡Y la próxima vez en verdad dirás algo un poco más coherente!

Edward sonríe y se acuesta de costado, sosteniendo su cabeza con su mano.

—Sabes, recientemente, incluso cuando estamos separados, algunas veces pienso que tal vez voy a vencer esto, que un día quizás sea normal.

Beso su nariz.

—Eres normal, tonto.

Él no responde, pero empieza a frotar pensativamente un mechón de mi cabello entre sus dedos.

—Algunas veces me pregunto... —Corta el hilo abruptamente, de repente examina mi cabello en detalle.

—¿Algunas veces te preguntas...? —Inclino mi cabeza y beso la esquina de su boca.

—Qué... qué haría sin ti —termina en un susurro, su mirada estudiadamente evitando la mía.

—Irte a dormir a una hora razonable, en una cama donde de hecho puedes rodar sin caerte.

Se ríe suavemente hacia la noche.

—Oh sí, una vida más fácil en muchos sentidos. Mamá nunca debió embarazarse tan rápido después de mí...

Su chiste cuelga incómodo y la risa es aspirada por la oscuridad, y la verdad detrás de sus palabras se hunde en nosotros.

Después de un largo silencio, Edward dice de repente:

—Con certeza ella no estaba hecha para tener hijos, pero bueno, no es que en verdad crea en el destino ni nada, ¿pero qué si nosotros fuimos hechos el uno para el otro? —No respondo de inmediato, no estoy segura de a dónde quiere llegar—. Supongo que lo que estoy tratando de decir es que tal vez lo que parece una situación de mierda para un montón de niños abandonados en realidad, por la manera en que pasó, lleva a algo en verdad especial.

Pienso en esto por un momento.

—¿Piensas que si hubiéramos tenido padres convencionales, o solo padres, tú y yo no nos hubiéramos enamorado?

Hay silencio de su parte ahora. La luz de la luna ilumina el lado de su cara, un brillo blanco plateado baña una mitad, dejando la otra en las sombras. Tiene esa mirada distante en sus ojos lo que significa que, o su mente está en algún otro lado, o que está dándole a mi pregunta cautelosa mucha consideración.

—A menudo me pregunto... —empieza en voz baja. Espero a que continúe—. Mucha gente asegura que el abuso se continúa en abuso, así que para muchos psicólogos, la indiferencia de nuestra madre, que es considerada una forma de abuso, estaría directamente relacionada con nuestro comportamiento "anormal", que ellos interpretarían como abuso también.

—¡¿Abuso?! —exclamo atónita—. ¿Pero quién estaría abusando de quién? En el abuso hay un atacante y una víctima. ¿Cómo podríamos ser vistos tanto como abusadores como abusados?

El brillo blanco azulado de la luna ilumina justo lo suficiente como para que note la expresión de Edward que cambia de pensativa a preocupada.

—Bella, vamos, piénsalo. Yo sería automáticamente visto como el abusador y tú como la víctima.

— ¿Por qué?

—¿Sobre cuántos casos de hermanas menores abusando sexualmente de hermanos mayores has leído? Piénsalo, ¿cuántas mujeres violadoras y mujeres pedófilas hay?

—¡Pero eso es una locura! —exclamo—. ¡Yo podría ser la que te fuerza a entrar en una relación sexual! ¡No físicamente, pero, no sé, a través de sobornos, chantaje, amenazas, lo que sea! ¿Estás diciendo que aunque yo abusara de ti, la gente seguiría asumiendo que yo soy la víctima solo porque soy una chica y un año menor?

Edward asiente lentamente, su abundante cabello cobrizo cae contra la almohada.

—A menos que haya una muy fuerte evidencia de lo contrario, un reconocimiento de culpa de tu parte, testigos o algo... entonces, sí.

—¡Pero eso es tan sexista, tan injusto!

—Estoy de acuerdo, pero la gente confía ciegamente en las generalizaciones, y aunque algunas veces pase de la manera contraria, debe ser bastante raro. Para empezar, hay un aspecto físico... así que no es tan sorprendente que en situaciones como éstas, los hombres sean automáticamente asumidos como los abusadores, especialmente si son mayores.

