Esta historia está basada en la Novela de Romance/erótica "Un millón de secretos inconfesables" de C.L Parker. Yo sólo decidí adaptarla a un fanfic ,para que puedan disfrutar de un romance entre G-dragon oppa y una OC. Enjoy!

Todos los creditos reservados a sus respectivos dueños y creadores. Ninguno de los personajes me pertenece.


-Skyler-

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Pero de pronto una lucecita anaranjada parpadeó en medio de la oscuridad como las brasas en la punta de un pitillo al dar alguien una calada. Al mirar con más detenimiento vi el perfil de un tipo sentado con toda tranquilidad en una poltrona. La figura se inclinó hacia delante un poco para cambiar de postura, permitiéndome verle mejor, aunque no del todo.

—Caballeros —anunció Scott dando una palmada mientras se quedaba plantado a mi espalda—. Aquí tienen a la encantadora Skyler White, la

número sesenta y nueve de la lista de esta noche. Creo que ya se habrán dado cuenta de sus virtudes, pero permítanme que les destaque algunos de

sus mejores atributos. »En primer lugar ha llegado hasta nosotros por su propia decisión. Como pueden apreciar es una chica espectacular que les hará la vida infinitamente más fácil si necesitan ir a un evento social acompañados de una pareja. Es joven, aunque no demasiado, de modo que sus amigos y su familia tenderán más a creer que mantienen una relación tradicional con ella, si consideran este aspecto importante. Es culta y educada, tiene la

dentadura intacta y una buena salud. Y no se droga, de ahí que no necesitarán esperar a que se someta a una cura de desintoxicación antes de hacer con ella… y con su cuerpo, lo que les plazca.

»Y probablemente la mayor ventaja de todas es que todavía está sin estrenar. Es decir, es una virgen de primera, mis queridos caballeros. Inmaculada, intacta… pura como la nieve recién caída. Es perfecta para aprender lo que ustedes quieran enseñarle, ¿no les parece? Dicho esto, empecemos la subasta en un millón de dólares. ¡Y que el cabrón más afortunado gane la puja! —concluyó con una amplia y falsa sonrisa.

Volviéndose hacia mí, me guiñó el ojo y luego salió de la habitación.

La plataforma sobre la que yo estaba se puso a girar en medio de la habitación y aunque no lo hiciera a demasiada velocidad, me cogió por sorpresa y me tambaleé un poco antes de recuperar el equilibro. Empecé a girar y a girar mientras la subasta comenzaba.

No se oía ninguna voz, solo un ocasional zumbido cuando las luces que había sobre las puertas se encendían. Podía ver a los tipos sentados tras ellas cogiendo el teléfono que había a su lado para hablar por el auricular antes de que la luz de su puerta se encendiera, y supuse que era su forma de pujar.

No tenía idea de si estaban ofreciendo grandes sumas de dinero por mí. Solo esperaba que recaudara lo bastante para pagar la intervención quirúrgica de Ashley. Al poco tiempo, el jeque y el tipo canijo se retiraron de la subasta, dejando a Jabba el cavernícola y al Hombre Misterioso pujando.

Desconocía cómo era físicamente el Hombre Misterioso, pero seguro que sería mejor que si me tocaba Jabba el cavernícola.

Los dos empezaron a hacer sus ofertas a un ritmo más calmado y yo me sentía cada vez más mareada por no dejar de dar vueltas y vueltas en la plataforma. Solo quería que la subasta terminara de una vez para conocer mi suerte y acabar con el asunto. Todavía estaba esperando que me tocara el misterioso desconocido.

La luz de Jabba el cavernícola fue la última en encenderse y yo sabía que ahora le tocaba pujar al Hombre Misterioso, pero permaneció callado. Me empecé a sentir aterrada cuando Scott regresó a la habitación y se quedó plantado junto a mí. Le sonrió a Jabba y luego arqueando las cejas, le lanzóuna mirada interrogante al Hombre Misterioso. Yo sabía por la expresión de mi cara que le estaba suplicando que fuera él quien ganara la subasta, no sabía si al tipo esto le influiría de un modo u otro, pero al menos debía intentarlo.

Los segundos se me hicieron eternos. Todo parecía moverse a cámara lenta y me sentía aturdida y mareada. Sabía que si mi cerebro no recibía oxígeno me desmayaría en cualquier momento, pero conteniendo la respiración rezaba para que el Hombre Misterioso viniera a buscarme y para no lamentar que hubiera ganado él.