Doblo las piernas contra el estómago de Edward y cavilo en esto por un rato.

Todo parece tan incorrecto. Pero al mismo tiempo, soy consciente de que soy culpable de los mismos prejuicios. Si escucho de una violación, o de un niño siendo abusado, inmediatamente pienso en un hombre violador, un hombre pedófilo.

—¿Pero qué si nadie está siendo abusado? —pregunto de repente—. ¿Qué pasa si es cien por ciento consentido, como nosotros?

Exhala lentamente.

—No lo sé. Aun estaría en contra de la ley, todavía es incesto. Pero no hay mucha información sobre eso, porque aparentemente es algo que muy, muy rara vez pasa...

Los dos dejamos de hablar por un rato. Tanto tiempo, de hecho, que comienzo a pensar que Edward se ha quedado dormido. Pero cuando doy vuelta la cabeza en la almohada para asegurarme, veo que sus ojos están muy abiertos, brillantes e intensos, mirando fijo el techo.

—Eddie. —Me pongo de lado y recorro su antebrazo con mis dedos—. Cuando dices que no hay mucha información sobre el tema, ¿qué quieres decir? ¿Cómo lo sabes?

Está mordiendo su labio de nuevo. A mi lado, su cuerpo se siente tenso. Duda por un momento, luego rueda para enfrentarme.

—Yo... hice un poco de investigación en Internet... Yo solo... yo solo... —Respira profundamente antes de intentarlo de nuevo—. Yo solo quería saber en dónde estamos parados.

—¿Con qué?

—Con... con la ley.

—¿Para encontrar una manera de cambiar nuestros nombre? ¿De vivir juntos?

Se frota los labios, rehusándose a mirarme a los ojos, luciendo cada vez más agitado e incómodo.

—¿Qué? —exijo en voz alta, asustada ahora.

—Para ver qué pasa si nos atrapan.

—¿Si nos atrapan viviendo juntos? —pregunto incrédula.

—Atrapan... atrapan teniendo una relación.

—¿Teniendo sexo?

—Sí.

—¿Por quién?

—La policía.

Estoy teniendo problemas para respirar de repente, como si mi garganta estuviera obstruida. Me siento abruptamente, mi cabello cayendo a los costados de mi cara.

—Mira, Bella. No es... solo quería chequearlo. —Edward está empujándose contra la cabecera, luchando por encontrar las palabras para tranquilizarme.

—¿Eso significa que nunca podremos...?

—No, no, no necesariamente —dice rápidamente—. Solo significa que no podemos hasta que los chicos sean grandes y estén a salvo, e incluso entonces tenemos que tener mucho, mucho cuidado.

—Sabía que era oficialmente ilegal —le digo desesperadamente—. Pero la marihuana es ilegal, también conducir rápido y orinar en público. De todas formas, ¿cómo se daría cuenta la policía y por qué iba a importarles? ¡No es como si estuviéramos lastimando a alguien o a nosotros mismos! —Siento que me quedo sin aliento pero estoy determinada a demostrar mi punto—. Y de todas formas, si de alguna manera fuéramos atrapados, ¿qué haría la policía? ¿Multarnos? —Dejo salir una risa áspera.

¿Por qué Edward está tratando de asustarme así? ¿Por qué está actuando tan serio, como si estuviéramos cometiendo un verdadero crimen?

Medio apoyado contra el cabecero, Edward me mira fijo. Si no fuera por la expresión afligida en sus ojos, se vería bastante cómico, su cabello todo despeinado. Su cara irradia una mezcla de miedo y desesperación.

—Bella...

—Eddie, ¿qué? ¿Cuál es el problema?

Él respira.

—Si nos encontraran, seríamos enviados a prisión.


Adelanto: Capítulo 23.

—Wow, así que desde el sábado nosotros tres no estaremos —comenta James casi pensativo, mirando a Bella, luego a mí—. Solo serán tú y Bella atascados en la casa.

Hola, hola.

Lo siento por el retraso, la universidad me mata.

Nos leemos pronto, adiós y gracias por todo :)

Camila.