—Por lo visto ya tenemos al ganador… —empezó a decir Scott, pero se detuvo al ver que la luz de la puerta del Hombre Misterioso se encendía

emitiendo un zumbido.

Volví a respirar, sintiendo un agradable hormigueo en el cerebro al llenárseme del preciado oxígeno. Me giré expectante hacia Jabba el cavernícola. Suspiré aliviada al ver que sacudía la cabeza agitando la mano en el aire despechado antes de forcejear para apartar la poltrona y apagar la luz de la mesilla.

—Ya tienes un propietario, señorita White —me cuchicheó Scott arrimándose demasiado a mi oído—. Ve a reunirte con tu amo.

—¡No pienso llamarle así! —le solté en voz baja para que solo él me oyera, cuando me obligó a bajar de la plataforma.

—Le llamarás como a él le venga en gana si quieres recibir los dos millonazos que ha pagado por ti —me replicó agarrándome del codo y conduciéndome al camarín del Hombre Misterioso.

—¿Dos millones de dólares? —le pregunté atónita apartando con brusquedad el brazo, porque no entraba en el trato dejar que me manoseara y ese tío ya me estaba empezando a hartar. Pero él me volvió a agarrar, esta vez con más firmeza, obligándome a andar.

—¿Cómo? ¿Es que no te parece bastante? ¡Eres muy codiciosa, nena! — me soltó. Y sin darme la oportunidad de responder, abrió la puerta de cristal del camarín del Hombre Misterioso y entró tirando de mí.

Noté un fuerte olor a cigarrillo, pero curiosamente no me desagradó.

—Aquí tiene a la señorita Skyler White—anunció Scott a la figura envuelta en la oscuridad—. Enhorabuena, señor Kwon. Estoy seguro de que la chica vale hasta el último céntimo que ha pagado por ella.

—Envíame el contrato a mi dirección —repuso una voz grave y sensual surgiendo de la sombra. La cereza de la punta del cigarrillo se encendió iluminando un poco sus rasgos antes de volver a desaparecer—. Y ¡por amor de Dios!, aparta tus manazas de mi propiedad. No pienso pagar por una mercancía dañada.

Scott me soltó al instante y yo me froté la parte interior del codo sabiendo que al día siguiente tendría un moratón.

—Como usted quiera —dijo Scott haciéndole una reverencia con brusquedad—. Tómese su tiempo. Pero ándese con ojo, porque es una

leona.

Como yo no estaba segura de lo que se suponía que debía hacer, me quedé plantada en el camarín durante lo que me pareció una eternidad sintiéndome de lo más violenta.

Cuando me había logrado convencer a mí misma de que ambos pensábamos quedamos allí hasta que transcurrieran los dos años del contrato, él suspiró al fin y apagó el cigarrillo. De pronto el camarín se iluminó, y me quedé cegada unos instantes, porque mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad. Pero en cuanto le vi, el estómago me dio un vuelco y creo que el corazón me dejó de latir durante uno… o dos… o quizá tres instantes.

Era guapísimo.

Tuve que esforzarme por no comérmelo con los ojos. Se quedó sentado con una sonrisita de suficiencia mientras yo le contemplaba. Vestía todo de negro, con un traje hecho a medida. Iba sin corbata y con los botones de la parte de arriba de la camisa desabrochados, revelando las clavículas y una traza de su pecho torneado. Le reseguí con la mirada los fuertes tendones del cuello hasta llegar a su prominente mandíbula, sombreada por una incipiente barba. Tenía unos labios carnosos de un precioso color rosado, una nariz recta y perfecta y unos ojos… ¡Dios mío, qué ojos! Nunca había visto unos ojos color avellana tan intensos, animados a su vez con tantas tonalidades, y unas pestañas tan largas. Llevaba el pelo castaño oscuro corto, un poco más largo en la parte de arriba, y un flequillo estilo cresta. Era probablemente el hombre más guapo que había visto en mi vida.

Alzando la mano, se pasó sus largos dedos por entre el pelo. No sé si lo hizo irritado porque me lo estaba comiendo con los ojos o por ser un hábito suyo, pero el gesto me pareció muy sexi.

Me empecé a preguntar por qué un tipo tan adorable necesitaba llegar al extremo de adquirir una pareja cuando saltaba a la vista que podía tener todas las mujeres que quisiera. Pero entonces abrió la boca, recordándome que no era un encuentro con mi príncipe azul y que esperaba ciertas cosas de mí que yo debía hacer, me gustara o no.

—Veamos si vales el dinero que me has costado —dijo suspirando mientras se bajaba los pantalones y liberaba una polla enorme.

Me lo quedé mirando boquiabierta, sin poder creer que esperara desvirgarme en un antro como aquel. Yo sabía que ahora le pertenecía, ¡pero se estaba pasando!

—Arrodíllate, Skyler, o no hay trato y ya puedes irte con el culo gordo de la otra habitación. Parecía estar babeando por ti —me dijo con una sexi sonrisita mientras se frotaba la imponente verga—. Demuéstrame que estás contenta de que haya sido yo con quien te has ido.

Pero me había topado con mi primer problema: nunca le había hecho una mamada a un tío.

—Skyler, me estás haciendo perder el tiempo y por lo visto también el dinero.

—¿Quieres que…? ¿Aquí? ¿Ahora? —le pregunté hecha un manojo de nervios.

—¿Es que no me has entendido? —me contestó el Hombre Misterioso arqueando una ceja.

Me arrodillé entre sus piernas, sintiendo un nudo en la garganta. Por suerte el suelo estaba frío, porque me hizo tomar conciencia del tórrido ambiente que se respiraba en el camarín. Invadida por una oleada de calor, noté que me había puesto más colorada que un hierro al rojo vivo. Intenté respirar hondo para no vomitar sobre su regazo. No creo que esto le hubiera hecho ninguna gracia.

Suspiró irritado por la espera, por lo que me puse más nerviosa aún. El corazón me martilleaba en el pecho.

—Métete mi polla en la boca, señorita White.

Me incliné hacia delante y al agarrársela descubrí que era tan gorda que ni siquiera la podía rodear con la mano. ¡Válgame Dios! ¡Cómo esperaba que me cupiera en la boca algo de ese calibre! Cometí el error de alzar la vista. Lo descubrí levantando una ceja, expectante, y por un instante me pareció ver un tic en sus mandíbulas, como si él estuviera tan nervioso como yo. Pero me dije que no podía ser y volví a lo mío, un menester que sin duda esperaba que cumpliera hacendosamente.

Estoy segura de que mientras estudiaba su polla intentando descubrir la mejor manera de hacer lo que me pedía debí de parecer estúpida. Todas aquellas noches en las que me había quedado en casa de Dez para aprender a besar y a hacer mamadas llevada por su insistencia ahora ya no me parecían tan absurdas. Vale, lo había hecho con un plátano, pero comparado con el viril atributo del Hombre Misterioso, le tendría que haber inyectado una tonelada de esteroides para que estuviera a su altura.

La cabeza de su polla estaba lubricada y me pregunté qué se suponía que debía hacer con eso que rezumaba, y abriendo la boca lo lamí con la punta de la lengua. Oí al Hombre Misterioso sisear ligeramente de placer y tomándomelo como una buena señal se la besé, pero no fue un beso para nada sexi. Más bien era como darle un beso en la calva a mi tío Fred, aunque en realidad no se pareció en nada a besar su pelada cabeza. ¡Madre mía!, no tenía idea de lo que estaba haciendo y mis intentos por salir airosa de la situación me estaban haciendo pensar cosas de lo más absurdas. Vi que esas elucubraciones eran mi mecanismo de defensa. Pero aun así, me estaba yendo por las ramas en el momento más inapropiado. Cerré los ojos y exhalé el aire lentamente, intentando encontrar un hueco dentro de mí donde me sintiera como una voluptuosa zorra. La imagen de su rostro invadió mis pensamientos y de súbito, animada de una especie de fogosidad, me volví más atrevida. Le rodeé el glande admirablemente abombado con los labios y se lo chupé un poco. Después abriendo más la boca, me metí su polla hasta el fondo, pero apenas conseguí cubrirla, porque como ya he dicho, era gigantesca. Estaba casi segura de que se me iban a trabar las mandíbulas.

—Venga, seguro que te la puedes meter más adentro —me retó.

Empujé hasta sentir la cabeza de su polla en mi garganta y creí que se me iban a desgarrar las comisuras de la boca. Sería más fácil si mis mandíbulas fueran como las de las boas, que se tragan a sus presas de una sola pieza. Y fue en ese momento cuando me puse a rezar para que no se me desencajaran.

Me saqué un poco la polla de la boca y me la volví a meter, pero esta vez supongo que mi reflejo nauseoso decidió no colaborar. Cuando me rozó la campanilla, me dieron arcadas y se produjo una reacción en cadena. Al intentar contenerme para no vomitarle encima, hinqué sin querer los dientes en la sensible piel del cipote. Él lanzó un grito de dolor y me apartó con brusquedad antes de volver casi a rastras a la poltrona para alejarse de mi boca asesina.

—¡Joder! —gritó y luego se puso a examinar su pene. Yo no le había hecho en absoluto un rasguño a su gran bebé—. Estás de broma, ¿verdad? ¿Es que no le has chupado nunca la polla a un hombre? —me soltó enojado. Aunque frunciera el ceño, seguía siendo guapísimo—. Porque es la peor mamada que me han hecho en la vida.

Ahora sí que lo detestaba de verdad.

—Lo siento, yo nunca…

—¿Nunca has chupado una tranca? —me preguntó incrédulo. Negué con la cabeza—. ¡Por Dios! —murmuró sacudiendo la cabeza mientras se pasaba las manos por la cara sorprendido y respiraba hondo.

Su poca sensibilidad ante la situación, o tal vez su hipersensibilidad a ella, me sacó de mis casillas. Sabía que era mejor que me quedara calladita —porque no hay que olvidar que él podía hacer conmigo lo que quisiera—, pero acabé estallando.

—¡Tú y tu descomunal y prodigiosa verga os podéis ir a la mierda! —le grité con tanta vehemencia como pude—. Tal vez no sea la clase de chica que se pasa el día chupando pollas por ahí —estoy segura que de haberlo sido no habría pagado dos millones de dólares por mí— y lo siento si te he hecho daño, pero aunque fuera una experta en este tipo de menesteres, yo… Es imposible que alguien se pueda tragar algo tan gordo. Eres un friki, pero al menos lo he intentado, gilipollas.

Yo y mi desinhibido cerebro habían contraído un serio caso de diarrea verbal. Estaba probablemente a punto de perder el contrato y de echarlo todo al garete. Se quedó sentado mirándome. Se le crispó la cara pasando de la sorpresa a la ira, y luego pareció estar confundido e incluso un poco cortado. Abrió y cerró la boca un par de veces como si fuera a decir algo, pero cambió de opinión. Al cabo de unos instantes giró la cabeza a un lado y luego me miró de nuevo.

—¿Me estás diciendo que tengo una polla de un tamaño tan insospechado que resulta incluso espectacular? —me preguntó con una sonrisita petulante.

Me senté sobre los talones y me crucé de brazos, no sabía dónde meterme, porque supongo que técnicamente eso era lo que le había dicho. Pero no pensaba admitirlo de nuevo.

—¿Tienes alguna experiencia sexual?- Volví a sacudir la cabeza.

Suspiró pasándose los dedos por entre el cabello otra vez. Parecía estar a miles de kilómetros de distancia, preguntándose si se quedaría o no conmigo. Y al final se subió los pantalones y se levantó cuan alto era. Yo parecía una pigmea a su lado.

—Vamos —me dijo.

—¿Adónde? —le pregunté dispuesta a suplicarle que no me vendiera a Jabba el cavernícola.

—A casa —respondió simplemente.

—¿Estás loco? —le solté levantándome apresuradamente. Y eché a correr para darle alcance mientras él salía furioso del camarín dando grandes zancadas.

—Me has puesto de muy mala leche, pero estoy intentando controlarme —dijo cruzando el pasillo sin volver siquiera la cabeza para mirarme—. Supongo que si me fijo en el lado bueno de la situación significa que puedo enseñarte a hacer todo lo que a mí me gusta. Pero ahora se me ha puesto tan dura y gorda como el estado de Texas y no me hace demasiada gracia que digamos. ¿Dónde están tus cosas?

—En una de las habitaciones que dan al pasillo.

No cruzamos ni una palabra más mientras nos dirigíamos a la habitación donde me había cambiado y dejado mis cosas, incluyendo el móvil. Él me esperó fuera, junto a la puerta, mientras yo me sacaba las diminutas piezas que se suponía debían hacer la función de biquini y me volvía a poner la camiseta sin mangas y la falda, ahora al menos ya no me sentía tan expuesta como antes. Luego el Hombre Misterioso me condujo afuera por la parte trasera del Fireplay. Supuse que era la puerta reservada a esa clase de invitados. Cuando llegamos al aparcamiento, se encaminó hacia una limusina donde un tipo bajo y rubio con un traje negro y gorra de chófer le esperaba junto a la portezuela.

—Señor Kwon —le saludó el tipo con la cabeza y un rostro inexpresivo, mientras le abría la puerta de atrás.

—Samuel —le respondió él protegiéndome la cabeza con la mano para hacerme subir al coche—, hoy pasaremos la noche en casa.

—De acuerdo, señor —dijo el chófer mientras el señor Kwon, alias el Hombre Misterioso, se sentaba pegado a mi lado en el largo asiento trasero de la limusina, pese a lo amplio que era. Aunque probablemente el espacio vital era un lujo del que yo no podría gozar durante los dos próximos años.

El coche se puso a circular por las calles de Chicago en cuestión de segundos. El señor Kwon lanzó un largo suspiro y cambió de postura mientras tiraba de sus pantalones. Tomando nota me dije: «¡No te metas con Texas!» Una sonrisita asomó a mis labios.

—¿Vives en Chicago? —me preguntó rompiendo el silencio.

—No. En Hillsboro —le respondí simplemente.

Contemplé las luces de la ciudad desfilando por la ventanilla. Las calles estaban llenas de transeúntes despreocupados que parecían no tener ningún problema en la vida. Supuse que en otras circunstancias, si el mundo no nos odiara tanto a mi familia y a mí, yo podría haber sido uno de ellos.

Pero tal como me iban las cosas, no era este el caso.

—¿Por qué haces esto, Skyler?

No estaba preparada para divulgar esta información y sin duda no figuraba en mi contrato. Preferí no intimar demasiado con el hombre que me acababa de comprar.

—¿Y por qué lo haces tú? —le repliqué.

Por lo visto se me habían estropeado los filtros de mi cerebro. Volvió a fruncir el ceño y en cierto modo me arrepentí de haber sido tan impertinente teniendo en cuenta todas las formas con las que él me podía castigar. Aunque solo se arrepintió una pequeña parte de mí.

—¿Eres consciente de que ahora me perteneces? Es mejor que no se te olvide. No soy un tipo cruel por naturaleza, pero tu descaro y tu irritante actitud están a punto de hacerme perder la paciencia —me advirtió con una expresión severa.

Seguramente yo debía parecer un gatito asustado, porque así era como me sentía, pero aun así le miré a los ojos, mi orgullo me impidió apartar la vista. O a lo mejor no despegaba los ojos de él por miedo, por si advertía algún movimiento repentino. Pero lo más probable es que se debiera a que era un ejemplar hermosísimo y maldije a la mujer fogosa que había en mí por ser tan débil.

—Oye, sé que no es la situación ideal para ti y que probablemente tienes tus razones para haberla aceptado, al igual que yo —empezó a decir—. Pero como tenemos que convivir durante dos años, será mucho más fácil para ambos si al menos intentamos llevarnos bien. No quiero estar peleándome contigo a todas horas. Y no pienso hacerlo. Harás lo que te pida y sanseacabó. Si no quieres contarme nada de tu vida personal, de acuerdo. No te haré más preguntas. Pero ahora me perteneces y no toleraré el menor desacato, Skyler. ¿Lo has entendido?

Arrugué el ceño y apreté los dientes.

—Perfectamente. Haré lo que me pides, pero no esperes que me guste.

Una perversa sonrisita afloró a sus labios y entonces puso una mano sobre mi muslo desnudo. Lentamente empezó a acariciarme la piel mientras sus dedos ascendían y se metían bajo mi falda. Se arrimó a mí hasta que noté su cálido aliento en mi cuello y se me erizó el vello con una sacudida de placer.

—Oh, pues a mí me parece que sí te va a gustar, Señorita White.

Su voz rasposa me hizo sentir unas cosas que deberían darme asco y luego pegó sus labios debajo de mi oreja y me besó con la boca entreabierta mientras posaba sus largos dedos en el hueco de mis piernas. Mi cuerpo estúpido y traidor respondió a sus caricias permitiendo que sus expertas manos hicieran conmigo lo que quisieran. Creo que incluso se escapó un gemido de mis labios cuando él apartó de súbito la mano.

—¡Ah, ya hemos llegado! Hogar, dulce hogar —exclamó al detenerse el coche.


Ta-chaaaaaan! que les parece nuestro "señor Kwon"? Sip! estoy utilizando el verdadero nombre de nuestro sexy oppa! :LLL sjhdgfsjdhf esperoq ue les esté emocionando :3333 kises! coments?